El jarabe autoadministrado

En la pugna entre “el Movimiento Socialista” y “la Izquierda Abertzale”, como en todo, el diablo está en los detalles: pueden disfrazarlo con toda la palabrería que quieran los denunciantes y los denunciados, pero se trata de poder, visibilidad y dinero. Nada novedoso, nada ideológico: quién puede poner las txosnas y quién lo decide (con a habitual verticalidad de la izquierda abertzale). Todo se resume en eso. Por el camino, qué ironía, Bildu se encuentra con las piedras que ha ido poniendo a los demás: nepotismo, corrupción, alineación con el Estado y traición a las clases medias. Nada nuevo bajo el sol.

Escondiendo a la candidata

Los datos que manejan en Vox para las elecciones andaluzas tienen que ser malísimos si la decisión que han tomado es la de apartar a la candidata. Esa “desaparición” con la campaña ya lanzada solo se puede explicar con que su acción perjudica claramente las buenas expectativas que la ultraderecha tenía en esta comunidad autónoma. El caso es verdaderamente excepcional y elocuente: Vox funciona mejor cuando nadie de Vox interviene, cuando dejan que los medios marquen la agenda, desde las líneas cobardes de Twitter y WhatsApp, pescando descontento y, sobre todo, sin proponer absolutamente nada.

Aquellas monedas de plata

Las 155 monedas de plata que mencionó Rufián para volar los puentes que estaba tendiendo el lehendakari Urkullu junto a Puigdemont en Catalunya las sigue pagando el primero de los tres actores mencionados. Miguel Aizpuru también se acordó de ellas después de leer el tuit de Eldiario.es: “Gabriel Rufián llama ‘tarado’ a Puigdemont por la declaración de independencia y después rectifica”. Hoy sabemos, a la luz de los acontecimientos, que aquello no tenía nada que ver con la república catalana, sino con la victoria electoral de una ERC que, ya con un president en la Generalitat, está disolviendo la aspiración nacionalista.

La mafia (y la magia) del fútbol

El fútbol es un deporte maravilloso que implica a millones de personas en el mundo, que nos emociona y que sirve para explicarnos como sociedad y hasta como civilización. Y al mismo tiempo, el fútbol es tan grande que acoge en sus senos diferentes actuaciones que bien podríamos identificar con las que hacen las distintas mafias: “Rubiales no solo grabó a ministros y altos cargos del Gobierno y guardó mensajes amenazando a Pedro Sánchez. También dio instrucciones a sus colaboradores para que hicieran lo mismo con políticos, profesionales del fútbol y periodistas”, siguen informando en El Confidencial.

No lo entiendo

Porque soy una persona del montón no entiendo cómo funcionan las criptomonedas. Y no lo entiendo, simplemente, porque el modelo de negocio consiste en que nadie lo entienda para poder especular con el dinero de quienes creen que en esa complejidad van a encontrar su Eldorado. Y a estas alturas de la película ya no dejo que nadie me trate como si fuera idiota, pero sigo sorprendiéndome con acontecimientos como este: “Uno de cada cuatro inversores destina más de la mitad de su cartera a criptomonedas” (El Independiente). Supongo que menosprecio la promesa de dinero fácil y la convicción de los vendedores de espejos.

No podemos perder esto

Esto que escribe Mikel Segovia en El Independiente solo podemos leerlo de una manera, como una buena noticia: “El coste laboral medio supera los 3.300 euros en las comunidades más caras frente a los 2.300 que de media tiene el conjunto del tejido productivo en las comunidades del sur del país, donde también el desempleo es más elevado”. No podemos perder ese valor, ese reconocimiento y esos derechos logrados. Y para no perderlo primero tenemos que ser consciente de que lo tenemos, y la conflictividad laboral permanente no puede ser la venda en los ojos ni el tuit que intenta tapar las buenas noticias.

Tendremos que pagarlo

Estoy a favor de conservar nuestra manera de reconocer el valor en el trabajo, que mejora a la de nuestro entorno (aviso gratuito para navegantes: quien no quiera un trabajo precario que no llame a Glovo, Just Eat, Uber o similares). Pero todo eso tiene un coste y también tenemos que asumirlo. Si las condiciones laborales mejoran los precios subirán. Y así tiene que ser. Al respecto, en Pymes y Autónomos reflexionan sobre por qué las ofertas de empleo no se cubren: ya no solo es el salario, cuestiones como el teletrabajo o el manejo del tiempo propio empiezan a importar y a sumar como ingreso, pero también como coste. Así tiene que ser.

Y no como hace Amazon

Estamos hablando mucho de Elon Musk últimamente por su deriva neocón y su ansia de trascender por medio de Tesla y Twitter, pero Jeff Bezos, otro salvador del planeta que ha acabado amasando una fortuna infame (sí, hay fortunas infames, inmerecidas, vergonzantes, escandalosas e injustificables, como las de estos dos pollos), le coge hoy el relevo: mientras Bezos llega al espacio, su personal va huyendo de Amazon tan pronto como puede por las condiciones laborales. Y eso está empezando a suponerle un problema, especialmente en departamentos en los que hasta el 70% de sus empleados han abandonado.

¿Dónde está ese dinero?

No entiendo cómo funcionan las criptomonedas. Nadie lo entiende, realmente, salvo quienes están en el negocio. Y quien está en el negocio y gana dinero no lo hace por su conocimiento en tecnología, sino por su experiencia en especulación. Entiendo lo justo de cómo funciona este mundo como para saber que si alguien me dice que en bolsa también desaparece el dinero me intenta mentir o no tiene ni idea de lo que habla. Porque en bolsa el dinero siempre cambia de manos, y en las criptomendas, también: los 80.000 millones de pérdidas de estas semanas son las ganancias de algunos sinvergüenzas. Así funciona el mundo.

¿Y dónde está el sentido común?

Como dice mi amigo Igor Filibi: “La gente tiende a ser coherente”. Por eso no espero mucho sentido común de quien se ha autoerigido en defensora de la extrema derecha en Twitter, entrando en todos los barros que sean necesarios, como hace Cristina Seguí. Y si se tiene que ensuciar hasta el alma, lo hace: “La Fiscalía ha abierto diligencias de investigación penal contra la responsable de la organización Gobierna-te, Cristina Seguí, por la difusión de un vídeo en el que al menos una de las menores víctima de una agresión sexual en grupo en la localidad valenciana de Burjassot conversa con una amiga” (República.com). Correcto.

¿Y cuál es la alternativa?

Estoy de acuerdo con el que fue jefe de la Casa Real Española, Rafael Spottorno: “Felipe VI corre el riesgo de caer en la irrelevancia si mantiene el perfil que por ahora ha marcado su reinado” (República.com). Lo que me preocupa es la alternativa: ¿cómo tiene que actuar el jefe de Estado para marcar un perfil propio? ¿Como hizo después del 1 de Octubre catalán, señalando a una parte de la ciudadanía? ¿Como hizo su padre, que destacó como rey designado por Franco y lo sigue haciendo ahora como Emérito? Lo que está claro es que el crédito de la Casa Real está agotado y solo sobrevive porque el modelo de negocio funciona. ¿Hasta cuándo?

“Una izquierda desmovilizada”

Presiento que a Yolanda Díaz no le volverá a pasar, que no volverá a dejar documentos elocuentes a la vista otra vez. Pero ye le han cazado, y realmente lo que han cazado las y los fotógrafos es la constatación de que en el gobierno español han puesto por escrito y están preocupados por la desmovilización de la izquierda en Andalucía, lo que deja un camino casi llano y liso al PP de la mano de Vox. Una desmovilización que ya vimos en las elecciones de Castilla y León (y que hemos visto esta misma semana en el Focus de EITB), y que deja en muy mal lugar al que se presenta como el gobierno más progresista de la historia de España.

De nuevo, Elon Musk

Lleva unos años gloriosos Elon Musk, regalándonos declaraciones, decisiones e imágenes que tendrían que hacer que se sonrojasen quienes le han defendido todo este tiempo presentándonoslo como una especie de salvador subido en un Tesla. Pero con las víctimas de Nuevo México y Oklahoma tan recientes, posicionarse a favor de llevar armas no solo es una temeridad incomprensible, es un autorretrato inapelable. Es él, es Elon Musk el que se está cargando su propia reputación, pero, ¿qué más le da? Es la persona más rica del planeta pese a sus planteamientos ultraconservadores y latigueros. O precisamente por ellos.

Yo sí vi la final

Estoy seguro de que a Carmelo Garitaonandia no le parecerá mal (de hecho, él sabe perfectamente que siempre he sido un poco hooligan) que yo sí viera la final de la Champions League. Porque su artículo no va de opiniones, sino de cifras, y algunas de ellas son muy interesantes: fue el segmento de 13 a 24 años el más interesado en el partido (un 76,6% lo vio), alejando las ideas de que el fútbol no interesa a la gente joven o que esta no ve la televisión. Euskadi y Catalunya fueron las comunidades donde menos lo seguimos, por cierto. El texto del catedrático también analiza la emisión de Eurovision (que yo tampoco vi).

Alguien tiene que traducirlo

La condena a un youtuber por la que este no podrá subir contenidos a la plataforma deja claro, primero, que hubo un youtuber capaz de dar galletas rellenas con pasta de dientes a un indigente solo porque lo era y para grabarlo y publicarlo en su canal. Esa es la sociedad que estamos creando, sí. Y deja claro, también, que las y los jueces, fiscales y algunos abogados o abogadas, necesitan un traductor para temas tecnológicos: si la condena no incluye Instagram o Twitch (y no parece que lo haga), es ridícula salvo por la indemnización a la que también condena al youtuber. Pero pongamos el foco en lo importante: lo que genera ingresos.

100 días

El hilo de Ricardo Marquina es tan breve como duro y es tan duro como bueno. Este periodista que vive en Rusia y cubrió el inicio de la invasión sobre Ucrania habla, claramente, de un mundo peor que hace 100 días (hoy, 101), cuando comenzó la guerra que solo quería Putin. “El mal ya ha ganado. Todos hemos perdido”, concluye. Antes, manda recaditos a quienes, desde la distancia, justifican a Rusia, a la que no puede criticar abiertamente porque “me pueden caer 15 años de cárcel, pero los nazis son siempre otros”. Me quedo con esta abrumadora frase que Marquina tuitea casi sin querer: “La historia no perdonará este episodio”.

También es un club-estado

La extensa pieza de Carlos Prieto en El Confidencial sobre cómo el Real Madrid hoy es un club económicamente saneado que no necesita los millones de un jeque o un oligarca ruso para ganar una Copa de Europa, ni tiene que endeudarse como ha hecho impunemente el Barça, es imprescindible. Básicamente, Prieto muestra a un club favorecido por el estado español que, primero, le cede terrenos (en época franquista) y, después, le permite quedarse con el beneficio (con el parabién hasta de IU). Un beneficio que, además, salpica felizmente a ACS, que preside también Florentino Pérez, cuyas relaciones posibilitaron la lluvia de millones.

Yo haría caso al BCE

Para una vez que “el BCE pide subidas de salarios para compensar la inflación y no aumentar el riesgo de impago de hipotecas”, yo haría caso al BCE. Aunque, claro, yo pinto poco en patronales varias. El titular de Eldiario.es, no obstante, es de los que hay que guardar porque desmonta, una vez más, las tesis más conservadoras (como su propio nombre indica, pretenden conservar el dinero y la desigualdad) a favor de que se reparta un poco el circulante. Porque los ricos lo son cada vez más y los márgenes de beneficio (véanse las gasolineras) son los culpables de esa subida de precios desbocada.

Pues no me parece bien

Cuanto más lo pienso peor me parece que Pablo Casado no reclame la indemnización por cese de actividad que le corresponde. Lo siento, pero entiendo lo de “ser ejemplar” de otra manera, es decir, ejerciendo tus derechos para que cuando otra persona más desfavorecida también los ejerza lo haga con legitimidad plena. Porque, insisto, ya sabemos cómo funciona la derecha conservadora: no va a poner nunca el foco en que el PP está siempre dirigido por millonarios (y Núñez Feijóo también lo es), sino en que prescindir de derechos es de valientes, de personas comprometidas con su trabajo y servicio, y de buenos españoles.

Por ejemplo

Si hasta ahora las y los defensores de Elon Musk, quienes nos lo presentaban como una especie de Da Vinci contemporáneo con conciencia social que iba a salvar el planeta junto a Jeff Bezos y Steve Jobs, no se han dado cuenta de lo equivocadas y equivocados que estaban, espero que hoy den el paso: el de Tesla ha cortado de raíz el teletrabajo y ha impuesto en su empresa una jornada presencial de 40 horas semanales. Sí permitirá teletrabajar más allá de ese horario, en un derroche de generosidad y latiguerismo. Y se pone de ejemplo a sí mismo, que vive en las oficinas de Tesla, como paladín de nuestro tiempo que, según algunos, es.

Una vez más

Se llamaba Ghufran Hamed Warasneh, tenía 31 años, era periodista, acababa de empezar a trabajar en una emisora de radio, y ha sido asesinada por el ejército israelí en Cisjordania. Una vez más, abrimos la columna con una muerte violenta, arbitraria, atroz y que, por supuesto, intentarán justificar. Las fuerzas israelíes hablan de confusión, pero ya no cuela como un equívoco que, además, haya habido cargas durante el funeral de esta joven periodista palestina. ¿Qué más tenemos que ver? ¿Cuántos funerales tenemos que contar? ¿Cómo podemos aprovechar esta etapa de sensibilidad para parar a los más inhumanos?

Y otra

Un nuevo tiroteo en EE.UU., esta vez en Oklahoma, en un hospital al que el tirador fue a buscar un médico, según El Periódico de España, ha dejado otras cinco personas fallecidas. Cinco féretros y cinco funerales, y cinco excusas para que los republicanos sigan diciendo que esos asesinatos podían haberse evitado con más armas. ¿Tienen que ir con la pistola al cinto las y los médicos? ¿O mejor se lo encargamos al personal de enfermería? Yo creo que la mejor opción es que los representantes políticos estadounidenses que están a favor de las armas hagan guardia en lugares estratégicos para evitar la siguiente masacre.

La solución australiana

Hace poco leí en Twitter, no recuerdo a quién, que tenía que ser muy difícil ser una persona normal en EE.UU., y estoy completamente de acuerdo. ¿Qué tiene que pensar una persona normal que oye que la solución a los tiroteos es que haya más personas armadas? ¿Cómo tiene que desesperarse una persona normal en EE.UU. que lee este titular y ve que es despreciado por la mayoría de quienes toman las decisiones: “Australia confiscó las armas a sus ciudadanos. Desde entonces no ha tenido tiroteos masivos” (Magnet)? En solo tres meses, el gobierno insular legisló, requisó y destruyó un millón de armas, y solucionó un problema.

No todo es para consumo propio

La invasión Rusa sobre Ucrania ha servido para despertar cierta sensibilidad: hay muchísimo sufrimiento que cae sobre las personas como una lotería desgraciada, y casi todo es evitable, además. Lo vemos también en Israel. Y en EE.UU. cada semana. También ha servido para que conozcamos el armamento por el que pagamos vía impuestos, y sus novedades. Estamos más al día que nunca. Por eso también llegamos a enterarnos de que “las armas rusas capturadas están llenas de microchips estadounidenses” (Galaxia Militar). Chips que el gobierno ruso adquirió cuando Putin era solo un león dormido al que cebábamos sin parar.

El reverdecer de las alianzas

Pero el efecto más importante de la invasión rusa sobre Ucrania, porque va a afectar a millones de vidas en las próximas décadas, es el estado de ánimo que ha generado en los estados, más favorables que nunca a dar pasos hacia alianzas. No solo es la integración en la OTAN de países que se resistían a dar el paso, o las ganas de la propia Ucrania de ser admitida en la Unión Europea: “Abrumador respaldo en Dinamarca a entrar en la política de defensa de la UE. El país nórdico elige acabar con 30 años de excepción y se une así a la política de fortificación en defensa de Suecia y Finlandia”, leemos en República.com.