El minuto a minuto

Internet nos ha acostumbrado a consumir con voracidad y casi sobre la marcha los eventos. Y esta pandemia es el mayor evento informativo que hemos abordado desde la existencia de la gran red y, por supuesto, consumimos un montón de información rápidamente y generamos ansiedad cuando no hay noticias. Así que nos enteramos demasiado rápido (sí, “demasiado”) de la evolución de la vacuna… O de los nuevos casos. Pero los números, vistos con retrospectiva, parecen otros: “Sólo 53 de los más de 28.000 centros educativos del país (el 0,19%) presentan incidencias por coronavirus” (Diario Crítico).

Se lo pagamos todo nosotros

No sé si la intención de Vanitatis era mostrarnos a Felipe VI y Letizia Ortiz como un rey y una reina muy frugales cuando publicaron que carecen de propiedades (incluso ella vendió el piso en el que vivía antes de casarse), pero cuando lo leí lo que me asaltó fue el pensamiento de que por fin va calando la idea de que se lo pagamos absolutamente todo: sus palacios, oficinas, residencias… Son del Estado, lo que supone que diferentes ministerios se ocupen de su mantenimiento. Mientras tanto, ellos no pagan ni hipoteca ni alquiler y la asignación les cunde más. Por otro ladi, si tienen que exiliarse, lo harían rápidamente.

Al otro lado…

Ser jefe de Estado, incluso de la manera más cómoda que existe, que es siéndolo por herencia y más como título honorífico que como un puesto de trabajo real, tiene que ser difícil. Uno de esos trabajos temporales (así lo es en las repúblicas) y mal pagados para todo lo que haces (en general, en política se vive muy mal, en contra de la creencia popular). Uno de esos trabajos en los que el derecho al descanso es una teoría pero no existe en la práctica, que tanto abundan: en Pymes y Autónomos se acuerdan de esa enorme cantidad de trabajadores que no pueden desconectar y disfrutar de un descanso real y necesario.

Hablando de sagas y traiciones…

Y ahora, lo juntamos todo: las sagas de jefes y la política. Es lo que pasa en IU, donde la hija de Willy Meyer, Amanda, es la elegida por Pablo Iglesias para hacer frente a Alberto Garzón, ganarle en el proceso interno y avanzar en la integración de IU dentro de Podemos. ¡Cómo está ese patio! Según Vozpópuli, que es donde leemos la trama, Meyer, junto a Enrique Santiago, estarían preparando con Iglesias un cambio de líder que afectaría a un ministro del propio Iglesias, el del pacto “de los botellines”, con el objetivo final de disolver IU en Podemos. Ver “Juego de Tronos” en exceso puede tener efectos secundarios.

La enorme importancia de las reseñas

En eso consiste la ciencia, en probar lo que intuimos: dos universidades de California han corroborado que detrás de muchas reseñas positivas en Amazon hay una acción organizada que dota de valor a estos productos. La propia Amazon tiene mecanismos de denuncia y defensa ante estos actos, ya que los investigadores han observado 1.500 productos que habían incurrido en tácticas de venta ilícitas, pero la conclusión general es que la importancia de estas puntuaciones de usuarios (o quienes se hacen pasar por ellos) es definitiva para ampliar las ventas… O para acabar con ellas.

Es cuestión de esperar… Y elegir

Igual que mascarillas, al final, habrá dosis de la vacuna contra el coronavirus para todos. E igual que con las mascarillas, al principio habrá cierta ansiedad y hasta psicosis colectiva. Sánchez e Illa ya se atreven a poner una fecha: diciembre. Y Fernando Simón, como de costumbre, endulza la mala noticia: solo habrá tres millones de dosis y tendremos que priorizar. ¿Los futbolistas, primero? No lo descarto. De lo que estoy absolutamente seguro es de que volveremos a mirar para otro lado cuando nos hablen de grupos de exclusión o de países enteros empobrecidos y a la cola de absolutamente todo.

Hacerse una Infanta Cristina

No tengo ni idea de si lo sabían o, como dice Pablo Iglesias, Pedro Sánchez les ocultó la fusión bancaria que incluye a una entidad rescatada con dinero de todos. Pero cuando leí el titular en El Independiente: “Podemos advierte sobre la fusión bancaria que se les ocultó: ‘No vamos a callarnos’”, pensé es que Iglesias estaba imitando a la infanta Cristina cuando aseguró ante el juez que ella no se enteraba de lo que firmaba. En otras palabras: que algunos prefieren quedar como tontos. Allá ellos. Pero en el caso del gobierno, desconocerlo o aceptarlo y ponerse una careta son dos síntomas de la misma enfermedad.

No pinta bien

En ese escenario, con Podemos ninguneada porque el PSOE le oculta información o le obliga a tragar con lo que no comulga y a poner luego excusas ridículas, el siguiente drama va a ser el de la votación de los PGE. Iglesias ya ha lanzado algún órdago para marcar perfil, el PNV ya ha apelado a la mayoría de la investidura, pero Sánchez sigue entendiéndose con Arrimadas, según Vozpópuli: “Mantiene el ‘teatrillo’ con sus socios de investidura mientras sigue negociando con Ciudadanos”. Pase lo que pase, otra vez, Sánchez va a enfadar a más de uno porque una cosa es hablar con todos y otra jugar con dos barajas.

En su propia salsa

Igual que con el caso Dina prefiero esperar a sentencias y certezas, no voy a comentar ahora cada paso en la investigación judicial o cada filtración, por escabrosa que sea o jugosa pueda parecer. Ya sabemos que aquel PP (este no creo que sea muy diferente) estaba lleno de tiburones, de personas que basaban su acción política en despreciar a los demás, de manera zafia, además, de sobres con dinero que se llenaban con donaciones de quien recibía obra pública y acababa en bolsillos muy célebres, ya sabemos que si Cospedal y Bárcenas no se hubieran odiado esta liebre igual no habría saltado.

Pero, ¿quién quiere ser autónomo?

Ser autónomo no es una vocación, es una obligación asociada a algunos trabajos. Y es, básicamente, una castaña: te abrasan a impuestos y, además, eres el malo de la película, un evasor en facturas de 90 €. Con una vida sin horario ni apenas vacaciones. Un chollito. Así que es lógico que quienes van a cotizar mientras estemos jubilados, no quieran serlo (especialmente, los hijos de autónomos). Este año hay un 4% menos de autónomos menores de 30 que el pasado. Pero respecto a 2007 esta cifra se multiplica por 10: un 43% menos de jóvenes autónomos que antes de la crisis (Pymes y Autónomos).

¿Y si tenemos que teletrabajar?

No solo es lunes: para muchas y muchos es el primer día en el trabajo después de las vacaciones. Con la pandemia repuntando, no pocos menores pasarán parte del día con sus amamas y aitites hasta que empiece la ikastola. Y cuando el virus entre en los centros (que pasará, no por la ausencia de protocolos sino por la presencia de síntomas), tendremos que guardar cuarentenas familiares. ¿En qué condiciones? ¿Una baja? ¿Un falso teletrabajo? Y aunque todo vaya más o menos bien, ¿por qué no se ha iniciado la regulación del teletrabajo después de lo sufrido? El Congreso no está solo para contentar a las parroquias.

Esto es cosa de mayores

El regreso a ikastolas, colegios, centros de FP o universidades es un asunto serio, tanto que no podemos dejarlo en manos de los usuarios: son los adultos, desde la ministra a las amas y aitas, pasando por consejeros, técnicos, responsables y docentes, los que tendremos que decidir qué hacer. Así que la huelga de estudiantes sobra. Por completo. Solo faltaba que ellos decidan si van o no a las clases con todo lo que está costando, en recursos, en tiempo, en ideas o en desgaste, su regreso. Ojalá esta pandemia sirva para dejar de tener en cuenta opiniones no suficientemente formadas o claramente sesgadas.

Abascal, sobre Babieca

El titular en El Plural sobre cómo avanza la moción de censura de Vox no tiene desperdicio: “Vox incumple su promesa de poner un ‘candidato de prestigio’ para la moción de censura y elige a Abascal”. Sí, la idea del partido ultra abre la puerta a los chistes, las chanzas y la guasa. No puede ser de otra manera: la crisis sanitaria y económica es grave, y de igual manera que enfrentarse a ella no es una cosa de niños, tampoco es una cosa que hacer con fachas. La moción de censura dará a Vox una presencia mediática inflada, pero parece que van a tener que hinchar un globo tras otro para seguir teniendo relevancia.

50 millones menos para Hacienda

Ada Colau ha recibido muchas críticas por pedir públicamente a la junta directiva del FC Barcelona que trate de retener a Leo Messi en la ciudad y el club. Pero yo entiendo a la alcaldesa: Leo Messi no solo dejará un agujero futbolístico a su equipo, también era un reclamo añadido a la ciudad (sí, lo era, que no se pongan estupendos los de los recorridos culturales), una fuente de ingresos (desde los llaveros en los quioscos a las visitas al campo) y también un recurso de recaudación: de los 100 millones que el Barça le pagaba de sueldo, la mitad iban a Hacienda. Y el efecto dominó no ha empezado aún.

¿Pagaríamos más por ello?

El sueldo astronómico de Leo Messi se justificaba en la cantidad de gente dispuesta a pagar por merchandising del FC Barcelona, ver los partidos en televisión o entrar en el campo. En que la gente pagaba por verle o tener algo suyo, en resumen. Del mismo modo, si un músico de una banda de cinco componentes cobra, después de todos los gastos, 80 € por 8 millones de escuchas de un tema suyo en Spotify es porque no pagamos más por hacerlo. ¿Estamos dispuestos? Esa pregunta es extensible a todos los servicios “gratuitos” on-line, empezando por las páginas webs de periódicos como este, por supuesto.

Los nuevos mediocres son los de antes

Creo que Esteban Hernández da demasiadas vueltas en su extensa reflexión en El Confidencial sobre lo que es la mediocridad y lo que es la brillantez para llegar al punto de partida. Me hago mayor y no estoy para perder el tiempo con disquisiciones salpicadas con nombres rimbombantes de obras y sus autores. Tampoco lo perderé para escribir esto: los nuevos mediocres de los que habla son los mismos que antes de la pandemia. El problema de España y de Euskadi es exactamente el mismo: no se ha premiado lo suficiente al bueno ni se ha apartado lo suficiente al malo. La tabla rasa nos ha empeorado.

Teletrabajo y teleclases

Vi por primera vez el vídeo hace un par de meses, pero compruebo en Bebes Y Más que sigue moviéndose: se trata de un timelapse de una madre que se graba intentando trabajar desde casa durante el confinamiento con sus tres hijos. 27 interrupciones en 11 minutos han contabilizado los autores del blog. Y no es una exageración: todos los que han intentado teletrabajar con niños pequeños, que además han ido incorporando tareas de la ikastola, saben que ha sido un infierno que ha terminado en jornadas interminables por falta de rendimiento y concentración porque también había que cocinar, ordenar y limpiar.

No necesitamos flexibilidad

Estoy bastante mentalizado en que después del verano volveremos a confinarnos: pequeños y mayores volveremos al teletrabajo y las clases on-line hasta que haya una vacuna y mientras las mascarillas y la distancia social sean solo palabras y no hechos. Y veo que no soy el único: en Pymes y Autónomos explican que muchas empresas están preparándose para una mayor flexibilidad laboral. ¡Pues menuda castaña! Lo que necesitamos es que, aunque no nos movamos, clientes, proveedores y jefes respeten los horarios, que nadie llame a las 14:30 ni a las 20:30 aunque sepa que estaremos en casa. Esta flexibilidad es una mierda.

Y no solo para política

La pieza de Carlos del Castillo en El Diario es interesante porque pone ejemplos y cifras sobre lo que todos sabemos o barruntamos, pero creo que son muchas las marcas dispuestas a pagar por cuentas con miles de seguidores para lanzarse a vender. No solo quien tiene objetivos políticos tiene interés en estas cuentas, como él apunta. En cualquier caso, ahí está el modelo de negocio. Una opción que no entiendo porque el mejor público es el interesado en ti, no en chistes robados. Y la mejor inversión es la que hagas en contenido, no en una cuenta a la que vas a cambiar el nombre y la foto de perfil.

Un fuerte abrazo

En la Casa Real española tienen un problema: cada vez que sale en televisión Felipe VI todos tenemos una oportunidad para acordarnos de que la jefatura de Estado en España basada en la carrera de un espermatozoide es absolutamente anacrónica. Si quieren seguir viviendo de la corona lo mejor que pueden hacer es esconder al hijo de un Juan Carlos I, que ya no tiene ningún crédito. En la cuenta en Twitter de Els Quatre Gats lanzaban un afectuoso mensaje el fin de semana: “Un fuerte abrazo a los ‘yo no soy monárquico, soy juancarlista’, que últimamente se os ve muy callados”. Al final, eran todos cortesanos.

Sí, esto va así

Cuando parte de los trabajadores tuvieron que volver a las fábricas algunos se apresuraron a pronosticar el fin del mundo. Oímos argumentos de lo más peregrinos que solo calaban en quien quería ser mojado, pero el miedo fue generalizado. Poco a poco, la situación se ha normalizado y los políticos (empezando por los sindicatos) han tenido que buscar otros elementos de presión al gobierno. El empleo se salvó. Y sí, las grandes empresas generan más empleo. Ahora, como bien dicen en Pymes y Autónomos, hay que salvar a las empresas de todos los tamaños para superar la crisis económica derivada.

Regreso al pasado

La crisis sanitaria no está superada pero tenemos que enfrentarnos ya a la económica. Las primeras consecuencias serán las más evidentes: claros retrocesos que comprobaremos en lo grande e importante y en lo pequeño y accesorio. En Magnet adelantan un previsible encarecimiento de los billetes de avión. Volar será, como hace años, para quien pueda permitírselo. La parte buena, añado yo, es que dejaremos de coger el avión para mantener reuniones, una costumbre de lo más innecesaria en pleno siglo XXI. Ha tenido que venir un confinamiento para que generalicemos las videoconferencias.

¿Y el teletrabajo?

Algunas consecuencias pueden ser positivas pese al sufrimiento que está dejando el coronavirus: el teletrabajo puede dejar de ser algo excepcional. Eso, sí, habrá que regularlo. Hemos avanzado en lo tecnológico, con escritorios virtuales, videollamadas, colaboraciones en red… Solo falta que avancemos en la sensibilidad hacia la posibilidad para conciliar incluso con las ikastolas en funcionamiento. Alemania ha anunciado ya una normativa para cuando pase el confinamiento porque el 25% de las y los alemanes han podido seguir trabajando desde casa. Es un dato relevante que merece atención. Y se la están dando.

Pero con cuidado

Antes del confinamiento ya había teletrabajado. Conocía sus beneficios y sus riesgos. Pero la intensidad de las últimas semanas lo ha transformado todo. El teletrabajo funciona… Porque todos los teletrabajadores que conozco se pasan el día delante del ordenador. El asunto, con niños o mayores en casa, se complica. Es evidente, como sugieren en El Confidencial, que nos hemos pasado. Algunos jefes o clientes y también algunos compañeros que van acumulando tareas no han respetado un derecho básico: el derecho al descanso. Que estemos en casa significa que tendremos que adaptar nuestro descanso, no prescindir de él.

El extraño caso de Smith… O no tanto

El de Ted Smith puede ser un nombre importante en la historia del fútbol: el portero del Southend (en la tercera liga inglesa), de 24 años, y pretendido por Mourinho para su Tottenham, ha anunciado que se retira. No hay lesión física de gravedad: renuncia a seguir viviendo bajo la presión del fútbol. La suya no es la historia de una estrella, pero sí la de una persona que dice “basta”. Y esto, en sí mismo, ya es reseñable. Si tenemos en cuenta el contexto futbolístico, es especialmente reseñable: no todos los futbolistas son de primera y ganan millonadas, pero sí todos tienen que resistir cada domingo.