Para este año había pensado hecer una escapada cada mes, así que la duodécima del año tenía como destino la ciudad polaca de Krakow (Cracovia), decisión que tomamos al conocer que Wizzair, ponía a partir de diciembre un vuelo directo desde Bilbao a esta ciudad, de tres horas de duración, así que el 30 de agosto compré los billetes y fui el primero en reservar asientos. La fechas, del 13 al 16 de diciembre, pero tampoco pudo ser. Habría sido la tercera vez que visitábamos esta encantadora ciudad cuyo centro histórico forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1978, eligiendo para ello el Hotel Mercure Krakow Stare Miasto. Como cuando hablé de Polonia prometí hacer una entrada específica sobre Cracovia aprovecho esta oportunidad rememorando el viaje a Polonia de 2015, en el que nos alojamos en esta ciudad del 16 al 20 de junio, en el Hotel Campanile Krakow Old Town, muy bien situado por cierto. En Cracovia se come muy bien pero por las noches no faltaba la zurek, sopa servida dentro de una hogaza de pan.

El motivo de este viaje a Cracovia no era otro que visitar su coqueto mercado navideño que se celebra del 29 de noviembre al 1 de enero en la Plaza del Mercado (Rynek Główny), con una amplia variedad de productos artesanales y puestos de especialidades culinarias polacas, además de actuaciones de coros y espectáculos folclóricos. También hay que contemplar el árbol de Navidad colocado en la plaza. La otra actividad importante es presenciar la exposición de belenes carcovianos, Patrimonio Inmaterial de la UNESCO, que se colocan hasta finales febrero en el Palacio Krzysztofory.

Aunque pernoctamos en Cracovia cuatro noches, para utilizar esta ciudad como campamento base, solo un día, el 18 de junio, lo dedicamos a recorrer la ciudad, comenzando pasando frente a la iglesia de la Santa Cruz y el Teatro Juliusz Słowacki. Tra scaminar 600 metros desde el hotel llegamos a la Barbacana (Barbakan), la parte más interesante que se conserva de las fortificaciones medievales de Cracovia. Casi al lado tenemos la estatua de Jan Matejko y, un poco más adelante, la Puerta de San Florián, símbolo de la ciudad, la Torre de los Carpinteros (Baszta Stolarzy), la estatua de Mercurio y el Czartoryski Museum. La ruta continuó por la calle Florianska.

Nos detenemos en primer lugar en un puesto de Obwarzanek Krakowski, un pan en forma de anillo, similar a un bagel, pero trenzado y hecho con una masa que se hierve antes de hornearla. Cracovia cuenta con 120 iglesias católicas, visitando en primer lugar dos de ellas, comenzando por la de Santa Bárbara, gótica de finales del siglo XIV, que cuenta en su interior con la escultura la Pietà. La siguiente cita la tuvimos en la iglesia que más me gusta, la Basílica de Santa María, con sus dos elegantes torres y el retablo de Veit Stoss. Abre de lunes a sábado de 11:30 a 18 y domingos y festivos de 14 a 18 h. Casi al lado está la iglesia de Santa Bárbara y la estatua del estudiante pobre.

Sin darnos cuenta hemos llegado al lugar más visitado de Cracovia, la Plaza del Mercado (Rynek Główny), fundada en el siglo XIII y presidida por la Lonja de los Paños, el fastuoso palacio de Sukiennice construido 1257 pero reedificado en 1555 tras sucumbir en un incendio, que cuenta con numerosos puestos de artesanía y recuerdos. En la plaza están también, el monumento al poeta Adam Mickiewicz, la torre del siglo XIII del primitivo Ayuntamiento, el Museo Subterráneo (Rynek Underground Museum), la coqueta Iglesia de San Adalberto y la modernista escultura Eros Bendato, de Igor Mitoraj.

Todavía nos quedaban otras dos iglesias por visitar. Caminando 600 metros llegamos a la románica de San Andrés, del siglo XI, a la que se le añadieron dos torres barrocas en el siglo XVII. Su decoración interior también es barroca. Al lado tenemos de San Pedro y San Pablo obra maestra de la arquitectura barroca polaca, construida entre 1597 y 1619. Nuestro destino se encuentra 300 metros más adelante sobre una colina desde el siglo XI. Se trata del Castillo Real de Wawel. Los apartamentos reales abren de martes a domingo de 9:30 a 17 h, aunque no entramos por falta de tiempo. En el mismo recinto tenemos la Catedral de Wawel (abre todos los días de 9 a 16 h), la estatua de Juan Pablo II y la escultura ecuestre de Tadeusz Kościuszko, uno de los monumentos de bronce más conocidos de Polonia.

A unos 400 metros frente al castillo hacemos una pausa en la tradicional Cervecería Pod Wawelem. Pasmos frente a la iglesia de San Bernardino de Siena, barroca del siglo XVII y accedemos al Barrio judío de Kazimierz, una de las visitas imprescindibles en Cracovia, en el que Steven Spielberg rodó varias escenas de la película “La Lista de Schindler”. En primer lugar visitamos la Sinagoga Tempel, que cuenta con las únicas vidrieras judías de Polonia. En el mercado de Plac Nowy nos detenemos para comer algo muy típico de Cracovia, el Zapiekanka, una especie de pizza hecha en media baguete. A continuación nos acercamos a la Sinagoga de Isaac, que estaba cerrada, visitando el Museo Sinagoga Vieja, la más antigua de la ciudad.

Tras décadas de abandono, el barrio de Kazimierz ha sido protagonista de una espectacular recuperación urbanística, convirtiéndose en uno de los enclaves más modernos de la ciudad, así que decidimos concluir las visitas recorriendo pausadamente este barrio, cortejando al río Vístula y fotografiando a las parejas de novios que vienen a este lugar a hacerse el reportaje de la boda. Abundan también las terrazas de verano y las food trucks, pero si algo llamó mi atención fuel el monumento a las sillas, situado en la Plac Bohaterow Getta, (Plaza de los Héroes del Ghetto).que fue el escenario de las acciones más trágicas de la historia del ghetto de Cracovia, pues aquí se reunía a las víctimas de la deportación, que tenían que pasar horas sentadas en el suelo, sin agua ni comida, bajo el abrasador sol del verano de 1942. De allí tuvimos que caminar 2,2 km hasta el Campanile, yendo los últimos metros por el Parque Planty.

Como ya he comentado pasamos cuatro noches en Cracovia, siendo frecuente ir a cenar al entorno de la Plaza del Mercado, situado a unos 500 metros del Hotel, así que aproveché para fotografiar algunos edificios por la noche, destacando la Lonja de los Paños, la Basílica de Santa María y la Iglesia de San Adalberto. La visita nocturna del centro histórico de Cracovia merece realmente. Además los restaurantes cierran bastante tarde y hay ambiente nocturno hasta el amanecer. De hecho a las 7 de la mañana era frecuente ver pasar a gente por la puerta del hotel que venía de gaupasa.

La tarde del 19 de junio tuvimos la suerte de coincidir con un festival de folclore, dejándome subir al escenario para sacar las fotos. En Cracovia cuentan con una danza folclórica muy vivaz, de nombre Krakowiak. Concluyo esta entrega advirtiendo que en Polonia no hay euros, así que conviene comprar la moneda local, preferentemente en casas de cambio, dándote 4,24 złotys por cada euro. También hay que hacer notar que, aunque hay tres horas de vuelo, en Cracovia tienen la misma hora que en Leioa.

Por si alguien se anima a viajar a Cracovia a mediados de diciembre, amanece sobre las 7:30, poniéndose el sol hacia las 15:30 h. En esas fechas el tiempo ha sido soleado, con mínimas de -1-0 y máximas de 5-6 grados. Por el contrario, en verano pasamos bastante calor. Cracovia es un buen punto de partida para visitar otro tres lugares declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, los campos de concentración de Auschwitz, las minas de sal de Wieliczka y Kalwaria Zebrzydowska, además del Parque Nacional de los Tatras.