Para la campaña

Cuando lo humanitario y lo justo es para la foto o la campaña, malo. Que sí, que siempre es mejor una buena acción aunque sea oportunista a una mala en cualquier otro momento, pero lo de Pedro Sánchez es de puta traca. “El presidente del Gobierno aterriza en Andalucía por primera vez en la precampaña para apoyar a Montero” (segundo subtítulo en la web de RTVE) y anuncia que “propondrá este martes a la UE romper el Acuerdo de Asociación con Israel” (titular). Pero, ¿qué profundidad tiene su propuesta? ¿Sabe todo lo que está en juego (empezando por lo de la CAF)? ¿O su juego es el de anunciar y luego que no suceda?

No se enteran de nada

Un tío capcioso como Pedro Sánchez está dando sopas con onda a Alberto Núñez Feijóo, que no se entera de nada. Este tuit durante la final de Copa es otra muestra de cómo la derecha española pasa de Euskadi y no le interesa lo que pensamos o sentimos, ni cómo atraernos a sus ideas: “Pitar el himno nacional. El desahogo acomplejado de unos pocos que desprecian a su país y utilizan el deporte para exhibir sus frustraciones. Los símbolos se respetan aunque no los sientas como propios. Viva el fútbol. Y viva España”. El PP no entra en el fondo, y a las vascas y los vascos les resulta un partido cada vez más ajeno. Y añado: zorionak, Real!

La diputada

Ione Belarra se presentó en las instalaciones de Navantia exigiendo entrar. Quería estar (lo voy traduciendo: sacarse la foto) con los dos operarios que se han subido a una grúa exigiendo ser contratados y denuncian la existencia de listas negras. Pero la de Podemos acabó convirtiéndose en noticia por hacer el ridículo asegurando que como diputada tiene derecho a entrar en cualquier empresa pública hasta donde quiera y cuando quiera. ¿Seguro? Lo dudo mucho porque, ¿qué supone eso? ¿Puede exigir un diputado de Vox estar presente en cualquier reunión de cualquier administración? Por cierto: no entró. Pero sí se hizo el vídeo.

Ni a Trump le sale todo bien

Lo que le ha pasado a Donald Trump es un aviso, sobre todo, a Pedro Sánchez (mucho más que a Ione Belarra, que cada día más tiene cara de Inés Arrimadas): “Trump es abucheado en su ‘patética’ aparición en la UFC con asientos vacíos y mientras EE.UU. está en guerra. Este es el primer evento deportivo al que asiste el presidente desde que estalló la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán y con su aprobación a un nivel negativo récord” (The Mirror US). Si no gestionas, lo fías a las reacciones de la sociedad a tus anuncios y, en el mejor de los casos, aciertas siempre, acabas generando desafección.

La realidad de EE.UU.

España va mal pero EE.UU. va peor, incluso aunque los datos macroeconómicos sean positivos. La sociedad siente preocupación, ve precios elevados y, por si no fuera suficiente, asiste a noticias como esta: “Un hombre mata a 8 niños en Luisiana, 7 de ellos hijos del atacante de 31 años. El autor de la masacre murió tras una persecución policial. EE.UU. suma ya 114 tiroteos masivos en 2026, en un año marcado por la violencia bajo la administración de Trump” (Euronews en Bluesky). Esta es la realidad de un país que es un estado fallido y que está liderado por un Trump que ha normalizado el enriquecimiento propio sobre la gestión.

¿A favor de qué?

Escribe Pello Otxandiano en su blog que él está “a favor de que el salario mínimo se decida aquí”. ¿Quién no va a estarlo cuando ese “aquí” significa un país mucho más próspero y sostenible que los de su entorno, al sur y también al norte? Pero la clave, como en todo, es precisamente el cómo, el modelo, las piezas que tenemos que poner una delante de otra para lograrlo. Y la iniciativa popular en el Parlamento (de Gasteiz, no de Iruñea), esa que avalan Otxandiano y ELA, no es el camino reglamentario. Lo saben (y si no lo saben, que se aparten, pero lo saben), como saben que el populismo y la política no son lo mismo.

A favor de la autoridad

Estoy a favor de que a la gente le suban el sueldo, de decidir en Euskadi todo lo que podamos, y también estoy a favor de señalar enseñar a respetar a la autoridad. La adaptación de todas las normas a los intereses propios y la puñetera manía de puntuar servicios y personas, están destrozándonos como sociedad. “Voy a trabajar con ganas de llorar”, dice Ana Lirio, profesora de secundaria, y recoge El Periódico en una pieza dura pero necesaria: “Voy al instituto con ropa lo más neutral posible para no darles motivos para que se rían de mí”, continúa. En el origen del problema: lo poco que valora el esfuerzo el propio sistema educativo.

Hasta a Vito Quiles le pareció demasiado

El acoso al que Bertrand Ndongo sometió a Gabriel Rufián fue tan excesivo e innecesario que hasta a otro propagador de mierdas de extrema derecha, Vito Quiles, le pareció “lamentable”. “Esto no puedo apoyarlo nunca”, concluía Quiles en su tuit que, por supuesto, fue respondido por Ndongo, porque la polémica en X es su gasolina. La de los dos. No negaré que ese reply es lo más sensato que le he leído nunca a su autor. Tampoco negaré que le leo y veo poco porque cada vez que lo hago me sube la tensión. Es lo que tienen los gilipollas, que aportan a la salud colectiva lo mismo chupar un salero.

Para lo que va a servir…

Europa tiene un problema de foco: la imagen de la rendición recurrente ante Trump es una pesada mochila, y la sensación de inacción, de una ligereza insoportable, al mismo tiempo. Ahora la Unión anuncia “otro paquete de sanciones a Rusia a las puertas de la cumbre con Zelenski” (France 24). Pues muy bien, pero en la misma nota leemos que será el decimonoveno paquete sancionador. ¿Qué tal han ido los otros dieciocho? Porque Sánchez, el mismo que busca el cuerpo a cuerpo con Netanyahu y Trump, ha convertido a España en un buen cliente de Rusia mientras caían las sanciones. Por comentar.

¿No se salva nadie?

A veces pienso que esta civilización merece colapsar. Esto en Xataka no es indignante, es desesperanzador: “Tres años y medio después del inicio de la invasión, Ucrania sigue desguazando los últimos misiles y drones rusos y encontrando dentro decenas de miles de piezas fabricadas en Occidente, la mayoría de sus ‘aliados’ (microcontroladores, sensores, conectores, conversores) procedentes de países que en teoría han embargado el suministro: EE.UU., Reino Unido, Alemania, Suiza, Países Bajos, Corea del Sur, Japón, Taiwan”. Rusia compra los componentes a Irán y Corea del Norte, que los importan pese a los embargos.

Abascal es el que menos importa

Leo en Público que “Abascal blinda su poder en Vox en una huida hacia adelante para capear la oposición interna. Su férreo control del aparato del partido es también un síntoma de las dificultades para dirigir una formación en declive”. Y realmente me importa poco: entiendo que Abascal quiera seguir viviendo bien, como hizo cuando Vox era una banda de frikis a la que todavía no conocía nadie, no tenía ingresos pero sí tenía sueldo y, por lo que parece, generoso. Lo importante es quién está detrás, quién pagaba, quién manda, quién permite a Abascal liderar la formación, quién maneja los hilos de la extrema derecha en España.

Un partido es el futuro

Si algo trajo lo que conocimos como “nueva política” es la falta de explicaciones: las y los representantes o los partidos no tienen que justificar cambios de opinión que en algunos casos son de 180 grados. Por ejemplo: la formación que aseguró que la fórmula de los partidos estaba demodé y que iba a lidera una transformación, puso el pasado fin de semana fecha para su constitución como partido político, de los de toda la vida. Yolanda Díaz eclipsó así el décimo aniversario de Podemos (que sí acertó creando un partido), anunciando una especie de congreso fundacional en marzo. Eso, sí, no se desdijo de sus aseveraciones previas.

Más decretos que leyes

Por supuesto, soy plenamente consciente de que Pedro Sánchez le tocó gobernar durante la pandemia, y que buena parte de esos decretos que suma son de aquella época. Pero ni eso justifica el dato que ha puesto encima de la mesa The Objective: “Sánchez es el único presidente del Gobierno que ha aprobado más decretos que leyes. El 54% de las iniciativas legislativas aprobadas desde verano de 2018 son imposiciones del Ejecutivo del PSOE”. Ni siquiera Rajoy, que fue el que convirtió el decreto ley en una herramienta de uso habitual, firmó esos números que muestran a un Sánchez muy inseguro.

Para qué sirve Europa

“Microsoft no transferirá datos personales fuera de la Unión Europea para evitar multas”. Solo este titular de Hipertextual explica mucho mejor qué hace Europa y las bondades de la Unión, que muchas crónicas farragosas. No echo la culpa a las y los cronistas, por supuesto: la información que damos de la Unión siempre es compleja y parece lejana. Pero a veces la aplicación de sus políticas nos regala titulares como el referido. Titulares que son mucho más: la garantía de que una gran tecnológica cumplirá una normativa que protege a la ciudadanía europea. Ahora, que cumplan las demás que, además, son más peligrosas.

Pero también llega tarde

Europa hace cosas bien pero las hace con cierta lentitud. Eso es indiscutible. Esto que hemos encontrado en El Independiente es, como la noticia en Hipertextual del párrafo anterior, muy elocuente y explicativo: “China lleva 20 años invirtiendo en minerales críticos y, por eso, construyen prácticamente todas las baterías del mundo”. “Lo que ha hecho Europa y también Estados Unidos es darse cuenta de la necesidad que tienen y lo han puesto en su legislación, pero no han incentivado de la misma forma a sus industrias y a los inversores, porque tienen prejuicios con respecto a la minería”.

El barro

Arnaldo Otegi cree que hablar de ETA está mal, supongo que igual que cree que la cuestión de los presos de ETA es una cuestión de todas y todos. Arnaldo Otegi cree, en definitiva, que el país es un EH Bildu más grande: lo que le viene mal o lo que les ocupa es lo que nos viene mal o nos ocupa a todas y todos. Y el país (el vasco) tiene que ser como Bildu: un lugar en el que, a cambio de algo, ayudemos a su blanqueo. Pero eso no va a pasar: vamos a seguir hablando de que en este país unos mataron a otros porque pensaban diferente, de que amenazaron a toda la sociedad y de que los que les justificaban ahora quieren que todos corramos un tupido velo.

Fascistas y antifascistas

Lo que no deja de sorprenderme es que en Euskadi la táctica del velo tupido funciona perfectamente a Bildu: encuentra con facilidad a personas dispuestas a blanquear a Sortu (que manda en la coalición) a cambio de un puesto de trabajo, y encuentra a muchísima gente capaz de votar a quienes no distinguen a un fascista de un cacahuete y a quienes lo hacen pero valoran más ese puesto de trabajo. Es muy sencillo: ¿quién es el fascista en este caso: “El Ejército israelí vuelve a demoler un colegio palestino construido con fondos de la UE cerca de Belén” (Menéame)? Pues es así de fácil también con lo que pasa y ha pasado en Euskadi.

El municipalismo

“¿Por qué Podemos no tendrá espacio en la propaganda gratuita de RTVE para el 28-M?”, preguntan en el Huffington Post. La respuesta no puede ser más fácil: porque es una fuerza que desde su creación ha despreciado el municipalismo, obtiene resultados muy discretos en los ayuntamientos y los repartos de tiempos en los servicios públicos van en función de los votos recibidos. Podemos no quiso presentarse con su marca en las primeras municipales que cató: fuera de Bruselas, Congreso y el parlamento autonómico solo estábamos las y los pobres, de espíritu y de sueldo. Quejarse ahora de poco espacio en los medios es oportunismo.

Y más

Otro ejemplo: “Los municipios de Podemos que se rebelan contra la dirección nacional ante el 28M”, leemos en El Periódico de España. Y si seguimos leyendo, podemos comprobar que no se dejan nada en el tintero: “En algunas localidades las bases de Podemos piden el voto para Más Madrid o PSOE”. Si Yolanda Díaz es lista, abrazara el municipalismo. Veremos. Pero lo que es evidente es que en Podemos han trabajado muy mal lo más importante de la política: lo local, la farola, la papelera y el banco (el de sentarse). O lo que es lo mismo: la organización local que te va a dar suelo y soporte a corto, medio y largo plazo.

El último circo

Por supuesto, vi partes de la coronación de Carlos III. Lo hice como quien ve un show que le es completamente ajeno. Londres el sábado no me pillaba lejos, me pillaba tarde: eran imágenes que merecen estar en blanco y negro, que no merecen una señal digital y un streaming. Esos avances se crearon pensando en el futuro, y aunque la monarquía británica sea una pieza de museo vistosa, no tiene nada que ver ni con el presente. Y preferiría no hablar hoy de otras monarquías que, igualmente desfasadas, generan más noticias por lo que han trincado quienes han formado la familia real y su real soberbia, pero hablo.

Esto va así

Al fascismo solo se le puede tratar de una manera: mal. Al de allí y al de aquí. Y si alguien justifica, ampara o ayuda en el lavado de cara o pasado solo se le puede tachar de una cosa: colaboracionista. Aquí y allí. Así que cuando “el PSC rechaza sumarse al veto para que Vox no tenga senadores por Cataluña” (El Independiente) se posiciona. Y lo hace en el bando del colaboracionismo porque un senador de Vox más es una posibilidad más de que alguien haga ruido en la corte de Madrid, donde el PSOE cree que le beneficia este antagonismo que anula al PP. Políticamente tiene explicación, pero ninguna justificación.

Esto, también

El PSOE que facilita la vida a Vox para mantener su enfrentamiento es el mismo que juega con la proposición de ampliar a 35 los años trabajados para calcular la pensión, lo que “podría recortar más de un 8% las pensiones” (El Boletín). Además, podría darse “un posible problema de ‘discriminación indirecta’ por razón de género, ya que las mujeres presentan carreras laborales más cortas”. Esto es lo que propone el gobierno más progresista de la historia de España. Lo que está claro es que no importa que gobierne el PP, el PSOE o una coalición: recortar las pensiones es cuestión de Estado.

Ya colocarán a Cantó

No me parece mal que haya políticos profesionales: personas que dedican su vida a la gestión o la representación de la ciudadanía. No tiene nada de malo que así sea… Salvo que luego se pongan a señalar puertas giratorias (cualquiera de los clásicos de la izquierda abertzale sirve de ejemplo) o que para mantenerse en política tenga que agarrarse a todas las ramas como Maroto o Toni Cantó, que ya va a quedarse como el ejemplo de este modelo: después de confirmarse que no podrá ir en las listas del PP, ha sonado como senador autonómico, consejero madrileño de Cultura y se ha deslizado como candidato en Valencia.

Seguramente

La pregunta que se ha hecho Sillonbowl en Twitter nos la hemos hecho casi todos: “¿El ridículo de la UE con las vacunas es la peor gestión que jamás ha hecho de nada?”. En un momento en el que se necesita liderazgo y la Unión podía demostrar que Bruselas y Estrasburgo es algo más que un puñado de burócratas millonarios, ambiciosos y garantistas, han fallado. O todo lo contrario: porque en el fondo a casi nadie sorprende la candidez de Europa y que otros gigantes y no tanto (porque aunque ellos lo crean el Reino Unido no es un continente) le hayan pasado por encima y parezca aturdida ante los problemas.

¿La nueva normalidad?

Todavía no vivimos en la nueva normalidad, es evidente: seguimos en la excepcionalidad de los toques de queda, las mascarillas y los datos escalofriantes de muertos y ocupación de UCI. La nueva normalidad vendrá más adelante, puede que también acompañada de mascarillas en momentos puntuales, más alertas sanitarias, mayor distancia social, aforos más reducidos, un poco de teletrabajo (mucho menos que lo que cree la mayoría) y algunas limitaciones: el uso de los aviones tiene todas las papeletas para ser diferente, como adelantan en Magnet. “Más impuestos, menos vuelos cortos y billetes más caros”.