¿El nuevo Twitter?

Cuando Elon Musk apareció en la sede de Twitter con un inodoro, después de haber pagado 44.000 millones de dólares, supuse que Mark Zuckerberg estaría frotándose las manos. Lo mejor que le podía pasar a Meta es un mono con dos pistolas al frente de la red social que le había ganado la mano en “la conversación global”. Tardó, pero el gigante de Facebook, Instagram y WhatsApp lanzó Threads, pero no en Europa, donde la regulación no le permitía operar como pretendía. Su llegada al viejo continente, no obstante, es cuestión de (poco) tiempo y lo hará superando en descargas a una app ya instalada pero con mucho agotamiento.

Y los “nuevos” negocios

El mundo de la fotografía está patas arriba: uno se pasea por Photolari y junto a los artículos que puedes esperar sobre fotógrafos, objetivos y concursos de imágenes mundiales, hay estas tres noticias: una empresa ha diseñado un flash de estilo retro que costará unos 100 €, Kodak ha lanzado un nuevo Super 8 (sí, el de las cintas) y una nueva marca de carretes espera hacer la competencia a la misma Kodak (y por un precio “razonable” de 12 euros el rollo). Yo volví a disparar en película cuando los carretes costaban 4 euros, ahora, que se venden a 24, me niego a participar en un pasatiempo de pijas y pijos, por lo que parece, muy rentable.

Uno más

Esto de Xataka no está publicado el 28 de diciembre, pero lo parece: “Una revista llevaba meses publicando artículos escritos por IA usando redactores falsos. Han sido descubiertos, claro. No había ni rastro de los redactores en Internet y sus fotos de perfil habían sido compradas en un portal de venta de imágenes generadas por IA”. La revista en cuestión es Sports Illustrated, pero de aquel clasicazo solo queda la marca, que explota ahora la empresa Arena Group, responsable de esos contenidos y esas falsas autorías que ha destapado otra publicación: Futurism, especializada en tecnología.

Total, nos va a sustituir una IA…

Tengo claro que el lujo del futuro va a ser el contenido creado exclusivamente por humanos. Las personas normales leeremos o veremos noticias u obras generadas por inteligencias artificiales más o menos depuradas, y las más ricas podrán pagarse modos de creación artística o para pasar el tiempo que generen otras mentes y manos humanas. Casi todas y todos vamos a ser sustituidos, así que, aprovechemos el momento. Algunos ya lo hacen, según Business Insider: “El gran secreto de Silicon Valley: el sorprendente auge de los malabaristas del trabajo que tienen en secreto varios empleos para ganar más sin echar más horas”.

Los objetivos

Ya sé que no tengo ni idea de inversiones ni economía, pero sí sé de cuestiones básicas: si hay dinero en caja y volumen de trabajo, puedes seguir adelante. Sin embargo, Spotify ha dado esta noticia: “1.500 nuevos trabajadores van fuera en la tercera ola de despidos del año” (Genbeta). Mientras la leía abrí una nueva ventana en el navegador, busqué los beneficios obtenidos por la empresa y encontré este titular en Europa Press: “Spotify registra un beneficio de 65 millones en el tercer trimestre frente a pérdidas de un año antes”. ¿Por qué lo hacen? Por los objetivos, las finanzas y el accionariado, claro.

La gallina y el huevo

En Bildu, es evidente, no tienen dilemas. Lo vimos con las y los 40 candidatos que habían sido condenadas y condenados por terrorismo. Y lo vemos, también, en cuestiones más globales: ¿qué fue antes, el huevo o la gallina? En Bildu lo tienen claro: las dos cosas. No negociaron con el PSOE nada que pudieran hacer público para investir a Sánchez pero ahora Bildu “exige reconocer la nación vasca” (El Independiente), que sí iba en el acuerdo entre el PNV y el mismo PSOE. Si los socialistas articulan el reconocimiento de esa nación vasca, Bildu dirá que es gracias a la coalición. Si no lo hace fallará a quien lo puso por escrito. Gallinas, seguro.

De lo suyo gastan

Confieso que me ha sorprendido esta noticia en República: “Ciudadanos se presentará a las próximas elecciones europeas y a las catalanas: ‘No estamos muertos’”. Lo anuncia Carlos Carrizosa, presidente del grupo de este partido en el Parlament. Los siete europarlamentarios y europarlamentarias aportarán cierto músculo y la justificación para enfrentarse a una campaña a circunscripción única, una carrera a la que salen en la peor posición: las encuestas no les respaldan, según reconoce el propio Carrizosa. Y cualquier puede ver que apenas hay espacio entre Vox y el PP para otro partido a la derecha de la derecha.

Sigamos el ejemplo

Sí, soy de esos que cree que los países nórdicos van por delante. Y en este caso, especialmente, no me importaría que el mío, Euskadi, hiciese seguidismo: “El Parlamento noruego vota a favor de reconocer a Palestina como un Estado independiente” (Público). Es necesario que el mundo reaccione ante Israel como lo hizo, por lo menos aparentemente, ante Rusia. No podemos seguir mirando para otro lado cuando puede haber más de 16.000 muertos solo en Gaza. Tenemos que agitar el tablero de juego del mundo porque hay crímenes que vemos en directo como nunca y un colapso medioambiental inminente e innegable.

¡Oh, sorpresa!

Si no quieres que la economía se “uberice” no uses Uber. Es tan sencillo que sorprende que nadie lo vea, especialmente, quienes se quejan de la precarización del empleo mientras piden un Glovo. Estas empresas junto a Airbnb ejemplifican una economía mundial alocada, que esclaviza a la persona trabajadora a cambio de una rápida satisfacción a la usuaria y genera riqueza para las y los dueños. Textos como el de Business Insider, en el que aventuran que en New York se pueden replicar los resultados de Irvine (reducir drásticamente la oferta de Airbnb baja o contiene el precio del alquiler tradicional) tienen que ser más difundidos.

¿Merece la pena?

Me parece bien que cualquiera saque fotos: hacerlo como hobby más o menos serio es un aprendizaje inacabable de uno mismo y de varias técnicas. Y que cada uno saque como quiera: cámaras de carrete, cámaras digitales o teléfonos móviles. Lo que me genera dudas es la tecnología que incorporan los móviles y el precio que esta supone, por supuesto. Ricardo Aguilar ha vuelto a hacer en Xataka su análisis de las cámaras de los móviles, exponiendo características asombrosas y resultados sorprendentes (no sabemos hasta qué punto generados con software) que realmente no necesitamos.

La política sigue

Los acuerdos a los que va llegando el PSOE para asegurar que Pedro Sánchez vuelva a ser investido presidente, y las reacciones exageradas de quienes querrían haber llegado a acuerdos con Junts y PNV, están tapando una acción parlamentaria bastante notable, precisamente, en Catalunya: muchos han destacado esta semana que “ERC y Junts se desmarcan de un nuevo referéndum unilateral” (El Plural), a propuesta de la CUP. Pero esto me parece mucho más interesante por constructivo: “Junts y ERC plantean un concierto como el vasco para recaudar los impuestos en Cataluña” (The Objective).

Una irresponsabilidad

La convocatoria electoral de julio fue una irresponsabilidad: Sánchez quiso pillar a Sumar en ropa interior y al PP pactando con Vox. Logró ambos objetivos y los números le han dado para salvar los muebles, eso sí, dependiendo de todos los demás partidos en la de la investidura y todas las demás votaciones. Pero insisto en la irresponsabilidad, incluso en lo que más le interesaba: el proceso electoral y las negociaciones posteriores están haciendo que su España desaproveche la presidencia de turno de la Unión Europea, que solo dura un semestre, este: el segundo de 2023. Un trabajo y una oportunidad que han tirado por el desagüe. Él sabrá.

Que no caiga en el olvido

Llevo arrastrando este párrafo varias jornadas por culpa de la actualidad, pero no quiero que acabe enterrado en la montaña de temas, como ha pasado en la prensa cortesana, qué casualidad: en la jura de Leonor de Borbón había más cera que la que vimos arder mientras oíamos comentarios empalagosos en la televisión pública española. Mal rollo entre las y los primos, mosqueo de Juan Carlos I (que no pasó la noche en España y voló a Abu Dabi, ¿a cargo de quién?), cabreo mayor en Sofía de Grecia (por culpa de las y los nietos y de su marido o socio, según se mire) y fallos en el protocolo que enfadaron al matrimonio Felipe-Letizia.

Dos noticias que se entienden mejor juntas

Lo explican en Xataka pero lo hemos visto en nuestros móviles: “Ya podemos quitar los anuncios en Instagram y Facebook”. Pero no se trata de un nuevo servicio de Meta ni el momento de ponerlo en marcha es arbitrario: “Europa prohíbe a Facebook e Instagram mostrar anuncios personalizados” (Trecebits). Es decir: como Meta no va a poder segmentarnos en función de nuestro comportamiento, que es lo que más vale de su base de datos, intenta hacer caja con un servicio premium. La alternativa es que veamos publicidad que nos resulta ajena, como cuando vas a visitar a tu madre y ella está viendo Telecinco.

Se han acabado “las redes”

No es el primer texto que leo sobre el tema, ni el primero que traigo a la columna, pero la recurrencia, para mí, también puede ser noticia: Katie Notopoulos en Business Insider insiste en que las redes sociales como las que disfrutamos ya han desaparecido, y que solo las y los boomers, las lloramos. La última generación que vivió sin Internet será también la única que disfrutó de un Facebook como el que vimos, de un Twitter en el que nos conocíamos todas y todos, y de un Instagram que no era un agregador de contenidos como TikTok pero más moñas, y nada apunta a que podamos revivir algo así.

Necesitamos cambiar

No se me ocurre qué puedo añadir a este párrafo tan redondo, tan preciso, tan doloroso de leer, que ha escrito Juan Ignacio Pérez Iglesias: “Calificar de ‘mejor’ el año, el verano, septiembre o el puente del Pilar por haberse batido récords de vuelos y, a la vez, afirmar que es importante preservar la salud de los ecosistemas y combatir el calentamiento global es, además de una disonancia cognitiva de manual, un verdadero sarcasmo”. Todo su texto, titulado “un ideal posnarcisista de la vida buena”, es recomendable y necesario. Porque sí, necesitamos leer la verdad y necesitamos cambiar, por nuestra propia supervivencia.

¡Pero si todo está fatal!

El consumismo está acabando con nuestras posibilidades de supervivencia como especie y, al mismo tiempo, es lo que ofrece un modo de vida a muchísimas personas. Encontrar el equilibrio es el reto, mirar para otro lado y asegurar lo económico es un error, y negar que ese consumismo enriquece, sobre todo, a las y los más ricos, es negar una evidencia. De la misma manera, resulta contradictorio que en Euskadi, donde según los sindicatos y la oposición política todo está fatal, sea la comunidad autónoma “que más gasta en bares y restaurantes: 1.350 euros al año” (El Independiente). Insisto: necesitamos abrir los ojos y evitar tutelas.

¿Volverán a casa? ¿Cobrarán el paro? ¿Saldrán por la tele?

Ojo al tema porque es importante: “En España, gente que tenía 100.000 espectadores ahora no llega a 30.000. Peña que tenía 5.000 no pasa de 800. No pasa nada: no somos conscientes de lo que cuesta tener 800 hoy en día. Está todo para abajo. Todos para abajo, pegándonos una hostia brutal”. Lo dice Cristinini y lo recoge EPE. En su caso, ha pasado de 16.700 espectadores a mil. Según el medio, el descenso del sector es del 51% de la audiencia. Y ahora, ¿qué? ¿Abandonarán Andorra los streamers que se fueron? ¿Querrán cobrar el paro? ¿Serán los medios tradicionales tablas de salvación aceptables?

No es solo YouTube

Pero no es solo YouTube: las redes sociales han muerto de éxito. El planteamiento de Shubham Agarwal en Business Insider me parece muy sugerente: antes, en Facebook, podías seguir el día a día de gente a la que tenías cerca y un poco lejos, y a alguna marca. Ahora entras en Instagram y después de dos fotos ya estás viendo vídeos de frituras, furgos camperizadas o fotos hechas con cámaras de carrete. Una pérdida de tiempo que nos desmotiva a subir nuestras fotos. Así, nos encerramos en WhatsApp o los mismos grupos de Instagram. “Buenas noticias: las redes sociales se están viniendo abajo”, sentencia.

No necesitamos aprender nada

El mundo que conocemos se va. No ya porque no sepamos distinguir un otoño de buen tiempo de un calentamiento global abrasador, no ya porque nos dejemos desinformar por quienes nos han engañado siempre, no ya porque lo que hacíamos en Facebook no podremos volver a hacerlo: Lightroom va a incorporar una función para que una inteligencia artificial haga el desenfoque de las fotos por nosotros, según Photolari. Podemos olvidar todo lo que sabemos de profundidad de campo y apertura, las y los nuevos fotógrafos no tendrán que aprenderlo. Y esto no es un detalle ni una anécdota: es un camino peligroso que ya hemos iniciado.

La geopolítica

Lo que está sucediendo en Nagorno-Karabaj define nuestro mundo mejor de lo que parece: miles de personas tienen que abandonar su hogar y su patria (el enclave dejará de existir) porque una potencia, Azerbaiyán, inició una operación militar a la que no podían responder. Quienes tenían que haber velado por su seguridad (la comunidad internacional, empezando por Rusia, que tenía la responsabilidad en la zona) les han abandonado. También es muy elocuente que Azerbaiyán se haya convertido en una potencia y Armenia, no, gracias a la venta de recursos naturales a occidente, que busca alternativas a Rusia como proveedor.

Esto también nos define

Mucho más cerca, de una manera mucho más pedestre, esta noticia también define a nuestra sociedad: “La gran banca se olvida de sus clientes mientras eleva los dividendos hasta un 40%” (El Independiente). O lo que es lo mismo: ni depósitos ni cuentas dan rendimiento, pero para el accionariado sí que hay reparto de dinerito. Y que no me venga nadie con que hay muchas y muchos pequeños accionistas en el Banco Santander, por ejemplo, que quien más se beneficia es quien más acciones tiene, y esos son quienes más tienen, en general. Que todo esto sea absolutamente legal solo significa una cosa: hay que cambiar esa ley.

La paradoja de los deberes mal hechos

En Business Insider hablan de “paradoja” pero yo creo que tiene más que ver con los deberes que alguien no ha hecho: “En España, un país con 2,7 millones de parados y la tasa de desempleo más alta de la Unión Europea, las vacantes están en máximos históricos”. No es lógico: “El 71% de las empresas españolas tiene dificultades para encontrar mano de obra”. Las ofertas poco atractivas, la divergencia inexplicable entre la demanda de perfiles y la formación de las y los trabajadores, y una falta de estructuras llamativa donde puede haber ofertas de empleo, no son casualidades, son resultados. Y muy negativos.

¿Perdona?

Aplaudí que las autoridades europeas confiscaran a los oligarcas sus bienes después de la invasión rusa sobre Ucrania. Lo que me parece absolutamente ilógico es que nos esté costando un dineral mantenerlos. En Xataka ponen un ejemplo muy claro: el Alpha Nero es un superyate cuyo mantenimiento cuesta 28.000 € a la semana por el amarre, el salario del capitán y la tripulación mínima para operarla, y el aire acondicionado sin el que los sistemas y acabados se estropearían, bajando el valor para su venta. Además, estos superyates pertenecen a sociedades por lo es bastante complicado que un estado medie en una compra-venta.

Oh, sorpresa

La idea de los NFT es buena: un sistema que permite fijar la propiedad de una obra digital, lo que permitirá venderla o conservarla con más garantías. Pero rápidamente apareció la especulación: compras y ventas de materiales de poquísima calidad o de simples fotos de objetos, a precio cada vez más ridículamente caro y con la expectativa de venderlos después por más dinero todavía. Quienes llegaron tarde a los bitcoins querían ser las y los listos de los NFT, pero se han encontrado con una dura realidad: “De millones a cero: el 95% de los NFT ya no valen nada”, leemos en Photolari.