Escapada parisina (1)

He estado unas cuantas veces en París, llegando a la capital francesa de diferentes formas: en coche, en tren litera y en TGV desde Hendaia y en avión desde los aeropuertos de Biarritz y Bilbao. Eso si, creo que nunca lo había hecho de forma tan económica, pues el vuelo de Vueling solo me costó 45,98 euros ida y vuelta: 8,01 la ida, -1,85 la vuelta (es correcto lo de menos) y 39,82 de tasas de aeropuerto, cuatro euros menos que el taxi para llegar de CDG al hotel en el que nos hemos alojado, el Motel One Port Dorée, un poco alejado del centro, pero muy bien comunicado por metro y tranvía. Además cuenta con una agradable terraza chillout que se asoma al bosque de Vincennes, muy relajante cuando llegas agotado de “patear” la ciudad. Está situado al lado del Palais de la Porte Dorée, que alberga el Museo Nacional de Historia de la Inmigración y el Acuario Tropical. A 5 minutos andando se encuentra el metro de Port Dorée y varios restaurantes.

París es una ciudad caótica y casi permanentemente colapsada debido al intenso tráfico que soporta (del aeropuerto CDG al hotel tardamos una hora). Por ello, la forma más cómoda y rápida para desplazarse es el metro, con el tranvía en segunda posición. El billete del transporte público en la ciudad cuesta 1,90 euros, aunque puedes comprar 10 billetes por 14,90, que valen para metro, tranvía, RER, autobús y funicular. Hemos visto lo bien que funciona Google, pues le indicas el origen y el destino y te proporciona la forma de llegar a pie, en coche, en transporte público, en taxi, en bici y en patinete. En el caso del metro, te informa de las conexiones con indicación del destino y la estación adecuada, además de la boca por la que debes salir, algo muy importante. También te notifica si vas a ir de pie o sentado. Todo muy práctico.

Si París es caótica para moverse en coche, el peatón también los tiene complicado, pues tiene que compartir la acera con todo tipo de artilugios: bicis, patinetes, motos eléctricas… que dejan abandonados en cualquier lugar tras utilizarlos. Además, no suelen respetar los carriles bici ni los semáforos. Los minusválidos lo tienen peor, porque ni el metro ni los baños de muchos bares son accesibles para ellos. En el centro de la ciudad no hay calles peatonales y algunos semáforos no funcionan, por lo que acceder al Louvre o cruzar la plaza de la Concordia supone un gran riesgo. Menos mal que ya he vivido esa emoción al cruzar la calle en ciudades como Hanoi (Vietnam) o Dacca (Bangladesh).

11 de septiembre. Tras instalarnos en el hotel cogemos el metro y nos dirigimos a la Gare de Lyon, en cuyo primer piso se encuentra un restaurante que nos recomendó una amiga. Se llama “Le train bleu”, para el que conviene tener reserva (www.le-train-bleu.com/fr). Es un lugar cargado de historia, al estilo de los salones de los palacios. Eso si, no es nada barato. Nosotros optamos por el menú de 65 euros más bebida, que se pone en unos 90, pidiendo paté y foie gras de pato, de primero y bacalao al vapor, de segundo, que me encantó. De postre, una tabla con seis clases de quesos. Realmente el sitio merece la pena, sobre todo por el decorado. Como se hizo un poco tarde, para regresar al hotel optamos por el taxi (10 €), pues la parada se encuentra en la puerta de la estación.

12 de septiembre. Las veces que he estado en París dejamos los museos para cuando hiciera mal tiempo, pero como siempre hizo muy bueno, no conocía casi ninguno. Es por ello que en esta escapada seleccionamos cuatro, siendo el primero el Atelier des Lumières, que además era el principal objetivo de este viaje. Se encuentra en una antigua fábrica de fundición y propone monumentales exposiciones digitales. Con 140 videoproyectores, este equipamiento multimedia único en su estilo ocupa 3.300 m² de superficie, del suelo hasta el techo, de hasta 10 metros de altura. Una vez en el interior puedes estar el tiempo que quieras, deleitándote con las tres proyecciones consecutivas, destacando “Van Gogh, la noche estrellada” y “Japón soñado, imágenes del mundo flotante”. Disfrutamos con este espectáculo tan original. El precio de la entrada es de 14,50 €, uno menos los mayores de 65 años. Abre de 10 a 18 h y la estación de metro más cercana es Rue Saint-Maur. Más información en www.atelier-lumieres.com.

Para no perder tiempo, comimos un bocadillo en la zona y de nuevo al metro, hasta la estación de Alma-Marceau. Decidimos acercarnos a orillas del Sena, pero antes nos detuvimos atraídos por el brillo de la Flamme de la Liberté (la Llama de la Libertad). Entonces descubrimos que estábamos sobre el túnel de Alma, en el que perdió la vida Diana de Gales. Son muchas las personas que se acercan a este lugar para dejar flores en homenaje a la princesa. Dos días después pasaríamos frente al Hotel Ritz, donde comenzó su mortal viaje.

Mi mujer tenía muchas ganas de visitar el Museo de la Moda, que dirige la bilbaína Miren Arzalluz, pero el Palais Galliera, en el que está ubicado, está cerrado por restauración. Por este motivo optamos por el Musée Yves Saint Laurent (https://museeyslparis.com). El Museo Yves Saint Laurent de París expone el trabajo del modisto en el sitio histórico de su antigua casa de moda, a través de un itinerario retrospectivo y exposiciones temáticas temporales. La entrada cuesta 10 €. Tengo que reconocer que no soy mucho de museos y menos de moda, pero éste me ha gustado.

Dado que estamos cerca, para concluir la jornada caminamos por la orilla del Sena desde el puente de Alma hasta la Tour Eiffel, visita que no puede faltar en un viaje a París. La torre está ahora completamente blindada y el jardín situado frente a ella cerrado al público para que se recupere la hierba, algo que no me extrañó dado la cantidad de gente que tiene que soportar, como puede percibir en el Champ de Mars, situado más adelante, por el que caminamos hasta el “Muro para la paz”. Enfrente tenemos la place Joffre, con la monumental Escuela Militar. Subir a lo alto de la torre en ascensor (276 m) cuesta 25,50 € (www.toureiffel.paris/es).

Viernes, 13 de septiembre. Al llegar al metro vemos que está cerrado. No sabíamos que había huelga general de transporte contra Macron. Solo funcionan un tercio de los autobuses y tranvías y las líneas 1 y 14 de metro, que son automáticas y no llevan conductor. Dice la prensa que es la más dura de la historia. Las calles están llenas de bicicletas y patinetes. Menos mal que una buena samaritana parisina nos acompaña a la línea 3a del tranvía que enlaza con la línea 1 de metro, que nos lleva hasta la estación Palais Ryal-Musée du Louvre. La entrada al Museo del Louvre cuesta 17 euros (www.louvre.fr), accediendo a su interior por la Pirámide. Damos un rápido repaso a las antigüedades egipcias, romanas y griegas, la pintura italiana y francesa y contemplamos algunas famosas esculturas como la Venus de Milo o la Victoria alada de Samotracia. Aquí se podrían pasar días, pero ya he comentado que no soy mucho de museos.

Hemos cometido el error de ir siguiendo a la gente cuando entraba en el Museo del Louvre, sin saber que hay dos accesos y que conviene ir primero a la entrada Richelieu, que es donde se encuentra la Gioconda, pues hemos tenido que soportar una larga cola para verla un momento, eso si, está bien gestionado pues en unos 15 minutos hemos pasado los diferentes laberintos, rodeados de obras de arte, para plantarnos durante unos segundos ante el pequeño y blindado “Retrato de Lisa Gherardini”, más conocido como “La Gioconda” o “La Mona Lisa”, de Leonardo Da Vinci. Es un óleo sobre tabla de álamo de 77×53 cm, pintado entre 1503 y 1519 y retocado varias veces por el autor. En la imagen se puede comprobar su tamaño real, comparado con otras obras ubicadas tras ella. Se puede fotografiar sin flash. La escapada parisina continúa.

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