No es un partido como cualquier otro

No creo que en España puedan permitirse tratar a Vox como si fuera un partido político como cualquier otro. Desde luego, en Euskadi no podemos permitirnos que los partidos llenos de ultras, de fascistas, de aquí y de allí, sean como los demás. Son legales, están en nuestro arco parlamentario y los trataremos con la pulcritud que ordena el sistema democrático, pero moral y políticamente son otra cosa y como tal debemos de tratarlos. Es nuestra obligación. La de todas y todos. Hacer como si fueran un partido más, como si en sus filas no están quienes pusieron su bota sobre quienes pensaban diferente es engañarnos como sociedad.

Felipe VI sigue perdiendo audiencia

No vi el mensaje de Felipe VI y su contenido no merece mi atención. No esperaba nada y, por lo poco que he leído en los digitales, nada hubo. De hecho, las crónicas de su mensaje son pocas y muy breves. Y la audiencia, como la prensa, le ha dado la espalda: 1,2 millones menos que el año pasado. Pero es que en 2021 perdió 2,8 millones de espectadoras y espectadores respecto a 2020. En dos años, más de cuatro millones de personas han decidido que en Nochebuena, a las 21:00 h., un señor sin carisma al que ha elegido solo su padre, que está en Abu Dabi por sus problemas con la justicia y sus amantes, no va a robarles ni un segundo.

Juan Carlos I no será borrado

Para recordar que fue el primer jefe de Estado después de la dictadura, según el propio gobierno español, el nombre de Juan Carlos I no será borrado ni “en dependencias militares” ni “en el Premio Nacional del Deporte” (Público). Esto lo dice, insisto, el gobierno más progresista de la historia de España y, oye, bien pensado, sobre todo lo del deporte, no está tan mal. Nadie como Juan Carlos I ha personificado eso de “coge el dinero y corre”. Y en otros deportes, como la vela que tanto le gusta, lo del “Bribón” siempre fue un aviso a navegantes. En motociclismo siempre ha andado bien, y en “dobles”, en cualquier disciplina, sobrado.

Sí, es el mismo Roures

Hace solo unas semanas, Pablo Iglesias publicaba en Público, el digital que queda de lo que fue el diario de Roures, una almibarada columna defendiendo al empresario. Solo unos pocos días después, Pablo Iglesias pedía colaboración económica a sus seguidores (con enorme éxito) para poner en marcha una televisión junto a Roures. Esta semana publican en The Objective cómo Roures, el mismo Roures, podía haber sido beneficiado por el ayuntamiento de Barcelona para la construcción y promoción de vivienda pública (algunas, en el modelo público-privado, lo que hay que leer) con sobrecostes y retrasos acumulados.

2022, la invasión rusa sobre Ucrania

Esta semana, sin actividad parlamentaria en Congreso y Senado, los digitales están publicando lo más destacado del año. Si 2020 fue el de la pandemia y 2021, el de la postpandemia, este 2022, es el de la invasión rusa sobre Ucrania, como sugieren en EPE. Es el año en el que vimos, en directo, cómo un estado invadía a otro por el morro, cómo familias europeas en forma y fondo eran sacadas de sus casas a cañonazos, cómo personas normales tomaban la decisión de dejarlo todo atrás o quedarse y resistir e incluso empuñar, por primera vez, un arma. El año de otras masacres sobre las aceras. Y el año de las excusas injustificables y vergonzantes.

Hay esperanza. Es Nochebuena

Es Nochebuena y yo voy a ser optimista, sea cual sea la noticia a la que me enfrente. En cualquier caso, empiezo bien: siempre he pensado que ser una persona normal en EE.UU. tiene que ser bastante difícil. Pero a veces hay señales de que incluso ese país fallido tiene futuro: “El comité sobre el asalto al Capitolio recomienda al Congreso que prohíba a Trump volver a presentarse a unas elecciones”, leo con alegría en República. Es decir, el Congreso estadounidense puede aprobar “un mecanismo que impida” que sea candidato a la presidencia pese al mucho apoyo popular que parece que siempre tiene.

¡Hasta esto me parece bien!

Por supuesto que me parece bien que Pablo Echenique haya sido feliz. Según su propio tuit, “desde el 11 de julio de 2010 que no me hacía tan feliz el resultado de un partido de fútbol”. Entonces, ganó España el Mundial, hace unos días lo hizo Argentina, país de nacimiento del político de Podemos. Hoy relativizo todo, incluso que hace solo unas semanas anunciase, también vía Twitter: “Por primera vez desde que tengo memoria, no voy a ver el mundial de fútbol”. No sabemos cuánto le ha durado el boicot. Igual le sirvió para librarse de la derrota de los de Messi ante Arabia Saudí. Pero si ha sido feliz, me alegro por él.

No tiene ni idea, pero que pase buena noche

Cuando uno escribe sin tener ni puta idea (así de claro) hace el ridículo como lo hace Fernando Cano en The Objective, cuando asegura que “el Gobierno vasco riega con seis millones de euros a medios afines con la excusa de la covid”. Los más subvencionados son “los dos principales diarios del grupo Vocento, siempre cercanos a Ajuria Enea”, según el perspicaz Cano. Las radios que cubren todo el territorio que más dinero reciben son SER, COPE y Onda Cero, y el medio digital, El Diario, todos ellos, “afines”, según Cano. Claro que sí. Pero lo importante no es la verdad, es la hostia al Gobierno Vasco. Un clásico navideño.

Un imbécil, pero qué regalos hará

Es Nochebuena y no quiero que Olentzero pase por mi casa sin hacer esta confesión: me he contenido varias veces estas últimas semanas para no llamar “imbécil” a Elon Musk. Igual Bill Pugliano tiene menos miedo a Papa Noel, pero no se ha cortado en Business Insider: “En Tesla y SpaceX, Elon Musk era un imbécil con una gran visión; en Twitter es, simplemente, un imbécil”. Evidentemente, ya lo he confesado, estoy de acuerdo. Según Pugliano, Musk no ha cambiado su modelo: entrar a un espacio sin competencia, apretar y buscar financiación de entusiastas y contratos públicos. Pero esta vez ha fallado con la empresa.

Feliz Navidad a todos menos a ellos

Lo que llevo un poco peor, tanto que no consigo ni que la Navidad me ablande, es a la cuadrilla que defiende a Putin, su invasión sobre Ucrania y a sus socios geopolíticos empoderados, como Irán. Para no tener ardor de estómago antes de la cena que me espera, en vez de escribir lo que pienso transcribiré el tuit de Eduardo Saldaña, que no necesita ningún comentario añadido: “Hay gente que se dice de izquierdas y lleva casi un año haciendo de tontos útiles a un régimen totalitario e imperialista al que no le temblaría el pulso a la hora de reprimir a colectivos vulnerables y acabar con libertades que aquí damos por sentadas”.

Para tontos, nosotros. Para tontas, nosotras

Elon Musk ha admitido el resultado de la encuesta que él mismo lanzó para preguntar si debía seguir siendo el responsable de Twitter, después de un día de silencio: lo hará “cuando encuentre a alguien suficientemente tonto como para aceptar el puesto”. Que es lo mismo que no decir nada. Con esa excusa puede tirarse igualmente unos días que un montón de meses al frente de una compañía que es suya. Las tontas y los tontos somos quienes seguimos usando Twitter porque, es indiscutible, ninguna herramienta puede ahora sustituir su capacidad de conexión. Otra cosa es que la necesitemos realmente.

300 días de invasión

Putin ya no mete tanto miedo. Sí lo hace a quienes pueden ser agraciados con la lotería de sus misiles o sus drones, o con quienes han sido ya ocupadas y ocupados por las fuerzas rusas, o quienes ven la línea del frente desde sus casas y oyen silbar las balas. Esas personas llevan 300 días en guerra. Algunas, muchos más en la zona de Donbass. Una guerra que se mantiene, no lo olvidemos, por la defensa de las y los ucranianos que evitan que el resto de europeos tengamos que desfilar con rifle contra un imperialismo, el ruso, justificado por los más tontos de su clase (algunos, leídos, pero igualmente tontos).

300 días de hipocresía

Pese al anunciado y repetidísimo bloqueo a las exportaciones rusas, con las que el Kremlin financia la invasión, en España, “Rusia ha sido uno de los países desde los que más han aumentado las importaciones”, aseguran en The Objective: solo hasta octubre, las importaciones ascendían a “6.404,8 millones de euros. En todo el año 2021 importamos 6.033,6 millones, una cifra que ya era uno de los récords históricos”. En una España que “da un giro comercial y convierte a China en su primer proveedor, superando a Alemania”. Una China que “ha dado apoyo a Rusia, comprando sus excedentes de gas”.

Les da todo igual

Igual que a Elon Musk, al poder judicial español ya se la suda todo: en la cuenta en Twitter de la Asociación Profesional de la Magistratura, la “mayoritaria” en España, han señalado abiertamente al periodista Xabier Fortes, al que llaman “sanchista” y al que, aseguran en la citada cuenta en Twitter “la magistrada María Jesús del Barco mete una lección tremenda”. La también periodista Lucía Méndez asegura que esto de “jueces señalando a periodistas” “es una vergüenza”. Lo que es, también, es una consecuencia lógica del empoderamiento de la magistratura, que se ha blindado con el plácet del PP, Vox y algunos medios.

Por supuesto, en mi equipo

Cuando hemos coincidido en un campo (yo, en mi asiento en San Mamés, él, sobre el césped de La Catedral), nunca he visto a Leo Messi hacer grandes maravillas. Pero no puedo negar su talento, que la televisión ha mostrado tantas veces. Como no puedo negar que me alegré cuando levantó la Copa del Mundo. Ni puedo negar que me pareció muy bien su doble reacción durante la celebración que ha trascendido estos días: esquivó al petardo de Salt Bae, parrillero de las estrellas, y abrazó con verdaderos afecto y alegría a Antonia Farías, la cocinera de la selección. Por esto más incluso que por su fútbol: Messi, en mi equipo.

¿Qué puede salir mal?

Cuando el anterior equipo de Twitter baneó miles de cuentas no lo hizo arbitrariamente. Trump era y es un tipo peligroso, y lo son quienes acosan, insultan, suplantan identidades… Pues bien, todas ellas y todos ellos volverán a Twitter (salvo que hayan cometido delito o hayan difundido spam) porque Elon Musk, en su particular manera de entender la democracia, ha vuelto a hacer caso a la turba. A Musk no parece importarle bajar la calidad de Twitter: él quiere cantidad. El hombre que tan preocupado se mostraba por los “bots” y las cuentas falsas ahora readmite a orcos con la cabeza bien alta, como Sauron.

Todo está mal

Los fans de Elon Musk creen que está abriendo un debate al adelgazar la estructura de Twitter y lograr, al mismo tiempo, que siga funcionando. ¿A qué precio? Ya avisó el hijo del propietario de una mina de esmeraldas en Zambia (y no, esto no es casualidad) de que quienes se quedasen iban a hacer largas y extenuantes jornadas, como Esther Crawford, directiva de Twitter, que “compartió con orgullo esta foto durmiendo en su trabajo”. “La romantización de la explotación laboral es una tara más de este capitalismo de ricos caprichosos y aduladores aborregados”, tuitea Pepo Jiménez, y yo solo puedo estar de acuerdo.

Los medios, los bancos

Musk no distingue entre la turba que habita en Twitter y “el pueblo”, es un latiguero reconocido que abandera la libertad de expresión y despide a quien le cuestiona, y desde este punto de partida, acompañado de su fortuna indecente, quiere sustituir a los medios. Reconozco (desde este grupo, con todos sus defectos y virtudes) que a veces estoy tentado a rendirme y darle la razón: “El Banco Santander puede volver a hacerse fuerte en el consejo de administración de Prisa aprovechando la necesidad de financiación que tiene el grupo” (The Objective). Por supuesto, “a cambio pide una mayor participación en la gobernanza”.

A Vox le da todo igual. O casi

Vox ha conseguido, con su ataque vía Carla Toscano, que se prestó a ser la mujer más machista del Congreso ahora que Macarena Olona no está, conseguir lo contrario de lo que, aparentemente, pretendía: Irene Montero está reforzada después de las consecuencias negativas que su última ley iba acumulando. Pero eso a Vox también le da igual: ellos lo que quieren es presentarse como la oposición sin pelos en la lengua (también sin decencia), recuperar el foco, a cualquier precio, y socavar la confianza en las instituciones democráticas (de eso va la ultraderecha, justamente). Y lo han conseguido.

Los más tontos

El vídeo en el que “fanáticos de Bolsonaro claman auxilio extraterrestre con la luz de sus móviles por la victoria de Lula” (El Plural) es para verlo. Un grupo de simpatizantes del expresidente ultra de Brasil con las linternas encendidas sobre su cabeza apuntando al cielo y la otra mano tapándola y mostrándola, todo ello, en medio de una contaminación lumínica que solo es otra muestra de que la idiocia en aquella plaza estaba repartida con generosidad. Son las y los más tontos porque solo desde ese punto de partida uno puede entregarse a la extrema derecha y estar dispuesto a hacer el ridículo por ella.

Iglesias tiene tirón

Es indiscutible que Pablo Iglesias tiene tirón: en poco más de 24 horas ha conseguido 200.000 € para poner en marcha un canal de televisión. El objetivo era lograr 100.000 en 40 días y, visto el resultado, ha pulverizado la marca. Pero esto no ha acabado, ahora el nuevo objetivo son 325.000 € que, leído lo leído, no creo que tenga problemas en alcanzar. ¿Es suficiente este dinero para montar una televisión? Evidentemente, no. Hay más inversores detrás a los que estos 325.000 € les vendrán muy bien para abaratar el coste, todo sea dicho. Pero el ruido, la atención y lo de demostrar capacidad de atracción ya están logrados.

¿Quién está detrás?

A nadie le sorprende que Pablo Iglesias se haya aliado con Jaume Roures para poner en marcha su proyecto televisivo. Y menos, después de la pastosa columna que el exvicepresidente del gobierno español le regaló en Público hace solo unos días. Pero sí hay más cosas que sorprenden: según The Objective, Iglesias pretende ocupar el espacio de Gol TV. O lo que es lo mismo, Iglesias quiere tele de la de verdad. Internet está muy bien y él presumía de audiencia (contaba sus acumulados para superar a directos televisivos, como si todos menos él fuéramos idiotas), pero todo eso se le ha quedado corto.

Que no le pase lo mismo

Me hago viejo, y si siempre me han caído mal quienes dejaban claro que eran más listos de los demás, a mi ya avanzada edad me caen peor. Iglesias es de esos: no se va a cortar en dejar claro que la tele bien hecha es la suya. Nadie espera otra cosa. Pero que no suba demasiado, a ver si le va a pasar como la que se creía más lista que nadie y escaló las escaleras de Chichén Itzá (algo que está prohibido por su conservación) para grabar un vídeo bailando desde lo alto. Pues en lo bajo la zarandearon de lo lindo el resto de turistas mientras pedían que la detuvieran. Quien se empeña en salir se expone. Es así de fácil.

Para chulo, su pirulo

Antes de que empezara el Mundial escribí en esta columna que los mayores blanqueadores del régimen de Qatar no seremos los aficionados que vemos los partidos del Mundial desde casa, ni los que acudan gastándose un pastizal, sino los de los palcos. Lo escribí pensando en el sinvergüenza de Intantino y sin saber que, oh, sorpresa, Felipe VI asistiría al primer partido de España en la competición. La mayoría de jefes de estado y de gobierno de los países democráticos evitan la foto y el espanto de sentarse junto a sátrapas, pero eso a Felipe VI no le importa. Esas relaciones y esa desfachatez son parte de la herencia familiar.

No, no son grandes inversiones

Este Mundial va a ser importante en lo futbolístico porque marca el fin de una era: seguramente será el último de Leo Messi y Cristiano Ronaldo (aunque este está empeñado en decir que espera llegar al siguiente). Una era en la que clubes de toda la vida pagaban dinerales extraordinarios a sus jugadores. Ahora solo los clubes-estado, en manos de jeques, precisamente, pueden hacerlo (Mbappé, en el PSG, y Haaland, en el City) porque el negocio es ruinoso: el FC Barcelona es víctima de una plantilla inflaccionada por el argentino y “el Manchester United se dispara en bolsa tras la salida de Cristiano Ronaldo” (La Información).