13 niños

Nada ni nadie muestra qué es Vox mejor que ellos mismos: “¡Última hora! Vox Andalucía deja de apoyar al Gobierno andaluz tras la irresponsable decisión de acoger 13 menas procedentes de Ceuta”. 13 niños que huyen desesperados de la falta de oportunidades en el lugar en el que han nacido y crecido son la excusa de un partido para dejar en minoría a un gobierno. 13 niños cuyo principal problema para Vox es que emigran desde un país pobre. Es un absoluto disparate y es un autorretrato nítido, enfocado e iluminado: la extrema derecha hace campaña con y contra menores sin una pizca de humanidad.

Es responsabilidad de todas y todos

Da igual que Vox se empeñe en mostrarnos qué es, porque cuando Santiago Abascal viaja a Ceuta para sacarse la foto y colarnos sus mierdas racistas, se encuentra con un montón de micros y cámaras, y hasta una conexión en directo con el programa de Ana Rosa Quintana. En este sentido, Julen Bollain señalaba la hipocresía de algunos que mostraban su apoyo a la voluntaria de la Cruz Roja que se abrazó con un inmigrante: “Hoy todos tuiteando #OrgulloLuna, pero mañana veremos en platós de televisión a quienes inhumanamente la han acosado. A lo mejor va siendo hora de no seguir prestándoles el altavoz”.

En efecto

La humanidad no es una opción, ni un derecho, ni una obligación: es inherente a cada una de nosotras y nosotros. Y dejarla de lado requiere un esfuerzo que, primero por tontos y, después, por egoístas, muchos han decidido realizar. Desde luego, yo no renuncio a emocionarme, ni a preocuparme porque un niño decide abandonar a su familia cuando surge una oportunidad y considera dormir en la calle un paso hacia delante. Y por eso quiero que mi gobierno actúe (y lo está haciendo). MAG resume en Twitter mejor que yo lo que quiero decir: “‘Pues acógelos tú’. Eso pretendo, para eso pago impuestos”.

Vamos a hablar de todo

El porqué de cada persona que emigra me interesa más que el porqué del gobierno marroquí para abrir la frontera como lo hizo. Doy por hecho, además, que aunque intuyo algunos motivos, siempre me faltará una parte de la información. Por suerte, Danilo Albin ha descrito en Público cómo entre 2016 y 2020 España dio casi 30 millones a los campos de refugiados saharauis… Y vendió casi 90 en material armamentístico a Marruecos. Solo el buque para la marina de aquel país costará 150 millones. Así que los 30 de urgencia para controlar la frontera (y cerrarla de nuevo y rápidamente) ahora parecen otra cosa.

Y de lo que importa

¿Qué sátrapa es capaz de usar a los niños de su país como arma arrojadiza y motiva una serie de engaños para lanzarlos a lo desconocido y a la angustia de familias enteras? El rey de Marruecos, muy amigo, por cierto, de Juan Carlos I ¿y de Felipe VI? Esto que leemos en El Faro de Ceuta es estremecedor: “Hubo menores que pensaban que venían de excursión. A otros les dijeron que podrían ver un partido de fútbol en el que jugaría Cristiano Ronaldo. Los más consideraban esto un juego. (…) Muchos vieron que iba gente corriendo, dijeron que habían abierto la frontera, que era como una fiesta, y se marcharon”.

La vergüenza del mundo

La ocupación israelí por decreto siempre fue una barbaridad. Hoy, con tantas cámaras apuntando a los hechos, una buena calidad de difusión al instante y la multiplicación de los canales, es una vergüenza que vemos sin filtros y ante la que no podemos permanecer quietos. Por eso a Israel se le están volviendo en contra bastantes actores internacionales (medios, gobiernos, prescriptores, etc.) que antes cooperaban con la causa sionista. Se acabó. Y cuando algo se acaba algo tiene que empezar: la intervención, las medidas, la implicación y el fin del bochorno que en 2021 no justifica ninguna culpabilidad histórica.

Pero, ¿quién anima en una guerra?

¿Quién anima en una guerra? ¿Quién es tan cafre que no solo se posiciona, sino que aposta ante el ordenador como un hoolilgan viendo un partido desde casa? ¿Quién, en un momento en el que todos tienen que abrir los ojos, insiste en defender lo indefendible? Toni Cantó, sí, que no dudó en tuitear: “¡Ánimo, Israel!”, con la dramática foto de AFP en la que se ven los misiles palestinos y las defensas israelíes volar. Pero el problema no es el nombre propio: el criterio de Cantó ya no le importa a nadie. El problema es el perfil de persona a la que representa… Y que resulta útil hasta a tres partidos.

Un país que respeta a los suyos

El ACAB y la pelea contra los poderes puede ser pasable en los de 15 años. Quien trabaja, cotiza y paga un alquiler o una hipoteca y se ha quedado anclado en el odio a la policía y el ataque sistemático a quien gestiona, tiene un problema de inmadurez o de otra cosa. En resumen: un país que respeta a sus instituciones es un país más civilizado, para empezar, porque esas instituciones son ejemplares. Pero también es una cuestión de actitud que se retroalimenta, como en en el rifi-rafé entre Erkoreka y Arzuaga sobre los ataques de Ernai a la Ertzaintza, en el que la actitud de ambos era contrapuesta y, a la vez, muy elocuente.

No a la demagogia

A Bildu ya solo le falta repetir lemas y actitudes de campaña del PP madrileño. Después de la justificación de lo injustificable a la que nos tiene acostumbrados abrazó la demagogia y el populismo como, por ejemplo, con la bajada de sueldos de los representantes de la ciudadanía: que un político gane bien es una medida progresista. Y eso es de primero de democracia. Ahora lo vemos más claro en Italia: Mario Draghi renuncia a su salario como primer ministro y eso está claramente mal. Si aplaudimos y acabamos naturalizando que los ricos nos administren a los pobres como un gesto altruista, damos un paso atrás.

No podemos olvidar los principios

En resumen: Draghi y quienes van de generosos con sus bajadas de sueldo no lo son, al contrario: son soberbios o capciosos. No podemos perder de vista lo básico, no podemos olvidar los principios, no podemos dejar que nos distraigan para que perdamos el camino por el que hemos llegado hasta aquí. Por desgracia, las y los periodistas colaboramos con quienes ponen vendas en los ojos y dejamos de llamar a las cosas por su nombre. Por suerte, a veces seguimos leyendo verdades en los titulares: “Reino Unido y Estados Unidos no han sido los mejores vacunando. Han sido los más egoístas” (Magnet).

Un nazi es un nazi

Podemos discutir la intención de Pablo Iglesias enfrentándose a un nazi con las cámaras delante, la escolta detrás y en precampaña de las elecciones autonómicas madrileñas. Pero no podemos discutir la presencia del nazi ni la necesidad de hacerle frente. La extrema derecha se ha hecho visible y se exhibe con total impunidad en España. ¿Por qué? Porque muchos medios y opinadores, demasiados aunque solo sea uno, la blanquean sin rubor ni consecuencias. El escritor Manuel Rivas resumía muy bien en Twitter esta intolerable situación: “Si un periodista no ve un nazi donde hay un nazi o no es un periodista o le gusta el nazi”.

¿Y que otro les haga frente?

No entiendo a Pablo Iglesias y cada día que pasa estoy más seguro de que le hemos sobrevalorado. No entiendo, por ejemplo, estas declaraciones en el día de su despedida como vicepresidente: “He confirmado que enfrente del Gobierno hay oligarquías que ejercen su inmenso poder” (InfoLibre). Eso se dice el día que te incorporas, que anuncias una reelección o que pasas el ecuador de la legislatura, pero, ¿el día que lo dejas? ¿Cuál es el mensaje, que ante esas oligarquías se peleen otros u otras que él se va a un destino mucho más tranquilo como es la Comunidad de Madrid? ¿Que solo estaba ahí para levantar acta?

Esto tampoco lo entiendo

Si cualquier otro político que no fuera Pablo Iglesias hubiera dicho esto: “Yolanda, Ione e Irene tienen formas más amables que las mías, pero igual alguno me echa de menos en las negociaciones”, también sería el titular de portada en Público y sería leído por muchos seguidores de Iglesias pero de un modo completamente opuesto. ¿Qué quiere decir el líder de Podemos, que ellas son más amables pero él es el duro de pelar? ¿De verdad no ven el evidente paternalismo de Iglesias? Lo peor, como en el caso de otros políticos, no es que lo diga ni que lo digamos otros, es el hilo de ideas con el que llega a esa frase.

Nos estamos dejando llevar

Es evidente que los periodistas nos estamos dejando llevar. Aquí estoy, hablando de la campaña en la Comunidad como si nos fuera algo en ello. Hablando de las ayusadas como si nos afectasen. Hablando del sionismo que dictan las iglesias pablistas como si fuera relevante. Hablando de que José Luis Martínez-Almeida critique que en Las Cosas Claras (La1) hablen de las aglomeraciones en Madrid… Y muestren una playa abarrotada. Los de Jesús Cintora, evidentemente, también se han dejado llevar, y el que esté libre de pecado que lance el primer titular. Si los políticos nos hacen esta crítica, igual tenemos que hacer autocrítica.

Con cabeza y corazón

A estas alturas de la pandemia no hace falta que nos digan cómo nos contagiamos porque lo sabemos. A estas alturas de la pandemia sí hace falta que alguien nos diga, como dijo el lehendakari Urkullu cuando anunció las medidas para Semana Santa, que entiende nuestra situación emocional. Más que nunca, a estas alturas de la pandemia, insisto, necesitamos cabeza y corazón, que es lo que piden desde Osakidetza y el Gobierno a quienes vamos a vivir con intensidad la noche del sábado por culpa del fútbol. Ya sabemos que no podemos juntarnos y que sí podemos disfrutarla en casa. Es así de fácil. Hagámoslo.

No es el teletrabajo, es la conciliación

Nos vamos acercando al teletrabajo: si durante el confinamiento, con nuestros hijos en casa, no podíamos hablar de teletrabajo, lo que hacemos ahora, con los horarios de la ikastola reducidos, se le va pareciendo. Pero hasta que no volvamos a la normalidad y las empresas se lo planteen independientemente de la pandemia o el modelo de familia del empleado, no podremos hablar de teletrabajar. Y cuando lo hagamos deberemos tener en cuenta la conciliación, que no es lo mismo, como recuerdan en Pymes y Autónomos: el trabajo o el teletrabajo debe permitirnos conciliar, pero no con la familia, sino con nuestra propia vida.

En efecto

Esta Semana Santa, durante nuestras excursiones por la CAV nos cruzaremos con turistas europeos. Ojo, que como recuerda Jorge Matías en Twitter: “Nosotros también podemos salir a otros países de Europa con pandemia”. Él mismo apostilla con igual tino: “Pero somos unos muertos de hambre”. Es cierto, pero también lo es cierto que nos compensa salir de Euskadi o España menos que a un europeo venir porque el cierre de la hostelería y los toques de queda son más restrictivos allá donde vayamos. Y esas certezas, la de la pobreza comparativa y la de la flexibilidad, debería darnos en qué pensar durante las vacaciones.

Le hemos sobrevalorado

Pablo Echenique seguramente sea el político más sobrevalorado de la actualidad. Pero desde que anunció en su despacho de vicepresidente que sería el candidato de Podemos en las elecciones a la Comunidad de Madrid, Pablo Iglesias empieza a disputarle el puesto. El líder morado ha demostrado que no mide bien. Y después de dejar que todos lo veamos, se lanza a por esto: “Iglesias cree que siendo ‘vice’ de Madrid tendrá más poder que en el Consejo de Ministros” (La Política Online). Ese poder lo negoció y aceptó el propio Iglesias, y ese antecedente lo firma también él ante lo que pueda llegarle.

Pretorianas

Más allá de la falta de visión y medida que ha demostrado el líder de Podemos, es evidente que los que vinieron a regenerar la política están repitiendo todos los vicios y errores de los que señalaban. Iglesias no es solo el niño en el bautizo, el novio en la boda, el líder en el partido, el candidato en las europeas, el candidato en las generales, el vicepresidente en el gobierno y el candidato en las autonómicas: quienes forman su guardia pretoriana, de la que forma parte Ione Belarra, parece que son las únicas personas capaces de cubrir las funciones que abandona. Una cosa es la confianza… Y otra la exclusividad.

Los debates pendientes

La burocracia y el funcionariado europeo ha quedado en evidencia durante la pésima negociación que ha hecho con las empresas farmacéuticas. Pero incluso pese a la torpeza, Europa seguirá siendo un territorio privilegiado y recibirán muchas más vacunas y mucho antes que otros países en vías de desarrollo, como recuerdan en Público. ¿Y qué hacemos? ¿Seguimos obviando el tema o nos enfrentamos a la realidad de que la escasez y el dinero pone por delante a unos? ¿Empezamos a admitirlo todos o tendremos que seguir aguantando a quienes van de solidarios sabiendo que no tendrán que tomar la decisión?

Comunicación y política

Pocas veces tengo la oportunidad de escribir sobre lo que realmente es lo mío: hace bien la ministra española de Igualdad en aprovechar el maltrato que Rocío Carrasco denunciaba en Telecinco para explicar la importancia de arropar a la víctima y de alejar al maltratador. Pero un hilo en Twitter no era el medio: Irene Montero (y otros en Podemos) tiene que hacerse mayor y alejarse de la comunicación on-line que se hace con el móvil. Su reflexión, como ministra que es, hubiera tenido encaje en un artículo de opinión bien escrito. Su hilo en Twitter solo es carnaza y no centra la atención en lo que dice.

Qué asco

El PP se ha creado un problema: solo era cuestión de tiempo que viéramos el muestrario de políticos de bajísimo nivel que ha incorporado Pablo Casado. La semana pasada Carmelo Romero demostró lo poco que le importa la ciudadanía que, tras un año de pandemia y encierros, ve afectada su salud mental. Y esta semana el diputado cántabro Diego Movellán ha escrito y leído una supuesta gracieta a la ministra Yolanda Díaz sobre que en Podemos todas las mujeres medran agarradas a una coleta. Aplico para Movellán el mismo criterio que para Romero hace solo unos días: no deberían de dimitir, es el PP el que debería cesarles.

No se libra ni uno

Si lo de la derecha española repugna lo de la izquierda española huele fatal: “Gabilondo rechaza pactar con Podemos tras las elecciones y tiende la mano a Más Madrid y Cs: ‘Con este Iglesias, no’”, leemos en Público para preguntarnos de inmediato si lo que no vale para Madrid sí vale para España. ¿Cuándo nos miente el PSOE, cuando Sánchez nos asegura que le unen muchísimas cosas a Iglesias o cuando su candidato en Madrid lo veta porque se ha echado al monte? El Iglesias al que Gabilondo repudia sigue siendo vicepresidente del gobierno español y tratar a la ciudadanía como si fuera idiota sigue siendo muy mala idea.

¡Pero qué cara más dura!

Si la aseveración de Gabilondo sorprende, la respuesta de Iglesias hace que nos preguntemos si cuando no les vemos se ríen de nosotros: “A la derecha le interesa que estemos con pullas” (El Independiente). Esta ha sido la contestación nada menos que del vicepresidente español que el mismo domingo aseguraba que iba a ganar al ala socialista de su gobierno en el tema de vivienda y que lleva meses exhibiendo sin pudor ni inteligencia cada pulso dentro del ejecutivo que, insisto, hoy vicepreside. La campaña madrileña se basa sin duda en la desvergüenza, el morro, las grandes palabras y las más grandes miserias políticas.

Por cierto

La actual movida madrileña (protagonizada por pijos que van de modernos, como la primera) eclipsa cualquier otra noticia política en España, como el fracaso de la moción de censura del PSOE en Castilla y León. Al final, ni socialistas ni Ciudadanos han conseguido los gobiernos por los que pugnaban, pero no creo que los de Sánchez hayan perdido demasiado: han dejado algún pelo en las gateras parlamentarias de Murcia y Valladolid, vale, pero han abierto en canal a Ciudadanos para repartirse las vísceras con PP y Vox, y han provocado el terremoto de Madrid al que no ha podido resistirse Iglesias.