Esto solo acaba de empezar

Esta semana Euskadi ha competido como un país más en sokatira y en kayak surf, y con éxito. Y en breve lo hará también en pádel. Tenemos que convertir estos movimientos en inercia y dejar que la piedra enorme ruede y se lleve por delante lo que se tenga que llevar, básicamente, la voluntad de que Euskadi no tenga presencia internacional y no debilite las selecciones respaldadas por el estado español. Pero esto, como muchas otras cosas, tiene que cambiar, y el momento es este, por lo menos, para poner la pica en Flandes. A ver si tirando de expresión castiza los que no quieren se dan por enterados.

Tontos de campeonato

Este fin de semana, Euskadi se ha llevado triunfos en sokatira, kayak surf e idiocia: las y los miles de jóvenes que se concentraron en el parque Doña Casilda de Bilbao comparten el preciado trofeo a tontas y tontos de su pueblo, villa o capital del mundo. Y no, no estoy criminalizando a la juventud, que no se me pongan estupendos quienes aprovechan el Pisuerga y cualquier otro río revuelo cada día: estoy señalando a quienes sí estuvieron pasándose por el forro las recomendaciones y el esfuerzo de muchísima gente desde el comienzo de la pandemia. La mejora también es imparable, pero tiene que llegar.

No quisieron pararlos

Nadie quiso parar a los fascistas que se manifestaron en Chueca, es evidente. La investigación del gobierno español para saber cómo se permitió la marcha facha no reparará el daño hecho, sobre todo, a la imagen de España en el mundo. Porque lo que vimos fue, sobre todo, chusco, como muestra Juan Soto Ivars en Twitter: “La carta de José Luis Roberto, líder de España 2000 contra Abascal por llamarlos ‘cloaca socialista’”. Es precioso el momento en el que Roberto intenta que los manifestantes parezcan las víctimas porque, según su relato, un “marica oso” “con barbas hasta las tetillas” les llama fascistas desde un balcón “golpeando una sartén”.

La idiotez rebosa

Prefiero pensar que quien ha cortado el vídeo que se ha viralizado en Twitter (para cloaca, esta), en el que Isabel Zubiaurre parece que “pide consejo para ver ‘cómo se apaga un volcán’”, es solo un tonto en busca de popularidad. Prefiero pensar que no hay maldad en esa manipulación, porque como recuerda Luis Cortés también en Twitter, esta “doctora en física y meteoróloga” “es consciente de que la pregunta, así formulada, no tiene sentido. Añade al instante: ‘No cómo se apaga un volcán, obviamente”. Es decir: el vídeo ha sido cortado con mala leche para dejar mal a Zubiaurre… Y para demostrar cómo es el día a día en Twitter.

Claro que es el momento

La erupción del volcán en La Palma conlleva la destrucción de todo lo que pille la lava a su paso. La famosa “fuerza de la naturaleza” sobre la que tantas veces hemos leído estamos viéndola ahora a unos pocos miles de kilómetros de Euskadi. Y es aterrador. Pero lo que vemos es también absolutamente excepcional y tiene un punto de belleza innegable, así que sobren las críticas, sobre todo, en redes sociales, por que haya fotógrafos e incluso periodistas que estén buscando las imágenes que construirán nuestros recuerdos futuros y por acercarse a la ladera en plena evacuación. No se trata de turistas con un móvil, no les tratemos así.

Ridículo y terrible

Los vídeos de los talibanes montados en autos de choque o jugando con las máquinas del gimnasio del palacio presidencial son bien descritos por el periodista Vicente Ruiz: “Sería cómico si no fuera tan dramático. Parecen escenas de Borat”. En efecto, son imágenes ridículas y terribles: esas personas que viven para la imposición de sus ideas pasan un rato toqueteando lo que van a destruir: el progreso, aunque sea en su expresión más trivial. Pero también van a destruir lo que más importa: la limitada libertad de un pueblo que, según su pirámide poblacional, mayoritariamente desconoce lo que es vivir bajo el yugo talibán.

Pero también pasajero

Juan Soto Ivars también clava su tuit: “La conmoción que provoca Afganistán puede ser sincera, pero es pasajera. La sumisión, la tortura y el terror en Afganistán no lo van a ser. La cultura de la conmoción consiste en espeluznarse a corto plazo y de forma anárquica por horrores que no acaban cuando pasamos a otra cosa”. En este momento que nos ha tocado observar, en el que las noticias se devoran a sí mismas y vivimos con una intensidad impostada cada drama, tuiteando desde nuestro sofá o nuestro puesto de trabajo, el interés por Afganistán pasará, como pasó el de Siria o Palestina. Pero los talibanes seguirán allí.

Lo que no debemos olvidar

Dejaremos de ver los rostros de las y los afganos, sobre todos, los de ellas: periódicos, teles, radios y Twitter se ocuparán de otros asuntos, de otra foto provocadora de C. Tangana o de una hambruna en el continente africano que, de pronto, centra nuestro interés. Pero mientras todo eso pase tenemos que ser muy conscientes de cómo funciona el mundo: “Lo único que se me ocurre decir sobre lo de Afganistán es qué vergüenza damos. Qué mentirosos son todos y qué gratis les salen a todos sus mentiras”, tuiteaba Diego E. Barros, señalándonos como sociedad y, sobre todo, a esos dirigentes que se contradicen sin ruborizarse.

Sus madres y padres no lo harán

Los talibanes no solo se van a quedar con los autos de choque, las máquinas de los gimnasios, los cines, las cometas y los derechos humanos de mujeres y niñas, también van a coleccionar armas de todo tipo que aprenderán a manejar (ese progreso sí les interesa). Miles de militares de varios países han pasado por Afganistán estos años armando a unas fuerzas autónomas que no han sabido oponer resistencia. Por el camino, afganos y visitantes perdieron su vida. ¿Por qué? ¿Para qué? Eso se pregunta el Daily Mail en una de las portadas más duras de la semana, con la foto de uno de los entierros de militares británicos muertos en Afganistán.

Las élites

En estos 20 años la población afgana se ha rejuvenecido, la mayoría solo conoce esa convivencia con militares de otros países. Y en estos 20 años también se ha desarrollado una élite, sobre todo política, que ha huido ante el avance talibán. Una élite que ha vivido hasta el último minuto con todas las comodidades occidentales, y no hablo solo de los autos de choque o el gimnasio: el “entrepreneur” Sultan Ghani subía a Instagram una foto de sí mismo acercándose a un jet privado con cierta parsimonia para abandonar Afganistán al principio del acercamiento talibán. La gilipollez, como todos sabíamos, es universal.

Después de Olentzero y Mari Domingi…

Después del vídeo en las redes sociales en el que se veía a Olentzero y Mari Domingi afiliarse a Bildu, la campaña de captación pasa ahora por las cárceles: Arnaldo Otegi ha enviado una serie de cartas a los presos de ETA para instar “a que se hagan militantes de la coalición” (El Independiente). La noticia me ha recordado la aseveración de Groucho Marx de que no sería socio de un club que le admitiese como socio, y me he preguntado si tendrán dudas quienes sí son socios e incluso representantes de ese colectivo que no es precisamente heterogéneo ni mucho menos cómico. ¿O todo vale por el escaño?

El rastro del dinero de Juan Carlos I

Me da pena que no haya sido un periodista el que haya difundido lo que ha hecho público Jaime Gómez-Obregón: este ingeniero ha creado un programa para ir archivando todo lo relacionado con “el rastro de los 100 millones de dólares que el Rey Juan Carlos recibió de Abdullah bin Abdulaziz”. Su trabajo no ha concluido y lo están financiando pequeños contribuyentes anónimos. De momento, lo que está claro es que tanto Juan Carlos I como Corinna Larsen pusieron mucho empeño, en forma de tramas societarias, para ocultar los movimientos y las consecuencias fiscales del dinero.

Todos menos Iglesias tenemos la culpa

Tuiteaba Juan Soto Ivars que el titular de Vertele significaba que Pablo Iglesias creía que el poder que iba a tener en el gobierno era de otro tipo: “Me he dado cuenta de que estar en el gobierno no es estar en el poder”. Yo creo que simplemente el líder de Podemos echa balones fuera. Mi lectura es mucho más mundana, lo sé. En cualquier caso, está claro que Iglesias se apresura a ponerse parches mucho antes de empezar a pelear y que salgan las heridas. El ejecutivo es un poder muy complejo, y me sorprende que un politólogo como él, que tantas lecciones gratis ha dado, no lo supiera antes de alcanzarlo.

Mucho más realista

Este otro titular en El Nacional es mucho más realista: “Ningún país ha llegado a la independencia con el 50% en contra”. Lo dice Oriol Junqueras en la semana en la que hemos visto en números el resultado del desgaste del proceso independentista catalán. Empecemos por el principio: la independencia hoy es una quimera. La lucha tiene que ser por un estado integrado en Europa interrelacionado con su entorno pero completamente autónomo. Y sigamos por el final: solo se conseguirá ganando a cada persona para la causa. Una a una. En medio, las formas: ni de golpe ni con golpes será posible.

Fe absoluta

Me hago viejo y cada vez más me refugio en la religión: me entrego a San Mamés y acudo a la catedral siempre que una pandemia mundial no me lo impida. Y allí, sentado, vivo una comunión con mis hermanos de iglesia, me emociono, sufro catarsis y hasta recibo alguna hostia. Mis mesías son Iker e Iñaki. Digan lo que digan los fariseos. Y si este último me manda leer la Biblia, lo hago: “Samuel 17:1-54. Fe”. Eso tuiteó Williams después del milagro del viernes que me hizo levitar, y corresponde al pasaje en el que David vence a Goliat. Tengo fe en ti, Iñaki, y en todos los tuyos, que son los nuestros. Aupa Athletic!

Los dueños del tiempo

En Euskadi los mismos que intentan apropiarse de la cultura y de la historia vasca, por supuesto, quieren ser los dueños del tiempo, y mientras aparecen en aniversarios de asesinados por el franquismo contra una tapia, reclamando su relato, luego no quieren saber nada de lo que pasó en democracia. Ya les gustaría, pero no puede ser. Así que, sí, estoy de acuerdo con Juan Soto Ivars cuando critica en El Confidencial que las últimas detenciones de miembros de ETA se hayan considerado “fuera de tiempo”. Lo único que era de otro tiempo eran las protestas: hay familias que hoy reclaman justicia.

En Podemos no descansan nunca

Da igual lo que pase: da igual que Pablo Iglesias corte tantas cabezas en Podemos que Íñigo Errejón puede montar un partido con todos los decapitados. Da igual que Podemos alcance una vicepresidenta y cuatro ministerios en el gobierno español. Y da igual que nos azote una pandemia y una crisis económica derivada aterradora. Da igual todo porque algunos no descansan: “La cúpula de Podemos teme que Yolanda Díaz aproveche los problemas judiciales de Iglesias para asaltar el poder” (Vozpópuli). El juego de tronos entre los morados parece que no tiene fin, para ellos la partida siempre está abierta. Qué agotador.

El infravalorado derecho a desconectar

De la pandemia y la crisis económica no saldremos mejores: hay ya demasiadas muestras que indican lo contrario. Pero con suerte sí habremos dado algunos pasos, por ejemplo, a favor del teletrabajo. Pero el real, no el que se limita a enviarte a tu casa con un ordenador y, si tienes suerte, el teléfono, y te ata a la mesa (en muchas ocasiones, la del comedor o la cocina) durante todo el día. El derecho a la desconexión en el trabajo presencial no estaba suficientemente valorado hasta ahora, pero con el teletrabajo es una pieza imprescindible para que no salgamos “de esta” completamente locos.

Diez años de la tercera red

Llevo más de diez años dedicándome a observar y explicar las redes sociales digitales. Al principio, estábamos perdidos: había demasiadas y todas parecían valiosas. Ya entonces destacaba Facebook. Después, redujimos rápida y felizmente todo a dos: Facebook y Twitter. Y en una tercera fase dimos cabida a Instagram. Ahora vamos camino de convertirla en la primera red social para comunicarnos: los periodistas cada vez la miran más, en detrimento de Twitter, y la ciudadanía que vota y compra, abandona Facebook para entrar a Instagram, que cumple 10 años en mejor forma que nunca.

¿Nos lo creemos o no?

Endika Río se quejaba esta semana de que no pudimos ver la semifinal de Copa entre el Athletic y el Levante. No pudimos verla, por supuesto, porque la jugaban los equipos femeninos de ambos clubes. Nadie concibe que no fuera a emitirse, aunque solo fuese de pago, si la jugaran los Williams y Campaña. Eso significa que sobre el fútbol femenino hablamos mucho pero pocos ponen los medios para alcanzar una igualdad real. Sin embargo, esta misma semana hemos podido ver por YouTube un trofeo “veraniego” que sí jugaron el Valladolid y el Athletic… De los chicos, claro.

La fragilidad

La situación no es buena. Mucha gente se ha relajado y aparecen los rebrotes. Los que nos ponemos de mala hostia con la despreocupación ajena sufrimos y, a la vez, somos los raros. Igual si compartimos más noticias sobre el regreso del coronavirus, desde China a Huesca pasando por la conexión entre Murcia y Bolivia, nos lo tomamos más en serio todos. Algunos, de hecho, están deseando que en Euskadi tengamos una mala noticia. Son los que están de campaña y por el cuanto peor, mejor, son los que confían precisamente en los que se pasan por el arco del triunfo las mascarillas y la distancia social.

Republicano, sí, pero…

La buena noticia es que, con la que está cayendo sobre la Casa Real, mensajes como el de Juan Ramón Lucas hoy suenan ridículos cuando, solo hace unos años, sonarían incluso solemnes gracias al velo y los juancarlistas: “Soy republicano. Por un principio de rigor democrático y convicción política. Ahora bien, dudo mucho que un presidente de república ejerciera la Jefatura del Estado con más solvencia que Felipe VI y una presidenta fuera a estar mejor formada de lo que lo estará su hija”. ¡Veámoslo! Que Felipe se presente a unas elecciones. Que lo haga su hija dentro de veinte años. Y si ganan, que sean jefes de Estado.

La lógica trumpista

Donald Trump es su propia caricatura: su afirmación de que para que no haya tantos positivos por coronavirus en EE.UU. la solución es hacer menos tests ha sacudido (de risa) al mundo. No es la única barbaridad que hemos leído sobre sus intervenciones públicas ni será la última. Pero tampoco podemos olvidar que no tenemos toda la información: los estadounidenses lo han elegido, ahora tienen que cargar con él y responder, en apenas unos meses, si volverían a hacerlo. Si lo reeligen, nosotros solo podemos cruzar los dedos para que no empiece una guerra nuclear. Y para que el populismo no se contagie como el virus.

Hablando de populismo…

Es innegable que una parte del discurso trumpista es aplicable a España y a Euskadi. Solo así se explica que a Vox y otros partidos fascistas que hacen populismo les vaya tan bien. Vamos, que caraduras como Trump que no se sonrojan mintiendo o diciendo verdades a medias, hay en todos los sitios. También en la campaña vasca y entre los que tuitean en euskera. Y en la campaña gallega y entre los que tuitean en castellano, claro: Vox difundió sin ser cierto que un gaitero recibía a la banda de ultras que participaban en un mitin en A Coruña. Ese músico siempre está en ese punto. Y los fascistas nunca son bienvenidos.

Y hablando de ultras…

Insisto: hay cerebros que compran esa mercancía averiada que es el populismo, esos mensajes simplistas, esa fanfarronada de chulo de patio de colegio. Javier Negre, ya fuera de El Mundo, se pone en el escaparate, en sus redes sociales, con vídeos como el que denuncia Juan Soto Ivars en Twitter: Negre va a meterse con un mantero por vender bolsos de imitación. No hace una investigación sobre la red, no entrevista al traficante de esa mercancía, no. Se enfrenta al último eslabón, el más frágil de la cadena. Así alimenta un discurso de mierda y un canal con contenido de mierda. Pero lo peor es que lo ven.