La tragedia en Gaza

El verano, el calor y el otoño crítico que nos espera no pueden facilitar que se nos pase la terrible tragedia que están viviendo en Palestina y que medios y organizaciones internacionales se desgañitan por contarnos: “Al menos 24 palestinos, incluidos 6 niños y una anciana han muerto y otros 215 han resultado heridos, incluidos 96 niños, 30 mujeres y 12 ancianos, desde el comienzo del ataque de Israel a Gaza el viernes, según el Ministerio de salud palestino”. El resumen en forma de tuit es de Raquel Martí, directora ejecutiva de la oficina de Naciones Unidas para las personas refugiadas palestinas.

Condena a los negacionistas oportunistas

Aunque escandalosa y lejana, la condena a Alex Jones es importante para todo el mundo: el desinformador (tiene un programa de radio muy conocido en EE.UU. por sus teorías de la conspiración y dirige una web de fake-news) había afirmado que el tiroteo en la escuela de primaria Sandy Hook, en Connecticut, en 2012, era falso y que las madres y padres de los 20 niñas y niños de 6 y 7 años asesinados, eran actores. Hook, por supuesto, también ha difundido ideas favorables al trumpismo y, lo más significativo, es que se ha hecho millonario con sus mentiras, falsedades y malas intenciones. Su derrota judicial tiene que ser revulsiva.

La vida en Madrid

Macarena Olona se empeñó en ser la cabeza de cartel de Vox en las elecciones andaluzas pero parece que nunca pensó realmente en mudarse a la comunidad del sur: en El Plural cuentan que planteó a Abascal convertirse en senadora autonómica por Andalucía y, a la vez, portavoz parlamentaria en su parlamento. De ese modo seguía teniendo relevancia en ambos espacios y, lo más importante para ella, según la crónica: seguía viviendo en Madrid. Hoy sabemos que la dirección de Vox no aceptó el planteamiento y que la alicantina ha anunciado que abandona la política por problemas de salud. Casualidad. O causalidad.

El marco equivocado

Después del paréntesis estival los partidos estarán (o deberían de estar) volcados en las próximas elecciones municipales y, en el caso de Euskadi, forales. La elaboración de cientos de listas no es nada fácil y la campaña, se lo aseguro, es complicadísima. Pero Podemos y Yolanda Díaz siguen ocupados en la candidatura para las Generales. No lo digo yo ni Libertad Digital. Lo leemos en Público: Belarra y Vestrynge quieren evitar ser absorbidas por Sumar, pero dentro del propio Podemos hay fuerzas (IU, PCE, En Comú Podem, Galicia en Común o Alianza Verde) que invitan a pasar página al partido morado y ceder el protagonismo al nuevo proyecto.

La urgencia

“España es un coche que se dirige a toda velocidad hacia un muro y ese muro se llama ‘sequía’”, leemos con tono trágico en Xataka. Pero Euskadi no se libra: en el norte del país ya hay restricciones y en el sur puede empezar a haberlas en cualquier momento. Todos lo vemos, pero los números crudos son los que llevan a esa analogía del coche y el muro: “En los últimos tres meses ha llovido un 46% menos de lo que tendría que llover. De hecho, en julio esa caída ronda el 70%. Esto se suma a que desde el 1 de octubre de 2021 (la fecha en la que comienza el año hidrológico) ha caído solo un 25% de lo normal”.

«Una crisis alimentaria mundial»

“Una crisis alimentaria mundial que provocará estragos en las economías locales y desatará revueltas sociales”. No es la premisa de una película apocalíptica, sino el reportaje en Business Insider en el que han recopilado casos concretos de carestía de alimentos en todo el mundo: India, Nigeria, México, EE.UU., Japón, Perú y, por supuesto, la incidencia de la invasión rusa sobre Ucrania muestran el camino a una crisis global que tiene antecedentes claros: “El cambio climático, la pandemia del COVID-19 y el creciente número de conflictos en todo el mundo han acumulado presión sobre el sistema alimentario mundial en los últimos años”.

También el agua

El cambio climático que ha provocado estos veranos tan calurosos tiene una consecuencia lógica, esperada y muy próxima: “La sequía fuerza a varias autonomías y municipios a restringir el consumo de agua” (República). Eso es lo que nos espera: restricciones. No solo a la hora de comer por culpa del precio, también a la hora de beber o mantener nuestra higiene en condiciones de máximo calor, como las que estamos viviendo. No hace falta que venga ninguna o ningún experto a confirmarnos que algo está pasando sin recursos energéticos, con alimentos cada vez más caros y con menos agua cada día extremadamente caluroso que pasa.

Sigamos llenando piscinas

Odio eso de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades”. Por supuesto que no. Pero no es menos cierto que hemos querido emular modos de vida que superaban las posibilidades de todos. No podemos tener una piscina en cada jardín o patio de clase media, es evidente. Pero quienes tampoco podían hacerlo en todas sus propiedades son las clases más altas que han generado modelos de vida que empresas han querido trasladar a bolsillos más humildes. En conjunto, lo que hemos generado es una insostenibilidad manifiesta: junto a la noticia de las restricciones, una de las mejores piscinas portátiles. Algo falla.

Tampoco hay hielo

Si no hay agua y la energía para generar frío es cada vez más caro, obviamente, habrá menos hielo. Pero la escasez en algunos puntos de España viene dada, además, por la incertidumbre de los últimos meses: en primavera las fábricas van generando parte del hielo que comercializan en verano (no sabía yo esto que cuentan en Magnet), pero este año el precio de la energía y las dudas de que el verano fuese como está siendo, además de una mayor demanda por la canícula, han hecho que los cubitos industriales sean un bien preciado y, a la vez, escaso: en los puntos de venta se limita el número de bolsas que podemos comprar.

Y el agua de lluvia está contaminada

Para acabar con esta columna que solo es representativa de las noticias que podemos leer en los digitales cada día, vamos con este párrafo aterrador en Microsiervos: “El agua de lluvia ya no es potable en ningún lugar del mundo debido a los agentes químicos perjudiciales para la salud que contiene. Y no es que esto suceda sólo cerca de zonas habitadas y muy contaminadas; se refiere al agua de lluvia de todas partes, incluyendo la Antártida, el último rincón virgen del planeta”. Esta vez, con un rayo de esperanza: “Agua para beber habrá, y el problema tiene solución, pero no de forma natural, ni barata, ni global”.

El PP de Feijóo

El mayor éxito político de Núñez Feijóo hasta el momento es que ha sacado del foco a Vox. El PP ha renunciado a luchar por el espacio de la extrema derecha y ha ensanchado su base: “El PP de Feijóo se dispara en las encuestas: los populares podrían igualar los 137 diputados de Rajoy en 2016” (República.com). Los sondeos de momento son amables con los de Génova 13 (que seguirán en el edificio que Casado quería vender o alquilar) pero lo más importante es que existe ya una sensación generalizada de que el gobierno español de coalición se desinfla sin remedio. Feijóo va ganando, a derecha y a izquierda, casi sin competir.

Los bancos sin gente

La gente es un problema para la banca: intentan repelernos de las oficinas, a golpe de clic, app y cajeros automáticos (veremos cuánto duran). E incluso su propia gente resulta molesta al sector: “Caixabank, Sabadell y BBVA ahorran 280 millones tras la salida de 10.000 trabajadores. Pese a pagar casi 3.150 millones por los despidos, Caixabank, Sabadell y BBVA consiguen reducir sus gastos de personal en apenas doce meses” (Economía Digital). Es como si más abajo del consejo de administración de turno, todas y todos les sobráramos. Esta aversión al factor humano tiene mala pinta pero, a corto, genera buenas cifras.

La semana de cuatro días

“La semana laboral de 4 días ‘te cambia la vida’”, y para bien, claro. Eso aseguran quienes han participado en el experimento de ocho semanas en el Reino Unido, el más grande hasta el momento. “Puedo hacerlo sin sentirme culpable” es la frase más importante del reportaje de la CNN. Las y los participantes se comprometían a mantener el 100% de su productividad en el 80% de su tiempo y reconocen que al principio resultó un poco caótico contar con plazos más cortos. Ahora toca comprobar que, efectivamente, la producción no se resintió, y lo más importante: si empresas y trabajadores acuerdan mantener esa semana de cuatro días.

“Content babies”

Llevamos años viéndolos, y ahora que es verano y el contenido de otro tipo baja y sube el de las y los influencers, los vemos más: son los “content babies”. Mort los define así en Twitter: “Las criaturas paridas para hacer dinero para sus padres en redes sociales”. Esas y esos menores que salen en Instagram admirando la capacidad de sus progenitores para generar una foto bonita en la que colar alguna marca, y a quienes desde hoy podemos poner nombre. En su hilo, este veterano tuitero recordaba también que “los primeros content babies estaban llegando a ya a la mayoría de edad y partiendo peras con la familia que les ha explotado”.

Instagram recula

Aunque no sigamos cuentas de influencers vemos sus posts en Instagram: la red social ha apostado por mostrarnos constantemente contenido que podría gustarnos… Y que ha acabado cansándonos: “Instagram recula y no mostrará tantos posts recomendados” (Trecebits). En su intento por neutralizar a TikTok convirtiéndose en el TikTok de los más mayorcitos, la red social de fotografía se ha pasado de frenada. Lo reconoce su propio director, Adam Mosseri, que es el que ha anunciado esta marcha atrás. Ya no veremos lasañas de croquetas rebozadas ni familias numerosas superhappy y random en Ibiza o Bahamas. O no tantas.

«Madrid no se apaga»

No sé si el plan del gobierno español para el ahorro energético es suficiente o se queda corto, no sé si el del Gobierno Vasco lo mejorará, y no sé si Díaz Ayuso tiene razón cuando avisa de que son medidas cosméticas. Pero sí sé que el equipo de la presidenta de la Comunidad de Madrid genera confrontaciones mejor que nadie: “Madrid no se apaga” es un claim estupendo que permite a la líder madrileña exponerse como la que defiende a la ciudadanía. Destruir es fácil. Destruir con arte merece un reconocimiento. Pero lo verdaderamente difícil es construir, y Ayuso ha demostrado que cuando genera oportunidades lo hace solo para una parte.

Otro frente

Definitivamente, el mundo se nos ha hecho mucho más pequeño: hoy, un conflicto entre China y Taiwán tiene efectos directos e inmediatos sobre nuestras vidas, por eso y porque los medios emiten información desde el lugar de los hechos, estamos pendientes día a día de su evolución. Pero, ¿qué sucede? El texto de Pablo Bustinduy en Público, “¿Por qué es tan peligroso el viaje de Nancy Pelosi a Taiwan?”, me ha resultado muy aclarador, aunque como muchos otros, por bien construidos que estén, sigue sin entrar en el antecedente más importante: cómo China quiere neutralizar a su competencia comercial.

No hay Ley Sálica, hubo otra cosa

Estos días he aprovechado para leer un par de textos, alguno de hace varios años, sobre la Ley Sálica en España y las posibilidades de que Leonor reine. Pues bien, puede hacerlo perfectamente y, de hecho, en Moncloa ya están planificando su “juramento” como princesa cuando cumpla 18 años (podría coincidir con las elecciones). Por lo tanto, cuando Juan Carlos I eligió a Felipe VI como su sucesor, no se trataba de que un pene tuviese que sustituir a otro pene como portador de la Corona, la jefatura de Estado y los business. Se trataba de otra cosa que estaría bien que nos contaran ahora que se rasga el velo sobra la monarquía española.

Por ejemplo

Me ha sorprendido mucho el reportaje en Vanitatis sobre las intenciones de Victoria Federica de Marichalar y Borbón de dedicarse al mundo de la moda sin tener formación específica. En su currículum puede exhibir que ha conseguido fichar por una agencia de influencers y que a su padre le ha gustado mucho el mundo de la moda desde siempre. Pues ni con esas: las y los consultados por el digital han coincidido en que tiene que acreditar más méritos y más concretos. Una respuesta, insisto, que me ha sorprendido después de crecer leyendo loas a cualquier Borbón que se fijara un mínimo objetivo en la vida.

La burbuja se pincha… Por su parte más débil

Que el fútbol actual sobrevive porque está instalado en una burbuja en la que el dinero no puede dejar de moverse es evidente. Y la venta de derechos audiovisuales futuros lo demuestra. Que esa burbuja va a estallar porque es insostenible es evidente. Que si lo hace empezará afectando a los más débiles también es evidente. Y ha sucedido: el fútbol humilde sigue sin tener quien lo retransmita la temporada que ya empieza porque Rubiales exige unas cifras y unas condiciones inasumibles para las operadoras porque, como recuerdan en El Independiente, esos partidos no generan el retorno suficiente.

No lo olvidemos, tampoco en vacaciones

Tengo cuarenta y pocos y mucha, mucha gente de mi entorno, con trabajos muy diferentes entre sí, e hijas e hijos pequeños, toma una pastilla para la tensión. Es uno de los males de nuestros días pero el peor, sin duda, es lo poco que nos tomamos en serio nuestra salud mental: el estrés (no solo laboral) nos está machacando. Somos una generación que intenta llegar a todo, también a la diversión y el asueto, que no se permite un segundo de respiro y que minimiza las consecuencias de la ansiedad y el poder sentirse cansado o, simplemente, mal. La mayoría está de vacaciones, sí. La mayoría también sabe de lo que hablo, estoy seguro.

Lo peor de nosotros

Nunca he digerido demasiado bien esas imágenes de celebridades que viajan a África a tocar a niñas y niños con la piel más oscura, a poder ser en poblados, y a dejarse sacar fotos y grabar vídeos. Lo hizo Diana de Gales, lo hizo Sofia de Grecia, y lo hacen ahora las y los influencers, porque algunos modelos nunca han pasado de moda para el postureo mundial. María G. San Narciso ha hecho un buen repaso en El Periódico de España sobre esta tendencia que no envejece y que, de hecho, cada vez provoca más repelús. “Se hace un atractivo turístico de la pobreza, que acaba por ser un negocio”, redondea una de sus fuentes.

Y lo peor de la creatividad

Odio los linchamientos públicos que permiten las redes sociales. Alguna vez los he sufrido, incluso instigados por “compañeros” de esta nuestra sagrada profesión. Y cuando me ha tocado apreciarlos tan de cerca solo he visto podredumbre. Por eso me he apartado varios días de la polémica generada por el cartel del ministerio español de Igualdad y no pido ahora tampoco la cabeza de nadie aunque crea que la metedura de pata de la agencia ArteMapache es de las más difíciles de explicar y justificar que yo recuerdo. Tampoco me parecen suficientes la petición de disculpas, el hilo en Twitter y la aclaración sobre la facturación.

Queremos saber

No necesito saber ningún detalle de la agenda de la casa real española en Mallorca. Doy por hecho que están haciendo todas y todos (empezando por Froilán, a todas luces) lo que le sale del ciruelo. Yo lo que pido es transparencia en los costes: ¿cómo se paga el mantenimiento del palacio durante el año y cuánto cuesta? ¿Pasa toda la familia las vacaciones en la misma casa o están en otros inmuebles? ¿Quién los paga? ¿Quién paga los barcos, coches y demás que tienen a su disposición en la isla? ¿Cuánto cuesta? ¿Con quién cenan, tienen intereses de algún tipo sus “amistades”, son todas plenamente democráticas? Todo lo demás es chismorreo.

El deporte, preso de las redes

Uno de los síntomas de mi vejez es que no me gusta seguir en redes a equipos de fútbol, por mucho que me guste este deporte. Lo hago por militancia con el Club del que soy socio y poco más. No entiendo su modo de comunicar (y eso que los clubes vascos, salvo contadas excepciones, siguen siendo como la moda vasca: entre el chandalismo y la camisa de cuadros) ni esa ansiedad por repetir contenidos transformándolos en videojuegos. Pero es evidente, como explican en 2playbook, que esa es la tendencia: una comunicación constante (todo el día, todos los días) y desenfadada. Lo contrario a mi ritmo que roza la ancianidad.