Alguien tendrá que explicarlo muy bien

Con lo que estamos pagando en la factura de la luz, con las eléctricas chantajeando al gobierno español y con la ciudadanía de rehén, le toca a Greenpeace (sí, a esta organización esta vez) explicar con meridiana claridad y tratándonos como personas adultas por qué ha intentado impedir la entrada de un buque cargado con gas al puerto de Valencia. Que sí, que los combustibles fósiles no son buenos, en su opinión. Entonces, ¿apostamos por la nuclear? Porque tampoco quieren placas solares ni aerogeneradores que puedan modificar el paisaje. Entonces, ¿qué usamos para generar electricidad y a qué precio?

Pero el gas local, tampoco

Si no importamos el gas, directamente, no tendremos gas. Y para importarlo hay solo dos vías: por barco (a lo que Greenpeace se opone) o los gasoductos que empiezan en los países productores (y como en el caso de Argelia pueden poner problemas) y pasan por otros países que pueden poner peajes. En resumen: importar gas es una alternativa muy cara y muy poco sostenible por toda la materia que se pierde, de un modo u otro, en el transporte. Pero eso es lo ecológico y lo ecologista, porque lo que no lo es, según organizaciones y partidos que reparten carnés verdes, es buscar gas de kilómetro cero.

La modernidad era esto

Nos creemos la leche de modernos comprando por Internet y recibiendo en casa nuestros caprichos. Pero la verdadera modernidad, el futuro, no es lo que vemos, sino lo que no queremos ver: todo el cartón que necesitamos, la precariedad laboral de las y los repartidores, y lo que leemos en El Periódico de España. En este nuevo medio han publicado un reportaje sobre cómo “Amazon destruye cada día miles de productos sin vender”. Son cosas que compramos y devolvemos pero que Amazon o quien lo genera prefiere perder antes que recibirlo y repararlo. Somos nosotras y nosotros los insostenibles.

Correcto

Entre las muchas amenazas que nos rodean por culpa de quien no tiene escrúpulos pero sí una empresa on-line, está el juego. Y, sí, es necesario regularlo (realmente, como todo lo que circula en Internet, pero este es un pensamiento de viejo intervencionista, claro). Así que solo puede parecerme bien que haya una nueva ley vasca del Juego que contemple actuaciones concretas como las que anunciaba Josu Erkoreka: “No habrá publicidad entre las 6:00 y las 0:00. No podrán participar personas con notoriedad pública”. Mientras esto pasa en Gasteiz, en el ministerio español siguen mirando los trenes pasar.

Un cambio a mejor

Siempre que hablamos de cambios en el fútbol parece que vienen malas noticias: la Superliga, el Mundial cada dos años, nuevas normas en el arbitraje, en los cambios para beneficiar a los más grandes… Pero esta vez el paso de los años y los sucesos han generado una reacción novedosa y positiva: Josh Carvalho ha reconocido abiertamente su sexualidad estando aún en activo, algo absolutamente disruptivo. Y a continuación el mundo del fútbol se ha volcado para aplaudir su valentía (porque es un acto valiente), haciendo visible que la homofobia no tiene cabida en el deporte hoy. Mucho será para la galería, pero algo ya hemos avanzado.

Pero, ¿qué tenéis en el alma?

Todos los gobiernos del mundo están haciendo todo lo que pueden para que la ciudadanía sufra lo menos posible ante una pandemia inesperada. Todos. Sin excepción. Incluso los dirigidos por estúpidos declarados, como Donald Trump. Todos los gobernantes están comprando todos los equipos que pueden y protegiendo a los suyos como a su propia familia. Todos. Quien sugiere que no quieren hacerlo o que tienen intereses ocultos, ¿qué tienen en el alma? ¿Qué objetivos persiguen? ¿De qué serían capaces en el caso de que ellos pudieran tomar decisiones en momentos tan trágicos?

¿Y qué tienen algunas en el Twitter?

La aspirante a musa de la derecha española, Bea Fanjul, ha sido una de las que ha denunciado que Pablo Iglesias use chaquetas de Zara. A mí la denuncia me parece una chorrada. De todas las contradicciones del vicepresidente español, la de llevar una chaqueta barata, aunque sea de Zara y haya criticado a Amancio Ortega, me parece la menos relevante. El detalle importante está en el tuit de la del PP: “Hoy se viste de Zara. ¿Será una donación o lo habrá comprado con nuestro dinero?”. ¿Con qué dinero? Porque Fanjul es diputada como Iglesias y cobra de lo de todos exactamente igual que él.

Pablo Casado se pasa de “intensito”

Alguien decidió que era buena idea subir al Instagram de Pablo Casado una foto del líder del PP en un baño público en una actitud reflexiva. Y por supuesto, la riada de chistes y comentarios en Internet ha sido incontenible. Hasta Greenpeace ha aprovechado para llamar la atención de que Casado tenía el grifo del agua abierto mientras pensaba con gesto grave. Esa foto, evidentemente, no ha sido acertada. Y no vale ahora, como no ha valido nunca, eso de “que hablen de uno aunque sea bien”. El líder de la oposición está para algo más que para el postureo o la foto para la galería, literalmente, de Instagram.

El autorretrato de Trump

En el primer párrafo les hablaba de cómo Trump se había convertido en un estúpido declarado durante esta crisis. Sus declaraciones sobre cómo parar el coronavirus son el autorretrato más nítido de lo que es capaz el presidente de un país sostenido artificialmente: “Veo que el desinfectante lo noquea en un minuto, en un minuto. ¿Hay alguna manera de que podamos hacer algo como una inyección dentro o casi una limpieza?”. La luz solar también le parece buena idea: “Suponiendo que se pone la luz dentro del cuerpo, lo que se puede hacer a través de la piel de alguna otra manera”.

Las barbas del vecino

El Ayuntamiento de Iruña ha hecho un gran favor al del resto de capitales vascas: si no vamos a poder celebrar la gran fiesta vasca, el resto, seguramente, tampoco. La Blanca y las Aste Nagusia de Donostia y Bilbao peligran seriamente. Las fiestas de Iparralde están en manos del gobierno francés pero dudo mucho de que vayan a celebrarse como cualquier otro año. Se avecina un verano extraño, y después vendrá el otoño, la vuelta a las ikastolas y el comienzo de las enfermedades estacionales como la gripe y el coronavirus. Esto acaba de empezar, el mundo tardará en recuperarse, por lo menos, otro año más.