¿Es sostenible?

No elijo a las y los políticos para que me digan lo que quiero oír, los elijo para que me digan la verdad y gestionen lo mejor que puedan el dinero que todas y todos aportamos a la caja común. Por eso creo que es exigible, desde mi criterio de elección, que nuestras y nuestros representantes digan, con absoluta claridad, si el sistema de pensiones es sostenible con semejante nivel de gasto: “10.000 millones de euros al mes”. Según Vozpópuli, “las pensiones de jubilación romperán el récord antes de fin de año”. No quiero oír que todo va a ir bien y que lo público está garantizado si les voto, quiero un sistema que funcione.

No tiene buena pinta

Antes de final de año romperemos el récord y el pago de las pensiones alcanzará los 10.000 millones al mes, con una perspectiva futura nada esperanzadora: “En diez años solo un trabajador se incorporará al mercado laboral por cada tres que se jubilen” (El Independiente). Ya sé que estamos enredados con los incendios, con el reparto de inmigrantes (a los que necesitamos para que coticen), con el facha de Abascal, con Feijóo pidiendo elecciones, con Sánchez leyendo todas las noticias sobre su mujer y con Otegi sacándose fotos con partidos por toda España, pero lo importante esta vez también parece urgente.

¿Y si es la decisión que hay que tomar?

Es más fácil para la oposición francesa dejar gobernar y tumbar a todos los gobiernos que proponen ajustar el gasto público que aceptar medidas impopulares (¿pero necesarias?). Para ahorrarse el trabajo y el desgaste, “Bayrou someterá el gobierno francés a una moción de confianza por los recortes” (El Nacional). Pero, ¿y si es este el camino? ¿Y si Francia, como parece, ha agigantado el gasto hasta hacerlo insostenible? ¿Y si no lo ha hecho solo Francia? Por supuesto que tenemos que hacernos estas preguntas y afrontar las respuestas como personas maduras, no como adolescentes que prefieren negar la realidad.

Que se vayan

Hay que hablar claro cuando se trata del gasto público pero también cuando se trata de los beneficios privados: si el modelo de negocio empeora nuestro bienestar es necesario intervenir regulando, multando y, por supuesto, explicando con claridad los prejuicios de Glovo, Uber o Airbnb. Nos acostumbramos a tenerlo todo en casa a cambio de fomentar el uso de falsos autónomos y los márgenes de beneficio ridículos. La juventud no quiere trabajos uberizados pero no deja de usar Glovo que, ahora, “amenaza con dejar de operar en España por las multas millonarias a su modelo laboral” (The Objective). Pues que se vayan.

Nuestra responsabilidad

“Un 28% de los bulos de la DANA se originó o difundió desde entornos periodísticos profesionales”, ese es el titular en Climática sobre el “estudio de la Universitat Politècnica de València y la Universidad Internacional de Valencia” que pone de manifiesto “que la ‘ola de bulos’ en la DANA que causó más de 230 fallecidos agravó la emergencia y socavó la confianza”. Las y los periodistas, no podemos esquivar nuestra responsabilidad para elegir los temas, afrontar la realidad y comunicar con eficacia lo que realmente está pasando. Lo bueno es que todos los días tenemos la oportunidad de hacerlo bien.

Lo que molesta a Trump

Lo que molesta a Donald Trump beneficia al resto de la humanidad. Le molestan la universidad y los museos, que ha atacado. Le molesta la sostenibilidad del planeta, que le impide hacer los negocios que quiere hacer. Y le molestan las televisiones que no le aplauden acríticamente como NBC y ABC, a las que “presiona para que se retiren las licencias” por “sesgadas y mentirosas” (Público). No le resultan ni sesgados ni mentirosos los comunicadores de extrema derecha que montan plataformas (muy rentables económicamente, por cierto) para difundir sus mierdas fascistas, esas en las que se muestra tan cómodo Trump.

¡Claro!

Pedro Sánchez, por ejemplo, ha intentado molestar a Trump pero no lo ha logrado. No forma parte del catálogo de enemigos cuidadosamente elegidos del republicano. Más bien, al contrario: “Las refinerías españolas han incrementado progresivamente la compra de crudo y gas natural norteamericano, en gran parte debido al bloqueo internacional impuesto a Rusia tras su invasión de Ucrania” (Vozpópuli). Y ahora, con el discutible acuerdo que ha hecho la UE, las importaciones irán a más desde EE.UU., que ya es el mayor proveedor de crudo en España pese al postureo de Sánchez (apaciguado rápidamente) y la izquierda en general.

Dos noticias que se entienden mejor juntas

Quienes vamos a los campos a ver fútbol y animar a nuestros equipos tenemos que sufrir horarios asquerosos por culpa de la televisión que, según nos dicen, pagan la fiesta. ¿A qué precio? Según El Independiente, esta temporada será más cara. No solo eso: “Hasta el año pasado, el fútbol había duplicado prácticamente su precio en la última década”. La fiesta, en realidad, la pagan los de casa, los de cerca, los de siempre. Aún así, seguimos asistiendo a abusos: “La UEFA adelanta el horario de la final de Champions League para ganar audiencia en Asia y EE.UU.” (2 Playbook). Si abusan en algo tan poco vital es porque nos dejamos.

No nos dejemos

Propongo empezar por el fútbol: no nos dejemos, modifiquemos lo que no nos gusta, aprendamos a plantar cara en lo relevante, eso que Antonio Agredano ha detectado bien en The Objective. “Empieza el curso político con la amenaza de la desafección. Aquello que sucede a la indignación. Aquello que abona el populismo”. Y alerta de “esa tentación de pasar de todo. De cerrar definitivamente las redes sociales. De no ver noticias, de no escuchar los monólogos radiofónicos de la mañana, de ignorar. La tentación de romper, de estirar, de probar, de agarrarse a voces subterráneas, de gritar más que hablar”.

Lo han logrado

No les conozco de nada, no sé qué han hecho hasta ahora, no sé de dónde vienen (de Donostia, sí), pero su aventura me ha resultado una de las más frescas de este verano: Gorka Lasa e Ibai Martín han viajado desde la capital de Gipuzkoa hasta París en patinete (cada uno, en el suyo, claro), y han documentado su periplo mostrando la solidaridad de mucha gente con la cultura urbana como elemento común e Instagram como el cable que les conecta. Para mí, “el poder de las redes” (esa horterada) es justo lo que nos han mostrado entre rimas más o menos acertadas y acampadas imposibles (para mí, que soy un viejo).

El negocio

Los bulos no se fabrican solos: hay que fabricarlos. Por eso “PP y Vox reparten más de 135.000 euros a Vito Quiles, Javier Negre o Ndongo desde la Diputación de Ciudad Real”. Según El Plural, el dinero público llega a medios como “Estado de Alarma TV, OK Diario, El Debate, Periodista Digital, The Objective y Libertad Digital, todos ellos ajenos a la realidad informativa de Ciudad Real”. Además, “el pseudemedio de Javier Negre y Vito Quiles” (EDA TV) también ha recibido 9.000 € de la diputación de Toledo. Para completar la información, en cinco segundos en Google he encontrado que el gobierno de Madrid abonó a estos medios 900.000 € en 2024.

Feijóo descubre el fuego

Vi en directo, en el 24h, la rueda de prensa de Alberto Núñez Feijóo, por lo que asistí sin intermediarios a la desvergüenza del líder del PP. Al respecto, la columna de Luis Miguel Fuentes en El Independiente me ha parecido la más ajustada: “Feijóo empieza a funcionar como Sánchez, añadiendo palabras a las palabras, latiguillos a los latiguillos, siglas a las siglas” y se pregunta “si viene con intención de retomar la cordura o sólo de distraernos”. Critica el autor que “el PP no había pensado hasta ahora en la importancia de 50 medidas urgentes e imprescindibles”, repartiendo la responsabilidad.

Necesitamos a todas las personas

La de Israel Merino en Público también me ha parecido una columna muy sugerente: “Te necesitamos a ti, amigo católico, agricultor y de derechas, que lees el ABC, crees en la familia tradicional y te estremeces cuando cuentan en la Popular TV que los puntos de reparto de ayuda humanitaria en Gaza solo son ratoneras en las que atrapar a población civil” porque “vivimos en la edad de oro de los desaprensivos, los sedientos de sangre, los sociópatas, los fascistas”, encarnados en personas como Trump, Netanyahu o Bukele. “Esto va de parar al monstruo”. De izquierdas (como si fuera pura) y derechas, necesitamos a todas las personas.

Y Putin, claro

Trump, Netanyahu o Bukele son el monstruo, como lo Xi Jinping, el líder de la dictadura represiva que afecta a más personas en el mundo, y Vladímir Putin, por supuesto. Un Putin que tiene que estar encantado con las noticias que llegan de EE.UU., donde “J. D. Vance busca candidatos contra Zelensky para las próximas elecciones. Lo ha intentado con Zaluzhnyi, excomandante del ejército y ahora embajador en el Reino Unido. Es la persona más popular en Ucrania. A Zaluzhnyi no le gustó nada (y lo filtró a la prensa)”. Lo cuenta Alberto Sicilia en X, que ha cubierto desde primera línea la invasión rusa sobre Ucrania.

Qué sorpresa

Sí, soy de esos que se combinan llevar una tortilla o una ensalada de pasta en un tupper a la playa, con salir a comer un plato combinado o una paella a una terraza. Para mí, que soy hijo de aquellas familias que iban a las campas de “Castro” con filetes empanados, pimientos fritos, una ensalada que se prepara allí y un melón, no es nada novedoso. Los que se caen del guindo en nuestro propio país son otros: “En San Juan de Luz están descubriendo algo: los turistas se están yendo de ‘picnic’ a la playa ante los precios de los bares” (Xataka). En cualquier caso, el problema es multifactorial, pero parece un ajuste de la alegría que vivimos después de la covid.

¿Quién recuerda a ETA?

No son pocas ni pocos, del entorno de la izquierda abertzale y de otros, las y los que piden que dejemos de relacionar a quienes apoyan a ETA con ETA, argumentando que la ciudadanía vasca ha pasado página. Yo no estoy tan seguro de que las y los vascos quieran olvidar su pasado por mucho que duela al mirarlo de frente, pero de lo que no tengo duda es que de ETA habla mucho más la izquierda abertzale que el resto: “Covite denuncia que 26 actos de apoyo a presos de ETA durante este verano han sido patrocinados por Bildu” (El Independiente). En total, ya van “135 actos de apoyo a los presos de ETA durante las fiestas”.

No soy optimista

Me hago mayor y me duele Euskadi: el número de personas capaces de justificar o perdonar un fascismo que ha vivido me entristece. Por desgracia, en todas las sociedades hay comportamientos inexplicables, como (salvando distancias) el “espectáculo de fuegos artificiales en Jaraíz de la Vera” junto a “uno de los incendios en activo” (Huffington Post) en Cáceres. Un vídeo, ampliamente difundido en redes sociales y WhatsApp, muestra la cercanía de los fuegos artificiales al real. Las respuestas han sido también muchas y no todas calmadas. Y eso, respuestas ante lo evidente, es lo que necesitamos. Pero no soy optimista.

No lo entiendo

El de las y los políticos que inflan sus currículums ha sido uno de los temas del verano. Yo no lo entiendo. En 2025 si algo tenemos claro es que el currículum académico importa poco (salvo para el acceso a algunas plazas funcionariales). Me explico: doy valor a los estudios, pero sé que no son exigibles y menos en política, como recuerdan en El Blog Salmón. “Para ser político no hace falta estudiar Ciencias Políticas y a veces, directamente nada. Mentir en el CV es casi lo de menos”. Noelia Núñez ha hecho un ridículo evitable pero ha generado un efecto cascada muy interesante de “corrección” de titulaciones obtenidas (o no) por otros representantes.

¿Quién es turista?

Yo soy turista, no voy de “viajero” por el mundo ni doy la tabarra con que intento integrarme en las ciudades que visito con pantalones cortos y gafas de sol. Sin embargo, a veces me parece que soy el único turista: “¿Quién se beneficia del turismo en verano? Así impacta su masificación en trabajadores y medioambiente”, denuncian en Público, y en las txosnas de Bilbao vemos a comparseros con la piel tostada por el sol servirnos cañas entre carteles contra el turismo en la ciudad. Algunos están en su prime de cinismo e hipocresía. Por supuesto que debemos cambiar el modelo, pero cuando viajamos, no cuando volvemos.

¿Qué pasará?

No soy taurino, de hecho, me gustaría que no existiese un espectáculo basado en que una persona se juegue la vida y en que un animal precioso sufra hasta morir. Pero reconozco que asisto al fogonazo (veremos si es una luz duradera o no) de “el morantismo”, como lo definen en Vozpópuli, con cierta curiosidad, entre otros motivos porque Morante de la Puebla es de mi edad pero encarna, flípolo, el clasicismo en el toreo (que ya es decir). Pero sobre todo porque ese clasicismo (flípolo más) ha conectado con una generación de aficionados jóvenes, sí, pero con una estética viejuna que me genera una mezcla de fascinación y pasmo.

Un niño consentido

Titulan en El Nacional que “Trump se jacta de ‘subyugar’ a los líderes europeos con unas imágenes para la historia”, y en Bluesky he leído varias celebraciones por que Pedro Sánchez no estuviese en las fotos que ha publicado la Casa Blanca, en las que se ve al presidente de EE.UU. frente a su escritorio y a los líderes europeos, al otro lado. Sin interpretaciones interesadas yo tengo claro lo que veo: a políticos europeos valientes que calculan la opción menos mala y se atreven a gestionar con un irresponsable e impredecible, pero poderoso, el fin de algo tan grave como una guerra. Reconocer el valor ajeno mejora el mundo.

Lo ve todo el mundo

Todo el mundo salvo Donald Trump y aquellos a los que riega con su poder y su dinero ve lo que es realmente Donald Trump: “¿Se puede confiar en un presidente que no sabe ortografía, tiene serios problemas de gramática y escribe mayúsculas al azar? Creo que no. Un presidente que no sabe escribir no puede pensar”. Esto no lo digo yo, lo dice Stephen King, a quien leen millones de personas, y lo recogen en el Huffington Post. “Putin tomó a Trump como un tonto”, sentenció el escritor, muy beligerante con el republicano. No seré yo el que corrija, matice o amplíe las palabras de un maestro del relato como él.

La realidad

Mientras Donald Trump se preocupaba de las imágenes que se difundirían de la reunión con los líderes europeos, insisto, personas valientes y responsables a las que desprecia (lo que da una medida de su altura intelectual), Putin, que según Stephen King le tomó por idiota, bombardeaba Ucrania: lo muestra, entre otros, Marc Marginedas en X. Putin es indefendible: su crueldad y sus intenciones son injustificables, y los que callan, los que desvían la atención, los que hablan de “otanismo” mientras familias enteras mueren en Ucrania por los misiles rusos, son, como dijo Julio Anguita, “los canallas” que apoyan las guerras.

El mismo desprecio

Si no muestras el mismo desprecio por Putin que por Netanyahu tú no eres un antifascista, tú lo que eres es un interesado. Y no voy ni a discutirlo. Interesados, por cierto, como quienes instrumentalizan el dolor de las y los gazatíes para colocar su propaganda: un cartel en las txosnas de solidaridad junto a otros contra el TAV o la subfluvial, no cuela. Dejo mi diatriba y me centro: “‘Niños con balazos por buscar comida’: Médicos sin Fronteras exige el fin del sistema de distribución de ayuda de Israel y EEUU en Gaza” (El Independiente). Es tan fácil reconocer al malvado en este conflicto como en la invasión rusa sobre Ucrania.

La luz

Separar al gobierno ultra de Netanyahu del total de la población israelí es una obligación profesional pero también ética. No, no todas y todos apoyan las decisiones genocidas: “Más de dos millones de israelíes se manifiestan contra Netanyahu. No sabemos cuántos están en contra del genocidio en Gaza pero el Primer Ministro y sus aliados fundamentalistas se enfrentan a una grave crisis”, escribe Javier Espinosa en Bluesky. Aunque solo sean unos pocos las y los israelíes que están en contra del genocidio, debemos ver esa luz, porque la llave para sacar rápidamente a Netanyahu del gobierno la tienen sus votantes.