CÓRDOBA: El Palacio de Viana, la joya de Kutxabank

Del 17 al 28 de marzo de 2025 realizamos la segunda escapada del año a las andaluzas provincias de Málaga, Córdoba, Jaén y Granada, volando con Volotea de Bilbao a  Málaga y pasando las dos primeras noches en una ciudad que hacía bastantes años que no visitábamos, Córdoba, para lo que reservamos el Hotel Eurostars Conquistador ****, pero la víspera de iniciar el viaje nos llamaron para decir que algunas habitaciones se habían inundado por las fuertes lluvias, cambiándonos al Hotel Eurostars Palace ***** (https://www.eurostarshotels.com/eurostars-palace.html), muy bueno por cierto, situado en el Paseo de la Victoria, a 750 m de la Mezquita-Catedral. Frente al hotel, a 230 m está la Puerta del Almodóvar, del siglo XIV, junto a la que se encuentra la escultura del filósofo y dramaturgo cordobés Séneca. A 500 metros, en la misma acera tenemos una de las zonas de ambiente de Córdoba, el Mercado Victoria, con más de 20 bares y restaurantes, que ocupa la antigua Caseta del Círculo de la Amistad, edificio histórico de hierro forjado que data de finales del siglo XIX, donde se celebraba antiguamente la Feria de Córdoba.

Córdoba tiene muchos lugares que visitar, de los que cuatro forman parte de la selecta lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO: la Mezquita-Catedral (1984), el Centro Histórico (1994), la fiesta de los Patios Cordobeses (Patrimonio Cultural Inmaterial, 2012) y el yacimiento arqueológico de Medina Azahara (2018). A continuación os muestro algunos de los lugares más interesantes: Puerta del Puente, Torre de la Calahorra, Alcázar de los Reyes Cristianos, Murales, Templo romano, Callejas de los Ángeles y de las Flores, Puente romano, Mezquita-Catedral, Museo Julio Romero de Torres, la iglesia fernandina de Santa Marina y Madinat Al-Zahra.

Pero voy al grano. Se trata de mostraros a continuación uno de los lugares más monumentales con que cuenta Córdoba, el Palacio de Viana, una casa que nos muestra los gustos de las 18 familias que la habitaron entre 1425 y 1980, fruto de la ampliación y transformación de un grupo de casas de la Baja Edad Media, siendo su primer propietario Gómez Suárez de Figueroa. Al heredar Cajasur, el Palacio de Viana pasó a ser propiedad de la Fundación Kutxabank, abriendo sus puertas al público el 31 de octubre de 1981. Accedemos así a la casa señorial más importante y mejor conservada de Córdoba, que aglutina en un solo lugar la mayor concentración de patios de la ciudad.

Nada más entrar en el Palacio de Viana accedimos a la sala polivalente, donde tenía lugar la exposición “Amazonas cordobesas”, obra del pintor cordobés Rafael Martín Toril, con el que pudimos conversar. Pronto pasamos por los dos primeros patios, el de la Cancela, antiguo patio de acceso a la casa de los condes de Torres Cabrera, colindante al palacio, y el de Recibo, actual acceso principal al palacio. Junto a él se encuentran las Caballerizas, pudiendo contemplar una carroza para siete caballos y un palanquín.

Pronto pasamos por dos patios, siendo el primero el de los Gatos, el patio de vecinos más antiguo de Córdoba, del que accedemos al de los Naranjos, que recuerda a los jardines hispano-musulmanes del siglo XV. El Salón del Mosaico, antigua entrada principal de la casa, es el escenario de la exposición “La exhibición del poder”, que ocupa también la Sala de Firmas, la Sala de las Vitrinas y el Salón de Tobías. La siguiente cita la tuvimos en el Patio de las Rejas, uno de los iconos del Palacio de Viana y de los patios de la ciudad de Córdoba, diseñado en el siglo XVII y visible desde el exterior.

Siguiendo el recorrido circular llegamos al Patio de la Madama, construido en el siglo XVIII y cuyo nombre hace referencia a la náyade de la fuente central, que en la mitología griega era una ninfa de agua dulce. De él pasamos al Patio de Columnas, el último que se incorporó al conjunto, pues se construyó en los años ochenta del siglo pasado. Es mi favorito por su amplitud, las fuentes y albercas y las numerosas macetas y columnas. Sobre el soportal dintelado del fondo asoma la torre de la iglesia de San Agustín. Es éste uno de los principales escenarios de la programación cultural de la Fundación Kutxabank.

La siguiente cita la tuvimos en el Jardín, que se incorporó al palacio en el siglo XIX con inspiración francesa. Todavía nos quedaban muchos patios por recorrer, comenzando por el coqueto de la Alberca, pasando sucesivamente al de los Jardineros, también originario del siglo XIX, al del Pozo, que se caracteriza por el muro de hiedra que tapiza las paredes del palacio, el de la Capilla, construido en el siglo XVII y el de la Cancela, que fue el patio de acceso a la casa de los condes de Torres Cabrera.

Todavía nos quedaba un lugar por visitar en la llamada zona institucional, la Capilla y Galería de los Saavedra, así llamada por los seis cuadros con los miembros más destacados de esta familia, que se exhiben sobre la pared mayor. Se accede a ella por el Patio de la Capilla. Concluimos la visita en el Patio del Archivo, el más interior del palacio de Viana y ejemplo del barroco cordobés más sobrio. Como ya estuvimos en otra ocasión, por falta de tiempo no realizamos la visita guiada al interior del palacio.

El Palacio de Viana se encuentra en la cordobesa plaza de don Gome, 2. Abre de martes a sábado de 10 a 19 horas y los domingos y festivos solo hasta las 15 horas. En julio y agosto, el horario es de martes a domingo de 9 a 15 horas. Cierra los lunes. La visita a los 12 patios y la zona institucional de la planta baja cuesta 8,50 €, que sube a 14 € si se añade la visita guiada al interior del Palacio. Más información en https://www.palaciodeviana.com/

Villa Arnaga, el Versalles de Lapurdi

Concluido el relato de los viajes de 2025, me voy a detener en las próximas entregas en lugares concretos, de los que hablé de pasada, que merecen una detenida visita, comenzando con el más cercano de todos, Villa Arnaga, precioso lugar enclavado en la localidad labortana de Kanbo (Cambo-les-Bains), a 165 km de Leioa, conocido popularmente como “el Versalles vasco”. Visitamos este lugar en el curso de una escapada a Lapurdi efectuada del 7 al 11 de octubre de 2024, teniendo como campamento base Larressore (en euskera Larresoro) y más en concreto, el pequeño Hôtel Restaurant Aldaburua, situado a 2,5 km de Villa Arnaga y 3,7 km de Kanbo. Su pequeño casco urbano se concentra en torno al restaurante Aldaburua, que tiene enfrente la Herriko Etxea (Ayuntamiento), algunas casas de estilo vasco, como Dendarieta y, en un lateral, la iglesia de Saint-Martin que, aunque data de finales del siglo XIX, cuenta con las tradicionales galerías de madera de los templos labortanos.

Para acceder a Villa Arnaga, tenemos que dejar el coche en el aparcamiento gratuito situado al borde de la carretera D410 (Route du Docteur Camino), situado junto a la puerta de acceso al recinto, teniendo que caminar desde este punto hasta la taquilla, en la que compramos la entrada al precio de 9 €. Villa Arnaga suele abrir del 2 de abril al 9 de noviembre, cerrando los lunes. El horario es de 11 a 18 h, aunque en julio y agosto abre a las 10. En cualquier caso se cierra el acceso a las 17 h. A partir de aquí tenemos un corto paseo por una carretera asfaltada que recorre un bosque hasta llegar a los jardines.

Estamos en la zona más hermosa del recinto, el jardín francés, que ocupa 7 hectáreas y se extiende hasta la fachada principal de la casa. Es obra de Joseph-Albert Tournaire y Pierre Ferret, junto a la imaginación y diseño del propio Edmond Rostand. El jardín, se organiza en torno a tres estanques con fuentes, canales y parterres de hortensias, rododendros y camelias. Nada más acceder a ellos encontramos una pérgola inspirada del palacio de Schönbrunn en Viena, construida en 1912 y flanqueada por dos pabellones. Desde ella tenemos una preciosa vista del jardín francés con la villa al fondo.

Caminamos por le jardín francés disfrutando de la contemplación de Villa Arnaga, máxime con el día tan bueno que hacía. Se trata de una elegante una casona de estilo neovasco, con una fachada con entramado de madera de color rojo, construida entre 1903 y 1906 por el escritor y dramaturgo Edmond Rostand, autor de la famosa obra Cyrano de Bergerac. Su interior parece un palacio con 19 habitaciones, salas y salones. Contemplamos la villa desde el canal, el “espejo del agua”, el “estanque redondo” y el jardín.

La Villa Arnaga ha sido convertida en el Museo Edmond Rostand y cuenta con  muebles cedidos por el Mobilier National, ya que en 2019 se decidió renovar su interior al encontrarse los originales muy deteriorados. En la planta baja nos detenemos en el comedor, de estilo Luis XVI, donde contemplamos el retrato de Rosemonde Gérard, pintado por Caro Delvaille y situado sobre la curiosa estufa eléctrica revestida de mármol. Pasamos también por el despacho de Edmond Rostand, el office y la biblioteca, adornada con pinturas de mujeres desnudas, obra de la pintora francesa Clémentine-Hélène Dufau.

El espacio más espectacular de la planta baja es el Gran Salón, de enormes dimensiones, que sirve de vestíbulo a las salas adyacentes. La parte superior está decorada con un friso de gran colorido pintado por Gaston La Touche en 1905, que ilustra el poema de Victor Hugo “La Fête chez Thérèse”. Cuenta también con el autorretrato de Clémentine-Hélène Dufau (1911), pudiendo ver un cuadro de Rosemonde Gérard con un vestido verde, además de grandes vidrieras por las que contemplar los jardines. Al lado está el pequeño salón chino, decorado con tres paneles lacados de color negro traídos de Pekín.

Subimos al primer piso por una gran escalera mientras observamos los medallones de la parte superior, pintados también por Clémentine-Hélène Dufau, que muestran a tres mujeres desnudas, aunque solo os muestro a dos, mujer con pavo real y mujer con flamenco. Vemos también el dormitorio de los niños, el cuadro “Joven hombre y joven mujer”, de Clémentine-Hélène Dufau y el sencillo dormitorio de Edmond Rostand, desde el que se contempla el jardín de estilo inglés, el lugar secreto del poeta.

La joya de la primera planta son las dependencias de Rosemonde Gérard, desde cuyo vestidor, decorado con pinturas en tonos rojos, se tiene una espectacular vista de conjunto de jardín francés. A continuación se encuentra el dormitorio de Rosemonde Gérard, de inspiración Luis XVI, que dispone de su propio baño, todo un lujo pues además cuenta con bañera con agua fría y caliente. Finalizamos la visita en el tocador de Rosemonde, una habitación decorada con un espectacular friso de pinturas de 20 metros de largo por uno alto, obra realizada por Jean Veber.

Ya que estamos en Cambo-les-Bains (en euskera, Kanbo), aprovechamos para dar un paseo por esta tranquila localidad de 6.700 habitantes, convertida en el sexto destino termal de Francia, cuya fama comenzó en el siglo XIX al ponerse de moda del termalismo, acercándose a esta población notables  personalidades de la época como la emperatriz Eugenia de Montijo, Napoleón III o el rey Eduardo VII. También tenemos una buena vista de las montañas y del valle del Nive. Llaman nuestra atención los frontones.

Dejamos aparcado el coche junto al principal monumento de Kanbo, la iglesia de Saint Laurent, de los siglos XVI-XVII y catalogada como Monumento Histórico, así que es de obligada visita. Como suele ser habitual en las iglesias de Lapurdi, destaca en su interior las galerías esculpidas en madera y su retablo. También encontramos la estatua de San León, patrón de Baiona y una terracota esmaltada de  la Virgen con el Niño, donada por Edmond Rostand. En el exterior vemos varias estelas funerarias.

Villa Arnaga suele cerrar de noviembre a abril, así que estar atentos a los horarios en su web, http://www.arnaga.com/.

CRACOVIA (Polonia), Patrimonio de la Humanidad

Para este año había pensado hecer una escapada cada mes, así que la duodécima del año tenía como destino la ciudad polaca de Krakow (Cracovia), decisión que tomamos al conocer que Wizzair, ponía a partir de diciembre un vuelo directo desde Bilbao a esta ciudad, de tres horas de duración, así que el 30 de agosto compré los billetes y fui el primero en reservar asientos. La fechas, del 13 al 16 de diciembre, pero tampoco pudo ser. Habría sido la tercera vez que visitábamos esta encantadora ciudad cuyo centro histórico forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1978, eligiendo para ello el Hotel Mercure Krakow Stare Miasto. Como cuando hablé de Polonia prometí hacer una entrada específica sobre Cracovia aprovecho esta oportunidad rememorando el viaje a Polonia de 2015, en el que nos alojamos en esta ciudad del 16 al 20 de junio, en el Hotel Campanile Krakow Old Town, muy bien situado por cierto. En Cracovia se come muy bien pero por las noches no faltaba la zurek, sopa servida dentro de una hogaza de pan.

El motivo de este viaje a Cracovia no era otro que visitar su coqueto mercado navideño que se celebra del 29 de noviembre al 1 de enero en la Plaza del Mercado (Rynek Główny), con una amplia variedad de productos artesanales y puestos de especialidades culinarias polacas, además de actuaciones de coros y espectáculos folclóricos. También hay que contemplar el árbol de Navidad colocado en la plaza. La otra actividad importante es presenciar la exposición de belenes carcovianos, Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, que se colocan hasta finales febrero en el Palacio Krzysztofory.

Aunque pernoctamos en Cracovia cuatro noches, para utilizar esta ciudad como campamento base, solo un día, el 18 de junio, lo dedicamos a recorrer la ciudad, comenzando pasando frente a la iglesia de la Santa Cruz y el Teatro Juliusz Słowacki. Tra scaminar 600 metros desde el hotel llegamos a la Barbacana (Barbakan), la parte más interesante que se conserva de las fortificaciones medievales de Cracovia. Casi al lado tenemos la estatua de Jan Matejko y, un poco más adelante, la Puerta de San Florián, símbolo de la ciudad, la Torre de los Carpinteros (Baszta Stolarzy), la estatua de Mercurio y el Czartoryski Museum. La ruta continuó por la calle Florianska.

Nos detenemos en primer lugar en un puesto de Obwarzanek Krakowski, un pan en forma de anillo, similar a un bagel, pero trenzado y hecho con una masa que se hierve antes de hornearla. Cracovia cuenta con 120 iglesias católicas, visitando en primer lugar dos de ellas, comenzando por la de Santa Bárbara, gótica de finales del siglo XIV, que cuenta en su interior con la escultura la Pietà. La siguiente cita la tuvimos en la iglesia que más me gusta, la Basílica de Santa María, con sus dos elegantes torres y el retablo de Veit Stoss. Abre de lunes a sábado de 11:30 a 18 y domingos y festivos de 14 a 18 h. Casi al lado está la iglesia de Santa Bárbara y la estatua del estudiante pobre.

Sin darnos cuenta hemos llegado al lugar más visitado de Cracovia, la Plaza del Mercado (Rynek Główny), fundada en el siglo XIII y presidida por la Lonja de los Paños, el fastuoso palacio de Sukiennice construido 1257 pero reedificado en 1555 tras sucumbir en un incendio, que cuenta con numerosos puestos de artesanía y recuerdos. En la plaza están también, el monumento al poeta Adam Mickiewicz, la torre del siglo XIII del primitivo Ayuntamiento, el Museo Subterráneo (Rynek Underground Museum), la coqueta Iglesia de San Adalberto y la modernista escultura Eros Bendato, de Igor Mitoraj.

Todavía nos quedaban otras dos iglesias por visitar. Caminando 600 metros llegamos a la románica de San Andrés, del siglo XI, a la que se le añadieron dos torres barrocas en el siglo XVII. Su decoración interior también es barroca. Al lado tenemos de San Pedro y San Pablo obra maestra de la arquitectura barroca polaca, construida entre 1597 y 1619. Nuestro destino se encuentra 300 metros más adelante sobre una colina desde el siglo XI. Se trata del Castillo Real de Wawel. Los apartamentos reales abren de martes a domingo de 9:30 a 17 h, aunque no entramos por falta de tiempo. En el mismo recinto tenemos la Catedral de Wawel (abre todos los días de 9 a 16 h), la estatua de Juan Pablo II y la escultura ecuestre de Tadeusz Kościuszko, uno de los monumentos de bronce más conocidos de Polonia.

A unos 400 metros frente al castillo hacemos una pausa en la tradicional Cervecería Pod Wawelem. Pasmos frente a la iglesia de San Bernardino de Siena, barroca del siglo XVII y accedemos al Barrio judío de Kazimierz, una de las visitas imprescindibles en Cracovia, en el que Steven Spielberg rodó varias escenas de la película “La Lista de Schindler”. En primer lugar visitamos la Sinagoga Tempel, que cuenta con las únicas vidrieras judías de Polonia. En el mercado de Plac Nowy nos detenemos para comer algo muy típico de Cracovia, el Zapiekanka, una especie de pizza hecha en media baguete. A continuación nos acercamos a la Sinagoga de Isaac, que estaba cerrada, visitando el Museo Sinagoga Vieja, la más antigua de la ciudad.

Tras décadas de abandono, el barrio de Kazimierz ha sido protagonista de una espectacular recuperación urbanística, convirtiéndose en uno de los enclaves más modernos de la ciudad, así que decidimos concluir las visitas recorriendo pausadamente este barrio, cortejando al río Vístula y fotografiando a las parejas de novios que vienen a este lugar a hacerse el reportaje de la boda. Abundan también las terrazas de verano y las food trucks, pero si algo llamó mi atención fuel el monumento a las sillas, situado en la Plac Bohaterow Getta, (Plaza de los Héroes del Ghetto).que fue el escenario de las acciones más trágicas de la historia del ghetto de Cracovia, pues aquí se reunía a las víctimas de la deportación, que tenían que pasar horas sentadas en el suelo, sin agua ni comida, bajo el abrasador sol del verano de 1942. De allí tuvimos que caminar 2,2 km hasta el Campanile, yendo los últimos metros por el Parque Planty.

Como ya he comentado pasamos cuatro noches en Cracovia, siendo frecuente ir a cenar al entorno de la Plaza del Mercado, situado a unos 500 metros del Hotel, así que aproveché para fotografiar algunos edificios por la noche, destacando la Lonja de los Paños, la Basílica de Santa María y la Iglesia de San Adalberto. La visita nocturna del centro histórico de Cracovia merece realmente. Además los restaurantes cierran bastante tarde y hay ambiente nocturno hasta el amanecer. De hecho a las 7 de la mañana era frecuente ver pasar a gente por la puerta del hotel que venía de gaupasa.

La tarde del 19 de junio tuvimos la suerte de coincidir con un festival de folclore, dejándome subir al escenario para sacar las fotos. En Cracovia cuentan con una danza folclórica muy vivaz, de nombre Krakowiak. Concluyo esta entrega advirtiendo que en Polonia no hay euros, así que conviene comprar la moneda local, preferentemente en casas de cambio, dándote 4,24 złotys por cada euro. También hay que hacer notar que, aunque hay tres horas de vuelo, en Cracovia tienen la misma hora que en Leioa.

Por si alguien se anima a viajar a Cracovia a mediados de diciembre, amanece sobre las 7:30, poniéndose el sol hacia las 15:30 h. En esas fechas el tiempo ha sido soleado, con mínimas de -1-0 y máximas de 5-6 grados. Por el contrario, en verano pasamos bastante calor. Cracovia es un buen punto de partida para visitar otro tres lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, los campos de concentración de Auschwitz, las minas de sal de Wieliczka y Kalwaria Zebrzydowska, además del Parque Nacional de los Tatras.

TAILANDIA, el viaje frustrado

Del 8 al 22 do noviembre teníamos previsto realizar el undécimo viaje del año, con destino a Tailandia, pero no pudo ser debido a un problema de salud. Sin embargo no me he resistido a escribir sobre él, para rememorarlo aunque sea de esta forma. Para ello he tenido que buscar imágenes por Internet, correspondiendo otras a diapositivas escaneadas de viajes que realicé en los años 1993, 1995 y 1997. Había conseguido un vuelo muy bueno con salida a las 17:55 h con destino a Barcelona (Vueling), para luego volar a Bangkok con Etihad Airways con escala de 1 h 40 en Abu Dhabi (dos vuelos de 6 h 15 min), Habríamos llegado a Bangkok a las 18 h locales (6 h más que aquí). Para entrar en Tailandia hace falta una especie de visado que hay que sacar por Internet tres días antes de la llegada. Para las noches del 9 al 12 de noviembre teníamos reservado el Hotel Mandarin ****.

Tailandia es un país de 72 millones de habitantes, de los que más de diez y medio viven en su capital, Bangkok. Para el 10 de noviembre, según el programa de Catai, teníamos una visita guiada a los tres lugares más importantes de la ciudad, de los que tengo un grato recuerdo, comenzando por el Templo Wat Traimit o del Buda de Oro, de unas 5 toneladas de peso. La segunda visita era al Wat Pho o Templo del Buda Reclinado, que toma este nombre por su enorme escultura de 46 metros de largo y 15 de alto. La visita más larga era la última, el Palacio Real, pues se trata de un complejo de que sirvió como residencia del rey de Tailandia desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. En el edificio central del Grand Palace se encuentra el Buda de Esmeralda, el principal icono religioso del pueblo tailandés.

El 11 de noviembre, pensábamos aprovechar para recorrer a nuestro aire Bangkok, pudiendo acercarnos a otros dos templos, el Wat Arun o Templo del Amanecer, ubicado a orillas del río Chao Phraya como el Grand Palace y el Wat Saket o Templo de la Montaña Dorada. Lo de visitar los mercados flotantes resulta más complicado, pues solo suelen abrir los fines de semana de 8 a 15 h, así que sería mejor recorrer en barca los canales del río Chao Phraya. Como me gustaría ver lo que ha cambiado Bangkok, ciudad que no visito desde hace 27 años, pensaba acercarme al el Parque Lumphini o subir al piso 78 de la torre MahaNakhon, de 314 metros de altura.

La jornada del 12 de noviembre comenzaba con un desplazamiento de 139 km hasta Kanchanaburi, para visitar el JEATH War Museum, que detalla cómo era la vida de los prisioneros durante la construcción de la vía de tren durante la Segunda Guerra Mundial, para luego acercarnos a un cementerio de los prisioneros aliados y de allí al conocido Puente sobre el Río Kwai, con un pequeño recorrido en tren. A continuación, 175 km hasta las ruinas de los Templos de Ayuthaya, un parque histórico situado junto al río Chao Phraya, declarado Patrimonio de la Humanidad en 1991. Los restos corresponden al período entre los siglos XIV y XVIII, visitando los principales templos, el Wat Yai Chaimongol y el Wat Mahatat. Alojamiento en Ayuthaya en el Classic Kameo Hotel ****.

El 13 de noviembre comenzaba con un desplazamiento de 305 km hasta Phitsanulok, para visitar el templo Wat Mahabatha, construido en el siglo XV para albergar una estatua de Buda de bronce y bañada en oro, considerada como una de las más bellas de Tailandia. 59 km distan del siguiente destino, Sukhothai para recorrer las ruinas arqueológicas de la primera capital del Reino de Siam durante los siglos XIII y XIV, que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1991. Visita a los principales templos y otros 205 km de viaje hasta Lampang, con alojamiento en el Lampang River Lodge ***

El 14 de noviembre tocaba traslado a Chiang Rai, deteniéndonos tras recorrer 149 km en el Phayao Lake, conocido como “La Atlántida de Tailandia”, una antigua llanura repleta de arrozales que se ha convertido en un gigantesco estanque dedicado a la pesca. Tras visitar este hermoso lugar y comer, la siguiente cita es en el llamado Triángulo de Oro, la confluencia de los ríos Mekong y Ruak, donde Tailandia hace frontera con Myanmar y Laos. Conocí este lugar en 1995, antes de cruzar el río Mekong para pasar a la población laosiana de Huay Xai. De allí quedaban 161 km para llegar al lujoso alojamiento previsto, Le Meridien Chiang Rai Resort *****, en el que se puede cenar en el restaurante Favola con vistas al río Mae Kok.

239 km separan Chiang Rai De Chiang Mai, el siguiente destino, pero la jornada del 15 de noviembre comenzaba de forma muy diferente, pues había que embarcarse en una lancha local por el río Mae Kok para visitar un poblado de una tribu local, pudiendo ser de las etnias Karen o Akha, siendo de esta última la que visité en 1993. Continuamos hata el emblemático templo blanco de Wat Rongkhun, situado a tan solo 16 km de Chiang Rai, que rompe con la idea de los templos tradicionales. Tras la comida, salida hacia Chiang Mai, para visitar un templo budista que me encanta y que es uno de los más venerados del país, el Wat Phra That Doi Suthep, al que se accede tras subir 306 escaleras flanqueadas por nagas. Construido a finales del siglo XIV destaca por su pagoda dorada. Alojamiento en el Melia Chiang Mai *****. Por la noche cena típica Khantoke con espectáculo de danzas.

El 16 de noviembre comenzaba con una visita de un campamento de elefantes, para luego dar un paseo de a lomos de uno de ellos, cosa que me extrañó pues, aunque lo hice en 1993, ahora estos campamentos suelen ser éticos y solo se permite interactuar con los elefantes. Después se efectuaba un descenso en una balsa de bambú por el río. Hace 32 años el bambú-rafting lo hicimos “a pelo”, pero ahora suelen llevar unos pequeños asientos. A continuación, visita a una plantación de orquídeas, comida y tarde libre para poder visitar otros templos, entre los que merecen la pena el Wat Phra Singh, el Wat Chedi Luang y el Wat Sri Suplan, completamente construido en plata. A partir de la tarde recomiendo visitar, pues me gustó mucho, el Mercado Nocturno, situado a lo largo de Chang Khlan Road, a unos pasos del hotel.

Acabado el circuito, a media mañana del 17 de noviembre teníamos reservado un vuelo de Hahn Air System, que enlaza Chiang Mai con Phuket en un par de horas. Tras tanto ajetreo, pensé que nos vendrían bien cuatro días de estar a nuestro aire fuera de la bulliciosa Phuket, por lo que escogí pasarlas en Coconut Island, nombre turístico que recibe la isla Koh Maphrao y, más en concreto, en una lujosa suite del Barceló Coconut Island *****, que cuenta con una playa privada con vistas a la impresionante bahía de Phang Nga. Tiene servicio de taxi acuático para acercarte a Phuket, varios establecimientos de hostelería y numerosas instalaciones para la práctica de deportes acuáticos.

Como no soy muy de playa, para los días 18, 19 y 20 de noviembre tenía preparadas varias opciones, siendo la primera de ellas conocer Phuket, recorriendo Old Phuket Town, la Ciudad Vieja, con sus edificios de arquitectura chino-portuguesa que destacan por sus coloridas fachadas, acercándonos al Banzaan Fresh Market y visitando el Big Buddha o Gran Buda, de 45 metros de altura. Para los otros dos días sendas excursiones por Phang Nga Bay, famosa bahía que destaca por sus impresionantes karst de piedra caliza que se elevan sobre las aguas verde esmeralda, además la Isla de James Bond. La tercera opción era desplazarnos al pequeño archipiélago de las Islas Phi Phi (Koh Phi Phi).

Mientras que el viaje de ida fue en cámara rápida, el de vuelta era muy cansado por las largas escalas en los aeropuertos, casi 8 horas en el de Bangkok, más de 7 en el de Abu Dhabi y 3 en el de Barcelona. En conclusión, salida de Phuket el 21 de noviembre a las 17:30 h (11:30 en Leioa) y llegada a Bilbao a las 22:55 h del 22 de noviembre. Iba a ser la novena vez que pasaba por el aeropuerto de Bankok tras haber volado desde él a Calcuta, Dakha, Dubai-Ammán, Chiang Mai, Chiang Rai, Roma, Vientiane y Yangon.

Hemos estado en BABIA

La décima escapada del año la realizamos del 13 al 17 de octubre teniendo como destino la comarca leonesa de Babia y, más en concreto la población de San Emiliano, uno de los dos municipios que, junto a Cabrillanes, forman esta comarca. Para pasar las cuatro noches elegimos un sencillo alojamiento situado a 347 km de Leioa, que se realizan casi todos por autovías y autopista en unas tres horas y media. Se trata del Hotel Rural Valle de San Emiliano, que cuenta también con un buen bar-restaurante. Limítrofe con Asturias, esta comarca es conocida por la expresión «estar en Babia», relativa a la situación de estar distraído. Sin embargo, para sus habitantes tiene muchas ventajas, tal como recoge el cartel que incluyo a continuación, más asociadas a la serenidad de sus valles y montañas, en las que nacen los ríos Luna y Sil.

Tras comer e instalarnos en el hotel, a media tarde nos desplazamos tan solo 12 km a Torrestío, pequeño núcleo rural de unos 48 habitantes perteneciente al concejo de San Emiliano, donde tratan de limitar la velocidad de los coches para proteger a las gallinas que campan a sus anchas. De camino vimos por la carretera a un buen grupo de caballos que se dirigían a San Emiliano. Una vez en Torrestío, contemplamos un par de hórreos y caminamos bajo la lluvia un par de kilómetros hasta la preciosa cascada de La Foz. De vuelta en el coche continuamos hasta el Mirador Puerto Ventana y, de regreso al hotel, nos detuvimos junto a la iglesia de Candeluela, uno de los mejores ejemplos del barroco rural en la montaña leonesa, que fue construida en 1725. Como sucedió después en otros pueblos, estaba cerrada.

Como nos enteramos de regreso de Torrestío, el 14 de octubre decidimos reprogramar la jornada para, tras el desayuno, acercarnos al Recinto Ferial de San Emiliano para acudir a feria de ganado equino, principalmente de caballo hispano-bretón, raza reconocida oficialmente en 1998, fruto del cruce de yeguas españolas con sementales bretones llevado a cabo a comienzo del siglo XX. Estos caballos, de los que Babia es el referente estatal, pastan en semilibertad en los montes de la zona, siendo destinados a la producción de carne. En la feria también había puestos de venta de diferentes productos. Otro día vimos un enorme rebaño de varios centenares de ovejas merinas negras, en su trashumancia hacia Extremadura.

Tras pasar un buen rato en la feria y comprar ricos quesos, nos desplazamos unos 19 km hasta nuestro siguiente destino, la Laguna Grande, un lago de origen glaciar al que se accede desde la pequeña parroquia de Lago de Babia. La carretera concluye en un aparcamiento situado a escasa distancia del lago. Nada más salir del coche se nos acercaron dos mastines, lo que nos hizo tomar precauciones, aunque pronto vimos que venían en plan pacífico, dejándose acariciar, cosa que no se debe hacer según los consejos que vimos después en un panel. Estaban cuidando a un grupo de vacas que pastaban junto al lago, con sus terneros, a los que tampoco conviene acercarse cuando hay mastines. Fue la más hermosa estampa de esta escapada. Subimos luego a un collado, rodeado de montañas, desde donde contemplamos el cañón del río Sil.

De la Laguna Grande descendimos hasta Lago de Babia (Ḷḷáu en patsuezu, la lengua local). Es una aldea de 21 habitantes perteneciente al municipio de Cabrillanes, en el que se ha creado el proyecto “El Lago de la Cultura”, a cargo el artista Manuel Sierra, decorando varias fachadas como la Cochera de Amancio, la Casa de Marisol y Paco, la Casa-Escuela, el Transformador, la Casa Urbano y la Casa Mino. También vimos la iglesia parroquial de San Pedro del Lago, el Reloj, el potro de herrar, una antigua trilladora manual y una yegua con su potro. De allí, como los días siguientes, fuimos a comer de bocadillo al cercano el merendero de Las Murias, que cuenta con una buena fuente y varias mesas.

La tarde la pasamos recorriendo en coche el valle del Sil, acercándonos a lo que vimos desde el collado de la Laguna de Babia, deteniéndonos en La Vega de los Viejos, perteneciente al municipio de Cabrillanes, por donde pasa el río Sil, que parece un pequeño arroyo. Nuestra meta se encontraba a 14 km en La Cueta, pequeña aldea de 40 habitantes que cuenta con tres barrios (Quejo, Cacabillo y La Cueta) situados a lo largo del estrechón de Bocarrío, el desfiladero natural formado por el río Sil. La Cueta es el pueblo situado a más altitud de la provincia de León (1442 m) y uno de los más altos de la península. De aquí sale el sendero que lleva al nacimiento del río Sil. Junto al puente de piedra se conserva el Molino de Abajo, desde donde caminamos hasta la parte alta de la aldea, donde sen encuentra la coqueta iglesia parroquial de San Mateo. Aquí dimos por concluida esta hermosa jornada, regresando al hotel distante 26 km.

Iniciamos la jornada del 15 de octubre desplazándonos 12 km (todo está cerca) hasta la localidad de Torre de Babia. Dejamos aparcado el coche junto a la fuente situada a la entrada del pueblo, de donde parte la Ruta Laguna de Las Verdes (sendero PR-LE 73), distante 5,3 km, con un desnivel de 470 metros, un recorrido en el que entre ida y vuelta se tarda unas 4 horas. Hoy toca disfrutar de pleno de la comarca de Babia, declarada Reserva de la Biosfera por la UNESCO en el año 2004. Buena parte de la ruta se realiza por una pista, desde la que contemplamos al fondo del valle la cascada de Treméu. La pista se bifurca hacia la izquierda cuando llevamos 2,5 km y concluye en la majada de Las Verdes, teniendo que seguir por un estrecho y a veces difuso sendero hasta la Laguna de las Verdes, así llamada por estar completamente cubierta de vegetación, aunque con la sequía que hay en la zona ahora era ocre. Aunque el sendero es circular, regresamos al punto de partida por la misma ruta de subida.

Cuando regresamos a Torre de Babia, sacaban a pastar a un grupo de vacas. Nosotros hicimos lago que se convirtió en habitual, ir a tomar algo al bar más cercano, el Brumas, ubicado en Cabrillanes, la capital de este municipio. Comida de bocata en el merendero de Las Murias y regreso a visitar Torre de Babia, pues no lo pudimos hacer por la mañana, aunque la llovizna nos incordió un poco. Se trata de una localidad de 31 habitantes perteneciente al municipio de Cabrillanes, en la que destaca la iglesia de San Vicente, del siglo XIV, situada en un alto y conocida como la Catedral de Babia. Eso sí, estaba cerrada al igual que el Museo Etnográfico y de la Trashumancia, que ocupa una casa tradicional babiana, así que nos conformamos con ver vacas y ovejas, dando por concluida la jornada antes de regresar al hotel.

La ruta del 16 de octubre, estaba todavía más cerca, pues partía de Riolago de Babia, distante tan solo 8 km de San Emiliano. Se trata de la Riolago-Lago Chao (sendero PR-LE-72), con un recorrido de 12,6 km (ida y vuelta) y un desnivel que parte de 1232 m y alcanza una altitud máxima de 1754 m en el Lago de Chao, realizándose en algo menos de 5 horas. Los 4 km primeros, los que nosotros realizamos, discurren por el Camino de las Brañas, paralelo al arroyo de Riolago, una pista forestal que luego hay que abandonar para cruzar el arroyo por un moderno puente. A partir de aquí se convierte en un empinado y a veces complicado sendero, motivo por el que abandonamos, así que no pudimos ver el Chozo de las Brañas, la Cascada de San Bartolo con poquísima agua y el Lago del Chao, por lo que las imágenes que publico me las han pasado nuestros amigos de Rivas Vaciamadrid con los que realizamos el viaje. Antes de regresar a Riolago disfrutamos de la mejor panorámica de Peña Ubiña. Como apareció la lluvia, el resto de la tarde la pasamos en el hotel.

Antes de emprender el regreso a casa, el 17 de octubre volvimos a Riolago de Babia, pues queríamos visitar la interesante Casa del Parque Natural Babia y Luna, por el que hemos efectuado los recorridos estos días, que desde el 1 de octubre solo abre viernes y sábado de 11 a 14 y de 16 a 19 h, y los domingos por la mañana. Ocupa el edificio más notable de este pueblo de 38 habitantes perteneciente al municipio de San Emiliano. Se trata del Palacio de la familia Quiñones, levantado en el siglo XVI. Otros edificios de interés son la parroquia de El Salvador y la capilla. También nos acercamos a la Panadería Alonso, nuestro proveedor de pan para el bocata todos los días a través del supermercado de San Emiliano.

De esta forma concluyó esta escapada por la hermosa y tranquila comarca de Babia en la que, aunque todos los días ha llovido algo, las mañanas han sido muy soleadas. Por delante nos quedaron 347 km para regresar a Leioa, que se realizan en unas tres horas y media más paradas.

LA RIOJA: Abadías, monasterios e iglesias

La novena escapada del año, en este caso miniescapada, tuvo lugar del 7 al 9 de septiembre y como destino una población cercana, Santo Domingo de la Calzada, que se encuentra tan solo 120 km de Leioa, realizando el viaje en hora y cuarto casi todo el tiempo por autopista. Desde allí aprovechamos para visitar también lo Monasterios de Cañas, Nerja y Yuso. Sin embargo ese no era el principal objetivo, sino poder contemplar el eclipse total de luna del 7 de septiembre y tratar de sacar unas fotos parecidas a las del Observatorio del Teide que adjunto, cosa que no pudo ser pues, aunque la tarde despejó, las nubes se adueñaron del horizonte, teniéndonos que conformar con ver desde Ciriñuela un hermoso atardecer y un arco iris. Al llegar de nuevo a Santo Domingo de la Calzada, la luna apareció radiante sobre nosotros.

Para pasar las dos noches de esta escapada elegimos el Parador de Santo Domingo Bernardo de Fresneda ***, que pagamos con los puntos de Amigos de Paradores. Ocupa para del antiguo convento de San Francisco, un hermoso monasterio del siglo XVI y lo que fuera la hospedería de peregrinos. Cuenta con magníficas instalaciones y hermosos y amplios salones, pero solo sirven desayunos ya que la cafetería y el restaurante están cerrados por falta de personal. Menos mal que justo enfrente se encuentra el paseo del Espolón, cenando las dos noches, muy bien por cierto, en el restaurante italiano La Strada, atendiéndonos la mujer del dueño que es de Areeta-Getxo. La comida del domingo, de picoteo, la efectuamos en la Cafetería Espolón.

Santo Domingo de la Calzada cuenta con una población que ronda los 6.400 habitantes y con un casco antiguo que fue declarado Conjunto de Interés Histórico Artístico en 1973, así que las últimas horas de la tarde de los dos días que allí pasamos, nos dedicamos a recorrerlo sin rumbo fijo. Junto al Parador se encuentra el Monumento al Peregrino y, a unos pasos, importantes restos de la muralla. También nos acercamos a la plaza Alameda, donde desde 1799 se encuentra la fuente de la ciudad. También pasamos junto a notables edificios como la Casa de la Cofradía de Santo Domingo, del siglo XVI, las Casas del alcalde Martínez de Pisón y de los Ocio, del siglo XVII y la antigua carnicería municipal, del siglo XVIII. Mucho más moderno es el mural que decora la fachada de un bar.

El 8 de septiembre iniciamos la jornada desplazándonos 12,6 km hasta Cañas, un pequeño pueblo de 96 habitantes, que cuenta con una joya bastante desconocida, el Monasterio de Santa María de San Salvador, una abadía de monjas cistercienses cuya construcción comenzó en el siglo XIII financiada por Urraca Díaz de Haro, quedando paralizada a su muerte hasta el siglo XVI. Destaca en su interior el renacentista retablo mayor, curiosamente trasladado en 1975 al pie de la iglesia. El ábside mayor se encuentra vacío, contando solo con una imagen de Jesús crucificado del siglo XIV. Otras imágenes notables son una Virgen gótica de madera policromada del siglo XIV y otra de Santo Domingo de Silos, natural de Cañas. La otra joya del monasterio se encuentra en la antigua sala capitular. Se trata del sepulcro gótico de Urraca Díaz de Haro, que data de finales del siglo XIII o principios del XIV.

De abril a octubre la abadía de Cañas fue escenario de la exposición “La Beata Mª Urraca: Fe y Aventuras en el Mundo Playmobil”, que recrea la vida en la abadía con figuras de Playmobil. También visitamos el interesante museo, al que se accede con la misma entrada, que cuesta 5 €. El Monasterio de Cañas abre a diario de 10:30 a 14:30 y de 16 a 20 horas. Más información en https://www.monasteriodecanas.org/.

A continuación nos desplazamos 13 km hasta Nájera, población que ronda los 8.200 habitantes y que cuenta con otra joya, el Monasterio de Santa María La Real, mandado construir por el rey García Sánchez III de Pamplona como sede episcopal y futuro panteón real para su familia, aunque la iglesia no se concluyó hasta 1516. El barroco retablo mayor data de finales del siglo XVII. Lo que más llamó mi atención es el coro, trasladado a un piso superior, con sillería realizada en estilo gótico entre los años 1493 y 1495. A los pies de la nave central se hallan los sepulcros de los reyes del reino de Nájera-Pamplona, precursor del reino de Navarra. A la derecha está el Panteón de los Infantes, en el que destaca el sepulcro de Blanca de Navarra, A la izquierda está el Panteón de los Duques de Nájera. Mención especial merece el claustro de los Caballeros, al que se accede desde la entrada por la Puerta de Carlos I. En él se encuentran los sepulcros de Don Diego Lope de Haro, señor de Vizcaya, y de su segunda esposa, Doña Toda.

Regresamos a comer a Santo Domingo de la Calzada para visitar por la tarde la Catedral, cuya construcción se inició en 1158. En su interior destaca el sepulcro de Santo Domingo de la Calzada. Frente a él se encuentra el Gallinero, de estilo gótico del siglo XV, donde se cobijan el gallo y la gallina en recuerdo del famoso milagro. Destacan también el retablo plateresco,  con tablas de Andrés de Melgar y Alonso Gallego y las capillas funerarias de Santa Teresa y de la Magdalena. También visitamos la cripta y el claustro gótico-mudéjar convertido en un museo. La Catedral abre todos los días de 9 a 20 h, aunque los sábados cierra una hora antes. La entrada cuesta 7 €. Más información en www.catedralsantodomingo.org.

La visitas continuaron en al plaza del Santo, situada frente a la Catedral, accediendo en primer lugar a su torre exenta, levantada entre 1767 y 1769. Se puede subir hasta el campanario, pero como son muchas escaleras, nos conformamos con visitar el Museo de relojes y campanas. En otro lateral de la plaza tenemos la sencilla ermita de Virgen de la Plaza y, enfrente de la torre, el antiguo Hospital de Peregrinos, convertido en 1965 en Parador de Turismo. Existe una entrada conjunta, de nombre pulsera turística, al precio de 10 €, que permite la entrada a la Catedral, la torre exenta y San Francisco.

Concluimos las visitas en el convento de San Francisco, parte del cual acoge hoy al Parador de Santo Domingo Bernardo de Fresneda, así llamado porque fue mandado construir por Fray Bernardo de Fresneda, obispo de Zaragoza, aunque reconstruido por Juan de Herrera en 1595. En el interior de la iglesia destaca el artístico monumento funerario de su fundador Fray Bernardo de Fresneda, situado frente al retablo mayor. El piso primero del antiguo convento ha sido convertido en un espacio museístico, destacando la colección de marfiles.

Tuvimos que dejar para el 9 de septiembre, antes de emprender el regreso a casa, la visita al lugar más conocido de esta parte de La Rioja, el Monasterio de Yuso (el de Suso está cerrado por obras), que desde 1997 forman parte del Patrimonio de la Humanidad. El motivo es que cierra los lunes. Dista unos 20 km de Santo Domingo de la Calzada y cuenta con un buen aparcamiento. La verdad es el que menos me gustó de los lugares visitados. Se accede al interior por una puerta barroca del siglo XVII que da acceso al claustro. En la iglesia lo que más me atrajo fue el coro, desde el que se contempla el retablo mayor presidido por el cuadro de San Millán de la Cogolla. Mención especial merece la sacristía, del siglo XVI, que fue la antigua sala capitular. Cuenta también con una magnífica biblioteca que guarda los primeros textos escritos en castellano y euskera. Otras joyas son los cofres con las reliquias de de San Millán y San Felices. El monasterio abre de martes a jueves de 9:30 a 14:30 h, los viernes y sábados de 9:30 a 13 y de 15:30 a 17:30 h y los domingos de 10 a 13:30 horas. La entrada cuesta 8 € (6 € los mayores de 65 años). Más información en http://monasteriodesanmillan.com/.

De esta forma concluyó esta miniescapada riojana. Por delante tuvimos 142 km (hora y media) para regresar a Leioa.

Escapada inglesa (y 3): De nuevo en Bristol

Continúo el relato de la octava escapada del año, realizada a Inglaterra del 7 al 10 de agosto, que dejaba hace dos semanas en la ciudad de Bath. El 9 de agosto lo volvimos a pasar en la ciudad de Bristol, iniciando la jornada visitando un lugar que teníamos a tan solo 8 minutos del hotel, St Mary Redcliffe, que abre de 10 a 16 h siendo la entrada gratuita. La reina Isabel dijo que era la iglesia más bella de su reino. Su visita merece realmente la pena. Con 89 metros y coronada por una aguja, su torre es visible desde muchos puntos de la ciudad.

A la entrada de la iglesia había uno de los muchos perros que vimos expuestos por todo Bristol, que forma parte de la exposición Gromit Unleashed, realizada del 30 de junio al 31 de agosto, presentando a los populares personajes Wallace y Gromit, el travieso pingüino Feather’s McGraw y uno nuevo, Norbot, el «gnomo inteligente». Cada escultura estará decorada individualmente y tiene como objetivo recaudar fondos para el Hospital Infantil de Bristol. Cuatro piezas únicas de Wallace y Gromit se encuentran en el Museo y Galería de Arte de Bristol.

Nos dirigimos a continuación al St Nicholas Market, el mercado más famoso y antiguo de Bristol,  construido en estilo georgiano en 1743. Cuenta con más de 60 puestos pero nos decepcionó bastante. Se encuentra en The Corn Exchange. A unos pasos tuvimos la King street, muy animada por las noches pero vacía por la mañana, en la que se encuentra el Bristol Old Vic Theatre Royal, construido en 1766 y que presume de ser el teatro en funcionamiento continuo más antiguo del mundo de habla inglesa. Muy cerca tuvimos otro lugar que no nos agradó mucho, Queen Square, con la estatua de Guillermo I en el centro.

Enseguida llegamos a un lugar que ya conocíamos, Pero’s Bridge, puente diseñado por la artista irlandesa Eilis O’Connell e inaugurado en 1999. Nada más cruzarlo nos encontramos ante la Upside Down House Bristol (la casa invertida), que habre de 10 a 20 h, pero cuyo interior no visitamos. A sus pies se encuentra Beetle sculpture (escultura de escarabajo). Enfrente está We The Curious, un centro de ciencia y arte, que alberga el primer Planetario 3D del Reino Unido (abre de 10 a 17 h.). Tampoco entramos, deteniéndonos a tomar un vino en el bar La Iguanas, en el que por cierto nos invitó su responsable tras una animada charla. Estamos en la animada zona de Millennium square.

Dos días antes hicimos el siguiente recorrido bajo el paraguas, pero en esta ocasión resultó mucho más agradable acercarnos al Bristol City Council (Ayuntamiento de Bristol), un elegante edificio inaugurado en 1950, frente al que se encuentra la Catedral y el animado parque de College Green, pero cuyo interior no se puede visitar. Junto a él se encuentra la estatua Rajah Rammohun Roy, uno de los principales intelectuales en la India del siglo XIX y en un lateral un pequeño jardín, con flores para los caídos en Ukrania, dominando los girasoles, su planta nacional.

La siguiente cita la tuvimos justo enfrente, en la Bristol Cathedral, antigua abadía convertida en la Catedral de Bristol en 1542, aunque su construcción definitiva en estilo neogótico no se concluyó hasta el año 1877, pero las torres gemelas, de estilo francés, son todavía posteriores, pues no se concluyeron hasta 1888. En su interior destacan la Elder Lady Chapel, la sala capitular y las tumbas de los antiguos abades. La Catedral abre de 10 a 17 h, siendo la entrada gratuita.

El Ayuntamiento de Bristol se asoma a la Park street, en la que el primer día vimos la primera obra de Banksy Tras una empinada cuesta llegamos a la Queens Rd, en la que se encuentra la Universidad, fundada en 1876 bajo el nombre de University College of Bristol. Poco más adelante hay otros dos notables edificios, Browns Restaurant y Royal West of England Academy, la galería de arte más antigua de Bristol. Enfrente está la estatua del Boer War Memorial y un precioso edificio, Victoria Rooms, construido entre 1838 y 1842 en estilo neogriego, y así llamado en honor a la reina Victoria. Frente a él hay una monumental fuente, que data de 1912 al igual que la estatua de bronce de Eduardo VII.

Desandamos brevemente el camino por la Queens Rd, descendiendo unos pocos metros hasta nuestra siguiente cita, el Bristol City Museum & Art Gallery, fundado en 1823, que desde 1905 ocupa un eificio de estilo barroco eduardiano. Nada más acceder a su interior contemplamos otra obra de Banksy, el Paint-Pot Angel (el Ángel del bote de pintura), que recuerda la exitosa exposición del museo “Banksy versus Bristol”, celebrada en 2009. Continuamos la visita disfrutando del amplio patio y la sección dedicada a Egipto.

Continuamos la visita al museo con la exposición de dinosaurios y las galerías de historia natural que incluyen una amplia selección de animales disecados. A continuación nos dedicamos a contemplar diferentes obras de arte, como Kathleen Garman by Jacob Epstein, Madonna de Botticelli, El Arca de Noé de Jan Griffier, Ecce Homo de Murillo, Girl with a Pearl Earring. Mojisola Kareem-Elufowoju, Ram Mohan Roy, Templo de Déndera de David Roberts y una foto de Martin Barr. El museo abre de 10 a 17 h (cierra los lunes), con entrada gratuita. Info: https://www.bristolmuseums.org.uk/bristol-museum-and-art-gallery/.

Iniciamos el largo regreso al hotel, volviendo a pasar cerca del Ayuntamiento en busca de un callejón donde se encuentra otra obra Banksy en forma de texto: You Don’t Need Planning Permission to Build Castles in the Sky (No necesitas permiso de planificación para construir castillos en el cielo). Volvemos al Pero’s bridge para dirigirnos al Puerto de Bristol, donde tomamos un bote que cruza el río Avon (acaba a las 17:30 h), que nos lleva a una zona industrial en la que casi oculta encontramos otra obra de Banksy, The Girl With Pierced Eardrum (la chica con el tímpano perforado). Ya solo nos queda un largo camino bordeando el río Avon, contemplando de paso una histórica grúa accionada por vapor, en el muelle de Bristol Docks. Nos ha encantado Bristol.

El 10 de agosto nos tocó madrugar y salir sin desayunar para trasladarnos en taxi al aeropuerto de Bristol. Desde él contemplamos como telón de fondo la exhibición de globos, antes de coger el vuelo de easyJet con destino a Bilbao, que salió a las 07:55 h. La escapada inglesa ha concluido.

Escapada inglesa (2): Bath

Continúo el relato de la octava escapada del año realizada a Inglaterra del 7 al 10 de agosto, que dejaba hace dos semanas en la ciudad de Bristol, en la que tuvimos nuestro “campamento base”. El 8 de agosto lo dedicamos a conocer Bath, que presume de ser una de las ciudades más hermosas de Inglaterra. Para ello nos desplazamos a la cercana estación Bristol Temple Meads, junto a cuya entrada, casi oculta, se encuentra la estatua de Isambard Kingdom Brunel, ingeniero británico conocido por ser el creador de la línea de ferrocarril del Great Western Railway, la que utilizamos para desplazarnos hasta la Bath Spa, en tan solo 11 minutos en el tren directo, que continúa hasta Londres, al precio de 10,30 libras ida y vuelta. Hay trenes constantes, aunque no todos son directos, empleando entonces en el trayecto hasta 18 minutos, dependiendo de las paradas. Bath se encuentra a 21 km al sureste de Bristol en el valle del río Avon. Una antigua cabina de teléfono, muy florida, nos dio la bienvenida.

Bath fue fundada como un complejo termal por los romanos bajo el nombre “Aquae Sulis” en el año 43 de nuestra era. En la Edad Media se convirtió en un importante centro de la industria lanera y en el siglo XVIII, durante el reinado de Jorge III, se transformó en una elegante ciudad con edificios neoclásicos, motivo por el que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1987. Además de la abadía hay que reseñar dos notables iglesias, la católica de Paris of St John The Evangelist, concluida en 1867 y la georgiana St Michael’s church, que data de 1837.

La primera visita que efectuamos fue mercado más antiguo de la ciudad, pues lleva más de 800 años en el mismo lugar. Se trata de Guildhall Market, que no es un mercado al uso sino un pequeño centro comercial con una veintena de pequeños comercios. Unido a él tenemos The Corridor, una de las primeras galerías comerciales del mundo. Diseñada por el arquitecto Henry Goodridge y construida en 1825, cuenta con un hermoso techo de vidrio que nos traslada a la High Street.

A unos pasos tenemos la joya de la ciudad, que ya visitamos en septiembre de 2022, por lo que en esta ocasión la pasamos de largo. Se trata de las termas romanas, ubicadas bajo el nivel de la calle y accediendo a ellas por un elegante edificio. El complejo está muy bien conservado, gracias a lo cual se pueden apreciar muy bien los elementos arquitectónicos presentes en el edificio. La entrada es bastante cara y conviene reservarla con tiempo El precio actual oscila entre las 28 y las 32 libras, incluyendo el pequeño pero interesante museo. Abre de 9 a 18 h. Las fotos corresponden al viaje anterior. Más información en https://www.romanbaths.co.uk.

Como en el anterior viaje solo nos detuvimos en Bath para visitar las termas romanas, volvimos en esta ocasión para disfrutar más tranquilos de esta agradable ciudad, visitando a continuación la abadía de San Pedro y San Pablo (the Abbey Church of Peter & Paul), a la que popularmente se llama tan solo la Abadía de Bath. Fundada en el siglo VII, esta iglesia parroquial anglicana fue con anterioridad un monasterio benedictino. Reconstruida entre los siglos XII y XVI, fue completamente reformada en la década de 1860. En su exterior se encuentra la Fuente de Rebeca, erigida en 1861.

La abadía de Bath tiene unas dimensiones de 67 metros de largo y 22 metros de ancho y la bóveda de la nave central se eleva hasta una altura de 24 metros de altura, alcanzando la torre los 49 metros. Tiene una capacidad de unas 1200 personas. El ventanal oeste cuenta con escenas del Antiguo Testamento. También podemos contemplar el sepulcro del Obispo de Bath y Wells (1608-1626), James Montagu. La Abadía abre de 10 a 17 h y la entrada cuesta 8 £. Más información en https://www.bathabbey.org/.

A unos pasos de la Abadía tenemos el Parade Gardens, de una hectárea de extensión y situado a orillas del río Avon. Es un lugar muy frecuentado por los habitantes de Bathal al que se accede de forma gratuita desde el pasado 1 de abril. Una alegoría floral nos recuerda que este año se celebra el 250 aniversario de Jane Austen. También podemos contemplar una estatua del Joven Mozart y un grupo escultórico dedicado al legendario rey Bladud. Las gaviotas se están adueñando de este parque.

Desde el Parade Gard contemplamos por primera vez uno de los emblemas de Bath, el puente Pulteney, diseñado por Robert Adam, basándose en el Ponte Vecchio de Florencia. Finalizado en 1773, es uno de los cinco puentes habitados existentes en el mundo. En el canalizado río Avon pudimos ver varios cisnes. Lleva su nombre por Frances Pulteney, heredera en 1767 de la finca Bathwick situada al otro lado del río. Cruzamos el río y regresamos a comer al otro lado, muy bien por cierto, en el Joya Italian Steakhouse.

Tras la comida continuamos recorriendo la ciudad, dirigiéndonos a continuación a The Circus, famoso ejemplo de arquitectura georgiana. Se trata de un complejo residencial circular, dividido en tres partes, cuya construcción se inició en 1754, concluyéndose en 1768. Muy cerca tenemos la siguiente cita en otra joya georgiana, The Royal Crescent, formado por treinta viviendas en forma de media luna que se asoman al Victoria Park, otro lugar muy frecuentado por los habitantes de Bath.

Iniciamos aquí el regreso a la estación Bath Spa, distante una milla. En nuestro recorrido pasamos ante el museo The Jane Austen Centre, dedicado a la escritora que vivió en esta ciudad de 1801 a 1806, aunque no le gustó mucho. Enfrente tenemos Queen Square, con el monumento al Príncipe de Gales. Aunque no entramos, nos sorprendió la existencia del bar Pintxo Bath, situado junto al Bath Theatre Royal y muy cerca del mercado de frutas y verduras situado bajo el Maple Tree. Siguiente destino, la estación de tren.

Pasadas las 5 de la tarde concluimos la estancia en Bath, desplazándonos en tren a Bristol para luego asistir al Festival de Globos, del que os hablé hace dos semanas. Todavía nos quedaba mucho por ver en Bristol. La escapada continúa,

Escapada inglesa (1): Bristol bajo la lluvia

La octava escapada del año tuvo como destino Inglaterra, realizándola del 7 al 10 de agosto. Antes de iniciar el relato quiero comentar que para poder viajar al Reino Unido hay que sacar obligatoriamente por Internet la Electronic Travel Authorisation (ETA) en https://uk-eta.visasyst.com/ y pagar 16 libras esterlinas (unos 19 euros). Tan solo te envían un correo diciendo que te autorizan la entrada, pero ningún documento, así que hay que suponer que con solo presentar el pasaporte (ya no sirve el DNI), en nuestro caso en una máquina de acceso, no tendrás problemas. Lo que sigue funcionando es la tarjeta sanitaria europea y, al menos con Movistar, el roaming. Dicho esto, el 7 de agosto cogimos el vuelo de easyJet que enlaza el aeropuerto de Bilbao con el de Bristol, con salida a las 13:55 y llegada a las 14:40 h (hay una hora menos en el Reino Unido). No tuvimos ni una turbulencia, pero cuando estábamos en la pista el avión pego un fuerte golpe en el suelo y volvió a despegar, así que aterrizamos al segundo intento.

El aeropuerto de Bristol es pequeño, bastante incómodo y está en obras, así que tuvimos que caminar un rato para tomar el autobús Bristol Airport Flyer, que nos trasladó a la estación Bristol Temple Meads (9 libras), situada a 6 minutos del hotel que escogimos para esta escapada, el Novotel Bristol Centre ****, situado a tan solo 6 minutos del puente de Bristol, que da acceso al centro histórico. Fue un acierto coger este hotel, pues cuanta con amplias habitaciones y restaurante en el que poder cenar hasta las 22 h, cosa que hicimos la primera noche. Para las dos siguientes escogimos dos restaurantes italianos situados en nuestra misma calle, Victoria street. La segunda en el Bella Vista, a 6 minutos andando desde el hotel y la tercera en el Marco’s Olive, de Cerdeña, a 2 minutos a pie.

Chispeaba cuando llegamos al hotel pero luego paró, así que nos animamos a tomar el primer contacto con esta ciudad del sudoeste de Inglaterra, de unos 428.000 habitantes, que se extiende a lo largo del río Avon y cuenta con una próspera historia marítima. Bristol es la octava ciudad más poblada de Inglaterra y la undécima del Reino Unido, aunque durante medio siglo fue la segunda después de Londres. Nada más salir del hotel pasamos junto a la ruinosa iglesia de Temple Church. Tras cruzar el río Avon vimos otra en el mismo estado, St Peter’s Church y un curioso cocodrilo. Bordeando el río llegamos al emblemático Pero’s bridge.

Una vez que cruzamos el citado puente vimos la noria, situada junto al Aquarium, la Upside Down House (la casa invertida) y The Curious. Aquí comenzó a llover con intensidad y nos refugiamos bajo unas arcadas con vistas a la plaza Millennium Square. Continuamos nuestra marcha pero enseguida comenzó otro chaparrón, teniendo que buscar refugio en otras dos ocasiones, la última bajo los soportales del Bristol City Council, situado frente a la Catedral. Des estos lugares hablaré en una próxima entrada cuando los visitamos y disfrutamos con sol. Por fin cerramos el paraguas y nos dedicamos a callejear.

Nuestro objetivo para esta primera tarde era contemplar tres murales callejeros, de los primeros realizados por el artista conocido como Banksy, que parece tratarse de Robbie Banks, nacido en Bristol en 1974. Suelen estar escondidos pero son un centro de peregrinación. El primero fue Well Hung Lover (Amante bien dotado), situado en 1, Unity St, junto a la pizzería PIZZAROVA (poner en Google Maps: Banksy’s Well Hung Lover). El segundo mural, Queen Ziggy, lo realizó mientras el país celebraba los 60 años de la reina Isabel II en el trono, apareciendo la reina con un rayo rojo y azul en su cara. Se encuentra en 22 Upper Maudlin (buscar Ani Stafford Townsend Millinery). Para localizar el tercero tuvimos que pedir ayuda, pues está oculto en la pared de la terraza del Bar The Canteen, siendo las mejor vistas desde Jamaica Street Junction. Su título es The Canteen, Mild, Mild West (La cantina, el oeste templado y suave). En Google: Banksy’s The Mild Mild West. De paaso aprovechamos para tomar un vino en este bar

Estamos en una zona que parece una galería al aire libre, por la cantidad de coloridos grafitis con que cuentan numerosas paredes y edificios, así que merece la pena acercarse a esta zona conocida como Stokes Croft, el barrio cultural de Bristol. Menos mal que ya no llovió en lo que quedaba de tarde, pues tuvimos que caminar unos dos kilómetro para regresar al hotel. En este primer contacto con la ciudad de Bristol hemos caminado algo más de 5 km. Pese a la lluvia nos está gustando la ciudad.

El 8 de agosto nos desplazamos a pasar la mañana en la cercana ciudad de Bath, de la que os hablaré en la próxima entrada. Una vez de regreso en el hotel en Bristol, nos desplazamos a la cercana parada del autobús nº 8, para cogerlo con destino a Clifton Village, que nos dejó a tan solo 7 minutos. caminando casi todo el tiempo por un parque con la curiosa fuente Public Fontain, hasta nuestro destino, el mirador del Clifton Suspensión Bridge (Puente colgante de Clifton), de 200 metros de largo y 75 de alto, que se construyó en piedra hace 150 años cruzando el desfiladero del río Avon. Tiene también dos torres de 26 metros de altura y presume de ser el lugar desde donde se realizó el primer salto de puenting del mundo, en 1979.

Teníamos ganas de ver el puente pero si nos desplazamos hasta este lugar fue por ver pasar los globos sobre el puente, que despegaban a la 6 de la tarde con motivo del el International Balloon Festival, el festival de globos aerostáticos más importante de Europa. Se calcula que unas 100.000 personas acuden a Bristol para contemplar el espectáculo que tuvo lugar del 8 al 10 de agosto. Al llegar allí entendimos el motivo del retraso de 35 minutos del autobús ya que miles de personas abandonaban el lugar conocedoras de que el festival se había suspendido debido al viento, algo bastante habitual por cierto, por lo que las fotos son de Internet. No obstante pasamos un rato junto al Clifton Observatory, un antiguo molino de viento para maíz, construido den 1766 y ahora convertido en observatorio. Antes de abandonar el lugar nos sacamos una foto en una de las obras de Gromit Unleashed y nos tomamos un vino en un kiosko instalado al pie del Observatorio.

El autobús nº 8 nos trasladó hasta las proximidades del Bristol Bridge, teniendo nada más cruzarlo el restaurante italiano que habíamos elegido para cenar la segunda noche, el Bella Vista. En la próxima entrega espero hablar de lo que hicimos por la mañana en Bath, dejando para las siguientes nuestro recorrido por la ciudad de Bristol. La escapada continúa.

Escapada al Périgord (y 2)

Continúo el relato de la sexta escapada del año, que tuvo lugar del 20 al 24 de junio con destino al departamento francés de Dordogne, que dejaba hace dos semanas tras recorrer el Périgord Negro. El 22 de junio lo continuamos recorriendo, deteniéndonos de forma inesperada al borde de la carretera cuando llevábamos recorridos 35 km, atraídos por unos muñecos situados en una campa anunciando el mercado que se realiza los viernes por la tarde en el pueblo de Plazac, que presume de contar con un tesoro escondido del Périgord, que nos animamos a descubrir. Se trata de la iglesia fortificada de Saint-Martin, con su imponente torre del homenaje cuadrada del siglo XII y sus elementos defensivos.

Nuestro destino se encontraba 6 km después, en La Roque Saint Cristophe, una muralla de piedra caliza de unos 1.000 metros de longitud y 80 de altura, horadada por el río y las heladas y habitada por el hombre desde la prehistoria y convertida en fortaleza troglodita en la Edad Media y en ciudad hasta comienzos del Renacimiento. Hoy podemos contemplar como fueron algunos de esos períodos. Abre de 10 a 18 h y cuesta la entrada 12,90 €. Más información en https://www.roque-st-christophe.com/.

34 km después estaba nuestro siguiente destino, Belvès, que pertenece a la asociación de “los pueblos más bellos de Francia”. Hizo mucho calor y coincidimos con día de mercado, siendo su epicentro Les Halles, el mercado cubierto del siglo XV, teniendo enfrente la oficina de turismo sita en 1 rue des Filhols. Ubicada en un espolón sobre el valle del río Nuze, Belvès es conocida como “la ciudad medieval de los 7 campanarios”, dedicándonos a recorrer su centro histórico contemplando notables edificios como la iglesia de Notre-Dame-de-l’Assomption, la Casa de los Cónsules y la Tour des Filhols, del siglo XI. Luego aprovechamos para comer, bastante tarde por cierto, en un restaurante de la isla de Reunion, en la céntrica rue Merdanson.

Abandonamos el Périgord Negro para desplazarnos al Périgord Púrpura, así llamado por el color del vino procedente de sus abundantes viñedos. A tan solo 16 km nos detuvimos en Monpazier, la más representativa de las más de 300 bastidas del suroeste de Francia, que fue fundada en el siglo XIII por Eduardo I de Inglaterra. Su centro es la place des Cornières, donde se encuentra la oficina de turismo, estando rodeada de casas con arcadas y contando con un magnífico mercado cubierto. Pertenece también a “los pueblos más bellos de Francia”, teniendo dos monumentales puertas de acceso al recinto amurallado, saliendo de él por la de Santiago. Poco antes de llegar a la plaza visitamos la iglesia de Saint-Dominique, construida en el siglo XIII, aunque el campanario se le agregó en el XVI.

Aunque pensábamos visitar otra vez la capital del Périgord Púrpura, Bergerac, como nos quedaba bastante a desmano, optamos por regresar al Périgord Negro, desplazándonos 21 km hasta Villefanche-du-Périgord, conocida por su mercado y las castañas, que presume con contar con una de las bastidas más antiguas pues fue fundada por Guillaume de Barriols en 1261. Es un pueblo pequeño completamente vacío cuando los visitamos, dedicándonos a recorrer sus dos pequeñas calles paralelas que cuentan con notables edificios. Frente al mercado cubierto se encuentra la iglesia de Notre Dame de l’Assomption, que fue consagrada en 1869. 83 km (1 h 15 min) nos separaron del Hotel Ibis Styles Perigueux Trelissac, dando por concluida esta jornada en el frescor de nuestra habitación.

La jornada del 23 de junio la volvimos a dedicar en su mayor parte al Périgord Negro. Conocíamos Lascaux II, pero no la más reciente Lascaux IV, situada en Montignac, a 55 km de nuestro hotel, en el valle de la Vézère, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Se trata de una réplica de uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo, la cueva de Lascaux, que cuenta con más de 600 pinturas y grabados que datan de la prehistoria, destacando las de bisontes, caballos, ciervos y uros. En el interior está prohibido tomar fotos, así que están sacadas de Internet. Abre de 9 a 19 h, costando la entrada 23 €. Más información en https://lascaux.fr/es/

La siguiente cita la tuvimos a tan solo 11 km en otro pequeño pueblo que ya conocíamos, Saint-Léon-sur-Vézère, uno de “los pueblos más bellos de Francia”, que cuenta con una pequeña joya, la iglesia románica que data del siglo XII. Situado a orillas del río Vézère, tiene otros dos notables edificios, el privado castillo de Clérans, del siglo XVI, y la torre del homenaje del Pazo de La Salle, del siglo XIV, que no visitamos pues se nos hizo tarde y salimos en busca de un área de pic-nic para comer el bocadillo, encontrando una, muy buena por cierto, a tan solo 5 km, frente al castillo de Losse.

Tras comer el bocata nos desplazamos 15 km hasta un pequeño pueblo que no conocíamos y que también forma parte de “los pueblos más bellos de Francia”. Se trata de Saint-Amand-de-Coly, que nos sorprendió gratamente al contar con una impresionante iglesia, de la que el pueblo toma el nombre, considerada la más bella iglesia fortificada de Dordoña. Originaria del siglo XII, fue reconstruida en gran parte, sobre los restos de la abadía, a lo largo de los siglos XIX y XX. Estamos en tierra de nogales, así que aprovechamos para comprar aceite de nuez en una curiosa tienda repleta de productos locales.

Nos quedaba muy a desmano, pero tenía ganas de volver a recorrer el Périgord Verde, el que nos faltaba, situado en el extremo norte y así llamado por sus abundantes prados. Tras recorrer 69 km llegamos a nuestro siguiente destino, Saint-Jean-de-Côle, otro de “los pueblos más bellos de Francia”, que cuenta con dos impresionantes edificios, el castillo de Marthonie, de los siglos XV a XVII, y la iglesia de Saint-Jean-Baptiste, románico-bizantina, construida en el siglo XII. También hay un puente románico al que no nos acercamos, concluyendo la jornada, tras recorrer 36 km, en el Hotel Ibis Styles Perigueux Trelissac, en el que pudimos cenar al estar por fin el lunes abierto el restaurante.

Al igual que sucedió en Florencia, parece que el calor nos persigue, pues hemos tenido que soportar altas temperaturas. Sin embargo hemos disfrutado mucho de esta escapada pues, salvo en Sarlat, no hemos encontrado casi gente en los pueblos visitados. Por delante nos quedaban 480 km, por autopista, para llegar a Leioa. La escapada ha terminado. Próximo destino: Inglaterra. Supongo que allí no hará calor.