
Pueden sacar quince cortes en las redes sociales de La Revuelta, y el doble, si quieren, porque a pildorazos y con un poco de azúcar todo entrará mejor, pero la entrevista a Pedro Sánchez, hasta la salida de Candela Peña, fue aburridísima. No es un buen monologuista Sánchez, que necesita el enfrentamiento (desde que nació políticamente), y Broncano se lo puso fácil con la excusa del “no sé”: solo le metió las gomas en lo más obvio, y eso es que este gobierno que reparte progresía ha querido resolver el problema de la vivienda en dos tardes y con dos decretos de última hora.
Todo le vale
Evidentemente, Pedro Sánchez usó La Revuelta como un instrumento de su campaña, que es para lo que llevó el espacio a La1. Igual que usa los consejos de ministros y los resquicios legales del Congreso en su beneficio. Y por mucho que lo digan las Maruja Torres de la vida, eso no le hace un buen político. Más bien, al contrario: “Sánchez acumula 6.600 euros en multas electorales y afronta un nuevo expediente de la JEC”, según Demócrata. Lo nuevo es “la comparecencia del presidente en Moncloa el 6 de octubre”, porque Moncloa también está para su campaña. Of course.
Y al otro lado, estos
La España política es un drama. A un lado, un mal político que no duda en usar todo, absolutamente todo, en su beneficio. Al otro, esto: “El Gobierno de Moreno retira las primeras ayudas a ONG que atienden a inmigrantes sin hogar tras firmar la ‘prioridad nacional’ con Vox” (El Diario). Y en medio, las y los vascos que nos negamos a hacer seguidismo a un progresismo capcioso y una derecha rancia. Y que también nos revolvemos cuando nos obligan a posicionarnos en una dualidad falsa. Hay otro camino, uno que no lleva a Madrid (el que ha cogido EH Bildu), sino que sale de allí.
Están locos estos genocidas
Desconozco el contexto pero, realmente, no hace falta tenerlo en cuenta: el vídeo que ha colgado Benjamín Netanyahu en su canal en TikTok, hecho con inteligencia artificial, en el que recibe en el aeropuerto a Donald Trump y ambos se ponen a bailar alegremente es, sin duda, insultante. Que un genocida como Netanyahu haga risas con su amistad con el que tiene un plan para hacer de Gaza un gran resort no pasa el umbral más bajo de la tolerancia, la empatía y la sensibilidad humana. Pero como a Sánchez, a Netanyahu todo le vale en campaña. A ese nivel nada les diferencia.
“Rehuimos la compañía”
Antonio Ortiz lleva a X el reportaje de John Burn-Murdoch en Financial Times sobre el “retroceso de las relaciones presenciales en los países desarrollados”. Primero apunta al “encarecimiento del ocio”, pero “el tiempo dedicado a reunirse con amigos en casas particulares, parques y otros espacios gratis también se ha desplomado”. Curiosamente, “aumentan actividades individuales fuera de casa, como acudir al gimnasio”. Y barre el uso de las pantallas, que “ganan por comodidad y captura de la atención, eliminan el esfuerzo y el riesgo de decepción de quedar con alguien”.