Mis dos minutos de odio

Escribo esta columna profundamente enfadado, conmigo mismo y con todo lo que veo. Somos imbéciles, no hay otra explicación: la pandemia avanza porque se lo ponemos fácil y no cumplimos las normas. Y quien me venga con que los gobiernos criminalizan a la ciudadanía se puede ir a la mierda: si todos hiciéremos caso a las obligaciones y recomendaciones estaríamos mejor. No es menos cierto que hay normas que nadie comprende: “La ministra Maroto considera que la llegada de turistas de la Unión Europea ‘no es un elemento de riesgo’”, tuitean en El País. Pues ya me lo puede explicar con dibujos sencillos.

La asquerosa pelea política

A Bildu se le apaga el foco y no deja de agitar la farola para que siga alumbrando: su doble estrategia de acoso y derribo al gobierno vasco durante la pandemia y de facilidad absoluta al español está más que agotada. Pero siguen intentado rascar el fondo: Maddalen Iriarte habla ahora de colocar a una alcaldesa de Bildu en el LABI. Ahí están los de la pureza, preocupados por las cuotas y por meter un caballo de Troya nada menos que en el espacio en el que se toman las decisiones para frenar la pandemia. Porque todo vale si le vale a la izquierda abertzale, lo sabemos bien en este pequeño país.

Somos unos irresponsables

Mi profundo cabreo lo provoca el cansancio, la incoherencia, el oportunismo y, sobre todo, la irresponsabilidad. La de la ciudadanía, la del periodismo y la de la política ante la pandemia. Empiezo por incluirme en todas las categorías en las que encajo: como ciudadano tomo malas decisiones. Y como periodista me enfada saber que nos colaron el riesgo de AstraZeneca, y que eso influyó en las decisiones de los políticos, a su vez, agotados del acoso de oposición o sindicatos y las críticas públicas. Ahora nos toca remontar y recuperar la confianza en la vacuna de la que llegarán millones de dosis hasta verano.

Como para no ciscarse en algo

Insisto en que lo que más me enfada es la irresponsabilidad en medio de toda esta mierda. Porque ya no se trata de un cúmulo de errores, del desconocimiento o de que ha tocado un o una incapaz para gestionar algo tan grave. La irresponsabilidad hoy es una opción, es un modo plenamente consciente de enfrentarse a la pandemia, y ante ella tenemos que revelarnos con saña: “Las elecciones en Madrid vuelven a parar la renovación del CGPJ y se congelan las negociaciones de todas las instituciones”. Si este titular en Público no es para ciscarse en la política española, sus protagonistas y sus asesores, ¿qué lo es?

¡Lo que nos faltaba!

Los que trabajamos desde casa lo hacemos muchas más horas que antes de la pandemia. Es un mal global. Las pocas opciones de salir a la calle y las distracciones cotidianas del hogar nos empujan a estar más accesibles, a pasar más horas delante del ordenador, a cabrearnos (en mi caso) y a engordar (también, en mi caso). Lo que nos faltaba era esto de Pymes y Autónomos (por lo general, un blog recomendable): “Aprender a trabajar desde casa y en un entorno siempre conectados es imprescindible”. No. Lo que es imprescindible es aprender a desconectar aunque estemos en casa o con cobertura.

Se llama conciliación

Antes de la pandemia y del teletrabajo por obligación, la de la conciliación era la mentira más grande que nos habían contado: compartir el cuidado de las hijas e hijos y mantener un trabajo en condiciones normales es una misión imposible que casi hemos olvidado con las restricciones. Durante el fin de semana he echado un ojo a la web que ha puesto en marcha el departamento de Igualdad y Políticas Sociales: Kontzilia, con información clara sobre a qué tenemos derecho y cómo podemos facilitarlo. Cuando remita el coronavirus llegará lo más importante: promoverlo. Y ojo, que quien no tiene hijos también tiene derecho a conciliar.

Por esto pierde Ciudadanos

El problema de Ciudadanos no es la moción de censura en Murcia, ni la convocatoria electoral de Díaz Ayuso, ni el goteo de despedidas malsonantes. El movimiento contra Fernando López Miras solo ha precipitado lo que iba a pasar por culpa de una deriva inaguantable que solo a los que estaban autointoxicados les parecía bien: Marcos de Quinto, gestor de empresas de éxito y diputado de los malos en la bancada naranja, siembra ahora dudas sobre el proceso electoral. El mismo que le llevo al Congreso, ¿qué más da? Algunos han decidido abrazar el manual de trumpismo para dummies y el ridículo absoluto.

Crece el nacionalismo galés

Antes de la pandemia pero con el Brexit y el trumpismo consumados me avisaron de que estuviera atento para apreciar un nuevo reverdecer de los nacionalismos sin estado en Europa. Y el tiempo solo le ha dado la razón a quien lo tenía tan claro: en Descifrando la Guerra hablan del crecimiento del nacionalismo galés. Lejos aún de la fuerza política y mediática del escocés, estaremos preparados para ver cómo trata esta vez Londres un nuevo foco de reivindicaciones desde el Sur donde el laborismo está cediendo terreno en favor de los nacionalistas (más próximos a la socialdemocracia) pero también los conservadores británicos.

Arbitrario es arbitrario

Si Twitter puede decidir a su criterio quién puede estar en la red social y quién no, incluyendo al mismísimo Trump, poco margen tiene para quejarse si Rusia decide que en su territorio esta web no será accesible. Que quede claro: me parece bien lo primero (la ausencia de Trump en cualquier plataforma) y mal lo segundo (la ausencia de Twitter en un país). Pero si uno es arbitrario y lo expone con claridad no puede evitar que otros también lo sean, evidentemente. No creo que Rusia culmine la amenaza que explican en Trecebits pero ha dado un paso más hacia el control de mensajes y redes en su conjunto.

Sí, el gobierno megaprogre

“El Consejo de Ministros volverá el próximo martes a conmutar penas a convictos a petición de cofradías y hermandades en pleno proceso de distensión con la jerarquía eclesiástica”. Este es un extracto sacado de la web de Público. Y el consejo de ministros al que se refieren es uno en el que estarán Pedro Sánchez y Pablo Iglesias a menos que anuncie, en otro giro de guion, una dimisión sorpresiva. Así que el gobierno español superhipermegaprogreplus “recupera los indultos de Semana Santa en otro guiño a la Iglesia”. La católica, para que no le quede a nadie ninguna duda. Pero meapilas siempre seremos los demás. Ya. Claro.

Quinto día, quinto traspié

No sé lo que nos deparará el futuro inmediato de Pablo Iglesias pero todos podemos aventurar declaraciones grandilocuentes y, sobre todo, muchísimos titulares. El líder de Podemos va camino de matarnos de aburrimiento y él va camino de hacerse un esguince en sus múltiples tropiezos: su candidatura nace coja y tuerta, y su figura política se ha debilitado claramente desde que Más Madrid le dio calabazas, Sánchez, Ábalos y Calviño pasaran de él y, finalmente, el resto el sector socialista del ejecutivo se atreva a expresar “satisfacción” (El Independiente) por su marcha del consejo de ministros después de haber agotado los eufemismos.

Malas decisiones… En un mal momento

Javier Vizcaíno tuiteaba lo que muchos pensamos: “Si no hubiera una pandemia con 100.000 muertos en un año, esto sería hasta divertido”. Pero si no nos lo tomamos con humor y cierta sátira igual no podríamos soportarlo: en plena pandemia el ministro de Sanidad y el vicepresidente de Derechos Sociales del mismo gobierno han abandonado el barco para presentarse a las elecciones catalanas y madrileñas, respectivamente. No hay por dónde cogerlo, no hay manera de explicarlo, no hay forma de convencerse de que esto está bien y no todo lo contrario. Y si se creen los de House of Cards no saben lo catetos que resultan.

Justicia o libertad

Isabel Díaz Ayuso no tuvo reparos en cambiar su “socialismo o libertad” por “comunismo o libertad” cuando Pablo Iglesias hizo su gran anuncio hace solo unos días. Es evidente que la presidenta de la Comunidad de Madrid no tiene problemas de vergüenza. Parafraseándola, ¿no sería posible hablar de “justicia o libertad” después de leer este titular en Público: “En libertad los dos policías que dieron una paliza a un vecino en Linares”? Después de la detención de los agentes surgieron varias denuncias de acoso en el municipio. ¿Y si la orden de alejamiento a las víctimas resulta suficiente, de qué hablaremos?

Un fenómeno, por desgracia

Toda esta política de bajo nivel no sería posible ni explicable sin la espectacularización a la que la audiencia se ha acostumbrado y, a estas alturas, ya demanda. La política, como la tele, necesita eventos y grandes shows para captar a espectadores cada vez más ligeros y que consumen a gran velocidad. Así, Trump ha pasado y casi ni nos acordamos de él… Pero sí lo hacen en las televisiones estadounidenses: el espectáculo imprevisible y sin fin del republicano generaba interés y, con este, las noticias y los buenos resultados de share. Esta certeza y estas necesidades son señales claras. Tanto que verlas es cuestión de voluntad.

A este juego juegan todos

Empezábamos la semana muy entretenidos con la entrevista de Harry de Inglaterra (o Henry, o William, que me da igual: el pequeño, el pelirrojo, el que se disfrazó de nazi y tiene pinta de golfo) y Meghan Markle. La pareja lloraba delante de la cámara por la incomprensión de la familia real británica que a la actriz le había costado una bajona guapa. Y terminamos la semana con las declaraciones del padre de Markle, que “insinúa que el príncipe Harry no la cuidó durante su depresión”. A este juego de declaraciones pagadas, burradas y acusaciones como si no costaran pueden jugar todos. Cosas de reyes y de la tele.

La que todo lo compra

Esperanza Aguirre empezó su andadura al frente de la comunidad de Madrid con el famoso Tamayazo y marcó el rumbo liberal que hoy sublima Díaz Ayuso. También intento huir de una multa con su coche, arrollando una moto de la policía municipal. Aguirre es de esas mujeres que nunca han pasado frío y cree que todo lo pueden comprar. A punto de salir de esta pandemia se pregunta: “¿Por qué no nos dejan comprar la vacuna en las farmacias si vale 8 euros?” (OK Diario, cómo no). Abraham Maslow ya predijo a Aguirre cuando formuló aquello de que “si solo tienes un martillo el mundo te parecerá un clavo”.

“Han”, no, Isabel: “Has”

El anuncio de elecciones en la Comunidad de Madrid lo eclipsa todo: la política más kamikaze hoy en España se ha lanzado a una carrera electoral fuera de lugar y de tiempo con la que espera afianzarse más. Antes de ese anuncio, lanzaba un último discurso que ahora suena de otra manera: “Han promovido una madrileñofobia nunca vista hasta el momento, desleal e injusta”, decía Díaz Ayuso y titulaba Público. Pero la presidenta erraba con la persona del verbo: es Ayuso la que ha “promovido” esa “madrieñofobia” de un modo “desleal” a su propia ciudadanía e “injusto” con las y los madrileños, claramente.

No pueden decir que han sido los socialistas

En todo no están en desacuerdo PSOE y Podemos. Pero ya es casualidad, o vaya usted a saber qué, que justo vayan a coincidir en echar un capote al ministro Grande-Marlaska cuando varios grupos del Congreso le requieren para que investigue la muerte de Mikel Zabalza después de las últimas pruebas halladas y que señalan directamente a las torturas como causa del fallecimiento. Gracias a Podemos y PSOE, el ministro no tendrá que comparecer. Pero sí tendrían que hacerlo los de Iglesias y Echenique para explicar ese voto, esa coincidencia y esa ocultación por acción. Zabalza no es una película, es una vida y una familia.

Qué pobreza política…

La derecha española está en horas muy, muy bajas. Y eso deja a la auoproclamada izquierda como la menos mala de las opciones. Pactar, hablar, negociar y acordar: coincidir, en una palabra es, precisamente, hacer política, y quien niega eso como el parlamentario de Ciudadanos en la CAV, Luis Gordillo, niega la política: “Podemos, IU, PNV y Bildu votando junto a Marine Le Pen a favor de Puigdemont”, tuiteaba. La respuesta evidente se la daba otro tuitero: “Lo dice el mismo que votó hace menos de un mes en contra de los Presupuestos Vascos junto a EH Bildu, Elkarrekin Podemos y Vox”.

El culebrón del año

Como la monarquía inglesa ni la pago ni me afecta, me entretiene: el culebrón que están protagonizando sus herederos puede ser el mejor del año. Lleno de dramas forzados y acusaciones veladas… Confieso que apenas me sé los nombres (William, Harry o Henry me sirven para referirme al pelirrojo de los hijos de Lady D), pero la historia me fascina: así que una parte de la familia decide pirarse e Isabel II cierra el grifo de la pasta, la parejita se enfada y acusa a la reina con su clan de racismo y maltrato psicológico. Y todo esto se lo cuentan a Oprah Winfrey, a la que confiesan estar cansados de los medios.

Llegan las vacunas… Y las vacunaciones

Después de un montón de frustración y unos cuantos chistes que ríen quienes aplauden el cuanto peor, la vacunación empieza a avanzar a buen ritmo por fin… Y porque hay vacunas, evidentemente. Desde la más alta instancia europea hasta el más normal ciudadano con los ojos abiertos conoce el ninguneo de las farmacéuticas y sabe que es un error politizar una cuestión tan sensible desde el gobierno (Ayuso) o la oposición (Ubera, Hernández o Garrido). Por otro lado, el ministerio encargado del reparto no ha ayudado mucho con el baile de cifras e incluso su ocultación cuando faltaban dosis comprometidas.

Lo que tuvimos que aguantar…

ETA fue quien mejor apuntaló el régimen del 78, como lo llama ahora Otegi, imitando a Pablo Iglesias. Nada como la banda terrorista sirvió para tapar la existencia de quienes hoy votan a Vox o de socialistas que no se hacían del PP por el que dirán. En Euskadi tuvimos que aguantar que muchos interesados y unos cuantos tontos nos dieran lecciones. Hoy, sin el manto de ETA, a todos se les ven las costuras: Isabel San Sebastián, que hace años parecía una premio Pulitzer, hoy no pasa de ser portada en Periodista Digital por acusar a Irene Montero de ser ministra por acostarse con Pablo Iglesias. Ese es y fue siempre el nivel.

Stop al facha

“Defiende el Ramiro, odia a la ultraderecha”, ese es el lema que la asamblea de estudiantes del Instituto Ramiro de Maeztu ha lanzado para rechazar la presencia de Ortega-Smith en sus instalaciones. Incluso con todo lo que me aleja de esas asambleas que tan bien conocí cuando era estudiante en la CAV, el rechazo a la fachada me une a ellos por completo. Leía esta noticia en Público poco antes de saber que Díaz Ayuso había vetado la charla de la ministra Montero en otro instituto para no ideologizar al alumnado. De una ministra, sí. Vamos, que en Madrid la cosa está clara: la extrema derecha puede hacer lo que el gobierno no.

Cantaban el “cara al sol”

“Han venido unas señoras cantando el Cara al Sol y han agredido a una señora”. Cuando Vozpópuli publica una noticia en la que esta declaración está en el octavo párrafo sabe que no relega una anécdota, sino la noticia: unas fachas fueron a reventar una manifestación feminista y lo lograron provocando altercados que son más relevantes que la motivación política. Y no debería de ser así: los empujones a las fascistas son consecuencia lógica de una agresión, la de entonar una canción del régimen. Y que la extrema derecha mandara a unas viejas a modo de comando femenino tampoco es casual.

Libertad de acción

Quien lea este periódico habitualmente puede disfrutar casi a diario del trabajo de José Mari Martínez y el resto de fotógrafos del Grupo Noticias. Pero Twitter tiene una dimensión especial y que Jon Larrauri haya subido una fotaza de Martínez, el fotógrafo agredido en la manifestación de Bilbao de apoyo a Pablo Hasél, importa: así no solo las y los lectores pueden apreciar su labor, esta vez, durante el último partido del Bilbao Basket. Este es el trabajo de Martínez, su arte, su modo de expresión, ese que el agresor decía defender a hostia limpia con un profesional y vandalizando Bilbao. Que quede claro.