Siguen ahí

Hace tiempo ya que no leía o escribía sobre sectas y estas semanas lo he hecho ya un par de veces para hablar de un grupo de supuestos criptoactivistas que captan a chavales muy jóvenes a los que incitan a entregarles todo su dinero. Y parece que no son casos aislados: “Los ‘cazadores de mentes’ se reinventan con criptomonedas o terapias de autoayuda” (EPE). Pero en el reportaje también hablan de modelos de sectas más reconocibles (enviados de Dios, comunas, etc.). Sin embargo, “ahora las sectas se han alejado de los estereotipos. No son tan numerosas y ni siquiera hace falta que sus miembros coincidan físicamente en un espacio”.

Alguien tiene que pagar la fiesta

Alfredo Pascual ha escrito en El Confidencial uno de esos reportajes necesarios: responde a una pregunta que nos hacemos muchos y lo hace con todos los detalles. El titular es cristalino: “Una camiseta de fútbol cuesta ocho euros y se vende por 170: ¿están timando al aficionado?”. Sí. Pero, ¿por qué lo hacen? Yo lo tengo claro: alguien tiene que pagar la fiesta del fútbol, que necesita que el torrente de millones nunca deje de correr, y lo hacemos los aficionados del entorno. ¿Cuántas camisetas del Athletic se venden en el Reino Unido? ¿Y de la Real en China? ¿Quién paga ese dineral? Quien vive en los alrededores.

“Fair play”

La UEFA ya ha abierto expediente al PSG y al Olympique de Marsella por incumplir el famoso “fair play financiero”. En el peor de los casos, el organismo impondrá una multa que clubes que tienen dinero para fichar lo que quieran abonarán como si de una comisión más se tratase. Y ahora amenaza a otros equipos: Barça, Arsenal y Juventus, entre otros, han levantado alguna sospecha en Nyon. ¡Qué habilidad! ¡Cuánta viveza! ¿Cómo habrán llegado a la conclusión de que el FC Barcelona ha podido hacer algo sospechoso de incumplir con el mínimo equilibrio exigible, que es el que sugiere la UEFA?

Correcto

En InfoLibre podemos leer otra buena noticia: “Los accionistas de grandes bancos y energéticas presionan contra los altos sueldos de los directivos”. En las juntas de accionistas es el punto que menos apoyo recibe aunque siempre se aprueban holgadamente. Hablamos de grandes empresas como Santander, Iberdrola, BBVA, Bankinter, Repsol, Red Eléctrica, Caixabank o Endesa. Y hablamos de emolumentos como el de Ignacio Sánchez Galán, que ingresó 13,2 millones de euros en 2021. Dinero que, evidentemente, no se reparte entre los pequeños accionistas ni sirve para abaratar la factura de Iberdrola. Al contrario.

No me preocupa, pero…

No suelo estar preocupado por la información que doy a las grandes empresas: ni en el supermercado cuando paso la tarjeta de fidelidad, ni en el banco, ni a las propietarias de las redes sociales digitales, aplicaciones o el buscador que uso a diario. Pero comprobar la comprobación que ha hecho Bert Hubert sí me ha escamado: ha creado un programita que le alerta con un leve pitido cada vez que envía un dato suyo a Google. Es lógico que cada tecleo en el buscador le dé información, pero cuando navega con Chrome casi cada clic es información que se queda la gran empresa para gestionarla como quiera.

Toca practicidad

Miquel Roig tuiteaba hace unos días: “En circunstancias como las actuales, renunciar por cuestiones ideológicas a fuentes de energía que tienes al alcance de tu mano debería tener su propia fosa en alguno de los círculos del infierno de Dante”. Y estoy de acuerdo con él: cualquier debate sobre el modelo energético tiene que incluir la discusión sobre la necesidad de explotar nuestros propios recursos, y el coste real de traer gas o energía, directamente, de países a miles de kilómetros. No solo económico: el coste social y el desgaste de los valores democráticos que se erosionan al negociar con sátrapas también entran en el balance.

Y legislar más

El Congreso acaba de aprobar un paquete de leyes con carácter coyuntural. Es fruto de un sistema democrático (el español, pero también el vasco) que vive en una permanente inflación legislativa. Sin embargo, sigue habiendo páramos, temas en los que la legislación debería de entrar y no lo hace: “Las grandes fortunas españolas apenas invierten un 11,5% de su dinero en el país. Las inversiones en España escasean dentro de las sicavs de familias ricas tan reconocidas como los Del Pino, Koplowitz o los March” (Vozpópuli). Cada día que pasa tengo más claro que nuestro principal problema es lo tolerantes que hemos sido con los ricos.

Así, sí

Soy consciente de que llevo varias semanas hablando de “la España vaciada” casi como un tema propio. Y lo hago porque me parece un estupendo ejemplo de lo que creo que debería de preocuparnos globalmente: el abandono de una tierra que se convierte en un problema por el cambio climático y un sistema económico caníbal. Por suerte, hay rayos de esperanza: “La M.O.D.A contra la España vaciada: programa tres conciertos gratuitos en pueblos de Burgos” (El Independiente). Esta banda demuestra que es consciente del problema y propone una solución que está en su mano, por lo menos, en Pampliega, Poza de la Sal y Covarrubias.

Sí lo es

El FC Barcelona reúne hoy todo lo que está mal en el fútbol: contratos inasumibles, burbuja, permisividad de todos los reguladores, inventos para sacar cientos de millones de la nada, fichajes con ese dinero a clubes que sí cumplen, y “bullying y acoso” a jugadores que son señalados y expuestos al público para forzarles a modificar o romper sus contratos. La acusación más grave la ha hecho Michael Sahl Hansen, de la Asociación de Jugadores de Dinamarca, por el trato a Martin Braithwaite, que fue fichado del Leganés (al que debilitaron y acabó descendiendo) con un contrato que ahora el Barça, simplemente, no quiere cumplir.

Ahora escribimos nosotros

Llevo tiempo pensándolo cuando leo piezas sobre videojuegos, pero creo que este ejemplo es todavía mejor: “El destino en un dado: cómo la pandemia, las redes y famosos han resucitado los juegos de rol” (Nius). La noticia la podemos leer en Nius, y yo me refiero a cómo los medios han empezado a enfocar estos temas, que han pasado de ser algo parecido a las herramientas del diablo en la Tierra para corromper almas, a ser tratadas en las informaciones como lo que son: entretenimientos y, a la vez, industrias muy importantes. ¿Qué ha cambiado? Que ahora escribimos los que hemos jugado (o seguimos jugando).

Sí, son humanas y humanos

Pocas dudas tengo de que detrás de las filtraciones de los vídeos supuestamente escandalosos de la primera ministra finlandesa está el aparato de propaganda ruso. Practican la desestabilización desde hace décadas a nivel global y poco les está costando que entren al trapo ahora prensa y tuiteros. Pero de lo que estoy absolutamente seguro es de que Sanna Marin y todas las políticas y políticos del mundo tienen derecho a una juerga o una siesta, si es su manera de aliviar la presión. Menos el rey de Marruecos: si ese iba chuza es porque es un sinvergüenza que se salta en París la prohibición, vía religión, que impone en su país.

Su fiesta

Y mientras una primera ministra tiene que salir a recordar al mundo su derecho a la juerga, la fiesta no se detiene para Juan Carlos Girauta y Marcos de Quinto: “Se han unido para impulsar una ‘asociación cultural’ a la que han bautizado como ‘Pie en Pared’. Su fin es ‘remover ideas en el ámbito cultural para reivindicar la democracia liberal’. ‘Nuestro objetivo es influir en la cultura, plantar cara a la hegemonía de esa izquierda woke aferrada al discurso feminista radical progre, que defiende ahora el indigenismo, o se ha empeñado en achacar todo al cambio climático’. También pretenden combatir el ‘nacionalismo’ (no español)”. (El Diario)

Hablando de ello

Otra fiesta que no se detiene es la de las redes sociales: según Vozpópuli, que ha consultado el informe de Facebook sobre la inversión en su plataforma de partidos políticos y ONG. “Podemos es quienes más ha usado este formato, con una cifra de 636.000 € en anuncios en Facebook. Por su parte, Ciudadanos ha destinado 550.000 euros desde abril de 2019”. En España, el PP lleva gastados 413.000 €, el PSOE, 127.000, y Vox, solo 11.300. A nivel global, quien más gasta es “Save The Children, que está a punto de alcanzar los 1,5 millones de euros de inversión”. Por su parte, el Parlamento Europeo ha gastado con 1,1 millones.

Y el gran tema

Solo espero que después de haber abierto el melón del cambio climático no metamos el tema en el congelador para no volver a mirarlo hasta que llegue una inundación en el corazón de Europa, por ejemplo. No podemos permitirnos más desgracias ni, sobre todo, que el deterioro vaya a más: “El cambio climático exige más pantanos, energía nuclear, actuaciones contra los incendios y recuperar ‘la España vaciada’”, leo en República y pienso también en algunas localidades vascas, del norte y del sur, con problemas similares de despoblación. Tenemos que mirar al problema de frente y, lo más importante, sin vendas en los ojos.

Casi lo mismo pero pagando

Esto de Cinemanía no necesita casi apuntes: “Netflix, Disney+ y la futura plataforma de Warner Discovery están ultimando sus estrategias para incorporar anuncios de publicidad al inicio de los contenidos de sus respectivos negociados. Esta medida, unida a un previsible aumento de precios (las tarifas baratas pasarían a incluir publicidad; si no quieres anuncios, tendrás que pagar más) llega justo a tiempo de calmar los ánimos de Wall Street”. Ahora que el otoño y la crisis nos meterán en casa (el coronavirus parece descartado, por suerte), el entretenimiento será más caro y con publicidad. Es decir: la tele de siempre pero pagando.

Nos la cuelan

La reforma de la cotización de las y los autónomos solo persigue cobrar más. La excusa de adaptarlo a “los ingresos reales” suena bien a los trabajadores por cuenta ajena pero el cálculo es absolutamente arbitrario, y bajar los tramos con menos facturación es solo es una excusa para cascar una subida a la mayoría. Cualquiera que haya hecho una declaración trimestral en su vida sabe que esto que escribo es cierto. Del mismo modo que cualquier partido con una responsabilidad potencial de gobierno sabe que esta subida a un colectivo tan atomizado le permitirá otros titulares mejores que agraden a trabajadores mejor organizados.

“A balazos”

Fredid Román era periodista y le han matado esta semana en Chilpancingo, al sur de México. “Román fue atacado a balazos cuando estaba dentro de su automóvil” (El Periódico de España), pero parece que su asesinato no es solo por la labor que realizaba, sino que “podría estar relacionada con el asesinato del hijo de Fredid Román, ocurrido en la localidad del Ocotito, Chilpancingo, el 1 de julio”. “En la actual administración del presidente López Obrador, desde diciembre de 2018, se han contabilizado alrededor de 2.000 agresiones contra la prensa en el país, incluyendo 40 asesinatos, 15 en lo que va de este año”.

¿Para quién?

No creo que a nadie le pille por sorpresa la crisis otoñal e invernal que nos espera, pero cuando he leído en República que “Macron vuelve de vacaciones con un tono apocalíptico: ‘Ha llegado el fin de la abundancia’” no me he sentido afectado. Doy por hecho que el presidente francés se refiere a esa cantidad de millonarios ostentosos, que gastan, consumen recursos y contaminan, como si el mundo fuese suyo, y que son el cáncer de nuestra sociedad, civilización y planeta. ¿O sugiere que la “abundancia” se acaba para las y los de siempre y quien pueda retenerla a cualquier precio que lo siga haciendo?

El mundo que hemos construido

La sequía que azota el planeta (porque especialmente quienes más tienen lo han calentado como si no supiéramos lo que podía suceder) está dejando ver hasta a los barcos nazis hundidos en el Danubio. “Una metáfora real de nuestros tiempos”, según la activista Hend Army en Twitter. La idea es sencilla pero es real: no solo estamos acabando con el planeta, en nuestra sociedad también están resurgiendo grupos cuya ideología atenta contra la humanidad y los consensos más básicos que hemos alcanzado. Y tenemos que ser conscientes de una vez de que ambas realidades son nuestros principales enemigo hoy.

Tarde y mal

Me parece bien que Jorge Fernández y Cristina Pedroche hayan cambiado de opinión y no sean los presentadores de un gran evento sobre criptomonedas que busca atraer a un montón de jóvenes y que han organizado y promocionado empresas que, según la CNMV, ni pueden ni operan cumpliendo la legalidad completamente. Pero me parece mal que aceptasen en un primer momento y solo las críticas que han recibido les hayan hecho cambiar de opinión. Si el evento hubiera pasado desapercibido, ¿la pareja de presentadores habrían continuado, hecho su trabajo y cobrado por ello? Entonces, ¿qué les parece mal?

Seis meses

Sí, la invasión de Rusia sobre Ucrania dura ya seis meses. Seis meses de horror, de muertos, de hombres y mujeres que cambiaron sus vidas para coger un fusil y defender su ciudad o su pueblo metro a metro o, en el mejor de los casos, que pudieron abandonarlo todo y refugiarse en un país en el que no conocían a nadie. Seis meses llevamos, también, de subidas de precios por la guerra o por la jeta. Y seis meses son ya los que soportamos de lecciones de quienes no distinguen entre un fascista y un comunista, o de que nos intenten colocar propaganda quienes antes nos daban lecciones de periodismo. Y lo que nos queda.

Que los disparos sean a portería

Creo que acierta Volodímir Zelenski al permitir el reinicio de la liga ucraniana de fútbol justo cuando se cumplen seis meses de la invasión rusa. Si el deporte más seguido del mundo sirve, muchas veces, para explicarnos, esta vez será útil para que el mundo vea estadios vacíos, a equipos ucranianos jugando de locales fuera de sus fronteras en competiciones europeas, o a conjuntos que, directamente, están desplazados permanentemente o no pueden competir. Esa normalidad forzada muestra a un país que quiere avanzar plenamente mientras Rusia, literalmente, torpedea sus intenciones de cotidianeidad y progreso.

Nos dejó desnudos

La amenaza nuclear de Vladímir Putin sobre nuestras cabezas se mantiene pero no queremos pensar en ella. Convivimos con un matón de patio de colegio que tiene comprados a los chivatos y se mete con quien le apetece. Pero no solo lo tenemos de vecino en Europa: le estamos haciendo rico por nuestra dependencia de las materias primas rusas. Y las alternativas son otros sátrapas o dictadores, aunque se hagan llamar emires y jeques. Es cierto, por desgracia, lo que leemos en República: que la invasión rusa sobre Ucrania nos ha desnudado como continente y que ha dejado “en evidencia los principios democráticos de Europa”.

No solo Rusia

Rusia es el agresor y el enemigo. Quien no tenga clara esta idea tan sencilla o está gravemente desinformado o intenta que lo estemos los demás. Pero no es el único estado que hace las cosas mal. Ya hemos hablado de la dependencia energética y de los peligrosos amigos de Europa a cambio de recursos y materias primas, pero dentro de la propia Unión también hay enemigos de los valores que, supuestamente, defendemos entre todas y todos: “La justicia polaca prolonga por segunda vez la prisión provisional del periodista Pablo González” (Público). El periodista navarro lleva ya 175 días retenido.

Pues que se tome una a mi salud

Pablo González, detenido en Polonia cuando iba a hacer su trabajo como periodista en los primeros días de la invasión rusa sobre Ucrania, y Eduardo Inda sigue recibiendo dinero para lanzar sus mensajes desde su página web, a la que algunos, especialmente en el PP, llaman medio de comunicación. Página web en la que publican mierdas como esta: “Monedero se pone fino de cervezas en Benicàssim mientras Castellón es arrasada por los incendios”. Y a mí, ¿qué? El fundador de Podemos ha estado en el Rototom, el festival de música reagge, y se ha tomado unas cervezas. ¿Y? Mal hace quien contrata a Inda o publicidad en su web.