No cuela

Condeno cualquier amenaza de muerte a cualquier persona. Dicho esto, digo la verdad: no cuela la enésima victimización de la izquierda abertzale (un oxímoron de libro). Cuando hasta ellos se han dado cuenta de que lo de los lectores “anónimos” del mensaje en el lekuko de la Korrika, la mayoría estrechamente ligados a Bildu, Sortu, Ernai o ETA, ha levantado mucha indignación, se sacan de la manga amenazas de muerte (condenables siempre, también antes) a Arnaldo Otegi. Anónimos de diciembre filtrados ahora, oh, casualidad. La soberbia no es el único pecado capital de la izquierda abertzale, pero seguramente es el peor.

Hablemos de ello

Cuando la organización de la Korrika eligió a esos siete jóvenes “anónimos” lo hizo pensando que todos en Euskadi somos tontos menos los de la izquierda abertzale. Cuando EH Bildu se saca de la manga ahora unas amenazas de muerte el mecanismo mental es el misma: tomar a la ciudadanía vasca por idiota. Pero si no quieren que hablemos de los siete magníficos de Bildu al final de la Korrika lo mejor que podemos hacer es hablar de ellos. Esto es lo que aporta la izquierda abertzale, en su conjunto, al euskera: “La mano abertzale y los vínculos con ETA de la Korrika, la carrera que quiere euskaldunizar el País Vasco” (El Debate).

Sigue el genocidio

Ahora que todos miramos a Irán con preocupación, primero, por cómo afectará a nuestros bolsillos y, después, porque allí está muriendo gente a misilazos, Israel aprovecha para continuar con la aniquilación del pueblo palestino: “Colonos israelíes atacan aldeas palestinas en Cisjordania en un aumento de la violencia en el territorio ocupado” (BBC). He leído la noticia y me he acordado de esa empresa vasca que tiene unos trabajadores dignísimos (y unas cuentas saneadísimas, según Arnaldo Otegi) y dispuestos a votar si seguían haciendo sus productos para Cisjordania cuando Gaza salía en el Teleberri. ¿Y ahora? ¡Ay, la coherencia!

¿De dónde creen que sale el dinero?

Llevo meses intentando traer más actualizaciones de Bluesky que de X, pero el fascismo tiene un torrente tan magnífico en la red de Elon Musk que me cuesta sustraerme. No es menos cierto que Bluesky es más aburrida y que peca, además, de una candidez soporífera: ¿de dónde creen los usuarios que saca la empresa la rentabilidad si no tiene ni suscripción ni publicidad? Shine Mcshine deja una pista irónica: “¡Oh, vaya, cómo imaginar que Bluesky, la red social propiedad de criptobrós y financiada por broligarcas de Silicon Valley iba a meter con calzador su propia IA!”. Veremos cómo lo implementan y a cambio de qué.

Pero…

También en Bluesky, la usuaria Rachel dejaba esta estupenda reflexión: “‘¿Cómo te imaginas dentro de cinco años?’ pues leyendo en las noticias que los culpables de que tengamos la IA hasta en la puta sopa enmierdeciendo absolutamente todo lo que toca se enfrentan a severas consecuencias legales”. No puedo no estar de acuerdo: el uso que nos invitan a hacer de la IA (más que el que hacemos voluntariamente) no mejora nuestra experiencia (que sea más cómodo o más fácil no significa que sea mejor), y el empeño de las empresas de software y los aprobetxategis digitales es sospechoso y solo genera recelos.

De Andrés es Olentzero

En el amigo invisible, a Javier de Andrés le ha tocado Pello Otxandiano y, como no sabía qué comprar, ha decidido regalarle una experiencia: “EH Bildu denuncia que el PP ha cruzado ‘todas las líneas rojas’ al plantear el ‘exterminio’ de la izquierda abertzale” (El Diario). De Andrés es Olentzero, Maridomingi y todos los galtzagorris juntos. ¡Qué presente! Y qué futuro el del político del PP, tan extremado, tan echado al monte, con la mira fuera del tiesto, y al que le brota, le salen a borbotones palabras como “exterminio” en la tribuna del Parlamento para referirse a los rivales políticos. Todas y todos necesitamos las vacaciones, y de Andrés, más.

¿Necesitan esto?

Estoy muy interesado en el resultado de las elecciones de Extremadura porque creo que una mayoría absoluta de Guardiola, además de sorprendente, puede sugerir que la ciudadanía quiere otra cosa distinta a la ponzoña diaria de la política española. Por eso me ha sorprendido el recurso al “que no nos roben la democracia”, sin duda precipitado y equivocado, después de que todos los indicios apunten a un hurto convencional en Correos, y no al “hecho de extraordinaria gravedad que no admite silencio”, de sustraer unos votos por correo con la intención de modificar el resultado. Eso no es lo que pasó, pero sí lo que tuiteó el PP.

Palestina, hoy

En Gaza siguen muriendo personas, a misilazos del ejército israelí, pasados por la piedra de Hamás, que sigue imponiendo su ley marcial y machista, y por los desastres naturales que se convierten en mortales en campos de refugiados precarios. Pero el gobierno de Netanyahu ejecuta su terrorismo también fuera de Gaza: “La ONU alerta de que Israel ha construido en 2025 un número récord de colonias ilegales en Cisjordania” (RTVE). El de este año es “el mayor número desde 2017”. Son ya “68 las nuevas colonias establecidas por el Gobierno de Netanyahu en los últimos tres años (2023-2025), casi un 50 % más de las que ya existían”.

El modelo de negocio

No tengo pruebas pero tampoco dudas de que Donald Trump descubrió durante su primer mandato que ser presidente de EE.UU. es muy rentable, y que por eso se empeñó en regresar a la Casa Blanca. Un ejemplo: “Eric Trump se ha vuelto 10 veces más rico desde la elección de su padre” y “posee un patrimonio estimado de 400 millones de dólares, más que cualquiera de sus hermanos” (Forbes). “La mayor parte de su fortuna es una participación en American Bitcoin, una empresa que mina y almacena criptomonedas”, esas que Donald Trump impulsó rápidamente cuando regresó al despacho oval. Y no lleva ni un año en él.

“Hijos de puta tontísimos”

Aunque la actualidad me obliga a pasar por X, voy cogiendo el gusto a Bluesky, aunque el bonismo y la satisfacción de la izquierda me empalaga, no me escondo. De vez en cuando me encuentro en esta red social con reflexiones agudas como esta de Rachel: “De joven pensaba mucho eso de ‘no es maldad, es ignorancia’. Luego pasé por la época de ‘no es ignorancia, es maldad’. Pero ahora sé que no, que es ignorancia y maldad. Estamos rodeados de hijos de puta tontísimos”. Eso de los “hijos de puta tontísimos” me parece brillante porque define perfectamente el tiempo que vivimos. Feliz Navidad.

Oigámosle

Todas y todos hemos visto a ese autónomo harto que decía en Bilbao que llevaba doce años sin ponerse malo y que tenía que facturar cuatro mil euros para ganar menos de dos mil. El cansancio de quienes trabajan por cuenta propia no puede pasar desapercibido porque, aunque no están tan bien organizados como el funcionariado y ningún sindicato les ayude (después de quince años puedo decir que ninguno lo hace), su agotamiento puede llevarles a algo excepcional: parar. Y entonces sí que nos giñamos, amiguis. A quien genera riqueza se le ayuda, a quien recauda el IVA no se le señala, a quien trabaja se le valora.

“Última hora”

Me hizo gracia el scoop de RTVE en X: “Última hora. El precio de la vivienda libre se dispara un 12,8% en el tercer trimestre, su mayor alza en 18 años”. No me hizo gracia por el contenido, por supuesto, porque es una tragedia. Me hizo gracia ese “última hora”, como si la noticia no estuviese siendo recurrente: “El precio del alquiler en España repunta un 10% interanual en noviembre, según idealista”, leía solo un par de día antes en El Economista. Hablemos claro de una vez: la ley española de Vivienda, esa de las zonas tensionadas, no funciona. Y no lo hace porque fue más electoralista que práctica, y a los números me remito.

Lo que viene

La ley española de Vivienda dio mejores resultados a quienes la aprobaron con fines electoralistas (PSOE, Sumar, Bildu y ERC que, después de aquellas elecciones la recurrió por invasión competencial, porque la cara dura es para quien se la trabaja), que a la gente que está buscando un sitio en el que vivir. Pero como funcionamos a golpe de scroll y no nos acordamos ni del reel que estábamos viendo antes, siguen intentando colocarnos mierdas como si no tuviésemos memoria: “Sánchez cuela en campaña subidas salariales a 3,3 millones de electores de las próximas autonómicas” (Vozpópuli). Y algunos picarán.

Lo que permitimos

El genocidio israelí sobre Gaza tiene que servirnos para que señalemos el conjunto de atrocidades que el gobierno ultra que lidera Netanyahu está ejecutando o permitiendo: “Israel ha creado un monstruo que no puede parar: los colonos ya atacan hasta a su ejército” (El Confidencial). El terrorismo de los fundamentalistas en Cisjordania solo ha ido a más: “Aunque los 116 puestos de avanzada que se han fundado desde entonces son ilegales, según la ley israelí, el gobierno de Benjamin Netanyahu ha permitido, incentivado e incluso financiado la construcción de este tipo de asentamientos”. Esto también lo estamos permitiendo.

Correcto

La inteligencia artificial ha sido una decepción: no nos permite hacer lo que nos prometía, ha inflado una industria de dudoso beneficio y está abrasando nuestros recursos naturales. ¿Y todo esto solo por los loles o, como decimos los viejos, para hacer chistes? Porque con la IA puedes generar, al decimoctavo intento, una secuencia de segundos medianamente divertidos para montar un vídeo en un eventito familiar o para conseguir algún retuit. Pero no sirve para nada más, de hecho, no estamos seguros para qué es útil: “El Gobierno belga prohíbe a sus empleados utilizar aplicaciones del sistema chino DeepSeek” (Swissinfo).

Tal día como hoy

El 22 de noviembre de 1993, ETA hería mortalmente a Joseba Goikoetxea. Hasta dos balas le dispararon a la cabeza. Cuatro días después, falleció y dejó huérfanos a tres hijos. Durante estos años he participado de diferentes formas en los homenajes que le han hecho, por eso hoy, 22 de noviembre de 2025, tenía presente la fecha. Goikoetxea era un antifascista de verdad, que militó en el partido heredero de los gudaris que defendieron Euskadi en inferioridad ante los franquistas, que formó parte de la Ertzaintza y que fue asesinado por una banda fascista solo porque no pensaba como sus asesinos.

¿Memoria?

He recordado a Joseba Goikoetxea porque no puedo no hacerlo, y porque me entristece profundamente que hoy algunos quieran abanderar el antifascismo por el morro, como si nadie lo hubiese hecho antes en este país. “Euskal Herria volverá a demostrar este sábado en las calles de Bilbo que es profundamente antifascista y tiene memoria”, ha dicho Pello Otxandiano en Radio Euskadi esta semana. Él, que no es capaz de llamar “terrorismo” a lo que hizo ETA pero hoy se sacará las fotos en una manifestación que es un enorme ejercicio de desmemoria, desconcierto y colaboracionismo (del que, por supuesto, tomamos nota).

“El fascismo es el mal”

Yo me acuerdo de aquellos a los que ETA mató mientras otros quieren que hablemos del fascismo como si en Euskadi no lo hubiésemos sufrido recientemente. “El fascismo es el mal y no podemos permitir que arraigue en nuestras sociedades”, escribe Pablo Honrubia en Diario Red. Y concluye: “Si para sentirte unido a la tierra que habitas necesitas sentir que eres más que otros en ella, y que solo quienes tú aceptes y permitas con tu voluntad tienen derecho a estar ahí, lo que buscas no son raíces, son cadenas que te aten a tu propia maldad”. Más claro, difícil.

El mal hecho persona

Nuestra civilización va a colapsar porque no somos capaces de lo más básico: distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, y actuar en consecuencia. No podemos quedarnos impasibles ante lo que hace y dice Trump, aunque nuestra indignación nos parezca inútil: “Trump defiende a Bin Salman del asesinato de Khashoggi: ‘Son cosas que pasan’. El presidente estadounidense ha elogiado al príncipe saudí en materia de derechos humanos y ha señalado que ‘es un hombre muy respetado en el Despacho Oval’” (Público). Hemos llegado a un punto en que reconocer la barbaridad parece un gran paso. Demos ese paso para empezar.

Terrorismo de estado

Otra muestra de que esta civilización está jodida la encontramos en que hasta la BBC usa eufemismos en sus titulares sobre el terrorismo sionista en Cisjordania, anterior al genocidio en Gaza: “La ONU denuncia el aumento y la severidad de los ataques de colonos israelíes contra palestinos en Cisjordania”. ¿“Severidad”, “ataques”, “colonos”? ¡Al guano! Son terroristas armados, que deshumanizan a quienes van a echar de sus casas y de sus tierras para ocuparlas después, y tienen el apoyo del estado de Israel que cuenta, por su parte, con el silencio cómplice del resto del mundo. ¿No se entiende mejor así?

¡Ay, el hype!

Por supuesto, me gustaría que una de las empresas vascas más importantes no estuviera relacionada con el terrorismo que ejerce Israel en Cisjordania. Así lo relata Amnistía Internacional y lo recoge La Marea: “CAF ha desempeñado un papel clave en la expansión del Tren Ligero de Jerusalén, lo que ha provocado el crecimiento de los asentamientos en los últimos años”. Pero esto sucede “desde 2019”, y hasta ahora nadie (ni los más solidarios) ha dicho nada. “Es que hasta ahora no ha habido un genocidio”, me dirán. Pero eso no es cierto: el terrorismo de Israel en Cisjordania es muy anterior al hype.

Empecemos

Por supuesto, estoy a favor del boicot a los productos israelíes y a las marcas que no se muestran abiertamente contrarias al aplastamiento de la población civil en Gaza. Así que esto me parece coherente y perfecto: “Cultura dejará de contratar el software israelí que usa la Biblioteca Nacional” (El Diario). Pero el reto no es pequeño: “Por qué nadie puede romper con Israel: la telaraña tecnológica que atrapa a Europa” (El Confidencial). Y si buscamos información sobre empresas proveedoras militares leemos esto: “El Ejército de Tierra afronta una difícil decisión con sus blindados tras el veto a Israel” (El Confidencial Digital).

No solo Israel

Por supuesto, aborrezco la dependencia de Europa hacia proveedores cuestionables. Es fácil pensar en los recursos energéticos y las materias primas que importamos de Rusia, las dictaduras árabes o EE.UU., pero la dependencia tecnológica es insoportable: llevo todo 2025 buscando alternativas decentes made in Europe (excluida, Suiza) a servicios digitales contratados a empresas estadounidenses (en su mayoría). Nada de nada, ni mucho ni poco. Así que noticias como estas me alegran: una empresa alemana que desarrolla software con código abierto, SUSE, “se une a EuroStack en favor de la soberanía digital europea” (Muy Linux).

Otra alternativa

Por supuesto, no tengo ni idea de cómo ejecutar esto que propone Torrezzno en Menéame, pero estoy dispuesto a explorarlo con una empresa local que me ayude a evitar esa contratación de servicios fuera de Europa: “El self-hosting, o en español autohospedaje, es la práctica de ejecutar y mantener sitios web, servicios y aplicaciones usando un servidor privado. También significa libertad, privacidad y una filosofía”. Él mismo da respuesta a la duda que me persigue: “¿Puedes vivir sin Google y sus servicios? Es una pregunta que me hice hace tiempo. La respuesta es sí, es posible. Y, además, es algo tremendamente liberador”.

El centro

Por supuesto, más allá del hype y más allá de la tela de araña tecnológica y militar que ha tejido Israel, no puede pasar ni un día sin que denunciemos el genocidio que el ejército y el gobierno de Netanyahu y sus ultras está ejecutando en Gaza. Esta vez es Greta Thunberg la que me da el pie: “Insta a enfocarse en el genocidio en lugar de los abusos sufridos en Israel” (Demócrata). Más claro, agua. Salvo a quienes usan Gaza para enjabonar su pasado, solo puedo aplaudir a las y los que se la han jugado en la costa que controla Israel con impunidad, pero su gusto por la tele, lo estamos viendo, hace demasiado ruido para Thunberg. Y para mí.