La moción de «la gente», ya, claro…

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La moción de censura de Podemos, el “invendible” del momento, se dibuja cada vez más como una herramienta de desgaste al PSOE. Vamos, como lo que es. Ahora, pasando de la opinión de las bases, pasando del objetivo, pasando de todo, Podemos se ofrece a retirarla para pactarla con el PSOE… Si gana Pedro Sánchez, intentando intervenir clara y directamente en las primarias socialistas. El mismo Pedro Sánchez al que no quisieron investir, pero eso nunca lo dicen.

La constituyente de «la patria»

Pero el realismo mágico en la política no se ejerce en ningún sitio como en Latinoamérica donde la última de Nicolás Maduro es charlar con unas vacas. Como lo leen. El mismo que aseguró que Chávez se le apareció mientras dormía en forma de un pájaro y le habló, conversa ahora con bovinos ya que con su pueblo solo entabla diálogo de besugos. Lo denuncia Felipe Calderón en Twitter con el asombro necesario ante tanta necedad. Y peor son las justificaciones.

Salvadores del mundo, uníos

Por eso Nicolás Maduro no da la talla que sí tienen Owen Jones o Julian Assange. Pablo Iglesias se esfuerza, pero le falta ese toque cool de la izquierda anglosajona. No obstante, Assange pisa suelo más resbaladizo hoy que nunca: Wikileaks habría sido el colaborador necesario de un intento ruso de favorecer a Le Pen en Francia, supuestamente, pero patina más cuando él mismo, imputado por violación, asegura que es el heteropatriacado el que niega la presidencia a Hillary Clinton y Marine Le Pen, poniéndolas al mismo nivel.

Los Gabilondos

La condena a Manuel Herrera, que le prohíbe entrar en Sevilla y le obliga a personarse cada quince días en los juzgados de Bilbao, realmente, es una condena para la ciudadanía de la capital de Bizkaia. Estos días hemos leído justificaciones absolutamente lamentables del nazi que intentó agredir a un bilbaíno, y que el periodista Gontzal Hormaetxea resumía en Twitter: “¿Quién no se ha cruzado alguna vez por Bilbo con ese grupo de punkies llamados ‘los Gabilondos’ que van con fotos de ETA y muchos pitbulls?”.

Publicar en Instagram desde el ordenador es posible

Instagram permite ahora que, sin tener descargada la aplicación, podamos subir una foto a nuestra galería desde cualquier navegador para móviles. Eso hace posible, a su vez y según el blog Cnet.com, que lo hagamos desde el ordenador: tenemos que ir al navegador y elegir la opción de “móvil”. Bueno, es algo más complejo pero en la bitácora lo explican bien para que los muchos fans de la herramienta (como yo) puedan subir imágenes editadas directamente.

Duro pero necesario

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A estas alturas ya sé que la mía, la de periodista, es una profesión nada corporativista. También sé que necesitamos que nos retraten con dureza de vez en cuando para que no olvidemos cuál es nuestro papel… Y nuestras condiciones. Jesús Cacho en Vozpópuli ha escrito lo que nos hacía falta leer: que estamos mal, que estamos vendidos, desprotegidos y con mucho compañeros que, con la excusa de la información, hacen negocio o servilismo. Es nuestra realidad, con la que tenemos que trabajar.

¿Y quién usa los medios?

El PP evidentemente siempre lo ha intentado, pero algunos de los de la nueva política se llevan muy bien con los mismos medios a los que señalan una y otra vez. En el marco de la “Operación Lezo”, Mauricio Casals, considerado “hombre fuerte” de Atresmedia, reconocía en 2015 que el apoyo expreso a Podemos desde LaSexta le iba muy bien a los primeros, al PP, para desgastar al PSOE. Así que, sí, hay periodistas que han hecho el caldo gordo a Podemos, a sabiendas o no, de quién era el otro beneficiado.

Ahora, a votar

Hoy se la juega Francia y se la juega Europa: Le Pen y Macron se disputan unos millones de votos y un resultado del que depende el futuro de todos. Algunos han sido inexcusablemente tibios, otros (de aquí cerca, los de los escraches) no se han pronunciado para que no se les vea el plumero, y otros no han negado que votarían a Le Pen, como Jorge Verstrynge. Melenchon, en Francia, tuvo que preguntar a sus bases, y estas tampoco fueron claramente antifascistas.

Ya pasó con Trump

El presidente de EE.UU. ha reconocido recientemente que el lobby armamentístico tiene un amigo en la Casa Blanca. Ahora, ¿dónde están los que decían que Trump y Hillary Clinton eran iguales e incluso que la ex primera dama era peor que el millonario? Que salgan. En serio: que den la cara de una vez. Porque la pobreza argumental y la debilidad del razonamiento son exactamente iguales que las que exhiben ahora los que aseguran que se pueden abstener ante una fascista.

El aceite de palma, ¿el nuevo enemigo efímero?

Mi impresión es que estamos ante una nueva moda, la de mirar las etiquetas de los productos en el supermercado para comprobar que llevan aceite de palma. En Magnet explican por qué es malo: porque el refinado tiene un 50% de grasas saturadas (el de oliva, un 14%). Que hay un aceite de palma bueno, el virgen, que no se usa en alimentación, generalmente. Y que el problema no es nunca solo de un ingrediente, sino de hábitos alimentarios y de la suma, por ejemplo, con otro enemigo anterior: el azúcar.

No, no hace falta un dibujo

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La portada de Charlie Hebdo esta semana en Francia no puede ser más explícita. El semanario satírico que sufrió un ataque terrorista con 12 muertos en la redacción es bastante contundente: sin caricaturas simplemente pregunta: “¿Es necesario realmente hacer un dibujo?”. Se refiere, claro, a la segunda vuelta de las elecciones francesas en las que será necesario votar a Macron, aunque no guste, para parar a Le Pen. Y quien se abstenga no estará oponiéndose al fascismo.

Cuando buscas en Google sin mucha atención

Eso es lo que le ha pasado a Íñigo Errejón esta semana: ha buscado en Google una imagen para acompañar un tuit, no ha estado muy atento, al parecer, y ha cometido un error de bulto. Un error que le afea con acierto Alfonso Serrano: “Aquí un teórico candidato a la Comunidad de Madrid que confunde el cuadro del “2 de Mayo” con el 23 de Mayo valenciano, ‘El Grito del Pallater’ de Sorolla”. En efecto, Errejón recordaba los fusilamientos con un cuadro de Sorolla en vez de usar el de Goya.

Boicot a los boicots

Por supuesto, el pasado martes vi el primer capítulo de “La casa de papel” en el que aparecía Itziar Ituño. La actriz fue motivo de una campaña de boicot a la serie porque Ituño tiene ideas políticas que algunos no comparten en España. Itxaso Atutxa recordaba en Instagram que tampoco ella comparte las ideas de la actriz, pero que defendía su derecho a expresarlas y, al mismo tiempo, trabajar con dignidad, sin que nadie promueva vetos por la moda (sí, “moda”) de indignarse en Internet.

¿Lo que diga el listo oficial?

Reconozco que cada vez llevo peor las lecciones imperiales que se empeñan en darnos las estrellas de Twitter. Y peor si, además, lo hacen desde el anonimato. El Teleoperador, con sus 17.700 seguidores se atrevía a señalar a un profesional como Julen Bergantiños, del que hablábamos ayer porque explicaba su punto de vista sobre la polémica de los “stagiers”. El tuitstar le calificaba como “un perro bien adiestrado y un obrero sin clase ni conciencia”. Qué fácil es insultar a cara tapada y por Internet.

488 mensajes falsos en 100 días

El Washington Post ha publicado en su web otra de esas virguerías que hacen en Internet los grandes medios estadounidenses: una infografía interactiva en la que se pueden leer los 488 mensajes falsos que ha lanzado Donald Trump solo en sus primeros 100 días como presidente. El que acusó a la prensa de crear “fake news” ha resultado ser un aspersor de mensajes sin base o afirmaciones sin sustento. Casi cinco al día… Y eso que había días que ni siquiera tuiteaba.

¿En serio?

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Me cuesta creer que tantos como se muestran sorprendidos en Twitter hayan descubierto esta semana que en las cocinas de los grandes chefs hay “stagiers” o, lo que es lo mismo: buenos cocineros que trabajan únicamente a cambio de comida y alojamiento para aprender y ascender. El desencadenante fue Jordi Cruz que, por otro lado, ejemplifica cómo hemos convertido a cocineros en estrellas de televisión y, en ocasiones, les hemos confundido hasta con filósofos.

Lo que dice un cocinero

Julen Bergantiños es un cocinero de la Mina, en Bilbao, que quiso explicar en Twitter en qué consiste eso de ser “stagier” y cómo es una práctica normalizada. También aporta un elemento clave: como clientes nos comportamos de un modo diferente a como tuiteros y defensores de los derechos universales. No digo que no se tenga que pagar a estos cocineros ni que una costumbre no pueda ser modificada. Digo que no podemos ser tan cínicos o selectivamente ignorantes.

Una mentira es una mentira

No podemos permitir que, por mucho que insista, quien sea acabe convirtiendo una mentira en una verdad solo con proponérselo y repetirla muchas veces. Me refiero al tuit de Mariano Rajoy, que miente deliberadamente cuando afirma sobre Catalunya: “El Gobierno de España no puede autorizar un referéndum contrario a la ley. La soberanía nacional reside en todo el pueblo español”. ¿Acaso votó él en el Brexit cuando se trataba de un asunto de soberanía europea?

Y una verdad, una verdad

Permítanme la perogrullada, pero del mismo modo que no podemos permitir que se extienda una mentira, debemos insistir en las verdades. Sobre todo, cuando sirven para descubrir o son molestas y, especialmente, cuando tienen ambas características. Pedro Sánchez tuiteaba sobre Pablo Iglesias: “Cuando pudo elegir entre un presidente socialista o Rajoy, eligió a Rajoy”. Y sí, algún día tendrá que explicar por qué decidió tirar todo por la borda cuando podía sacar a Rajoy de Moncloa.

Por cierto, Podemos se queda solo

No me gusta Yanis Varoufakis ni ese rol de tipo duro, de todo o nada, de macho que reparte credenciales de “la izquierda” y se guarda los pases VIP. Pero hasta Varoufakis, ídolo resistente de aquella época en la que Grecia marcaba un inicio, ha señalado en Twitter que es necesario votar a Macron en Francia para que no gane la extrema derecha de Le Pen. Y ha dejado todavía más solos a los de Podemos, que siguen sin decir claro que con el fascismo, no, de ninguna manera.

No van en serio

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La diferencia entre plantear una moción de censura en serio y hacerlo para la puñetera foto es muy sencilla. Si vas en serio llegas a un acuerdo con los demás grupos antes de anunciarla y, por supuesto, el candidato alternativo, absolutamente imprescindible, es la pieza clave. Si no vas en serio das rodeos, primero la anuncias y luego pides a los grupos que se sumen, y das largas con el nombre del candidato. Pueden decir lo que quieran, en Podemos no van en serio.

Ya no es solo apoyar a la extrema derecha

Entre la extrema derecha y cualquier otra opción, siempre hay que elegir cualquier otra opción. Y para esos que dudan o que dicen que Macron y Le Pen son lo mismo, un nuevo argumento: ¿entre quien hace fraude a instituciones públicas y cualquier otro, a quién elegirían? La Eurocámara ha hecho público esta semana (no casualmente) que el partido de Marine Le Pen habría hecho un quebranto de cinco millones en la Eurocámara. La propia candidata está siendo investigada.

No pueden ganar los malos

Se está convirtiendo en mi preocupación más recurrente: por defender “lo correcto” y andar con excesivo cuidado con lo que decimos, hemos perdido el control y eso solo beneficia a los más malos. Empezando por Trump, siguiendo por Le Pen y terminando por los tres nazis que vinieron a Bilbao a buscar pelea: “Nazis campando a sus anchas y nosotros aquí midiendo lo que escribimos, no vaya a ser que estemos enalteciendo algo”, leía recientemente en Twitter… Y solo podía darle la razón.

¿Es acoso o es pura moñez?

Confieso que me decanté por la primera nada más ver los primeros tuits: un tipo que perseguía a una chica que no conocía dando datos de ella por medio de carteles repartidos por Murcia. Pero la historia de “la chica del tranvía” de la que el de los carteles se enamoró puede que solo sea otra anécdota que, en esta espiral de que todos los derechos (hasta los no escritos o reconocidos) sean respetados todo el tiempo, parece más. Por si acaso, seré conservador y seguiré pensando que se parece a acoso más que a otra cosa.

No, no es “colaboración”

No me cansaré de escribirlo, pero a ver si resulta más útil cuando lo leen de la web de la revista GQ: “El modelo Uber, donde millones de elementos sin capacidad de decisión, salvo negarse, trabajan para un centro, que concentra capacidad y plusvalía, no tiene nada que ver con la colaboración”. Este medio está abordando con una sensatez envidiable cuestiones de actualidad, de esas que solo se entienden en este mundo hiperconectado. Y en el caso de Uber, de nuevo, aciertan.