«Un fallo»

Solo fue parte de Internet y, que sepamos a esta hora, ni siquiera la parte importante (conexiones aeroespaciales, controles remoto, sanidad, etc.), pero la caída de la gran red que afectó ayer durante unas horas “a Amazon, Twitter y medios como El País y el New York Times” (El Independiente) nos tiene que recordar lo frágiles que somos ahora mismo. Hemos condicionado nuestro ocio, nuestro negocio (¿qué pedido o stock no es ya digital?), nuestra salud y hasta nuestra memoria a una única herramienta cuyo control real desconocemos. La herramienta gracias a la que pago mis facturas, por cierto.

“Echenique borra”

Pero Internet no es solo mi herramienta de trabajo: también algunos políticos han hecho de las redes sociales (especialmente, Twitter) su mejor tribuna y, casi, su única ocupación. Tanto han tuiteado algunos que ahora se arrepienten, como Pablo Echenique, que ha borrado “la mayoría de sus mensajes en Twitter en vísperas de Vistalegre IV”. Solo ha dejado los que hacen mención (positiva) a la candidatura continuista y, como recuerdan en República.com, este no es el primer borrado masivo que hace quien fuera número dos de Pablo Iglesias. La política de tuit es tan mala que no la quiere de legado ni quien la practica.

“ERC endereza”

Pero la noticia política de la semana ha vuelto a ser la de los indultos. En este caso, su avance pese a la presión derivada de la falta de humanidad de algunos líderes políticos. Y después de esa, l otra noticia es el giro al pragmatismo de ERC: Junqueras, ya como líder político y moral del independentismo, defiende la vía escocesa, que es la vía vasca también. Defiende un referéndum acordado, defiende la complicidad de la comunidad internacional y defiende la vuelta a la política para hacer política. Un mecanismo tan sencillo y tan olvidado por todas las partes, desde la unilateralidad hasta la justicia vengativa.

“El PP traga”

Claro que Díaz Ayuso ha accedido a la petición de Vox de reducir notablemente el número de representantes en la Comunidad de Madrid: el populismo lo hace la extrema derecha y el PP se beneficia de una posición de fuerza porque, que nadie se equivoque, cuando se reduce el número de parlamentarios lo que se reduce es la posibilidad de que entren nuevas fuerzas o representantes más alejados del establishment. Los ordenados y ortodoxos siempre estarán en los primeros puestos. Si ese tijeretazo va acompañado de una reducción del personal asistente el parlamento tratará menos temas y recibirá a menos agentes sociales.

“Ha sido raro”

La pieza en Magnet sobre el primer evento de inversores de Bitcoin no tiene desperdicio. Más que una serie de sesiones sobre economía aquello fue un festival. Por momentos, según el relato, incluso una rave. Una fiesta del exceso, en cualquier caso, que celebrara un “neoliberalismo tech” en un momento en el que la moneda virtual sigue bajando sin que nada haya en el horizonte que pueda hacerle rebotar. Y si son los de esta fiesta la que debe velar por el futuro financiero de inversores anónimos que poco tienen que ver con los que allí se dejaron ver, desde Paris Hilton a skaters que proclaman la revolución.

Mis dos minutos de odio

Escribo esta columna profundamente enfadado, conmigo mismo y con todo lo que veo. Somos imbéciles, no hay otra explicación: la pandemia avanza porque se lo ponemos fácil y no cumplimos las normas. Y quien me venga con que los gobiernos criminalizan a la ciudadanía se puede ir a la mierda: si todos hiciéremos caso a las obligaciones y recomendaciones estaríamos mejor. No es menos cierto que hay normas que nadie comprende: “La ministra Maroto considera que la llegada de turistas de la Unión Europea ‘no es un elemento de riesgo’”, tuitean en El País. Pues ya me lo puede explicar con dibujos sencillos.

La asquerosa pelea política

A Bildu se le apaga el foco y no deja de agitar la farola para que siga alumbrando: su doble estrategia de acoso y derribo al gobierno vasco durante la pandemia y de facilidad absoluta al español está más que agotada. Pero siguen intentado rascar el fondo: Maddalen Iriarte habla ahora de colocar a una alcaldesa de Bildu en el LABI. Ahí están los de la pureza, preocupados por las cuotas y por meter un caballo de Troya nada menos que en el espacio en el que se toman las decisiones para frenar la pandemia. Porque todo vale si le vale a la izquierda abertzale, lo sabemos bien en este pequeño país.

Somos unos irresponsables

Mi profundo cabreo lo provoca el cansancio, la incoherencia, el oportunismo y, sobre todo, la irresponsabilidad. La de la ciudadanía, la del periodismo y la de la política ante la pandemia. Empiezo por incluirme en todas las categorías en las que encajo: como ciudadano tomo malas decisiones. Y como periodista me enfada saber que nos colaron el riesgo de AstraZeneca, y que eso influyó en las decisiones de los políticos, a su vez, agotados del acoso de oposición o sindicatos y las críticas públicas. Ahora nos toca remontar y recuperar la confianza en la vacuna de la que llegarán millones de dosis hasta verano.

Como para no ciscarse en algo

Insisto en que lo que más me enfada es la irresponsabilidad en medio de toda esta mierda. Porque ya no se trata de un cúmulo de errores, del desconocimiento o de que ha tocado un o una incapaz para gestionar algo tan grave. La irresponsabilidad hoy es una opción, es un modo plenamente consciente de enfrentarse a la pandemia, y ante ella tenemos que revelarnos con saña: “Las elecciones en Madrid vuelven a parar la renovación del CGPJ y se congelan las negociaciones de todas las instituciones”. Si este titular en Público no es para ciscarse en la política española, sus protagonistas y sus asesores, ¿qué lo es?

¡Lo que nos faltaba!

Los que trabajamos desde casa lo hacemos muchas más horas que antes de la pandemia. Es un mal global. Las pocas opciones de salir a la calle y las distracciones cotidianas del hogar nos empujan a estar más accesibles, a pasar más horas delante del ordenador, a cabrearnos (en mi caso) y a engordar (también, en mi caso). Lo que nos faltaba era esto de Pymes y Autónomos (por lo general, un blog recomendable): “Aprender a trabajar desde casa y en un entorno siempre conectados es imprescindible”. No. Lo que es imprescindible es aprender a desconectar aunque estemos en casa o con cobertura.

Pandemia, la que tienen allí colgada

La irresponsabilidad fuera de China ante la pandemia me está resultando inaudita. Empiezo, por supuesto, por la responsabilidad individual. Aquí y en Alemania. Y siguiendo, por supuesto, por la de los políticos y la de los sanitarios que no solo no comparten algunas decisiones, sino que abogan por rebeldías parciales o completas hasta el negacionismo. Y Trump, ya, es capítulo aparte. Como lo es Madrid, desde Ayuso hasta la ciudadanía, se pongan como se pongan los capitalinos: “Los madrileños disparan las búsquedas de viajes para el puente del Pilar tan solo en una hora”, según El País en Twitter.

Sí, es un “zasca”

No salgo de Madrid ni de Twitter pero paso al plano político: José Luis Martínez-Almeida, portavoz del PP y alcalde de la capital española (por lo visto, este es el orden de sus prioridades), tuiteaba con cierta sorna sobre la petición del juez de imputar a Pablo Iglesias. “Le recuerdo su punto G”, escribía en referencia a que puede verse atrapado por su código interno si acaba siendo procesado o investigado por el ya famoso “caso Dina”. Pero que un buen “zasca” no nos tape la realidad: ya hay que tener la cara dura para ser del PP y pedir responsabilidades políticas por causas judiciales a los demás.

Y una verdad dolorosa

Más que “zasca”, Quim Torra tuiteó como respuesta a Pablo Iglesias una verdad tan grande como dolorosa: “El Vicepresident Pablo Iglesias a RAC1: ‘Ni como mera hipótesis concibo que pueda haber una imputación. Es inconcebible. Es una vulneración de derechos sin parangón. En este país todavía no han condenado a nadie por sus ideas’… Sr. Iglesias, en el meu país fa anys que passa”. La falta de sensibilidad de Iglesias, que fue a Catalunya a decir eso, que no había condenados por sus ideas políticas, es descalabrante. Una torpeza injustificable para quien no se ha cortado nunca en dar lecciones.

Mamarracho

“Un senador del PP recibe a Iglesias con una bandera, una corona y un retrato del rey”. Así de escueto y descriptivo es el tuit de EFE que, junto a la foto, nos ayudan a hacernos rápidamente una idea del nivel de mamarrachería que se gastan algunos de traje y corbata. David Muñoz, que es senador por Ceuta, ha sido el que ha tenido la brillante idea que, sí, le ha servido para que le saquen en los digitales y en Twitter, pero solo para que nos preguntemos de dónde demonios ha sacado la corona. Porque la bandera la venden en los chinos y el retrato del Rey te lo imprimes y lo pones en un marco, pero, ¿y la corona?

Cuanto mejor, mejor

Llevo un mes acompañando a mis hijos a la ikastola. En ese tiempo creo que ha habido dos o tres aulas confinadas. Los protocolos me parecen adecuados y reconozco, valoro y agradezco el esfuerzo del equipo. También sé que hay amas y aitas más descontentos o que, en general, protestan más. Pero hasta ellas y ellos se han ido relajando poco a poco: la cosa va bien. Y los agoreros del desastre y los capitanes a posteriori tendrán que seguir esperando. Esa es la mejor noticia. Pero no nos olvidemos de una cosa: como en el fútbol, el “resultadismo” acaba pasando su factura, y vendrán momentos peores.

Intolerable

Este tuit de Isabel Díaz Ayuso no solo es vergonzante, en medio de una pandemia y al inicio de una crisis económica devastadora resulta intolerable: “Todo mi apoyo a la policía, profesionales que siempre arriesgarán su seguridad en cumplimiento del deber y por todos los ciudadanos, empezando por los barrios más humildes. Estos altercados contra nuestras medidas sanitarias están apoyados políticamente al más alto nivel”. Y lo ilustraba con imágenes de agentes agredidos en Madrid. ¿De qué va? ¿Qué pretende? ¿Por qué no se deja de tuits y pulsos y se pone a hacer lo más básico contra el coronavirus?

Lo básico, sí

Cuando el 22 de septiembre el gobierno de la Comunidad de Madrid colocó dos dispensadores de gel hidroalcóholico para la puñetera foto también se sacó el selfie de la desvergüenza: no han hecho nada, ni lo más básico, contra la pandemia. Otro ejemplo: el hipódromo de Zarzuela se ha puesto tan de moda que hasta lo saca El País en su edición del sábado porque al ser considerado casa de apuestas y no espacio deportivo, la chavalada va a beber, jugar y juntarse. Un planazo para los más inconscientes y un retrato para los incompetentes: en la comunidad de Madrid no han tomado ni las medidas más sencillas y lógicas.

Sus prescriptores ya avisaban

El caos en la capital se veía venir: la máxima dirigente ya mostraba de qué pasta estaba hecha y de quién se rodeaba (eligió como jefe de gabinete a Miguel Ángel Rodríguez antes de la pandemia), y los prescriptores que defendían al gobierno de la comunidad y la capital también avisaban. Carmen Lomana tuiteba el fin de semana: “¡Hoy Madrid estaba como en sus mejores tiempos! ¡Restaurantes, tiendas, calles, terrazas llenas de gente de todos los lugares de España! ¡Gracias por venir! Gracias por arroparnos y no hacer caso a tanto panfleto vacío del Gobierno que quiere cargarse la Comunidad de Madrid”.

¿Y el jefe?

No creo que la ciudadanía de Madrid eligiera a Isabel Díaz Ayuso para gobernar Madrid, sino al PP. En la mayoría de las ocasiones son las siglas las que reciben los votos y la ciudadanía supone que los candidatos responderán a un perfil predecible. Pero la presidenta de la Comunidad es mucho más disruptiva de lo que esperábamos todos, incluido Pablo Casado, responsable de este error (como el de Cayetana Álvarez de Toledo o Dolors Montserrat). En vez de actuar, Casado hace declaraciones vía Twittter como presidente “wannabe” y da cortes tan constructivos tanto como: “Viva España, viva el Rey”.

El gran resumen

Jorge Matías ha resumido en Twitter la situación mucho mejor de lo que yo seré capaz: “Lo peor de todo lo de Madrid es que la actitud del gobierno de la CAM es meramente ideológica. No dan su brazo a torcer porque eso sería admitir que el proyecto ultraliberal iniciado hace más de 25 años es un puto fracaso de principio a fin”. En efecto: el PP ha gobernado con el viento a favor y sobre ríos de dinero que nacían de la capitalidad. Pero en cuanto las cosas se han puesto feas se han visto las costuras y la acumulación de desastres: rebajas en impuestos, gestión “a lo txoko”, y más privilegios a los privilegiados.

¿Estamos seguros?

Ni quito ni pongo comas. Tampoco rey. Solo pongo contexto. Primero, Javier Durán tuiteaba sobre el periodismo cortesano: “Los Reyes de España se gastaron en su luna de miel 500.000 dólares pagados por el Rey Emérito y un empresario. Ni una portada. Los Reyes de España se van a Canarias a hacerse fotos”, y después mostraba las agradables portadas de El País, La Razón y el 20 Minutos. Sobre este tuit, Rule se preguntaba: “¿Estamos seguros de que los medios de comunicación están guardando la distancia de seguridad cuando le lamen el culo al Preparao?”. Así las cosas, que disfruten del viaje. Alguno será el último como reyes.

La culpa será del Gobierno, claro

Mucho más prudente se muestra Fernando de Córdoba en Twitter: “Si tenemos que volver a medidas duras (restricciones de movilidad o incluso confinamientos), ¿creéis que habrá una reflexión sobre cómo ha fallado la responsabilidad colectiva o se echará la culpa a algún grupo/conspiración?”. Yo lo tengo claro: la culpa será de los gobiernos. Del vasco y del español, claro. Y no dudarán en hacer campaña con ese posible rebrote quienes basan su política en el cuanto peor, mejor. Nadie ha dudado en señalar el descontrol de quienes toman decisiones para todos, algunos, sin ser capaces antes de autoprotegerse.

Quien alimenta a las fieras que no mire a otro lado

Lo que tengo clarísimo es que la culpa de que aparezcan exaltados que en Galapagar acosan a Pablo Iglesias e Irene Montero y, en Euskadi, pintan batzokis, casas del pueblo, sedes de Podemos y hasta el domicilio de Idoia Mendia, es de quien los alimenta. Así que el expediente que Vox va a abrir a la concejala ultra que acude cada día al domicilio del vicepresidente y la ministra, es el mismo papel mojado que las declaraciones de unos y otros que, en plena vorágine de las pintadas, decían que quienes las perpetraban no eran de los suyos. ¡Vaya si lo son! No solo son de los suyos, sino que les dan de comer puntualmente.

Más claro, agua

El vídeo de un grupo de jóvenes dispuestos a marchar por España (y sobre España, diría yo), como bien decía Eider Hurtado, “resultaría cómico, si no dieran miedito”. A su tuit, Marcelino Madrigal respondía directamente: “No lo paran porque no quieren”, y mostraba un hilo en el que se vislumbra una cabeza visible con cierta proximidad a los legionarios de cristo. “Un apellido ilustre”, en palabras de Madrigal que, una vez más, en España aparece relacionado con un movimiento con reminiscencias fascistas que se mezcla en ese marasmo entre el franquismo tradicional y la nueva ola ultra y parlamentaria.

¿Y si lo dejamos todo?

Soy bastante pesimista respecto al teletrabajo: a lo que se lo estamos llamando no lo es, porque si una o un trabajador coincide con sus hijas e hijos sanos en casa, no puede trabajar, directamente. Hacemos lo que podemos, pero no teletrabajamos. Veremos si al final hay una ley, que es a lo que esperan muchas empresas, y veremos a qué obliga. Y si todo sale de la mejor manera posible (cosa que dudo) podremos responder a lo que plantean en Bolsamanía: abandonar las ciudades si no es necesario acudir al puesto de trabajo, con todos sus beneficios. Pero me temo que yo seguiré siendo pesimista.