¡A la mierda!

Si el “estilo de vida milénial” consiste en viajar en Uber, ir de vacaciones con Airbnb y beneficiarme de todo lo que pueda en las webs de descuentos en negocios locales, estaré feliz de que se acabe. Kevin Roose llama en el New York Times “economía subsidiada” a la que nos permite, gracias a las rondas de inversión basadas en expectativas, viajar con chófer, vivir en casas con piscina de otros durante días o que el autónomo de turno casi me invite. Parece que en EE.UU. se acaba ese modelo de negocio, y yo lo celebro. A mí también me gusta pagar menos, pero me gusta más ser justo con mi sueldo y el de los demás.

“El empacho on-line”

Hasta que llegue a Euskadi esa bancarrota de “lo colaborativo” que se basa en apretar a todo el mundo menos al que tuvo la idea, que se hace millonario aunque el negocio no sea rentable e intentará vender otras ideas cuando la primera fracase, seguimos viviendo en ese empacho que nos ofrece lo on-line y las empresas “de base tecnológica”. La última y que, como bien dicen en Xataka, no necesitamos, es la de los envíos en 10 minutos: tenemos chóferes y tenemos esclavos que nos traen a casa lo que queremos, ahora, en tiempo récord. Porque nosotros lo valemos, claro que sí. Hasta que la precarización nos alcance.

Todos queremos beneficiarnos

Los Bitcoin son lo más parecido a una estafa piramidal tecnológica y, pese a sus picos (cuando se reparte el dinero si es que alguien lo capitaliza) y bajadas (cuando se volatiliza), sigue habiendo inversores. ¿Por qué? Porque Internet ha impulsado la “economía FOMO” (“Fear of Missing Out” o “miedo a quedarse fuera”): es decir, la necesidad de conexión nos ha empujado a necesitar, también, comernos una parte del pastel invirtiendo o, simplemente, pillando un buen AirBnb o atrapando al vuelo un descuento que sale de la pérdida de algún autónomo. Y así hemos llegado a este punto de difícil pero necesario retorno.

¡Ojalá un euro cada vez que lo he oído!

Con esta ansiedad generada por la hiperconexión y decantada en la necesidad de llevarme algo yo también, ha resurgido un lema que cuando estaba buscando mi primer piso ya era viejo: “El futuro es no tener una casa en propiedad; el futuro es el alquiler”. Lo ha dicho en El Mundo esta misma semana el economista Carlos Martín Urriza. Si me hubiesen dado un euro cada vez que lo he oído o leído todos estos años seguro que habría podido comer gratis en algún restaurante con Estrella Michelín. Yo solo sé que hace 15 años ya nos lo decían y hoy la propiedad de los alquileres está concentrada y los precios son de récord.

Con cifras

En El Blog Salmón lo tienen claro: “Los que compraron vivienda en España en los últimos 10 años acertaron sobre los que alquilaron”. En este tiempo las hipotecas no se han encarecido y, sin embargo, todas las circunstancias económicas “han sentado las bases para una revolución en los alquileres”. Empezando porque la movilidad laboral se ha traducido en centralización (grandes ciudades) y porque la precariedad laboral de quien debería de iniciar una vida le impide hipotecarse. Pero la sarta de argumentos a favor del alquiler continúa. A favor, sobre todo, de quien tiene la propiedad para alquilar.

«Un fallo»

Solo fue parte de Internet y, que sepamos a esta hora, ni siquiera la parte importante (conexiones aeroespaciales, controles remoto, sanidad, etc.), pero la caída de la gran red que afectó ayer durante unas horas “a Amazon, Twitter y medios como El País y el New York Times” (El Independiente) nos tiene que recordar lo frágiles que somos ahora mismo. Hemos condicionado nuestro ocio, nuestro negocio (¿qué pedido o stock no es ya digital?), nuestra salud y hasta nuestra memoria a una única herramienta cuyo control real desconocemos. La herramienta gracias a la que pago mis facturas, por cierto.

“Echenique borra”

Pero Internet no es solo mi herramienta de trabajo: también algunos políticos han hecho de las redes sociales (especialmente, Twitter) su mejor tribuna y, casi, su única ocupación. Tanto han tuiteado algunos que ahora se arrepienten, como Pablo Echenique, que ha borrado “la mayoría de sus mensajes en Twitter en vísperas de Vistalegre IV”. Solo ha dejado los que hacen mención (positiva) a la candidatura continuista y, como recuerdan en República.com, este no es el primer borrado masivo que hace quien fuera número dos de Pablo Iglesias. La política de tuit es tan mala que no la quiere de legado ni quien la practica.

“ERC endereza”

Pero la noticia política de la semana ha vuelto a ser la de los indultos. En este caso, su avance pese a la presión derivada de la falta de humanidad de algunos líderes políticos. Y después de esa, l otra noticia es el giro al pragmatismo de ERC: Junqueras, ya como líder político y moral del independentismo, defiende la vía escocesa, que es la vía vasca también. Defiende un referéndum acordado, defiende la complicidad de la comunidad internacional y defiende la vuelta a la política para hacer política. Un mecanismo tan sencillo y tan olvidado por todas las partes, desde la unilateralidad hasta la justicia vengativa.

“El PP traga”

Claro que Díaz Ayuso ha accedido a la petición de Vox de reducir notablemente el número de representantes en la Comunidad de Madrid: el populismo lo hace la extrema derecha y el PP se beneficia de una posición de fuerza porque, que nadie se equivoque, cuando se reduce el número de parlamentarios lo que se reduce es la posibilidad de que entren nuevas fuerzas o representantes más alejados del establishment. Los ordenados y ortodoxos siempre estarán en los primeros puestos. Si ese tijeretazo va acompañado de una reducción del personal asistente el parlamento tratará menos temas y recibirá a menos agentes sociales.

“Ha sido raro”

La pieza en Magnet sobre el primer evento de inversores de Bitcoin no tiene desperdicio. Más que una serie de sesiones sobre economía aquello fue un festival. Por momentos, según el relato, incluso una rave. Una fiesta del exceso, en cualquier caso, que celebrara un “neoliberalismo tech” en un momento en el que la moneda virtual sigue bajando sin que nada haya en el horizonte que pueda hacerle rebotar. Y si son los de esta fiesta la que debe velar por el futuro financiero de inversores anónimos que poco tienen que ver con los que allí se dejaron ver, desde Paris Hilton a skaters que proclaman la revolución.

Partido nacionalista español no madrileño

Supongo que se llamará “España Vaciada” y que algún partido intentará echarle el guante para coaligarse con este nuevo que anuncian en La Vanguardia. Se trata de una formación que quiere representar a esa España no solo vaciada, sino despreciada. Teruel Existe es el modelo: el sistema electoral español garantiza que haya representación de esa España olvidada (bien lo sabe Casado, cuyo origen político es Castilla) y esa puede ser la oportunidad del nuevo partido para que sus representantes no sean cuneros como Maroto sino representantes que defiendan sus intereses de verdad. Es decir, que hagan política.

Este es un temazo

El modo en el que las personas más jóvenes se relacionan con los medios de entretenimiento o información tradicionales es fascinante. En la generación que viene Internet sí ha provocado un claro cambio sobre sus hábitos de consumo y para ellos las teorías clásicas de la comunicación o las industrias culturales son otra cosa. Las primeras, historia. Las segundas, las que ellos mismos financian con suscripciones que los más mayores entendemos menos por el hábito y quienes las merecen. En Xataka dan una vuelta a un tema que merece muchísima atención, reflexión y acción para alfabetizarles en lo suyo, no en lo nuestro.

Pues no estoy de acuerdo con el New York Times…

Para los redactores del New York Times yo seré un columnista de un periódico de pueblo, así que mi opinión sobre su texto les importará poco. Y hacen bien. De hecho, no estoy del todo en desacuerdo: en el prestigioso periódico vaticinan que Manhattan no volverá a ser como antes, que el teletrabajo, aunque sea a modo parcial, va a mantenerse, y que difícilmente volverán todos los oficinistas a trabajar de continúo y coincidir. Yo creo que, simplemente, será cuestión de tiempo que todo vuelva a la normalidad. Y de un tiempo menor que el que esperamos, además. Volveremos a llenar las oficinas, los cafés y las tiendas.

¿Lo queremos así?

Espero que la vacuna termine con la pandemia y que la pandemia acabe con estos nuevos hábitos y horarios. Para lograrlo, todos tenemos que hacer una cesión de nuestra propia libertad, por decisión propia o ajena, es decir, de las autoridades. Y ser coherentes, claro: si nos dan libertad reclamamos restricciones y si nos dan restricciones reclamamos libertad. ¿O queremos el modelo australiano? “Las autoridades de Australia ordenaron este lunes el confinamiento durante tres días de unos 2,4 millones de habitantes de la ciudad de Brisbane, la tercera más poblada del país, tras acumular siete infecciones” (Vozpópuli).

China vuelve a ser proteccionista

“El mercado chino” se ha convertido en uno de los argumentos más repetidos para justificar cambios de producción, precios, horarios y hábitos. Pero al mercado chino, que solo es un eufemismo para referirse a la dictadura china, realmente, le da igual Occidente salvo para que nuestras empresas se implanten allí y generen trabajo y capacidad de gasto. Una capacidad de gasto que revertirá parcialmente en Occidente gracias a la globalización, es cierto, pero no tanto como nos (o les) vendían: amparándose en un boicot, el gobierno chino está relanzando internamente sus marcas propias para desplazar a gigantes como Nike o H&M (Magnet).

Permítanme que hable de lo mío

Si esta columna fuera sobre las redes sociales y no sobre lo que encontramos en ellas, seguramente sería mucho más repetitiva, pero les aseguro que no andaríamos carentes de temas ni de interés porque “las redes” hoy nos ocupan mucho tiempo, tanto que esta columna sí va a ser monográfica ya que durante la semana hemos leído temas de sobra. Empiezo por recomendarles el post de “Calvo con Barba” sobre “quién maneja las redes”. Habla claro: se trata de empresas que hacen caja con la publicidad y todos sus movimientos se dirigen a generar más rentabilidad. Recordarlo siempre es conveniente.

Y no siempre de la mejor manera

Vivo de observar e intentar explicar cómo funciona el Internet comercial y mis hijos no usan YouTube. Si quieren vídeos en el iPad les pongo una aplicación de Euskaltel para que vean tele lineal. La de toda la vida. ¿Por qué? Porque cuando les dejaba que ellos eligieran los contenidos siempre acababan en vídeos pocos recomendables. Así que me cuadra perfectamente la espiral que describen en New York Times: los famosos algoritmos de recomendaciones acaban siempre en contenido perverso, e incluso inocentes vídeos infantiles, según el medio newyorkino, acaban siendo recomendados a pedófilos.

La burbuja de los influencers se pincha

No me subo a ninguna ola: si siguen mis columnas sabrán que siempre he recelado del fenómeno de los influencers. Sí creo que existen unos pocos usuarios que son capaces de colocar productos en sus cuentas de Instagram. Pero funciona la excepcionalidad, así que la mayoría de los “influencers” influyen poco porque aportan poco. Las cuentas son prácticamente iguales entre sí y muy poco pegadas a un contexto local, justo los dos ingredientes imprescindibles para influir de verdad: personalidad y proximidad. Ante estas evidencias empieza a pasar lo obvio: la burbuja se pincha.

Todos tenemos culpa

Todos tenemos pecado, es cierto: he llamado a influencers y volveré a hacerlo, pero siempre de un modo muy medido. O eso creo. Puedo haberme equivocado como se han equivocado algunas agencias haciendo un uso abusivo de este recurso y trabajando, además, de un modo muy opaco: carecemos de un caché y un modo de fijar el contenido patrocinado normalizados. Y los soportes, que solo son agencias de publicidad, tampoco han jugado ni juegan con transparencia: “Ahora verás publicaciones de influencers en Instagram aunque no les sigas”, leemos en Trecebits. Es decir: veremos más publicidad.

¡Dejen de hablarme de algoritmos!

Pero si algo me cansa en especial es que intenten convencerme constantemente de la bondad del “algoritmo”, el “big data” y el “machine learning”. Hasta para cosas que solo necesitan contar con los dedos: unos investigadores han desarrollado aplicado todo esto a IMDB, la base de datos de cine. Y han concluido cosas interesantes sobre la recurrencia de algunos actores y brechas entre mujeres y hombres (conclusiones que por medio de un conteo salían igual), pero también han calculado si los mejores años de actrices y actores ya ha pasado. Yo me quedo con la intuición de directores y directoras para rescatar interpretaciones.

Las mentiras del domingo

Pedro García Aguado, que tiró su carrera deportiva por el retrete y ahora es “coach” televisivo, lanzó un tuit dando la enhorabuena a los líderes políticos que asistieron a la marcha del domingo, e incluyó a Ana Oramas. Su tuit tuvo casi mil retuits o “me gusta”. La política de Coalición Canaria le respondió que ni ella ni nadie de su partido había asistido. El desmentido supera por poco las 100 reacciones. Así que la mentira corre más. Pero no solo eso: las respuestas a Oramas eran, en su mayoría, para criticar su ausencia y su falta de apoyo a la unidad de España del trifachito.

Y la falsa foto

Insisto e insistiré: aunque “solo” fueran 45.000 los asistentes a la llamada de Casado, Rivera y Abascal, ya me parecen muchísimos. Pero viendo las fotos de los periódicos, me parecen más. En Twitter (que no son “los periódicos”), sin embargo ha corrido un vídeo de una manifestación multitudinaria que, como avanzan en Maldito Bulo, es de otra fecha: incluso aparece un edificio que ya no existe bajo un cielo azul que no era el del domingo en Madrid. Para aclararlo definitivamente, hicieron un montaje con imágenes reales del domingo y las del vídeo difundido, que pertenece a otra concentración.

Falsedades, también sobre las start-ups

No conocía a Javier López Menacho hasta ayer, cuando leí la pieza en El Confidencial sobre su libro: “La farsa de las startups: la cara oculta del mito emprendedor”, que tampoco he leído. Pero en la entrevista en el digital confirma lo que muchos intuíamos sobre la burbuja del emprendimiento y las empresas de base tecnológica: “Engañaron a muchos ilusos para salir de las listas del paro y emprender (…) Cuando para tener éxito necesitas mucha formación, mucho dinero (…) El prototipo de emprendedor exitoso es el prototipo de nuevo rico (…) Las start-ups pagan poco y mal”.

Y las redes, en su justa medida

Al respecto, este tuit de Xabi Álvarez ha tenido poca repercusión, será porque cuenta la verdad en toda su crudeza: “‘Ahora las startu-ps están muy centradas en Instagram’. Claro, dile al CEO de una start-up con un producto de visión artificial para control de calidad de piezas industriales que Gestamp le va a cerrar un pedido si se centra en Instagram. Es que nos merecemos todo lo que nos pase”. Y sé de lo que habla: las redes sociales son un buen complemento para todas las marcas, siempre con una medida muy estudiada. Una cuenta en Instagram, por sí misma, no arregla nada y puede romper algo.

Las cartas mediáticas, boca arriba

El artículo de Edmun Lee en el New York Times, “Digital Media: What Went Wrong”, es una clase magistral de qué ha pasado y qué está pasando en el mundo de los medios de comunicación con la publicidad on-line. El artículo está escrito ante la noticia de que BuzzFeed, el icono de los nuevos medios on-line, tiene que despedir a trabajadores para cuadrar las cuentas. La tesis de Lee es que para hacer rentable la comunicación en Internet el modelo es clásico: inversión en producto de alta calidad (con periodistas) e investigación para hallar nuevos modelos de monetización (tomando decisiones).