¿Cuál es la mala noticia?

Es evidente que llegamos al último día de 2021 hasta las gónadas del año en el que lo hemos pasado peor incluso que en 2020, cuando nos volvimos vulnerables. Estos últimos doce meses han agotado nuestra capacidad de resignarnos y aceptar cambios sobre la marcha, lo sé. Pero sigo pensando que algunas quejas y protestas tienen que ver más con la sociedad infantilizada que creamos entre todos mucho antes de la pandemia. Estos días hasta he leído repetidas quejas por la reducción de las cuarentenas y porque esta decisión respondía a motivos económicos. ¿Y cuál es ahora la mala noticia?

Sánchez sigue sin dar malas noticias

Por muy duro que haya resultado, en 2021 he mantenido mi tendencia de 2020: defender la posición de todos los gobiernos salvo aquellos claramente irresponsables, como el de la Comunidad de Madrid. Pero desde la responsabilidad (lo fácil es ponerse con quienes se quejan) también hay que admitir evidencias indefendibles, como la decisión del equipo de Pedro Sánchez de no dar malas noticias: “Traducido: paso de hacer nada, que es mucho lío, y qué pardillos todos los gobiernos europeos”, tuiteaba la periodista María Ramírez después de la última alocución sin consecuencias del presidente del Gobierno.

La política de toda la vida

Algunos terminan el año cayéndose del guindo. Bienvenidos y bienvenidas: “A veces, no conseguir todo lo que uno quiere, si mejora la vida del país, aunque uno no consiga todas sus posiciones, es mucho mejor. Lo sé por mi profesión, lo sé por la vida y porque me lo ha enseñado la política”. Esto decía Yolanda Díaz y tuiteaba El Huffintgon Post sobre la reforma laboral. Es decir: todas las partes han dejado pelos en la gatera y han hecho política de toda la vida. Quien lo descubra ahora porque se tragó aquello de asaltar los cielos es quien va tarde, y no, no tiene ningún mérito darse cuenta a las puertas de 2022 de cómo va esto.

Madrid, en la vanguardia del riesgo

2021 ha sido un gran año para Isabel Díaz Ayuso, que ha renovado su estancia en la presidencia de la Comunidad de Madrid y se ha hecho un hueco en la política nacional abanderando la “libertad” (pocas veces han estado tan justificadas unas comillas) y retando al gobierno español desde la capital mucho más que lo que lo ha hecho el catalán, por ejemplo. Y sí, Díaz Ayuso tiene mucho que ver en que el ayuntamiento, por boca de Begoña Villacís (de lo poco de Ciudadanos que queda en pie), haya anunciado que mantiene las campanadas en la Puerta del Sol, “la única gran ciudad europea” (Púbico) que lo hace.

Que no se repita nunca

Lo que relata Josean del Moral en su reciente hilo no sucedió en 2021, sino en 1995, pero este último día del año, y desde estas últimas líneas, aprovecho para desear que no suceda nunca más. El empresario recuerda cómo lucir un lazo azul en aquel momento en la parte vieja de Donostia (podía haber pasado en el Casco Viejo de Bilbao) suponía atraer miradas de desprecio y odio. “Precisamente lo llevaba para que ellos lo vieran”, relata Del Moral. El lazo azul se popularizó como expresión de solidaridad con José María Aldaia y su familia, y de rechazo a quienes le retenían y quienes les justificaban entonces y todavía hoy.

Los fachas son los suyos

El principal partido de la oposición cuenta con los votos de quienes han apoyado abiertamente un fascismo. Por desgracia, esta primera frase es igual de válida en España como en Euskadi. No solo lo sabemos, es que en el caso español Mariano Rajoy lo ha reconocido sin sonrojarse: “Rajoy pronostica la desaparición de Vox: ‘Sus votantes volverán al PP’”, leemos en La Política Online. No me sorprende porque todos sabemos que el mérito de Aznar fue precisamente aglutinar a las derechas, desde la extrema a la moderada. Pero Vox no solo ha concentrado un voto: lo ha radicalizado, y llevarlo de vuelta al PP requerirá de extremismo de derechas.

Más trampas que un discurso de Díaz Ayuso

Una de las grandes esperanzas del PP para aproximarse a la extrema derecha es una trilera con un verbo ágil y mucha seguridad en sí misma, capaz de pronunciar frases que suenan bien pero esconden más que lo que cuentan. Y si no le salen, desvía la atención sin problemas. Lo que sea necesario con tal de que los incautos sigan apostando por sus políticas kamikaze: “La libertad y la vida son los dos bienes más preciados que tiene el hombre y nuestra labor como Gobierno es preservarlos”, ha dicho la presidenta de Madrid. ¿Quién no va a estar de acuerdo con eso? Pero, ¿a qué se refiere con “libertad”? ¿De verdad piensa que somos tan tontos?

Y todavía no ha empezado la campaña…

Otra Díaz, pero esta vez, ministra, también ha entrado a la arena política desplegando un argumentario un tanto sorprendente. Sorprendente porque nadie se lo esperaba. Y no lo esperábamos porque realmente teníamos grandes expectativas cuando empezábamos a ver una política coherente con sus principios, efectiva en sus declaraciones y con una buena imagen. Ahora a Yolanda Díaz no le importa “tapar los datos del paro con la pandemia” (Vozpópuli) sugiriendo que ella vio venir la pandemia antes que sus compañeras y compañeros en el Gobierno. Pensamiento de cuñada non-plus-ultra.

Ella, no

A Manuela Carmena le abandonó la política después de que no lograra moldear a su antojo ninguna de las estructuras en las que se había integrado. Estructuras a medio hacer (y lo sabía) que ella quiso terminar a su manera aprovechando su edad, su calidad de jueza y su atracción para las y los votantes de izquierdas. Después de frustrarse y fracasar, ahora Carmena ha publicado un libro (porque “me lo habían pedido”) y ha iniciado su promoción (porque “hay cosas que hay que hacer y ya está”) culpando a los demás de lo que le pasaba: “Los partidos buscan estructuras totalitarias, como las religiones o los equipos de fútbol” (InfoLibre).

La España de las pensiones

Esta es la España de las pensiones. Ni la de los hoteles, ni la de las y los camareros. Es su principal problema de gestión, de futuro, y en lo que más dinero gasta: “El gasto en pensiones se está convirtiendo en el monstruo que se come el presupuesto y generando una deuda enorme en España” (El Blog Salmón). El problema no es que nuestros mayores quieran cobrar del mismo modo que contribuyeron para que otras y otros lo hicieran, el fondo del problema es que España no ha conseguido generar un tejido productivo que le garantice que la caja se mantenga más o menos estable, y que Mariano Rajoy la vació, claro.

Ganan ellos

El atolondramiento necesario para ser negacionista en plena pandemia mundial es aprovechado por quienes menos escrúpulos tienen, según Magnet, donde exponen el caso australiano pero como una excepción, sino como un ejemplo: “Los grupos de supremacía racial y de derechas están aprovechando esa vacilación con las vacunas para distribuir ideologías conservadoras a nuevas audiencias a través de protestas y redes sociales. Entre ellas se encuentran narrativas complejas sobre la resistencia a un ‘Nuevo Orden Mundial’, que supuestamente amenaza una forma de vida pasada”.

No son los únicos

Cargamos mucho las tintas contra los antivacunas, pero hay otro grupo que también merece nuestros chistes aliñados con cierto desprecio: quienes han arremetido contra las normas y recomendaciones sanitarias para controlar la pandemia en un contexto económico que no puede detenerse. “Ojo a esto. Los países (europeos) que han dejado circular el virus sin freno por no ponerse una mascarilla son caldo de cultivo para variantes”, alertaba en Twitter María Ramírez, ahora que todos miramos con atención qué dicen los científicos sobre Omicron. Y nosotros teniendo que aguantar a quienes las llamaban “bozales”.

Carmena, abandonada

No son aislados ya los comentarios sobre la intención de Yolanda Díaz de evitar a Manuela Carmena mientras lanza su nueva candidatura. No sucede lo mismo en el caso de la exalcaldesa de Madrid, que reniega de los partidos pero no de la política… ni de su popularidad. Carmena acaba de publicar un libro, está de plena promoción y no pierde ninguna oportunidad ni para dejarse ver, ni para explicar su visión de la política (tan particular como irreal), ni para lanzar algún piropo a la ministra, a la que no me extrañaría que acabase por nombrar como su heredera ideológica. Mientras tanto, Díaz huye.

Las y los vascos, parece que no

“Quizá la lección más importante es que los que viven y son responsables de la región deben tener tanto los recursos como la libertad para tomar decisiones”, esta es la frase que en About Basque Country han destacado del artículo que ha publicado Martin Wolf en el Financial Times sobre “las lecciones que los británicos pueden aprender del País Vasco para revitalizar zonas en declive”. En el blog recuerdan las muchas dificultades que han tenido y tienen que superar grandes proyectos en Euskadi, con ETA y después de ETA, y lo importante que es recaudar, gestionar y legislar aquí. Todo esto es lo que ha fascinado a Wolf y a tantos otros.

¿Abandonarías tus redes sociales por responsabilidad?

Eso es lo que ha anunciado, por segunda vez, la empresa Lush, de jabones, según leemos a Enrique Dans. La marca ya no tendrá presencia en Facebook, Instagram, TikTok o Snapchat (sí la mantendrá en Twitter y YouTube) “tras las revelaciones sobre el impacto psicológico que esas redes sociales tienen sobre las chicas jóvenes, que representan un importante porcentaje de sus usuarias”. Como recuerda Dans: “En 2019, Lush anunció también su abandono de las redes sociales en el Reino Unido argumentando que ya no eran un canal adecuado para el diálogo con sus clientes, aunque posteriormente terminó por volver a ellas”.

No es un oasis, es negociación

Lo del “oasis vasco” es como lo de los “charnegos” catalanes, que solo lo usan quienes quieren acusar de racistas a los nacionalistas catalanes, o lo de los “maquetos”, que solo lo usan quienes quieren hacer lo propio con los nacionalistas vascos. El “oasis vasco” solo lo usan quienes quieren negar su existencia. Y así es: no existe, nadie recuerda a ningún político que lo haya usado nunca como algo positivo. Euskadi no es un oasis, pero en Euskadi sí se negocia, como tuitea Dani Álvarez: “Con el pacto presupuestario PNV-EHBildu-PSE, más de 82% del parlamento dará el visto bueno al eje de la gestión de un gobierno”.

¿Dónde están ahora los agoreros?

Si Lordo lo tuitea mejor de lo que yo lo escribiría, ¿qué puedo aportar? “Por supuesto que no se comenta que baja el paro después de la subida del SMI, ni hay papers ni tabarras desde tribunas salmón ni el Banco de España, es que date cuenta de que si se entera la peña de que es mentira que es necesario vivir en la precariedad permanente”. A esto hay que sumar la cantidad de contratos que se han consolidado gracias a una sencilla carta del ministerio. Y en Euskadi, donde el gobierno siempre ha estado a favor de la subida de sueldos, también hay que tener en cuenta el impulso económico. Las cosas bien hechas también pueden ser noticia.

Del ministerio a la campaña

El paso del tiempo nos trae a exjugadores que lo han supuesto todo en los años en los que se enfundaban camisetas y que ahora que visten traje nos han regalado algunas decepciones. Y también nos trae a políticas como Yolanda Díaz que al frente de su ministerio eran prometedoras (y al párrafo anterior me remito) y ya dejan ver que en campaña van a resultar un fiasco, sobre todo, por las altas expectativas que ella misma y su entorno habían generado. César Calderón, que de política argentina también sabe, destaca a Díaz como “estudiante de peronismo” por sus intentos de ensanchar su base a marchas forzadas.

Qué asco

Los intentos de Yolanda Díaz de mostrarse como una opción transversal anuncian el fracaso. Las formas son distintas a las de Macarena Olona, como tienen que ser, pero el fondo no es tan diferente: ambas quieren salir de sus espacios a la izquierda del PSOE y a la derecha del PP, cada una a su manera. Y la manera de Vox, por supuesto es la de siempre: insultando, cuando no es a una persona o a un colectivo concretos, es a la inteligencia de las y los votantes. La última de Macarena Olona: ‘Anguita se sentiría orgulloso de Vox’”, leemos en El Plural. El absurdo es tan grande que no encuentro ni qué buscan con semejante provocación.

Y qué insensatez

Para pactar con Vox es necesario tener unas enormes tragaderas (lo que te convierte en un colaboracionista), estar de acuerdo (lo que te convierte en extrema derecha) o ser un insensato. Isabel Díaz Ayuso da muestras de algo de una de las tres opciones anteriores constantemente, por ejemplo, esta misma semana: “Ayuso, en pleno auge del covid en Europa, dice que los ‘cierres’ de otros países crean ‘una alarma inexistente’” (Huffington Post). Es evidente que Ayuso va a por un tipo de votante irreflexivo y poco maduro, incapaz de entender, simplemente, qué es una pandemia mundial. Y es evidente que le va bien.

Pero ella no hace cálculo político

Yolanda Díaz sabe que es la nueva estrella del rock de la izquierda. Y sabe que además toca la guitarra y canta mucho mejor que la anterior, Pablo Iglesias. También sabe que se acerca el momento de hacer el solo y poner a botar (y a votar) a las masas. Así que su “amago” de cese no tiene tanto que ver con la dignidad política ni con poner a “la gente” por delante de ella o de la agrupación política que la respalde. Si de verdad lo hiciese, con lo que pagamos de luz y lo inseguro que resulta el suelo que pisamos, no jugaría con la posibilidad de romper un gobierno de coalición y en minoría para provocar un adelanto electoral.

Conciliación, qué bonito nombre tienes

Si de algo ha adolecido Pedro Sánchez desde el primer minuto es de maltratar a la prensa: sus retrasos en las comparecencias o sus horarios imposibles se han vuelto habituales. Al respecto y precisamente en las puertas de una posible crisis de gobierno, Fernando H. Valls tuiteó con tino: “PSOE y UP se han citado hoy a las 19:30 para intentar solucionar su crisis por la reforma laboral. Olvidan el punto 1.10 de su pacto de Gobierno: ‘Conciliación de la vida laboral, familiar y personal y corresponsabilidad en el tiempo de trabajo’”. Y no es solo la prensa: asesoras y asesores o asistentes del gobierno sufren tanto o más que algunos se crean en El Ala Oeste.

El tonto eres tú

Quien quiere convencerme de la existencia de almas puras como Yolanda Díaz y quien no respeta el tiempo de los demás me ponen de mala uva, pero nada es comparable, en los últimos meses, con el cabreo que me provocan quienes critican que todavía haya medidas, simplemente, porque todavía hay pandemia. Estamos tardando demasiado en reírnos de estos tontos que van de listos, y que solo tienen que mirar cómo avanzan sus modelos, por ejemplo, el británico: “Desde mediados de agosto han muerto por COVID cada dos semanas las mismas personas que mueren por la gripe en un año”, leemos en Eldiario.es.

Pues anda que estos…

Me gustan mucho el fútbol y sus implicaciones sociológicas, y entiendo su función liberadora. Incluso entiendo aunque me repugne la idea de que sirva como excusa para la violencia, y más en este país en el que vemos la instrumentalización hasta del dolor. A lo que voy es que me parecen una banda de idiotas con un comportamiento absolutamente injustificable quienes zarandearon el coche de Ronald Koeman a la salida del partido contra el Real Madrid. No lo hicieron por el Barça ni por su hartazgo: lo hicieron por el TikTok y el vandalismo que, de alguna forma, hemos cebado entre todas y todos.

Faltan muchos meses todavía

Faltan muchos meses todavía para que empecemos a hablar en serio de las campañas en las elecciones del Athletic. De momento, todo lo que conseguiremos sacando el tema (cuando falta incluso aprobar el presupuesto) será alegrar a los especuladores, literalmente. Una casa de apuestas ya ha sacado su plancha y Javier Aldazabal es el favorito de las y los apostantes (su triunfo se paga a 1,81 €). Tras él, Vázquez Eguskiza, Barkala, Mario Fernández, García Macua, Jon Ander de las Fuentes, Jainaga… Y ya empiezan las aventuras: Julen Guerrero, Andoni Zubizarreta, Genar Andrinua, Javi Clemente y hasta Jon Rahm, que se paga a 1.001 €.