Comunicación política básica

No son pocos los que han visto a Pablo Iglesias en Euskadi protegido y filmado como una estrella del rock. Todo ese protocolo tan cuidado suma cuando te va bien, pero cuando te va mal hace que los vídeos parezcan solo otro producto mainstream. César Calderón tuiteaba un mensaje sin mencionar a nadie que ilustra estupendamente lo que les cuento: “Para surfear la ola cuando la marea va a tu favor vale cualquiera. Los buenos profesionales son los que son capaces de marcarse un 360 con la ola en contra y sin el invento atado al tobillo. Y estoy hablando de comunicación política”.

Y ética básica

Un asunto interno de Podemos en Galiza me queda evidentemente lejos, pero no he podido evitar sorprenderme ante lo que he leído en El Independiente: después de desechar por un defecto de forma un informe que cuestionaba la limpieza del proceso interno en el que Carolina Bescansa fue derrotada por una diferencia muy justa, el vencedor, el oficialista (de Pablo Iglesias) Antón Gómez Reino, “ha desmantelado por completo la Comisión de Garantías y ha anunciado una nueva configuración, que preside ahora un miembro que concurrió en la lista del actual líder de Podemos Galicia”.

¿Cómo iba a saberlo?

No voy a permitir que la semana termine sin compartir con usted este tuit de José Miguel Gamboa: “Miguel Sanz, expresidente del Gobierno de Navarra, dice en la Comisión de la CAN que se enteraba de lo que cobraba de la Caja, algún año más de 100.000 €, cuando hacía la declaración de la renta”. Hay que tener el rostro de hormigón armado para soltar eso. ¿Cuánto ganaba y de cuántos sitios diferentes para que se le escapara el origen 100.000 euros al año? Y sobre todo: ¿por qué? Si desconfío de quienes entran millonarios a la política, menos me creo a los que salen millonarios de ella.

Allí manda el ejército

Por desgracia, sé más de Venezuela de lo que desearía: con Hugo Chávez primero y con Nicolás Maduro después, la información sobre sus desmanes era habitual en los medios españoles y vascos por la clara vinculación entre estos países. Y tengo varias cosas claras: el petróleo ha financiado el populismo (y no solo el de allí), el populismo funcionó porque había mucha gente desprotegida, Nicolás Maduro es un absoluto incapaz, y en Venezuela gobernará quien quiera el ejército, por eso, como leemos en la BBC, Guaidó intenta atraerse a la cúpula militar. ¿Por qué nunca lo mencionan todos los que, como los generales, apoyan el chavismo?

El final de un modelo de negocio

El frenazo de Facebook y Twitter ha provocado que caigan los medios digitales que nacieron explotando el modelo de negocio que estas redes ofrecían. Esta es una afirmación sencilla que se complica en la medida en la que nos hayamos dejado complicar la vida por los visionarios que aseguraban que estas fortunas puntuales y dependientes de dos productos eran un cambio de paradigma. Hoy, los medios de siempre prevalecen y sus webs pueden tener noticias ligeras, pero generan certidumbre. Al respecto, el hilo de José Manuel Rodríguez en Twitter me parece muy clarificador.

Espinar también lo deja

Algo va muy mal en Podemos si hasta Ramón Espinar deja todos sus cargos: secretario general del partido en Madrid, diputado en la Asamblea de la Comunidad y portavoz en el Senado, ahí es nada. Políticamente, la pérdida es mínima, ya que su capacidad nunca fue sobresaliente y su impacto casi nunca fue positivo para la formación morada, pero su abandono es un síntoma. Un síntoma de que Iglesias y Echenique están cada vez más solos y dispuestos a dejar Podemos hecho unos zorros antes que compartir el liderazgo o las decisiones. El partido se hunde empezando por su proa: Madrid.

Podemos renuncia a Madrid

Podemos es un movimiento profundamente Madrileño. Cuando algunos decían a los del 15-M que montaran un partido, Iglesias, Monedero, Errejón y Bescansa lo hicieron. Eso siempre lo tendrán en su haber. Y capitalizaron inicialmente toda esa indignación. Pero apenas han durado una legislatura. Así que el peor escenario para los que quedan en este partido es el de empezar a hacer aguas en Madrid, precisamente: entre el desprecio de Carmena (a la que ahora intentan desacreditar) y el desafío de Errejón, se encuentran arrinconados pensando en abandonar su espacio natural.

Y el PP, a Euskadi

Podemos esperar que Alfonso Alonso lo arregle matando moscas a cañonazos, como cuando sugirió que Urkullu pactaría con Abascal justo antes de que lo hiciera Casado en Andalucía, pero el roto que ha hecho el PP a su taifa vasca va a ser difícil de coser: desde la sede en la calle Génova acusan a Sánchez de ceder ante ETA incluyendo la de prisiones entre las transferencias a traspasar próximamente cumpliendo con el Estatuto de Gernika, es decir, con la ley. Alonso sabe que en Euskadi conocemos la verdad y que en Madrid le han abandonado a su suerte, pero intentará que los platos rotos los pague otro.

¿Cómo y por qué?

Generalmente intento traer a esta columna opiniones que encuentro en Twitter porque son valiosas y las emiten ciudadanos normales con las ideas más claras que yo. Pero a veces tengo que rendirme y copiarles los mensajes que lanzan “tuitstars” como Juan Soto Ivars: “Por sucia que sea la maniobra contra su gobierno, que lo es, y mucho, para ensalzar a Maduro hay que estar bien zumbado”, escribía sobre Guaidó. Y estoy completamente de acuerdo con el periodista: ¿cómo y por qué personas que se tiene por progresistas son capaces de defender a un incapaz controlado por el ejército como Maduro?

La distopía política

No quería terminar la columna sin rescatar uno de los mejores tuits que he visto esta semana y, posiblemente, lo que llevamos de año: Antonio Cartier recuperaba la desafortunadísima cita de Albert Rivera sobre la gestación subrogada y la convertía en un “meme” con inesperado buen gusto. “¿Hay algo más bonito que concebir un hijo para otra mujer?”, la pregunta acompaña a una imagen de la serie El Cuento de la Criada, una distopía en la que, en un presente paralelo, EE.UU. es gobernado por ultracatólicos que fecundan a las mujeres fértiles para quedarse con sus hijos. Rivera lo clavó.

Ni con unos…

Siempre que he leído u oído una entrevista o una intervención de Miguel Urbán he acabado con la misma sensación: la del tipo con buena memoria y un hablar firme que te hace creer que sabe más que tú porque es capaz de citar una serie de datos o frases hechas. De hecho, su tuit sobre el intento de Juan Guaidó de ser presidente venezolano solo es un refrito, uno más, de lo de siempre: golpe de estado patrocinado por EE.UU. y Latinoamerica como patio trasero. No niego esas evidencias, pero con ese paternalismo tampoco puedo. Venezuela tiene que ser, por fin, lo que elijan los venezolanos libremente.

Ni mucho menos, con otros

A Miguel Urbán se le olvida mencionar un elemento clave: Nicolás Maduro, el primer responsable de la situación política venezolana. Pero la presencia de este presidente, por muy tramposo que sea y muy incapaz que parezca, no puede ser la excusa para cambiar la jefatura de un estado de un modo tan discutible como pretenden Pablo Casado, Albert Rivera y Santiago Abascal en España (y Trump o Bolsonaro, fuera). Desde luego, en el bando de estos yo no voy a estar. Y por supuesto, es perfectamente compatible querer una Venezuela sin Maduro y no quererla con Guaidó así.

La coherencia importa, y mucho

Tampoco estaré en el bando que señale Sortu como el bueno, por una cuestión de principios básica. Si quienes fueron templados (cuando menos) con el terrorismo en Euskadi y todavía hoy son los responsables de gestionar la herencia del dolor y sus responsables, muestran un camino, ya sé que es el que no hay que tomar. Y lo sé por los caminos que antes mostraron y recorrieron. No solo Maduro es un presidente indeseable por lo que hace y dice (que viene del futuro o que ha hablado con Chávez en sueños, en forma de pajarito), también por quienes le apoyan: Rusia, Turquía, Cuba o Bolivia.

El petróleo también pagó a Monedero

Y ante todo este marasmo informativo y, sobre todo, opinativo, lo que menos necesitamos son lecciones. Así que Pablo Iglesias (como otros miembros de Podemos y la izquierda oficial) podía haberse ahorrado el tuit en el que sugiere que el petróleo de Venezuela es el que impulsa la injerencia extranjera y el ascenso de Guaidó. No lo niego, no nací ayer. Pero tampoco puede negar él que sin ese petróleo Chávez y Maduro no podían haber acometido su política populista, ni haberse enriquecido, ni haber pagado la consultoría (y el favor) de esa izquierda globalizada, enriquecida y populista.

Lo que diga el ejército

Antes que de la legitimidad del chavismo podríamos hablar del golpe de estado de Chávez. Después de la legitimidad de Maduro (que él mismo ha puesto en entredicho no convocando elecciones) debemos hablar de que en Venezuela pasará lo que el ejército quiera, como nos ha enseñado la historia reciente. Es decir: los Urban, los de Podemos, los Iglesias, Monedero o Errejón, reafirman esa legitimidad marcial como los Casado, Rivera, Abascal, Trump, Bolsonaro o el propio Felipe González quieren que el ejército cambie de bando (y de intereses). Hablemos de todo o callémonos todos.