Clase media

Lo mejor de las redes sociales es que te permite conocer a gente muy interesante como Leo, un fotógrafo que dispara de maravilla con cámaras analógicas en Canarias, y con el que he coincidido plenamente en su respuesta ante la pregunta: “¿Una pareja con dos hijos que ingresa 143.652 euros al año necesita una beca?”. Leo y yo pensamos que, claramente, no. Pero el consejero de Educación y Universidades en la Comunidad de Madrid, Enrique Ossorio, cree que sí, y lo justifica con que esa familia es de “clase media”. Cuando votaron “libertad” también lo hicieron para que los ricos se rieran. Y en eso están.

Me temo que no

ETA destrozó la vida de Marimar Blanco y su familia. Y quien sugiera que a la hermana de Miguel Ángel le regalaron una carrera política es una o un ruin. Pero eso no significa que tenga razón en lo que dice o lee: la independencia de Euskadi es un objetivo legítimo aunque ETA y la izquierda abertzale se hayan confundido por completo en los medios para lograrla, y que haya víctimas y victimarios es la mayor prueba de que existe un conflicto. Un conflicto que nunca debió llevarse la vida de su hermano, ni de ninguna otra víctima. ETA regaló al nacionalismo español su mejor argumento contra el nacionalismo vasco. Esa es su herencia política.

No más lecciones, por favor

El periodismo es una profesión muy poco corporativista: abandonar a los pies de los caballos a compañeras y compañeros es una costumbre cada vez más arraigada. Y esto se lo cuenta alguien que se indigestó con carne de perro siendo aún un cachorro en este oficio. Tal vez porque todavía me duele la tripa de vez en cuando, recelo tanto de despedidas con la cabeza alta, o eso pretenden, como la de Javier Ruiz en Cuatro: “Les garantizo; hay una guerra ahí fuera. Hay una guerra entre los hechos y las consignas, entre la información y la propaganda, entre los datos y las mentiras”. El trabajo de un periodista es justo librar esas batallas.

Musk se ríe porque puede

Que la persona más rica del mundo se ría de mí, como de todas y todos, no me molesta. Sí lo hace el modo en el que ha amasado una fortuna tan indecente. Pero que se dedique a hacer chistes y memes en Twitter en los que, abiertamente, se parte de la risa ante lo que pueda decir cualquiera sobre su compra o no de la red social, no me indigna. Pero me parece significativo: la persona que más dinero ha ganado, ocultando parte de su modelo de negocio al gran público, al que encandilaba con una sostenibilidad falaz, es un troll del sistema, un tipo de derechas (así se ha declarado) al que las consecuencias de sus actos le dan igual.

A mí me costó 15

No tengo nada contra los conductores de Uber o similares. Sí en contra de empresas como estas, Airbnb o Glovo, que han precarizado la economía y han basado su modelo de negocio en evitar tasas que pagaban sistemas ya establecidos (taxis, hoteles o restaurantes con repartidores propios de comida a domicilio). Así que, lo siento, pero, sí, defiendo al sector del taxi: “Hasta 138€ por un Uber en el Mad Cool. Y lo peor está por llegar con el Primavera Sound en Arganda”, leo en Magnet mientras recuerdo que un taxi desde el BBK Live hasta mi casa, también en Bilbao, me costó poco más de 15 euros. Pues eso.

Esto no va así

Luis Rubiales contrató a una agencia de detectives para que siguieran al subdirector del diario El Mundo y, así, saber quién era la fuente que Esteban Urreiztieta manejaba. Por lo que parece, el presidente de la RFEF no consiguió su objetivo, pero ahora sí se lleva el escarnio de parecer un tipo con actitudes mafiosas que no se entera de qué van las garantías que aseguran el derecho a la información. Y de propina, la demanda del periódico, que defiende a su empleado. Pero no es el único: en el lodazal de Twitter hay políticos que llevan años señalando a periodistas que no les gustan, al más puro estilo Rubiales.

Que alguien avise a Belarra, por favor

“Belarra contra Sánchez: ‘No se perciben objetivos políticos claros en la coalición’”, leo en El Independiente y, rápidamente, pienso en que estaría bien que alguien con mucho tacto (es decir: no sirvo yo) avise a la secretaria general de Podemos de que ella también forma parte de ese gobierno de coalición, que es la máxima representante de uno de los dos partidos y que algo tendrá que decir también sobre los objetivos de la coalición. ¿O el único objetivo de ambos partidos es sobrevivir y llegar a la siguiente curva del camino para ver qué viene después y cómo lo sortean? Porque es lo que parece desde hace mucho tiempo.

Ser concejal de Vox

Si un partido pierde casi la mitad de sus concejales en tres años, sin que medien elecciones municipales, y pese a que ese partido haya alcanzado su mayor cota de poder (el gobierno de coalición en Castilla y León), algo va muy mal en ese partido que, evidentemente, es Vox. En la pieza de El Español que ha llegado a Menéame hablan del férreo control sobre cualquier acción o comunicación municipal y de la imposición de mociones pensadas a nivel nacional, para explicar la salida de concejales (más de 200 de un total de 530) que, en su día, accedieron a representar a la ultraderecha en sus propios municipios. Ahí es nada.

Otra burbuja

Me sorprende ver la naturalidad con la que la juventud, tan preocupada por la precarización del mercado laboral al que acceden, no tenga ningún reparo en participar de esa precarización contratando servicios de envío de comida rápida por medio de “riders”. Una precarización que se autoalimenta y que, además, es un artículo de lujo, realmente (no lo puede ser menos tener esclavos por momentos): en Xataka encontramos una especie de revolución de algunos restaurantes que ofrecen precios más bajos e incluso descuentos cuando el pedido de comida es directo, sin pasar por esas apps que tanto, tanto daño hacen sin que lo parezca.

¡Es mi oportunidad!

He llegado a una edad en la que puedo leer tantas novelas al año de autores a los que conozco como clásicos de la literatura. Simplemente, mis coetáneos que soñaban con escribir han acumulado sabiduría, experiencias y contactos para hacerlo, y admiro a todos ellos. Cuando les leo pienso que mi mayor miedo si lograse escribir una novela (algo para lo que no estoy capacitado) es que me leyesen. Pero después de leer la pieza en Magnet sobre las cifras de ventas de libros he encontrado consuelo: “el 86% de los títulos que salen venden menos de 50 ejemplares al año”. “Solo el 0,1% vende más de 3.000 copias”.

La herida

Una investigación reciente de María Jiménez (Universidad de Navarra) y Gaizka Fernández (Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo), recogida por The Conversation, cifra en 2.632 las personas heridas en algún atentado de ETA, además de las 853 víctimas mortales. 40 personas tienen una gran invalidez; 221, una incapacidad permanente absoluta; 539, una incapacidad total; 58, una parcial; 1.652 presentan aún hoy lesiones y 122 tuvieron una incapacidad temporal. Todos estos heridos forman una cicatriz que no podemos olvidar. Siguen ahí porque alguien les causo ese daño injustamente y en nuestro nombre.

Ni una más

Las al menos 23 personas fallecidas en el último asalto a la valla de Melilla (en InfoLibre leemos que algunas organizaciones elevan la cifra hasta 37), víctimas de la brutalidad policial, también duelen. Y su muerte, además de violenta y trágica por cómo llegaron a aquella frontera, huyendo de horrores que no queremos conocer, es dramática porque muchos serán enterrados sin nombre, sin un telegrama a la familia, y sin un culpable: aunque se han iniciado investigaciones a instancias de asociaciones, parece que será muy difícil establecer culpables y condenas a los responsables de esas muertes, también injustas y dolorosas.

20 millones

Ni una pandemia nos ha librado de las tontas y los tontos antivacunas, así que después de todo lo que hemos pasado no me voy a cortar en tratarles como merecen ni en recordar lo que la ciencia ha logrado: “Ya sabemos el número de vidas que se salvaron durante la pandemia gracias a la vacuna: 20 millones”, leemos en Magnet, donde citan un estudio que, además, compara el impacto mortal del coronavirus en países más desarrollados y, por lo tanto, con mayor acceso a los pinchazos, y otros en los que ni el apoyo mundial (que ha existido) ha logrado los mínimos de vacunación exigibles y la pandemia ha causado más muertos.

Otros que…

Tampoco voy a cortarme en señalar a quienes han hecho negocio animando a invertir en criptomonedas a incautos e incautas que hoy ven sus ahorros volatilizados. No se cortan en El Blog Salmón, en el que señalan a Nayib Bukele, presidente de El Salvador, cuyo empeño en vincular la economía de su país con los bitcoin ha puesto en peligro a la ciudadanía; Víctor Domínguez conocido como Wall Street Wolverine, que se mudó a Andorra a “holdear con cojones”; Heather Morgan, acusada también de blanqueo; Gonzalo Sapiña, detenido por estafador; Guillermo Díaz, otro youtuber andorrano de adopción, y hasta a Kim Kardasian.

Y el que faltaba

Tener la fortuna más grande del mundo, tanto que resulta indecente, no ha evitado a Elon Musk verse obligado a despedir a 200 personas en Tesla, en el que es el primer reajuste de la marca. Lo hace mientras, en su habitual discurso mesiánico, anuncia que su empresa se va a disparar. De momento, no lo ha hecho y el recorte se debe a las malas previsiones del valor de la marca. ¿De qué demonios te sirve tener una superempresa que vende más de lo que produce y un dineral en el banco si no puedes resistir el despido de 200 personas? ¿Qué tipo de economía justifica y soporta esto? ¿Para quién se hace todo lo que se hace?

En Euskadi lo sabemos

La conflictividad sindical, la constante insistencia de la oposición parlamentaria por destruir en vez de por construir, y la carrera de Bildu en Congreso y Senado por convertirse en aquello que siempre han odiado, están logrando que volvamos a una época afortunadamente pasada: cada vez cuesta más encontrar una buena noticia sobre Euskadi, tanto en Euskadi como fuera de Euskadi. Pero de vez en cuando siguen apareciendo, como la pieza en El Periódico de España sobre Gizonduz, el plan del Gobierno Vasco para implicar a los hombres contra el machismo, que ha merecido un reportaje en el periódico de Prensa Ibérica.

En las antípodas

En el otro rincón del cuadrilátero encontramos a EE.UU., por lo menos a esa parte que está convirtiendo el cristianismo en una especie de religión extremista, y que ha dado a pie a decisiones como la de la ilegalización del aborto, y ha permitido emerger a personajes como Lauren Boebert, una congresista republicana, activista a favor de las armas y que, según The Whasington Post, que dice estar cansada de la separación de poderes entre Estado e Iglesia. Boebert asegura que es la Iglesias la que tiene que dirigir al Estado, y no el Estado a la Iglesia. Parece loco, pero este también es el debate. Estamos todas y todos en peligro.

Dejemos de perder tiempo y dinero

Las millonadas que se han movido con las criptomonedas resultan inexplicables, y algunas caras de pardillos son los poemas que debemos recitarnos para no ir a peor ahora que los “mineros” venden sus equipos porque mantenerlos cuesta más que las monedas virtuales. David García-Asenjo lo resumía muy bien en Twitter: “Una forma de especulación que ha derrochado energía, ha encarecido el precio de componentes electrónicos y ha ocasionado problemas de suministro durante años para que todo eso se haya desvanecido como el humo. Una hoguera para quemar dinero que a muchos les parecía estupenda”.

Y tengamos más debates honestos

En plena crisis de suministros el mundo avanza hacia una nueva trampa al solitario: el coche eléctrico no es la solución a ningún mal. ¿Estamos seguros que con la producción de energía eléctrica actual podemos cambiar todo el parque móvil? ¿O se trata de que haya menos coches porque estos se convertirán en inaccesibles (“Comprar un coche en 2035 podría ser inaccesible para millones de españoles”, según Vozpópuli)? ¿Dejaremos de consumir combustibles o estos se usarán para generar más energía? ¿Será el uranio el nuevo petróleo y los países productores los nuevos emiratos? ¿Por qué nos ocultan la verdad como a niños?

Siempre quedará Alemania. O no

“Una semana de 42 horas sin duda sería más fácil de implementar que una introducción general de pensiones de jubilación a los 70”, esta es la disyuntiva que planteaba recientemente el presidente de la Federación de Industrias Alemanas, Siegfried Russwurm, según Magnet. Los partidos de izquierdas, evidentemente, se han manifestado en contra del falso dilema. Su problema no son las pensiones, sino los 1,7 millones de puestos de trabajo que están sin cubrir. Pero, ojo, porque “Alemania es un país que lleva 25 años haciendo crecer la parcialidad de los empleos”, y este hecho también explica la espectacular cifra.

Una vez más

Se llamaba Ghufran Hamed Warasneh, tenía 31 años, era periodista, acababa de empezar a trabajar en una emisora de radio, y ha sido asesinada por el ejército israelí en Cisjordania. Una vez más, abrimos la columna con una muerte violenta, arbitraria, atroz y que, por supuesto, intentarán justificar. Las fuerzas israelíes hablan de confusión, pero ya no cuela como un equívoco que, además, haya habido cargas durante el funeral de esta joven periodista palestina. ¿Qué más tenemos que ver? ¿Cuántos funerales tenemos que contar? ¿Cómo podemos aprovechar esta etapa de sensibilidad para parar a los más inhumanos?

Y otra

Un nuevo tiroteo en EE.UU., esta vez en Oklahoma, en un hospital al que el tirador fue a buscar un médico, según El Periódico de España, ha dejado otras cinco personas fallecidas. Cinco féretros y cinco funerales, y cinco excusas para que los republicanos sigan diciendo que esos asesinatos podían haberse evitado con más armas. ¿Tienen que ir con la pistola al cinto las y los médicos? ¿O mejor se lo encargamos al personal de enfermería? Yo creo que la mejor opción es que los representantes políticos estadounidenses que están a favor de las armas hagan guardia en lugares estratégicos para evitar la siguiente masacre.

La solución australiana

Hace poco leí en Twitter, no recuerdo a quién, que tenía que ser muy difícil ser una persona normal en EE.UU., y estoy completamente de acuerdo. ¿Qué tiene que pensar una persona normal que oye que la solución a los tiroteos es que haya más personas armadas? ¿Cómo tiene que desesperarse una persona normal en EE.UU. que lee este titular y ve que es despreciado por la mayoría de quienes toman las decisiones: “Australia confiscó las armas a sus ciudadanos. Desde entonces no ha tenido tiroteos masivos” (Magnet)? En solo tres meses, el gobierno insular legisló, requisó y destruyó un millón de armas, y solucionó un problema.

No todo es para consumo propio

La invasión Rusa sobre Ucrania ha servido para despertar cierta sensibilidad: hay muchísimo sufrimiento que cae sobre las personas como una lotería desgraciada, y casi todo es evitable, además. Lo vemos también en Israel. Y en EE.UU. cada semana. También ha servido para que conozcamos el armamento por el que pagamos vía impuestos, y sus novedades. Estamos más al día que nunca. Por eso también llegamos a enterarnos de que “las armas rusas capturadas están llenas de microchips estadounidenses” (Galaxia Militar). Chips que el gobierno ruso adquirió cuando Putin era solo un león dormido al que cebábamos sin parar.

El reverdecer de las alianzas

Pero el efecto más importante de la invasión rusa sobre Ucrania, porque va a afectar a millones de vidas en las próximas décadas, es el estado de ánimo que ha generado en los estados, más favorables que nunca a dar pasos hacia alianzas. No solo es la integración en la OTAN de países que se resistían a dar el paso, o las ganas de la propia Ucrania de ser admitida en la Unión Europea: “Abrumador respaldo en Dinamarca a entrar en la política de defensa de la UE. El país nórdico elige acabar con 30 años de excepción y se une así a la política de fortificación en defensa de Suecia y Finlandia”, leemos en República.com.