FLORENCIA: El Palacio Pitti

En el viaje realizado a Florencia del 10 al 14 de junio del año pasado, hubo un lugar que llamó nuestra atención y que no conocíamos, el Palacio Pitti, así que vuelvo a él para mostrarlo de forma más pausada. El relato comienza en la Piazza della Signoria, a la que se asoma uno de los emblemas de Florencia, el Palazzo Vecchio (Palacio Viejo), construido entre 1299 y 1314 con forma de castillo y con una torre de 94 metros de altura. De aquí parte el Corredor Vasariano, construido en 5 meses por orden del gran duque Cosme I de Médici en 1565, que enlaza el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti, que ahora se puede visitar partiendo de la Galería Uffizi, pero salen a la venta muy pocas entradas, por lo que no pudimos visitarlo, limitándonos a verlo por fuera, primero bordeando el río Arno y luego pasando por el Ponte Vecchio (Puente Viejo), construido sobre el río Arno a mediados del siglo XIV. En los siglos siguientes sus casas colgantes estaban ocupadas por carniceros, pero cuando la corte se trasladó al Palacio Pitti, Fernando I ordenó cerrar las tiendas por el mal olor, convirtiéndose desde entonces en joyerías. La parte alta del puente corresponde al Corredor Vasariano.

Con los 37 grados que había, el 12 de junio optamos con modificar nuestro programa pasando al plan B, en busca de un lugar más fresco, por lo que decidimos cruzar el puente para buscar refugio en el Palacio Pitti, distante 350 metros. Su construcción se realizó en la segunda mitad del siglo XVI por encargo del comerciante florentino Luca Pitti, amigo de Cosme de Medici, siendo realizada por Luca Fancelli. La decoración exterior responde a la arquitectura palaciega del Quattrocento florentino. Su interior alberga varios museos, así que, como no teníamos prisa, compramos la entrada conjunta para todos ellos.

Nuestro recorrido comenzó en la Galería Palatina, situada en el primer piso, que se añadió al Palacio Pitti en los siglos XVII y XVIII. El primer lugar que llamó nuestra atención fue la Galería de Esculturas, profusamente adornada, en la que, entre otras, contemplamos las estatuas de Asclepio, Cesar Augusto y Nella magnificenza. En nuestro recorrido pasmos por 14 estancias reales, donde se conserva gran parte del mobiliario original. En ellas vivieron miembros de los Médici, los Habsburgo y los Saboya.

Seguimos recorriendo la Galería Palatina, que guarda las principales colecciones de arte de los Medici, pudiendo contemplarlas como ellos lo hacían, En el Corredor de Poccetti disfrutamos de obras como “Ila y las ninfas”, de Francesco Furini (1630-1633), “La adoración de los pastores “, de Andrea Sghiavone, “La creación de Eva”, de Andrea di Mariotto (1560). “Expulsión de Adán y Eva del Jardín del Edén”, de Andrea di Mariotto (1560). “Nativita”, de Cosimo Roselli (1490) o “Retrato de una mujer joven”, de Sandro Botticelli (1485).

La Galería Palatina se abrió al público en 1833 y está compuesta de 28 salas, así que continuamos la visita contemplando los techos barrocos pintados al fresco mientras pasamos por las salas Ulises, Educación de Júpiter e Ilíada, además del baño de los duques de Toscana. También contemplamos obras como “Ecce Homo”, de Cigoli (1607), “Retablo de Gambassi”, de Andrea del Sarto (1525-1526). “Tintoretto”, de Andrea Frizieer (1578) o “Asunción de la Virgen”, de Andrea del Sart. Además de una fuente del siglo XV en la Habitación del Moro y la escultura “La Caritá”, de Lorenzo Bartolini.

De la Sala de la Ilíada pasamos a las de Saturno, Marte y Apolo. El nivel artístico sigue subiendo, con obras como “Felipe II de España” de Tiziano Vecellio, “El Arcángel Rafael rechazando el regalo de Tobías”, de Giovanni Bilivert, “Virgen del Baldaquino”, de Raffaello Sanzio (Rafael) (1506-1508), “Madonna della Cesta”, de Peter Paul Rubens, “La velata (La dama velada)”, de Rafael Sandio, “Inmaculada Concepción”, del napolitano Luca Giordano, “Retrato ecuestre de Felipe IV”, obra maestra de Diego Velázquez (1635) “Retrato de Alvise Cornaro», obra maestra de Tintoretto, “Retrato del Cardenal Guido Bentivoglio”, de Anthony van Dyck, “La Virgen con el Niño” (1650), de Bartolomé Esteban Murillo, “La Virgen con santos”, de Andrea del Sarto (1523-1524), “Doble retrato del enano Morgante”, de Agnolo Bronzino, “La hospitalidad de San Julián”, de Cristofano Allori, “Retrato del Papa Julio II”, de Rafael Sanzio y “El Concierto de”, de Tiziano, además de las esculturas “Vittoria”, de Vincenzo Consani (1867) y “Venus”, de Antonio Canova. La siguiente cita la tuvimos en los Apartamentos Reales, que cuentan con muebles suntuosos y obras de arte del siglo XVI al XIX, gustándome especialmente el Salón Verde.

Luego visitamos la Galería de Arte Moderno, ubicada en el segundo piso, que cuenta con una rica colección de esculturas y pinturas de los siglos XVIII a comienzos del XX, en su mayoría de artistas italianos. Os muestro algunas de ellas: “Eva tentada por la serpiente”, de Giuseppe Bezzuoli, “Retrato del Conde Anatole Nikolaievich Demidov”, de Karl Pavlovich Brulloff, “Batalla de Legnano, de Amos Casioli”. “La entrada de Carlos VIII en Florencia en 1494”, de Giuseppe Bezzuoli, “Retrato de la condesa Juliette Cotti”, de Alessandro Ossani, “Retrato de Alaide Banti”, de Michele Gordigiani, “Nadar entre las rocas”, de Cabianca Vincenzo, “Retrato de Diego Martelli”, de Francesco Gioli, “Retrato de Quirina Moceen”. “Masacre de la familia Cignoli”, de Cosimo Conti, “El campamento italiano en la batalla de Magenta”, de Giovanni Fattori y “Retrato de Isabel de Austria”, de Giuseppe Sogni con la escultura “Mujer sentada”, de Odoardo Fantacchiotti. Otras esculturas son “San Sebastián”, de Pio Fedi, “Aristodemo”, de Meneceo y “Apolo y Giacinto”, de Stefano Ricci.

Continuamos en la Galería de Arte Moderno contemplando entre otras las pinturas “María Antonia de las Dos Sicilias”, Gran Duquesa de Toscana, de Morelli y “Ecce Homo”, de Antonio Ciseri. La siguiente pintura de la izquierda es “La muerte de Mesalina” y la de la derecha “Filippo Lippi enamorándose de Lucrezia Buti”, ambas de Gabriele Castagnola. La escultura de bronce representa a los amantes trágicos Paolo y Francesca del Infierno de Dante, obra del escultor napolitano Vincenzo Gemito. “La muerte de Rafael”, de Morgari Rodolfo, “La expulsión del duque de Atenas”, de Stefano Ussi, “Victor Hugo”, una escultura de mármol creada por Gaetano Trentanove, “Retrato de la condesa Berta Vandal”, Escultura “El suicidio”, de Cecioni Adriano, “En la fuente” de Egisto Ferroni, “Stella y Piero”, de Corcos,  “Caza del jabalí en el pantano de Burano”, de Eugenio Cecconi, “El amor sensual y ambiguo entre el tritón y la Nereida”, de Max Klinger. “Primer cumpleaños”, de Plinio Nomellini, “La derelitta”, de Domenico Trentacoste y “La Primavera”, de Galileo Chini, concluyendo con las esculturas “Desnudos femeninos”, de Domenico Trentacoste-

Desde el 2 de enero de 2022 el Palacio Pitti cuenta con un nuevo museo que ocupa cuatro grandes salas de la planta baja, decoradas con frescos del siglo XVII. Se trata del Museo de Iconos Rusos, dende contemplamos 78 iconos antiguos procedentes de las colecciones de los Médicis y de los Lorena, que constituyen la colección más antigua de este tipo fuera de Rusia. También contemplamos la Capilla Palatina y las obras “Entrada de Cristo en Jerusalén”, de Luigi Ademollo y “La Crucifixión de San Pedro”, de Luigi Ademollo, además de la “Virgen de Kazan”.

Nos dio mucha pereza tener que salir a comer fuera del museo, pues su cafetería estaba abarrotada, pero la entrada permitía volver a entrar, cosa que hicimos tras la comida. A continuación cometimos el error de dirigirnos al Jardín de Boboli, también incluido en la entrada, pues tuvimos que subir una empinada cuesta bajo un sol de justicia hasta la Fuente de Neptuno, construida por Stoldo Lorenzi entre 1565 y 1568. Desde allí contemplamos la estatua La Abundancia. Estamos en la zona verde más grande de Florencia, pero no nos dijo nada. Me gustó más la fuente de la Alcachofa, las vistas sobre el Duomo y la Gruta de Moisés, que vimos antes de salir al jardín, con las esculturas de Hércules y Anteo.

Mi mujer quería visitar también el Museo de los Trajes (Galleria del Costume), pero estaba cerrado. Un poco empachados de tanto arte nos dirigimos a la salida, así que por poco nos perdemos otro de los museos más interesantes, el del Tesoro dei Granduch (Grandes Duques), que ocupa las salas del que fue el apartamento de verano de la familia Médici, que guarda el tesoro personal de la familia Médici, como una excelente colección de figuras de marfil. Admiramos también las magníficas salas pintadas al fresco en el siglo XVII, con motivo de la boda entre Ferdinando II de los Medici y Vittoria de la Rovere, el Trampantojo de la Sala de Audiencias Públicas, la escultura de mármol “El campesino con su barril”, de Giovanni di Paolo Fancelli, un gabinete de ébano y un precioso tapiz. Un final espectacular.

Concluida la visita regresamos caminando al Eurostars Florence Boutique, distante 2 km, con escala técnica para tomar un café con hielo en una terraza de la Piazza della Signoria. Menos mal que la ruta fue sombreada. El Palacio Pitti abre de martes a domingo de 8:15 a 18:30 h. La entrada cuesta 19 € que sube a 25 € con los Jardines Boboli.

La Comarca del Arlanza (y 2): De Santo Domingo de Silos a Covarrubias

Continúo el relato de la escapada realizada del 3 al 5 de marzo a la comarca burgalesa del Arlanza, que dejaba la pasada semana en Lerma, tras haber recorrido esta población y el Territorio Artlanza. El segundo día, 4 de marzo, iniciamos la jornada desplazándonos 31 km hasta la pequeña población de Santo Domingo de Silos, de tan solo 251 habitantes, que sigue conservando un cierto ambiente medieval, pues conserva restos de las murallas, casas blasonadas y una coqueta Plaza Mayor, que ha ganado mucho al estar prohibido el paso a los vehículos, por lo que dejamos el coche en el aparcamiento situado a la entrada del pueblo. A la citada plaza se asoman el Ayuntamiento, que alberga la Oficina de Turismo y la iglesia de San Pedro, construida entre los siglos XII y XVII, que guarda la Virgen del Mercado, patrona de la localidad.

La visita al Monasterio de Santo Domingo de Silos se puede efectuar en horario de 10 a 13 h y de 16:30 a 18 h, de martes a sábado y los domingos por la mañana, costando la entrada 4 €. La visita comienza en el claustro románico, de los siglos XI-XII, el lugar más notable del monasterio. Cuenta con 46 capiteles algunos ricamente tallados y varios bajorrelieves entre los que destaca el de la Anunciación, que data de finales del siglo XII. Cuenta el claustro con un hermoso jardín con un famoso ciprés plantado en 1882. Nos detenemos también ante la imagen de Ntra Sra de Marzo (siglos XIII-XIV), la lápida de Santo Domingo y la sala capitular, mientras contemplamos el techo de madera alfarje.

En uno de los laterales del claustro vemos la exposición “Iconos, belleza invisible”, de Mª Carmen Cerro Jiménez y poco más adelante el monumental sepulcro de Guzmán el Bueno. Entre las dependencias monacales también hay una botica del siglo XVIII, que cuenta con una hermosa colección de cerámica de Talavera. De ella accedemos a otra sala convertida en un sencillo museo, que recoge obras que se salvaron de la desamortización. Particularmente me gustó la imagen de Santa Ana, la Virgen y el Niño, del siglo XIV, además del tímpano de una de las puertas de la antigua iglesia románica

Concluida la visita al monasterio nos dirigimos a la anexa iglesia abacial, de visita libre y que reamente no tiene mucho interés. La comunidad benedictina contrató los servicios de Ventura Rodríguez, arquitecto real durante el reinado de Fernando VI. En 1751 comenzó la demolición de la antigua iglesia y el 21 de octubre de ese mismo año se colocó la primera piedra del nuevo templo, que se inauguró el 8 de septiembre de 1792, siendo completamente modificado en 1963.

La siguiente cita la tuvimos a solo 3 km en un lugar en el que hemos estado varias veces, el Desfiladero de La Yecla, formado por el arroyo Cauce, afluente del río Mataviejas. Es uno de los más estrechos del país, pues puedes tocar los dos lados abriendo los brazos. También es muy corto, tan solo 600 metros, pero tiene unas paredes verticales de unos 100 metros de altura, en las que anidan numerosos buitres. Recorrimos el desfiladero por las pasarelas, una sencilla ruta de ida y vuelta de 1,5 km en total, regresando al punto de partida, un amplio aparcamiento, por la acera que bordea la carretera y pasa por los túneles.

Buscando lugares de interés en la zona, descubrí un lugar que no conocía, ubicado a tan solo 4 km de La Yecla. Se trata de la ermita de Santa Cecilia de Barriosuso, situada en las afueras de Santibáñez del Val sobre un mogote rocoso bañado el río Mataviejas. Construida en el siglo IX, es una de las pocas muestras de la arquitectura mozárabe que se conservan en la provincia de Burgos. El pórtico fue añadido en el siglo XII. Como resulta habitual en las ermitas, estaba cerrada. Bajo ella se encuentra la Fuente Caños.

La siguiente cita la tuvimos a 15 km en “Uno de los pueblos más bonitos de España”, Covarrubias, fundado en el año 978 por el Conde Garcí Fernández. Aparcamos el coche frente al Archivo del Adelantamiento de Castilla, construido en 1575, pasamos bajo el arco y nos dirigimos a la coqueta plaza de Doña Urraca, comiendo en el Restaurante Tiky, situado frente al Palacio de Fernán González, actual Ayuntamiento. Tras la comida recorrimos el casco antiguo contemplando sucesivamente la iglesia de Santo Tomás y las bonitas casas del antiguo boticario, del Obispo Peña y de Doña Sancha, del siglo XV, máximo exponente de la arquitectura tradicional de la villa. Más antiguo, del siglo X, es el Torreón de Fernán González. Luego nos fotografiamos junto a la estatua dedicada a la Princesa Kristina de Noruega, vinculada a Covarrubias.

Tuvimos que esperar a las 4 de la tarde para visitar el principal monumento de Covarrubias, la Excolegiata de San Cosme y San Damián. El actual templo, de estilo tardogótico, es del siglo XV y posee tres naves y cuatro capillas con altares barrocos del siglo XVIII. Destaca el retablo mayor dedicado a los santos patronos y realizado entre 1751 y 1753 por los escultores Luis y Manuel Cortés del Valle y Francisco Echevarría. Guarda también los sepulcros de varios personajes históricos como el conde Fernán González.

La Excolegiata de San Cosme y San Damián abre de 11 a 14 y de 16 a 19 h, siendo la visita gratuita, aunque hay que pagar 2,50 € para acceder al claustro del siglo XVI, donde también hay algunos sepulcros, y al interesante museo, que ocupa varias salas de la antigua Colegiata y guarda capiteles románicos, tablas de Berruguete y Van Eyck, y el extraordinario Tríptico de la Adoración de los Reyes Magos, obra del Maestro de Covarrubias (siglo XV).

Me ha encantado Covarrubias por su arquitectura tradicional y sus curiosas papeleras que asemejan viejas casas. Por delante tuvimos 23 km para regresar al Parador, disfrutando de un agradable paisaje con numerosos viñedos al borde de la carretera, con cuyas uvas se elaboran los vinos de la denominación de rigen Arlanza, de la que nunca habíamos oído hablar, disfrutando de unos buenos rosados. También vimos unos cuantos almendros en flor, otra de las sorpresas de esta escapada. Antes de abandonar Lerma, compramos unas ricas morcillas.

Durante tres días hemos visitado los lugares más emblemáticos de la comarca del Arlanza, pero hay bastantes más. Para descubrirlos, basta con que entres en este enlace y vayas desplegando el mapa. https://www.turismoarlanza.es/

La Comarca del Arlanza (1): Lerma y Territorio Artlanza

Para la primera escapada del año, realizada del 3 al 5 de marzo, escogimos un lugar cercano, la Comarca de Arlanza, que cuenta con una extensión de 1.359,98 km² y está situada en el oeste de la provincia de Burgos. Pertenece en su integridad a la cuenca del Duero, estando bañada por el río Arlanza, del que toma nombre. Sus vinos cuentan con denominación de origen propia y tiene una población de 9.167 habitantes. Cuenta con un rico patrimonio, limitándonos en esta escapada a visitar Lerma, Territorio Artlanza, Santo Domingo de Silos, el Desfiladero de La Yecla y Covarrubias. Lástima que la calima hizo que no pudiéramos disfrutar de un cielo azul.

Para las dos noches de esta escapada optamos por el Parador de Lerma ****, situado a 203 km de Leioa y a unos pocos más de Rivas-Vaciamadrid, lugar de residencia de los amigos con los que pasamos estos días. El Parador ocupa el que fuera Palacio Ducal, regio aposento para la corte de Felipe III, asiduo invitado del Duque de Lerma. Cuenta con cuatro torreones, cubiertas de pizarra y nada menos que 210 balcones de hierro y 135 ventanas entre buhardas y rejas.

Frente a la fachada principal del Parador se ubica la amplia Plaza Mayor, que cuenta con tres cuerpos de edificios y 75 columnas en los espacios porticados. Al lado del Parador y antiguamente unido a él por un pasadizo volado, se encuentra el Monasterio de San Blas, el que más agradó al Duque de Lerma de cuantas construcciones religiosas levantó. Tras instalarnos en el Parador, comimos en un restaurante de la plaza del Mercado Viejo, para luego acercarnos a la ermita del Humilladero, situada a la entrada del puente medieval sobre el río Arlanza.

El día 4, antes de salir hacia el monasterio de Silos, dimos una vuelta por el mercadillo de los miércoles, que cuenta con unos pocos puestos de ropa y de frutas y verduras. El resto de lo que hicimos el día 4 lo dejo para una próxima entrega, para seguir hablando de Lerma a cuya visita dedicamos la mañana del día 5 de marzo, comenzando con la visita guiada organizada por la Oficina de Turismo, de hora y media de duración, al precio de 6 €, pasando frente al convento de Santa Teresa, inaugurado en 1617, para luego recorrer el pequeño tramo que se conserva del Pasadizo del Duque, construido a comienzos del siglo XVII para unir el Palacio Ducal con las diferentes iglesias de Lerma.

Tras recorrer el tramo entre los conventos de Santa Teresa y Santa Clara, volvimos a la calle para concluir la visita guiada en el principal templo de Lerma, la ex-colegiata de San Pedro, que cuenta con una monumental portada, que conserva la puerta original de 1616. Destacan en su interior su bello retablo mayor, el coro, los dos órganos de 1615 y 1617 y la escultura orante de don Cristóbal de Rojas y Sandoval, que fue arzobispo de Sevilla y tío del duque de Lerma. Frente a la entrada de la ex-colegiata se encuentra una escultura en honor de José Zorrilla, que vivió en Lerma.

Concluida la visita guiada nos acercamos al Monasterio de la Ascensión, el más antiguo de Lerma, en el que las antiguas monjas Clarisas, ahora Iesu Communio, venden unas ricas pastas y tartas. Frente al monasterio tenemos la plaza de Santa Clara en cuyos jardines se encuentra el sepulcro-monumento del famoso héroe y guerrillero de la Guerra de la Independencia, Jerónimo Merino, “El Cura Merino”. Volvimos a la Plaza Mayor para concluir una rápida visita al casco antiguo de Lerma, pasando frente al convento de Santo Domingo, la ermita de la Piedad, el Monasterio de la Madre de Dios y el Arco de la Cárcel, resto de la muralla medieval. Tras la comida nos despedimos de los amigos madrileños.

Retrocedo en el tiempo para contar lo que hicimos la tarde de nuestra llegada, 3 de marzo, desplazándonos 11 km hasta el pequeño pueblo de Quintanilla del Agua, donde se encuentra un lugar muy original y único, Territorio Artlanza, que abre a diario de 11 a 19 h, costando la entrada 10 € (niños: 5 €). Estamos ante la obra del escultor local Félix Yáñez, nacido en 1960. En 2008, debido a la crisis económica, la cerámica que realizaba dejó de venderse, comenzando a realizar esta inmensa obra con materiales recogidos en escombreras.

Todavía no lo he dicho, pero estamos en una recreación a tamaño real de un pueblo castellano típico del valle del río Arlanza, desde la época medieval hasta el siglo pasado. Ocupa una superficie de 30.000 metros cuadrados, lo que la convierte en la escultura más grande del mundo realizada por una sola persona. Poco a poco Félix Yáñez fue recibiendo donaciones de algunas personas que entregaron objetos antiguos e incluso puertas o balcones viejos. En el pueblo podemos ver la ferretería, la cestería, la cantina, el taller del alfarero, la cantina, la escuela de niños y un corral de comedias, en el que en verano se escenifican obras de teatro.

Dedicamos más de una hora a recorrer este lugar lleno de encanto, que es una de esas cosas únicas en el mundo. En nuestro paseo contemplamos varias tabernas, la casa consistorial, otro corral de comedias, la panadería, la fragua, bodegas particulares y una cantina. Pasamos por un par de amplias plazas a las que se asoman las típicas casas castellanas con balcones de madera. En Territorio Artlanza hay también varios pequeños museos temáticos, dedicados a la etnografía, la fotografía y la cerámica, concluyendo nuestra ruta en una pequeña ermita, junto a la que hay un vending y varias mesas para poder comer.

Aquí un cartel nos indica la “Salida”, encontrándonos con una agradable sorpresa con la que no contábamos, pues accedimos a otro grande espacio que Félix Yáñez inició durante el confinamiento de 2020. Se trata de un poblado infantil con casitas de colores y personajes de cómic (Mortadelo y Filemón, Mafalda, los Simpson, Pedro Picapiedra, Mickey y Minnie…), además de algunos edificios emblemáticos en miniatura, que encantarán a los más pequeños. Los materiales utilizados en esta zona son básicamente azulejos de colores. Un lugar que merece la pena recorrer. Info: https://www.laesculturamasgrandedelmundo.com/.

Todavía nos queda mucho que ver en la comarca burgalesa de Arlanza, pero de ello espero hablar en una próxima entrega. La escapada continúa.

FLORENCIA: La Basílica de Santa María Novella

Aunque ya hablé del cuarto viaje realizado a la ciudad italiana de Florencia, que realizamos del 10 al 14 de junio del pasado año, quiero incidir en una iglesia que me encantó sobremanera y que visitamos el 11 de junio por la tarde. Se trata de la Basílica de Santa María Novella, Basilica di Santa Maria Novella en italiano, situada en un lugar muy bien comunicado en el noroeste de la parte antigua de la ciudad, pues se encuentra frente a la estación de ferrocarril. Incluida en 1982 en la selecta lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, cuenta con una espectacular fachada de mármol, concluida en 1470, que se encuentra entre las obras más importantes del Renacimiento florentino. Tiene también dos claustros, el Verde y el Grande.

Nada más acceder al interior del recinto de la basílica, pasamos por el Claustro de los Muertos (Chiostro dei Morti), hermoso espacio gótico del siglo XIV que forma parte del Museo de la Basílica. Se trata de una especie de pasillo porticado, que cuenta con numerosas tumbas y frescos encargados por familias influyentes de la época, que representan escenas de la vida de Cristo y alegorías dominicas. Os muestro más en detalle los que representan la Natividad y la Crucifixión. El recinto ha sido restaurado tras la inundación sufrida en 1966.

La siguiente cita la tuvimos en la iglesia, de estilo gótico, que cuenta con una planta de cruz latina dividida en tres naves, que ha sufrido numerosas reformas a lo largo de su historia. En una de ellas se levantó el púlpito y las capillas laterales, que cuentan con numerosas obras de arte, entre las que os muestro “El martirio de San Lorenzo” (1573), de Girolamo Macchietti, “La Resurrección de Cristo”, de Giorgio Vasaari, “Presentación de Jesús en el templo” (1577), de Giovan Battista Naldini y la Anunciación, de Pietro di Miniato. También me gustó el lavabo de la sacristía.

Mención especial merecen las capillas de la iglesia, comenzando con la capilla Gondi presidida por una joya, la única obra en madera policromada de Filippo Brunelleschi, el famoso Crucifijo, que data de los años 1410 a 1415. La capilla Bardi fue enriquecida en el siglo XIV con frescos de Duccio di Buoninsegna, renovándose en el siglo XVIII en estilo barroco y varias obras de arte, como la “Virgen del Rosario” de Giorgio Vasari. Probablemente la segunda capilla más notable es la capilla de Filippo Strozzi, famosa por los extraordinarios frescos realizados por Filippino Lippi entre 1487 y 1502. He dejado para el final la mayor y mejor de todas, la capilla Tornabuoni o capilla Mayor, con su monumental altar y adornada con impresionantes frescos realizados por Domenico Ghirlandaio entre 1485 y 1490.

Accedimos a continuación a la Capilla de los Españoles (Cappellone degli Spagnoli), que debe su nombre a los españoles que llegaron a la ciudad en el siglo XVI, formando parte en la actualidad del Museo de Santa Maria Novella. Esta antigua sala capitular alberga unos artísticos frescos realizados por Andrea di Bonaiuto entre 1365 y 1367, que lucen mucho tras su última restauración. Financiada por Buonamico Guidalotti, los frescos narran episodios de la vida de Cristo, de San Pedro de Verona y de los dominicos. Reseñable es también el crucifijo de mármol de Domenico Pieratti.

La siguiente cita la tuvimos en el Claustro Verde (Chiostro Verde), construido entre 1332 y 1350, que es un notable elemento del complejo dominico, así llamado por los frescos realizados con pigmentos de tierra verde por Paolo Uccello en la primera mitad del siglo XV. Tras la restauración del siglo XIX y los daños sufridos durante la inundación de 1966, los frescos fueron desprendidos y parcialmente reubicados en el Refectorio adjunto, que muestro a continuación. Si que podemos contemplar el Árbol de la Vida, de mediados del siglo XIV, que se atribuye a Taddeo Gaddi.

A continuación pasamos al Refectorio, antiguo comedor convertido en un excelente recinto expositivo, que recoge varios de los frescos restaurados que se encontraban en el Claustro Verde y que fueron realizados por Paolo Uccello, caso de “Adán y Eva”, “Construcción del arca de Noé” y “Descenso de las aguas”. También contemplamos la “La última cena” de de Alessandro Allori, pintada hacia 1582-1584, que es un óleo sobre lienzo de grandes dimensiones. Casi al lado tenemos el antiguo dormitorio, una gran sala con magníficos techos abovedados, que formaba parte del complejo del convento dominico.

La última visita en la Basílica de Santa Maria Novella la realizamos al Claustro Grande, construido entre 1340 y 1360, que se caracteriza por su gran tamaño y por albergar un extenso grupo de frescos del siglo XVI sobre la vida de Santo Domingo y la de Cristo. La Basílica abre a diario de 9 a 17 h, salvo los viernes que abre a las 10 y los domingos que lo hace a las 12 h. El precio para visitar todos los lugares indicados es de 8,50 euros.

El mismo día 11 de junio, como hacía muchísimo calor, aprovechamos para visitar otras dos monumentales iglesias, comenzando con la que teníamos más cerca del Hotel Eurostars Florence Boutique, en el que nos alojamos, la Basílica de Santa Croce (primera fila), frente a la que se encuentra la estatua de Dante Alighieri. Consagrada el 6 de enero de 1443, tiene 115 metros de longitud y 38 de anchura, lo que la convierte en la iglesia franciscana más grande del mundo. Como ya la visitamos en un viaje anterior y había una enorme cola para acceder a su interior al ser la entrada gratis, pasamos de largo la Catedral (segunda fila), con sus tres edificios, el Duomo, el Campanile de Giotto y el Battistero di San Giovanni, para dirigirnos directamente a la Basílica de San Lorenzo (tercera fila), pero de ello ya os hablé en otra entrega anterior el 29 de julio de 2025.

GALDAMES (Bizkaia). Torre Loizaga

Mi concepto del viaje es muy amplio así que, aunque he estado en 111 países diferentes repitiendo muchos de ellos, también valoro lo que tengo cerca de casa, en este caso a poco más de 30 km, en el municipio de Galdames. Se trata de Torre Loizaga, el Museo de coches clásicos y antiguos, al que podemos acceder por dos rutas diferentes, por Muskiz (31,4 km desde Leioa), pero con una estrechísima carretera al final, o por Güeñes (36.9 km), invirtiendo dos minutos más. Torre Loizaga solo abre domingos y festivos nacionales, de 10 a 15 h, aunque se puede negociar otras fechas para grupos a partir de 18 personas. La entrada cuesta 9 €, con una reducción del 50% (4’50 €) para jubilados y jóvenes de 7 a 14 años, siendo gratis para los menores de 6 años. Torre Loizaga se encuentra en el Barrio Concejuelo. 48191 Galdames (Bizkaia). Tel 672 248 759.

La majestuosa fortaleza de Torre Loizaga, una de las joyas del patrimonio cultural de Bizkaia, fue erigida en el siglo XIV como bastión defensivo del linaje Ochoa García de Loyzaga. La torre tiene una altura de 25 metros y está rodeada por un foso con puente levadizo y altas murallas. Fue rescatada de sus ruinas por el empresario y coleccionista originario de Galdames, Miguel de la Vía, quien se dedicó a restaurarla e iniciar una impresionante colección que atesora en la actualidad 75 vehículos de alta gama, incluyendo una de las colecciones de Rolls-Royce más completas de Europa, con 45 unidades. Están reunidos en cinco pabellones repartidos por el recinto amurallado, rodeados de olivos, más un sexto en el interior de la torre.

La visita empieza en el Pabellón 1, en el que se encuentra la taquilla, que lleva por título “Los Veteranos”. La historia del automóvil comienza en Alemania en la década de 1880, aunque en las décadas posteriores es Francia quien se sitúa en cabeza. En esta sala podemos ver los ancestros del automóvil en forma de carruajes, carroza y diligencia, antes de contemplar los más destacados de esta sección: Peugeot Baby Voiturette Type 54 (1903), Delaunay Belleville 10 HP Roi des Belges (1908), Isotta Fraschini Tipo 8A (1925) e Hispano Suiza K6 (1936).

El Pabellón 2 rinde homenaje a la afición que Miguel de la Vía sentía hacia el mundo de la automoción reuniendo los coches que utilizó y disfrutó durante su vida, como un Mercedes 190 SL, un BMW 635 CSI, un Lancia Aprilia o un Porsche 911, que conviven con un enorme Cadillac Eldorado y un imponente camión de bomberos Merryweather BMC-Pump Escape (1939), originario de Sussex, destacando también un MG TF 1500 (1955), un Mercedes Benz 280 SL Pagoda (1968) y un Porsche 911 SC (1980)

La siguiente cita la tenemos en el Pabellón 3, dedicado a “Los deportivos”, donde contemplamos elegantes vehículos como el Jaguar E-Type 4,2 Roadster (1970), el Lamborghini Countach (1974) y el Ferrari Testarossa (1984). También vemos elegantes modelos Rolls-Royce, de la época en la que optan por un diseño más moderno, que comienza con el Rolls-Royce Silver Shadow Coupe (1970) y continúa con el Rolls-Royce Camargue Saloon (1975), con los faros con limpiaparabrisas.

Caminamos ahora por loa amplios jardines en busca de los dos siguientes pabellones, entrando en primer lugar en el 4, que lleva por nombre “Entreguerras”, donde retrocedemos en el tiempo al ser recibidos por una larga fila de Rolls-Royce. En esa época se fabricaron coches más pequeños conocidos como “Baby Rolls”, destinados a una clase media bastante adinerada. Los más destacados de este pabellón son: Rolls-Royce 20/25 Cabrio (1934), Bentley 3,5 Rigid Body Saloon (1934), Rolls-Royce Silver Wraith Landaulette (1953) y Rolls-Royce Silver Cloud I (1957).

Al lado tenemos el Pabellón 5, que lleva por título “Phantom”. Estamos en una de las escasas y privilegiadas salas en el mundo en exhibir toda la serie Phantom desde el modelo I al VI fabricados por la firma inglesa (1925-1969), recibiéndonos el Phantom VI que perteneció a Sam Spiegel, productor de cine estadounidense de títulos como “El puente sobre el río Kwai” y “Lawrence de Arabia”. Contemplamos también el Rolls-Royce Silver Ghost Limousine (1923), el Rolls-Royce Phantom I Springfield Tourer (1929) y el Rolls-Royce Phantom II S Continental (1932), llamando especialmente nuestra atención el Rolls-Royce Phantom IV (1956), que perteneció al Emir de Kuwait. De este modelo se fabricaron 17 modelos para altos dignatarios de todo el mundo.

Tenemos que acceder al interior de la torre para entrar al Pabellón 6, el más elegante de todos y bautizado como “Hall Baronnial” por el escritor e historiador inglés John Fasal, ya que en él se guardan algunas de las joyas más preciadas de la colección. Nos recibe el vehículo más antiguo de todos, un Allen Runabout Horseless Carriage de 1898 que perteneció a Sir Stirling Moss, estando reservado el resto del espacio a los elegantes Rolls-Royce Silver Ghost, destacando los siguientes: Open Fronted Limousine (1912), Roi des Belges Tourer (1913) y Rolls-Royce Silver Ghost Style Colonial (1914). Aquí concluye la visita.

Podemos aprovechar para recorrer el municipio de Galdames, que cuenta con tan solo 829 habitantes, acercándonos a tres de sus barrios, aunque antes de mover el coche podemos acercarnos a la ermita de Santiago, situada junto a la Torre Loizaga. La primera cita la tenemos en la capital, San Pedro de Galdames, donde se encuentra la iglesia de la que toma el nombre, el Ayuntamiento y el Monumento a Martínez de las Rivas, obra de Garcí González y Mariano Benlliure. En San Esteban de Galdames tenemos la iglesia parroquial y en Montellano, la iglesia de Santa María y el monumento a Antonio Trueba, nacido en este lugar en 1819.