Ni ellos, ni nosotros, ni nadie

Las y los periodistas hemos recibido una lección de humildad durante la pandemia después de ver cómo negacionistas interesados y estúpidos nos comían la tostada. Otra cosa es que la hayamos aprendido. Tampoco viene mal un baño de realidad en otros sectores. Por ejemplo, el hilo de Pablo Pizarro no habrá gustado a muchos: “¿Comprenderemos algún día desde el sector hostelero que no somos el ombligo del mundo? (…) Por no hablar del hostelero que se queja de las pocas ayudas, pero después, a su proveedor, aquel que no tiene ayudas y en muchos casos no puede cerrar porque es esencial, le deja el pufo”.

No somos sostenibles

La parte buena de Internet es que todos podemos llegar a ver relatos como el Jason Mayne en Twitter y en Todo Noticias: “En el desierto de Atacama hay un basural de ropa. Sí, un lugar donde hay –por lo menos– 100.000 toneladas de prendas. Muchas tienen etiqueta y nunca fueron utilizadas”. Una historia de la que, además, surge otra: “Para llegar hasta ahí pasamos por un asentamiento de –mayormente– venezolanos. Algunos chilenos lo llaman ‘la toma’ o también podría ser un campo de refugiados informal”. Mayne nos recuerda que “la producción de textiles causa el 20% de la contaminación de agua potable en todo el mundo”.

El relato necesario

“Leica reivindica la importancia de la fotografía para celebrar sus 150 años”, leemos en Photolari. Y para ello la marca alemana ha lanzado un vídeo titulado: “El mundo necesita testigos”, que sirve para recordarnos lo importante que es que haya alguien en cada conflicto para contar al resto del mundo lo que sucede. Y si es con una Leica, mejor. Pero en el digital de referencia sobre foto no dan puntada sin hilo y nos recuerdan que la marca ha creado este vídeo y una serie numerada de cámaras reforzadas para esas aventuras por más de 8.000 € cada unidad que “acabará en más vitrinas de coleccionistas que en manos de fotoperiodistas”.

“Consejos que engañan”

Un domingo como este, tan domingo y tan gris, lo es menos con lecturas como el artículo en The Conversation sobre la publicidad encubierta de los influencers en Instagram que firman las profesoras y el profesor de la UPV/EHU, Jiménez, Elorriaga, Olabarri y Monje. Después de analizar “4.500 posts de 45 influencers” llegan a una conclusión arrolladora: “En el 80 % de las ocasiones en las que hay marcas de por medio no se identifica con claridad que se trata de un contenido pagado” pese a que “la legislación actual en España obliga a todos los agentes del sector publicitario a identificar los contenidos pagados”.

Una historia de la mafia

Reconozco que algunos de los mejores momentos del pasado verano para mí han sido los que robaba al día o a la noche para leer un capítulo más de Fariña. Reservé el libro antes de que la justicia lo secuestrara y ha estado meses en mi balda, pero la espera ha sido satisfactoria. El fallecimiento de Manuel Charlín en Nochevieja me ha devuelto a aquel recomendable relato de Nacho Carretero: una historia de la mafia con el inofensivo acento gallego que la pieza de Javier Romero en La Voz de Galicia ha completado, sobre una familia que se convirtió en clan mafioso más que ninguna otra en aquellas rías.

Ni mentiras ni hostias

Empiezo fuerte y lo hago porque sé que Ramón Salaverría no tiene que recurrir a palabras gruesas para que le demos la razón: “El demócrata respeta siempre la opinión discrepante, pero no admite la mentira. Por eso las redes sociales no me parecen democráticas: propician el vapuleo de los discrepantes mientras ensalzan a los mentirosos”. El profesor lo escribe así de bien y yo que soy de Ezkerraldea intento zanjar el tema con contundencia. Es cuestión de estilos, pero es innegable que el tuit Salaverría no puede ser más cierto ni más concreto: describe lo que sucede. El problema es que sucede a diario.

No quieren entender

Fernando Arancón también ha empezado el año reflexionando sobre la utilidad del debate en Internet: “Nunca he sido partidario de usar la opción de Twitter de no permitir respuestas, pero de verdad que es desesperante esa relación inversamente proporcional entre comprensión lectora y ganas de comentar con cualquier estupidez”. No obstante, yo también iría más allá en este caso: no se trata de falta de comprensión lectora, el asunto es aún más grave, pues se trata de no querer entender nada. Los más tontos de su pueblo, esos son los que responden mayoritariamente en Twitter y arropados por el anonimato.

¿Existe el debate público?

El director del Círculo de Bellas Artes de Madrid denunciaba en Twitter que no había aparecido la reserva para 30 comensales que tenían en Año Nuevo y que, además, la persona que la cerró no respondía al teléfono. Cómo serían las respuestas para que cerrase su hilo así: “Estoy perplejo por la falta de empatía de algunos comentarios, pero supongo que es un reflejo de la calidad de nuestro debate público”. Me temo que no hay debate público y que han intentado engañarnos quienes nos vendían como tal los replies en Twitter. En eso es en lo que debemos afanarnos: en desempoderar a quienes los interesados empoderaron.

Así

Uno siente cierto orgullo por que Xabier Lapitz haya demostrado con hechos más que con palabras (como las de Julia Otero a Cristina Pardo) cómo hay que reaccionar ante los bulos desde los medios de comunicación: parándolos. En su caso, lo ha hecho con el del patrimonio de Irene Montero: “No es verdad, es un bulo, y aquí no se habla de bulos”. Y el recadito para quienes sí lo hacen tampoco está de más: “De periodistas tienen lo que yo de bombero torero”. Si queremos un debate público de verdad, y este solo es posible en los medios, los periodistas tenemos la obligación de implicarnos y remangarnos.

Y llega el metaverso

Tenemos claro que populistas y descerebrados han empobrecido hasta hacer inútiles las conversaciones que pueden darse en Internet y, sin embargo, alguien ha decidido darles una nueva oportunidad con el metaverso, esa especie de mundo paralelo virtual (como Second Life pero actualizado) en el que algunos ya compran hasta parcelas. ¿De verdad nadie ve que van a colonizarlo rápidamente los más tramposos para esperar, desde dentro, a los más incautos? Muchos de quienes sí ven esa maldad no tendrán reparos en montar su business, y ahí es donde el riesgo se multiplica. ¿No tenemos remedio?

¡Claro que son las formas!

Puede que el ministro Garzón tenga razón sobre las megagranjas, pero no puede decirlo abiertamente. ¿Por qué? Miquel Roig lo explica en Twitter: “Imagínese que el ministro de Consumo de Marruecos (o Hungría, por poner un país UE) dice en La Sexta que en su país hay granjas buenas y otras que exportan carne de mala calidad. Luego va al súper y ve una bandeja de lomo de origen marroquí o húngaro. ¿Qué hace? (…) Si eres ministro de Consumo y sabes que hay granjas exportando carne de mala calidad en tu país, entiendo que lo que tienes que hacer es cerrarlas, en lugar de ir a contarlo en un periódico de tu principal mercado”.

Un racista de mierda

Este es el titular en El Español: “El diputado mantero de Podemos ve racista pintar de negro al rey mago Baltasar en las cabalgatas”. Esta, la reacción en Twitter de Roberto García ante semejante mamarrachada: “‘El diputado mantero de Podemos’. Si es que hay que ser hijoputa, ¿eh?”. Y la mía no la escondo: si eres un racista de mierda no puedes ser un buen periodista por el mismo motivo por el que no puedes ser una buena persona. Serigne Mbayé, al que se refiere la noticia, es un representante de Podemos en la asamblea de Madrid elegido con la misma legitimidad que Isabel Díaz Ayuso. Quien no entienda eso es un fascista.

¡Qué tomadura de pelo!

Uno de los principales problemas políticos del PP de Rajoy, corrupción, aparte, era que se trataba de un PP de millonarias y millonarios, completamente despegados de la realidad de la ciudadanía a la que gobernaban. Uno de los principales problemas del PP de Aznar fue que muchos de los suyos se hicieron millonarios sobre la marcha: Zaplana vivía a todo trapo con un piso en el barrio de Salamanca, un barco de medios millón de euros y un reloj de 20.000, entre otros lujos que ya prometían su moreno-todo-el-año. Según un “detallado” informe de la UCO para el Caso Erial, todo podría proceder de “mordidas” (El Plural).

Tarde e insuficiente

“Twitter ha suspendido la cuenta personal de la congresista republicana estadounidense Marjorie Taylor Greene por difundir información falsa sobre el coronavirus”, leemos en El Independiente, pero lo que podía ser una buena noticia es solo una decisión insuficiente que llega tarde. Tarde porque no es la primera vez: “Twitter había restringido previamente y de manera temporal la cuenta personal de Greene por compartir información errónea sobre las elecciones presidenciales de 2020”. E insuficiente porque “Greene puede escribir desde otra oficial, reservada por la compañía para miembros del Congreso estadounidense”.

El primero

El estafador que ha sido detenido tras arramblar más de dos millones de euros con la excusa de las criptomonedas y un sistema muy similar a la estafa piramidal, puede ser solo el primero de muchos “corredores” de monedas virtuales. Básicamente, repartía dividendos con lo que le daban los nuevos incautos y él acababa quedándose con la parte del león. No es algo distinto a lo que podría estar pasando con las verdaderas criptomonedas, realmente, aunque en este caso influyen con fuerza el elemento especulador y el refugio de capitales. Pero es una buena noticia, en cualquier caso, que vayan cayendo los delincuentes y las caretas.

Ilusión, sí. Trampas, no

El tuit de Juan Carlos Cruz solo es uno más buscando el reconocimiento (o el desprecio, lo importante es el ruido) del resto de usuarios de la red social: “Un Gobierno de izquierdas consigue en plena crisis pandémica la mayor caída del paro de todo el siglo XXI y la mayor creación de empleo desde 2005”. Asegurar esto es tan tramposo como afirmar que ese mismo gobierno es responsable de la crisis que generó el coronavirus. A los gobiernos hay que reconocerles la capacidad de reacción en lo sanitario y en lo económico si la han tenido. Pero las alabanzas por el retuit no benefician a nadie.

Deseos, también

La mañana de Reyes desborda ilusión y satisface (o no) deseos. Por ejemplo: me encantaría que los medios de comunicación diesen las cifras de positivos por COVID recordando el número de test y el esfuerzo sanitario de personal y gestores. Pero sé que la realidad se parece más a lo que tuitea Enrique Clemente: “Una comunidad, pongamos que hablo de Madrid, no da datos de contagiados. ¿Qué hacen las televisiones? ¿Lo destacan? ¿Lo critican? Error: no dicen ni pío y hablan (mal) de las que sí dan los datos. Así funciona la estrategia de Ayuso en connivencia con los medios, incluida la televisión pública”.

Y magia. Mucha magia

Si hay un país de fantasía ese es Cuba: la dictadura es justificada por la izquierda mundial que desprecia el sufrimiento de una ciudadanía empobrecida, empujada a ser chivata de sí misma, sin aspiraciones ni recursos y a que tiene vetado el acceso a hoteles en su propio país. La crisis económica ha azotado a la isla más que la sanitaria, y los remedios del régimen solo han servido para exhibir su incapacidad: el caos económico, las monedas convertibles en la calle y en Internet, la devaluación del dólar en la isla que ha empobrecido a sus habitantes y el refuerzo del mercado negro paralelo dibujan una situación indefendible.

El nuevo El Dorado

Cuanto más leo sobre el “metaverso” más inviable me parece. ¿Por qué ahora sí iba a triunfar Second Life? Pues bien, son muchos los convencidos y, sobre todo, no son pocos quienes (sobre todo, en EE.UU., según EPE) quieren subirse a un tren que acaba de arrancar. Parece que quienes no pudieron invertir en bitcoins al principio ahora están comprando parcelas digitales en ese mundo paralelo que Zuckerberg está impulsando, con la aspiración de que se revaloricen y con la intención de especular. Los bitcoins siempre me han parecido una estafa piramidal y este metaverso, hoy, un detector de vendepeines y de incautos.

Ojalá la fantasía continúe

Tengo una hija y un hijo pequeños, lo suficiente para que hayan empezado el día abriendo los paquetes que les han dejado unos señores que aparcan a sus camellos en el portal. Sé que esta magia tiene fecha de caducidad y ando algo melancólico, como cualquiera después de casi dos años de pandemia. Por eso me ha encantado el post en Magnet sobre cómo “Tolkien pasó 23 años fingiendo ser Papá Noel en cartas navideñas a sus hijos. Y eran fascinantes”. El autor de El Señor de los Anillos inventó para su familia cuentos sobre “las luchas de Papá Noel contra duendes montados en murciélagos que robaban los regalos”, entre otros.

El Rey en Oriente

Mientras el resto de la humanidad cuenta dos años de pandemia encerrados en un piso o unas rutinas agotadoras, Juan Carlos I celebra hoy “su segundo cumpleaños en Abu Dhabi entre rumores de un próximo regreso” (República.com). El emérito lleva, por lo tanto, dos noches mágicas siendo el Rey en Oriente y la piedra en el zapato del sistema español, ese que enunciaba que “el rey reina pero no gobierna” como si fuera un acierto. De aquellos polvos, el lodo en el que se encuentra el líder de los juancarlistas, que ya solo son quienes se llevaban algo entre las uñas, que sopla 84 velas entre lujos injustificables.

Por más años de liderazgo

No hay mayor prueba de lo que es el madridcentrismo que la cantidad de tuits que hacían referencia a cómo la comunidad de Díaz Ayuso está a la cola de inversión en Sanidad por habitante… Y obviaban que la CAV, es decir, Osakidetza, se sitúa a la cabeza, y Nafarroa (donde también hay consejeros del PSE y EAJ-PNV, por cierto), en el tercer puesto. Realmente, me importa poco que quienes tienen que sufrir que sus conciudadanos votaran mayoritariamente al PP y de un modo nada desdeñable a Vox, pasen de nosotros. Lo que me parece realmente relevante es que ese liderazgo se mantenga como hasta ahora.

Sí, la cultura importa

En la ciudad de Madrid podemos encontrar también al portavoz nacional del PP. En concreto, en el despacho de la alcaldía. José Luis Martínez-Almeida esta semana ha despreciado la obra y la persona de Almudena Grandes, admitiendo que el reconocimiento de la ciudad a la escritora es solo un cambalache político en el que él gana unos presupuestos municipales. Mr. Insustancial describe en un tuit lo que ha sucedido: “La verdad es que debería de importar una mierda lo que Martínez-Almeida piense sobre Almudena Grandes. Lo suyo es accidental y transitorio. Lo de Almudena Grandes es para siempre”.

Ojalá lo echen

El primer fin de semana del año nos ha dejado dos derbis futbolísticos en los que, lo peor, sin duda, ha sido la entrada de Chimy Ávila sobre Nico Williams que podía haber acabado en una seria lesión del jugador del Athletic si no tuviera 19 años y una agilidad maravillosa. Lo del argentino no tiene nombre. O sí pero no quiero escribirlo. Pero lo que seguro tiene es delito, y más en un jugador que ha pasado por procesos de recuperación durísimos por lesiones como la que buscó. Y me da igual lo que diga y las veces que mencione su fe en Dios: todos lo vimos. Ávila no tiene sitio en el fútbol, y menos en un equipo como Osasuna.

Menos tonterías y más tiempo

Pato Cansino ironiza en Twitter sobre el vídeo de un usuario de TikTok que, para conseguir un zumo natural de naranja, propone agujerear una cazuela, instalar una rotaflex en su exterior conectada a una amoladora en el interior, y darle caña hasta triturar la fruta antes de colar. “Ah pos sí, mucho más útil que un exprimidor”, comenta la tuitera o tuitero. Pero esta idea terrible no es una excepción: la mayoría de soluciones de bricolaje o recetas que vemos son una pérdida de tiempo, datos y electricidad. No necesitamos esas chorradas y dejándolas de consumir solo ganaremos tiempo, tranquilidad y hasta ahorraremos dinero.