Claro que sí, guapi

No hay manera de tomarse en serio el tuit de Carlos Iturgaiz (y esta primera frase vale para cualquier momento si cambiamos la palabra “tuit” por “discurso”) en el que intenta arrimar el ascua de la campaña del PP para toda España a la sardina vasca: el candidato quiere aprovechar el “¿Dónde está Sánchez?” para meterse con el lehendakari Urkullu y, por supuesto, en su ensalada mental no puede faltar ETA. Así intenta cuadrar su pensamiento circular y seguro que en su cabeza todo tiene lógica, pero nada de lo que dice en el tuit tiene sentido. Y esta última frase también vale para cualquier momento.

El deporte del verano

Intentar agredir a algún ertzaina que acuda a disolver a las cuadrillas que hacen litros forma parte de la fiesta para algunos. Una fiesta violenta que políticos irresponsables han intentado apadrinar para cazar votos de la pobre chavalada que no puede emborracharse en paz. En Vozpópuli se hacen eco de esta “moda” añadiendo la frase de cabecera de casi todos los sindicatos: “ErNE señala al Gobierno vasco por la falta de medios”. Estoy seguro que todas y todos los agentes que tienen que mantener las recomendaciones sanitarias incluso entre borrachos saben bien quién está enfrente y quién, a su lado.

Siempre con los Agirregabiria

Quienes tenemos algo que ver con Internet en Bizkaia conocemos a la familia Agirregabiria, de Getxo, de la que ahora sabrán muchas y muchos más gracias al artículo en Yorokobu y al reconocimiento de Getxophoto 2021 a Mikel, Aitor y Leire, y a la ama de los dos últimos, Carmen, que, de 1995 a 1998, fotografiaron el municipio en el que vivían para componer un mosaico en una web (Getxoweb) adelantándose a la idea de lo que más tarde todas y todos conocimos como Google Street View. Por suerte, esta familia con tanto impulso y talento (Aitor sigue sacando fotos extraordinarias) también forma parte del paisaje humano local.

¿De verdad funciona?

Después de leer la pieza en Vozpópuli sobre cómo “Facebook incumplió la ley electoral al ocultar 752.000 euros que recibió de Podemos” deduzco que el gigante de las redes ha cometido algún error en la comunicación al Tribunal de Cuentas y me llama la atención, una vez más, la cifra, lo que destina Podemos a Facebook e Instagram, que solo es una parte de lo que invierte en campaña (y fuera de ella) a la comunicación on-line. ¿De verdad les funciona? ¿Sin ese gasto tendrían unos resultados electorales aún peores? El retorno de la inversión publicitaria es muy difícil de ponderar aún hoy, pese a todas las estadísticas.

Volvemos a La Catedral

El gol de Aduriz al FC Barcelona en San Mamés, de chilena, quedará para siempre en la memoria de las y los aficionados, sobre todo, porque aún lo veremos miles de veces más en nuestra vida. Pero ha habido otros, no tan espectaculares pero igual de efectivos porque ayudaron a ganar duelos entre ambos equipos en Bilbao, y en las redes del Athletic los están recordando para calentar, por fin, el ambiente. Un ambiente que no será el de las grandes citas pero que generará la misma ilusión y el mismo nerviosismo porque regresamos a casa, a nuestro campo, a nuestras gradas. Vuelve el fútbol en directo. Por fin.

Los humildes marcan el camino

Después de tantos tuits sobre Afganistán cuyas autoras y autores parece que se rasgan las vestiduras mientras los escriben, un humilde post en Facebook nos marca el camino: el club Bidaideak Bilbao abría “sus puertas a la jugadora afgana, Nilofar Bayat, para que pueda residir en Bilbao y jugar en su equipo desde la próxima temporada”. La capitana de la selección de baloncesto en silla de ruedas ya tiene un lugar en el que refugiarse de los talibanes, y nos enorgullecemos de que sea en Bilbao, pero quedan muchos que vendrán en peores condiciones y merecen oportunidades equivalentes que solo les daremos entre todos.

Un modelo de negocio

La guerra es un modelo de negocio no solo para militares profesionales: los talibanes se financian para continuar su lucha. Viven de ella además de por ella, como podría deducirse de su integrismo, que no se nos olvide. Pero hay más: esa financiación viene del tráfico de drogas que los talibanes ejercen, como explica Roberto Saviano y recoge Público: “La de Afganistán es una guerra del opio. No ha ganado el islamismo, como muchos dicen, ha ganado la heroína. Y más del 90 % de la heroína mundial se produce en Afganistán. Esto significa que los talibanes, junto con los narcos sudamericanos, son los narcotraficantes más poderosos del mundo”.

La élite con la que trabajó EE.UU.

Evidentemente, hay algo turbio si el presidente afgano, Ashraf Ghani, “sacó 169 millones en efectivo, según explicaron fuentes a la BBC” (20 Minutos). Dinero con el que ha sido bien recibido en los Emiratos Árabes Unidos. ¿Es dinero suyo? ¿Es dinero del país que Ghani custodiará y servirá para montar una insurgencia o, cuando menos, ayudar a una población aterrorizada por la dictadura talibán? ¿De dónde sale tanta liquidez? ¿Lo sabían los americanos que ayudaron a institucionalizar ese gobierno? Va a ser difícil, pero esta es una de las derivadas del conflicto que habrá que seguir de cerca.

No son cobardes, nunca lo fueron

Según Amnistía Internacional, han muerto casi 60.000 militares y policías afganos que han luchado junto a los ejércitos internacionales para defender aquella débil democracia durante 20 años. Pero ese dato, que se encuentra en menos de un minuto en Internet, carece de importancia para el concejal del PP Carlos García, que mete a los fallecidos en el saco de “todos los traidores y cobardes del ejército afgano juntos”. Lo hace para defender a los “104 héroes, militares y policías españoles que han perdido la vida en Afganistán” y que, según él, “tienen más honor, más dignidad y más valor” que los afganos. Y así, todo.

Ayer fue el día de la fotografía

Las fotos de los pocos profesionales que puedan moverse en territorio talibán serán importantísimas para que podamos mantener vivo el tema y para que comprobemos que los integristas siguen siéndolo aunque ahora se exhiban comiendo helados. Las fotos nos muestran el mundo y ayudan a fijar recuerdos en nuestra memoria. La fotografía es, sin duda, uno de los grandes inventos de la humanidad, y ayer fue su día. Jornada que en Photolari usaron para reírse un poco de quienes se toman demasiado en serio a sí mismos, sus consejos y la revolución tecnológica, en un sarcástico y muy recomendable post.

No seas como la extrema derecha

Si “la extrema derecha agita el fantasma de una nueva crisis migratoria que despierta temor entre los líderes europeos” (Infolibre), sin duda, la posición más acertada será observar la realidad de la manera adecuada: las y los afganos que consigan abandonar su país sin nada son personas aterrorizadas que no quieren vivir bajo una dictadura. Quienes consigan llegar a Europa no lo harán para delinquir o robar puestos de trabajo a nadie. Pensar eso es pensar poco y, lo que es más importante, es empatizar poco con otros seres humanos que prefieren huir a lo desconocido porque lo peor es quedarse con quienes ya conocen.

¿Qué debemos hacer?

No, no voy a criticar a la Unión Europea o a EE.UU. por plantearse un diálogo con los talibanes aunque estos integristas armados me parezcan personas despreciables. No creo que esa crítica sea coherente con una crítica previa a la presencia de diferentes ejércitos y otra crítica intermedia por la salida de esas y esos soldados. Todo no es criticable, y quien cae en esa tentación tiene poco respeto por sí mismo: no puede parecernos mal la ocupación, la salida, la guerra y el diálogo. Igual lo que tenemos que hacer es pensar un poco mejor cuál es nuestra opinión, o si acaso tenemos una, antes de tuitearla.

Una buena explicación, también en Internet

Los pocos periodistas sobre el terreno y los muchos especializados (en 20 años de presencia militar internacional no pocos corresponsales han pasado por Afganistán para contra lo que sucedía) están haciendo un buen trabajo en sus medios y en Twitter para explicarnos qué ha ocurrido y qué puede ocurrir en Afganistán. También Íñigo Sáenz de Ugarte lo está haciendo en su célebre blog, Guerra Eterna: la corrupción y el caudillismo eran tapados por la propaganda (no solo estadounidense), y la realidad se ha mostrado con crudeza con el avance talibán sobre un gobierno y unas fuerzas armadas endebles sin tutela.

Y otra, capciosa

En el otro extremo a Sáenz de Ugarte se encuentra Juanma, un usuario de Twitter que se hacía pasar por un trabajador español de la inteligencia estadounidense que llegaba a Kabul a colaborar con la repatriación de personal español y americano. Desde lejos olía a timo, pero Antoñita Tatuajes ha sido la que se ha remangado y ha hecho una pequeña investigación para confirmar que se trata de un perfil que “dentro de poco empezará a tuitear cosas para asustar viejas y soltará bulos y noticias falsas, aprovechando que ya hay gente que se ha creído que es un soldado que está allí, en primera línea. Antes que las feministas”.

Y solo es el principio…

Lo ocurrido en Afganistán (la ocupación militar, la hipocresía de todo el mundo, la salida de las y los militares, la debilidad de un gobierno afgano que solo se ocupaba de mantenerse como élite y el regreso de los talibanes) no es lo peor: lo peor es lo que sucederá, el regreso a la edad de piedra, texto sagrado y kaláshnikov al hombro allí… Y que esta imposición, además, puede servir de modelo en otros lugares. Xavier Aldekoa alertaba en Twitter: “En un continente donde el yihadismo avanza, la victoria talibán manda un mensaje muy peligroso a los barbudos: si lucháis, al final el enemigo huye. Y en África, el problema es grave”.

Ridículo y terrible

Los vídeos de los talibanes montados en autos de choque o jugando con las máquinas del gimnasio del palacio presidencial son bien descritos por el periodista Vicente Ruiz: “Sería cómico si no fuera tan dramático. Parecen escenas de Borat”. En efecto, son imágenes ridículas y terribles: esas personas que viven para la imposición de sus ideas pasan un rato toqueteando lo que van a destruir: el progreso, aunque sea en su expresión más trivial. Pero también van a destruir lo que más importa: la limitada libertad de un pueblo que, según su pirámide poblacional, mayoritariamente desconoce lo que es vivir bajo el yugo talibán.

Pero también pasajero

Juan Soto Ivars también clava su tuit: “La conmoción que provoca Afganistán puede ser sincera, pero es pasajera. La sumisión, la tortura y el terror en Afganistán no lo van a ser. La cultura de la conmoción consiste en espeluznarse a corto plazo y de forma anárquica por horrores que no acaban cuando pasamos a otra cosa”. En este momento que nos ha tocado observar, en el que las noticias se devoran a sí mismas y vivimos con una intensidad impostada cada drama, tuiteando desde nuestro sofá o nuestro puesto de trabajo, el interés por Afganistán pasará, como pasó el de Siria o Palestina. Pero los talibanes seguirán allí.

Lo que no debemos olvidar

Dejaremos de ver los rostros de las y los afganos, sobre todos, los de ellas: periódicos, teles, radios y Twitter se ocuparán de otros asuntos, de otra foto provocadora de C. Tangana o de una hambruna en el continente africano que, de pronto, centra nuestro interés. Pero mientras todo eso pase tenemos que ser muy conscientes de cómo funciona el mundo: “Lo único que se me ocurre decir sobre lo de Afganistán es qué vergüenza damos. Qué mentirosos son todos y qué gratis les salen a todos sus mentiras”, tuiteaba Diego E. Barros, señalándonos como sociedad y, sobre todo, a esos dirigentes que se contradicen sin ruborizarse.

Sus madres y padres no lo harán

Los talibanes no solo se van a quedar con los autos de choque, las máquinas de los gimnasios, los cines, las cometas y los derechos humanos de mujeres y niñas, también van a coleccionar armas de todo tipo que aprenderán a manejar (ese progreso sí les interesa). Miles de militares de varios países han pasado por Afganistán estos años armando a unas fuerzas autónomas que no han sabido oponer resistencia. Por el camino, afganos y visitantes perdieron su vida. ¿Por qué? ¿Para qué? Eso se pregunta el Daily Mail en una de las portadas más duras de la semana, con la foto de uno de los entierros de militares británicos muertos en Afganistán.

Las élites

En estos 20 años la población afgana se ha rejuvenecido, la mayoría solo conoce esa convivencia con militares de otros países. Y en estos 20 años también se ha desarrollado una élite, sobre todo política, que ha huido ante el avance talibán. Una élite que ha vivido hasta el último minuto con todas las comodidades occidentales, y no hablo solo de los autos de choque o el gimnasio: el “entrepreneur” Sultan Ghani subía a Instagram una foto de sí mismo acercándose a un jet privado con cierta parsimonia para abandonar Afganistán al principio del acercamiento talibán. La gilipollez, como todos sabíamos, es universal.

¿La obra o el autor?

No sé qué pensar a veces, lo confieso una vez más hoy, que retomo la rutina de opinar de cinco temas cada día, por lo menos. Y cuando no sé qué pensar prefiero callarme, una opción cada vez más minoritaria en este mundo en el que podemos escribir lo que se nos ocurra en WhatsApp, Twitter, Facebook o Instagram, al momento. Esa incontinencia la han sufrido en Bildu este verano, pidiendo al Zinemaldi que no otorgue su Premio Donostia a Johnny Depp por las causas abiertas por violencia machista que tiene. Alberto Remírez tiraba de sarcasmo: “Ah, los fachas y sus cancelaciones y campañas contra los artistas”.

¿Qué les diferencia?

Antes de que en Bildu decidieran hacer público que están a favor de la censura preventiva nadie discutía que lo sucedido en el ayuntamiento de Toledo con el cartel anunciador del concierto de Zahara era un atropello: la imagen del grupo, en la que una corona virginal culminaba la imagen de una mujer que fuma mientras mira a la cámara (solo eso, sí) resultaba insultante para Vox y el ayuntamiento, gobernado por el PSOE, acabó por prohibir el cartel. Me parece que en este mundo y este momento tan complicado para comunicar y gobernar es urgente dejar de confundir la corrección política con las mamarrachadas.

¿Provocador?

Seguimos: cuando vi la foto de C. Tangana rodeado de mujeres en bikini en la cubierta de un yate no me extrañó (ya lo avisa él en su último disco: “Ahora que sobran ceros en el banco me piden que cambie”). Cuando la madre de mis hijos me mostró que, además, varias de las chicas eran sobradamente conocidas, me pareció un juego, una imitación más que una provocación porque fotos así ya las han protagonizado Julio Iglesias o Jesús Gil. Lo que sí me sorprendió es el revuelo. Crispas expresaba en Twitter mejor que yo mi propia impresión: “Me fascina que esto sea provocador y ofensivo en el año 2021. Qué maravilla”.

No es una polémica: es una ofensa

Si hay un tema que abandona la arena de la polémica para bañarse en el de la ofensa es el precio de la electricidad en España (y por extensión, Euskadi), una península soleada regada de ríos y con embalses amortizados. La aparente inacción del gobierno español resulta indignante, pero los que cabrean son los tuits tipo de uno de los partidos de ese gobierno: “UP es el único espacio político que ofrece soluciones a los abusos del oligopolio eléctrico. Hay que intervenir el mercado y crear una empresa pública. Para ello hacen falta 2 cosas: valentía y no deberle ni un favor a las eléctricas. Nosotros podemos dar esa batalla, otros, no”.

La cuestión

Hace mucho tiempo que sé que la carne de perro es especialmente indigesta, así que para evitar el Almax de después, aclaro que me incluyo en la parte señalada por el acertado tuit de La Libreta: “La cuestión no es si Ibai Llanos hace periodismo. La cuestión es cuánto periodismo hacemos los periodistas”. Llanos consigue para su show on-line estar donde todos los periodistas queríamos: en la cena de despedida de Messi con los capitanes del Barcelona y en la presentación en París. Como periodista no me molesta: lo aplaudo y envidio. Lo que me preocupa es que el espectáculo reine porque nadie da la información.