«El PP abandona»

En el PP toman a la ciudadanía por tonta. Una de las últimas pruebas es esta noticia en República.com: “El PP ha abandonado el Pacto Antitransfuguismo por considerar que se usa de forma ‘partidista’ y ‘torticera’”. Básicamente, lo ha abandonado porque no pinta nada en él tres meses después de haberse servido de tres tránsfugas de Ciudadanos para mantener el gobierno en la comunidad de Murcia después del anuncio de una moción de censura. ¿Qué pintaba el PP en ese pacto (que solo era para la galería) después de lo que hizo? Nada. Pero que no intenten colarnos que se van porque se usa contra el PP como si fuéramos tontos.

“El PP busca”

Otra manera de tomar por tonta a la ciudadanía es anunciar que el PP va a promover “mociones en todos los ayuntamientos, diputaciones, cabildos y consells insulares de España para instar al Gobierno a bajar el precio de la luz” (Moncloa.com) como si el mayor peaje que pagamos en el recibo de la luz, el del déficit tarifario, no lo hubiera puesto en marcha Rodrigo Rato durante la presidencia de Aznar, o como si durante los sucesivos gobiernos del PP no se hubieran ido aprobando compensaciones que pagamos mes a mes en la factura, o como si miembros del PP no tuviesen nada que ver con las compañías eléctricas. Intentar mejorar la vida de la ciudadanía es correcto democráticamente, actuar cuando ves la oportunidad lo es políticamente, tomarnos por idiotas varias veces al día es un error.

“PP y Vox”

Pero da igual cuántos movimientos haga el PP incluso infantilizando a sus votantes potenciales, porque su mayor pecado es ir de la mano de Vox. Y aunque durante la manifestación de Colón intentaron no salir en la foto, no pueden evitar que asistamos a su vinculación día a día en gobiernos, a lo que pase finalmente en el de la comunidad de Madrid y a otros puntos de conexión como El Escorial, donde “PP y Vox comparten cartel en una ‘universidad de verano’ con ultraderechistas polacos y británicos” (Público). El encuentro está organizado por la Fundación Civismo, abiertamente neoliberal y con conexiones entre la derecha y la pared.

“Tensión en el PP”

Pero el principal problema de Casado no es solo con quién se junta, sino quién le hace sombra: Isabel Díaz Ayuso es una de las políticas de moda en la derecha española, extrema o más extrema, precisamente por su perfil neoliberal exacerbado. Su idea de la “libertad” no es solo un eslogan de campaña, es una apuesta por pegarse a la pared derecha en lo económico y en lo social, con todo lo que eso conlleva. Y Pablo Casado sabe que para vencer de nuevo tendrá que formar un partido de derechas expansivo, que también toque el centro, para lo que Díaz Ayuso es un auténtico lastre. El PP tiene que decidir por dónde quiere crecer.

El PP pide

Por si todo esto no fuera poco: cómo trata a la ciudadanía, cómo se apoya en Vox, cómo bascula a la parte derecha del tablero, el PP tiene que enfrentarse a su peor pesadilla, que es todo lo que ha pasado en el propio PP, en sus sedes. Ahora intenta evitar en el Congreso la comparecencia de María Dolores de Cospedal en la comisión de investigación. Pocas veces una comisión de este tipo tiene tanto sentido, porque busca precisamente conocer qué hizo en un partido implicado en la gobernabilidad de España con el dinero que recibía de empresas adjudicatarias de obra pública y qué hizo para evitar que lo conociéramos.

Un crimen racial

El relato en Eldiario.es sobre el asesinato de Younes Bilal es terrible: un crimen racial en toda regla, si se confirma el testimonio del amigo de la víctima que lo vio todo, que ha tenido lugar en Murcia y que, sorprendentemente, no es una noticia importante en casi ningún digital. El acusado del crimen discutió con Bilal, que se le encaró en un bar después de un comentario racista, y regresó con la pistola con la que le disparó. A sangre fría y con tiempo suficiente para que la enajenación se le hubiera evaporado. Este empoderamiento de los xenófobos tiene madres y padres declarados, y a por ellos hay que ir con justicia y democracia.

No más blanqueos

Vistos los acontecimientos, no ya en EE.UU., no en Polonia o Hungría, es evidente que no podemos permitirnos ningún blanqueo a la fascistada. Ni a la española, ni a la vasca, por cierto. Porque están crecidos, agigantados, se sienten impunes. Y no es exagerado pensar que si seguimos por el camino de la permisividad podamos acabar, en Euskadi y en España, como en Jerusalén: “‘Muerte a los árabes’, eslogan estrella de la marcha ultranacionalista” (Mikel Ayestaran, en Twitter). Este lema, esos gritos y esa manifestación son producto del blanqueo del que durante años ha disfrutado (y sigue disfrutando) la comunidad sionista.

Violencia estructural

Sí, creo que los de Juan Carlos I tendrían que ser reconocidos como robos con violencia, y no simples delitos contra la hacienda pública, porque el ritmo al que acumulaba el dinero por medio de sociedades y cuentas en paraísos fiscales solo ha podido ser posible por medio de una violencia estructural que imponía la ley del silencio y la de la colaboración, vía testaferros entonces y, hoy, vía “amigos” que le dejan su propio dinero para ponerse al día fiscalmente. No puede haber otra explicación a que, ahora, también aparezca una cuenta en Andorra que ha estado operativa hasta hace nada y vinculada al rey emérito de España.

Esta también lo es

No por repetitivo deja de ser noticia que casi cada día alcancemos el récord mundial de primos: pagamos la luz más cara aunque vivamos en una península soleada y con bolsas de gas en su subsuelo, y el combustible más caro sobre el que se quieren aplicar impuestos abusivos en nombre de la ecología (pero no cuela). Somos unos primos que pagamos unas facturas eléctricas y en la gasolinera récord sin que quien se beneficia de esos importes nos den una sola explicación convincente: las eléctricas y las refinerías no pueden guardar silencio, pero tampoco el gobierno ni los partidos que lo forman.

La medida

El indulto total en España a Juana Rivas, la mujer condenada por sustracción de menores a su padre, al que denunció varias veces por violencia de género y contra sus propios descendientes, aunque solo tuvo una condena, en 2009, antes de que la pareja se reconciliase y tuvieran al segundo de sus hijos, tendrá una consecuencia directa en la pena que le puede aplicar la justicia italiana. Por eso su consumación es tan importante. Pero el asunto es complejo porque tiene que ver no solo con la violencia, probada una vez, sino con la implicación de partidos políticos en procesos que se desvirtúan.

Por lo menos, una explicación

El hilo en Twitter del Abc cumplía perfectamente ayer con lo que tienen que hacer los medios en las redes sociales: llamar la atención. De derechas y monárquico, sí, pero lo lograba. Al primero: “El precio de los carburantes se dispara antes de las vacaciones”, sucedía este otro: “Las tarifas de la luz registran hoy niveles casi prohibitivos en las horas ‘punta’”. Un drama en dos tuits. Y no, no me creo que justo ahora el gobierno español tenga las manos atadas cuando los partidos que lo forman se desgañitaban en exigir acción desde la oposición. Por lo menos, podemos preguntarnos: ¿nos mienten ahora o lo hacían antes?

Cómo reconocer a un facha

Jorge Bustos también usaba Twitter para llamar la atención sobre un artículo en El Mundo, el diario en el que ejerce como jefe de Opinión, y destacaba esta queja de Leyre Iglesias: “Qué país tan enfermo es el nuestro si lucir su bandera te hace sospechoso. Si te arrinconan a la extrema derecha sólo por disentir de la última decisión pendular del presidente”. Cuando uno no reconoce a un fascista aunque lo tenga delante (en España y en Euskadi) tiene un problema. El problema pasa a ser de todos cuando uno reconoce al fascista que tiene delante (en Euskadi y en España) y prefiere darle una jabonadita para ver si logra blanquearlo un poco.

Algunos lo ponen fácil

Pablo Casado e Inés Arrimadas, esto es, el PP y lo poco que queda de Ciudadanos, decidieron mostrar el pasado fin de semana que su sitio está con Vox, con la extrema derecha, con quienes no entienden cómo funciona la democracia ni les importa, con el partido en el que uno de sus principales portavoces, Javier Ortega Smith, se negó a sostener una pancarta contra la violencia machista en Madrid después de confirmar que un padre había matado al menos a una de sus hijas para dañar a su exmujer. Ni banderas de España, ni himno: humanidad. PP y Ciudadanos han decidido estar con los que se desentienden de la humanidad más básica.

El milagro de tocar a Biden

Este tuit de María Carou resume perfectamente el milagro que obró el presidente de EE.UU. solo con que el del gobierno español se le acercara: “Pedro Sánchez dice que no tiene un cronómetro para contar cuánto ha durado su encuentro con Biden, pero que les ha dado tiempo a hablar de: relación militar de ambos países, situación en América Latina, agenda progresista de Biden”. ¿Podemos hablar ya obra divina? Porque esos 20 segundos que todos hemos visto no parecen suficiente para todo lo conversado, y menos cuando el americano dirigió la palabra al español en una sola ocasión.

No siempre es más duro lo demás

El paseo de Sánchez junto a Biden tiene que servir para recordarnos también que la política puede ser muy dura. No es fácil arrancar para acompañar en un pasillo a un líder mundial que sabes que apenas te dirigirá la palabra y hacerlo delante de todas las cámaras. No es fácil, en general, la vida del político: participar de las puestas en escena y aguantar los ataques de la oposición, de columnistas de provincias como yo, o de la banda de descerebrados que han encontrado en Twitter un sitio en el que celebrar que lo son. No es fácil lo que hizo Sánchez, es cierto. Pero igual tampoco era la mejor opción, visto el resultado.

«La foto de Colón», como concepto

“La foto de Colón” ya no es una foto, es una imagen que se nos genera espontáneamente: políticos de derechas y ciudadanos perdidos en la democracia, ideas e ideologías que se transforman para ser insensibles ante la empatía o a la convivencia entre diferentes. Y en esa foto, en esa imagen, participan PP, Vox y lo que queda de Ciudadanos, que es bien poquito. Allá ellos con lo que han elegido, pero allá nosotros con lo que elegiremos a partir de ahora. Andoni Ortuzar lo dice muy claro: no hay alternativa al actual gobierno español. Porque si este cae lo que viene es la foto de Colón pero en movimiento.

Si saben cómo se pone, ¿para qué la invitan?

El PP buscaba un imposible en la swinger party de derechas en la que había aceptado participar: marcar distancia con quien se apretaba para rozar. Pero además lo buscó donde no iba a encontrarlo: en Isabel Díaz Ayuso, a la que no se le ocurrió otra cosa que pedir a Felipe VI acción y responsabilidad. ¡Qué locura! En El Plural resumen muy bien su intervención: “Ayuso desafía a Casado en directo y enfada a Génova por retar al Rey”. Una aparición fulgurante que alegró a las masas y a Abascal, y que mete al PP hasta el fondo en el atolladero en el que ya estaba atrapado. Ahora, a sacar las manazas.

¿Podemos es ahora Ione Belarra?

La sonrisa de Albert Rivera es el reflejo futuro de los partidos personalistas que tan de moda están en España desde hace unos años: los viejos se han dejado llevar por la tendencia pero los nuevos lo han sido siempre al 100%. A Arrimadas ya la hemos visto dando tumbos en la plaza de Colón, y ahora estaremos atentos a qué hace Ione Belarra, que hereda un partido organizado por su predecesor, el mismo que la designó. Belarra es una política pragmática, lo ha demostrado alcanzando el poder con los pulsos que le gustaban a Iglesias, y sabe que su futuro está ligado al de Yolanda Díaz, y no al de Irene Montero.

Sánchez es el PSOE

Con la previsible salida de Susana Díaz de la cúpula socialista andaluza, Pedro Sánchez ya no tiene a nadie que le lleve la contraria en su partido. No se le puede reprochar nada a quien fue cosido a puñaladas en su propia casa y aprovechó su resurgimiento para romper con el felipismo, el zapaterismo y, ahora, detonar cualquier istmo que le uniese al viejo aparato. Pero como buen socialista, Sánchez conoce y conserva las mecánicas de su partido. De cara al futuro, César Calderón muestra más dudas: “Cuando pierda las próximas elecciones, ya no habrá un solo líder socialista sin mochila capaz de salvarse de la quema” (Vozpópuli).

Pero no es un líder mundial

Antes del encuentro, Ángel Villarino explicaba en Twitter en qué consistiría: “Biden sacará unos minutos (menos de 5) para saludar a Sánchez. No es un encuentro bilateral, ni está en agenda, ni habrá tiempo para charlar sobre nada. Es un gesto que tiene su importancia, pero es solo un gesto. No le demos más vueltas”. La imagen del presidente español en la cumbre de la OTAN no es buena, ni fuera ni dentro: un líder que solo lo es en su partido, que no sabe dirigir un gobierno de coalición y que depende completamente de que los independentistas no decidan romper el muro de contención a la extrema derecha en el Congreso.

Que no ardan más las redes

En verano el riesgo de incendio en nuestros bosques es mayor. En Internet, el riesgo parece constante. Ícaro Moyano resume en dos tuits mucho mejor que yo lo que quiero decir: “Nueve de cada diez veces que un periodista dice en la radio o en la tele que ‘arden las redes’ se refiere estrictamente a lo que ha leído en su timeline. Y su timeline está formado en su mayoría por otros periodistas. Lo afirman sin tener ni puñetera idea de lo que arde en Facebook, Instagram o TikTok por ejemplo. Lo afirman sobre una red, Twitter, cuya representación está por debajo del 10% de la población”.

Lo que guarda TikTok

El mérito de TikTok es haber concentrado lo peor de Internet: la pérdida de tiempo, la copia infinita, los timadores con falsas inversiones, la creatividad del fuego de artificio, el uso compulsivo y los influencers de microcosmos. Pero también concentra las peores prácticas empresariales, como resume Pablo Duchement en un extenso pero muy interesante hilo: TikTok almacena hasta los datos biométricos de los usuarios, ahora, de modo legal después del cambio de políticas, esas que todos aceptamos sin mirar. Y como bien recuerda este perito informático, detrás de TikTok sigue el gobierno chino.

Anonymous contra Musk

El vídeo de Anonymous contra Elon Musk por el modo en el que el de Tesla juega con el valor del Bitcoin no tiene desperdicio. Como TikTok, concentra muy bien la esencia de esa Internet de “los enteraos”. Para empezar, ni siquiera está claro que detrás del vídeo esté Anonymous, si es que eso es una organización o una flipada. Para seguir, lo que le reprochan no es que especule gracias a una economía virtualizada, sino que la pérdida de valor que ha generado Musk en Bitcoin ha afectado negativamente a esos apostantes que quieren ser más listos que los demás porque conocen un par de mecánicas digitales.

Sí a las guías para amas y aitas

Pantallas Amigas hace muy buen trabajo para que aitas y amas sepamos, por ejemplo, activar controles parentales en los dispositivos. Pero no es solo una cuestión de mecánicas o botones: es importante saber en qué consiste lo que atrae a nuestra chavalada. Por ejemplo, Roblox, una aplicación que “lo peta” (¿se seguirá diciendo así?) entre las y los más jóvenes (pero muy jóvenes: “El 50% de los jugadores tienen entre 9 y 12 años”, según Xataka). Un juego que pueden terminar de desarrollar los usuarios por comunidades y en el que, por supuesto, hay una parte que es de pago, que ninguna empresa es una ONG.

Una Euskadi más grande

Hace muchos años fui un adolescente del montón en Euskadi, y pude comprobar que, como decía el chiste, follar no era pecado, sino milagro. Hoy en EE.UU. estaría más cerca de ser un tío a la moda: “El porcentaje de adolescentes preuniversitarios que ya han perdido su virginidad es hoy del 39%, frente al 51% de 1991”. El estudio que cita Magnet no es el primero que muestra un desinterés de la juventud por el sexo, no solo en América, también en Europa. Una falta de interés que va unido a la del alcohol o las drogas y, sobre todo, a un retraso claro en el acceso a una autonomía económica. Simplemente, se retrasa hacerse mayor.