Ética militar variable

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El ex Jefe del Estado Mayor con Zapatero, fichaje estrella de Podemos pescado de las filas del ejército, empezaba bien su tuit: “Si hay algo deprimente es que la mitad de los electores no quieren ningún cambio”. Vale, está en su derecho a opinar. Lo malo es que siguió: “No creen en la ética, y eso… empieza a ser peligroso”. Ahí tienen a José Julio Rodríguez, militar y resentido (no sacó su escaño por Almería ni el 20-D ni el 26-J), señala el peligro a abordar y hasta el motivo del abordaje: la falta de ética. No como él, que se declaró antimilitarista en campaña después de cambiar de partido. Pura ética.

Mejor ser “casta” que volver al ejército

Cuando Pablo Iglesias era una estrella del rock’n’roll político sin mochila ni deudas, y creía que podía decir lo que quisiera porque siempre le iba a ir bien, el secretario general de Podemos aseguraba que todos los que tenían un puesto eran “casta” y que quienes colaboraban con los partidos políticos (sociólogos, consultores) eran unos “pesebreros”. ¡Cómo ha cambiado el cuento! Ahora Iglesias ofrece a José Julio Rodríguez, precisamente, un puesto de “pesebrero” en Madrid para que siga siendo “casta” (El Confidencial Digital).

Era benéfica… pero todos cobraron

El titular de Fórmula TV es demoledor: “El 97,6% del dinero recaudado en la corrida benéfica que emitió TVE no fue para los niños discapacitados”. Así, de los 147.215 euros de la taquilla, solo 3.480 llegaron a la asociación beneficiaria… Más los 5.329 euros en donativos durante la “faena”. Cobraron los ganaderos, las cuadrillas, la propia plaza, y hay 6.000 € de “gastos diversos” no especificados. Queda la duda de si Miguel Ángel Perera cobró parte de los 50.000 € que le ofreció RTVE por torear. Por cierto, esta corrida ya fue noticia porque tuvo el peor dato de audiencia de la historia de los toros y se emitió en horario infantil.

No, no es de El Mundo Today

Parece un chiste pero no lo es, y si lo parece es porque las palabras de Juan Rosell suenan a mofa hacia los trabajadores. Dice el presidente de la CEOE que igual ha llegado el momento de subir los salarios. ¿Por qué? Pues porque si las empresas ganan dinero, tal vez sea lógico que este beneficio repercuta también a los trabajadores. ¡Hay que ser…! Mejor me callo. Pero ahora viene la vuelta: ya ha admitido que el margen de beneficio existe y que la riqueza se puede repartir. ¿Por qué no se hace ya?

Antes de copiar y pegar, piensa

Si es usted medianamente activo en Facebook seguro que ha visto (puede que hasta lo haya colgado en su propio muro) esa negación de permiso a Facebook para usar las fotos que hayamos subido a sus servidores. Para empezar, si no quiere que Facebook use sus fotos, no se las entregue. Para seguir, Facebook no es “una entidad pública”, como dice el párrafo, ni va a cobrar seis libras (¡cobrar en libras, en la semana del Brexit!) por nada. Quien copia y pega ese texto con poco sentido solo está difundiendo spam… y mostrando modelos de comportamiento que sí aprovechan Facebook y distribuidores de malware.

¿No importa la corrupción?

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Esa pregunta nos la hemos hecho muchos varias veces desde la noche del 26 de junio. Un problema como la corrupción política, que cerca al PP, y que es la segunda preocupación de los españoles según el CIS, no parece tener reflejo en los resultados electorales. En Playground podemos leer una reflexión al respecto bastante irregular pero con una idea interesante: “El votante permisivo prefiere al gángster que mantiene la paz del barrio que al recién llegado que promete darle la vuelta a todo. De alguna manera, se le perdona el desliz si lo demás va bien (…) Al votante del PP solo le importan dos cosas: que la economía vaya bien y que no gane Podemos. O lo que para ellos es lo mismo: que la economía vaya bien”.

Más reflexiones

Es curioso, según van pasando los días y van acumulándose las reflexiones en los medios digitales y los blogs sobre el fracaso de Podemos y cómo éste ha influido en el fortalecimiento del PP, más gente lo veía venir. Uno de ellos es Antonio Maestre, de normal un periodista bastante interesante, que concluye que el problema ha sido que la izquierda se ha creído las encuestas-trampa emitidas por el stablishment. La hipótesis me parece peregrina y su proceso de comprobación, flojo. Pero ya hemos llegado a un punto en el que lo importante es opinar y darse la razón.

Pero este error es solo suyo

Pablo Iglesias es valiente. O arrojado. No dudó en salir la noche del domingo a dar una rueda de prensa y a encontrarse con sus fans. También ha hablado para LaSexta un par de días después. Pablo Echenique salió a hacer un par de chistes. Errejón sí que ha abierto el melón, pero por donde tiene razón. Y Monedero ha salido a gustarse. El resto son espantadas, como la de Tania Sánchez a una mesa redonda después de las elecciones. Nadie quiere dar la cara… Y no lo hacen. ¿No les importaba tanto la gente? ¿O se importan, sobre todo, ellos mismos?

Gilipollas sin fronteras

Los gilipollas son universales, no hay fronteras para ellos, ni ideología. Las tienen todas. Los hay en todos los partidos, sin excepción, y el que crea que en el suyo, no, ese es el gilipollas de su partido. Los hay, por ejemplo, en el PP, y los grabó Álvaro Ojeda, una especie de “follonero” de derechas con un espacio en el digital de Eduardo Inda. Él no me hace gracia, pero a los que graba, riéndose de otro político o sugiriendo incluso agresiones, me parecen vergonzosos.

No mires el móvil

Eso que nos aprendimos todos de carrerilla, de que al pasar un paso de cebra primero hay que mirar a la izquierda y luego a la derecha, tiene que cambiar. En el blog de Pantallas Amigas leemos que “Más del 20% de atropellos que se producen en los países desarrollados son producto de las imprudencias cometidas por peatones, la gran mayoría provocados por despistes con el teléfono móvil”. Es decir, que a nuestros hijos les enseñaremos: primero, levanta la vista del móvil, luego mira a la izquierda y, después, a la derecha.

Casi lo más inteligente que leerás hoy

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En el blog Malaprensa explican el error en el que se basa el supuesto pucherazo que denuncian los simpatizantes de Podemos en las redes sociales digitales: el millón de diferencia en el censo entre el 20-D y el 26-J se debe, sencillamente, a que un dato es final y el otro, provisional. No es que se haya sustraído un millón de votos a Podemos. E invitan a esos denunciantes a que pidan las actas que los interventores y apoderados de Podemos tienen, como prueba de que el pucherazo “no se puede hacer”.

¿De dónde viene el rumor?

Una de las fuentes del rumor del supuesto pucherazo viene de Anonymous, que fueron los que se dieron cuenta de esa diferencia de un millón que coincide con esa fuga de votantes que ha sufrido Podemos. Lejos de calmar las cosas desde “el núcleo irradiador”, en las plataformas digitales de discusión de los “círculos”, el monotema era la trampa, como mostraba en Twitter el periodista Matthew Bennet. En la misma red social, Lola Soria se sorprendía de que “los mismos que hablan de pucherazo ahora se han tragado todas las consultas telemáticas de Podemos sin rechistar”.

¿Y a dónde se fue ese millón de votos?

El usuario de Twitter Philmore A. Mellows tiraba de sarcasmo: “Doctores en Políticas encerrados todo el día preguntándose por qué el 80% de la población a la que insultan cada día no les ha votado”. Pero no le faltaba razón: la élite universitaria no era capaz de ponerse delante de un espejo para encontrar culpables. Pero tampoco salieron de su mesa de crisis para desmentir el pucherazo ni pedir calma. El periodista Moeh Atitar tuiteaba: “Me aterra como ciudadano esa postura, hoy muy extendida, de pensar que quien no vota igual que tú es tonto y no debería votar”.

Uno que no volvió a votarles

En Menéame, un usuario explicaba por qué el domingo no votó a Podemos después de hacerlo el 20-D, y sus palabras se convertían en una de las noticias del día del agregador: “A este gran estratega de Pablo Iglesias, a este analista político de todo a cien, ni por un momento se le ocurrió que una gran parte del electorado de IU y de Podemos esa idea de la coalición les iba a parecer una puta mierda. A alguien que ha estado acostumbrado a ignorar las voces de sus votantes, de sus círculos, de la gente que le ha dado fuerza en estos 2 años, eso se la iba a sudar. (…) Yo me atrevo a afirmar que Pablo Iglesias es el principal culpable de que Mariano Rajoy pueda estar 4 años más en la Moncloa”.

Seguramente, lo más inteligente que leerás hoy

Termino con un corolario demoledor para Pablo Iglesias y los suyos. Lo escribía en Twitter Karl Kautsky (con más de 26.000 seguidores en esta red social): “A ver si la culpa no va a ser de la España Profunda… A ver si vamos a ser los demás, los de la España Superficial…”. No se me ocurre duda más sagaz y certera sobre la situación política de España. Quienes no han ganado las elecciones tienen que preguntarse por qué los españoles han optado por el que consideraban el mal menor, dadas las alternativas. Esa es la clave. Y no la soberbia ni la trampa.

No despreciarás al votante

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Podemos y su entorno han cometido el mismo error una y otra vez: despreciar, despreciar y despreciar. Despreciar a quienes han estado antes en los sillones que ocuparán, despreciar a quienes les votaron, despreciar a quienes les siguen votando, despreciar a los socialistas, despreciar a los de Izquierda Unida (aunque luego Garzón tragara con todo). Y siguen. La columna de Javier Pérez de Albéniz, en otros momentos brillante, es despreciable, pero por el modo en el que intenta humillar a todos los que no piensan ni votan como él.

No tomarás por tonto al votante

Si la primera ley de la democracia podría decir que puedes meterte con un partido político pero debes respetar a sus votantes como a los tuyos, la segunda podría ser, tranquilamente, que no insultarás la inteligencia de quien vota, en general. Pablo Iglesias se presentó en esta campaña como socialdemócrata y el primer tuit que pone después de conocer los resultados electorales lleva una cita del Che: “Hasta la victoria siempre”. Insisto: ese menosprecio a quien vota, ese tomarnos por tontos a todos, será la condena de Podemos.

No llamarás “cliente” al votante

Carlos Malpartida es de esos “anónimos” brillantes a los que accedemos gracias a Internet. Su columna en Medium sobre el catálogo tipo Ikea de Podemos es para enmarcarla: “El programa de Podemos es mucha y buena publicidad, traición a la idea original (o al menos al relato épico que han creado) y poco o nada de revolución. A no ser que la revolución fuera comer esas albóndigas de la marca sueca y sudar la gota gorda montando estanterías billys los domingos a mediodía que al final no deja de ser como ir a misa”.

No usarás el nombre de “la gente” en vano

Pablo Iglesias y los suyos han sobado el concepto de “la gente” hasta dejarlo inservible… para el más de millón de votantes que les ha abandonado. Ahora, la bancada de enfrente (el PP ha subido más de 400.000 votos) tiene que evitar caer en el mismo error: la gente somos todos, los que votan a Podemos, al PP, al PSOE o al PNV. Sin embargo, Hugo Manchón ya mostraba ayer con orgullo el mapa azul de España y hablaba de “la gente”, como intentando devolvérsela a Iglesias.

No culparás a la ley electoral de tus errores

Ciudadanos ha perdido medio millón de votos. Así que, por mucho que se desgañiten los de Albert Rivera hablando de una ley electoral injusta, es evidente que el problema es que no han logrado los votos. ¿Por qué no se quejaban después del 20-D? Porque se beneficiaron de muchos “restos” del mismo sistema que ahora repudian. Los “restos” son volátiles y hay que consolidarlos, eso lo sabemos todos… Pero Ciudadanos no ha conseguido afianzarse. Vamos, que solo es su problema.

Felizmente equivocados

Los que ganaron en España estaban ahí antes de Twitter, son más de mitin y de periódico. Si me apuran, de Facebook. Los que perdieron en España son de Twitter y de tele, y la de ayer era una mala noche para salir en las dos. Los líderes de Podemos y Ciudadanos crecieron con la tele y se agrandaron artificialmente con Twitter, despreciaron Facebook y, sobre todo, el papel, y ayer, a mediados de 2016, demostraron que a finales de 2015 se les acabo el queroseno: habían tocado techo. Por mucho que empujen, por mucho que tuiteen, por mucho que sumen partidos y siglas, más arriba no irán. Así que se hizo el silencio. Seguro que Pedro Sánchez y Mariano Rajoy, los dos grandes vencedores españoles, hablan hoy en las radios, las de toda la vida. De Iglesias y de Rivera esperamos refugio también en los viejos micrófonos. Pero sus seguidores esperan un tuit, aunque sea por misericordia, que tardará en llegar.

Los últimos que vimos en las cuentas personales eran anteriores a las 20:00, y yo me quedo con el de Alberto Garzón, apelando a que nadie se quedara en casa por lo que IU se jugaba en las elecciones. ¡Y tanto! IU se jugaba una operación financiera estupenda, con doble mailing para llevarse dos veces la subvención, y fondos renovados para pagar la deuda. ¿O Pablo Iglesias va a prohibir que Garzón pague a los bancos con los escaños que ha capitalizado? Entonces, sí, Unidos Podemos paga créditos. Salieron a dar la cara en televisión, es cierto, pero no en Twitter, donde vive ahora cómodamente ahora la burbuja de Internet. Twitter no es un reflejo de la sociedad, es un lugar de paso de una parte de la misma. Y las extrapolaciones, como las encuestas a pie de urna, son más deseos que realidades.

En el silencio, sonó a hueco el hashtag #RajoyPresidente que intentó promover el PP y que como primera respuesta recibió un “gilipollas” antológico. Y entre los usuarios observadores, asomaba la retranca: desde los que deseaban mejor suerte a Iglesias con toda la coña del mundo a quienes disfrutaban con unas posibles terceras elecciones, y en medio los que pedían la dimisión de los contertulios que aplaudían las encuestas del sorpasso.

Al final del ruido, Andoni Ortuzar recordaba que la primera fuerza con origen y destino en Euskadi era EAJ-PNV, y a Iñigo Errejón el tiempo volvía a darle la razón: el ahora tercero de a bordo no ha cambiado en todo este tiempo su descripción en Twitter, en la que se describe a sí mismo como portavoz en el Congreso incluso con la cámara disuelta. Ahora vuelve a serlo porque su asiento, claro, no ha corrido peligro. Lo que ha corrido es el tiempo. Seis meses que, como Twitter, a algunos no les cuesta dinero. Pero que en el mundo real pueden ser una eternidad.