No podemos olvidarlo

El pueblo que olvida su historia está condenado a repetirla. No es una frase hecha, es una verdad absoluta que la propia historia se ha empeñado en demostrarnos. Por eso no podemos perder la memoria de lo que pasó en Euskadi, de cómo algunos decidieron matar en nombre de una mayoría abertzale que nunca se sintió representada. No podemos permitirnos, insisto, titulares como este: “Uno de cada dos jóvenes no sabe quién es Miguel Ángel Blanco” (Cadena SER). Ni podemos permitirnos políticos cobardes que buscan excusas en lo que viene de fuera para no mirar de frente lo que tuvieron, tienen y tendrán durante décadas muy dentro.

La que “cosía”

Yolanda Díaz está sobre la ola buena, es evidente. Es la estrella del rock de la política española: da igual lo que haga, que va a ser criticada por la caverna y alabada por el resto. Y lo sabe. Por eso se atreve a hacer movimientos electoralistas, aunque sabe que todavía tiene un año hasta las próximas elecciones generales. Sin embargo, ninguno me ha parecido tan claramente de campaña como cuando dijo, hace solo unos días, que no hacía otra cosa que “coser y coser esta coalición”, en referencia al gobierno español del que es vicepresidenta porque la designó Pablo Iglesias. Ahora reconoce que “toma impulso con la crisis: ‘Nos da aliento’” (EPE).

¿Pero esto qué es?

El poder que ha tenido y tiene Villarejo se lo han entregado quienes tenían que mostrar cierta responsabilidad en la gestión. En plata: Cospedal, la que quiso sacarse de encima a Bárcenas y se cargó la mochila del expolicía, ha demostrado tener muy pocos principios democráticos al interesarse por informaciones que, pese a no tener mucha base, podían convertirse en difamaciones hacia Podemos. Otro capítulo será el del victimismo de los de Pablo Iglesias, que se pensaban que solo ellos y ellas podían buscar las cosquillas a los otros partidos. Pero el capítulo principal de esta trama evidencia una calidad democrática muy baja en España.

Pues anda que esto…

No veo Telemadrid y no sé si finalmente esta ocurrencia se ha perpetrado, pero lo que leía ayer en Público me parece significativo y definitorio, y no para bien, precisamente: “Telemadrid, la televisión pública madrileña, cambia el Orgullo por las corridas de toros. La cadena autonómica abandona su tradicional cobertura del desfile por el centro de la capital, el acto central del Orgullo, y en su lugar este sábado retransmitirá una corrida de toros con tres jóvenes toreros principiantes que participan en una especie de talent show taurino, la Copa Chenel, que coincide en horario”. Votaron libertad, obtienen cornetillas.

A tope con Ghana

Me alegro de que Iñaki Williams haya tomado la decisión de jugar con Ghana aunque me cueste dinero (no sería extraño que el jugador tuviese una cláusula en su contrato con el club del que soy socio por la que este se incrementaría en el caso de ser internacional). Un jugador con experiencia en un Mundial es un jugador mejor. Y no temo que venga agotado después de jugar tres o cuatro partidos en un mes, por mucho calor que haga en Qatar. También me alegro de que Iñaki, en su incontestable lucha contra el racismo, haya exhibido a un buen ramillete de xenófobos en Twitter y medios más tradicionales con su decisión.

La clase pagadora

Sinceramente, no importa cómo lo expliquen porque todos sabíamos que esto iba a pasar y, al final, ha sucedido: “Las gasolineras se embolsan entre 3 y 7 céntimos de los descuentos del Gobierno tras la subida de los combustibles” (20 Minutos). Lo harán para hacer frente al adelanto del reembolso, lo harán casi sin querer porque los márgenes fluctúan a diario (y siempre al alza, ya es casualidad), lo harán con el plácet de las autoridades a modo de subvención encubierta, pero lo hacen, seguro, con el dinero de las mismas personas de siempre: las que integramos la clase media o, mejor llamada, clase pagadora.

Sumar sin sumandos

Yolanda Díaz va a inventar la política: una política sin políticos. Bueno, sin políticas ni políticos salvo ella, claro está. Con la gente. Como hizo Pablo Iglesias pero ahora, en vez de “Podemos”, detrás de esa misma gente se lee “Sumar”. Con confluencias en algunas comunidades autónomas pero también de un modo distinto a lo que hizo Podemos: ahora es contra Podemos. Una política que se basa en escuchar. No como ha sido hasta ahora la política, que se ha basado en estudios sociológicos que observaban el comportamiento de extraterrestres, al parecer. Con todo, Díaz sí ha inventado la suma sin sumandos.

“Las normas de la dictadura”

Por supuesto, no me voy a quedar sin compartir las declaraciones de Edmundo Bal sobre el franquismo, porque estas son las que se tienen que mover, igual que las de Arkaitz Rodríguez sobre el homenaje a Miguel Ángel Blanco: “Respetando las normas de la dictadura conseguimos avanzar hacia la democracia y construir una democracia avanzada”, dice el de Ciudadanos, y deja al descubierto lo que es, lo que piensa, lo que cree y desde qué punto de partida hace política. Y a Bal nos lo presentan como uno de los buenos, de los moderados, de los que no son histriónicos y maleducados en Ciudadanos.

Qué troleo

Sí, “trolear” está en la RAE, que lo he buscado. Y también, el PP se ha pasado al troleo en redes, retuiteando mensajes de Podemos en los que recogen declaraciones de Pablo Iglesias sobre que “viajar en turista no es tan doloroso”. Lo hacen, evidentemente, después de que la ministra Montero y su gabinete hayan usado el Falcon para viajar a EE.UU., y de que cometiesen el error de difundir una foto del equipo en modo turista (tienen perfecto derecho a turistear). Por mucha llantina preventiva que estemos sufriendo desde la izquierda, es Podemos quien puso el listón que ahora pasa por debajo. Ese también fue un error.

Sigue la invasión

La invasión de Rusia sobre Ucrania no es solo la excusa para subir el precio de la gasolina, el gas y hasta los productos de la frutería en la que toda la vida me han dicho que lo traen todo de una huerta a un puñado de kilómetros. La invasión de Rusia sobre Ucrania sigue siendo ese conflicto en el que mueren personas y muchas de las que sobreviven se ven desplazadas de sus hogares. La invasión de Rusia sobre Ucrania, así, no es solo un mantra que pronuncia de carrerilla una parte de la izquierda, la desnortada, para hablar después de los asesinatos en la valla entre Marruecos y España o clamar: “OTAN, no”.

«Acepta dimitir»

No sé quién ha escrito el titular en EFE que después han replicado varios medios, pero se merece un sobresaliente en redacción porque lo que ha hecho el Prime Minister británico es eso, aceptar su propia dimisión como algo irremediable después de la cascada de acontecimientos que él mismo ha provocado durante años, y que ha acabado en una riada de dimisiones que lo inhabilitaban de facto como líder de los tories en un futuro próximo. Tirando de Brexit, la movida política british poco me importa y afecta, salvo en una cosa: Escocia acaba de iniciar otro pulso y la crisis en Londres puede jugar a su favor.

O esto, o apagamos los móviles

Si aceptamos apagar los móviles, los routers y todos los aparatos que, realmente, no necesitamos como parte de nuestro ocio (coches eléctricos o de combustión tradicional, incluidos), me sumaré a la limitación del uso del gas o el uranio como fuentes de energía. Pero lo que no podemos es sostener nuestro mundo, tal y como lo hemos construido, sin las ingentes cantidades de electricidad que necesitamos, a veces, para perder el tiempo con vídeos en los que empanan y fríen una lasagna de croquetas, solo con energías limpias. Yo prefiero ver a políticos y políticas que me tratan como al adulto que soy.

Lo que no puedes es parecer tonto

¿La agenda feminista que Montero se ha montado en EE.UU. es oportunista y con un retorno dudoso? Sí, sin duda. ¿El uso del Falcon va en contra de lo que Podemos y ella misma han criticado siempre? Sí, sin duda. ¿Toni Cantó parece que nos toma por tontas y tontos cuando tuitea, a modo de crítica, que la ministra y las miembros de su gabinete han usado un avión que ya está allí para solo 43 minutos? Sí, sin duda. La crítica sistemática acaba dañando a quien la pone realiza. Y parece que Toni Cantó ha decidido inmolarse, ha decidido que su carrera ya no es ni la de político, sino la de tuitero a tumba abierta, tipo Permach. De lo suyo gasta.

Sucedió en EE.UU.

Todo apunta a que “el tirador que ha matado a 6 personas y herido a 24 en el desfile con motivo del 4 de Julio en 🇺🇸 era de la Alt-Right. No era ni un ‘aspirante a rapero con problemas’ ni una ‘persona siniestra’, era de extrema derecha”. El resumen en Twitter es de Jaime Caro, que continúa citando un artículo propio en el que habla sobre “cómo el terrorismo supremacista blanco se había convertido en la mayor amenaza de seguridad en los Estados Unidos”. Un supremacismo en el que se apoyó Trump, agujereado por todo tipo de teorías de la conspiración que penetran en personas que pueden comprar armas y munición.

Es un héroe, pero no somos como él

No resto ni un mérito a Rafa Nadal, cuya carrera como deportista me parece admirable. Un tenista tan bueno que hasta lesionado sigue ganando partidos y pasando eliminatorias. Una persona única cuyo ejemplo, sin embargo, no puede ser tomado al pie de la letra: todas y todos menos Nadal necesitamos parar cuando nos lesionamos, ya sea en un músculo, ya sea un problema de ansiedad o estrés. No necesitamos demostrar que tenemos que seguir adelante a cualquier coste, incluso de nuestra propia integridad. De hecho, dudo de que el propio Nadal quiera que ese, el del dolor, sea su legado.

Esto no va así

Luis Rubiales contrató a una agencia de detectives para que siguieran al subdirector del diario El Mundo y, así, saber quién era la fuente que Esteban Urreiztieta manejaba. Por lo que parece, el presidente de la RFEF no consiguió su objetivo, pero ahora sí se lleva el escarnio de parecer un tipo con actitudes mafiosas que no se entera de qué van las garantías que aseguran el derecho a la información. Y de propina, la demanda del periódico, que defiende a su empleado. Pero no es el único: en el lodazal de Twitter hay políticos que llevan años señalando a periodistas que no les gustan, al más puro estilo Rubiales.

Que alguien avise a Belarra, por favor

“Belarra contra Sánchez: ‘No se perciben objetivos políticos claros en la coalición’”, leo en El Independiente y, rápidamente, pienso en que estaría bien que alguien con mucho tacto (es decir: no sirvo yo) avise a la secretaria general de Podemos de que ella también forma parte de ese gobierno de coalición, que es la máxima representante de uno de los dos partidos y que algo tendrá que decir también sobre los objetivos de la coalición. ¿O el único objetivo de ambos partidos es sobrevivir y llegar a la siguiente curva del camino para ver qué viene después y cómo lo sortean? Porque es lo que parece desde hace mucho tiempo.

Ser concejal de Vox

Si un partido pierde casi la mitad de sus concejales en tres años, sin que medien elecciones municipales, y pese a que ese partido haya alcanzado su mayor cota de poder (el gobierno de coalición en Castilla y León), algo va muy mal en ese partido que, evidentemente, es Vox. En la pieza de El Español que ha llegado a Menéame hablan del férreo control sobre cualquier acción o comunicación municipal y de la imposición de mociones pensadas a nivel nacional, para explicar la salida de concejales (más de 200 de un total de 530) que, en su día, accedieron a representar a la ultraderecha en sus propios municipios. Ahí es nada.

Otra burbuja

Me sorprende ver la naturalidad con la que la juventud, tan preocupada por la precarización del mercado laboral al que acceden, no tenga ningún reparo en participar de esa precarización contratando servicios de envío de comida rápida por medio de “riders”. Una precarización que se autoalimenta y que, además, es un artículo de lujo, realmente (no lo puede ser menos tener esclavos por momentos): en Xataka encontramos una especie de revolución de algunos restaurantes que ofrecen precios más bajos e incluso descuentos cuando el pedido de comida es directo, sin pasar por esas apps que tanto, tanto daño hacen sin que lo parezca.

¡Es mi oportunidad!

He llegado a una edad en la que puedo leer tantas novelas al año de autores a los que conozco como clásicos de la literatura. Simplemente, mis coetáneos que soñaban con escribir han acumulado sabiduría, experiencias y contactos para hacerlo, y admiro a todos ellos. Cuando les leo pienso que mi mayor miedo si lograse escribir una novela (algo para lo que no estoy capacitado) es que me leyesen. Pero después de leer la pieza en Magnet sobre las cifras de ventas de libros he encontrado consuelo: “el 86% de los títulos que salen venden menos de 50 ejemplares al año”. “Solo el 0,1% vende más de 3.000 copias”.

El drama que no cesa

En el mismo EE.UU. en el que la justicia establece que el aborto puede ser prohibido, y en el que decreta que el Estado no puede regular las emisiones de las empresas en su lucha contra el cambio climático, la gente sigue muriendo acribillada en asesinatos multitudinarios posibilitados por el acceso sencillo a rifles de asalto y munición sin límite. El país que ha colonizado el mundo violentamente, a golpe de invasión cultural y con la fuerza de su potencia económica, se desmorona, puede que a modo de aviso: a veces parece que rozamos con los dedos el principio del fin de esta civilización.

Así de fácil

Me parecen tan desafortunadas las fotos que he visto de la ministra Montero y su gabinete durante su viaje a EE.UU. como las que vimos del que realizó Isabel Díaz Ayuso y su respectivo gabinete. Creo que con esto y con el tuit de Redlines, lo digo todo: “Comunicación política es elegir qué fotos de tu viaje oficial puedes publicar en las redes y cuáles no”. Lo que no admito, por lo menos en mi caso, es que la crítica al álbum de sonrisas de políticas y neones en Times Square es machista, porque no se trata de que viajen y se fotografíen mujeres, sino miembros de un gobierno que aprovechan una coyuntura ajena y vuelan en Falcon.

Así de claro

Reconozco mi admiración a quien ha tirado de memoria y ha llevado hasta El Diario la fotografía de Elías Bendodo también sonriente en Times Square: la imagen del entonces presidente de la Diputación de Málaga, y hoy hombre fuerte del PP de Núñez Feijóo, es perfectamente equiparable a la de Montero y su equipo de trabajo. Y en ambos casos es un error, sobre todo, hacerla pública. Puedo entender la fascinación del epicentro de la Gran Manzana y la humanidad de las y los políticos, que sonríen aunque se trate de un viaje de trabajo. Pero no puedo entender la tentación de difundirla.

Andaluza por dos

Si alguien ha demostrado que le gustan los posados y difundir sus fotos en las redes sociales es Macarena Olona, que va a recoger su acta de parlamentaria andaluza como ciudadana de Sevilla después de hacer la campaña como empadrona en Salobreña. La condición de doble andaluza de esta alicantina viene dada por la enésima crisis que ha abierto en su camino a una gloria que se le resiste, más allá de las fotos en las que demuestra que Andalucía son abanicos, vestidos de cola y caballos: como parlamentaria en el municipio de la costa granadina iba a cobrar un extra por desplazamiento a un municipio en el que no reside.

Un discurso adolescente

Me parece ridículo e injustificable que hayamos atendido al discurso de una niña de 16 años. Me parece mal, además, que la hayamos expuesto cuando sus únicas tareas a esa edad tienen que ser sacar el curso y disfrutar en verano. Me parece sintomático el petardeo, el peloteo y el nuevo juancarlismo encarnado ahora en Leonor, una niña que pronuncia discursos de niña (aunque se los hayan escrito) que deberían de darnos igual. Pero en España las obviedades se omiten cuando se trata de la Casa Real, y se ensalzan la belleza, el verbo y el saber estar por sistema, por patriotismo, porque la jefatura de Estado es una cuestión de gónadas.