Mujeres que se reivindican

La movilización del 8 de Marzo y la sensación de que el avance del feminismo es, por fin, imparable no puede diluirse, no debemos dejar que ocurra. Tenemos que seguir reivindicando todos a esas mujeres que se reivindican con su esfuerzo: la futbolista gipuzkoana Irene Paredes celebraba esta semana formar parte del once ideal mundial, y en Variety publicaban la lista de las mujeres más influyentes con la productora audiovisual catalana Mercedes Gamero en el número 20 de la lista.

Trump, no toques mis Levi’s

La soberbia de Donald Trump nos va a costar cara. Para empezar, los productores de acero o aluminio europeos serán los más perjudicados, ya que sus exportaciones a EE.UU. estarán especialmente gravadas por culpa del proteccionismo adolescente del presidente. Pero la respuesta europea también nos afectará: los pantalones Levi’s, las motos Harley y el bourbon tendrán impuestos especiales en nuestro continente. La política estadounidense nos afecta directamente al bolsillo… o las decisiones.

Al final, populismo

Una de las cosas que primero me fascinó de Internet es la existencia de blogs que explican fenómenos complejos de modo muy sencillo. Y sigue pasando: en Magnet presentan de un modo muy didáctico el avance de Beppe Grillo y sus consecuencias. Al final, se trata de la misma fórmula de éxito que Trump, el Brexit, Rivera o Pablo Iglesias: decir lo que la gente quiere escuchar, echar la culpa de lo malo a Europa y una idea de patriotismo embellecida pero peligrosa.

¿Es buena la opacidad?

Otro blog que sirve para conocer fenómenos complejos es El Blog Salmón pero reconozco que esta vez me desconcierta: empieza alegrándose de la opacidad que ofrece el Bitcoin para preocuparse, a renglón seguido, de las consecuencias de esta falta de transparencia. Para mí es una mala noticia: no considero en ningún caso un avance que el dinero corra por Internet sin control y solo con el conocimiento de quien convierte la cuenta corriente de la que salen los euros en un código anónimo.

Facebook sube los precios

Siguen los cambios en Facebook. El primero y más importante, la pérdida de usuarios activos por primera vez en su historia. El segundo, la estrategia para recuperarlos: veremos más actualizaciones de nuestros contactos y menos de las empresas que seguimos. El tercero lo tuitea Ícaro Moyano en Twitter y es consecuencia lógica de los dos anteriores: Facebook sube sus tarifas de publicidad hasta un 100% ya que todos los anuncios son prácticamente “premium” tras estas decisiones.

Trump marca su nivel más bajo

Volverá a hacerlo, volverá a enterrar su listón y batirá su propio récord de barbaridad, pero creo que esta vez podemos hablar del Trump menos honroso. Su iniciativa para dar pistolas ocultas a profesores y personal y que, de este modo, los institutos dejen de ser espacios libres de armas para terminar con los tiroteos es digna de un chiste negro, pero es la realidad. La realidad de un presidente que vive en la irrealidad y demuestra mecánicas de pensamiento tan básicas que asusta.

Puigdemont tiene razón

No pongo ni una coma a la reflexión de Puigdemont en Instagram: reconoce que las negociaciones para alcanzar la presidencia del Parlament tenían que haber sido más ágiles y que los reproches solo ayudan a la caverna. Aun siendo consciente de todo el proceso y los dramas personales de presos y huidos, echo de menos alguna autocrítica en esa reflexión. Puigdemont tiene que dar un paso para apartarse del camino y que la caverna ruja, al fin, contra el nuevo gobierno nacionalista catalán.

Pablo Pombo, también

A lo dicho solo puedo añadir el último párrafo del artículo de Pablo Pombo en El Confidencial sobre la actualidad española: “Cataluña lo eclipsa todo, vale. Pero lo que suceda con Anna Gabriel no pondrá en peligro a ninguna familia. Lo que pasa en La Línea, sí. Y lo que ocurre en los narcopisos, también. En cada una de nuestras capitales pasan diariamente historias de dos ciudades. La mayoría no son espectaculares, pero son reales. La democracia existe para que puedan ser mejores”.

Esta España

Esta España no hay por dónde cogerla: pringa por todos los lados. La última noticia, esa con la que ya a uno le entra la risa floja, es que el gobierno español es consciente de que la Fundación Francisco Franco posee documentos clasificados como “secreto de Estado” y no ha hecho nada para recuperarlos. Nada se salva de esta secuencia: que algo relacionado con Franco sea secreto de Estado aún hoy, que siga en manos de los franquistas y la indiferencia aunque la ley les obligue.

Esta izquierda

Edu Galán no es nada sospechoso de simpatizar con la caverna mediática, más bien al contrario. El de Mongolia reflexiona en voz alta: “El gran reto para la izquierda es discernir si por estos tweets alguien debe ir a la cárcel, pagar multa o es libertad de expresión”, en referencia a los mensajes machistas que han costado cárcel a un tuitero. Y no vean lo que me alivia el tuit de Galán, porque salirme de lo que debo pensar según la ortodoxia progre y nacionalista cuesta un poco.

Agur, Forges

Entre todos los que intentaron una hagiografía de Forges ayer en las redes sociales Álex de la Iglesia fue el que más se acercó a la manera con la que yo veía al genial dibujante: “Era alguien que, por las mañanas, te decía: ‘Sí, es insoportable, pero estamos juntos, soportándolo’. Y ahora, ¿quién nos va a dar ánimos?”. En esta España sin libertad de expresión y con demasiado iluminado por designación propia, la clarividencia de Antonio Fraguas es un bien preciado. Nos hemos quedado sin talento inspirador.

Así ganan los malos

Entre los que se designan a sí mismos como iluminados en esta noche de libertades que nos regala España destacaba ayer el tuitero y youtuber “Famélica Legión”: “Si el resto de artistas de ARCO tuvieran dignidad descolgarían sus obras; ¿o es que la libertad de expresión les importa una puta mierda?”. Ese pensamiento responsabiliza a otros artistas de la censura mientras los verdaderos censores están encantados con estos justicieros que reparten carnés de dignidad.

En la cloaca

El jefe de la Policía Judicial de la Guardia Civil en Catalunya, Daniel Baena, tenía un entretenimiento: tuitear con una identidad falsa en contra de las personas e investigaciones a las que investigaba usando la información privilegiada que todos damos por hecho que poseía. La liebre la han levantado en Público, donde presentan a Baena como un personaje soberbio y que se extralimita, no ya solo con los comentarios de esta cuenta en Twitter cuya autoría ha reconocido él mismo al medio.

Lo que todos vimos

Lo vimos todos. Algunos lo negaron y a otros les pareció bien la excesiva violencia con la que la Policía Nacional arremetió contra esa parte del pueblo catalán que quería votar en paz. Del mismo modo, lo vemos todos, muchos lo denunciamos y algunos cometen el grave error de aplaudir el recorte de libertades al que nos están sometiendo el ejecutivo y el judicial español. Ahora, Amnistía Internacional también expone lo evidente: el exceso policial el 1-O y el riesgo de recorte de derechos que vivimos.

El hombre torpe

José Alfredo Bea Gondar ha conseguido lo contrario a lo que pretendía con el secuestro judicial de “Fariña”, de Nacho Carretero: que todos sepamos que este exalcalde de O Grove por el PP fue condenado por alquilar el coche con el que detuvieron a un narcotraficante con 30 kilos de cocaína (después fue absuelto). Tampoco quería que supiésemos que antes ya había sido procesado por un alijo de dos toneladas de cocaína ni que, finalmente, fue condenado por blanqueo de capitales del dinero de la droga.

Una condena desmesurada

La justicia en España no parece justa: no entiendo por desmesurada la condena al rapero Valtonyc, incluso aceptando que el derecho a la libertad de expresión no ampara la incitación al odio o la violencia. Visto fríamente, España es un país con una justicia politizada en la que algunos casos prescriben sin explicación, que en otros es como si mirase para otro lado o que, aparentemente, concede medidas arbitrarias (lo de Urdangarín en la calle con condena y Junqueras en prisión provisional es escandaloso).

No es solo por la Casa Real

Parto de la base de que la justicia española parece que se ensañe con unos, exhibiendo sentencias ejemplarizantes que carecen de lógica fuera de ese empeño. Pero no voy a hacer el juego a los que aseguran que Valtonyc entrará en la cárcel por llamar “ladrones” a la familia real española. No. El rapero tiene una canción que se titula “Yo reventé el culo de Eduardo Puelles” y en otras dice cosas como que “ETA es una gran nación” y otras loas. Se nota que no tuvo que aguantar ni a los terroristas ni a quienes les apoyaban.

¿Y de esto qué opinamos?

El tema de la libertad de expresión es muy complejo, por eso me sorprendo con la cantidad de usuarios de Twitter, por ejemplo, que tienen tan claro cuáles son los límites y cuándo la ley tiene que aplicarse con máxima dureza. Recientemente, un juez ha decretado “prisión para un tuitero que celebró los asesinatos de mujeres”. Y me parece bien a la vez que me genera dudas: ¿confiamos en la justicia? ¿Valoramos las sentencias en función de la víctima? ¿Tienen derecho los demás a hacer lo mismo?

Pero el problema es evidente

Pero con todas mis dudas y las de todas las personas que, por suerte, veo que tienen incertidumbres ante la clarividencia de algunos, es evidente que en España tienen un problema con la libertad de expresión. No solo por la desmedida condena a Valtonyc: una jueza ha decretado el secuestro de Fariña porque así se lo ha pedido un alcalde cuya relación con el narcotráfico es algo más que una sospecha y así aparece en el libro de Nacho Carretero que ya he encargado en mi librería.

Las obsesiones son muy perjudiciales

España, además de una justicia que parece desequilibrada y desmedida, tiene una serie de obsesiones recurrentes que la retratan. Por ejemplo, la obsesión con el nacionalismo que no sea español. Yo entiendo que perder las colonias americanas les dolió pero, por favor, que pasen página, que dejen de seguir haciendo el ridículo a nivel internacional y de generar sufrimiento innecesario: “ARCO retira la obra de Sierra que trataba a Junqueras y los Jordis de ‘presos políticos’”.

¿Era broma?

Era tan evidente que esto iba a pasar que reconocer que en esta misma columna lo advertimos da hasta cierto rubor: al final, Marta Rovira reconoce que no proclamaron la república catalana, que aquella puesta en escena no tenía ninguna consecuencia política. Ya lo sabíamos cuando lo vimos, cuando mantuvieron la bandera de España o cuando empezaron a desdecirse rápidamente. Este “sí pero no” por las consecuencias hace, además, un daño difícil de reparar al movimiento independentista.

Nacionalistas acomplejados

Mariano Rajoy, Albert Rivera, Rosa Díez, Santiago Abascal, Alejo Vidal-Quadras y la Fundación José Antonio Primo de Rivera, entre muchos otros, han compartido y aplaudido en Twitter el vídeo de Marta Sánchez cantando con su propia letra el himno de España. Todos ellos, con un sentimiento nacionalista legítimo, alababan el espectáculo y el momento españolista. Pero todos ellos negarán su nacionalismo y acusarán a otros de padecerlo. Ya sabemos que no hay peor nacionalista que el acomplejado.

Anna Gabriel, refugiada

Al parecer, Anna Gabriel explicará hoy la estrategia de su defensa que, de momento, empieza con su viaje a Suiza para darnos desde allí los argumentos. La de la CUP, eso es innegable, ha preferido ahorrarse el paseíllo y la comparecencia ante el juez, marcándose lo más parecido posible a un Puigdemont pero en el corazón de las cuentas bancarias opacas, que tiene su gracia para una antisistema. Del mismo modo que en el caso del President, me parece un error la decisión y ridícula la justificación. La que sea.

Somos pobres porque tomamos café

En Espejo Público, de Antena3, tuvieron el cuajo de llamar a una experta para explicarnos que somos pobres porque queremos: si nos ahorramos el café de cada día tendremos una jubilación mucho mejor. Hagan números. A partir de aquí, los cálculos son infinitos: si no comemos, ahorramos. Si no compramos ropa hasta que nuestra única camisa esté agujereada, ahorramos. Porque no somos pobres por la rebaja de las condiciones y el de la cafetería no merece trabajar.

Empezar por el final

Antonio Agredano habla de Córdoba en su post sobre el cambio de nombre de las calles, pero en realidad es aplicable a cualquier ciudad. Esa y cómo está escrito es la grandeza de este texto. Agredano no niega la necesidad de borrar un pasado fascista, pero sí mete el dedo en la llaga de lo que vendrá después. Nombres comunes huecos (amistad, fraternidad) y batallas por imponer nuevos nombres propios que acabarán desbaratando no solo el callejero, sino también la necesaria reparación.