También podemos

“Independizarse del buscador de Google parece imposible. El Parlamento Europeo acaba de demostrar que no lo es. A partir del 4 de junio, los ordenadores del parlamento tendrán por defecto el buscador francés Qwant”. Solo puedo dar la razón a Amparo Babiloni, que ha escrito esta pieza para Xataka: salir del entorno Google es realmente difícil, así que si la UE nos marca el camino, sigámoslo. El objetivo es lograr “la soberanía digital” y mejorar “la protección de los datos personales de los usuarios”. “Qwant no almacena el historial de búsquedas ni revende datos de navegación”, “y lo más importante, es europeo, concretamente francés”.

Más medidas

Sustituir a Google por Qwant es solo la punta del iceberg: según Computer Hoy, “Europa lanza Euro-Office, una alternativa abierta a Microsoft Office y a Google Docs para ganar soberanía digital”. El objetivo es el mismo: “Reducir la dependencia tecnológica de EE.UU. y evitar riesgos ligados a software extranjero”. ¿Por qué las instituciones europeas insisten tanto en estas cuestiones? Solo espero que las alternativas sean válidas: en teoría, ya están funcionando y nos permitirán tener un Word, un Excel y un Powerpoint (sí, utilizo los nombres de Microsfot porque soy un señor mayor) sin coste y puramente europeos. Veremos.

No solo es Europa

Canadá tampoco se fía de EE.UU. como proveedor, por eso su gobierno “elige a Saab para sus nuevos aviones espía y acelera su distanciamiento estratégico de Estados Unidos” (Infodefensa). De hecho, “el ejecutivo canadiense considera que la excesiva integración económica, industrial y militar con EE.UU. se ha convertido en una vulnerabilidad estratégica”. Pero hay algo más (que beneficia doblemente a Canadá): Saab usa piezas canadienses, con lo que el vínculo entre el país americano y Europa cada vez es mayor. Y los recelos sobre el país de Trump también crecen: esos aviones vigilarán el Ártico tras las amenazas de EE.UU.

No americanicemos el consumo

No solo es lo tecnológico, lo militar y lo económico: es nuestra manera de ver el mundo y de vivir lo que está más en peligro que nunca. No podemos dejarnos dominar por completo por EE.UU. y sus modelos de consumo brutales. Tenemos que quejarnos airadamente por las pausas para hidratación en los partidos del Mundial, que convierten de facto el fútbol en cuatro partes con sus correspondientes inserciones publicitarias. Y debemos despreciar activamente la idea de extender “los precios dinámicos”, que pueden llegar a encarecer un café en un bar en función de la demanda, como nos proponen en Linkedin, como si nada.

No se fían ni los que lo han creado

En Tu Cerebro Digital recuperan el proyecto de Jack Dorsey, el fundador de Twitter (ahora, X): una aplicación de mensajería que funciona sin Internet ni tarjeta SIM (vamos, que no son los antiguos SMS), Bitchat, lo que garantiza la comunicación incluso con todas las redes caídas. ¿Por qué Dorsey ha llegado a la conclusión de que lo que la ciudadanía necesita es comunicarse sin utilizar las autopistas de datos que también él ha contribuido a construir? Hay un meme que dice: “Si nos organizamos bien todos, mañana puede ser sábado”. Pues si nos ponemos de acuerdo también podremos evitar todos esos riesgos que ya hemos detectado.

No puede serlo

Internet a veces es estupendo y te permite llegar a sitios muy interesantes. Por ejemplo: una carta al director en La Voz de Galicia en la que N. L. G., de O Carballiño, se pregunta: “¿Es obligatorio que una persona que no sabe encender un ordenador modifique una declaración de la renta?”. Ya doy yo la respuesta: no puede serlo. Incluso reconociendo el esfuerzo de las administraciones (de todas) por mejorar los procesos y la atención, la digitalización por obligación es una de las peores decisiones que yo he visto porque excluye a la gente mayor y no tan mayor que no sabe (no sabemos) enfrentarnos on-line a trámites complejos.

¿Y Rutte, qué?

Desde el foro de Davos hemos leído y hablado sobre los signos de una posible demencia en Donald Trump. Eso lleva a una pregunta: ¿sus máximos colaboradores en el gobierno estadounidense, como Vance o Rubio, lo saben y lo permiten o ni siquiera se han dado cuenta? Pero esa pregunta también es extensible a su máximo defensor (y dejaré ahí el calificativo) fuera de su país: ¿Mark Rutte está poniendo en manos de una persona cuyas capacidades generan dudas la defensa de Europa conociendo las circunstancias o sin darse cuenta de ellas? En Infodefensa lo tienen claro: “La UE puede y debe hacerse cargo de su seguridad”.

El odio

Alguien que genera odio y no le importa tiene un problema que debería de inhabilitarle para tomar decisiones que pueden afectar a otras personas. Pero en este mundo tan irreconocible llega a presidente de EE.UU. (es increíble) y empodera a personas capaces de agredir a otras: Anthony James Kazmierczak atacó a la a la congresista Ilhan Omar solo por ser de origen somalí. Para sorpresa de nadie, el atacante es de extrema derecha, y Donald Trump respondió así a la agresión: “Probablemente se lo buscó”. Antes del ataque había reclamado para Ilhan Omar, “en varias ocasiones, que sea destituida, encarcelada o deportada” (Independent).

Una tragedia

“Rusia ha sufrido 1,2 millones de bajas casi cuatro años después del inicio de la guerra en Ucrania, más pérdidas que cualquier gran potencia en un conflicto desde la Segunda Guerra Mundial”, publican en Euronews. “Un precio extraordinario por ganancias mínimas”, concluyen. Para mí, una tragedia. No celebro ninguna pérdida humana, ni la de un militar profesional que conoce las consecuencias de su trabajo, ni la de un pobre hombre reclutado por obligación, al que dan un cursillo básico para manejar su arma y esconderse de un dron. Un millón doscientas mil personas, sin contar las del bando ucraniano. ¿Y por qué?

¿Cuánto nos cuesta?

Está bien esto que han hecho en Microsiervos de calcular lo que nos cuestan como especie nuestras actividades on-line. A saber: minar un solo bitcoin equivale al consumo anual de luz en 400 hogares, un año de almacenamiento en la nube equivale a lo que consume un frigorífico durante varios días, ver una película en una plataforma equivale a 4 kilómetros de un coche eléctrico, generar una imagen con la IA equivale a tener una vitrocerámica encendida durante varios segundos (¿pero cuántas fotos pedimos hasta conseguir la que queremos?). “¿Por qué ese consumo sigue siendo invisible para el usuario?”, se preguntan (y me pregunto).