TikTok lo sabe

Esto es tan claro y concreto como grave: “TikTok sabe que en su plataforma hay adultos que pagan por ver desnudos de niñas, según informes internos” (El Nacional). ¿A qué esperamos para actuar? ¿Y a que esperamos para actuar también con el resto de redes? Hemos visto esta semana declaraciones en LaSexta que han reproducido y ampliado otros medios sobre cómo Meta alberga, expone y hasta afina contenido potencialmente peligroso para la juventud. Sabemos que el algoritmo de YouTube te lleva a vídeos cada vez más escabrosos. Y lo perjudicial que es X lo sabemos gracias a Elon Musk. ¿Por qué seguimos consumiéndolas?

El detector de maldad

“‘Así me hice rico’, en redes sociales triunfan los vídeos sobre arbitraje de Airbnb: alquilar por meses y subarrendar a corto plazo”, cuando leí el titular en El Blog Salmón pensaba que era el típico post en el que se reían de las ocurrencias de personajes que quieren ser influencers, pero no: “En plataformas como Airbnb, existen cursos de formación de rentas cortas. El grado de especialización llega a ser elevado para sacar el máximo provecho a la vivienda”, esto pasa especialmente en EE.UU., según el digital. Un argumento más para prohibir en Europa, o por lo menos en la CAV, esta plataforma tan perjudicial para la sociedad.

Un tipo fiable

Descubro en El Confidencial Digital que “‘El Pequeño Nicolás’ lanza una newsletter para revelar ‘secretos de Estado’” y pienso: ¡claro que sí! ¿Por qué no? Si a Alvise le ha ido bien como agitador, ¿por qué no va a irle bien a Francisco Nicolás Gómez? Sigo leyendo y, oh, sorpresa: “Estos últimos meses, se ha relacionado a Francisco Nicolás con la formación política Se Acabó la Fiesta”. ¡Cómo se me ha podido escapar! Pero “ahora mismo no baraja dar el salto a la política”. Un tipo fiable El Pequeño Nicolás, seguro que en su newsletter hay cosas muy interesantes, todo verdades, todas probadas. Igual me suscribo. O igual, no.

Tiene un plan, estoy seguro

Algunos dan palmadas ante las demostraciones de Space X, la empresa de cohetes de Elon Musk, que esta semana ha atrapado parte de la estructura que usó en un lanzamiento para reutilizarla. Solo era una prueba pero según el visionario millonario: “Da un paso más para colonizar la Luna y llegar a Marte” (The Objective). Y para mí ahí está la clave. Sin entrar en el impacto medioambiental de la demostración, estoy seguro de que Musk prepara una huida para ultrarricos fuera del planeta, una colonia extraterrestre en la que se refugiarán las mayores fortunas de un mundo arrasado por el gasto energético de poner su plan en marcha.

Con un fuet debajo del brazo

Una vez Dulceida le dio un “like” a una foto mía en Instagram. Es verdad que en la foto salía ella, también es verdad que estuve a punto de poner la primera frase del párrafo en mi “bio” de esta red social. Este es el máximo contacto que he tenido con la influencer, tampoco necesito más para desearle lo mejor a ella, a la otra madre de su hija y a la propia Aria, que ha nacido con un espetec debajo del brazo. No valoro la foto con el producto, ni juzgo a Dulceida por prestarse a ello. La peor idea, en mi opinión, la tuvo el responsable de la marca que propuso: “¿Y si en la primera foto de la niña sale nuestro fuet?”.

«Normalización»

Lo normal en Euskadi es España. Y todo lo que no sea España es anormal, claro. A Nico Williams se le pregunta por España, una y otra vez. Vemos a Broncano con su bombo gritando “televisión española” y le reímos las gracias. A la izquierda abertzale, hablémonos como a adultos, le va mejor desde que es simplemente izquierda, como la española. El alcalde de Iruña lo es por un pacto con el PSOE y va a la fiesta más española porque es taurino (y español) durante la semana posterior a San Fermín. Y por supuesto, la Guardia Civil desfila por Vitoria (decir “Gasteiz” acabará siendo de anormales) porque eso es “la normalidad” (El Confidencial).

“Las instituciones”

Fruto de esa transformación de la izquierda abertzale en “simplemente izquierda” y de esos pactos con el PSOE es, precisamente, la ley española de Vivienda que no está dando resultados. Además, inesperadamente los vientos del enfado han cambiado de dirección y apuntan a los dos gobiernos más progresistas de la historia de España, apoyados desde fuera por la izquierda más prístina: Bildu, ERC y BNG. Por eso “el clamor” (Público) se dirige ahora a quien manda y les apoyan, y por eso ni PSOE, ni Sumar, ni Podemos se libraron en Madrid del cabreo monumental de quienes se sienten indefensos e indefensas.

El problema

Vivir en sociedad es muy fácil: consiste en preguntarse “¿qué pasaría si todo el mundo hiciese lo que estoy haciendo?”. Y la nuestra, la española y también la vasca, son sociedades que llamamos así más por inercia que por sentido de la palabra. Somos individuos egoístas capaces hasta de acaparar un bien de primera necesidad como la vivienda para hacer negocio con él. Que Airbnb sea legal escapa de toda lógica, que haya tenedores de media docena de viviendas para especular (ellos lo llaman “invertir”) es un fracaso y que los fondos buitres no sean perseguidos por la justicia define a los gobiernos y los parlamentos.

Buena noticia para quien especula

El anuncio de Pedro Sánchez de “200 millones en bonos de alquiler para jóvenes” (Huffington Post) ha hecho más felices a los tenedores de viviendas que a la juventud. ¿Y por qué solo hay que financiar a la juventud? ¿Qué hace esa familia con niñas y niños pequeños en la que una o uno de los progenitores se ha quedado en paro? Política soft y patada a seguir: ese es el verdadero manual de resistencia de Sánchez. Pero aquí pecado tienen muchas y muchos, empezando por todos esos agentes (políticos, incluidos) que han impulsado el alquiler con discursos y medidas que beneficiaban, a medio plazo, a quien pagaba los pisos sin hipoteca.

Prisa y torpeza no son buenas aliadas

Lo sé de primera mano: prisa y torpeza con malas aliadas. Y lo sabrán, si es que tienen ojos, también desde ayer en el PP. Porque con la que ha caído al gobierno español con lo de la Vivienda, su querella “contra el PSOE por financiación ilegal, tráfico de influencias y cohecho” es una huida hacia delante mucho más nítida. ¿Para qué va a anunciarla un domingo Cuca Gamarra si no es para tapar el cúmulo de errores con lo de las sentencias? El PP podía haber insistido en su agenda social (muestra de que creen que la legislatura no va a ser breve) pero, una vez más, no han tenido cintura ni oídos, y se ha mostrado como un partido mancado.

Ponle un tuit

Yo mismo desde esta columna señalo con ligereza las atrocidades de Netanyahu y el modo en el que Hamás incide en la vida de las y los palestinos, y en la política exterior (lo de confundir intencionadamente a la resistencia con la ciudadanía, en manifestaciones e informativos, habrá que observarlo con detenimiento, ¿no?). Pero a quien tuitea defendiendo al gobierno ultra de Israel o clama venganza violenta en Palestina, desde su casa o su trabajo, le obligaría a leer esto en la web de las Naciones Unidas: “Un palestino de Gaza que ha perdido 45 familiares desde el 7 de octubre habla sobre su dolor indescriptible”.

“La oferta de viviendas en mínimos”

No es la única medida útil, pero sí la más importante: fomentar la oferta bajará los precios del alquiler y de la compra (porque no todo el mundo quiere alquilar y porque fomentar el alquiler conlleva fomentar la concentración de la propiedad). Esto lo sabe cualquiera y que la ley de vivienda de PSOE, Sumar, ERC y Bildu retrae la oferta, también. Esas son las evidencias y este, el escenario del crimen: “La escalada en los precios del alquiler cumple cuatro años con la oferta de viviendas en mínimos” (Activos). Mientras esto siga sucediendo: “115 personas se interesan por cada vivienda que sale al mercado del alquiler”, los precios no bajarán.

Nuestro gran fracaso

Conseguir que más viviendas salgan al mercado de alquiler o al de compra, en esencia, es muy fácil: prohibimos Airbnb y lo comprobamos. Ojo, eso conllevará también que no podemos viajar nosotros y alojarnos en un apartamentito, eh. Pero esa pérdida, para mí, es mucho más beneficiosa que todos los efectos negativos que implica este dato: “Los pisos turísticos tienen ya casi las mismas plazas que los hoteles en España” (Vozpópuli). Porque los hoteles, a ver si nos hablamos como a personas adultas de una vez, no son los que turistifican, lo hacen las viviendas de alquiler por días y las cadenas de tiendas que extienden gente con dinero.

El problema es quién paga la fiesta

Insisto: si quitamos Airbnb de la ecuación (y se lo exijo a mis representantes) y ponemos coto al gasto energético, por ejemplo, de los aviones, será cada vez más caro viajar y, al final solo podrán hacerlo las y los funcionarios. No exagero: “La diferencia salarial media entre el sector público y el privado en España es del 24,97%” (Xataka). Aquí el problema no es si en el sector público se gana demasiado (nunca es demasiado) o si en el privado se gana poco (me inclino a pensar que sí), el verdadero problema es que no parece sostenible que lo segundo soporte lo primero en estas condiciones. Y es esto lo que debemos resolver.

“Y se muda a Madrid”

Que en Madrid hay una fiscalidad ventajosa es innegable. Que se la pueden permitir porque, entre otros factores, el de la capitalidad atrae las inversiones es innegable. Que entre los otros factores está cómo Madrid roba capital atrayendo total o parcialmente sedes sociales de empresas (con todos sus impuestos) es innegable. Que hay cierta colaboración, cuando no indolencia, entre el PP de diferentes sitios para que esas empresas se trasladen, total o parcialmente, como ya hemos dicho, para beneficiar a Madrid es innegable. Que todo lo descrito ha pesado en la decisión de Renault de abandonar Castilla y León es innegable.

Es así

No discuto ni uno de los “508 euros por hacer guardia un festivo” (El Independiente) para las y los santiarios vascos. Pero parece que cuando hablamos de reclamaciones laborales en lo público (esta y otras) hablamos de eso: “Con este acuerdo se pone fin a una reivindicación que había llevado a cerca de 600 médicos a renunciar a realizar estas guardias”. Además, “no es el único incremento relevante acordado”. Mikel Segovia recuerda que el vasco “es uno de los sistemas sanitarios públicos más caros. El presupuesto roza los 4.000 millones de euros, ­casi 11 millones de euros cada día. Su coste en personal absorbe cerca de la mitad de ese importe”.

No va del futuro, va del presente

Ninguna persona que trabaja y cotiza hoy lo hace para su jubilación: lo hacemos para la pensión de quienes ya están fuera del mercado laboral por su edad, merecidamente. Y quienes vendrán lo harán por la nuestra, si es que la caja da, claro. A estas alturas ya sabemos cómo es la pirámide poblacional y lo aterradoras que resultan las previsiones. El resumen de la situación que hacen en El Blog Salmón es claro y me parece acertado: “El estado lleva 10 años tratando mejor al pensionista que a los jóvenes. Aun así, los jubilados planean protestas”. No luchan por el futuro de todas y de todos, luchan legítimamente por su presente. ¿Es justo?

Correcto

El dinero público es limitado: si las y los médicos o las y los conductores de autobús ganan más, de algún sitio se quita. Si viajamos por la mitad de precio en transporte público, de algún sitio se quita. Si suben las pensiones, de algún sitio se quita. Es necesario que las y los gestores sean responsables y que la ciudadanía sea consciente. Y por eso me parece muy bien esto: “La justicia francesa avala la retirada de ayudas públicas a un medio por difundir bulos sobre la salud” (El Diario). Claro que pido control (recorte, no: control), y por supuesto que estoy dispuesto a empezar por lo mío. Quien necesite que use, quien no hace lo que debe que sea sancionado.

Que actúen

Llevo haciendo información política, de una u otra manera, toda mi vida profesional desde que dejé mi breve paso por la información deportiva local, y porque sé en qué consiste la política (y lo dura que resulta para quien la ejerce) soy muy exigente con las y los gestores (y también con la sociedad). Por ejemplo, me parece perfectamente exigible el fin de los pisos turísticos: “Airbnb declara un 32% más de ingresos en España en plena pugna por los pisos turísticos”, leo en 20 Minutos y pienso en las negativas consecuencias que conlleva ese incremento de ingresos. También pienso en el extraordinario ejercicio de hipocresía que implica.

¿Y nosotras y nosotros, qué?

No creo que el lobby de las mascotas tenga tanto poder, y aunque huyo siempre de teorías de la conspiración, sí pienso que no puede ser casual el impulso global de nuestra civilización que empuja a la juventud a no tener descendencia (y preferir perros o gatos). Por supuesto que sé que las malas condiciones laborales y perspectivas económicas influyen y no invitan a la natalidad, pero tampoco debe servirnos de excusa global: “Con la natalidad hundida, los surcoreanos siguen comprando miles de cochecitos para bebé. Solo que ya no lo usan bebés”. “En 2023 se vendieron más carros para mascotas que para niños” (Xataka).

La coherencia

Sorprendentemente (sí, me he sorprendido), Manuel Pimentel ha publicado un texto bastante interesante en The Objective sobre la coherencia o, mejor, sobre nuestra falta de coherencia: “Los turistas son siempre los otros, pura chusma desatada”. Son dos melones que tenemos que abrir: el del modelo turístico y el del modelo de sociedad llorica y egoísta que estamos construyendo. “Queremos viajar nosotros pero ponerle trabas a los demás”, escribe Pimentel. Queremos vuelos de bajo coste pero nos quejamos de que esos mismos aviones traigan turistas. Queremos Airbnb céntricos, bonitos y baratos, pero siempre en otra ciudad.

Vamos a por ello

Estamos en agosto, el mejor momento para abrir un melón. En el Diario de Ibiza recogen un comunicado la plataforma “Prou!” contra la masificación turística: “Todos querían -y quieren- vuelos baratos, ¿pero a qué coste? ¿los que vienen en vuelos low cost aportan algo a la isla?”. Se preguntan. Interesante reflexión: entonces, ¿a quienes vuelan caro sí los queremos? ¿Y cuando no podamos volar? En el mallorquín Última Hora leemos esto otro: “Sumar propone prohibir el alquiler vacacional en Baleares si el dueño no vive en el piso”. Una propuesta blanda, en mi opinión: el alquiler vacacional debería de estar completamente prohibido.

Sabemos cuál es el principal problema

Sabemos cuál es el principal problema que está generando este modelo turístico: el alquiler vacacional. “La peluquería de tu calle es ahora un piso turístico: así destruye la especulación el comercio local de los barrios”, titulan en Público. Y aciertan: los Airbnb y similares son un cáncer que, como tal, hay que extirpar. No cabe regulación posible, solo debe satisfacernos su prohibición. Porque molestan, encarecen las viviendas, vacían los locales comerciales y masifican nuestras ciudades: el flujo a hoteles y cámpines es controlable. Los pisos turísticos, como las “furgos” y las autocaravanas que se apalancan, generan descontrol (y menos gasto).

Podemos evitarlo

Sigo con Público, que sigue esa tradición tan española de hacer que los periódicos de Madrid sean a la vez locales y nacionales. “El turismo arrasa con la vida vecinal en Madrid: Malasaña, Letras y Palos de la Frontera, en pie de guerra”, titulan otra pieza en la que vuelven a avisar sobre “la subida de los precios de la vivienda y la destrucción del comercio local”. Sabemos cuál es el problema, conocemos sus consecuencias y podemos atajarlo pero, claro, para eso tenemos que dejar de alojarnos en pisos turísticos y de volar en low-cost, y admitir que tendremos que dejar de salir y que solo podrán viajar quienes más tienen.

“Fodechinchos”, los demás

Por supuesto, en este acto de incoherencia y egoísmo global no podía faltar el odio ni la mierda que generamos en X. Por ejemplo, este verano ha hecho mucha gracia el término “fodechinchos” para referirse a los turistas que visitaban Galiza. Quienes lo usan se ven como nobles guardianes de su tierra, pero se parecen más a personajes de Pedro Vera que se intentan reírse de las y los visitantes que se acercan al pueblo. Y en Asturias se ha puesto de moda hablar mal en redes sociales sobre el territorio, su clima y hasta su gastronomía, es decir: se ha puesto de moda hacerse un selfie tirando piedras contra tu propio tejado.