¿Se apaga la estrella de Fanjul?

Eso sugieren en Moncloa.com: “Ayuso no perdona y promociona a Noelia Núñez para enterrar del todo a Bea Fanjul”. Núñez “está comiendo la tostada a Beatriz Fanjul sin que ésta pueda reaccionar ante el veto impuesto por Génova. La idea es que Noelia reviva en esas NN.GG.”. ¿El motivo? Aquel discurso en campaña en el que ridiculizó a Ayuso, “la peor enemiga que hay en el panorama político y dentro de su partido”. Pero, ¿cómo pudo suceder aquello? “Estaba ‘subida de tono’ y algo ‘endiosada’”, pero “nadie se esperaba que la actitud altiva le fuera a jugar una mala pasada frente a un micrófono”. Hasta que sucedió.

“Felpudo VI”

Pero Bea Fanjul no es la única damnificada por las decisiones de Díaz Ayuso: nada menos que el rey de España se ha visto perjudicado por la presidenta de la comunidad de Madrid cuando sugirió aquello de que tenía que negarse a firmar los indultos. Gracias a la del PP, ahora los de su partido y los de otros (Vox, Ciudadanos, no pocos socialistas) se han dado cuenta de lo poco que pinta el rey (sobre todo, para lo que cuesta) y han empezado a llamarle nada menos que “Felpudo VI” por cómo se ha dejado pisotear por Sánchez y los presos políticos catalanes. Una situación que ningún republicano se hubiera atrevido a soñar.

Ser Villarejo entonces

Lo mucho que pudo disfrutar Villarejo de ser quien fue cuando todo iba bien lo sabrán pocos. El comisario al que llamaban todas las cúpulas que importan si necesitaban arreglar algo. Una versión española y mucho más enriquecida de aquel Señor Lobo de Tarantino. ¿Dónde y qué comería mientras cerraba le negocio? ¿Qué hoteles y coches disfrutaría mientras era agasajado para conseguir sus favores que, además, luego facturaba? Pero más allá del asombro está la preocupación: ¿qué sistema permitía la aparición de un Villarejo viviendo y trabajando a todo tren, desde el PP a Iberdrola pasando por el BBVA?

Que no decaiga esta indignación

Las buenas noticias de los indultos a los presos políticos catalanes, la liberación de la mascarilla en espacios públicos y con distancia suficiente, o la caída en desgracia del rey a manos de los más monárquicos, no pueden distraernos de lo importante: en una península con ríos y pantanos, y bolsas de gas en su subsuelo, el precio de la luz sigue marcando récords por lo alto, y también lo hace la gasolina y el gas, claro, de cuya importación dependemos absolutamente. Hace bien FACUA en recordarlo casi a diario, como casi a diario se rompe un récord al alza. Nuestra aportación como pagadores es no olvidarlo.

Sí, lo merecemos

“Trabajo hay, lo que pasa es que nadie quiere pagar por él”. Esta máxima, presente durante la anterior crisis, la prepandémica, sigue estando vigente. Es una evidencia de tal magnitud que hasta el presidente de EE.UU., siempre alejado de la realidad cotidiana, sea quien sea, se ha dado cuenta: “Pagadles más”. Esa era su recomendación a los empresarios que le preguntaban por qué no conseguían trabajadores cualificados. Y ojo, que Biden también recomendaba que los buenos trabajadores se hicieran fuertes y mantuvieran el precio de su valor. Los recortes y los chollazos se tienen que acabar, también en el trabajo.

Nos vemos las caras

La mascarilla, el símbolo de esta pandemia, va a dejar de ser parte del paisaje exterior (y siempre que la distancia respecto a otras personas lo permita). Esta es una gran noticia que nos invita a dar un paso más en el camino de la normalidad, que no es el mismo que en el de la relajación, ojo. El fin de la mascarilla también es un factor que nos igualará: ahora se distinguirá peor a los gilipollas y a los jetas, y ahora las personas que fuman mientras caminan no nos mirarán por encima del hombro a los que, fumemos o no, simplemente respetamos las normas. Solo espero que el alivio nos mejore y no sirva para amargarnos más.

Ahora a nadie le parecía bien

El gobierno español relajó las medidas, las empresas vendieron los viajes; los aviones hicieron el trayecto; los hoteles y discotecas, los recibieron; el gobierno balear, también; ellas y ellos se comportaron con la sensación de imbatibilidad que regala la juventud; y ahora a nadie le parece bien que la chavalada se haya contagiado en los viajes de fin de estudios a las islas, y portavoces de casitodos los colectivos antes mencionados creen que no tenían que haberse hecho. Ya, claro. ¿La culpa es de ellas y ellos, o de sus amas y aitas? ¿O e de la presión de sectores y sindicatos, y las urgencias de algunas instituciones?

Me parece bien

En Japón y otros países orientales contagiar una gripe, un resfriado o un virus estomacal se considera de mala educación. Por eso en aquellos espacios la mascarilla no les era extraña antes de la pandemia. En Magnet elucubran sobre el futuro de este recurso sanitario en nuestro entorno, y creen que ha llegado para quedarse, por lo menos, un tiempo más. Y cuando por fin la pandemia pase (y pasará), seguirá siendo útil para prevenir otros contagios, como lo ha sido siempre, solo que en el futuro será algo mucho más familiar. Lo que no sé (y ahora elucubro yo) es si la reminiscencia al coronavirus retraerá su uso.

¿Cuántos Erliks hay?

Erlik es un usuario de Twitter fachilla y bravucón (tanto como el anonimato permite) que apostó una cena en un restaurante con estrellas Michelín a otra tuitera, convencido de que en España no habría 15 millones de vacunados antes de julio. Con la apuesta perdida, Erlik se ha convertido en el icono de aquellas personas que querían que todo fuera mal. También en Euskadi: las que se quejaban del ritmo de vacunación, las que han pretendido que cada error fuera una irregularidad manifiesta, las que han dudado de todos los datos oficiales (y abrazaban cualquiera extraoficial) porque necesitan para su bien que las cosas vayan mal.

Sí, llegan a tiempo

Sí, la ley antipandemia llega a tiempo porque no ha podido llegar antes y el coronavirus sigue entre nosotros, con la amenaza de nuevas variantes, añadida. Y sí, el anuncio de que nadie podrá usar mascarillas de rejilla llega a tiempo porque hoy no se prohíbe el uso de esta medida, sino que se regula de otra manera. En los gimnasios, en los cines y teatros, en los conciertos, en el autobús o el trabajo, no puede haber mascarillas de rejilla porque estamos en una pandemia. Puede que tocando su final, pero seguimos inmersas e inmersos en ella, para nuestra desgracia. Así que, chistes y chorradas, las justas.

El desafío es la justicia

El desafío no es “la concordia entre los pueblos de España” después de los indultos, como dijo Pedro Sánchez: el desafío es que España madure, abra los ojos, se dé cuenta de los problemas que tiene, y que estos sean tratados por políticos adultos capaces de gestionar un referéndum si fuera necesario. El reto también es para los medios de comunicación que tienen que explicar los hechos sin la pintura de hooligan en las caras de periodistas y contertulios. Y el verdadero desafío es, sin duda, para la justicia española, heredera de otra época y con ansia por corregir negociaciones políticas o fundamentos democráticos como la participación.

¿Quién mantiene las dos Españas?

Los indultos hay que explicarlos bien: son necesidades humanitarias de unas personas (y sus familias) que intentaron avanzar un mandato ciudadano y lo hicieron con precaución (ni siquiera bajaron la bandera española) pero con intención de llamar la atención sobre un territorio de Europa. Personas que fueron apoyadas, entre otros, en aquel referéndum en el que mucha gente se implicó para tener urnas y censos. Señal de que algo sucede en el seno de una sociedad. Con esta base, provocar una España partida (“más del 50% de los españoles rechazan la concesión de los indultos”, según La Información) es una irresponsabilidad.

El papelón de Felipe VI

El papel de Felipe VI en la aprobación de los indultos no puede pasar desapercibido: el verdadero escándalo que provocó Díaz Ayuso no fue intentar implicar al rey de España, sino poner de manifiesto la inutilidad de este cargo, que solo sirve para ratificar lo que deciden otros. Para estampar una firma la maquinaria monárquica resulta bastante cara, la verdad. Por supuesto, no hubiera sido mejor el enfrentamiento ni que Felipe VI se hubiera opuesto, no soy uno de esos “cuantopeormejoristas”, de los que hablaba Javier Vizcaíno. Pero tampoco estoy ciego ni soy rico: que la jefatura del Estado nos cueste lo justo para lo que sirve.

O que escuche a “su pueblo”

Entre lo que ha podido trincar su padre si se confirma la montaña de indicios de la investigación sobre las distintas millonadas que tiene aquí y allí Juan Carlos I, y la inutilidad de la institución que ha heredado Felipe VI (y eso que renunció a su herencia), yo creo que la monarquía española ya ha salido suficientemente cara. Algún recorte ya ha hecho, es cierto, pero justo el que más le conviene: “6 años desde que el CIS ya no pregunta por la monarquía en sus encuestas. La última vez que preguntaron Felipe suspendió con un 4’34. Y dejaron de preguntar, evidentemente”, según Alán Barroso en Twitter.

Gañanismo, el virus de siempre

La misma España en la que políticos y periodistas se han negado a explicar los indultos, la misma en la que el jefe de Estado puede haber trincado y su sucesor, su hijo, ha quedado como un pelele, algunos se han autoelegido como superhéroes necesarios. Y no hablo de los jueces y llaneros solitarios. Hablo de escritores como Pérez Reverte, capaces de menospreciar a sus compañeros y reivindicar nuevas lecturas (escritas por él y sus amigos, claro) para niños cuyos padres quieran futuros machos alfa en casa. “Es acojonante cómo Pérez-Reverte es cada vez más indistinguible de su parodia de Joaquín Reyes”, tuiteaba Pablo Batalla Cueto.

Intolerable

¿Qué clase de orangutanes con dinero dirige el fútbol europeo? ¿Cómo podemos mantenernos como si nada ante la UEFA, que no permite iluminar un estadio con la bandera arcoíris? ¿Qué tomadura de pelo pretende el organismo cuando explica que para ser “neutral” prohíbe una adhesión al colectivo LGTBI en Alemania porque puede molestar en Hungría, gobernada por un sosias de Abascal? Ya dejaron una pista sobre su cavernicolismo Čeferin y compañía cuando abrieron una investigación a Neuer porque su brazalete de capitán era de los colores del Orgullo. ¿Y ahora, esto? La última palabra tiene que ser nuestra.

Inaceptable

Podría aceptar como parte del juego político que Díaz Ayuso, como hizo Martínez Almeida, pretendiesen colarnos que pueden hacer algo desde sus despachos en Madrid contra los indultos a los presos políticos catalanes. Me parece un insulto a la inteligencia de la ciudadanía, pero de su crédito gastan. Lo que me parece en todo punto inaceptable es que la presidenta de una comunidad difunda contenidos de un medio de comunicación reconocido por extender bulos sistemáticamente. La mención a OK Diario, con la cantidad de medios que recogían la noticia, no es casual, pero debería de ser delito.

Irresponsable

Caldear el ambiente señalando a unos políticos concretos y unas aspiraciones nacionales legítimas como el enemigo a batir (enchironándolo) es una irresponsabilidad. Una irresponsabilidad que comete el líder del principal partido de la oposición en España (irrelevante en Catalunya y la CAV, por otro lado) cuando “ordena ‘apretar’ con los indultos y alarga sine die la campaña de firmas” (El Independiente). Y si la tensión crece y nadie puede detener la escalada, ¿mirará para otro lado? Y si el monstruo de la extrema derecha engorda y coge fuerzas, ¿se preguntará cómo ha podido pasar?

Inexplicable

“La factura del gas afronta una subida del 4% desde el 1 de julio en pleno récord de luz y gasolina”. Ese es el titular de El Confidencial que resulta lapidario para la economía del pagador medio. ¿Cómo puede ser esto posible? ¿Cómo podemos estar abonando cada vez más por lo mismo sin que nadie pueda regularlo ni remediarlo? No es el mercado, amigo, como decía Rato (y qué bien lo aprovechó): es el mercado enemigo que enriquece a los más ricos y aprieta a la clase media, la que también sufre en mayor medida los impuestos. ¿Qué podemos hacer como consumidores? ¿Y los gobiernos?

Imbéciles, somos imbéciles

El español, el vasco y el catalán son como el toro de lidia: si no se le torea se extingue. Así nos llevan mareando, enseñando el trapo rojo y metiéndonos la pica, las banderillas, alguna vez el estoque, pero nunca el descabello, para desangrarnos sin matarnos porque alguien tiene que seguir pagando la fiesta. “Don Juan Carlos sacó 100.000 euros mensuales en efectivo durante cuatro años”. Lo desternillante es que el titular de El Economista empiece con un “Don”. El nuevo dato forma parte de la investigación al emérito y “este dinero procedería de la famosa ‘donación’ de los 100 millones de dólares de Arabia Saudí”.

Los indultos

Es el gran tema de la semana, del inicio del verano y hasta del curso político, vacunación, aparte: los indultos. Un tema que va a eclipsar a todo lo demás, vacunación, incluida, durante unos días. Pero que nadie se equivoque: en la España que ha indultado a miembros del GAL en el gobierno de González y a políticos corruptos en el de Aznar, indultar a los presos políticos catalanes (nada que ver con los políticos presos antes mencionados) es una cuestión de justicia, pero también de humanidad: son personas que solo intentaron llevar a cabo un mandato ciudadanos y contra las que arreció la ira de la “justicia” española.

Pero, ¿qué dices, José Luis?

Todos los argumentos contrarios a los indultos pasan, necesariamente, por una deshumanización de quien va a recibirlos. Solo con esa lógica de partida puede quien desee hacerlo oponerse a una medida que simplemente alivia la situación de unas familias que son víctimas del exceso de celo de los jueces. Pero algunos argumentos que justifican esa oposición rozan el ridículo: “Madrid seguirá siendo el escudo de la dignidad frente a los indultos de Sánchez”, tuitea José Luis Martínez-Almeida, alcalde de Madrid y portavoz del PP. Una frase que carece de sentido, de sensibilidad y de coherencia política.

“Estad atentos”

Sobre cómo deshumanizar a quien piensa diferente pueden dar clases en la extrema derecha y la fascistada, en general (que en Euskadi no eran de extrema derecha pero sí fascistas, y mataban). Ante los indultos, Macarena Olona avisaba de que “los tambores ya resuenan en la planta de Vox en el Congreso. Que se publiquen en el BOE los indultos. Estamos preparados para dar la batalla”. Discursos que encajan con otros como, por ejemplo, el de Bastión Frontal (un grupo que es lo que parece por su nombre): “Estad atentos a las próximas horas”. Para esto nació Vox, para usar lenguaje bélico y generar afrentas en vez de hacer política.

Y el trending topic fue… Fernando VII

Lo confieso: sé muy poco de historia de España, y menos de la de sus reyes. De hecho, creo que lo poco que sé de Fernando VII lo aprendí del genial capítulo de El Ministerio del Tiempo que dirigió Koldo Serra. Y estoy seguro de que no saben mucho más que yo la mayoría de los que tuitearon sobre él hasta convertirlo en trending topic el lunes, el día que Sánchez anunció los indultos. Resulta que este monarca, además de tener el miembro real especialmente grueso, traicionó a España. Y para los que tuitean de oídas, desde entonces, ni siquiera un dictador que robó todo lo que pudo ha sido peor que él… Hasta Sánchez.

La mirada larga de Yolanda Díaz

Dejando atrás a los fascistas y sin entrar en la cortina de humo del independentismo con la amnistía, el tuit puramente político que más llamó mi atención fue el de Yolanda Díaz, sobre todo, porque era el que más cosas contaba: “Este Gobierno tomará mañana una decisión trascendental y valiente para afrontar con diálogo el conflicto que arrastramos entre Catalunya y España. Los indultos son un punto de partida para construir un nuevo proyecto de país compartido”. Díaz tiene un plan y pasa por ser la candidata a la presidencia del gobierno de Podemos y sus confluencias, estabilizando las alianzas que hoy parecen coyunturales.