No quiero pensarlo, pero…

Cuando Jorge Bustos fue nombrado director de Opinión en El Mundo perdimos un gran cronista y columnista… Y ganamos un tuitero echado a perder y un responsable de sección que mantiene a Jiménez Losantos y Arcadi Espada. Pero Bustos sigue dejando ver su genialidad a fogonazos, como este resumen de lo que parece que realmente piensa Sánchez: “No legislé en las tres olas anteriores, voy a hacerlo con el 4-M a la vuelta de la esquina, Hulio. Que cada CC.AA. se busque la vida y cada TSJ se la bendiga. Pa qué gobernar si se puede prometer. Trabajar, dice mi añorado Pablo, es de cretinos”.

Otra crónica parlamentaria

Soy un cronista frustrado. Esa siempre fue mi aspiración en el periodismo: contar a mí manera lo que había pasado en un parlamento o un campo de fútbol o regatas. Pero no creo que llegue a conseguirlo. Por eso me fascinan los grandes cronistas, como fue Jorge Bustos, y los que no pretenden serlo pero lo consiguen, incluso en Twitter. Esta frase de Mr. Insustancial sobre lo que hemos visto esta semana en el Congreso y el Senado bien podría estar en las crónicas o los comentarios: “Mi preocupación es si Santiago Abascal sufre ahora de túnel carpiano por haber sostenido medio ladrillo durante casi 10 minutos”.

Minuto y resultado

No son pocos los cronistas políticos que saltan a la arena deportiva y al revés. En el fondo, ambas áreas se parecen tanto que también en política podemos hablar de minuto y resultado: “El Gobierno de Ayuso notifica el ‘fichaje’ de Albert Rivera en la Universidad que aprobó Derecho a Pablo Casado”, leemos en El Plural. El nombramiento, “como vocal del Patronato de la Fundación Universitaria Fray Francisco Jiménez de Cisneros”, adscrito a la UCM, fue ratificado por el consejero madrileño de Universidades, Eduardo Sicilia, cesado por Díaz Ayuso junto a Ignacio Aguado y el resto de los de Ciudadanos.

Qué drama

He leído dos veces la noticia y todavía sigo buscando la argucia estadística que permita explicarla: “En España hay 105.000 parados mayores de 45 años que no han trabajado nunca. El desempleo entre quienes nunca han tenido una ocupación crece tres veces más que la media nacional y afecta ya a 355.607 personas” (Vozpópuli). Si la explicación es puramente sociológica y, efectivamente, más de 100.000 personas mayores de 45 años no han logrado encontrar un empleo en su vida, el drama del paro en España es extraordinario y con tantas caras, todas trágicas, que la preocupación europea debería de ser aún mayor.

Yo también hablo de trombos

No tengo ni idea de vacunas más allá de lo que leo de lo mucho que se publica. Y entre los divulgadores científicos de los que me fío el consenso es bastante amplio: el número de trombos detectados entre quienes han recibido vacunas no son alarmantes. E incluso si hubiera una vinculación directa, el beneficio de la vacuna es mayor que el riesgo que plantea. Pero fue Alejandro Izaguirre quien, en Twitter, puso voz a mi pensamiento, mucho más mundano: “¿Y si al final tanto trombo viene de que la gente lleva un año apalancada en el sofá?”. Levantémonos y actuemos… En contra de quien nos quiera con miedo.

¿Otro mes sin gobierno?

La aventura independentista catalana tiene que salir bien. Por el independentismo, por la ciudadanía catalana y por las y los políticos que siguen presos o exiliados por ser independentistas (porque los delitos por los que se les condena serían de risa si no supusieran varios dramas personales y familiares). Pero es muy difícil sostener el modelo elegido por sus máximos representantes: “Aragonès aspira a ser president antes del fin del estado de alarma el 9 de mayo”, (El Nacional). Eso supone casi otro mes sin gobierno, sin decisiones importantes o sin una mayoría articulada en el Parlament. ¿Quién defiende esto?

Sí pero no

Comparto las críticas de muchos periodistas hacia el vídeo de Podemos que señala directamente a presentadores y periodistas que no siempre hablan bien de la formación morada. Pero también comparto la crítica de Podemos porque no todos esos comunicadores han buscado la verdad o el debate, sino el linchamiento. Ahora, a Podemos, y siempre, a los nacionalistas. Y aunque comparta esa crítica de los de Iglesias también tengo memoria y sé que en Podemos tienen mucho morro señalando a la prensa como el enemigo cuando ni el partido ni sus líderes serían nadie sin las tertulias televisivas.

¿Todo por Errejón?

Dice el aforismo que si parece que detrás de todo hay un plan lo más probable es que haya un plan. Y los pasos de Pablo Iglesias dibujan un plan: cuando era vicepresidente y diputado, su acercamiento a Bildu le permitía neutralizar el peso de los votos de los de Íñigo Errejón (y en Bildu se dejaban, claro). Y cuando se apartó de aquel foro para saltar a la arena autonómica madrileña lo primero que hizo fue un ofrecimiento capcioso precisamente a Más Madrid que impedía el crecimiento de esta fuerza política. No solo parece que haya un plan, es que parece que hay una obsesión. Sobre ello, César Calderón escribe muy bien en Vozpópuli.

¿Todo por la libertad?

Si Isabel Díaz Ayuso quiere actuar como Braveheart, allá ella. El problema sería que, realmente, se creyese la Braveheart española. Y lo preocupante es que con esta puesta en escena y el riesgo de que pueda tenerse a sí misma como una libertadora, Díaz Ayuso vaya a ganar las elecciones. Elías Gómez lo tuiteaba muy bien: “¿Qué respeto tienes por la inteligencia de tus posibles votantes cuando les pides el voto para derrotar al comunismo en unas elecciones autonómicas?”. Es cierto, “comunismo o libertad” es el lema electoral más ridículo que yo haya leído. No es menos cierto que si funciona tenemos que preguntarnos por qué.

¿Por qué?

“El 65% de la desinformación generada sobre la pandemia es atribuible a doce cuentas. La concentración mediática es más intensa aún si cabe en Facebook: allí esas doce cuentas suponen el 73% de la desinformación covid total” (Magnet). Esa es la conclusión de un estudio que una ONG británica ha remitido a varios fiscales en EE.UU. para que actúe contra canales que ya difundían bulos contra el cáncer, supuestos psiquiatras y líderes de opinión de grupos poblacionales muy importantes. ¿Por qué? En algunos casos hay vínculos directos con su modelo de negocio (venta de libros), en otros es más cuestionable.

Aficionados al trumpismo

España está llena de aficionados al trumpismo. Pese a tratarse de una corriente que representa lo peor de la política, incluso lo peor de la política estadounidense, que ya es la leche, hay personas que quieren parecerse en lo ideológico, al menos, a Trump. Están los de Vox, a los que se acercó (y supongo que algo facturó) Bannon; están las extremadas del PP, lideradas por Isabel Díaz Ayuso y Bea Fanjul; y está en esta lista hasta Pablo Casado, que tuitea bajo el influjo del trumpismo sobre una posible subida de impuestos: “Échense la mano a la cartera. Este es el infierno fiscal que nos espera. Sanchismo o Libertad”.

Y al neoliberalismo

La propuesta del ministro Escrivá de alargar la vida laboral de los pensionistas no es nueva: ya lo hizo el mismísimo Aznar. Pero la discusión sobre la medida en sí es bizantina: la propuesta solo es un síntoma más de que el sistema de pensiones no es viable y los sucesivos gobiernos españoles intentan achicar el agua como pueden. Los titulares sobre los parches impiden ver el tamaño de la rasgadura: las pensiones públicas se agotan y cada modificación ha llevado un tinte neoliberal con el que intentan maquillar la cuenta de resultados. Ya pueden quejarse los pensionistas y los que vamos a serlo, que estamos jodidos.

Pero ya no al Twitter

La decisión de Ada Colau de abandonar Twitter para ser mejor política es muy interesante: la herramienta es inútil para relacionarse directamente con la ciudadanía. Y quien sostenga lo contrario desde la cercanía de una o un político sabe que miente. Pero la decisión de Colau de abandonar Twitter también es efectista y, como tal, no ahonda en el fondo. Las y los políticos pueden tener presencia en Twitter, pero es un error que manejen personalmente sus cuentas: les quita tiempo y desvía su atención de lo importante hacia lo accesorio porque Twitter es hoy un colector cuyos integrantes no representan a nadie.

Qué cagada

Quien llama a Luis Pérez, más conocido como Alvise, para que sea fuente en un reportaje sobre las fake-news, o quiere dar aire a los argumentos de la extrema derecha española o no tiene ni idea de quién es ese tipo, de qué va Twitter, de qué es un bulo ni de cómo funciona. Sin embargo, “Informe Semanal, que lo presentó ante la audiencia como ‘comunicador político’, dijo de él que era ‘uno de los perfiles más polémicos en nuestro país’, y le definió como alguien cuyo propósito es ‘contrarrestar a los grandes medios de comunicación, a los que acusa de manipular’” (Vertele). Así nos va.

Y llegamos a Twitch

Twitch es una herramienta que me tiene fascinado: después del fogonazo de TikTok, que rápidamente se ha convertido en la versión breve de YouTube, ha aparecido esta nueva plataforma que incorpora pasarelas de pago de un modo absolutamente naturalizado y se dirige a una población muy joven y, al mismo tiempo, madura como consumidora. Por si fuera poco, genera un modelo de negocio sostenible. Con estas premisas era inevitable que los asesores políticos quisieran llevar a sus candidatos a Twitch, haciendo de momento un sordo ridículo. En El Confidencial han elaborado un reportaje muy interesante sobre ello.

¿Maroto como modelo?

La anulación de la candidatura de Toni Cantó por empadronarse fuera de plazo en Madrid ha generado muchos chistes en Twitter, especialmente. Entre todos, me quedo con uno en el que se ve a Maroto voceando desde su escaño en el Senado y la frase: “Toni Cantó, novato”, como si el exalcalde de Gasteiz increpase al ex de UPYD y Ciudadanos. Es cierto que Maroto actuó con más premeditación pero no lo es menos que, realmente, da igual que Cantó vaya o no en listas. Ya está sirviendo para desgastar a Ciudadanos y puede que, como apuntábamos en esta misma columna, las carreras de Maroto y Cantó se crucen como senadores autonómicos.

¿E Iglesias?

Me parece bien que Pablo Iglesias haya pedido la indemnización que le corresponde como exdiputado en el Congreso. Los derechos hay que ejercerlos, y más cuando protegen a los vulnerables. Lo que no me parece tan bien es que Iglesias mienta en la televisión pública, como asegura Nacho Calle, subdirector de Maldita.es, sobre la noticia en sí: “Esto es mentir a sabiendas porque se les dijo que en Maldita siempre hemos preguntado e informado cuando un ministro ha dejado el Gobierno. Lo contamos con los exministros Illa o Huerta. ¿La diferencia? Que ellos no pidieron la indemnización e Iglesias sí”.

Esto sí es cierto

El sociólogo Sergio García redondeaba el titular de EFE (“Solo el 0,18 % de los vacunados con AstraZeneca en España ha tenido efectos adversos”) con este tuit: “El 99,82% de los vacunados con AstraZeneca en España se encuentran de puta madre”. Esta afirmación es la que tenemos que repetir en Twitter, en los periódicos, en los grupos de WhatsApp con familia y amigos, en el trabajo y donde nos sea posible. Las vacunas son seguras, este es el único mensaje que cabe, ganemos o no algunos clics en nuestra web o algunos retuits, porque si no lo fuesen no se habrían aprobado. Insistamos. Por todas y todos.

El sistema

Hace solo unos días les mostrábamos en la columna la imagen de los operarios del remolcador que liberaba el Ever Given y aliviaba el mercado mundial. Aquella foto solo era la de una cuadrilla de trabajadores, porque fueron muchos los que ayudaron a mover aquel gigante. Uno de ellos, este: “El conductor de la excavadora del canal de Suez dice que durmió 3 horas al día y que nadie le ha pagado aún las horas extras por intentar desencallar el Ever Given” (Business Insider). Su nombre es Abdullah Abdul-Gawad y todos vimos su excavadora haciendo un trabajo titánico que parece que nadie ha compensado.

Por el coronavirus

A estas alturas de la pandemia que algo cierre por culpa del Coronavirus casi no es noticia. Lo es que algo abra vía medida judicial o si la política interviene (o puede intervenir) en la clausura. Así que el futuro de la Eurocopa en Bilbao podría estar en el aire por el coronavirus, como tantas otras cosas, y ser noticia deportiva y económica (quien niegue el impacto de un evento tan grande o ha sido engañado o forma parte del engaño), pero si añadimos el componente político, haya o no motivos más allá de lo que diga el PP, que representa al 6% del electorado, que, lo encontramos en la portada de varios digitales. Así va esto.

Partido nacionalista español no madrileño

Supongo que se llamará “España Vaciada” y que algún partido intentará echarle el guante para coaligarse con este nuevo que anuncian en La Vanguardia. Se trata de una formación que quiere representar a esa España no solo vaciada, sino despreciada. Teruel Existe es el modelo: el sistema electoral español garantiza que haya representación de esa España olvidada (bien lo sabe Casado, cuyo origen político es Castilla) y esa puede ser la oportunidad del nuevo partido para que sus representantes no sean cuneros como Maroto sino representantes que defiendan sus intereses de verdad. Es decir, que hagan política.

Este es un temazo

El modo en el que las personas más jóvenes se relacionan con los medios de entretenimiento o información tradicionales es fascinante. En la generación que viene Internet sí ha provocado un claro cambio sobre sus hábitos de consumo y para ellos las teorías clásicas de la comunicación o las industrias culturales son otra cosa. Las primeras, historia. Las segundas, las que ellos mismos financian con suscripciones que los más mayores entendemos menos por el hábito y quienes las merecen. En Xataka dan una vuelta a un tema que merece muchísima atención, reflexión y acción para alfabetizarles en lo suyo, no en lo nuestro.

Pues no estoy de acuerdo con el New York Times…

Para los redactores del New York Times yo seré un columnista de un periódico de pueblo, así que mi opinión sobre su texto les importará poco. Y hacen bien. De hecho, no estoy del todo en desacuerdo: en el prestigioso periódico vaticinan que Manhattan no volverá a ser como antes, que el teletrabajo, aunque sea a modo parcial, va a mantenerse, y que difícilmente volverán todos los oficinistas a trabajar de continúo y coincidir. Yo creo que, simplemente, será cuestión de tiempo que todo vuelva a la normalidad. Y de un tiempo menor que el que esperamos, además. Volveremos a llenar las oficinas, los cafés y las tiendas.

¿Lo queremos así?

Espero que la vacuna termine con la pandemia y que la pandemia acabe con estos nuevos hábitos y horarios. Para lograrlo, todos tenemos que hacer una cesión de nuestra propia libertad, por decisión propia o ajena, es decir, de las autoridades. Y ser coherentes, claro: si nos dan libertad reclamamos restricciones y si nos dan restricciones reclamamos libertad. ¿O queremos el modelo australiano? “Las autoridades de Australia ordenaron este lunes el confinamiento durante tres días de unos 2,4 millones de habitantes de la ciudad de Brisbane, la tercera más poblada del país, tras acumular siete infecciones” (Vozpópuli).

China vuelve a ser proteccionista

“El mercado chino” se ha convertido en uno de los argumentos más repetidos para justificar cambios de producción, precios, horarios y hábitos. Pero al mercado chino, que solo es un eufemismo para referirse a la dictadura china, realmente, le da igual Occidente salvo para que nuestras empresas se implanten allí y generen trabajo y capacidad de gasto. Una capacidad de gasto que revertirá parcialmente en Occidente gracias a la globalización, es cierto, pero no tanto como nos (o les) vendían: amparándose en un boicot, el gobierno chino está relanzando internamente sus marcas propias para desplazar a gigantes como Nike o H&M (Magnet).