Una mala semana

Gabriel Rufián termina hoy una mala semana. Y como sé lo que es eso y no se las deseo a nadie, me solidarizo con él. Realmente, su exceso, con el “tarado” que dedicó a Puigdemont sin citarlo por declarar la independencia solo es fruto de su obligación (a veces, autoimpuesta) de hablar siempre y ser siempre ingenioso. Pero le ha costado caro el error: Jordi Galves en El Nacional no tiene piedad con él: “Para Rufián, como para muchos políticos, la política consiste en estas dos cosas principales, mentira y transacción”. Y le acusa de tapar y alentar “la claudicación de los partidos independentistas” y “la renuncia del gobierno de Pere Aragonès”.

Una necesidad

Esta semana también hemos visto el primer debate televisado de la campaña andaluza. Nada nuevo bajo el sol: seis discursos encadenados, uno detrás de otro, con poco margen para las confrontaciones (y todas fueron las esperadas) y para el error (y aún así Macarena Olona logró exhibirse en plenitud). Un modelo televisivo prescindible, poco atractivo y hasta innecesario, pero difícil de evitar, por lo que parece. Y lo peor es que las elecciones del 19-J pueden darnos igual, pero tras ellas viene un ciclo terrible de campañas encadenadas y, por extensión, debates repetitivos. Yo prefiero seis entrevistas ágiles, la verdad.

Ni puñetera gracia

Yolanda Díaz es vicepresidenta de España porque Pablo Iglesias la designó como su sucesora. Y pudo hacerlo porque sin pertenecer al partido morado llegó a un ministerio. No niego ni un ápice de la valía de Díaz, ni creo en los agradecimientos eternos y firmados con sangre, pero sí sigo pensando que la lealtad es un valor, y uno a preservar, precisamente. Por lo que los desaires constantes de Díaz a la actual dirección de Podemos (Belarra y Montero le tienen un “aprecio” equivalente) me incomodan, y comentarios como: “Me dicen que están nerviosos pero no sé muy bien por qué” (El Independiente), tras la presentación de su proyecto, no hablan bien de ella.

¿Semanas laborales de cuatro días?

Lo siento, pero no me lo creo: me parece que el Reino Unido está haciendo una campaña de marketing para defender su soberanía vía Brexit cuando anuncia que va a llevar a cabo el primer intento serio de abordar la semana laboral de cuatro días sin tocar el sueldo del personal. Porque hoy, y más con una situación económica crítica, mucho más de lo que pensamos, me parece absolutamente inviable. De hecho, si miramos a nuestro alrededor, lo que vemos es que los mismos, o incluso equipos reducidos, están y estamos asumiendo más carga de trabajo con unas condiciones empeoradas por la inflación.

En esto sí nos ganan

Mucho antes de que el Brexit se consumara, para perjuicio de todas y todos, el Reino Unido, especialmente Inglaterra, era el mejor en una cosa: llenar sus estadios de fútbol. Y hoy sigue siéndolo: “La Premier League cierra 2021-2022 con una asistencia media del 97,7%”, y además lo hace “con un aumento del 4% respecto a la temporada 2018-2019, la última antes del Covid-19” (Palco 23). Es decir: no es cierto que el fútbol genere menos interés o que la juventud se desapegue, es que con entradas más baratas, horarios televisivos más tradicionales y una liga más igualada (emires y oligarcas, aparte), el fútbol sigue creciendo. Sí, es así de fácil.

Un país solidario

“Euskadi se prepara para recibir 3.000 ucranianos: vivienda, ayuda económica y sanidad”. Esta noticia en El Independiente reconforta: Euskadi sigue siendo ese país solidario cuya ciudadanía sabe, porque así se lo transmitieron quienes lo sufrieron, lo que es despedirse de tus seres queridos por una guerra. Por eso es importante saber de dónde venimos y qué nos pasó, porque ese sufrimiento que nos contaron nos impulsa hoy institucionalmente pero también lo hace a todas esas personas que han cargado una furgoneta y han ido a buscar a algún refugiado sin saber muy bien qué pasará ni que les importe.

Un partido filofascista

El partido político que abre las puertas de un gobierno a la extrema derecha es un partido filofascista por definición y sin perjuicio porque ya lo hubiera demostrado antes. Y es deber de todos los que lo contamos señalarlo, recordarlo y asegurarnos de que se fijará en su historia. Así lo quiere, por ejemplo, Donald Tusk, que “ha reprochado al PP haber pactado con Vox y ha tildado de ‘triste sorpresa’ el acuerdo” (El Nacional). El presidente del Partido Popular Europeo podía haberse callado, haber apelado a que eso son cosas de política interna, pero no lo ha hecho: se ha expresado como solo podía hacerlo, con desagrado.

Un ejército criminal

Domingo. Hace siete días, Irene Montero pronunció eso de “la diplomacia de precisión”, y seguimos esperando qué quiso decir y, sobre todo, cómo se implementa. Porque la necesitamos para que el ejército ruso deje de martillear a la población ucraniana y para que alguien ponga en marcha el sistema de refrigeración en Chernóbil que impide que la radiación se expanda por Europa. También ha fracasado esta semana la diplomacia de Macron y la reunión entre los ministros de Exteriores ucraniano y ruso en Turquía. ¿Qué podemos hacer? ¿Qué claves ofrece esa diplomacia de precisión que al resto del mundo se nos escapan?

Una persona inmoral

No me cabe duda de que en la defensa de Ucrania están participando también esos “batallones” neonazis de los que hablábamos cuando no imaginábamos la invasión rusa. Es la guerra. De la misma manera, me importa poco (aunque me lo esperaba porque Salvini solo se acerca a los que son como él) que quien puso colorado al líder de la extrema derecha italiana sea miembro de un partido parecido. Me quedo con el mal momento del ultra populista que tuvo que ver cómo el alcalde de Przemyśl, del Kukiz’15, según Jon Baldwin, le recordaba su apoyo a Putin cuando Salvini fue a sacarse una puta foto en la frontera polaca.

Un gran dilema

Cuando no hay una guerra en medio, me gustan los grandes dilemas porque desnudan la realidad. Y el fútbol europeo ahora mismo tiene uno gordo: “La UEFA abre expediente disciplinario a Al-Khelaifi y Leonardo por su bronca en el Bernabéu” (El Confidencial). Vale, pero, ¿hasta dónde va a llegar? El catarí es dueño del PSG y de Bein Sports, y contrario (de momento y sobre todo por lo segundo) a la Superliga. ¿De verdad va a sancionarle? ¿De verdad va a dejarle salir impune (como suelen hacerlo los jeques y emires) después de su comportamiento violento y excesivo? Y Leonardo, haciendo de secuaz bien pagado, ¿qué?

No seáis nazis

La excusa que puso Antonio Gallego por haber llamado “hijo de puta” (repito: hijo de puta) al president Aragonés en sede parlamentaria (repito: al president Aragonés en sede parlamentaria) es que éste les compara con los nazis cuando se refiere a ellos. Lo tiene fácil Gallego para dejar de ofenderse y de ofender: solo tiene que dejar de hacer cosas de nazis y de militar en un partido de extrema derecha que solo hace un par de semanas ha recibido en Madrid a los políticos más xenófobos y retrógrados de Europa. No obstante, insisto en lo de siempre: lo mejor que nos puede pasar es que los de Vox muestren lo que son.

Fue injustificable

El acoso que recibieron Pablo Iglesias, Irene Montero y sus hijos en su propia casa, alentado por políticos, periodistas, tertulianos, tuiteros, líderes locales y otros gilipollas, fue y es absolutamente injustificable. Y quien quiera hablar de los escraches que los partidos de izquierda han promovido, bienvenido, ya lo abordaremos más tarde. Pero ahora toca hablar de un acoso sin precedentes y sin sentido. Y todas y todos los que participaron, por acción directa o indirecta, son igual de culpables y deberían de ser igualmente juzgadas y juzgados. ¡Por supuesto que hay líneas rojas! Y tenemos que señalarlas.

Tápate, José Luis

El PP ha entrado en una espiral muy peligrosa y el domingo puede llevarse un buen susto, incluso mayor que la decepción que ha sufrido esta semana arrancando a sus alcaldes una jornada de trabajo para llevárselos a Bruselas comandados por José Luis Martínez-Almeida, regidor de Madrid y portavoz nacional del PP, para quejarse del reparto de la inyección económica europea que hace el gobierno español. Pues bien, como tuiteaba Josué Coello, “En todas las convocatorias ya resueltas a las que ha optado la capital, el Ayuntamiento se ha llevado el 100% de las subvenciones solicitadas”.

Sí, la gente se muere por coronavirus

Desde ayer estamos un poco mejor: ya no es necesaria la mascarilla en exteriores. Pues vale. Yo estoy mejor porque así me cabreó menos por ese diez por cierto de “listas” y “listos” que nos miraban a quienes cumplíamos como si estuvieran más enterados que nosotros. A la gente le da igual que otros se mueran, es evidente, y prefiere tomarse un marianito en una terraza que darse cuenta de lo que suponen las cifras de personas fallecidas. En España, por ejemplo, “solo en los primeros nueve días de mes se han registrado más de 1.600 decesos y desde el inicio de la sexta ola un total de 7.366 muertos” (República.com).

Nos lo creemos

Escribo estas líneas horas antes de ir a San Mamés convencido de que, pase lo que pase, estaré muy orgulloso de mi equipo y seguiré creyendo que la mejor manera de enfrentarse al monstruo del fútbol global es con nuestro modelo. Por eso también aplaudo a las y los 20.115 deportivistas que se sentaron en las gradas de Riazor para ver un partido de sus juveniles contra los del Dinamo de Kiev. El Depor está esta temporada en la Primera RFEF (antigua Segunda B), por cierto, y este no es un dato menor: lo que vimos el miércoles es creer en lo que uno es y sentirlo. Lo demás es business y subirse al caballo vencedor.

Pero, ¿es periodismo?

Las y los jefes de prensa de todos los grupos en el Congreso salvo los de PP, Ciudadanos y Vox, han pedido medidas para limitar la participación de los nuevos medios de derechas en las ruedas de prensa de los diputados. Sí, son medios de comunicación. Sí, se trata de limitar. Y sí, puede que quien haga las preguntas sea periodista. Pero ningún representante de esos canales está ahí ni por el periodismo ni por la información. Tenemos que empezar a ser honestos con nosotros mismos de una vez. Y empeñarnos en defender a cualquier periodista, en demostrar que no distinguimos incendiarios de intencionados, no nos hace ningún bien.

Ciudadanos se desangra

Es imposible explicar el auge de Vox sin mencionar a Ciudadanos, escalón en el que se apoyó la extrema derecha para llegar al nivel de empoderamiento e impunidad que siente ahora. Tanto es así que la expectativa de que los de Abascal mantengan o mejoren sus datos pasa, indefectiblemente, por el vaciamiento de los de Rivera y Arrimadas. Una caída que, claro, los naranjas intentan evitar: en Andalucía, la propia Arrimadas y Juan Marín fían “su supervivencia política a reeditar un pacto con Juanma Moreno” (El Independiente). Pero antes el propio Marín tiene que sobrevivir a los duelos internos y, lo más importante, sacar representación.

No es fácil

Llevo varios días guardando el link a esta noticia, y con la del negro futuro de Ciudadanos, por fin, le he encontrado encaje: porque la viabilidad de los partidos no es fácil. La damos por hecho porque hasta la aparición de lo que desde Ciudadanos y Podemos llamaron “nueva política”, la mayoría de los partidos estaban ahí, como el dinosaurio de Monterroso, desde el regreso de la democracia (con algunos cambios). Pero el futuro de Ciudadanos, Podemos, Más País y Vox va a ser complejo, como lo es su presente: “La Policía detiene a un exempleado de Más Madrid por hackear su web y desviar dinero a una cuenta de Podemos” (EPE).

Ven la luz cuando ven la puerta de la UCI

No es el primero y no será el último, pero vamos a confiar en que queden pocos, no porque se los lleve la pandemia, sino porque van entrando en razón: “Lorenzo Damiano, de 56 años, ‘líder’ del movimiento antivacunas contra la COVID-19 en Italia, ha contraído la enfermedad e, ingresado en un hospital, se ha arrepentido por no vacunarse y ha pedido a la población ‘seguir la ciencia’, que ‘cura y salva’. ‘Claramente mi visión ha cambiado, estoy listo para decirle al mundo lo importante que es seguir colectivamente la ciencia, la que te cura y te salva’” (Nius Diario). ¿De cuántas muertes ha sido responsable?

Tampoco estaban tan convencidos

El movimiento antivacunas es ridículo. Lo era antes de la pandemia y lo es más ahora, cuando de la acción solidaria de todas y todos depende que salgamos de una pandemia mundial. El último episodio que están protagonizando quienes han rechazado los pinchazos, la ciencia y la inversión, ratifica el absurdo al que estamos asistiendo y que Iu Forn ha condensado en muy pocas palabras: “Vacunarse por el bar o viajar, sí y por el abuelo, no”. Al final, las fiestas de Nochevieja y el puente que se nos echa encima, junto al pasaporte COVID, han hecho más por las vacunas que proteger a los suyos. Si esto no es de atolondrados…

Ongi etorriak

Estoy encantado con la idea de que partidos que siempre han estado al margen o que juegan con los límites del fuera de juego en beneficio propio (y no colectivo) hayan dado un paso adelante y, en el caso de la gobernabilidad de España, hayan decidido participar. Ahora solo espero, porque la ilusión es algo que no pueden quitarnos, que nos expliquen, en el caso de Bildu, porque ha tardado cuarenta años en hacerlo, y en el de los partidos catalanes (de esos que siempre tenemos algo que aprender, según algunos), por qué condiciona tanto su apoyo en Madrid que ostenten o no la presidencia de la Generalitat.

¿Son peores las y los jueces catalanes?

Entre las muchas tonterías que leemos en Twitter estos días me hace especial gracia la de que no podemos criticar la decisión del TSJPV de no permitir el pasaporte COVID porque no sabemos más de justicia que las y los propios jueces. Evidentemente, no lo sabemos, pero, ¿qué saben los jueces vascos que prohíben lo que está en vigor en otras partes de Europa, sin ir más lejos, en Catalunya? ¿Qué tipo de juristas tenemos en nuestra más alta instancia vasca de decisiones que no coincide con la mayoría ni con su entorno? ¿Es el verdadero hecho diferencial vasco nuestro TSJPV?

Lo listos que parecen… pero no lo son

En esta ola de tonterías, que no es la sexta porque parece que vivimos en una marejada entre idiotas, tampoco pueden faltar los que van siempre de listos, esos que hablan desde un puesto de científico o médico, y que solo sirven para que recordemos que hay mentecatos en todas las profesiones. Van de listos, insisto, pero no se enteran de lo más básico: el pasaporte COVID, igual que el uso de la mascarilla en todo momento, sirve, sobre todo, para que recordemos que estamos en pandemia y que la situación es crítica. Ni es tan difícil de entender ni es tan difícil de suponer. Es una cuestión de voluntad: de voluntad de salir en la tele.

La política ilógica

Si queremos aislar a los populismos y a la fascistada necesitamos que quien no quiera ser atrapado en estas tipologías se empeñe en hacer una política lógica. Y lo siento, pero esta vez tampoco parece lógico que una vicepresidenta del gobierno anuncie que pedirá explicaciones a su presidente y a un ministro, con los que se sienta en el Consejo cada semana. Lo de Díaz contra Sánchez y Grande Marlaska por la tanqueta de la policía que apareció en las protestas de Cádiz parece parte de una campaña electoral y no de una acción de gobierno que otros partidos, ahora mismo, están accediendo a sostener.

Pues anda que este…

Si uno quiere pensar mal puede pensar que en el PP contaban con que la asistencia de Pablo Casado a una misa en recuerdo de Francisco Franco trascendiese, y que su presencia no restase votos en el centro pero que sí lo hiciera entre la derecha y la pared porque España, cada día está más claro, sigue siendo un territorio facha. Con lo que igual no contaban en el PP es que la asistencia de la familia Casado al completo a esa “celebración” traspasara fronteras: Reuters informa de ello y de la reacción de otros partidos a semejante falta de vergüenza, decoro, altura política y sentido de la democracia.