“Ocho años prometiendo”

Soy de esos que sigue entrando a diario en Menéame para ver qué noticias mueven y comentan sus usuarios, pero a veces son los artículos, como este de CyP3riko, los que me sorprenden para bien. Dice su autor sobre el PSOE que “el problema es presentarse únicamente como acusación después de ocho años gobernando y después de décadas participando en la construcción de las propias reglas que ahora denuncia”. También recuerda que “la Ley de Arrendamientos Urbanos, de 1994, fue aprobada durante el Gobierno de Felipe González”, sí, es la que está en vigor y permite casos como el de Maricarmen, en Madrid.

No, no todos los desahucios son iguales

El caso de María del Carmen Abascal, en Madrid, nos pone ante una situación que, simplemente, no puede darse: que empresas puedan comprar edificios de viviendas (por debajo del precio que valen los pisos) y especular con las personas que viven en ellas o quienes entren cuando echen a las primeras. A colación, en Público aseguran que en España (Euskadi, incluida, por desgracia), hay 44 desahucios al día, pero debemos tener claro que no todos son como el de la ya famosa Maricarmen, ni mucho menos. El populismo empeora el problema de la vivienda tanto como el apoyo político con el que cuentan los especuladores.

¿Qué es la vivienda?

Puedo entender una segunda vivienda para alejarse de la rutina, para las hijas e hijos o para completar los ingresos. Pero por mucho que me esfuerce no puedo entender la especulación con la vivienda, empezando por quien monta un Airbnb. Todas y todos sabemos lo que implica especular, y también lo saben los protagonistas de estas noticias: “Ana Rosa silencia el desahucio de Maricarmen y las redes le recuerdan su imperio inmobiliario: 44 apartamentos a través de siete empresas” (El Plural) y “Xavi Hernández: la inmobiliaria que comparte con sus hermanos factura un 65% más y reúne pisos y locales en Cataluña” (Vanitatis).

Débil con los fuertes

Donald Trump hace muchas cosas mal, empezando por enriquecerse a manos llenas y enriquecer aún más a sus amigos millonarios, pero políticamente su característica más despreciable es que es fuerte con los débiles y débil con los fuertes. Lo ha vuelto a demostrar esta semana, agasajando al dictador chino como a nadie. Después de la alfombra roja, el recibimiento y los himnos, llega lo importante y llega así: “Un Trump en horas bajas se desdibuja ante Xi: mano tendida y tregua comercial” (El Periódico). Todo muy diferente a como se reúne con gobernantes democráticos, por cierto.

La actualidad

Ya sé que cuando afirmo que EH Bildu, exactamente igual que Vox, practica un populismo de base fascista, me quedo solo. Nadie quiere recordar a quién apoyaron y apoyan, ni quiere ver que en la mesa más alta de Sortu, el partido que dirige la coalición, se sientan los últimos jefes de ETA. Todo eso quedó atrás, viejo. Sin embargo, el franquismo está de moda: Los Javis presentan su película sobre Lorca y a todo las y los buenos progresistas se les deshacen los hielos, y RTVE estrenó ayer su documental “Cuelgamuros, entre lo difícil y lo imposible”, con su buena ración de expectación previa. No critico ningún trabajo, solo señalo una paradoja.

Un sistema que no prioriza la vida

Estoy profundamente preocupado por el mundo que hemos construido y que dejamos a la siguiente generación. Básicamente, hemos generado un sistema en el que la vida no es la principal prioridad. Y no hablo de la globalización ni de la conspiración mundial del eje Putin-Trump-Netanyahu y otros desalmados. Hablo de cosas muy concretas y nada lejanas: “Los documentos que prueban que Madrid manipuló la lista de espera del Ramón y Cajal: ‘Evitad anotarlos como preferentes’” (Menéame). Con esa manipulación lograban bajar las listas de espera retrasando cirugías urgentes e importantes, según el denunciante.

¿Y esto?

Pasó casi desapercibido con la actualidad política de la semana pasada, pero me resisto a eliminarlo de mi lista de links: “La magistrada Pepa Tarodo que ha instruido la causa del denominado caso Azud –que incluye irregularidades en pagos tanto a personas relacionadas con el PP como con el PSOE valenciano– concluye que los socialistas fueron ‘dopados’ a las elecciones municipales en Valencia de 2007 al financiar cerca de medio millón de euros con mordidas a cambio de adjudicaciones públicas” (Vozpópuli). “El PSOE se habría financiado de manera ilegal a través de cuatro mega licitaciones” en la campaña de Carmen Alborch.

¿Cómo que no?

Estoy completamente en desacuerdo con esto en Público: “Por qué prohibir las redes a los menores no basta: ‘La responsabilidad no puede recaer en las familias’”. ¿Cómo que no? Ya sé que las tecnológicas han diseñado las redes para atraer la atención de las y los menores, pero la responsabilidad de explicarlo y de limitar el acceso es, en primera instancia, de la familia. No podemos delegar eso, no debemos dejarlo en manos de los gobiernos para que legislen o prohíban (ya hay normativa al respecto, por cierto), porque la chavalada va a encontrar el modo de saltarse los controles. Esto nos apela directamente, no busquemos excusas.

La rentabilidad

Me acuerdo de Housers, aquella “‘startup’ inmobiliaria que prometía grandes rentabilidades”, como también recuerdan en El Diario. Pues bien, “tras una década de quejas, demandas de inversores insatisfechos, disputas entre los socios e incluso varias multas de la CNMV”, un cambio de nombre y la salida de Antoni Brussola, uno de sus fundadores y condenado “por desviar 55.000 euros desde sociedades vinculadas a proyectos de Housers a la cuenta de una empleada de otra empresa que él presidía”, varios usuarios se quejan de que la empresa tiene retenidos miles de euros y no hay ni rastro de las ganancias prometidas.

Correcto

Arde Bogotá, un grupo del que no he oído nada con atención pero al que voy a dar una oportunidad en mi Spotfy, ha anunciado nueva gira con un cambio (que no “novedad”, y ahora me explico) en el sistema de entradas, que “no se venderán online, sino exclusivamente en físico, en las taquillas de cada sala” (El Independiente). Es decir, como hacíamos antes: quedada, madrugón, cola, alegría cuando las metías en la cartera y un bonito recuerdo de una gran noche, si todo iba bien. Un aplauso para la gente que nos da este tipo de alegrías. Sin colas virtuales, sin darle al F5, sin códigos QR que, admitámoslo, no nos han mejorado la vida.

Una Ikurrina dentro de otra bandera

En el blog Fronteras explicaron este fin de semana la bandera de San Pedro y Miquelón, dos pequeñas islas a pocos kilómetros de Terranova que no aceptaron incluirse en Canadá y que se mantienen como territorio francés, por lo que su bandera oficial es la tricolor. Pero sus cinco mil habitantes reconocen como suya otra que tiene el dibujo del barco en el que llegaron los primeros franceses pero que guarda un espacio para homenajear a “los primeros habitantes estables del archipiélago: de arriba abajo, vascos, normandos y bretones”. Por eso en su bandera hay una Ikurrina arriba a la izquierda. Y sale en los emoticonos del móvil, por cierto.

El rastro de la maldad

Dicen que siempre hay que seguir el rastro del dinero para explicarnos la actualidad. Pero en este tiempo tan extraño y convulso es más fácil seguir el rastro de la maldad: aunque Rusia e Israel, de saque, no parezcan aliados (y menos tras la invasión sobre Ucrania que dictó el Kremlin), nos encontramos con que “Volodímir Zelenski condenó lo que calificó como compras de grano ‘robado’ por parte de Israel a Rusia” (Escenario Mundial). Putin y su banda de oligarcas está vendiendo el grano de las tierras anexionadas a sangre y fuego, y ha encontrado en Israel a un comprador sin complejos, pese al teórico bloqueo occidental a Rusia.

Grotesco

Israel es el socio militar de EE.UU. en Irán y Rusia no es tampoco un país al que Trump considera enemigo, precisamente. Una vez más, el rastro de la maldad va estrechamente ligado al del dinero. Mucho dinero. Para desviar la atención, Trump tira de brocha gorda y de lo que llaman en Menéame “puro gamberrismo digital”, el “bucle de una hora de su líder repitiendo ‘winning’ como un disco rayado es, sencillamente, el funeral de la vergüenza institucional”. Así, “la política se convierte en un bucle infinito de narcisismo donde lo único que importa es el ruido”. “Lo ridículo se acepta como normal y lo grotesco se celebra”.

Un alumno aventajado

Llevo semanas guardando esto de Israel Merino y Donald Trump, con su política narcisista y grotesca, por fin, me ha dado pie. Escribía el columnista de Público sobre Pedro Sánchez: “Están muy bien estos devaneos estéticos y son utilísimos para movilizar a un progresismo cada vez más exhausto, pero deberíamos plantearnos si no está exhausto precisamente por tanto devaneo estético que no acaba en ninguna parte”. “Su falta de una verdadera ética se vea en sus costuras de político puro”, que definió Ortega y Gasset, “capaz de flotar por la política sin muchos convencimientos ni un amarre claro al puerto de las ideologías”.

No puede dar todo igual

Quien afirme que “Por culpa del Gobierno la gente no quiere tener casas, se las quita de encima” se retrata. Según El Plural, lo ha rebuznado Isabel Díaz Ayuso en Telemadrid. Aunque en la grabación no queda claro si se refiere a las segundas residencias o a sus viviendas habituales, ni queda claro si ella misma hace la mezcla por su conveniencia, la afirmación sigue siendo una chorrada. Pero, ojo. De la misma manera no podemos hacer como que no pasó aquella fase en la que la progresía vasca y española (que es decir lo mismo, lo estamos viendo) empujaba a mi generación a vivir de alquiler como si la propiedad fuese etérea.

Lápiz y papel

“Suecia vuelve al lápiz y papel”. No es una noticia en algún blog reaccionario: lo cuenta la BBC. “El gobierno de Suecia defiende un renovado enfoque en los libros, el papel y los bolígrafos físicos en las aulas, con el objetivo de revertir la caída de los niveles de alfabetización”. Curiosamente, esta medida “ha generado críticas desde las empresas tecnológicas, educadores e informáticos”. No en las familias. “Leer textos en dispositivos digitales puede dificultar que los niños procesen la información”, como ya sabemos. También en Suecia “este año entrará en vigor una prohibición de teléfonos móviles en las escuelas, incluso para uso educativo”.

Sí, prohibición

“Crece la presión sobre Bruselas para prohibir las redes sociales a menores en toda la UE” (Euronews). Sí, estamos hablando de prohibición y no me parece mal. Si prohibimos a los menores fumar o beber alcohol porque afecta negativamente a su desarrollo fisiológico y neuronal, ¿por qué les permitimos acceder a redes sociales, que funcionan de manera similar por la dopamina y, sobre todo, son igualmente perjudiciales? Incluso la meliflua Ursula von der Leyen cree que “ya no hay más excusas para no proteger a los menores en internet”. “La tecnología está lista. El impulso político es real. Lo que le falta a Europa es coordinación”.

¿Y si lo ilegalizamos?

Me gustó el programa “Se nos ha ido de las manos” que emitió La1 la semana pasada. Carles Tamayo hizo un buen trabajo abordando un tema de actualidad, mostrando un aspecto de la realidad que muchos no conocíamos y exponiéndolo con un lenguaje audiovisual actual y atractivo. Hoy, una semana nueva en la que tenemos una nueva oportunidad para hacer bien las cosas, entro al fondo: ¿cómo puede ser legal que edificios enteros con inquilinos sea vendidos y comprados de tal manera que las y los inversores compran los inmuebles a un tercio del precio de mercado para duplicar o triplicar después los alquileres?

Que no se nos pase

Esta noticia tampoco es de esta semana pero gracias a Menéame ha vuelto a la actualidad y tenemos una nueva oportunidad para no dejarla pasar. Y no lo haremos: “El bróker de Hegseth intentó comprar acciones en empresas de defensa antes de los ataques a Irán” (Público). El referido Pete Hegseth es el ministro de la Guerra de EE.UU., según la denominación que determinó y le gusta utilizar a Donald Trump, y está ahora de actualidad porque no deja de generar tensiones y dimisiones en su departamento porque una cosa es ser el señor de la guerra cuando aplastas y, otra, serlo cuando el enemigo te planta batalla, como Irán.

Un lejanísimo rayo de esperanza

La columna ha empezado con buenas noticias, se ha ido oscureciendo ante la ley española que permite la especulación más salvaje y, como siempre, se ha fastidiado cuando ha pasado por Trump. Pero quiero terminar con esta pieza fascinante en Microsiervos: “Dentro de su plan para prolongar la misión de las sondas Voyager, que fueron lanzadas a finales del verano de 1977 para una misión de cinco años, la NASA acaba de enviar los comandos para apagar el detector de partículas cargadas de baja energía de la Voyager 1” para exprimir “hasta el último vatio”. La idea es reactivarlo “algún día si averiguan de dónde sacar la electricidad necesaria”.

¿Qué mensaje?

Este año solo había bebido una copa de vino a la hora a la que Felipe VI daba su discurso y ni me acordé de encender la tele para ver, por lo menos, la puesta en escena. Me importaron un poco más las reacciones al mismo, solo por trabajo. Y por puro gozo, he mirado la audiencia que obtuvo la emisión: “5,9 millones de espectadores, la tercera peor de la historia” (El Independiente). Pero es que el de 2024 fue el segundo peor, con 13.000 espectadores y espectadoras menos. Más datos: lo emitieron en 29 cadenas de televisión simultáneamente y las peores audiencias las obtuvo en Euskadi y Catalunya.

Siempre hay alguien con mejor puntería

La capacidad de reacción de Gabriel Rufián está fuera de toda duda, y sus resbalones son fruto de la cantidad de veces que consigue atraer la atención sobre sí mismo, eso lo tengo claro. Pero siempre hay alguien más certero, y esta vez ha sido Estefanía Molina en X, que critica así la referencia a la vivienda del de ERC durante el discurso de Felipe VI: “No hace falta ser monárquico para saber que no depende del Rey legislar para garantizar el acceso a la vivienda. Depende de los políticos. Y el fracaso es absoluto: entre los que no hacen nada efectivo, y los que aplican medidas contraproducentes simplemente por hacer populismo”.

Preservemos nuestra identidad europea

En mitad de la tormenta que llega desde el exterior, con EE.UU. y Rusia de la mano intentando acabar con el estilo de vida europeo, y desde el interior, con el populismo debilitándolo (no hagamos como que no pasa, por favor), tenemos que ser firmes en la defensa de lo que nos define: nuestros derechos, nuestros logros sociales, nuestra seguridad. “Menos 2 horas en un hospital de Estados Unidos: 41.297 dólares”. Este es el titular de la historia en Menéame de “un estadounidense acudió al hospital por hipertensión”. Esto no va de nacionalismo europeo romántico, esto va de asegurar un estilo de vida mejor.

Boadella, crack, jefe, cuñado

Vamos por partes. El Huffington Post hace un clickbait aburridísimo en su titular: “Un profesor sentencia con una sola frase al actor Albert Boadella, que dice que ahora hay más ‘tabús’ que con Franco”. El profesor es Abel Ros y su respuesta en X, esta: “Prefiero mil tabús democráticos que tres autocráticos”. Y lo importante en toda esta historia es la turra del Boadella, ese tío tan listo, exponente del pensamiento único que nos querían imponer a las y los vascos, y que el tiempo ha expuesto como un cantamañanas como otro cualquiera, empezando por mí.

Esto ya lo leí yo en un cómic

Quienes sean de Portugalete y tengan más de 40 años recordarán la pequeña tienda de tebeos, revistas y chucherías que había junto al cine Java, hoy un supermercado. Hasta allí peregrinábamos en cuadrilla para comprar cómics. En una de las series que leía, unos malos hacían emerger una isla en el océano para convertirla en un nuevo estado. Pues esa historia ya es realidad: “China lleva 12 años tirando toneladas de arena al océano. Y ahora estamos viendo cómo emergen islas en mitad de la nada” (Xataka), en concreto, en mitad del Pacífico, y los vecinos japoneses no están nada contentos con este expansionismo.