Hartas y hartos de la IA

Esto acaba de empezar y ya estamos cansados: la IA en todas partes y a todas horas nos satura. Somos conscientes de que perdemos demasiado tiempo viendo reels, pero cuando estos están producidos con IA, nos enfadamos. ¿O no? Ira Climent advierte en Instagram de ese cansancio y, sobre todo, del descreimiento y el rechazo que está generando ese uso y abuso de la IA por parte de los creadores de contenido. También cree que el engadgement actual es solo un reflejo de lo que fue. Según ella, vuelve el Internet de antes, con contenido personal genuino, comunidades cerradas y redes alternativas con menos gente como Bluesky.

¿Este es tu kung-fu?

El canal en Instagram “Construyendo con IA” es un ejemplo de ese uso de la IA para nada bueno del que hemos hablado. Como todos los que juegan a ser influencers, han publicado su “paso a paso” para crear un libro completo desde cero y sin tener ni idea de nada. Todo lo hace la IA: te detecta el tema que interesa, te hace el guion, te escribe los capítulos, te hace la promoción y hasta te prepara una web y una estrategia de ventas. Tú solo tienes que copiar y pegar sus “prompts”, según estos creadores de contenido. Lo que me lleva a preguntarme: ¿esta mierda que es igual que la que publican en mil sitios es lo mejor que pueden ofrecer?

Hay público para todo, claro

Sin embargo, a muchos no les importa que haya contenidos generados por IA. Antonio Ortiz cuenta en Threads “el caso de la modelo e influencer en el mundillo ‘MAGA’, Emily Hart, desenmascarada como un hombre indio que usaba inteligencia artificial”. Gemini le recomendó el mercado de hombres mayores y conservadores y boom: fotos con bikinis de bandera estadounidense, posturas anti-inmigración, anti-aborto y a favor de la Segunda Enmienda”. ¿Resultado? “Generó entre 3.000 y 5.000 dólares mensuales en pocos meses con solo 30-50 minutos de trabajo diario, vendiendo suscripciones en y camisetas temáticas”.

Y el postureo

Otra tendencia que no aporta nada positivo a la internet de hoy es el postureo de los influencers de viajes. No lo digo yo, hartito de la mandanga desde hace años (lo confieso), sino la revista Viajar, también en Instagram. Lo celebro, de verdad. Celebro que una publicación especializada alce la voz ante los contenidos poco realistas, las altas expectativas, las colaboraciones pagadas (no siempre reconocidas) y la saturación de los diferentes reclamos turísticos. También creo que algunas publicaciones de viajes mostraron el camino (sobre todo, del patrocinio) y no supieron marcar la diferencia entre lo suyo y el postureo facilón.

Insisto (pero ya no lo hago solo)

Después de todo lo contado, me permito insistir: si prohibimos a las y los menores beber alcohol o fumar porque es malo para su desarrollo, ¿por qué les permitimos acceder a redes sociales digitales, si también son perjudiciales, a todas luces? Esta vez, no estoy solo: el Financial Times en X informa de que el primer ministro británico, Keir Starmer, ha anunciado que va a estar prohibido el uso de smartphones en los centros educativos. No me parece mal aunque el problema no es la tecnología (el móvil), sino las empresas que montan redes sociales y su modelo de negocio (captar nuestra atención de manera obsesiva).

El 2024 que nos espera

Sí, es indiscutible: la ultraderecha vive su mejor momento de la historia y espera mantenerlo en 2024, si no mejorarlo. Y sí, es indiscutible que su ascenso y la popularización de Internet son dos hechos interrelacionados. Miquel Ramos en Público es bastante pesimista: “Cerca del 23% de los votos en las próximas elecciones europeas irían para la extrema derecha”. Pero yo lo soy más y, por desgracia, desde hace más tiempo: tengo claro que si mi hija o mi hijo participan activamente en política, enfrente tendrán a las y los fascistas, como los tuvieron mis abuelas y abuelos. Este y no otro es el mundo que estamos construyendo.

Un deseo no es una opinión

Mucho más optimista es Raúl Solís en el digital de Pablo Iglesias. Él está seguro de que 2024 será el año de “la resurrección de Podemos”. Tirando de un símil más propio de la Semana Santa que de la Navidad, otorga a Podemos superpoderes, o poderes casi divinos, y la capacidad de resurgir de sus cenizas, como el Ave Fénix, o como el que resucitó al tercer día. Un relato edulcorado que confirma, sin embargo, la necesidad de Podemos, lo famélico que está, la extrema delgadez de un enfermo al que están alargando la vida por interés personal porque sin Podemos es difícil también la supervivencia de Canal Red.

El año del cambio

2024 va a ser un año de cambios en Euskadi: pase lo que pase, cambiaremos de lehendakari. Y también doy por hecho un cambio de opinión drástico en la izquierda abertzale que, estoy seguro, después del ciclo electoral empezará su proceso para explicarnos que, ahora, sí, las líneas ferroviarias son el futuro y, además, un futuro sostenible. En Linkedin estos últimos días del año han reflexionado, precisamente, sobre cómo este transporte está considerado en Europa como la opción más viable económica y socialmente. A todas luces, Bildu es el que conduce en sentido contrario y el que tiene que girar, y empezará a hacerlo.

Habrá otra Jennifer Hermoso

No soy optimista tampoco con que el caso de Jennifer Hermoso sea el último: por desgracia, estoy seguro de que habrá otras mujeres como ella en 2024, con las que el imbécil de turno se propasará. Por suerte, ha habido una jugadora de fútbol cuya mala experiencia ha servido para que se hable de algo tan obvio como el respeto a la persona que esté frente a ti, sea chica o chico, amiga o desconocida, te atraiga o no te atraiga. Hermoso ha sido elegida como una de “las 25 mujeres más influyentes del mundo según Financial Times” (Relevo) precisamente por dejar a la vista de todo el mundo que nadie tiene derecho sobre nadie.

Ojalá más fotos como la de Borja Guerrero

Desde que la vi en la portada de Deia al día siguiente del partido fue mi foto favorita del año por lo que significa y porque, la leche, es una fotaza: me refiero a la que sacó Borja Guerrero en el pasado Athletic-Las Palmas, con Unai Gómez mirando a cámara mientras celebraba ferozmente su gol con todo el equipo detrás. Una victoria en el último minuto de una temporada que va bien. Ojalá 2024 nos traiga más fotos como esa: buena y de un momento bueno. Porque eso y no otra cosa es lo que necesitamos: prosperidad pero con alegría, y no con fatigas o la ansiedad cabalgando nuestro pecho. Necesitamos más arte y reconocimiento.

Trabajar es malo para la salud

No es un chiste, tampoco lo escribo alegremente: en Magnet han recopilado varias fuentes relevantes (economistas de prestigio), el Financial Times y hasta mutuas españolas, que coinciden en que nuestra salud es cada vez peor y el trabajo es la causa. Es cierto que ya no tenemos los problemas físicos de otras épocas, pero los psicológicos y emocionales se están disparando (y eso sin hablar de los infartos y la incidencia del cáncer por no poder cuidarnos debidamente). Todo esto sucede por el tipo de vida laboral que llevamos, que absorbe toda nuestra vida y para mal, según los indicadores, los expertos y nuestra propia vivencia.

Hay alternativas

Ante la certeza (no solo mía, sino de cada una y de cada uno de nosotros) de lo que nos resulta perjudicial, esta sugerencia en Genbeta: “Trabajar cuatro días a la semana reduce el estrés de los trabajadores y esto da más ingresos a las empresas: eso dice este estudio”. En las empresas en las que hicieron la prueba piloto “bajó el estrés, el agotamiento, la fatiga y los conflictos familiar, mientras que la salud física y mental mejoraron. Los empleados utilizaron su día libre para aficiones, las tareas domésticas y su cuidado personal”. “Se produjo una reducción de 6 horas de trabajo” pero ganaron un día a la semana. Un día de vida.

También ganaron las empresas

No solo las y los trabajadores que participaron en el experimento de la semana laboral de cuatro días obtuvieron beneficios: “Las compañías que optaron por el nuevo modelo horario sin tocar el sueldo aseguran haber crecido en 2022 en volumen de negocio y en empleo, además de sortear los problemas de falta de personal”. El titular es de La Información, donde han preguntado directamente a las y los jefes de empresas, de diferentes sectores y con un modelo de negocio de cara al público (no solo oficinas), y todas y todos coinciden en que es posible crecer con un modelo de cuatro días laborales.

Con esto, ganamos todos y todas

La subida del SMI y de los sueldos, en general (tengo mis dudas cuando sé que con los sueldos de todas y todos seguimos financiando que la diferencia aumente entre el sector público y el privado), es una buena noticia. Muy buena. Para empezar, pone sobra la mesa que en hostelería “un salario mínimo de 1.082 euros sería prácticamente igual que el sueldo medio” (El Economista). Pero no se trata solo de sectores (“el salario medio en la agricultura, ganadería o pesca se sitúa en los 1.352 euros brutos”): “El SMI superará el 68% del sueldo medio en Extremadura y casi toda Andalucía”.

Sí, somos pobres

 “En 2022 han aumentado de forma notable quienes se ubican como ‘clase baja’ o ‘pobre’ en el CIS, un movimiento que señala a un factor clave: la inflación y el daño que está causando en los más precarios”. Esto en El Diario me ha gustado porque creo que es un despertar. No pertenecemos a una clase media porque, por comparación, vivamos mejor que mucha gente. La verdadera clase media, de hecho, vive mucho mejor que nosotras y nosotros, con vacaciones y coche propio. Nos han hecho creer que lo básico nos convierte en clase media para que consumamos sin remordimientos, pero la realidad es que no podemos permitírnoslo.

Ganan ellos

El atolondramiento necesario para ser negacionista en plena pandemia mundial es aprovechado por quienes menos escrúpulos tienen, según Magnet, donde exponen el caso australiano pero como una excepción, sino como un ejemplo: “Los grupos de supremacía racial y de derechas están aprovechando esa vacilación con las vacunas para distribuir ideologías conservadoras a nuevas audiencias a través de protestas y redes sociales. Entre ellas se encuentran narrativas complejas sobre la resistencia a un ‘Nuevo Orden Mundial’, que supuestamente amenaza una forma de vida pasada”.

No son los únicos

Cargamos mucho las tintas contra los antivacunas, pero hay otro grupo que también merece nuestros chistes aliñados con cierto desprecio: quienes han arremetido contra las normas y recomendaciones sanitarias para controlar la pandemia en un contexto económico que no puede detenerse. “Ojo a esto. Los países (europeos) que han dejado circular el virus sin freno por no ponerse una mascarilla son caldo de cultivo para variantes”, alertaba en Twitter María Ramírez, ahora que todos miramos con atención qué dicen los científicos sobre Omicron. Y nosotros teniendo que aguantar a quienes las llamaban “bozales”.

Carmena, abandonada

No son aislados ya los comentarios sobre la intención de Yolanda Díaz de evitar a Manuela Carmena mientras lanza su nueva candidatura. No sucede lo mismo en el caso de la exalcaldesa de Madrid, que reniega de los partidos pero no de la política… ni de su popularidad. Carmena acaba de publicar un libro, está de plena promoción y no pierde ninguna oportunidad ni para dejarse ver, ni para explicar su visión de la política (tan particular como irreal), ni para lanzar algún piropo a la ministra, a la que no me extrañaría que acabase por nombrar como su heredera ideológica. Mientras tanto, Díaz huye.

Las y los vascos, parece que no

“Quizá la lección más importante es que los que viven y son responsables de la región deben tener tanto los recursos como la libertad para tomar decisiones”, esta es la frase que en About Basque Country han destacado del artículo que ha publicado Martin Wolf en el Financial Times sobre “las lecciones que los británicos pueden aprender del País Vasco para revitalizar zonas en declive”. En el blog recuerdan las muchas dificultades que han tenido y tienen que superar grandes proyectos en Euskadi, con ETA y después de ETA, y lo importante que es recaudar, gestionar y legislar aquí. Todo esto es lo que ha fascinado a Wolf y a tantos otros.

¿Abandonarías tus redes sociales por responsabilidad?

Eso es lo que ha anunciado, por segunda vez, la empresa Lush, de jabones, según leemos a Enrique Dans. La marca ya no tendrá presencia en Facebook, Instagram, TikTok o Snapchat (sí la mantendrá en Twitter y YouTube) “tras las revelaciones sobre el impacto psicológico que esas redes sociales tienen sobre las chicas jóvenes, que representan un importante porcentaje de sus usuarias”. Como recuerda Dans: “En 2019, Lush anunció también su abandono de las redes sociales en el Reino Unido argumentando que ya no eran un canal adecuado para el diálogo con sus clientes, aunque posteriormente terminó por volver a ellas”.

La enésima «madurada»

Quien a estas alturas siga defendiendo a Nicolás Maduro tendrá que poner encima de la mesa argumentos y no la habitual vehemencia que hemos visto. La última ocurrencia para detener la inflación en Venezuela es la de cambiar dinero por “lingoticos” de oro. Pero sin lingotes: compras un documento que te dice que lo tienes y, luego, el gobierno, te recompra el documento por lo que valga el oro… según el gobierno. ¿Se fían los venezolanos de esta última ocurrencia (como de la moneda alternativa, los “petros”)? ¿Se fía el mundo de la palabra de Maduro sobre la cantidad de oro que le queda a Venezuela?

El turismo baja

Este año la izquierda abertzale ha conseguido atar a sus cachorros… O estos han cambiado 180 grados de parecer respecto al turismo en Euskadi. Se pongan como se pongan los que dicen que son “viajeros” y no turistas”, las visitas son positivas. Y además, este año, han sido menos: en el Estado ha descendido el turismo internacional casi un 5%. Las pérdidas más destacadas son las de Valencia y Catalunya (casi 7 puntos) o Canarias (más de un 5%). Hasta Andalucía perdió más del 2% de sus visitantes extranjeros.

Y el “talento digital” no sube

Uno de los aspectos menos comentados de la burbuja tecnológica es la del poco uso que los profesionales hacen de esa tecnología, precisamente. Somos muchos los que hablamos, e incluso asesoramos si nos dejan, pero la realidad es que las competencias digitales de los trabajadores (incluso en ofimática básica) son bastante reducidas. En Pymes y Autónomos recogen un estudio en el que concluyen lo que casi todos observamos: los trabajadores conocen los programas y entornos estrictamente necesarios para su trabajo y poco más, y que conozcan otros tampoco les otorga valor a ojos de la empresa.

Cuando lo hay, funciona

Seguimos hablando de talento, un tema que no suele ser habitual. Quien lo tiene no siempre lo desarrolla, y a quien lo usa no siempre le captan para mejorar en su sector o empresa. Así que cuando se encuentran quienes tienen talento y lo manejan, y quienes lo captan y saben rentabilizarlo, hay que celebrarlo porque funciona. Fíjense en el tuit de Juan Antonio Giner: “El Financial Times supera ya los 900.000 suscriptores de pago y en 2019 esperan llegar al millón: la gente paga cuando lo que se publica es de calidad, creíble y necesario para estar bien informado”.

Y se tiene que pagar

El fútbol mueve unas cantidades de dinero difícilmente justificables y, al mismo tiempo, parece un mundo de rácanos: el fotógrafo Pablo García ha recurrido a Twitter para reclamar a los responsables de prensa de Vinícius Júnior, el jugador que costó 45 millones al Real Madrid y está jugando en el B, que le paguen por el uso que han hecho de una foto suya. Según García, cogieron sin su permiso ni conocimiento la fotografía, le borraron la marca de agua y la tuitearon. Un jugador con un sueldo millonario y community manager propio ya tendrá para pagar una foto profesional en vez de robarla.