La guerra que tiene que ser una palanca

Los bombardeos entre israelíes y palestinos serán los más difundidos en la sangrienta historia de estos dos estados: un territorio tan tecnologizado y lleno de periodistas está generando imágenes atroces. Imágenes que siempre se daban, que los cámaras grabaron durante décadas, que los cronistas relataban y que televisión, prensa y radio emitían. Pero esta guerra es distinta por la calidad de imagen de las grabaciones y la velocidad de su difusión: en Twitter hemos visto cómo los israelíes derriban un edificio civil palestino por el morro. Si esto no hace palanca y provoca un cambio el ser humano tendrá que cambiar de nombre.

La caverna bien iluminada

Empecé en esto del periodismo sobre cuestiones políticas sufriendo a la caverna mediática española en su momento dorado: ocupaban la mayoría de los micrófonos, fotos y titulares, con su enfoque, claro. Las opiniones se machacaban y el pensamiento único se imponía. Hoy eso es imposible y la caverna, bien iluminada, es vista como lo que es: el hábitat de un montón de casposos que añoran tiempos de orden predemocrático. Lo que hoy es posible es que Patricia Borinaga, una concejala socialista en Soraluze, desnude la visión cavernaria, “miserable” y “mentirosa” del PP sobre la transferencia de Prisiones a la CAV.

A la justicia se le ha rasgado el velo

En esta época en la que es tan difícil guardar las vergüenzas me temo que lo van a pasar especialmente mal las juezas y los jueces. El hilo de Pedro Vallín de noticias protagonizadas por “la justicia” y con evidentes contradicciones (sobre todo ante el estado de alarma) o de difícil explicación, es para tenerlo a mano y sacarlo cuando algunos pidan confianza en el sistema español de administrar justicia. Si Llarena marcó más profundo el surco de los jueces a seguir, antes llamados “jueces estrella”, otros como Luis Ángel Garrido lo han desviado pero, esta vez, para centrar la atención sobre ellos. Bienvenida sea esta novedad.

Mentes muy cortas

Por ejemplo: Iñaki Subijana, como nuevo presidente del TSJPV, deberá explicar por qué la Sección Tercera de la Sala de lo Contencioso-Administrativo de su tribunal considera “discriminatorio el requisito de saber euskera para ser policía local en Irún” (Nius Diario). Quien ha dictado esa sentencia es un juez, sí, pero también un funcionario que no entiende que hablar euskera con una persona a la que pagamos vía impuestos es un derecho del ciudadano, y no del agente o del juez. No se trata de beneficiar a unos candidatos sobre otros, sino de no perjudicar a una población sobre otra. Y es de primero de convivencia.

Por desgracia, también estamos viendo esto

Los mismos canales de comunicación que el independentismo activó para dar a conocer su causa internacionalmente sirven hoy para que veamos el naufragio de la política en esa nación. Estar a estas alturas de la pandemia, la crisis y el conflicto catalán (con presos y exiliados) sin gobierno es muy difícil de creer y de justificar. Y el entramado de dependencias y condiciones que han generado todas las partes que tienen que sentarse a negociar es, directamente, incomprensible en este momento y en ese lugar. A los numerosos dramas personales pendientes de resolver se suma, además, la diversión sádica de la caverna española.

No son solo los del botellón

Los seis minutos y medio de Carles Francino en su regreso a la SER después de pasar el coronavirus han volado por Twitter. Si falta alguien por ver su intervención que la busque en Google porque merece el tiempo que hay que dedicarle. Y no pocos de quienes ya la han escuchado tendrían que volver a hacerlo porque estoy seguro de que el periodista no se dirigía solo a los protagonistas de quedadas multitudinarias, rociadas de alcohol y sin mascarillas: el coronavirus también se propaga en esas quedadas de tamaño mediano entre amigos y familiares de todas las edades. La cepa más virulenta es la relajación ante el virus.

El futuro

Reino Unido va unos meses por delante en la vacunación y sus consecuencias: hace solo unas jornadas, Inglaterra, Escocia e Irlanda del Norte no contabilizaron muertes por coronavirus en 24 horas: los 4 decesos de Gales fueron todos los del estado. Con esos datos, Johnson relajará las restricciones notoriamente en poco más de un mes, pero, de momento, su desescalada es mucho más sensata que la que firman gobierno y justicia españoles: a partir del 17 de mayo solo podrán juntarse seis personas y dos unidades convivenciales, y los pubs abrirán sus interiores pero con muchas restricciones en un país casi sin muertos.

Las vacunas, única opción

La vacunación no se ha convertido en la principal herramienta del gobierno español para contener los contagios, sino en la única: el lío normativo y judicial al que invita a las comunidades autónomas y la justicia no ayuda en nada a que estemos cada vez mejor sanitaria, social y mentalmente. Más bien, al contrario. Así que más vale que todo siga yendo como, de momento, va: récord tras récord y con todas las comunidades en muy altos porcentajes de dosis administradas. La CAV, por cierto, está entre las primeras, para desgracia de los “siempremalistas”, como los llamaba Javier Vizcaíno.

¿Por qué?

¿Por qué las comunidades autónomas rehúsan a recurrir al Supremo o solicitar estados de alarma particulares? Básicamente porque supone entrar en el terreno de la incertidumbre, que es justo lo que menos necesitamos en plena pandemia y al inicio de una recuperación económica. Sánchez ha decidido que él ni prohíbe ni se desgasta, y que se apañen otros con sus medidas y las consecuencias. Básicamente, después de los vaivenes, el presidente español ha hecho dejación de responsabilidades porque le toca asumir un estado de alarma seguro y homogéneo, en vez de abrir los que pueden tumbar las instancias judiciales.

“Ayuso, ven a Catalunya”

Si Pedro Sánchez y su equipo de asesores del PSOE se vieron con tanta fuerza como para promover mociones de censura junto a Ciudadanos en varias autonomías y en plena pandemia para desgastar a la vez a Podemos y PP, tendrían que haberla tenido también para aguantar el tirón de su rotundo fracaso, culminado en el golpe sobre la mesa de Días Ayuso. Pero Sánchez ha acabado más tocado de lo que debería y la de Madrid se ha convertido, gracias al PSOE, en la Juana de Arco de una libertad mal entendida que ahora todos quieren para sí: “El ocio nocturno estalla contra el Govern: ‘¡Ayuso, ven a Cataluña!’”, publican en El Imparcial.

El nudo catalán

Marçal Sintes no se corta en su columna en El Nacional cuando califica, ya en el titular, de “relación tóxica” la que mantienen ERC y el JxCat, y hace responsable del enfrentamiento sangrante que observamos al “factor humano, la incapacidad de unos y de otros de controlar sus emociones”. Sintes reclama un nacionalismo pragmático: “Lo más lógico: la formación de un ejecutivo independentista que gobierne con eficacia y al mismo tiempo evidencie la necesidad de un estado propio”, y recuerda que “los catalanes concedieron a los dirigentes independentistas, con más voluntad que entusiasmo, la última oportunidad”.

Un temazo

Ni el fin del estado de alarma, ni los muertos diarios por el coronvirus, ni mucho menos el nudo catalán o las elecciones madrileñas tienen que tapar el temazo que protagonizan Esperanza Aguirre y su marido, Fernando Ramírez de Haro. Después de que el hermano de este último, Íñigo, diplomático de profesión, para más lustre, les denunciara por apropiarse de un cuadro de Goya y defraudar a Hacienda, ahora les acusa de “apropiarse de subvenciones millonarias de la PAC”. En concreto, de desviar a una empresa del marido de Aguirre “subvenciones de centenares de hectáreas que la familia comparte” (Eldiario.es).

Antinatural

Incluso sin Esperanza Aguirre, José María Aznar, Luis Bárcenas o Rodrigo Rato, el PP lograría parecer apetecible, a mi juicio, por una decisión política básica y recurrente en ese partido: sus habituales ministras y ministros millonarios. Una élite económica absolutamente alejada de la sociedad y de la realidad de la mayoría de las personas que pagan su sueldo y sus decisiones. Si, además, sumamos a las y los mencionados al principio, el ascómetro se dispara. Y hay que mencionarlos, por desgracia y por sus propios deméritos: “Anticorrupción sostiene que Rato ocultó 77 millones en una sociedad ‘offshore’ de Luxemburgo” (Vozpópuli).

¿Por qué?

No es la primera vez que Yolanda Díaz dice que “la legislatura empieza ahora” después de haber sido designada vicepresidenta segunda por Pablo Iglesias (los círculos, si eso ya eso). Me sorprende esa insistencia, esas ganas por que quede claro que hay una nueva etapa en el gobierno español, ya sin el líder de Podemos y con la ministra de Trabajo eclipsando a Montero y Belarra. No solo eso, según República.com, la propia Díaz ha aclarado que ella y Pedro Sánchez “están más unidos que nunca”. Visto todo lo visto, Iglesias ha sido especialmente malo eligiendo, nombrando y tratando a sus lugartenientes.

No

En ninguna hagiografía y en ninguna crítica de las que se han publicado desde que Iglesias anunció que lo dejaba, en la noche electoral del 4-M, he leído algo sobre su “especialidad” en elegir mal a su entorno político pese a que, a mi juicio y por diferentes motivos, salta a la vista. Lo que sí he observado es mucha victimización: no niego ni una sola de las denuncias del matrimonio Iglesias-Montero y las rechazo todas, pero en una España que ha sufrido a ETA, poner a Iglesias en la cúspide de los amenazados me parece mucho poner. Y en Euskadi, donde anónimos han sufrido ataques por enfrentarse a recaudadores y mafiosos, también.

«Cero reproches»

Con el paso del tiempo, de la pandemia, y de los días después del fin del estado de alarma, me he vuelto más pragmático, como Rafa Cabeleira, que tuvo la habilidad de tuitear esto: “Libertad para hacer el subnormal: es lo que les vendieron y es lo que hicieron, cero reproches”. Eso es. A quien salió a las 0:00, quien decidió irse a Castro Urdiales a esa misma hora, quien se fue a Haro a tomar un par de vinos el domingo por la mañana, ¿qué puedo decirles yo? Son el producto de una sociedad de mierda, empoderada, consentida como un niño pijo y acostumbrada a hacer lo que le da la gana. Cero reproches.

También por su parte, ¿no?

Iván Edroso recuperaba en Twitter un corte de El Xokas, un youtuber que, bastante indignado, reconocía que es muy difícil gobernar un país lleno de personas a las que calificaba como “putos retrasados”, y a los que se dirigía así: “¿De verdad necesitas que el gobierno te diga que tengas cuidado y que no quedes con los amigos para hincharte a cañas el viernes por la tarde? ¿De verdad lo necesitas? Lo que necesitas es un tortazo porque eres tonto”. Yo sigo con mi política de cero reproches, pero espero también que por parte de la ciudadanía no haya ninguno hacia los políticos obligados a prohibir para que una pandemia no nos masacre.

Seguramente

Soy de los que cree que a todo el mundo se le puede educar, entendida la educación como un conjunto de conocimientos o hábitos que se adquieren a lo largo de la vida y, por lo tanto, también creo que todo es fruto de la educación. Ahora, azotados por un virus que nos mata, mi convicción, que mejora Cricri en Twitter, adquiere otro tono: “Lo que hay en este país es un problema de educación y un individualismo brutal. Y esto lo explica prácticamente todo”. Y que nadie se lleve a engaños: “Este país” es España, es Euskadi y es Francia, que el egoísmo, como el coronavirus, no se detiene en las fronteras.

¡Claro que es injusto!

Desde los repuntes después del verano tengo muy claro que el mayor vector de transmisión del virus es “la chufla”. Evidentemente, la juventud está más implicada en esta actividad, pero el problema no es el segmento de edad, sino quienes salen a fumar, beber, el rollo de siempre. Así que claro que Mónica García, una de las políticas de moda, tiene razón cuando “ve ‘injusto’ criminalizar a los jóvenes por las aglomeraciones tras decaer estado de alarma” (Nius Diario). ¿Jóvenes? En las imágenes del macrobotellón en la plaza de Sol se veía a unos cuantos con entradas y canas y, qué coño, a ver si en las terrazas a mediodía está la chavalada.

La fobia de cada uno

Si el tuit de Rafa Cabeleira me tranquilizaba, este de Margaret Castor me recordaba que no podemos olvidar que la idiocia, sobre todo cuando parece ilustrada, es un animal que cambia de orilla muy rápidamente: “Tú lo haces todo bien, claro. Y los demás, sobre todo los que te caían mal antes de la pandemia, lo hacen todo mal. Y lo hacen por joder. Claro que sí”. Así que espero no haber antepuesto mi fobia a mi criterio hoy porque estoy seguro de que lo he hecho durante la pandemia en varias ocasiones. Como me dijo Gari durante una entrevista, el músico: “si cantas a cara de perro se te queda cara de perro”.

Reflexión…

Empieza una nueva semana, esta vez, sin elecciones, y da la sensación de que el tablero político ha vuelto a la posición de inicio pero con más piezas en su parte derecha. ¿Es cierto o solo nos lo parece? Jordi Évole rescató después del 4-M una imagen del programa en el que conversó con Pablo Iglesias y Albert Rivera. Seis años después, ninguno de estos renovadores de la política está en un parlamento. “La política se ha convertido en una trituradora. Y diría que eso no es una buena noticia. Deberíamos reflexionar también los medios sobre ello”, tuiteaba Évole, y solo puedo estar de acuerdo con él.

…Y responsabilidad

Al final, la principal característica de “la nueva política” es la volatilidad. Ni siquiera es “líquida”, como afirmaban los que iban de conocedores del movimiento: es volátil. Las ideas, los votos, los líderes, van y vienen, surgen y desparecen. Juan Carlos Monedero tuiteaba otra metáfora: “Estoy hasta los mismísimos de este parque de atracciones”, y también estoy de acuerdo con él, pero no puede hacer como si esta feria hubiese sido creada por extraterrestres que pasaban por aquí. Los hoy hagiografiados también tienen responsabilidad en cómo ha calado el vaivén, el desgaste y la huida hacia delante o a un lado.

¿Qué sugiere?

No sigo a Carlos Martínez Gorriarán en Twitter porque creo que en esta red social aporta lo mismo que aportaba en política, pero cuando vi su tuit en mi timeline porque alguien lo había retuiteado me detuve en seco: “Todo empezó en 2014, cuando el Ibex apostó por Albert Ribera (…). Unos genios. Solo han servido para romper cosas mucho mejores, como UPyD”. ¿Qué sugiere el exdiputado? ¿Acaso que el Ibex apostaba antes por otro partido? ¿El suyo? ¿Por qué perdieron el favor del capital? ¿Y podemos colegir que el descenso de Ciudadanos y el ascenso de Vox en el mismo momento tiene que ver con otro cambio de apuesta?

De campañas y legislaturas

Puedes tomarte la política de dos maneras: las elecciones te llevan a la legislatura o la legislatura te lleva a las elecciones. Es como los bueyes y el carro: lo que pongas delante tiene mucho que ver con cómo harás el camino. Ya han pasado varias jornadas desde el 4-M y empezamos a ver noticias sobre las consecuencias: Redondo, que parece un estratega de los de El Ala Oeste (la serie), está siendo responsabilizado no solo de la derrota de Gabilondo, sino de la pérdida de identidad del partido, de la posible confusión entre medios y fines, y de haber convertido Moncloa en Ferraz a cambio de la nada.

Clarividente

Termino la columna con un link que llevo guardando desde la semana pasada, con estas brillantes reflexiones de Julio Llamazares en InfoLibre: “Nunca llegaría yo a tanta imaginación como para crear a un personaje como Isabel Díaz Ayuso”, “el problema de las redes sociales es el anonimato”, “a la ultraderecha, como a cualquier pensamiento antidemocrático, no hay ni que contestarle, ni que entrarle en el juego”, “entre alguien que utilice frases hechas e inventario de ideas y un pensador, siempre pierde el pensador”, “la sociedad que estamos creando me produce, como mínimo, temor”.