No es tonto, es malo

Sí creo que Donald Trump tiene alguna patología que le impide sentir la humanidad más básica. Pero Donald Trump no es tonto, es malo. Que nadie lo dude. ¿Habla como si fuera idiota? Sí, porque habla para los idiotas que le votan. Pero cuando actúa lo hace dirigiéndose a quien gana mucho dinero careciendo de escrúpulos. Esa es su doblez. Así, cuando “Trump asegura que Irán le ha hecho un ‘regalo muy grande’ en relación con el estrecho de Ormuz” (Infobae), lo dice para los idiotas, pero actúa para los malvados como él enviando tropas a Irán y logrando la aprobación del gasto de miles de millones de dólares para la guerra.

Menos dudas

¿Vladímir Putin es tonto o es malo? En este caso hay menos dudas porque da pruebas constantemente sin ofrecer explicaciones (así es su cultura): “Rusia intensifica sus bombardeos en el mayor ataque contra Ucrania en semanas” (Euronews). “Casi 400 drones de largo alcance” sobre Kiev han generado: “Al menos cinco personas han muerto y 27 han resultado heridas”, al mismo tiempo, “en la región central de Poltava dos personas han muerto y 12 resultaron heridas, entre ellas un niño de cinco años que quedó en cuidados intensivos”. Y Trump es tan malvado que no le importa enriquecer al Kremlin con la guerra de Irán.

¿Y este?

Y Pablo Iglesias, ¿es tonto o es malo? Hablo de Pablo Iglesias porque ha publicado un vídeo de un minuto y medio de él paseando por la Cuba de los grandes monumentos comunistas (todo limpio y grande, nada sucio o decadente, como es el resto de la isla) para anunciar que ha hecho una entrevista a Díaz-Canel, al que saluda afectuosamente al final del clip (con aplausos de lata, para sublimar la horterada), como si no fuera un dictador con puño de hierro. Pero también podríamos hablar de los dirigentes de Sortu que firmaron un acuerdo de colaboración con el partido comunista, partido único de chivatos y matones, en la isla.

Las preguntas de una periodista cubana

En el Parlamento de la CAV, Diana Urrea recibió ayer un buen revolcón de activistas cubanas que le dejaban claro que la dictadura comunista no es una consecuencia del bloqueo. De la misma manera, en X, la periodista Luz Escobar, exiliada en Madrid, trasladaba a Pablo Iglesias preguntas que ella no puede hacer a Díaz Canel sobre los abusos de las autoridades del régimen, la represión, los encarcelamientos a las y los disidentes, la ausencia de la división de poderes, la pobreza, la emigración derivada, o la contradicción entre la apertura económica a inversiones turísticas y la miseria que sufre la población a diario.

Estos sí son tontos

Regreso a la dicotomía con la que empezaba la columna: ¿los antivacunas son tontos o malos? Yo lo tengo claro: son los tontos de los que se sirven quienes venden terapias alternativas (que son los malos). Pero esas terapias, no nos despistemos, serán completamente inútiles ante una pandemia: “Los antivacuna comienzan a recoger sus frutos: sarampión, meningitis y hepatitis A. El repunte de enfermedades prevenibles enciende las alarmas en España. Si palmaran quienes no se vacunan, sería darwinismo, el problema es que afecta a sus hijas e hijos inocentes”, resume David Bollero en Bluesky.

¿Qué ha hecho Trump?

Sabemos que Donald Trump ha anunciado una tregua en Irán a su manera: el ejército de EE.UU. no atacará infraestructuras energéticas en aquel país pero podrá seguir asesinando a bombazos a su ciudadanía. También sabemos que dice que le han llamado dirigentes iraníes aunque, como recuerda Sandro Pozzi en X, “hace tres días afirmaba en un acto público que quería hablar con los iraníes pero que no había interlocutor para hacerlo”. Sabemos, finalmente, que Irán ha negado esos contactos. Y sabemos que sus palabras han movido los mercados. Entonces, en esencia, ¿qué ha hecho Trump? Y sobre todo: ¿por qué?

¿Por qué?

Trump ha vuelto a hacer lo que siempre hace: amenaza primero y, después, tiende la mano (tengo la secreta esperanza de que Europa esté empezando a cogerle la medida). Porque antes de esa tregua tan peculiar, el presidente de EE.UU. había asegurado que arrasaría Irán. Pero, ¿qué paso después? Pues que el país atacado se defendió: “Irán responde a Trump con atacar zonas energéticas de EE.UU.” (DW). Entonces, ¿por qué el republicano da ese paso atrás ahora, por su manera habitual de hacer las cosas o porque se rila cuando el acosado le hace frente y le enseña su kung-fu? Pero surge otra pregunta: ¿y si no es por nada de eso?

Pues por dinero

Julián Macías era mucho más práctico en Bluesky: “Trump es un jugador de cartas que no para de lanzar órdagos y luego se retira. Cada declaración que hace provoca oscilaciones en los precios en bolsa o del petróleo, pienso que sus declaraciones las hace pensando en su enriquecimiento y el de su familia sobre el resto de motivos”. ¿Qué pasó en los mercados? ¿No generó Trump una oportunidad para invertir en petróleo antes de una nueva (e irremediable) subida? En la misma red social, The Last Independent ofrecía una buena respuesta: “Sus allegados con información privilegiada, que son los que financian su campaña, se forran”.

Un ejemplo

Barron Trump ya es “millonario a los 19 años”. ¿Cómo ha logrado su “fortuna de 150 millones”? Pues “gracias a las criptomonedas y a su última y solvente empresa”, que es “de bebidas funcionales”, sea lo que sea eso. Antes, “probó suerte con una empresa inmobiliaria de lujo. Vamos, los clásicos trabajos que hace un joven para abrirse camino en la vida”. En resumen: “Cultura del esfuerzo de la buena”, se pitorrean en Público, donde comentan un artículo elogioso en El Español al joven heredero. Seguro que Barron es hoy más rico que el fin de semana, y seguro que el anuncio de su padre sobre Irán ha tenido mucho que ver.

Y lo político

Otro que está ganando a manos llenas mientras las y los iraníes son bombardeados sin misericordia es Valdímir Putin. No tengo pruebas pero tampoco dudas de que la familia de Putin se lleva algo de la venta de petróleo y recursos que está haciendo al mundo tras el ataque a Irán y el consecuente bloqueo de ese mercado. Además de lo que se le quede entre las uñas a los oligarcas rusos, esta guerra beneficia directamente al Kremlin, que ha atacado, no lo olvidemos, territorio ucraniano por el morro, y que amenaza a la Unión Europea y a la OTAN con la aquiescencia de Trump, para sorpresa de nadie.

Que no pase desapercibido

Antonio Ortiz es uno de mis autores favoritos hoy. Sus reflexiones sobre inteligencia artificial o sobre la evolución del uso de Internet son muy valiosas. En uno de sus últimos posts (“El influenciador influenciado”), habla de las espirales en las que han entrado muchos creadores de contenidos en Internet, lo que nos pone sobre la pista de varias cosas que van mal: la búsqueda de atención, el modelo de negocio, lo que quiere ver la gente (que es muy perverso y, cada vez, más) o la necesidad de venderse a ese público. “Si vas con la idea de ser un creador famoso, ya de por sí estás destinado a ser el influenciado”, concluye.

Repensémonos

Siempre he sido muy crítico con las ideas de que “tienes que salir de la zona de confort” o de que “hay que desaprender lo aprendido”. ¿Qué significa eso? Sin embargo, cada año que pasa estoy más seguro de que es sanísimo repensarse de vez en cuando. Y creo que como civilización es urgente que lo hagamos, sobre todo, después de este titular: “Científicos cuestionan el dogma del capitalismo: es posible ‘un alto grado de bienestar’ sin crecimiento económico” (Público), y de esta pieza: “El mito de que trabajar más nos hace más ricos” (El Diario). El capitalismo solo ha traído más bienestar a quien más tiene. Cambiémoslo.

Ya no nos dan miedo

Hasta hace poco, los desarrolladores de robots no los diseñaban con formas humanas porque eso nos generaba cierto recelo. En unos años eso ha cambiado por completo y ya nadie ve problemático tener humanoides a su lado. Solo hay que ver cómo “China entrena robots como alumnos en un aula: aprenden a preparar café y hacer tareas domésticas” (Euronews). El mecanismo es muy sencillo: los robots copian los movimientos que los humanos graban en una nube y, después, “los robots se colocan en entornos reales cuidadosamente diseñados, como salones y talleres industriales, donde practican acciones cotidianas”.

No caigamos en la trampa

Estoy de acuerdo con Sweet Carol en Bluesky: “No caigamos en esta trampa. No hay que quitar las cocinas: hay que recuperar el tiempo para cocinar. Sólo hay que seguir el rastro de a quién irían los dineros para saber quién promueve está mierda”. Esto lo dice también el gran Karlos Arguiñano: ¿de qué te sirven los títulos y los másteres si no sabes cocinar unas lentejas y una tortilla de patatas? No hay mejor resumen: debemos pasar tiempo en la cocina, sobre todo con nuestras hijas e hijos. Y eso implica, también, pasar por el mercado y comprar productos frescos que habrá que manipular. No hay excusas: solo tenemos que reordenar las prioridades.

Se acabó el Metaverso. O casi

Ni Second Life ni el Metaverso. Igual a la tercera va la vencida pero, de momento, ya hemos visto fracasar por dos veces ese espacio virtual en el que nos relacionaremos, veremos conciertos, mantendremos reuniones… Parece que al ser humano le va el contacto humano. Toda una novedad. “El cierre del metaverso de VR de Meta se producirá de forma escalonada, pero rápida, ya que se iniciará la próxima semana” (Trecebits). Sin embargo, “según Meta, esta reorganización estratégica no supone que decaiga el interés por la Realidad Virtual”. Será para justificar la inversión que hicieron algunas marcas en su producto.

¿Es una pregunta?

Lo que me sorprende del texto de Antonio Legaz en Agenda Pública es que parta de una pregunta: a estas alturas todos sabemos que “Donald Trump se ha equivocado atacando Irán”. O no le explicaron bien las posibles consecuencias o no quiso escucharlas porque Netanyahu le estaba presionando (y Trump tiene pinta de llevar muy mal la presión). Legaz explica cómo EE.UU. está dejando desprotegida la zona de Taiwán y que eso puede ser aprovechado por China, y que aunque la operación militar acabe siendo un éxito, no logrará que Oriente Medio sea un territorio pacificado y colaboracionista con EE.UU., más bien, al contrario.

De trampas y torpezas

En The Objective, Jorge Mestre explicita que “nadie está a favor de la guerra del mismo modo que nadie está a favor de los incendios. La cuestión no es si uno desea el fuego, sino qué hace cuando alguien prende la cerilla”. Y pone un ejemplo muy claro: “En el Reino Unido, por ejemplo, los conservadores no se pasan el día justificando si están ‘a favor’ o ‘en contra’ de la guerra como concepto abstracto. Entre otras cosas, porque la pregunta es absurda”. Sin embargo, en España, “lo sorprendente es que el PP siga aceptando ese marco de juego”. Y así estamos, entre las trampas de unos y la torpeza de otros, debatiendo de lo innecesario.

Conserva tu inteligencia

Sam Altman, el creador de ChatGPT, lo tiene claro: nos dirigimos hacia un mundo en el que la inteligencia será “un servicio”, “como la electricidad o el agua”, y la gente la comprará “por metros” (Leah McElrath lleva el tema a Bluesky). Dame veinte centímetros de inteligencia, Sam, que tengo que hacer una lista de la compra básica. O dame veinte metros, que necesito un resumen sencillo de un informe complejo. A mí lo mejor que se me ocurre, lo más revolucionario, lo único que hace que ese plan de Altman corra riesgo, es empeñarme en conservar mi propia inteligencia. No seré tan rápido, pero seré.

Por eso me cuestiono

Como muchos vascos, no tengo nada claro que mi próximo coche vaya a ser un eléctrico enchufable, ni siquiera ahora que sé que va a tocarme pagar más por la gasolina. Me aplico lo que he escrito en el párrafo anterior, y antes de preguntar a ChatGPT, voy a hacer algo loco: tomarme mi tiempo, que es revolucionario, como recuerda Ignatius Farray. Y si busco información encuentro argumentos que me hacen recelar todavía: las baterías eléctricas, sobre todo las más viejas, “pueden perder hasta un 44% de su autonomía cuando se enfrentan a temperaturas de entre 32 y 44ºC, cada vez más habituales” (Euronews).

“Momento botellón”

Antonio Ortiz también me invita a reflexionar siempre. En el caso del post que hoy traigo a la columna me apela así: “¿Ensaladas a 15 dólares?”. Es lo que yo pago en Bilbao por una, y no parece sostenible ni para el cliente ni para el empresario, ojo. Por eso habla Ortiz (citando a Julen Bergantiños, que está en todas porque se lo curra) del “momento botellón” de la restauración. Pero hay un factor que lo determina todo: la carestía de la vida es la que está desplazando el gasto en los restaurantes al gasto en los supermercados, también en los que ofrecen comida para llevar, que es el nuevo filón, por lo que explica (bien documentado) Ortiz.

Mejor que una mochila de subsistencia

¿Estoy preparando mochilas de subsistencia en casa? Sí. Voy buscando sin prisa información, marcas, productos, precios… porque no me fío de Putin, ni de Netanyahu, ni de Jamenei, no veo por qué no va impulsar Trump un ataque de Marruecos (amigo de EE.UU.) a Ceuta y Melilla. ¿Crees que exagero? Pues lee esto: “Es llamativo que tantos altos cargos de la Administración Trump, como Pete Hegseth, Marco Rubio o Stephen Miller, se hayan ido a vivir a bases militares. La razón es su seguridad. Pero sigue siendo algo muy inusual. Lo publicaron The Atlantic y el New York Times en octubre” (Argemino Barro, en Bluesky). Octubre.

Se retrata sola

No creo que tenga que comentar nada ante esta noticia: “Madrid celebrará el 4 de julio con homenaje a los 250 años de la independencia de EE.UU.” (20 Minutos). Isabel Díaz Ayuso se retrata sola participando del Trumpismo (como participa del sionismo y del movimiento que aupó a Javier Milei en Argentina). Pero esta celebración, además de hacer la pelota, tiene otro objetivo: el 4 de julio “coincide este año con el acto central del Orgullo”. ¡Acabáramos! Este PP, sin duda, está desnortado, fuera de tiempo y sitio en todo lugar y momento. Y el modelo Ayuso, debemos recordarlo siempre que podemos, es el que copia Javier de Andrés.

Todo lo que es Dubái

Por mucho que me esfuerce, no entiendo a las y los influencers que abandonan a sus familias y amigos para ir a vivir a Dubái. El efecto imitación y la ausencia de impuestos son razones que sirven solo a los más idiotas, hablemos claro. Dubái es una ciudad artificial, que mola cuanto más dinero tienes (y un influencer, comparado con un futbolista o un empresario energético, es jodidamente pobre), y que es la capital de una dictadura que “detiene a 21 personas por grabar y compartir imágenes de misiles sobre el emirato” (La Vanguardia). Así funciona un régimen y así ha sido siempre Oriente Próximo, amiguis.

Prendamos fuego a todo

Esta civilización merece colapsar. Hablamos mucho de las y los influencers que habitan Dubái como si molase y como si tuviesen dinero para ir donde está la mandanga buena, y hablamos poco de la mierda de las cartas Pokemon. Logan Paul, luchador de lucha libre, coleccionista y, sobre todo, influencer, habría participado en una sesión de apertura de sobres y venta de cartas con valores de varios millones de dólares. ¿Qué genera ese valor? ¿Quién paga ese dinero por cromos? Porque no estamos hablando de cuando Bill Gates adquirió el Códice Hammer, hablamos de millonarios comprando cartas de dibujos animados. Si es que lo hacen.

Ya no sé ni qué decir

Claro que si Paul Logan sale a vender cartas con pokemons dibujados, sin que nadie sepa exactamente por qué adquieren su valor (dicen que por la escasez pero, ¿qué implica esa escasez?), ¿por qué no van a aparecer padres con hijos exagerando reacciones con los cromos de la colección de fútbol? Nito Flamen es solo un ejemplo. No creo que tenga edad para tener una cuenta en Instagram pero ahí está, abriendo sobres y vendiendo un libro de juegos. Su hermana (diecisiete años) también es influencer (básicamente, baila con camisetas apretadas o escotes). Y el padre de ambos, por supuesto, lo intenta. Así va esto.