Ya no podemos confiar en von der Leyen

Dice Ursula von der Leyen que “la UE ya no puede confiar en reglas” (La Región). Yo creo que ya no podemos confiar en von der Leyen. La presidenta de la comisión europea se ha alineado con Israel y EE.UU. mucho más de lo que debe como máxima representante de la Unión, y eso es algo que no podemos permitirnos. Los grandes partidos proeuropeos deben organizarse para desplazarla y colocar a un presidente o presidenta que, sin duda, vele por el organismo que preside, y no por sus creencias, convicciones o conveniencias que no explicita pero que sí podemos adivinar. El proyecto europeo está en malas manos.

¡Claro que hay alternativas!

“Von der Leyen y Kallas exhiben la falta de unidad de acción de Bruselas ante la crisis de Oriente Medio. Mientras que la conservadora alemana ha dado casi por muerto el derecho internacional, la liberal estonia ha salido a reivindicarlo”, leo en Público. “António Costa se distancia de von der Leyen y reivindica un orden mundial basado en reglas, el multilateralismo y una UE unida y más influyente”, publican en Demócrata. Y estamos hablando, en todo momento, de representantes del bloque europeísta. Hay alternativas claras a una von der Leyen que solo se ha mostrado dura con los socios, y no con sus adversarios.

Cuidado con los interesados

En que hay que echar a Ursula von der Leyen coincidimos los europeístas irremediables y los antieuropeos. Pero eso no significa que busquemos la misma solución: la salida de von der Leyen que, sin duda, hay que forzar, tiene que servir para generar un liderazgo dentro de Europa, primero, y de Europa en el mundo, después. Los antieuropeos (la extrema derecha y muchas izquierdas, como EH Bildu), quiere aprovechar el momento para debilitar el proyecto de paz y oportunidad que supone la UE. Spanish Revolution, entre otros, lo grita a su manera: “Lo decimos por tercera vez: hay que echar a von der Leyen”, pero no es la manera europeísta.

Hacia dentro es mejor

El primer pecado de Ursula von der Leyen fue arrugarse cuando Trump cogió las riendas. Su sionismo, propio de Alemania y de la insensibilidad que siempre ha proyectado, ya llevaba siendo insoportable desde hacía tiempo. Antes de eso, la presidenta de la comisión era la poli mala con los estados, y sigue siéndolo: “Considera a Sánchez un problema”, se quejan en El Plural. De persona adulta a persona adulta: nadie quería que Israel y EE.UU. atacasen a Irán por el morro, pero esa guerra hay que terminarla cuanto antes para que nos afecte lo menos posible. Y Sánchez ha optado por resolver su problema en vez de participar en la solución.

Un poco más europeo

Esta guerra, la de los buenos contra los malos, la vamos a ganar día a día, poco a poco, con pequeños gestos conscientes y continuados. Por ejemplo, intento entrar cada vez menos a X, a Facebook, a Insta… redes estadounidenses. Y desde ayer participo en una red social con los servidores en Europa y bajo la legalidad europea: Eurosky, que se integra en Bluesky como si no hubiese hecho la migración, pero la he hecho. Solo me falta cambiar mi correo electrónico y, por supuesto, mi Flickr. Luego seguiré por el ordenador y el móvil. Sin prisa pero sin pausa, sin desgaste pero sin descanso. Yo soy mejor que ellos. Y tú que lees DEIA, también.

La puta guerra

En este momento de sensibilización máxima hacia las consecuencias de la guerra, rescato el tuit de Anton Gerashchenko en el que muestra una consecución de fotos: el antes y el después de ucranianas y ucranianos a las y los que no les quedó más remedio que dar un paso al frente y coger un fusil. Suciedad, cansancio, empeoramiento de las condiciones de vida… Y eso sin hablar de heridas, mutilaciones o la muerte. Así es la puta guerra. Ojalá Donald Trump pudiera verla tan cerca que por fin lo entienda, ojalá Netanyahu sienta que eso le puede pasar. Ojalá quienes han justificado a Vladímir Putin se avergüencen, por lo menos, un poco.

La jodida maldad

Esto que cuenta Nicholas Kristof en X es terrorífico: los oficiales de inmigración de EE.UU. (voy a intentar ser preciso) detuvieron a Nurul Amin Shah Alam (que quede por lo menos su nombre). Una persona ciega, musulmana, de Myanmar y que no hablaba muy bien inglés, para más señas. Después de comprobar que no tenían motivos para retenerle, las mismas autoridades decidieron liberarlo, pero a ocho kilómetros de su casa en New York y sin bastón. Nurul Amin Shah Alam murió intentando llegar a su casa. En los mismos EE.UU. que hace una semana abandonaron en una frontera a un bebé enfermo que acababa de salir del hospital.

Una buena guerra

Es posible que nuestra civilización sea la más estúpida de la historia. Somos tan tontos que mientras Israel y EE.UU. bombardean Irán, lo que va a provocar un perjuicio directo en nuestro modo de vida, perdemos el tiempo viendo vídeos sobre cómo vender e-books escritos por una inteligencia artificial o sobre que los listos invierten en bitcoins. Una civilización que ha dado un modo de vida, con estas mierdas, a gente como Annansi, que emigró a Emiratos jactándose de que abandonaba España y sigue despreciando a quienes pagamos impuestos: “Nada depende de vosotros porque sois insignificantes”.

La cara dura

La gente del PP sigue saliendo a la calle después de que sepamos que en varias ciudades españolas algunos de sus miembros y familiares próximos han recibido viviendas de protección oficial de forma irregular, según las denuncias, con reformas de lujo grabadas en vídeo y piscinas, incluidas. Piscinas, sí. María lo denunciaba así en Bluesky: “Ya el hecho de construir chalets con piscina de protección oficial me parece una cosa increíble”. Y se justifica: “Pero yo soy muy roja y estoy muy loca”. Yo no soy rojo ni creo que este loco pero también me parece increíble. Y que se los queden políticos del PP (que no cumplan los requisitos) me parece peor.

La verdad (fea, pero verdad)

Ya sé que ha pasado más de una semana de la ceremonia de entrega de los Premios Goya en la que Susan Sarandon le hizo la campaña a Pedro Sánchez, pero es justo con un poco de tiempo cuando salen estas cosas: Leonor Watling se quejaba de “las presiones que reciben para llevar chapas a favor de Palestina” (El Debate, en X). En concreto la actriz se preguntaba: “¿Por qué no me pongo una de Ucrania? ¿O por qué no me pongo una de Sudán?”. Y concluye con la pregunta más aterradora: “¿Qué hago aquí y por qué no me quedo en mi casa?”. Porque la presión para ser solidario con una causa concreta desactiva la solidaridad de verdad.

El impacto

Miquel Roig es tan bueno que en su hilo en X ha ofrecido un dato y una reflexión sobre el enfrentamiento entre Donald Trump y Pedro Sánchez. “España tiene un déficit comercial con EE.UU.” comienza. Este no es el caso de Euskadi, ojo. Massimo Cermelli explicó ayer en Onda Vasca que la balanza vasca es inversa: vendemos más a EE.UU. de lo que compramos, por lo que los 1.500 millones de euros de exportaciones desde Euskadi están en peligro por el cálculo electoral de Pedro Sánchez (seamos serios, por favor). Solo Israel quería esta guerra, pero acabarla rápidamente es ahora una prioridad para el resto del mundo.

El cálculo

Igual que Donald Trump no apoya a Israel contra Irán por la paz, sino por el petróleo, Pedro Sánchez no quiere acabar la guerra por sus principios, sino por los votos. Me repito: seamos serios. Y sigo con el hilo de Miquel Roig en X, que concluía así: “El problema de Sánchez es que para una buena parte de la población ha perdido hace mucho tiempo la presunción de autenticidad. Y si empieza a calar la idea de que el cálculo electoral empieza a poner en riesgo puestos de trabajo o puede aumentar la factura energética de los hogares, ese presunto cálculo electoral le puede salir por la culata”.

El argumentario

También en X, César Calderón explicaba muy bien lo que todos percibimos: “Análisis urgente: Sánchez ya tiene su ‘casus belli’. El ataque de Trump a España puede ser la última oportunidad de Sánchez para convocar elecciones con alguna posibilidad de movilizar a su electorado”. Y en Bluesky, Raquel Marcos le daba la razón tuiteando justo lo que el presidente español querría leer: “Si algún día gobierna el inútil de Feijóo apoyado por el mierda de Abascal, echaremos de menos estos días de dignidad nacional”. No es dignidad: son votos. No entro a discutirlo. Y esa “dignidad” va a ser muy cara. ¿Estamos dispuestos a pagar la factura?

El peón

Quieto todo el mundo: Santiago Abascal ha tuiteado en inglés. Para que lo lea Donald Trump, por supuesto, y para demostrar al mundo que hay un español que no muerde la mano que le da de comer (aunque de la financiación iraní a algunos partidos “outsiders” también podríamos hablar). La rendición del de Vox, igual que la de Alberto Núñez Feijóo, que la semana pasada presumía en X de haber conversado con Marco Rubio, a estos EE.UU. imperialistas me parece tan reprobable como la instrumentalización de la paz que hace Pedro Sánchez. Y sí, opinar esas dos cosas a la vez es perfectamente posible.

La bandera

Núñez Feijóo y Santiago Abascal, con su torpeza, han regalado la bandera de España al PSOE. Y el PSOE, por supuesto, la ha cogido al vuelo. Óscar Puente, que nunca ha sido de sutilezas, se la ha puesto como foto de perfil en X, y no me parece una anécdota: Pedro Sánchez es hoy el digno, el pacifista, el antiimperialista, el admirado por Susan Sarandon y ahora, también, el patriota. El error de la derecha españolaza es grosero y no creo que les resulte fácil sacar la pata esta vez. Eso, sí, Óscar Puente podía haber elegido una rojigualda que no estuviera pixelada. Qué cutre, tú.

18.000 menores desplazados a la fuerza

Seguimos sacando temas de la montaña sobre el 23-F en la que nos ha sepultado el gobierno español: “Rusia ha deportado por la fuerza al menos a 20.000 niños ucranianos desde el comienzo de su invasión a gran escala. Kiev consiguió traer de vuelta a 2.000 menores. En algunos casos, los retornos tardaron años” (Euronews). Es decir: hoy hay en Rusia, todavía, 18.000 menores desplazados a la fuerza por el ejército ruso y retenidos por decisión del Kremlin. Y todavía habrá quien defienda esta la ocupación. “Uno de mis trabajos era limpiar la cámara de tortura”, declara uno de esos jóvenes recuperados por Ucrania.

Por ir cerrando

Yo también me puse estupendo y me formé una opinión sobre los therians. Por suerte, no tuve la oportunidad de escribirla: la quedada este grupo en Bilbao se canceló, como todas. Y este fenómeno sí me interesó, tanto que no me formé una opinión a priori. De lo que he leído me quedo con las reflexiones de Marcelino Madrigal en Bluesky: es la “búsqueda activa” la que sobredimensiona el fenómeno. TikTok permite “descubrir que existe un nombre y una comunidad”. “El algoritmo conecta a usuarios aislados y convierte el feed en una especie de ‘club’ donde esa identidad se normaliza”. Y los medios compramos, por supuesto.

¿Es tonto o es malo?

Cuando El Xokas (un conocido youtuber) se pregunta: “¿A ti te parece bien que Irene Montero ha cogido y ha metido a medio millón de migrantes para que puedan votar?”, ¿lo hace porque es un ignorante y un vago que no hace una búsqueda en Google que le explica que con la regularización no va vinculado necesariamente el voto, o porque lo sabe pero prefiere extender un discurso negativo contra la inmigración? Lo lleva Maica Travesa a Bluesky, que añade acertadamente: “Que Ibai permita personajes como el Xokas y esos bulos en su canal lo convierten en igual de miserable”. Sí, Ibai ya lleva varias de estas, y hay que recordárselo.

Se mueve el mundo y lo hace mal

Sigo en Bluesky, donde la usuaria Jane Austen Sugrañes (evidentemente, es un pseudónimo) ha escrito esto: “Cuán raros y turbios son los tiempos para que el papado, institución conservadora por naturaleza, esté la izquierda de gran parte de los gobiernos actuales. Ellos han cambiado poco, pero la realidad ha movido tanto la portería, que ser democristiano es el nuevo punk”. Y me ha hecho pensar porque me hago mayor y cada vez llevo peor los comentarios despectivos hacia la religión católica en la que fui educado. Sinceramente, no creo que ese desprecio mainstream haya traído nada bueno. A las evidencias me remito.

Que vuelvan los críticos, por favor

Bárbara Bulnes no tiene ninguna obligación de saber qué significa “por antonomasia”. Allá ella. Tampoco tiene ninguna obligación de subir a TikTok un vídeo en el que explica que leer Cumbres Borrascosas se le va a hacer difícil porque usa expresiones como la entrecomillada. Pero si lo hace se expone al escarnio que ha recibido y que no parece que le ha sentado mal porque le ha generado unos cuantos followers más. Pero yo sí tengo una obligación: la de reivindicar la figura del crítico, del experto que, con su criterio, recomienda libros, películas o restaurantes. La moda de los influencers dando su opinión, claramente, no ha resuelto nada.

Ya está aquí el 23-F

Llevamos desde el lunes hablando de este tema porque Pedro Sánchez lo ha querido así. Y seguiremos haciéndolo todo el fin de semana. ¿Por qué? Porque España no va bien y porque la amenaza: “Yo o el caos” es el único argumento electoral y político (que son dos cosas distintas) del socialista. ¿Y qué hay mejor que una colección de links sobre fascistas intentando tomar el poder el 23-F? Entre la torpeza de Núñez Feijóo y Sánchez pasándose de listo, está quedando una Españita ruinosa. ¿La realidad? Que el golpe de Estado ha cerrado en falso, que seguimos sin saber toda la verdad y que sacar un conejo de una chistera sigue funcionando.

Las mujeres que son asesinadas

Si en vez de el PSOE y Sumar, después de un gobierno de coalición del PSOE y Podemos que puso en marcha políticas feministas como nadie, según su propio relato, estuviera el PP en el gobierno, todas y todos estaríamos de acuerdo que esto es inaceptable: “Diez mujeres, una niña y un niño asesinados por agresores machistas en España en menos de dos meses” (Efeminista). Propongo otro cambio: en vez de “agresores machistas” leamos “atracadores con navajas”. ¿Qué pasaría? ¿No estaríamos en alerta? España no va bien porque las cifras de los asesinatos machistas son una barbaridad y las medidas para evitarlo no están funcionando.

Una ley que agrava el principal problema

La ley española de Vivienda que aprobaron PSOE, Sumar, EH Bildu, ERC (que después la recurrió, porque la cara dura hay que trabajársela) y Podemos ha agravado el problema de la vivienda. Esto hay que decirlo alto, claro y más. España no va bien si el principal problema que identifica su población fue tratado como un argumento de campaña por estos partidos y el reglamento derivado lo agrava. ¿Qué se puede hacer ante estas evidencias? Corregirlo, pero eso supondría admitir la treta. Es mucho más fácil huir hacia delante y hablar del 23-F, como hace Pedro Sánchez, y de que Vox viene la EHU, en el caso de EH Bildu.

“Autónomos pobres”

El PSOE y Sumar quieren que España sea un país de funcionarias y funcionarios, y el empresariado debe ser el enemigo. En Hegoalde, EH Bildu también hace seguidismo con este tema negando la realidad: que la fiesta la pagan las empresas y las y los autónomos. Una realidad que también implica esta: “El 25% de los autónomos españoles son autónomos pobres. Casi 800.000 sobreviven con ingresos iguales o inferiores a 670 euros al mes” (El Blog Salmón). ¡El 25%! ¿Qué país va bien cuando quien genera y recauda el IVA es tratado como un delincuente potencial y, además, acaba empobrecido?

“Una cosa”

Recupero el primer párrafo de la columna para cerrarla: llevamos desde el lunes hablando de la desclasificación de la documentación sobre el 23-F, que iba a ser hoy a las 12:00 (finalmente, se retrasó hasta mediodía), y va Yolanda Díaz y elige las 11:59 para hacer público en Bluesky que no se presentará como candidata en las próximas elecciones generales. ¿Por qué? Pues para que pase desapercibida su muerte política, aunque la verdad es que olía a cadáver desde hace mucho tiempo. La que fue señalada como próxima presidenta del gobierno por Iván Redondo ha acabado arrastrada, como Pablo Iglesias, por Pedro Sánchez.