No es su imagen de campaña, pero sí es campaña

Yo mismo estuve a punto de cometer el error y contarles que el PSOE había copiado una imagen de campaña que ya usaban fuera de España, y que la había extendido hasta a los ministerios del Gobierno, pero algo tan burdo no podía ser, así que busqué una explicación y en un par de minutos la encontré: todos los socialistas mostraban su adhesión a los objetivos de desarrollo sostenible de la ONU con aros multicolor. No era su imagen de campaña… Pero sí formaba parte de la precampaña. Ahora vemos que la mismísima ONU “prohíbe el uso del logo de la agenda 2030 que hacen el PSOE y el Gobierno” (Vozpópuli).

Medio millón son muchos votantes

Casi medio millón de personas ha pasado el proceso para solicitar que los partidos no le envíen propaganda electoral a su casa. Aunque defienda este tipo de informaciones, porque son muchos los que siguen comparando folletos y llevando el sobre de casa al colegio electoral, también defiendo a quienes creen estar informados en las webs de los partidos… O en los medios y las redes sociales. Lo más significativo, no obstante, es la cifra: medio millón de personas ha expresado su hastío ante una situación política española incalificable por culpa de unos partidos y unos líderes que hacen más telegenia que democracia.

Echenique, el señalado

Desde sus primeras intervenciones radiofónicas y escritos tuve la sensación de que estábamos ante un suflé. Pero muchos medios (sobre todo de izquierdas), académicos (que se creían de izquierdas) y sus compañeros (mientras estuvieron en Podemos) nos lo vendieron como un gran político. Entonces empecé a pensar que estaba sobrevalorado. Hoy, según El Independiente, Pablo Echenique es el señalado en Podemos, e incluso Pablo Iglesias reconoce que pudo ser un error enviarle a negociar en vez de sentarse él con Sánchez. La aparición de Errejón (contra el que Echenique actuó) puede acabar con su carrera política.

El fracaso energético alemán

Permítanme que no solo les hable de la política española, repetitiva y cansina, y que les traiga otros contenidos, además, más interesantes. Por ejemplo, en Xataka hemos encontrado un breve reportaje sobre el modelo energético alemán: su intención de apostar por fuentes renovables de energía se ha mostrado poco realistas, y el suyo es el camino de los posibles problemas graves que cualquier estado que quiera abordar un cambio de modelo puede encontrarse como el transporte de esa energía. Y con un debate de fondo muy interesante: ¿y si la nuclear es una energía más limpia de lo que creíamos?

Un “máster” sobre felicidad de 3.400 €

Aprender a ser feliz por 3.400 € me parece barato. Pero que no lo llamen “máster”, por favor. También me permitiré poner en duda qué va a explicar por ese dinero el yotuber Jpelirrojo además de contar cómo consiguió ser feliz él (entre otras cosas, consiguiendo que unos cuantos paguen esa suma por oír su historia). Jpelirrojo forma parte de esa clase media de youtubers que no llegaron a triunfar a lo grande pero se lo han pasado bien aprovechando una oportunidad con la que no contaban. Tras él viene lo peligroso: modelos de negocio cuestionables y muchos fans adolescentes sin capacidad crítica.

Otro mundo que está ahí mismo

El fenómeno actual de los videojuegos me parece fascinante, sobre todo, porque está ahí mismo y no somos capaces de verlo. Desde que los de mi generación los vieran nacer, los videojuegos están en constante avance técnico y social: de jugar solo en casa con consolas y PC de chiste, pasamos a hacerlo en las lonjas y en las casas de amigos con las primeras máquinas que ya ofrecían algo distinto, después, a hacerlo en red y, ahora, a vivirlo como un fenómeno global y social: el “gamer” (aunque ya no solo eso) PewDiePie es la primera persona en alcanzar los 100 millones de seguidores en YouTube, no sin polémicas (o también por ellas).

Y muchas y muchos quieren sumarse

Este mundo de la notoriedad virtual mueve mucho dinero pero la realidad es que la mayor parte de las ganancias se quedan en unos pocos prescriptores y muchos se quedan con las migajas después de pelearlas, incluso, hasta haciendo el ridículo. Porque los casos que recogen con sorna en Photolari no son de éxito, precisamente: “Influencers” que en vez de viajar se pegan con Photoshop cutremente en los destinos vacacionales o que reutilizan los fotomontajes para escarnio y diversión de los críticos. Con todo, insisto: el negocio de Internet no es menor ni para aficionados ni de chiste. Al contrario.

No solo juegan los más jóvenes

Los superordenadores son para los más aficionados, las consolas las usan, sobre todo, los más jóvenes, pero los juegos en el móvil son transversales, es decir, hay para todos los gustos y todas las edades, y generarán 68,5 billones de dólares en 2019, según adelanta Techcrunh y recoge Urtzi Jauregibeitia (que algo sabe del sector) en Twitter. Estas cifras, junto a las que empezamos a conocer de exclusivas que han cobrado algunos jugadores (10 millones al año ha pagado Microsfot a Ninja para que muestre en su plataforma sus partidas) tienen que servirnos para que prestemos más atención a esta sencilla “afición”.

Adidas ya les patrocina

Precisamente Ninja (Tyler Blevins) ha protagonizado otra de las noticias económicas sobre los videojuegos: después de su millonario fichaje por Microsoft ha formalizado otro de patrocinio con Adidas. Son muchos los que se han reído del mismo, ya que un jugador de eSports parece que no necesitará unas zapatillas específicas o unas camisetas especialmente transpirables. Pero esto, en esencia, da igual: lo único importante es el número de seguidores de la estrella (15 millones solo en Instagram) y posicionarse primero en un mercado que no deja de crecer, mover dinero y sorprendernos.

Una historia antigua

Después de todo lo que les he contado voy a acabar la columna con una de esos hilos en Twitter que merece la pena: el de la primera marca que se atrevió a hacer negocio con las equipaciones deportivas. Se trata de Admiral (que hoy día no dice nada a casi nadie), donde el visionario Bert Patrick ofreció a la federación inglesa de fútbol pagar un canon por vestir y vender las camisetas, pantalones y medias como las que llevaban los jugadores en 1966. Después, se introdujeron en los clubes y lanzaron líneas de ropa deportiva (chándales y polos) y en 1974 hasta se atrevió a poner su logo en las equipaciones.

Lo dicen todos

Esta vez es la Comisión Europea la que señala a Vox como elemento desinformador en la campaña de las pasadas elecciones europeas. No lo señalamos ni los columnistas ni los periodistas de medios de comunicación que no comulgan con las ideas de este partido (la mayoría). Según la web de La Vanguardia, Julian King, comisario europeo de Seguridad, cree que Europa no puede normalizar los debates ni los argumentos que partidos como Vox, en el caso de España, despliegan sobre temas tan sensibles como la inmigración. Vamos, que Vox hace lo típico de los populismos con los temas de la extrema derecha.

No nos dejemos engañar, por favor

Periodistas, políticos y la sociedad en general debemos estar en la misma trinchera y reclamar información veraz para que todas las personas puedan tomar una decisión antes de unas elecciones. Así que pelear contra las noticias falsas y los argumentarios que solo buscan cabrearnos con mentiras, es cosa de todos. Como también lo es no compartir bulos, buscar en Google una explicación y contarla cuando, por ejemplo, recibimos uno de esos vídeos de un político que parece que habla borracho o drogado. Son vídeos ralentizados que buscan generar dudas sobre el sistema democrático en su conjunto.

España prueba de su medicina

Como nacionalista vasco estoy bastante cansado de que nos retraten como quieren los que, simplemente, son más. Novelistas, guionistas, científicos de parte pero también columnistas y hasta blogueros nos apabullan con historias y estereotipos falsos pero escritos mil veces, así que siempre hay algún enlace para mostrarnos como malvados. Y no hablo de ETA, cuya vergüenza histórica va aparte. Así que no me da ninguna pena que en Netflix esté triunfando “Criminales en el Mar”, una comedia que ridiculiza España (y otros países europeos) por medio de tópicos. Es más, estoy deseando verla.

Menos es más, también en Internet

Parece que en Internet cabe todo pero en realidad no es así. Salvo los de Google, Apple, Facebook y demás superempresas, los servidores se saturan y las webs pierden agilidad. Además, no creo que sea necesario que todas las páginas tengan que intentar informar de todos los temas del momento. Así que celebro la noticia que tuiteaba Katharine Viner, editora del The Guardian: después de tomar la decisión de rebajar el número de noticias diarias en su medio, también en la versión digital, han subido las visitas. Menos contenidos más elaborados hacen el producto informativo más atractivo.

No dejen a sus niños solos con YouTube

YouTube es objetivamente una gran herramienta con el principal problema de la cantidad de contenido negativo que almacena y que, según varias noticias en los últimos meses, acaba siendo visible. Pero no creo que sea una herramienta para niños ni siquiera en su versión “Kids” (aunque me parece más adecuada que la normal), que además no satisface a partir de los 13 años, según Trecebits. En general, me parece que la tele lineal (ETB3, Clan o Disney) no está suficientemente valorada, y hay apps que permiten reproducirla en tablets y móviles a los que todos los aitas y todas las amas recurrimos.

Cuatro de cuatro

Con Unai Hualde, EAJ-PNV se hace con las presidencias de los cuatro parlamentos territoriales del sur de nuestro país. Si eso no es una victoria política, ¿qué lo es? Este último nombramiento, después de unas negociaciones convulsas con un PSN que se disloca cada vez que tiende la mano, ha sido el que más ampollas ha levantado, sobre todo en el PP, que ha cogido al vuelo el argumento para atizar con él a Pedro Sánchez por vender su España a cachos. Pero lo que menos entiendo de los “populares” y sus compañeros de viaje es su afán por mutilar su cultura, atacando a Hualde por hablar en euskera en Nafarroa.

El manual de Vox

El nombramiento de Hualde también será utilizado, cómo no, por Vox, que relanzará por medio de sus redes todo el contenido que le convenga criticando al PSOE, al PP por blando, y al nacionalismo vasco, claro. Ese es su modo de actuar: lanzar guano contra un ventilador, sea de verdad o no, y que el olor suba. Y si le pillan haciendo trampa, los valientes de Vox se vuelven quejicas: es que van a por ellos. Como YouTube, al que acusan de coartar su libertad de expresión por cerrar el canal a los de la derecha extrema. Pero realmente ha sido por usar contenidos que no les pertenecían, como explican en Genbeta.

De Navarra a Catalunya

De Navarra a Catalunya pasando por YouTube, llegamos al despacho de Manuel Valls, que está poniendo patas arriba el ayuntamiento de Barcelona y, sobre todo, a Ciudadanos en su propia casa. Al final, Valls acabará siendo “el francés” (o algo peor) y despachado con desprecio como un emigrante ilegal por quienes le animaron a venir, ya lo verán. Pero no creo que les dé tiempo a mostrarse como son porque parece que Valls tiene intención de abandonar Barcelona y regresar a su retiro más al norte. Otro de esos políticos que solo contemplan gobernar o decidir, y que creen que la oposición es para otros.

Lo de los pies de barro

Con honda preocupación veo cómo el nacionalismo catalán continúa en escalada y en cada peldaño roza la violencia, si no directa, sí de otro tipo. Por supuesto, no me gustó nada lo que sucedió fuera del ayuntamiento de Barcelona cuando Colau y Valls cerraron un acuerdo contra Ernest Maragall. Pero no puedo estar de acuerdo, tampoco esta vez, con Pascual Serrano, que comparaba a esos nacionalistas enfadados con “la derecha más fascista y casposa”. Parece que en Twitter ayer a muchos se les cayó un mito de la izquierda. Lo siento por ellos, pero ese ha sido siempre el nivel de Serrano.

“¿Qué puede salir mal?”

Acierta Jorge Campanillas con su breve tuit y su pregunta con retranca sobre la criptomoneda que ha puesto en marcha la red social de Mark Zuckerberg: “Facebook tiene nuestros datos y ahora quiere nuestro dinero ¿qué puede salir mal?”. Vayamos por partes: Facebook ya lanzó un dinero virtual antes de la burbuja de las “cripto” y casi nadie se acuerda. Ahora se lanza con esta idea en la que ya profundizaremos pero por la que pocos apostarán (ya me gustaría saber cuánto va a invertir el propio Zuckerberg de salida). Facebook no necesita ingresos ni liquidez, sino confianza… Y unos datos extra, por supuesto, siempre le vienen bien.

Permítanme que hable de lo mío

Si esta columna fuera sobre las redes sociales y no sobre lo que encontramos en ellas, seguramente sería mucho más repetitiva, pero les aseguro que no andaríamos carentes de temas ni de interés porque “las redes” hoy nos ocupan mucho tiempo, tanto que esta columna sí va a ser monográfica ya que durante la semana hemos leído temas de sobra. Empiezo por recomendarles el post de “Calvo con Barba” sobre “quién maneja las redes”. Habla claro: se trata de empresas que hacen caja con la publicidad y todos sus movimientos se dirigen a generar más rentabilidad. Recordarlo siempre es conveniente.

Y no siempre de la mejor manera

Vivo de observar e intentar explicar cómo funciona el Internet comercial y mis hijos no usan YouTube. Si quieren vídeos en el iPad les pongo una aplicación de Euskaltel para que vean tele lineal. La de toda la vida. ¿Por qué? Porque cuando les dejaba que ellos eligieran los contenidos siempre acababan en vídeos pocos recomendables. Así que me cuadra perfectamente la espiral que describen en New York Times: los famosos algoritmos de recomendaciones acaban siempre en contenido perverso, e incluso inocentes vídeos infantiles, según el medio newyorkino, acaban siendo recomendados a pedófilos.

La burbuja de los influencers se pincha

No me subo a ninguna ola: si siguen mis columnas sabrán que siempre he recelado del fenómeno de los influencers. Sí creo que existen unos pocos usuarios que son capaces de colocar productos en sus cuentas de Instagram. Pero funciona la excepcionalidad, así que la mayoría de los “influencers” influyen poco porque aportan poco. Las cuentas son prácticamente iguales entre sí y muy poco pegadas a un contexto local, justo los dos ingredientes imprescindibles para influir de verdad: personalidad y proximidad. Ante estas evidencias empieza a pasar lo obvio: la burbuja se pincha.

Todos tenemos culpa

Todos tenemos pecado, es cierto: he llamado a influencers y volveré a hacerlo, pero siempre de un modo muy medido. O eso creo. Puedo haberme equivocado como se han equivocado algunas agencias haciendo un uso abusivo de este recurso y trabajando, además, de un modo muy opaco: carecemos de un caché y un modo de fijar el contenido patrocinado normalizados. Y los soportes, que solo son agencias de publicidad, tampoco han jugado ni juegan con transparencia: “Ahora verás publicaciones de influencers en Instagram aunque no les sigas”, leemos en Trecebits. Es decir: veremos más publicidad.

¡Dejen de hablarme de algoritmos!

Pero si algo me cansa en especial es que intenten convencerme constantemente de la bondad del “algoritmo”, el “big data” y el “machine learning”. Hasta para cosas que solo necesitan contar con los dedos: unos investigadores han desarrollado aplicado todo esto a IMDB, la base de datos de cine. Y han concluido cosas interesantes sobre la recurrencia de algunos actores y brechas entre mujeres y hombres (conclusiones que por medio de un conteo salían igual), pero también han calculado si los mejores años de actrices y actores ya ha pasado. Yo me quedo con la intuición de directores y directoras para rescatar interpretaciones.