La conga

La EHU no puso un examen de matemáticas especialmente difícil en la selectividad, ni corrigió exámenes de euskera a cara de perro. Pero la EHU tiene la responsabilidad, aunque solo sea por elevación, y es absolutamente reprochable que, ante las quejas (y ante las consecuencias para las familias de las chavalas y los chavales afectados), el equipo rectoral se haga el muerto. Quiere la casualidad (o el protagonismo) que en mitad de la tormenta el calendario señale la fiesta (otra) en San Mamés para las y los licenciados, con conciertos (¿por qué no hablamos de las licitaciones?) y hasta con una conga. Lo que no quiere esta EHU es responder.

Rechaza la IA para chorradas

Creo que Internet es una herramienta magnífica (que nos permite guiar barcos u operar a distancia) y también creo que ese Internet comercial (empezando por las redes sociales) es lo peor que nos ha pasado a la humanidad. De la misma manera, sé que la IA es un avance extraordinario que estamos usando fatal y sin medir las consecuencias. De hecho, la inmensa mayoría (incluidas la mayoría de instituciones) deberíamos usar menos Internet y la IA, y dejarlas a quien sabe qué hacer con ellas: “Las productoras audiovisuales de Cantabria se suman a las críticas por el uso de IA en la campaña del comercio local de Santander” (El Diario).

Sobre la salida a bolsa de SpaceX

Noto que me estoy haciendo viejo porque me refugio en viejos blogs como los de Antonio Ortiz, Enrique Dans o Microsiervos. En este último, el popular Wicho da unas claves interesantísimas sobre la salida a bolsa de la compañía aeroespacial de Elon Musk: “Hasta la fecha SpaceX no ha hecho más que perder dinero”, una empresa que pretende “sacar más con las aplicaciones empresariales de la IA que todo el PIB de China o la Unión Europea”, y en la documentación aparecen “idas de olla variadas como lo de ‘llevar la luz de la conciencia hasta las estrellas’”. Todo el esperpento “da entre miedo e indignación”, concluye.

¿Tonto o malo?

La infanta Elena lo tuvo claro: entre ladrona y tonta enamorada de Urdangarín, eligió lo segundo. Ahora le toca el turno a José Luis Rodríguez Zapatero: “Puede ser negligente o descuidado, pero no delincuente», titulan en El Independiente. Tendrá que elegir, como hizo la hija y hermana de reyes de España. En el digital advierten sobre el socialista: “Aflora también la decepción”. ¡Ay, benditos! En Euskadi algunos ya teníamos bien calado al Zapatero del pacto con el PP, el fin de ETA programado para favorecer a Patxi López y la amnesia selectiva para no reconocer al lehendakari Urkullu su aportación cuando el rescate planeaba sobre España.

Siempre nos quedarán las columnas de Rajoy

Juro que esto es un copy-paste del primer párrafo de la última columna de Mariano Rajoy en El Debate: “En el fútbol, lo que de verdad importa es meter más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas. España fue incapaz de hacer un gol, tampoco recibió ninguno y, por eso, el resultado fue de 0-0”. Y sigue: “Ahora nos espera Arabia Saudí. No hay que perderle el respeto a ningún rival”. Yo me quedo con su filosofía para el fútbol y para la vida: “No nos enfademos si algo no nos gusta. No sirve absolutamente para nada”. Él lo tiene claro: “Yo creo que hay que pensar en positivo, así que disfrutemos del Mundial”.

Todo lo que está mal

La privatización del espacio exterior es una mala noticia, que quede en manos de millonarios como Musk o Bezos, es terrible. Su acción es una muestra estupenda de todo lo que está mal en nuestro planeta, por eso en El Diario han clavado el titular: “Daño en la Tierra para llegar a Marte: dentro del plan de Elon Musk que amenaza las aguas cristalinas de Hawái. Texas lleva mucho tiempo bajo la amenaza de los lanzamientos y explosiones de cohetes de SpaceX. Ahora Hawái se perfila como la siguiente víctima” (El Diario). Arrasarán nuestro ecosistema para vender habitaciones en su órbita. Me apuesto un pintxo de tortilla de los buenos.

No saben lo que son

Andoni Ortuzar me explicó hace ya tiempo que lo más importante en política es saber lo que eres. Justo lo contrario de lo que le pasa a Trump, que parece incapaz de saber cuál es su lugar en el espectro ideológico y que da bandazos entre el liberalismo y el intervencionismo sin que le importe: “EEUU ha comprado el 10% de Intel para salvarla de la quema, y eso planea un problema enorme. Uno llamado favoritismo” (Xataka). Entonces, ¿gastar dinero público está bien? ¿Recaudar para tener ese dinero está bien? ¿El dinero público bien gastado es el dinero público invertido en empresas privadas? ¿Lo hará con otras?

Por desgracia, da igual

Realmente, a Trump le dan igual la ideología o el intervencionismo. Él hace lo que quiere y tiene la habilidad de no perder gracias, sobre todo, al desistimiento de sus enemigos (a los que elige con instinto depredador): “La UE se rinde a Trump: retirará sus aranceles pese a que EEUU los mantiene en el 15%”, titulan en El Imparcial. No podemos negarlo: Europa está haciendo el primo, no sabe coger las riendas que soltó pensando que ejerciendo de cliente premium de EE.UU., Rusia, China y los árabes ya era suficiente. A estas alturas, Von der Leyen solo parece una mujer fuerte cuando se enfrenta a los presidentes de la Unión.

La derecha está perdida

Todo empezó a ir mal cuando los partidos conservadores en todo el mundo fueron devorados por la ultraderecha. No supieron cuándo dejar de dar de comer al monstruo, y uno de los ejemplos más claros es el de España: “El PP acaba en un callejón sin salida por los menores migrantes mientras Vox se frota las manos”, “Feijóo queda en tierra de nadie tras haber aupado un discurso radical que parece favorecer a Vox” (Público). Es evidente: ningún discurso podrá vencer al populismo con los temas que más favorecen, precisamente, al populismo. En el PP han ido de listos, de sobrados, y han recibido un revolcón que, ojo, solo es el primero.

Buena gente

Dice Galder Reguera que los aficionados al fútbol tenemos manchitas de colores en el corazón. El mío late rojiblanco, pero tiene brochazos morados y verdes. Y desde el miércoles también soy un poco del Slavia, rival del Athletic en Europa, otra vez. Valverde y los suyos viajarán a Praga, donde han anunciado el partido contra los leones evitando poner la bandera española junto al nombre del Athletic: un emoticono que sugiere complicidad sustituye a unos colores que muchos socios no reconocemos como los de nuestro país. En el Slavia lo saben y han tenido ese gesto que nos invita a pensar que el fútbol necesita más equipos como el checo.

Hoy juega Euskadi

De Aitor Esteban a Joseba Agirretxea, de Xabier Arzalluz a Andoni Ortuzar, de Ardanza a Pradales, la oficialidad de la selección de Euskadi es un anhelo que a partir de hoy va a resultar, al menos parcialmente, satisfecho. Algunas y algunos no estarán muy contentos: Mertxe Aizpurua defendió no votar a favor del cambio legislativo que ha hecho realidad lo que hoy celebramos y, al alimón, jugadoras y jugadores han recibido todo tipo de presiones para no abandonar la selección española que, ¡oh, cuánta generosidad!, “acepta jugar contra Euskadi en la Liga de Naciones, pero no la considera oficial” (Infobae). Pues hoy, por fin, juega Euskadi.

¿A qué juega España?

España ha trabajado para convencer a varias vascas y vascos de que sigan jugando bajo su bandera. Cada una y cada uno toma la decisión que quiere, por supuesto. Más curiosidad me despiertan los métodos que habrá usado España para persuadir. Esta España tan progre y plural que pone el dinero en lo que importa. O no: “La inversión pública ha pasado de representar el 3,5% del PIB en los años noventa a apenas el 1,8% en 2023. Este descenso no ha sido casual ni inevitable, sino resultado de decisiones políticas que han priorizado otros gastos, como el creciente coste de las pensiones” (El Blog Salmón). ¿A esto juega España?

Puedo ver el futuro

Nunca he acertado una porra electoral, lo reconozco: soy muy malo haciendo predicciones. Pero me temo que no me equivoco cuando afirmo que cada día que pasa nos queda un poco más para jubilarnos, que a mis 44 años ya sé que los 65, o los 67, según mi último cálculo, no voy a retirarme. Pocas dudas tengo con titulares como este: “La Seguridad Social pone la miel en los labios a los trabajadores: ya puedes consultar cuánto cobrarías de más por retrasar tu jubilación” (Pymes y Autónomos), que podemos sumar al enorme gasto que ya suponen las pensiones, como hemos comentado en el párrafo anterior.

No hay privatización buena

Que no haya privatización buena no significa que no haya servicios públicos mejorables (y hablo de la gestión pero también del funcionariado, que echar la culpa a la primera librando al segundo es de un infantil que tira para atrás). Incluso en algo tan extraordinario como el espacio, la privatización trae estas cosas: “El noveno lanzamiento del Starship termina de nuevo en un fracaso, y ya van tres seguidos”. El mantenimiento de los servicios públicos, sin embargo, esta otra: “El equipo de la Voyager 1 logra recuperar unos propulsores que llevaban veinte años fuera de servicio” (ambos titulares, en Microsiervos). Qué maravilla.

Pero no aprendemos

Está pasando casi desapercibido, pero una de las mayores proezas de nuestra era, la Estación Espacial Internacional (que el pasado jueves pudimos ver pasar sobre Euskadi), va a ser privatizada de manera inminente. Por eso SpaceX se ha posicionado tan bien. Y por eso Jeff Bezos aprieta el acelerador. Por eso y porque EE.UU., sobre todo, va a subastar el espacio: “Blue Origin tiene ahora una oportunidad de oro para adelantar a SpaceX en los viajes a la Luna. Y la está aprovechando” (Xataka). ¿Con qué objetivo? Porque la unión de los estados para avanzar la entendemos, pero la carrera privada, ¿a quién beneficia?

¿Prefieres mil dólares o la investigación contra el cáncer?

La pregunta, en esencia, es así de sencilla: ¿qué preferimos, mil euros (o dólares) en nuestro bolsillo, o que el gobierno siga financiando la investigación contra el cáncer? Yo lo tengo claro. Y creo que quien no lo tiene es porque no sabemos lo que pensamos las y los pobres. Sin duda, hay que estar muy lejos de la realidad para creer que este es un buen argumento: “El DOGE revela un ahorro de más de 1.000 dólares por contribuyente tras sus recortes” (Voz.us). El DOGE, recordémoslo, es ese programa en manos de Elon Musk con el que la administración Trump pretende pegar hachazos a lo poco público que hay en EE.UU. (menos a lo que toque a Musk).

¿Qué le toca a Musk?

Elon Musk tiene un interés especial en colocar a un ser humano en Marte. No es un interés científico, ni siquiera es una pasión, es una cuestión crematística: SpaceX es el principal proveedor de la NASA para ese proyecto. Así, entre los recortes del DOGE podemos encontrar hachazos a todo menos a eso. También a la NASA, que según leemos en Xataka, deja colgados proyectos internacionales en los que la agencia europea, principalmente, había invertido millonadas. Ahora, sin la participación de los americanos, todos esos planes, esas inversiones, esos equipos dependerán de empresas privadas, casualmente, como SpaceX o la de Jeff Bezos.

Su plan es este

Pero el plan de Elon Musk va más allá de su interés por hacer dinero proveyendo de sistemas y soportes a la NASA. “defiende la colonización de Marte como un ‘seguro de vida’ ante la extinción humana”, leemos en Independent. Un seguro de vida, ¿para quién? ¡Ahí está la clave! Para las y los ultrarricos que podrán pagarse el pasaje. Y si no llegan a Marte, se mudarán a una estación espacial (también en vías de privatización) cuando el planeta quede arrasado por su avaricia y por nuestra idiotez: seguimos haciendo memes con inteligencia artificial por las risas como si no gastáramos recursos que necesitamos para vivir.

Aprovechemos para contar la historia

Esta que también viene de EE.UU. me ha parecido una buena noticia: “Trump anuncia un arancel del 100% a las películas” (BBC). Correcto. Ahora hagamos nosotras y nosotros exactamente lo mismo. A la mierda Disney, Amazon y todo su contenido gringo (la mayoría, una castaña). Y bienvenida la UE si se organiza para ofrecernos un Netflix europeo en el que podamos consumir las creaciones rodadas en el continente y algo más: un portal en el que nuestro punto de vista de la historia y de la sociedad actual, muchísimo más humanista, progresista y con conciencia social que el estadounidense, sea el protagonista.

¿Dónde está Melania?

Según, The New York Times, la actual primera dama estadounidense no se deja ver en la Casa Blanca. “Contrató personal para que trabaje para ella en el ala este, pero rara vez entra en el despacho”, y en el lado contrario, resulta que Trump está practicando la igualdad: “Ha asumido algunas funciones que normalmente recaerían en una primera dama”, hasta “organiza recepciones para el Mes de la Historia de la Mujer”. Flípolo. Eso, sí, ella firmó un acuerdo con Amazon “del que se dice que fue de unos 40 millones de dólares, para un documental que ofreciera una mirada ‘tras bambalinas’ a su vida como primera dama”.

España tercermundista

Ursula Von der Leyen y Roberta Metsola tienen que pensar que España forma parte del tercer mundo. Solo así se explica que recibieran a una representación de las víctimas de la dana, en durante la que fallecieron 228 personas, y que estas les dijesen que ni la máxima autoridad autonómica ni la estatal (recordémoslo) les han recibido. ¿Cómo se quedaron las mandatarias europeas? ¿Qué pasó por la cabeza de la presidenta del parlamento, que se vio obligada a esto que destacaban en El Diario: “Metsola se compromete con las víctimas de la dana a contactar con Mazón para pedirle que se interese por su situación”?

Un capítulo clave

El fallecimiento de Pepe Mújica ha servido para dar a conocer, aún más, el pensamiento del que fuera presidente uruguayo. Además, los obituarios han sido generosos y los mensajes en redes de sus compañeras y compañeros de profesión, pomposos en muchos casos. No seré yo el que le discuta los méritos. De hecho, le apunto otro que, salvo la excepción de El Correo, ningún medio vasco ha rescatado pese a su relevancia: su enfrentamiento con ETA cuando la banda secuestró y asesinó a Miguel Ángel Blanco, lo que le convirtió en un señalado de esa izquierda abertzale a la que ahora se le deshacen los hielos con los halagos.

¡Claro que pudo evitarse!

Bertrand Ndongo estaba en la sala de prensa del Congreso, en la que esta semana ha boicoteado una rueda de prensa, porque tiene una acreditación. Y la tiene porque alguien definió una estrategia en la que la fascistada se comía al PP y el PSOE les hacía frente. Y ahora ese alguien, junto a todos, se rasga las vestiduras: ¡cómo ha podido pasar! Pedro Vallín lo deja claro en Bluesky: “Llevan todos callando tanto tiempo quién es responsable de esta situación que da un poco de cosica lo melindres que son los grupos parlamentarios, todos. Esto no ha ocurrido porque sí, sino por una decisión discrecional tomada hace tiempo”.

Ninguna manipulación hace gracia

De la misma manera que un antifascista lo es en todo momento y lugar o no lo es, una persona está en contra de todos los bulos o no está en contra de los bulos. Y hablo de todos, aunque el perjudicado sea alguien con un historial sospechoso de palabra y obra: Hermann Tertsch no llevaba una petaca en la mano ni hablaba lento cuando grabó su vídeo contra el gobierno español en un olivar. En la portada de Menéame podíamos ver la pieza en Público basada en un tuit con el vídeo manipulado y, por suerte, un comentario con el link al original, a velocidad normal y sin petaca. Sí, también hay que denunciarlo cuando lo sufre Tertsch.

La cohorte de Trump

Sam Altman, director ejecutivo de OpenAI; Elon Musk, CEO de Tesla y SpaceX; Larry Fink, CEO de BlackRock; Stephen Schwarzman, director ejecutivo de Blackstone Group; Jensen Huang, CEO de Nvidia; Ruth Porat, presidenta y directora de inversiones de Alphabet y Google; Arvind Krishna, CEO de IBM; Alex Karp, CEO de Palantir Technologies; y hasta Gianni Infantino, presidente de la FIFA, han acompañado a Donald Trump “en las reuniones de negocios en Arabia Saudita”, según Infobae, en las que el presidente ha anunciado, además, 600.000 millones de dólares de inversión de los árabes en EE.UU., ¿qué más quiere él?