Tuitea como un jeltzale

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Decía Andoni Ortuzar el sábado pasado que iban “todos contra el PNV”. Ayer, Twitter le daba la razón: el hashtag #TuiteaComoUnJeltzale llegó a ser el segundo trending topic de la mañana en Bilbao (la #UFest fue el tercero de la noche del sábado), movilizado, sobre todo, desde cuentas próximas a Bildu, Podemos… ¡Y el PP! Ya sabemos a estas alturas que un buen enemigo genera sólidas uniones. ¿Cuál es el recorrido de ese hashtag y ese trending topic? Respóndanse ustedes mismos: ¿se hubieran enterado sin esta columna? Si lo vieron en Twitter, ¿les hizo replantearse su intención de voto?

Pero no me parece despreciable ni el esfuerzo ni el contenido de lo que vimos con la etiqueta. Lo primero, lo que cuesta: movilizar a tanta gente para agredir al contrario es reconocer que no tienes ideas propias que merezcan ese esfuerzo de difusión. El agredido, casi sin pretenderlo, ya te ha metido un gol. El contenido, además, no podían resultar más desafortunado después de ver en televisión el casoplón de la Zabala, y de la visita de Pablo Iglesias a Barakaldo. “¡Ya podía venir más!”, exclamaba un trabajador en un partido político de ese ayuntamiento: su modo de evitar a “la gente” y su mesianismo han sido mucho más comentados, en la calle y en Twitter, que su discurso (con agujeros que merecen una columna aparte).

En Bildu nos han enseñado cómo se reparten los escaños como cromos, y nos ha regalado momentos hilarantes de Oskar Matute haciéndose pasar por abertzale para el 26-J, como para acusar a los demás de poltroneros y españoles. Y los del PP que entraban al trapo no pasaban de frikis de ocasión.

Esperen un momento: ¿y cómo tuitean los jeltzales? A la hora a la que terminaba esta columna, en la cuenta en Twitter del lehendakari para la campaña exponían sus tres compromisos con la juventud vasca, Andoni Ortuzar felicitaba a los catalanes por el éxito de su Diada Nacional, Aitor Esteban continúa siendo un tuitero auténtico, caótico e interesante, Jokin Bildarratz ha empezado con videoblogs grabados por sí mismo, Josu Erkoreka ha asistido a la apertura del curso de la UPV/EUH, y en la cuenta oficial del Partido hablaban de cómo impulsar la industria.

Twitter es el reino de los tuertos que aspiran a ser reyes por unos minutos a cambio de que su tuit tenga cientos de retuits. Si hay mucha suerte, miles. Por eso todos buscan el chiste fácil, como si hacer reír fuera sencillo. Pero el resultado casi siempre es ruido. Twitter es el reino (sí, reino), o eso se creen ellos, de la izquierda, de la que va de vasca y de la que no va de española. Y se meten con quien consideren como el macarra repetidor en el patio del colegio, pero a cara tapada, como muestra de lo que son. Al final, la realidad es que eso que hacen no le importa a nadie.

De Linkedin a Snapchat pasando por el sentido común

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«Hoy se cumplen 25 años del ‘Smells like teen spirit’ de Nirvana. Lo siento, ‘chavales'». El tuit (de esta semana) no es mío, es de una cuenta que les recomiendo seguir: Puerta de Tannhäuser. Si entienden el chiste del nombre, supondrán de qué va. Pero vuelvo al asunto que me ocupa en este arranque: el tiempo pasa y los que conocimos los años dorados del grunge ahora estamos pasando por una fase Peppa Pig. ¿Quieren más ejemplos? Una experta en marketing on-line, una de las mejores profesionales con las que yo he trabajado, me contaba cómo, siendo la tía enrollada de la familia, se quedó planchada cuando un sobrino le recomendó un grupo de música, ella le pidió que le pasara «el CD» y él prácticamente respondió que qué era eso. Spotify y Netflix van a fulminar los soportes plásticos y, lo que es peor, las canciones que tienen sentido en un contexto creativo, y hasta los libretos con fotos, letras y agradecimientos.

Tendré una cuenta en Twitter, y hasta una galería en Instagram, pero me hago viejo, «chavales»: no entiendo qué aporta Snapchat, la red social que los más jóvenes considera «propia». Fíjense en lo que tuiteaba este mismo fin de semana Javi Vizcaíno: «Mi hijo: ‘Sabrás que me estoy haciendo muy viejo cuando veas que me abro una cuenta en Twitter’. #TomaHostia». No hace falta que les cuente más ante una evidencia de tal calibre.

Insisto en que no entiendo ni me manejo en Snapchat, por lo que no estoy del todo seguro de haber buscado bien, pero creo que no he encontrado a ninguno de los candidatos a lehendakari haciéndose pasar por jóvenes y haciendo, por consiguiente, el ridículo. Sinceramente, me reconforta: no estamos en tan malas manos. Todos parecen haberse centrado en lo obvio: Facebook, Twitter e Instagram por medio de sus partidos. Ya no hace falta ni hablar de YouTube (del fenómeno youtuber prometo que escribiré en una columna específica), porque las tres plataformas permiten subir y consumir vídeos de manera «nativa». Lo que está muy bien para el «fan», pero es una señora puñeta para el community manager: el mismo archivo de vídeo hay que subirlo (y titularlo, añadir una descripción, etiquetas e imagen de portada) a cuatro sitios distintos. Algunos a esto lo llaman «avance». Y en Internet están «los listos».

Pero hay más plataformas que han pasado a mejor vida (por suerte): Linkedin es hoy «la cuarta» red social. Flickr, que sigue siendo mi favorita (ya les he avisado de que están leyendo una columna sobre Internet escrita por un viejo), no pasa de «repositorio». Los blogs son para los románticos. Foursquare es un caso de estudio de cómo una empresa de éxito decide equivocarse. Decir «Pinterest» sin descojonarte de la risa es casi imposible (este es un chiste para el gremio) Y Tuenti ni siquiera existe. Y así han decidido nuestros políticos que sea, porque en los equipos de campaña, por suerte, hay profesionales de la comunicación encargados de las redes sociales, en vez de frikis (que los he visto con mis propias gafas). ¿Cuál es la contrapartida? El diseño, las actualizaciones pautadas y programadas, o la espontaneidad medida. Les seré sincero: nunca me han gustado las sorpresas y, por suerte, ya tengo la edad suficiente para reconocerlo.

El peligro de tomarse Twitter en serio

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Desde hoy y hasta que termine la campaña este blog cambiará su formato ya que la columna que recoge se integrará en las páginas de actualidad política. El «Bogando por la red» habitual lo podréis encontrar en «Diseño a sorbos«.

Sin Twitter esta columna no sería posible, pero la calidad de la política sobre la que hablamos durante varias páginas en este periódico, seguramente, sería mejor. Twitter ha cambiado los discursos más que lo que ha hecho Facebook, y los ha empeorado. Los ha empobrecido, los ha rebajado hasta convertir lo accesorio en lo relevante, y lo relevante en lo aburrido por repetitivo. Ojo, no negaré que en eso Twitter tiene poca culpa: la política es aburrida porque los argumentos se retuercen para poder repetirlos. En ese pecado tienen los partidos su principal penitencia. Twitter solo es la herramienta flageladora más diabólica. Y no diré que algunos no se la merecen.

En España llevamos nueve meses con el gobierno en funciones y Pablo Iglesias, el día de la segunda votación de la investidura teatralizada de Rajoy, se dedicaba a mandar montajes a Íñigo Errejón en el que éste salía con una camisa de La Falange. Qué risa, ¿eh? Pero así es como se alcanzan los casi dos millones de seguidores que tiene el de Podemos. Con trazos del programa electoral, enlaces a reflexiones complejas sobre economía, y fotos con señores encorbatados, no. Con tuits de diseño, como el de Arnaldo Otegi cuando se confirmó su inhabilitación, sí.

Los nuevos políticos no serían nada sin Twitter. Ni Twitter ni los nuevos políticos serían nada sin la televisión. En todo tipo de programas (deportivos, del corazón, y por supuesto de supuesto debate político) empezamos a ver al experto que nos traslada lo que se está diciendo en Twitter. Alguien que nos cuenta, lo primero, que la emisión “es trending topic”, y quién es el contertulio que más caña está recibiendo, ante lo que el referido se suele reír. La mayoría de los televidentes no tienen ni idea de qué es Twitter ni de quién opina en Twitter, pero se creen la solvencia con la que les habla ese señor o esa señora con una tablet en la mano.

Pero en Twitter opina el tonto del pueblo al que nadie quiere escuchar y, por fin, tiene un sitio en el que contar lo que él piensa. Twitter está lleno de ideas estúpidas, de lugares comunes, de frases más o menos redondas copiadas y pegadas miles de veces, de usuarios que cofunden tener un lugar en el que decir algo que tener algo que decir.

¿Conversación? ¿Acceso directo? Ni Pablo Iglesias ni Iñigo Urkullu leen las respuestas que reciben, que serán insultos en su gran mayoría, como todas las celebridades que se acercan a Twitter. Valga esta realidad como ejemplo de que Twitter no ha favorecido el diálogo con el político ni con la estrella del rock.

Aquel pasado dorado de Podemos

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Hasta hace solo un par de años, no había programa sobre política en ETB en el que no apareciera uno que estuvo en Euskadiko Ezkerra para darnos su opinión con contundencia. Y así serán los de Podemos la década que viene. Hoy, el mejor momento de Podemos ya ha pasado, fue entre las europeas y las primeras generales, con el subidón en España de las municipales y algunas autonómicas. Ahora están fuera del foco y, como leíamos ayer, con problemas dentro, con tensiones internas que solo van a más y pulsos en el Congreso.

«Pedro Sánchez pide a los independentistas»

Yo hubiera dejado el titular ahí: “Pedro Sánchez pide a los independentistas”. Pero claro, el titular lo hicieron en el digital de Inda, así que lo completaron con el rollo de los intercambios o los pactos perversos (con los nacionalistas los pactos siempre parecen perversos, con los ultranacionalistas españoles de Ciudadanos, son “de centro”). Pero a lo que vamos: lo capital es que llevamos un par de días leyendo noticias sobre el viraje de Sánchez que, efectivamente, tiene que ser pronunciado con todo lo que ha dicho.

Nadie quiere una foto con Rajoy

En El Plural lo explican muy bien: nadie quiere pactar con Rajoy porque hacerlo significa avalar al presidente de un gobierno que ha ejercido una política ultraconservadora (LOMCE, aborto, recopago) hecha a golpe de decreto-ley, y al presidente de un partido que se sentará en el banquillo como responsable de borrado de pruebas y beneficiario de casos de corrupción denunciados por su propio tesorero, millonario, a la postre. Esa es la condena de un Rajoy al que, sin embargo, en el voto secreto de los electores, sigue sumando apoyos.

«A Sánchez y a Rajoy el veredicto de las urnas se la sopla»

La columna de Luis Herrero en Libertad Digital es como muchas columnas que leemos en este medio: trazo grueso, y planteamientos y conclusiones más deseadas que reales, para acabar dando la razón a un partido neoliberal, en este caso, Ciudadanos, tan de enhorabuena entre los columnistas conservadores como caducado para el electorado. Pero entre tanto negro sobre blanco algo tintineaba: la certeza, incluso entre los más apriorísticos, de que los líderes de PP y PSOE primero piensan en sí mismos, después en sus partidos y, al final, si acaso, en la ciudadanía.

Este Twitter, no

Realmente, no es culpa de Twitter, sino de la sociedad. De hecho, tendríamos que agradecer a Twitter que nos deje verlo, que nos recuerde lo miserables que podemos llegar a ser, la escoria humana que se esconde entre nosotros, agazapada, y que se envalentona en el anonimato y contra colectivos debilitados por los continuos ataques. Me refiero al apoyo asqueroso que está recibiendo un tuitero homófobo que, por su homofobia, precisamente, ha sido localizado y detenido.

Casoplón Zabala

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Como sobrenombre no me parece descabellado, después de ver la cantidad de tuits que hablaban del “casoplón”, “caserón”, “choza” o “mansión” que exhibió la candidata de Podemos en ETB2. La residencia de Zabala, sin duda, fue uno de los elementos más comentados (si no el que más) del programa sobre la otra cara de los políticos vascos, y la expresión de Julian Iantzi, “¡vaya pedazo de casa!”, una de las frases más definitorias. Si Casoplón Zabala habla de necesidades, lo hará de oídas.

Actualización a día de la fecha: Pili Zabala vive en una casa con ascensor interior y valoradas en más de un millón de euros, como se ve en un programa para la promoción de las viviendas.

La biploaridad española

Para elegir presidente de gobierno los políticos españoles son exageradamente lentos. Vamos camino del año completo para lograrlo… Y lo que nos queda. Pero para cambiar de opinión en cualquier otro aspecto, parece que son bastante más rápidos: ahora el PNV, y por extensión otros partidos nacionalistas vascos y catalanes, resultan bastante más amigables para los socialistas. Sánchez tiene que mover ficha y empieza el “cortejo”, según El Confidencial.

La historia de Soria y las mentiras

Que José Manuel Soria tuviera una empresa familiar vinculada al tráfico marítimo en un paraíso fiscal puede llegar a ser explicable. Que una persona que haga negocios de esta manera llegue a ministro es lo injustificable. Las mentiras que vertió sobre “los papeles de Panamá” fueron las que agravaron su caso hasta convertirlo en intolerable. Lo malo para él es que su nombramiento como candidato a director del Banco Mundial también esta lleno de mentiras, y ésta es una mala compañera viaje.

La historia más tonta jamás contada

Esto no hay por dónde cogerlo: dos youtubers (pero no hablamos de El Rubius, sino del segundo nivel que, sinceramente, queda a mucha distancia de los mejores) gastan una broma telefónica a una empresa de reparto de leña y la cuelgan en Internet. Después, una empresa de reparto de leña denuncia en los medios que su negocio se ha visto perjudicado por esta gracieta. Y para terminar, Auronplay y Wismichu (los “creativos”) hacen un vídeo, totalmente indignados, acusando al empresario de mentir y a los medios de manipular.

Un luchador es un luchador

Tengo amigos aficionados al boxeo, aita solía ver algún combate de los que emiten en ETB, pero todos estamos de acuerdo que este deporte ya pasó sus mejores días en Euskadi y en España. El caso de Rubén Nieto, “que acaba de revalidar su título de campeón de Europa de boxeo de superligero” (Público) es paradigmático: es imposible para él dedicarse por completo al boxeo y vivir solo de su esfuerzo, por lo que compagina estar en la élite de la disciplina con trabajos menores o el paro.