Nos encaja

Lo peor para Pablo Iglesias no es que Lola Sánchez Caldentey haya escrito un hilo en Twitter en el que la exeurodiputada de Podemos le acusa de machista y de haber intentado espiar a Miguel Urban. Lo peor es que nos encaja perfectamente con lo que hemos visto de Pablo Iglesias hasta ahora. En concreto, Sánchez le acusa de haber promocionado antes a dos hombres que a ella cuando le correspondía, a presionarla para que aceptara formar parte de movimientos internos, de no dejarla trabajar y de haberle pedido informes anónimos sobre la Urban, y nos podemos imaginar a Iglesias en todas esas situaciones sin dificultad.

Nada le vale

Pablo Iglesias ve cómo todo lo que ha puesto en marcha con esfuerzo (eso no se lo discuto) se lo va a llevar Yolanda Díaz con mucho menos trabajo. Y la culpa es, en gran parte, suya: todas y todos los purgados, todas y todos los rebotados, todas y todos los que quieren participar en un proyecto progresista pero perdieron la confianza y las ganas en Podemos, se suman a Díaz. E Iglesias, por supuesto, busca culpables fuera: “Pablo Iglesias, que se pegó más horas en La Sexta que Ana Pastor, Pablo Iglesias, que era tertuliano en la SER, ese mismo Pablo Iglesias, diciendo a otra que muy mal estar en La Sexta y la SER”, tuitea con tino Jorge Matías.

Seguimos

Leo en El Independiente que “la moción de censura tuvo ‘poco o ningún interés’ para el 61% de la población, según una encuesta de Sigma Dos”, y sin embargo aquí estoy, escribiendo sobre ella. Por otro lado, en Vertele han recopilado las cifras: 790.000 fueron las espectadoras y espectadores que, de media, vieron la sesión el martes de 8:00 a 15:00 (cuando hablaron Abascal, Sánchez, Tamames y Díaz). Supongo que muchas y muchos éramos periodistas que seguíamos con entusiasmo un poco enfermizo el show. Pero ni la atención excesiva del sector va a servir para mantener viva una patochada que nunca debió de darse.

Daniel, déjalo

Días después seguimos viendo noticias sobre la moción de censura y tuits provocados por las intervenciones durante las sesiones, como este del economista neocón Daniel Lacalle: “Ramón Tamames ha demostrado ser un gigante intelectual ante un gobierno lleno de propaganda y vacío de argumentos. Nunca he considerado la moción de censura una buena idea, pero escuchar a Ramón reivindicar el sentido común y la verdad ha sido un lujo”. Quien se atreve a escribir algo así está entre los gravemente intoxicados o entre los intoxicadores. Nada más explica el arrojo de un tuit tan fantasioso e intencionado.

¿Qué puede salir mal?

“Qatar ofrece una histórica cifra para compra el Manchester United: 6.000 millones de euros” (Nius). Es el precio de salida que la familia Glazer ha puesto al 69% de las acciones del club, todas las que posee. Y la oferta la ha hecho el jeque Jassim bin Hamas Al Thani, de la familia real y “presidente del Banco Islámico de Qatar, la segunda institución financiera más importante” del país. El hambre de estos países de poseerlo todo me sorprende tanto como el inmenso poder que les hemos cedido, vía dinero. Las facilidades de la Premier para trasvasar capitales de la propiedad a los equipos, por supuesto, ayuda a que lo veamos.

¡Qué tomadura de pelo!

Ramón Tamames tiene poca vergüenza. No es un viejo imbécil. Es un imbécil que se ha hecho viejo. Lo demostró él, sin ayuda de nadie, presentándose de la mano de Vox como alternativa a Pedro Sánchez, e intentando dar lecciones ridículas en el Congreso, fuera de tiempo y forma, despreciando a los grupos parlamentarios y, para colmo, intentando vendernos su discurso en forma de libro digital en Amazon. Cinco euritos. No es mucho, pero sí supone mucha caradura: la que ha exhibido en todo momento y lugar desde que se prestó a un teatrillo innecesario y ridículo. El mismo documento está gratis en el web del Congreso, por cierto.

Así de claro

Por mucho que la moción de censura friki haya dañado a Vox y, en especial, a Santiago Abascal, con unos discursos flojos, sin preparar, sin hilar, con argumentos gilipollas, en esto tiene razón el partido ultra: “Vox rebaja la euforia del PP tras la moción de censura: ‘Si quieren gobernar, vamos a tener que pactar’” (El Independiente). No solo eso: el PP tendrá que pactar con un partido debilitado por ridículo. Pero ese es el callejón en el que, primero Casado y luego Núñez Feijóo, han metido a su partido, incapaces ambos de ningunear a la extrema derecha y tender la mano a otras opciones. En su pecado estará su penitencia. Y será larga.

Y Pablo Iglesias, radicalizado

Entiendo el cabreo en Podemos ante las intenciones de Yolanda Díaz. La vicepresidenta y ministra, aupada por Pablo Iglesias en primera persona, pretende llegar a mesa puesta, declarar como de su propiedad todo lo que esté ante sus ojos y, además, salir aclamada. Lo que no entiendo es que alguien tan inteligente como el propio Iglesias (y esa cualidad nunca la he puesto en duda) se esté dejando llevar por la ira, demostrando en cada tuit su radicalización. Mientras tanto, “Colau, Garzón y Mónica García: la izquierda se vuelca con el estreno de Yolanda Díaz” (El Confidencial). Y con esa actitud serán más.

No, no es “libertad de expresión”

Lo que vemos en TikTok no es “libertad de expresión”, como no es “creatividad” salvo en muy pocas excepciones. Lo que vemos en TikTok son copias infinitas de tonterías y mensajes bastante peligrosos que suelen esconder modelos de negocio perversos. Así que no compro, de ninguna manera, este argumento: “TikTok advierte al Congreso de EEUU de que vetarlo perjudicará a la economía y la libertad de expresión” (República). Shou Zi Chew sabe que miente. Que la única economía perjudicada es la suya y no hay libertad de expresión que se ponga en riesgo limitando el acceso a la red social más dañina que yo haya conocido.

A mí que no me mire

Solo soy un columnista de un periódico de provincias. Lo escribo con mucho orgullo pese a que parezca poca cosa. Y por mi condición doy por hecho que ni Joan Laporta ni ninguno de los chivatos que pretende activar repararán nunca en mis opiniones sobre el Barça. Mejor. Porque no me apetece nada defenderme ante prácticas mafiosas. No digo que el actual presidente del FC Barcelona lo sea, digo que su intención de denunciar a los periodistas que están publicando informaciones y análisis sobre los pagos del club a la empresa de Negreira es mafiosa. Y que abra un mail para que las y los culés envíen esos links también lo es.

¿Empieza todo?

Si yo fuera de Podemos estaría profundamente cabreado con Yolanda Díaz y Sumar. Entiendo perfectamente a las y los del partido morado porque la líder gallega y su nueva formación pretenden, básicamente, aprovecharse de todo el trabajo que empezaron Iglesias, Errejón y Monedero, y que llega hasta nuestros días. La intención de Yolanda Díaz es llegar, decir: “Ahora todo esto es mío”, y avanzar como líder indiscutida. Y eso no está bien. Tampoco es un acierto prescindir de los partidos en Sumar (algo que pretendieron en Podemos) ni pretender que con ella empiece todo (algo en lo que se empeñaron también en Podemos).

El ejército de purgados

Con todos los laminados por las dos direcciones de Podemos (la de Iglesias y la de Belarra con Iglesias susurrándole al oído) pudieron hacer un partido: Más País. Con los que no quieren formar parte de las y los morados, empezando por IU, se puede formar un movimiento: Sumar. Evidentemente, algo han hecho mal en Podemos. Queda claro cuando observamos el ánimo positivo con el que comparten contenidos de Yolanda Díaz muchas y muchos de los expulsados del partido morado. Es bastante significativo: significa, de hecho, que quienes fueron parte activa se quedaron con ganas de más pero sin oportunidad ni sitio donde darlo.

Pudo y puede renunciar

Cuanto más escucho y más veo a Yolanda Díaz menos me la creo (y menos me gusta). Todo lo que dice y hace está medido con una previsión y una exactitud sospechosas. La copia del discurso a Pablo Iglesias y la posterior filtración (mi apuesta es que la hizo el equipo de Sumar) para la comparación es la mejor muestra. Pero por mucho que mida, como cualquier persona, se equivoca: no puede decir que le “pesa la designación a dedo” de Pablo Iglesias para nombrarla vicepresidenta. Podía haberla rechazado e incluso podría hacerlo ahora mismo. ¿Por qué no lo hace? Esa es la pregunta espontánea que nos hacemos muchos.

Demasiado líder para una izquierda floja

El liderazgo de Pablo Iglesias empieza a parecer tóxico. No solo no se ha apartado de Podemos, es que parece que dicta lo que tienen que decir y hacer Ione Belarra e Irene Montero. Toma machirulo. Y además, le sobra tiempo para montar un medio que definirá lo que tiene que opinar la izquierda (y quien no comulgue, deportación), y para perseguir uno a uno en Twitter a todas y todos los periodistas que dicen cosas que no le gustan. ¿Puede defenderse? Claro que sí. ¿Debe dejar claro varias veces al día que él es demasiado líder, demasiado listo, demasiado tío, incluso, para la actual izquierda española?

El medio

Tengo curiosidad por ver el nuevo medio de comunicación que van a lanzar Pablo Iglesias y Jaume Roures. Estoy desenado ver cómo lo hacen, con quién y, sobre todo, cómo difunden los contenidos. Estoy seguro de que voy a aprender algo. Lo que no voy a hacer es escuchar lo que digan. No por soberbia, sino porque sé que no se dirigirán a mí: espero un mensaje infantilizado disfrazado de erudito. Solo hay que ver cómo ha sido La Base, en Público, y La Última Hora, la web que lanzó Podemos y que ha acabado a la deriva con una carta apelando a “la mirada de un periodista” pero escrita a ciegas. Sin cuidado.

La moción friki

La moción de censura que termina hoy en el congreso español es, básicamente, friki. El discurso de Abascal con el que arrancó esa pérdida de tiempo y recursos, fue un discurso friki en el que mezcló sin cuidado todas sus obsesiones contra el gobierno español y sus socios. El de los violadores condenados que pueden convertirse legalmente en mujeres, entrar en cárceles de mujeres y seguir violando, según su propia descripción, es un ejemplo gráfico del nivel de la moción. En algún momento pensé que Vox iba a saber salir airoso, pero ayer su líder dejó claro que los ultras son una centrifugadora de sentido común.

¿Merece respeto Tamames?

Por su discurso, por la pérdida de tiempo que está suponiendo esta moción de censura y por haberse prestado a ser de utilidad a la extrema derecha, Ramón Tamames no me merece respeto. Ni la edad, ni el esfuerzo de estar ahí, ni una trayectoria que lustran otros me parecen argumentos suficientes para darlo por hecho. Tamames hizo un discurso mejor que el de Abascal (cualquiera lo haría), pero no fue práctico ni abrió ningún debate. Solo oímos cómo ve España un viejo que compra los argumentos de Vox. Y eso, lo siento, no me importa. De un facha, aunque sea por interés (económico o por vanidad), no pongo nada en valor.

Sánchez, con comodidad

A Pedro Sánchez se le vio cómodo, muy cómodo, incluso demasiado, confrontando con Tamames y, especialmente, Abascal. Porque Vox, y esto no debemos olvidarlo, también ha sido cebado por el gobierno español: a PSOE y Podemos les viene bien el cuerpo a cuerpo contra la ultraderecha: es fácil y rentable. Pero también es política y socialmente irresponsable. Y Vox entra al juego por incapacidad o por interés: esta moción de censura fue un regalo de la ultraderecha a Sánchez para repasar sus políticas y decisiones y, por supuesto, el presidente español hizo ese repaso. ¿Fue plomizo? Sí, pero hizo lo que tenía que hacer.

Díaz, de campaña

Creo que la de ayer es la intervención más larga que he oído de Yolanda Díaz en el Congreso. Y solo me sonó a discurso de precampaña. Pero no de la que toca, a las puertas de unas elecciones municipales y forales, sino a la suya, la de las generales de diciembre de este mismo año. Y creo que es un error: el tono presidencialista que usó Díaz y su discurso, tocando tantos palos como guiños quería hacer (otra muestra más de que no hace nada que no esté medido), iba dirigido, como todo lo que hace y dice, a su proyecto personalista. Díaz es buena en las formas, pero son los fondos los que hacen que se le vean las costuras.

Y el PP, descolocado

Sánchez lo dijo muy bien: el PP de Casado votó no en la primera moción de censura de Vox, y el de Núñez Feijóo, previsiblemente, se abstendrá. Sí, este PP, pese a Sémper, está muy escorado a la derecha. Que Núñez Feijóo eligiese a Cuca Gamarra como portavoz en el Congreso también se lo puso fácil, sobre todo, a Sánchez: no es necesario hacer caso a la caricatura ultra cuando puedes discutir directamente con Martínez el Facha después de un restyling, que es lo que es Abascal, en esencia, y tratar con condescendencia a Tamames, que pidió al árbitro la hora en cuanto olió la goleada.

«¡Árbitro, comprado!»

Después del partido en San Mamés, Xavi Hernández pedía no hacer juicios anticipados al FC Barcelona por la hostilidad del público ante lo que estamos sabiendo sobre el “caso Negerira”. Mi duda es si hace la solicitud como entrenador del equipo actual o como capitán de aquel equipo que pudo haber sido directamente beneficiado por el dinero que el club pagaba. Un dinero que, después, el exárbitro sacaba en metálico del banco y con el que “Hacienda sospecha que Negreira usó 550.000 euros que recibió del Barça para pagar a terceros” (República). Yo solo sé que lo que pasó en el campo y en el VAR el domingo no es normal.

No sabe ni dónde vive

Uno de los que sufrió el domingo pasado en San Mamés, sin duda, fue el alcalde de Bilbao. Solo unas horas antes, Juan Mari Aburto había acertado con un tuit en respuesta al candidato de Vox para arrebatarle el puesto: Diego Setién comentaba la noticia de los “asaltos” al restaurante El Vivero de Artxanda, cuyo dueño señala a menores no acompañados, y pedía a Aburto: “Apártese y deje que Vox haga lo necesario”. El alcalde respondía: “Ese suceso no ha sido en Bilbao. Es otro municipio vizcaíno que se llama Lezama”. Vamos, que el candidato ultra no conoce Bilbao. Y el medio que echa la carnaza, por cierto, que se lo haga mirar.

Primero, el baño de masas

Como me hizo notar una persona mucho más sagaz que yo, en los actos de “escucha” que ha montado Sumar, principalmente, a la que se ve hablar es a Yolanda Díaz. Hablar, recibir aplausos y protagonizar selfies. Primero, el baño de masas (por cierto, cada vez menos concurrentes, según las fotos) y, después, el resto. Como la negociación con Podemos: ya no tienen excusas para empezar a dar forma a la agrupación porque Sumar ha anunciado que ha acabado el proceso, que “la primavera de 2023 va a ser decisiva”  y que “pronto nos veremos en Madrid” porque si algo es la izquierda española es centralista hasta aburrir.

Y la propaganda, claro

No sé quién está detrás de la cuenta “En la retaguardia”, pero espero que le paguen bien por tuitear: “‘¡No queremos morir por Bandera!’, ‘¡no es nuestra guerra!’. En la ciudad de Bydgoszcz, los polacos tomaron las calles contra las acciones del gobierno polaco”. Según Ricardo Marquina, entre otros, el vídeo no es del fin de semana ni del país: “La propaganda rusa intentando pasar un video de Ámsterdam, en enero de 2022, por una protesta polaca contra el apoyo a Ucrania. Se inventa hasta las frases”. Que en la ropa de los agentes ponga “Politie” (“policía” en neerlandés, en polaco es “policja”) es ya una gran pista.

Menos mal que son las y los más listos

La caída de Silicon Valley Bank ha dejado una cuestión muy importante en evidencia y que en Activos escriben muy clarito: “Los problemas de liquidez de este grupo financiero revelan que la subida de tipos también disminuye el valor de los activos de los bancos y eso puede afectar a su liquidez”. Es decir: si los tipos dejan de subir no es porque a la mayoría nos apriete la hipoteca, sino porque los bancos pierden valor en las bolsas de todo el mundo. No nací ayer: ya sé que, aunque no me guste, el sistema bancario mundial no puede colapsar. Y porque lo sé me pregunto: ¿no habían decidido lo de los tipos altos personas muy listas?