Hago un alto en el camino en el viaje por el Perigord para quedarme por un momento en Bilbao, pues a veces viajamos por numerosos lugares y no conocemos lo que tenemos al lado de casa, cosa que me ha sucedido a mí. El último día de la Aste Nagusia de Bilbao, antes de coger el Metro para Leioa, tuve ocasión de acceder al BBVA de la plaza de San Nicolás, situado al lado, para visitar la magnífica exposición “Clásicos y modernos. Obras maestras de la Colección BBVA” que, con acceso gratuito estará abierta hasta el 12 de octubre, todos los días de 11 a 19 h. Esta exposición está organizada en colaboración con el Museo de Bellas Artes de Valencia.
Esta exposición nos permite conocer el monumental interior de la histórica sede del Banco de Bilbao en la plaza de San Nicolás, un palacete de estilo neoclásico de aire francés, construido entre 1865 y 1868. Una vez en su interior podemos contemplar una cuidada selección de 39 obras, que habitualmente están colgadas en diferentes sedes de BBVA repartidas por el territorio español, una propuesta cultural que responde al compromiso del banco de acercar al público su rico patrimonio artístico.
Las obras que podemos contemplar datan de una amplia época, pues van desde el siglo XVI hasta comienzos del siglo XX. La exposición cuenta con tres apartados: “El tiempo de los reyes y los dioses” (siglos XVI al XVIII), “El triunfo de los paisajes, bodegones y costumbres” (siglos XVII-XVIII) y, finalmente, “Los caminos de la modernidad” (siglos XIX al XX). Os comienzo mostrando en primer lugar “Felipe III” de Juan Pantoja de la Cruz (1605) y “Carlos II”, de Juan Carreño Miranda (1675). A la derecha, “Mujer con abanico”, de Francisco Iturrino (1910).
No pretendo mostrar todas las obras, pues creo que la exposición merece ser visitada, así que he seleccionado otros catro cuadros, siendo los dos primeros del archifamoso Francisco de Goya y Lucientes. A la izquierda tenemos “Carlos III cazador” (1787-1788), que recuerda el pasatiempo favorito del soberano, y a la derecha “Don Pantaleón Pérez de Nenín”, nacido en Bilbao en 1779 en el seno de una familia de comerciantes acomodados (1808).
Concluyo esta entrega con otros dos lienzos, correspondiendo el de la izquierda a “Retrato de Antonio García Peris, suegro del artista”, de Joaquín Sorolla (1908), fotógrafo y protector de Sorolla en sus comienzos. Finalmente, a la derecha “Retrato de Mr Halley-Schmidt” de Ignacio Zuloaga (1923). Realizado en París por el pintor eibarrés, representa al odontólogo norteamericano Mr. Halley-Schmidt en un campo de golf, deporte que había empezado a extenderse entre la burguesía adinerada, a la que Zuloaga estuvo vinculado.
Los miércoles a las 17:30 h y los sábados a las 12:00 h, se organizan visitas guiadas gratuitas en castellano, previa inscripción en exposiciones@sedena.es o a través del teléfono 610 382 447, de lunes a viernes de 10 a 13 y de 14 a 19 h.
Aunque generalmente realizamos las escapadas de lunes a viernes, la sexta del año tuvo lugar del 20 al 24 de junio para “escapar” de las fiestas de Leioa. El destino fue el Périgord, una antigua provincia del suroeste de Francia, situada al nordeste de la región de Nueva Aquitana. Aunque la zona es algo más amplia, nosotros nos concentramos en el departamento de Dordogne. No recorríamos esta zona desde la Semana Santa de 2008, eligiendo en esta ocasión para pasar las cuatro noches el Hotel Ibis Styles Perigueux Trelissac ***, situado a unos 5 km de Périgueux, la capital departamental y a 480 km de Leioa, realizando todo el viaje por autopista. El hotel nos resultó muy cómodo, máxime cuando elegimos la habitación con climatización, pues la temperatura osciló todos los días entre los 35 y los 37 grados. Últimamente el calor nos persigue. Los viernes, sábados y domingos el restaurante está cerrado, así que las dos primeras noches nos desplazamos a cenar al restaurante Le Petit Caruso, situado a menos de 1 km, pero que también cierra los domingos.
Aunque hacía muchísimo calor, a media tarde, nada más instalarnos en el Hotel, nos desplazamos a Périgueux, una ciudad que ronda los 30.000 habitantes y capital del “Périgord Blanco”, así llamado por el color de la piedra de sus edificios. Dejamos el coche en el aparcamiento de la Esplanade du Souvenir, frente al Museo de Arte y Arqueología del Périgord y cerca del grupo escultórico de Los Mensajeros, caminando por las sombreadas calles del centro histórico medieval, a la oficina de turismo, sita en 9bis Pl. du Coderc. Antes de que cerrara fuimos a la cercana Catedral, acercándonos también a la Torre Mataguerre, resto de la antigua muralla y al L’Eschif de Creyssac, curioso edificio construido en el siglo XIV, situada cerca del río L’Isle.
Por ser lo más importante de Périgueux, he dejado para el final la primera visita, la Catedral Saint Front, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde 1998, como parte de las rutas a Saint-Jacques-de-Compostelle en Francia. La Catedral está construida sobre la tumba de San Front de Périgueux, el legendario evangelizador de Périgord. Fue reconstruida casi en su totalidad en el siglo XIX por Paul Abadie, combinando los estilos bizantino y románico y sirviendo de modelo para construir la del Sagrado Corazón en París. Qué gusto nos dio regresar al aire acondicionado del hotel para concluir la primera jornada.
Iniciamos el 21 de junio desplazándonos 66 km hasta Sarlat-la-Canéda, la capital del “Périgord Negro”, así llamado por las encinas y las minas de carbón, al que dedicamos esta segunda jornada. Procuramos ir pronto pues los sábados es día de mercado y en esta localidad no cabe un alfiler. Tuvimos la suerte de poder aparcar cerca del centro, dirigiéndonos a continuación, a la oficina de turismo, sita en la arteria principal de Sarlat, en 3 Rue Tourny, en el antiguo Palacio Episcopal. De camino fuimos viendo todo tipo de puestos, que ocupan varias calles, estando dedicada la place Liberté a los productos alimenticios. A esta plaza se asoma el mercado cubierto, que ocupa la antigua iglesia de Sainte-Marie.
Sarlat presume de ser la ciudad medieval con más monumentos históricos de Francia. Las fachadas de sus edificios son de color ocre y los tejados oscuros, muy característicos del Périgord Negro. Una de las casas más señoriales es la Maison de la Boétie, lugar de nacimiento en 1531 del escritor Etienne de la Boétie. También merecen ser citados el Manoir de Gisson y el notable Ayuntamiento, el sábado casi oculto por los puestos del mercado. También nos acercamos a la plaza del Mercado de las Ocas en honor a este animal tan representativo del Périgord y a la fuente de Sainte-Marie, construida en una cueva natural en el siglo XII para proporcionar agua a los habitantes de esta ciudad.
También he dejado para el final el primer y único edificio cuyo interior visitamos. Se trata de la Cathédrale Saint-Sacerdos, el edificio religioso más representativo de Sarlat. Aunque se reutilizaron partes de la antigua abadía románica, la Catedral es de estilo gótico, conservando el campanario románico del siglo XII, que es la parte más antigua, pues la mayoría se construyó a partir del siglo XVI. Merece la pena disfrutar del interior del templo, que cuenta con sillería del siglo XII, retablos de los siglos XVII y XVIII y el órgano de Jean-François Lépine, del siglo XVIII.
La siguiente cita la tuvimos a 13 km en uno de los “pueblos más bellos de Francia”, Domme, Bastida Real del siglo XIII creada por Felipe III. Hay que dejar el coche en un amplio aparcamiento situado fuera de la muralla, a donde luego regresamos a comer de bocadillo, teniendo que subir una pronunciada cuesta hasta la monumental Porte de Tours, del siglo XIII, que nos da acceso al interior del recinto amurallado. Pasando junto al Hotel du Governeur, del siglo XV, llegamos a la place de la Halle, donde se encuentran el Ayuntamiento y la oficina de turismo, que ocupa parte del Halle de Domme, desde la que se accede a la cueva de Domme, que no visitamos. Casi al lado está la iglesia parroquial y un buen mirador sobre el acantilado del valle de la Dordogne, que bordeamos para llegar al molino.
Avanza la tarde cuando nos desplazamos tan solo 5 km hasta La Roque-Gageac que presume de ser uno de los lugares más visitados de Francia, tras el Mont Saint-Michel y Rocamadour. Desde el amplio aparcamiento, junto al que se encuentra la oficina de turismo, se tiene una buena vista de la iglesia del siglo XV y del fuerte troglodítico construido en el siglo XII. Una empinada cuesta nos dio acceso a la parte superior del pueblo, algo que no habríamos hecho aquí sobre las 5 de la tarde con 37 grados (¡qué dura es la vida del turista!), volviendo a descender hasta la zona del Chateau Malartrie, que no es antiguo, pues data del siglo XIX. Deshidratados decidimos regresar caminando por la orilla del río Dordogne, por el que organizan paseos en gabarras tradicionales. De camino mi mujer vio un comercio al que entró para comprar agua. En qué condiciones nos verían que nos la regalaron. Luego nos tomamos un café con hielo y nos obsequiaron con dos grandes vasos de agua fría.
Nuestra siguiente cita está también a tan solo 5 km. Se trata de Beynac et Cazenac, que forma parte de “les plus beaux villages de France” (Los pueblos más bellos de Francia). Entre que hace mucho calor, es tarde, la oficina de turismo está ya cerrada y las casas serpentean por la ladera de la montaña, optamos por pasarlo de largo y subir con el coche a fotografiar el castillo, una austera construcción medieval que domina el río Dordogne desde una altura de 150 metros. Durante la Guerra de los Cien Años, se utilizó como plaza fuerte francesa, sirviendo el río Dordogne de frontera entre Francia e Inglaterra.
Realmente hemos concluido las visitas pero, como los tenemos cerca, nos desplazamos a fotografiar dos castillos, primero el de Milandes, situado a 10 km, construido en 1489 por François de Caumont, señor de Castelnaud y que luego fue residencia de Josephine Baker. Cuenta con interesantes jardines, pero lo que vimos fue una concentración de antiguos vehículos Citroen. A 7 km tuvimos el siguiente castillo, el de Castelnaud, que domina también desde 150 metros de altura el río Dordogne y alberga el Museo de la Guerra en la Edad Media.
De esta forma concluyó nuestra segunda jornada en el Périgord. Por delante tuvimos 68 km (1h 10 min) para regresar al hotel ¡Qué gozada entrar en la habitación con el aire acondicionado! Todavía nos queda mucho por recorrer, pero de ello espero hablar dentro de dos semanas. El viaje continúa.
Concluyo el relato del quinto viaje del año con destino a tierras italianas, realizado del 10 al 14 de junio, que dejaba hace dos semanas tras recorrer algunos museos de Florencia. El 13 de junio aprovechamos para desplazarnos a Bolonia/Bologna, cosa que hicimos en un tren Italo de alta velocidad, en 39 minutos, partiendo de la estación Firenze Santa Maria Novella. Nada más llegar a la estación Bologna Centrale nos encontramos con la Porta Galliera, imponente puerta renacentista de la ciudad, donde tomamos la Via dell’Indipendenza para caminar durante algo más de un kilómetro, bajo los pórticos tradicionales de la ciudad, hasta nuestro siguiente destino, la piazza Nettuno.
La preciosa Fuente de Neptuno, erigida como símbolo del poder papal de la segunda mitad del siglo XVI, nos dio la bienvenida al rincón más hermosa del centro histórico, pues a la plaza del mismo nombre se asoman los palacios del siglo XIII del Notai y del Re Enzo. También se encuentra la Biblioteca Salaborsa, que forma parte del Palazzo d’Accursio, que se encuentra principalmente en la anexa Piazza Maggiore, en la que también está el Palazzo del Podestà, del que sobresale por detrás la tercera torre boloñesa, la del Arengo, también del siglo XIII. Enfrente tenemos la Basílica de San Petronio.
Desde la Piazza Maggiore a continuación accedimos al interior de Palazzo Comunale también llamado Palazzo d’Accursio, por formar parte de él la casa de Accursio, antiguo maestro de leyes boloñés. Se pasa por una elegante entrada de estilo boloñés que nos conduce a un patio interior, desde el que subimos por una curiosa escalera al superior, en el que se encuentran los grandes atractivos de este edificio, la Sala d’Ercole y la Sala Rossa.
La siguiente cita también la tuvimos en la Piazza Maggiore. Se trata de la Basílica de San Petronio, dedicada al patrón de Bolonia. Su aspecto exterior no es atractivo pues está inacabado, pese a que su construcción se alargó desde 1393 hasta 1658. El acceso a su interior gótico se realiza por la parte decorada con mármol, destacando el ciborio del altar mayor, erigido en 1547 por Vignola y, sobre todo, la capilla Bolognini, con sus paredes completamente pintadas al fresco por Giovanni de Módena. Abre todos los días de 8:30 a 13:30 y de 15:00 a 18:30 h, siendo la entrada gratis.
Al otro lado de la Basílica de San Petronio se encuentra un rincón muy coqueto, la piazza Galvani, en la que se encuentra la estatua de Luigi Galvani, que fue un médico, fisiólogo y físico italiano, nacido en 1737 en Bolonia. A la plaza se asoma un lugar bastante desconocido que alberga la Biblioteca Comunale dell’Archiginnasio y el Teatro Anatomico. La biblioteca se encuentra en el Archiginnasio, que es uno de los palacios más importantes de Bolonia y fue la sede de la Universidad de Bolonia entre 1563 y 1803. Cuenta con dos niveles con un patio interior, siendo visible en el piso superior el Teatro anatómico.
La siguiente cita la tuvimos a casi un kilómetro, regresando primero a la piazza de Neptuno y luego caminando por la vía Ugo Bassi. Se trata del Mercado delle Erbe (Mercado de las Hierbas), un lugar pequeño pero coqueto dedicado principalmente a puestos de frutas, verduras, hortalizas y quesos. Una parte del mercado está ocupado por pequeños restaurantes así que, como “se echó la hora”, aprovechamos para comer en este lugar. El mercado abre de 7:00 a 19:30 h.
Buscando la sombra y aprovechando los soportales porque hacía calor, caminamos 800 metros para dirigirnos a uno de los lugares más fotografiados de Bolonia, las torres Asinelli y Garisenda (la inclinada), de 97,20 y 47 metros de altura respectivamente, que se alzan sobre la piazza di Porta Ravegnana. Aprovechamos para recorrer una pequeña parte de los 62 km de pórticos con que cuenta Bolonia, que desde 2021 forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Nuestro siguiente destino fue la Casa Isolani, construida hacia el año 1250, cuyo pórtico de madera es conocido como “portico delle tre frecce” (pórtico de las tres flechas), por los 3 dardos incrustados en la madera, sobre los que existen varias las leyendas que explican su presencia.
Atravesando la Casa Isolani llegamos a la Piazza Santo Stefano, donde se encuentra un curioso e interesante lugar del que hasta este viaje no había oído hablar, pese a ser la tercera vez que visitamos Bolonia. Se trata de las “Siete iglesias”, cuna de la iglesia boloñesa. Entrando por la Basílica de San Esteban se accede a un complejo, en el que sucesivamente se va pasando por las iglesias del Crucifijo, de origen lombardo, del Calvario y de los SS. Vitale y Agrícola, así como la iglesia de la Trinidad, restaurada entre los siglos XII y XIII. También se pueden admirar el Patio de Pilato y el Claustro de los siglos X-XIII, una de las mejores creaciones del estilo románico emiliano. Un lugar que no podemos dejar de visitar. Además el acceso es gratuito. Abre de martes a domingo de 9:30 a 12:30 y de 14:30 a 19:00 h.
Nuestro recorrido por Bolonia concluye donde empezó, en la estación Bologna Centrale, a la que llegamos caminando bajo los pórticos de la Via Indipendenza, la gran calle comercial de la ciudad. Me encanta Bolonia, ciudad estudiantil por excelencia sin el agobio turístico de Florencia a donde llegamos en tren. Al llegar a la habitación del Eurostars Florence Boutique me encontré con una agradable sorpresa de cumpleaños con el que me obsequiaron, aunque fue mejor el regalo de que al día siguiente nos dejaran prorrogar la estancia hasta las 15 h, pues de allí nos dirigimos al aeropuerto para coger el vuelo de Volotea de Florencia a Bilbao. La mañana del 14 de junio la dedicamos a visitar la Galería de los Uffizi (Gallerie Degli Uffizi), de la que ya os hablé hace dos semanas, despidiéndonos de la ciudad con un buen plato de espaguetis, frente a la iglesia de Santa Croce.
Tras poco más de dos horas de vuelo estábamos en el aeropuerto de Bilbao, poniendo fin a un intenso y caluroso viaje por tierras italianas. Próximo destino: el Perigord francés, del que espero hablar dentro de dos semanas.
Continúo el relato del quinto viaje del año con destino a tierras italianas, realizado del 10 al 14 de junio, que dejaba la pasada semana tras visitar las principales iglesias de Florencia, ciudad que seguimos recorriendo el día 12 de junio, comenzando en la plaza más bonita y emblemática de la ciudad que teníamos a sólo 1 km del hotel. Se trata de la Piazza della Signoria, contemplando nada más llegar a ella la monumental Fuente de Neptuno, realizada por Bartolomeo Ammannati en el siglo XVI. Casi al lado se encuentra la estatua ecuestre de Cosme I, obra de Giambologna en 1594. Un lateral de la plaza lo ocupa la Logia dei Lanzi, también llamada Logia della Signoria, que es un pequeño museo al aire libre pues en sus soportales se encuentran diversas esculturas como El Rapto de las Sabinas o Perseo con la cabeza de Medusa. Sin embargo lo que más me llamó la atención por estar en medio de la plaza, es la estatua de una joven negra mirando su teléfono móvil, de unos cuatro metros de altura, realizada en bronce dorado por el escultor británico Thomas J. Price.
A la Piazza della Signoria se asoma uno de los emblemas de Florencia, el Palazzo Vecchio (Palacio Viejo), construido entre 1299 y 1314 con forma de castillo y con una torre de 94 metros de altura, para convertirse en la residencia y el lugar de trabajo de los funcionarios de la república. Frente a él se encuentra la escultura más fotografiada de la ciudad, la réplica del David de Miguel Ángel y, enfrente la escultura de Hércules y Caco. Para acceder al interior del palacio hay que pasar entre las de Adán y Eva.
Nuestra ruta continuó por la Via dei Calzaiuoli, una calle peatonal llena de tiendas, que nos condujo a nuestro siguiente destino situado a 280 metros, la Piazza della Repubblica, tipo Plaza Mayor, que cuenta con un carrusel en uno de sus lados. A continuación emprendimos la marcha hacia el Puente Viejo, situado a 400 metros, caminando por la Via Calimala, haciendo un alto en el camino en Mercato del Porcellino, una Logia del siglo XVI convertida en pequeño mercado artesanal de productos de piel, que abre todos los días de 9 a 18:30 h. En uno de sus lados se encuentra el Porcellino (cerdito), una fuente de bronce que representa a un jabalí, con el hocico muy pulido de tanto sobarlo.
Nuestro siguiente destino es otro de los emblemas de Florencia, el Ponte Vecchio (Puente Viejo), construido sobre el río Arno a mediados del siglo XIV. En los siglos siguientes sus casas colgantes estaban ocupadas por carniceros, pero cuando la corte se trasladó al Palacio Pitti, Fernando I ordenó cerrar las tiendas por el mal olor, convirtiéndose desde entonces en joyerías. La parte alta del puente corresponde al Corredor Vasariano, construido para unir el Palazzo Vecchio con el Palazzo Pitti sin salir a la calle. Ahora se puede visitar previo pago. Desde el Ponte Vecchio contemplamos los dos puentes que tenemos a su lado, el de Santa Trinita y el de Grazie, con la Porta San Niccoló al fondo.
Con los 37 grados que había, optamos con modificar nuestro programa, por lo que decidimos cruzar el puente para buscar refugio en el Palacio Pitti, distante 350 metros. Su construcción se realizó en la segunda mitad del siglo XVI por encargo del comerciante florentino Luca Pitti, amigo de Cosimo de Medici, siendo realizada por Luca Fancelli. Su interior alberga varios museos, siendo el más importante la Galería Palatina, que originalmente fue la pinacoteca de los Medici. Como no teníamos prisa, compramos la entrada conjunta para todos los museos.
Seguimos recorriendo la Galería Palatina, que guarda las principales colecciones de arte de los Medici, con obras de Rafael, Tiziano, Tintoretto, Rubens…, además de magníficos frescos de Pietro da Cortona. Luego visitamos la Galería de Arte Moderno, con su rica colección de esculturas y pinturas de los siglos XVIII a comienzos del XX. Mi mujer quería visitar también el Museo de los Trajes (Galleria del Costume), pero estaba cerrado.
Nos dio mucha pereza tener que salir a comer del museo, pues su cafetería estaba abarrotada, pero la entrada permitía volver a entrar, así que, tras la comida, regresamos. A continuación cometimos el error de dirigirnos al Jardín de Boboli, también incluida en la entrada, pues tuvimos que subir una empinada cuesta hasta la Fuente de Neptuno bajo un sol de justicia, desde donde contemplamos la estatua La Abundancia. Estamos en la zona verde más grande de Florencia, pero no nos dijo nada y regresamos al palacio en el que, por poco, no visitamos otro de los museos más interesantes, el del Tesoro dei Granduch (Grandes Duques), que ocupa las salas del que fue el apartamento de verano de la familia Médici. Concluida la visita regresamos caminando al Eurostars Florence Boutique, distante 2 km, con escala técnica para tomar un café con hielo en una terraza de la Piazza della Signoria. Menos mal que la ruta fue sombreada.
El día siguiente, 13 de junio, nos desplazamos a pasar el día a Bolonia, pero de ello os hablaré más adelante, así que paso al 14 de junio, fecha de nuestro regreso a casa. Como el vuelo nos salía hasta la tarde, compré la entrada para las 10:45 h de la Galería de los Uffizi (Gallerie Degli Uffizi), distante 1 km del Hotel. Este museo guarda una de las colecciones de pintura más ricas y famosas del mundo, por lo que lo quería volver a visitar, junto con las 8.000 a 10.000 personas que lo hacen a diario. La construcción del edificio comenzó en 1560 por orden de Cosme I de Medici para sustituir al Palazzo Vecchio como residencia. Comenzamos viendo estatuas griegas y romanas y numerosos cuadros.
La Galería de los Uffizi cuenta con 50 salas que albergan pinturas realizadas entre los siglos XIII y XVIII, siendo la parte más famosa la referente al renacimiento italiano, con obras de Botticelli, Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rafael o Tiziano. Entre otras obras contemplamos varios Cristos del siglo XIII, Adán y Eva, de Lucas Cranach el Viejo, La coronación de la Virgen, de Filippo Lippi, Crucifixión, de Pietro Perusino, Venus con el perro y cupido de Tiziano y Mujeres en el baño.
No he disfrutado en esta ocasión de la Galería de los Uffizi, pues había muchísima gente. Algunos cuadros tenían delante dos grupos de unas treinta personas, por lo que no me resultó fácil tomar las fotos que ilustran esta entrega, pues me tenía que infiltrar para llegar a primera fila. Pese a ello y a modo de resumen os muestro cinco obras que son especialmente conocidas. De arriba abajo y de izquierda a derecha, El Nacimiento de Venus (Sandro Botticelli, 1484), La Anunciación (Leonardo da Vinci), Adoración de los Magos (obra inacabada de Leonardo da Vinci, 1481), Virgen del jilguero (Rafael, 1506) y La Venus de Urbino (Tiziano, 1538). Me gusto más el Palacio Pitti, pues pude disfrutarlo mejor.
De esta forma concluyó nuestra visita a Florencia (Firenze). Me queda pendiente el relato de Bolonia, del que espero hablar dentro de dos semanas. El viaje continúa.
Con bastante retraso, inicio el relato del quinto viaje del año con destino a la italiana ciudad de Florencia (Firenze), realizado del 10 al 14 de junio. He visitado esta ciudad en tres ocasiones, pero no lo hacía desde el año 2015. El vuelo de Volotea nuevamente salió con retraso, así que llegó bastante más tarde de las 22:55, hora a la que tenía prevista su llegada, pero ni tan mal, pues conseguimos aterrizar en Florencia, no como el sábado anterior que voló a Pisa, teniendo luego una hora de viaje en autobús. También tuvimos la suerte de que, aunque el aeropuerto estaba a punto de cerrar, había un taxi de guardia que nos trasladó al Hotel Eurostars Florence Boutique ****, en el que nos alojamos las cuatro noches. Fue un buen acierto pues tenía un buen aire acondicionado, estaba a solo 550 metros de nuestro primer destino, la Basílica de Santa Croce y desde su terraza había una excelente vista del centro histórico, de donde sobresalía el Duomo.
Con muchísimo calor, el 11 de junio empezamos a patear la ciudad, siendo el primer destino la Basilica di Santa Croce, frente a la que se encuentra la estatua de Dante Alighieri. En este entorno cenamos las tres noches siguientes. Consagrada el 6 de enero de 1443, tiene 115 metros de longitud y 38 de anchura, lo que la convierte en la iglesia franciscana más grande del mundo. En sus capillas hay frescos de artistas como Giotto, Brunelleschi o Donatello, aunque si algo caracteriza a este templo son las casi 300 tumbas con que cuenta. Algunos de los personajes más conocidos aquí enterrados son Galileo Galiei, Maquiavelo, Lorenzo Ghiberti o Miguel Ángel.
La Basílica de Santa Croce cuenta con una amplia zona museística ubicada en torno al claustro Mayor, diseñado por Filippo Brunelleschi, que también alberga la Capilla Pazzi, otra obra maestra de Brunelleschi, que destaca por su arquitectura renacentista. Se construyó como recinto funerario de una de las grandes familias florentinas del renacimiento, los Pazzi, y como sala para los franciscanos. Una de las obras más interesantes es el Crucifijo de Cimabue. La entrada cuesta 10 €.
Concluida la visita a la Basílica, empezamos a recorrer el centro histórico pasando junto al Museo Nazionale del Bargello que cuenta con un monumental edificio y varias ubicaciones. Nuestro destino era la piazza del Duomo, abarrotada de gente que hacía una larga cola para acceder al interior de la Catedral, una de las más grandes del mundo, cuya entrada es gratuita. Como ya estuvimos en un viaje anterior, nos limitamos a contemplarla desde fuera. Lo mismo hicimos con el Battistero di San Giovanni, revestido de mármol, y el Campanile de Giotto, de 82 metros, pudiéndose acceder a lo alto tras subir 414 escaleras.
Los cuatro días que estuvimos en Florencia la temperatura máxima osciló entre los 37 y 38 grados, así que optamos por el plan B, que solemos hacer cuando llueve: visitar iglesias y museos. Como la teníamos cerca optamos por la Basílica de San Lorenzo, sacando una entrada conjunta para tres de sus cuatro lugares visitables, siendo el primero la Biblioteca Medicea Laurenziana, una de las joyas ocultas de Florencia, que cuenta con una espectacular sala de lectura, a la que se accede desde el primer piso de un claustro. A continuación tocó descender a la Cripta de los Médici, convertida en un museo.
Tuvimos que salir a la calle para acceder a San Lorenzo, la iglesia parroquial de los Médici, una familia de banqueros rica y poderosa, que gobernó Florencia durante casi tres siglos. Es una de las iglesias más antiguas de Florencia, aunque su fachada está sin terminar. En su interior destacan el tabernáculo de mármol, las capillas de los Ginori, Mayor y Martelli, en la que hay obras de Donatello, Filippo Lippi y Desiderio da Settignano y, por supuesto, la Sacristía Vieja de Brunelleschi.
La entrada conjunta para la iglesia, la biblioteca y la cripta no sirve para otra zona de la iglesia con acceso separado, que pertenece al Museo Cappelle Medicee, donde se encuentra la espectacular Capilla de los Príncipes (Capella dei Pricipi), una sala octogonal convertida en mausoleo de los Grandes Duques de Toscana y sus familias, obra del arquitecto Matteo Nigetti. Aquí también se encuentra la Sacristía Nueva, obra de Miguel Ángel (Sagrestia Nuova), construida en el siglo XVI como panteón de los Medici. Lo más curioso es que cada tumba tiene en su base un par de estatuas, masculina y femenina, reclinadas.
Empachados de tanta cultura, decidimos acercarnos al Mercato Centrale, que se encuentra a tan solo 170 m. La calle que le da acceso, la via dell’Ariento, está repleta de puestos de venta de prendas de piel: cinturones, bolsos…, algo muy habitual en Florencia. Conocido también como Mercado de San Lorenzo, data del siglo XIX, cuando Florencia fue la capital de Italia. Lo primero que encuentras nada más acceder a su interior son pequeños restaurantes y puestos de comida. Luego nos detuvimos en los de venta de quesos y en los más coloristas, de frutas, verduras y hortalizas. Abre de 9 a 23 h.
Tras comer en las proximidades del mercado y dado el insoportable calor que padecimos, nos dirigimos a la Basílica de Santa María Novella, distante tan solo 400 metros, que abre de 9 a 17:30 h, costando la entrada 7,50 €. Declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, la iglesia se levantó en diferentes fases, entre los siglos XIII y XV, destacando su imponente fachada renacentista de mármol. Se accede por una especie de pórticos decorados con frescos, que nos conducen a la gótica nave central. Detrás del altar está la capilla Tornabuoni, cuyos frescos son de Domenico Ghirlandaio. Otros frescos notables son los de Filippino Lippi en la capilla Strozzi.
Pasamos la tarde a gusto en esta basílica pues la temperatura resultaba muy agradable, aunque salimos también a los claustros, entre los que destaca el Verde por sus frescos, especialmente los realizados por Paolo Uccello, que representan escenas del Antiguo Testamento. El refectorio ha sido convertido en un museo, que alberga pinturas y objetos religiosos. Concluida la visita nos dirigimos a la Estación Firenze Santa Maria Novella, que tenemos enfrente, para comprar los billetes a Bolonia, a donde fuimos dos días después. El calor era insoportable, así que cogimos un autobús que nos llevó hasta cerca del hotel. ¡Qué gusto nos dio el aire acondicionado y el vaso de agua fría que tomamos en la recepción!
Todavía nos quedaban muchas cosas por ver en Florencia, aunque tuvimos que adaptarnos a las altas temperaturas. El viaje continúa.
Hago un paréntesis en los viajes de este año para “colar” la séptima escapada, realizada del 13 al 16 de julio por tierras de la Alcarria, en la parte perteneciente a la provincia de Guadalajara. Ha sido una escapada familiar para volver a mis orígenes pues aunque mi padre nació en Zalla, mi abuelo lo hizo en el pequeño pueblo de Santiuste por el que pasamos camino de nuestro campamento base, distante 6 km, Huérmeces del Cerro y, más en concreto, la casa de mis primos Alfredo y Nati. Volvimos a pasar mucho calor por el día, pero las noches fueron frescas, como también lo son las casas del pueblo. Huérmeces del Cerro se encuentra a 339 km de Leioa, siguiendo la ruta que pasa por Logroño, Cameros, Soria y Almazán. Lo más destacado de este pueblo es su iglesia parroquial y el embalse de El Atance. También tiene bar, pese a contar tan solo con 42 habitantes, pero mucha población flotante y veraneantes.
Con mis primos como anfitriones, lo primero que hicimos el 14 de julio fue cumplir con una asignatura que tenía pendiente, contemplar los campos en flor de lavanda ubicados en las proximidades de Brihuega, que han cogido mucha fama aunque algunos estaban todavía un poco verdes. Los mejores se encuentran en el km 37 de la carretera CM2005, junto al lugar escogido para la celebración del concurrido festival de música que tuvo lugar durante los días 11, 12, 18 y 19 de julio. De allí nos desplazamos a Brihuega, población que encontramos engalanada debido al evento.
Brihuega cuenta con una población de 2.816 habitantes y un interesante casco histórico que fue declarado conjunto histórico-artístico en 1973, al que accedimos por la Puerta de la Cadena, visitando algunos de los lugares más interesantes como la fuente de los doce caños. Con el mapa que nos entregaron en la oficina de turismo fuimos deambulando por sus calles hasta llegar a la Puerta de la Guía, que nos dio acceso al castillo de Peña Bermeja y a la Santa María de la Peña, que data del siglo XIII, que estaba cerrada al igual que las cuevas árabes. En los bares no había tampoco nada para picar hasta las 13 h.
Seguimos la ruta haciendo enseguida un alto en el camino en Cívica, donde contemplamos la pequeña cascada y el conjunto de galerías y escaleras excavadas en la roca, realizadas entre 1950 y 1970 por Hipólito Henche. Se ha echado la hora de comer y lo hacemos, muy bien por cierto, dando cuenta al menú del día del Bar Las Vegas, en Masegoso de Tajuña. A continuación nos desplazamos a Trillo, donde tomamos el café en el parque existente junto a la desembocadura del río Cifuentes en el Tajo, que lo hace de forma brusca con varias cascadas. Tras un corto paseo nos acercamos al puente sobre el Tajo, que data del siglo XVI, a la plaza de toros y a la Plaza Mayor, a la que se asoman el Ayuntamiento y la iglesia de Ntra Sra de la Asunción.
Tras descansar un rato a la sombra en Trillo, a media tarde nos dirigimos a Cifuentes, que toma su nombre del río que nace en esta población, siendo su nacimiento al primer lugar que nos acercamos, caminando unos metros por un agradable parque hasta la balsa y el molino. La siguiente cita la tuvimos en la triangular Plaza Mayor, de estilo castellano, a la que se asoma el Ayuntamiento que se encuentra en restauración. Una empinada cuesta bordeando la barbacana nos llevó a la histórica Casa de los Gallos, frente a la que se encuentra el principal monumento, la iglesia del Salvador, que mezcla diferentes estilos, destacando la portada románica y el majestuoso interior gótico. Junto a ella se encuentra otra iglesia, la de Santo Domingo. Desde lo alto contemplamos el castillo, que data del siglo XIV.
Concluimos la jornada acercándonos al pequeño pueblo de Baides, dando un agradable y sombreado paseo por el Parque Senda del río Henares, hasta el barrio de la Estación, donde el río Salado se funde con el Henares. En torno al paseo se encuentra el llamado Museo del Ferrocarril, que exhibe al aire libre una colección de locomotoras, vagones y material ferroviario histórico, llamando nuestra atención el fabricado en Bilbao. De aquí, tras recorrer unos 120 km en una intensa y calurosa jornada, regresamos a Huérmeces del Cerro.
La jornada del 15 de julio la iniciamos visitando el pueblo más monumental de todos, Atienza, sobre el que se levanta el castillo, resto de una fortaleza árabe construida entre los siglos XI y XII. En la plaza de España se encuentra el Ayuntamiento, que acoge la oficina de turismo y una curiosa colección de instrumentos musicales. El Arco Arrebatacapas nos dio acceso al centro histórico, donde se encuentra la plaza del Trigo, a la que se asoma la iglesia de San Juan del Mercado, que se rehizo a finales del siglo XVI en estilo renacentista. Enseguida llegamos a la iglesia de la Santísima Trinidad, sede del Museo de la Caballada. Posee un ábside románico de influencia segoviana. Bordeando la muralla y el arco de la Virgen, llegamos a la iglesia de San Gil, convertida en museo de arte sacro. Nuestro recorrido concluyó fuera de las murallas en la iglesia de San Bartolomé, del siglo XIII, que cuenta con una galería porticada. También ha sido convertida en museo, que al igual que los anteriores estaba cerrado.
Tras hacer el hamaiketako en forma de torrezno soriano en el Bar Atienza XXI, situado en las afueras, continuamos la ruta deteniéndonos en el embalse Arcolo, para luego continuar hacia Cogolludo, dejando el coche en la Plaza Mayor, donde se encuentra el emblema de esta localidad, el palacio de los Duques de Medinaceli o Palacio Ducal de Cogolludo, construido entre los siglos XV y XVI, que presume de ser el primer edificio renacentista de la península. De allí subimos a la iglesia de Santa María, construida entre los años 1545 y 1609, para luego bajar a la plaza pasando por otra iglesia cercana, la de San Pedro, que data del siglo XVI. Concluida la visita fuimos a comer a Jadraque.
Aunque nos quedaba a desmano, no quería dejar de visitar una pequeña pedanía de Sigüenza de nombre Palazuelos, conocida como “la Ávila alcarreña” por su recinto amurallado y castillo que datan del siglo XV, que fueron declarados monumento histórico-artístico en 1951. Accedimos al interior del recinto por la Puerta del Cercao, que nos dio acceso a la Plaza Mayor, donde se encuentra la fuente de los siete caños. Caminado por la calle Real llegamos al Arco del Lavadero, así llamada por dar acceso a él. Es un buen lugar para contemplar la muralla. Junto al arco se encuentra la iglesia de San Juan Bautista, reconstruida en el siglo XVI. Al final de la calle está la Puerta de la Villa. En ella coincidimos y charlamos un buen rato con José Luis de la Fuente Soria, autor del libro “La subsistencia ese gran milagro”. Nos quedó por ver la Puerta del Monte, pero nos detuvimos un momento ante la ermita-humilladero de la Virgen de la Soledad, desde donde se tiene una buena vista del castillo.
Nuestra siguiente cita se encontraba a poco más de 2 km, Carabias, otra pedanía de Sigüenza de tan solo 13 habitantes, que cuenta con una pequeña joya, la iglesia del Salvador, muestra del románico rural alcarreño del siglo XIII, que tiene una hermosa galería porticada. Frente a ella hay una fuente neoclásica. Antes de regresar a Huérmeces del Cerro visitamos las salinas de Imón, las mayores de la zona, que durante mucho tiempo fueron las de mayor producción de la península ibérica. Nos dio mucha pena ver el estado de abandono de las salinas. Ese día recorrimos unos 175 km. De regreso a casa, el 16 de julio nos detuvimos en Miedes de Atienza, donde destaca la Casa-Palacio de los Beladiez Trujillo, del siglo XVII.
De esta forma pusimos fin a esta escapada por la provincia de Guadalajara, eligiendo esta ruta para cerrar el círculo, pese a ser más larga (388 km a Leioa) y a la estrecha carretera que conduce al Alto de la Carrascosa (1380 m), desde donde se contempla una amplia vista de la provincia de Soria. Pasamos por El Burgo de Osma y Aranda de Duero. Por cierto, al entrar en Castilla-León, la carretera es buenísima.
Continúo el relato del cuarto viaje del año, realizado del 10 al 20 de mayo a Sicilia, que dejaba la pasada semana tras visitar Catania. El 18 de mayo nos tocaba día de viaje, pues teníamos unos 300 km para llegar a nuestro último destino, Palermo, pero nos desviamos brevemente por una autopista de peaje para acercarnos a un lugar que desconocía, Cefalú, del que nos quedarían tan solo 70 km para llegar a nuestro hotel. Antes de llegar nos detuvimos para fotografiar la fortaleza que se alza sobre esta población costera. Dejamos el coche en el Parking Historical Center Dafne Cefalù, caminado desde allí por su centro histórico, pasando junto a dos iglesias, la de Santa María de la Catena y la del Purgatorio. También nos acercamos a la Porta Pescara, del siglo XVI, que nos dio acceso a la playa situada junto a los diques del puerto, desde donde se tiene una magnífica vista.
Tuvimos que apresurarnos, pues el motivo de desplazarnos a Cefalú era visitar el Duomo, la Catedral normanda que forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, que cierra al mediodía, pues su horario es de 8:30 a 13 y de 15:30 a 18 h. La fundación de esta catedral se deba a Roger II de Sicilia quien la dedicó al Salvador, colocándose la primera piedra en el año 1131. Lo más característico del exterior de la Catedral son sus dos torres del siglo XII. Su interior es bastante austero, pero cuenta con un norme mosaico bizantino del Cristo Pantocrátor, que la preside, bajo el que se encuentran los doce apóstoles y una cruz de madera de mediados del siglo XV. En la plaza situada enfrente tenemos la Duomo Cafetería, en la que aprovechamos para comer antes de continuar el viaje
Nada más llegar a Palermo nos instalamos en el Ibis Styles Palermo President ****, en el que pasamos las dos últimas noches. Está situado frente a la terminal de cruceros y muy cerca del centro histórico, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad del la UNESCO. A unos pasos del hotel tenemos la vía Amari, que cuenta con varios restaurantes en los que degustamos las cenas. Tras recorrer 700 metros desde el hotel, Llegamos al Politeama, uno de los dos grandes teatros de Palermo, frente al que se encuentra la estatua de Ruggiero Settimo, presidiendo la plaza del mismo nombre y, frente a ella, la piazza Castelnuovo, convertida en un museo al aire libre por la cantidad de esculturas con que cuenta.
Tuvimos que aprovechar la tarde pues no disponíamos de mucho tiempo en Palermo, así que nos dispusimos a recorrer su centro histórico, sorprendiéndonos la cantidad de gente que había un domingo por la tarde y que todas las calles son peatonales. La vía Ruggiero Settimo nos condujp a la piazza Verdi, donde se encuentra el Teatro Máximo, el más grande de ópera de Italia, que fue inaugurado en 1897. Tomamos un café en el Palermo Store Café y continuamos por la vía Maqueda accediendo al Oratorio San Camillo y deteniéndonos en la Piazza Vigliena, más conocida como Quattro Canti, uno de los emblemas de la ciudad. En sus esquinas cuenta con cuatro palacios barrocos del siglo XVII, adornadas por otras tantas fuentes que representan las cuatro estaciones y las estatuas de los reyes españoles Carlos V, Felipe II, Felipe III y Felipe IV. Casi al lado concluimos las visitas en la piazza Pretoria, presidida por la fuente del mismo nombre, conocida como “fuente de la vergüenza”, situada frente al Ayuntamiento.
El 19 de mayo iniciamos la jornada visitando una joya siciliana que no tuve ocasión de ver en mi enterior viaje, el Duomo di Monreale, que desde 2015 figura en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. La construcción de esta Catedral se inició en 1174, con una fachada austera que guarda un monumental interior en el que desatacan sus tres naves totalmente cubiertas de enormes mosaicos sobre un fondo dorado, que fueron creados entre finales del siglo XII y principios del XIII, con escenas del Antiguo y Nuevo Testamento, destacando el Cristo Pantocrátor situado en el ábside central.
Con la misma entrada se accede desde la Catedral al Museo Diocesano, que ocupa el interior del anexo Palacio Arzobispal. Comienza el recorrido en la sala San Plácido, que guarda cuadros procedentes de varias iglesias de Sicilia. Cuenta también con varias pinturas del siglo XVI y varias imágenes de Cristo crucificado, entre las que destaca un Crucifijo en madera del siglo XV. Desde aquí contemplamos el claustro al que no accedimos pues había que pagar otra entrada y había muchas cosas que ver.
Concluida la anterior visita regresamos al hotel para dejar el coche y volver a “patear” por las zonas del centro histórico que ya recorrimos el día anterior, llegando al Teatro Máximo desde donde nos desviamos hasta uno de los dos principales mercados de Palermo, el de Il Capo, donde contemplamos numerosos puestos de frutas y verduras. Muy cerca teníamos la siguiente cita, el Duomo de Palermo, del que solo llamó nuestra atención su monumental fachada y el carro de Santa Rosalía situado frente a ella. Hacía bastante calor, así que aprovechamos para comer en una sombreada terraza.
Tras la comida nos dirigimos al final de la calle donde se encontraba nuestra siguiente cita, que es el lugar más monumental de Palermo. Se trata del Palacio de los Normandos (Palazzo dei Normanni), que también forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Lo más deslumbrante de este enorme palacio es la Capilla Palatina (Cappella Palatina), una pequeña iglesia con techos de madera tallada y revestimientos impresionantes de mosaicos, entre los que destaca el Cristo Pantocrátor.
Continuando por la Cortile Maqueda accedimos a los Apartamentos Reales, donde contemplamos las obras de arte que se guardan en las salas de los Virreyes, Pompeiana y dei Venti, llegando finalmente a la más importante de esta zona, la Sala Ruggero II, otra joya cubierta de mosaicos al estilo de la Capilla Palatina. La visita al Palacio de los Normandos concluyó en el pequeño el Jardín del Palacio Real, que no aporta nada, pero que tiene unas buenas vistas de la parte trasera del palacio.
Nos dimos por satisfechos con lo visto en Palermo, así que, con mucho calor, a media tarde iniciamos el regreso al hotel, teniendo que caminar durante 3,5 km pasando por la plaza Quattro Canti y continuando por el puerto La Cala, cerca del cual se encuentra el el Palazzo Chiaramonti Steri y el mural dedicado a Falcone y Borsellino, dos juristas del barrio de Kalsa que fueron asesinados por la Cosa Nostra en 1992. Pasada la zona del puerto hicimos un alto en el camino para tomar un café con hielo y agua fría.
El 20 de mayo tocó madrugar y salir sin desayunar, pues tuvimos que devolver el coche a las 8 de la mañana, para luego coger el vuelo de Volotea a Bilbao con salida a las 09:45 h. El viaje ha concluido. Sicilia nos ha encantado pero habría sido necesario algunos días más. Próximo destino: Florencia.
Continúo el relato del cuarto viaje del año, realizado del 10 al 20 de mayo a Sicilia, que dejaba la pasada semana tras visitar Siracusa. El programa previsto para el 16 de mayo tuvimos que modificarlo tras el retraso ocasionado por la lluvia del día anterior, así que, tras visitar el Parque Arqueológico de Neápolis de Siracusa, iniciamos el recorrido por las ciudades del barroco tardío del Valle de Noto, que forman parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO desde el año 2002 y que fueron reconstruidas después del terremoto que las destruyó en 1693. Comenzamos en la población de Noto, que fue la que más nos gustó, llamando nuestra atención nada más llegar sus decoradas escaleras y los preparativos para una fiesta en la que cubren las calles de flores. También vimos la Porta Reale o Porta Ferdinandea, antigua puerta de entrada en la ciudad, que fue inaugurada en 1841 con la visita del Rey Ferdinando II de Borbón.
El monumento más importante de Noto es la Catedral Basílica de San Nicoló, construida entre 1664 y 1703 presidiendo la piazza Municipio, pues frente a ella se encuentra el Ayuntamiento, que ocupa el Palazzo Ducezio. Cuenta la ciudad con numerosas iglesias, entre las que destaca la de San Domenico, del siglo XVIII, y palacios, como los de Vescovile Landolina. También aprovechamos la ocasión para que un policía nos sacara una foto con su coche, un lujoso Lamborghini.
Nos entretuvimos bastante en Noto, pues nos gustó mucho y se encontraba con mucho ambiente festivo, así a la siguiente “ciudad del barroco tardío” llegamos bastante tarde. Se trata de Scicli, distante 54 km, en la que aprovechamos para picar algo en la terraza de un bar de la piazza Italia, limitándonos a recorrer sólo el entorno de esta plaza, desde la que se contempla en lo alto la iglesia de San Mateo. En uno de los laterales está la iglesia de San Ignacio y, un poco más apartada, la de San Bartolomeo. Fue una lástima no disponer de más tiempo, pues cuenta Scicli con monumentales palacios. Este municipio es conocido por ser la Vigata de la serie del comisario Montalbano.
Nuestro siguiente destino estaba a tan sólo 10 km, en Módica, pero en toda esta zona las carreteras son muy sinuosas, en un continuo sube y baja repleto de curvas, por lo que los desplazamientos son muy lentos. Además, todos los pueblos están en cuesta, con sus edificios dispuestos en la ladera de la montaña. Es por ello que en Módica nos limitamos a visitar su principal monumento, la iglesia de San Giorgio, incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Construida en el siglo XVIII, es uno de los templos barrocos más interesantes de Sicilia. Destaca su imponente fachada con forma de torre, que tiene una altura de 62 metros.
La última cita de la jornada la tuvimos a 13 km, en Ragusa, una joya barroca, pero como ya era tarde y teníamos que recorrer 83 km para llegar al hotel en Siracusa, nos limitamos a recorrer el entorno de la la piazza della Repubblica, donde se encuentran la Chiesa del Purgatorio, la Torre del Reloj y el Palazzo Cosentini, además de un cartel de la sede local del Club Alpino Italiano. Una especie de callejón con escaleras nos acerca a otros dos edificios, Santa María dell’Itria y el Palazzo della Cancelleria.
Tras pasar nuevamente la noche en Siracusa iniciamos la jornada del 17 de mayo con un largo desplazamiento, 121 km, hasta la turística ciudad de Taormina, eso sí, en esta ocasión todo por autovía. Casi todo lo que hay que ver se encuentra en los 800 metros del Corso Umberto, que enlaza la Porta Messina, de la Porta Catania, por la que accedimos al recinto histórico, pasando sucesivamente por las Cuatro Fuentes, el Duomo, el Palazzo dei Giurati, la Porta Mezzo, la piazza IX Aprile, la estatua de Oscar Wilde y la iglesia de San Agostino.
Pese a que nos quedaba a desmano, hemos repetido la visita a Taormina porque nos encantó en nuestro anterior viaje a Sicilia, aunque en esta ocasión no hemos tenido suerte de poder contemplar el Etna, encapotado por las nubes. Eso si, volvimos a visitar uno de los emblemas de la ciudad, el teatro griego, al que llegamos tras recorrer todo el Corso Umberto. Fue totalmente reconstruido durante la dominación romana, con capacidad para unos 5.000 espectadores.
En nuestro apresurado viaje anterior a Sicilia, no nos atrevimos a detenernos en Catania por ser una ciudad muy poblada, la segunda de la isla, pero en esta ocasión no pude resistir en hacer una breve visita pues se encontraba casi a mitad de camino entre Taormina (57 km) y nuestro hotel en Siracusa (70 km). Además forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Dejamos el coche cerca de la piazza della Reppubblica, presidida por la estatua de Vicenzo Bellini y nos dirigimos a la oficina de turismo sita en Via Vittorio Emanuele II, junto a la iglesia Badia di Sant’Agata y a tan solo 100 metros de la piazza del Duomo, a la que se asoman los principales monumentos de la ciudad, entre los que destaca la Basílica Catedral di San’Agata. También se encuentran allí el Palazzo dei Chierici y la Fontana dell’Amenano. En el centro de la plaza está el emblema de Catania, la Fontana dell’Elefante (uʻ Liotru).
En las dos horas largas que estuvimos en Catania todavía nos dio tiempo a contemplar la iglesia de San Francisco de Asís y a visitar el Teatro Antico, construido en el siglo II dC con roca de lava del Etna con capacidad para unos 5.000 espectadores. De regreso al coche nos detuvimos en las plazas Giuseppe Manzini y Vincenzo Bellini, a la que se asoma el Teatro Massimo Bellini, inaugurado en 1890 y dedicado a las representaciones de ópera. De regreso a Siracusa por fin pudimos contemplar el volcán Etna, que 16 días después entró en erupción.
Hemos estado ya en la mayoría de los lugares más importantes de Sicilia, pero todavía nos falta la capital, Palermo, pero de ello espero seguir hablando la próxima semana. El viaje continúa.
Continúo el relato del cuarto viaje del año, realizado del 10 al 20 de mayo a Sicilia, que dejaba la pasada semana tras visitar los templos de Agrigento. El principal objetivo para el día 14 consistía en visitar un lugar que ya conocíamos, pero que en nuestro anterior viaje nos impactó por ser una de esas cosas únicas en el mundo. Situada a 92 km de nuestro hotel, en las afueras de Piazza Armerina, se trata de la Villa del Casale, una villa romana que desde 1997 forma parte de la selecta lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO. Está tan bien conservada gracias a una capa de barro que la cubrió tras una inundación.
La Villa del Casale es famosa gracias a la excepcional colección de mosaicos que alberga en su interior, que ocupan unos 3.500 metros cuadrados, con imágenes de héroes y dioses, escenas de caza, juegos y vida cotidiana. Varias salas dan a un patio con sus pórticos cubiertos de mosaicos y una fuente en el centro. Uno de los lugares más espectaculares es el pasillo de la Gran Caza, de 71 metros de largo, con un gran mosaico con escenas de la captura de animales africanos, como rinocerontes, leones, elefantes y antílopes, y su traslado en barco a Roma. Sin embargo, quizás el mosaico más conocido es el de la sala en la que aparecen 10 muchachas en bikini, practicando diferentes pruebas deportivas.
Como se había echado la hora, nos desplazamos 8 km hasta el centro de Piazza Armerina para picar algo, cosa que hicimos en el Caffé del Centro, degustando una pequeña pizza y una especialidad muy siciliana, el arancini, unas bolas de arroz empanadas y fritas, cuyo relleno puede variar. En nuestro caso una fue de ragú y otra de queso. Son como una bomba que te deja lleno. Antes de comer dimos un corto paseo cuesta arriba hasta lo alto de la colina, donde se encuentra el Duomo, mientras contemplamos otros antiguos edificios.
Para visitar por la tarde elegimos la población de Enna, distante 31 km y erigida en lo alto de un escarpado cerro a 931 metros de altitud, sobre el que se levanta el castillo de Lombardía. Partiendo del mirador del Belvedere, la mayoría de los palacios, iglesias y el Ayuntamiento se encuentran a lo largo de una calle, adornada con cuadros. Sólo accedimos al interior de dos iglesias, la de Santa Chiara y a la más espectacular de todas, que nos encantó, el Duomo, dedicado a Maria Santissima della Visitazione, que forma parte del Patrimonio de la Humanidad UNESCO. Eso si, todos los bares estaban cerrados.
Como lo habíamos visto desde el Belvedere de Enna, nos desplazamos tan sólo 6,5 km al pueblo que teníamos en frente, también construido sobre un cerro, Calascibetta. Nada más llegar a su parte alta nos sorprendió un buen chaparrón, así que aprovechamos para tomar un café en el único lugar prácticamente llano, la plaza a la que se asoma la iglesia de María Santissima del Monte Carmelo. Como era tarde y el tiempo inseguro sólo visitamos los alrededores, donde se encuentra la Grote di Vía Carcere, antiguas cuevas excavadas en la roca, siendo una de ellas una antigua prisión. También nos acercamos hasta el Museo della 500, dedicado al pequeño Fiat, pero estaba cerrado. Todavía tuvimos por delante 89 km para regresar a nuestro hotel en Agrigento.
El 15 de mayo tuvimos unas previsiones meteorológicas espantosas que luego se cumplieron, pues nada más salir de desayunar comenzó una fuerte tormenta, con rayos, truenos y mucho viento, así que nos recluimos en la habitación hasta las 11 de la mañana, cuando dejó de llover y pudimos emprender el viaje a nuestro siguiente destino, Siracusa, distante 210 km, eligiendo para pasar las tres siguientes noches en el que luego resultaría con mucho el mejor hotel del viaje, el Mercure Siracusa Prometeo ****. Luego supimos que en Agrigento hubo inundaciones y en Siracusa había alerta naranja, por lo que cerraron la zona arqueológica que pensábamos visitar. Siracusa nos recibió con un fuerte chaparrón y las calles llenas de charcos, así que nueva espera en la habitación hasta media tarde, cuando definitivamente dejó de llover, animándonos a salir con paraguas y chubasquero hacia el centro histórico. Contemplamos el Santuario della Madonnina y pasando junto al Panteón, continuando hasta el Ponte Umberto y la Dársena, donde se encuentra la escultura de Archimede. La segunda noche descubrimos que cerca del hotel teníamos un buen restaurante, el Nabu, dejándonos asesorar por la chef, así que repetimos la noche siguiente.
Nuestro destino en Siracusa fue el centro histórico de Ortigia un lugar plagado de edificios históricos que desde el año 2005 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, dándonos la bienvenida el antiguo templo griego dedicado al dios Apolo. De allí continuamos hacia la piazza del Duomo, a la que se asoman la Catedral barroca y tres monumentales palacios, el de Beneventano de Bosco, el del Senato, sede del Ayuntamiento y el de Arcivescovile e Ipogeo. Hicimos una pausa para tomar un café y el postre más tradicional de Sicilia, el canolo, una masa frita y crujiente rellena de ricotta, aunque el relleno puede variar. Continuamos caminando hasta el extremo de Ortigia, donde se encuentra el castello Maniace, deteniéndonos de regreso ante la impresionante fuente de Arethusa y en la piazza Archimede, donde se encuentra la preciosa Fontana di Diana. Al final no llovió y pudimos caminar algo más de 7 km.
Debido a las intensas lluvias del día anterior, el 16 de mayo tuvimos que cambiar de planes, para visitar lo que habíamos dejado pendiente, que además estaba a unos pasos de nuestro hotel. Se trata del Parque Arqueológico de Neápolis de Siracusa, que también forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Lo primero que vimos fue el Altar de Hierón, de 198 metros de longitud y 22,8 metros de anchura, construido entre el 241 y el 215 aC dedicado a Zeus Eleutherios. De allí nos trasladamos al Teatro griego, que nos decepcionó bastante, por estar las gradas preparadas para espectáculos. Sobre él se encuentran las cuevas que forman parte de la Necrópolis de Grotticelle. Antes de salir nos detuvimos en el Anfiteatro romano, excavado en la propia roca y adornado con la escultura “Ícaro blu”.
He dejado para el final lo que más me gustó del recinto arqueológico, la Oreja de Dionisio, una cueva excavada en la roca por esclavos, que sirvió como cantera para extraer piedra y como cárcel, en la que Dionisio recluía a los disidentes para poder escuchar sus planes debido a su buena acústica. En su entorno se encuentra la llamada Latomia del Paraíso, una antigua cantera. Todo este recinto está rodeado de vegetación y adornado por numerosas esculturas.
Hemos estado ya en algunos de los lugares más importantes de Sicilia, pero todavía nos quedaba mucho por recorrer, aunque de ello espero seguir hablando la próxima semana. El viaje continúa.
Con bastante retraso, inicio el relato del cuarto viaje del año, realizado del 10 al 20 de mayo, que tuvo como destino la isla de Sicilia. El comienzo fue un poco problemático pues el vuelo de Volotea con destino a Palermo salió con casi dos horas de retraso, lo que nos permitió conocer la sala VIP del aeropuerto de Bilbao gracias a la tarjeta VISA. Eso si, llegamos a Sicilia pasada la media noche. Menos mal que, pese a la hora intempestiva, nos vinieron a recoger de nuestro alojamiento, Residence Villa Rosa Dei Venti ****, con el que lo teníamos incluido en el precio. Eso si, entre pitos y flautas, pese a estar ubicado en Cinisi, a poco más de 8 km del aeropuerto, hasta la una y media de la madrugada no nos fuimos a la cama, así que no pudimos disfrutar de la coqueta habitación con terraza a la piscina, ya que a las 9 de la mañana nos tenían que devolver al aeropuerto para recoger el coche.
El 11 de mayo estábamos de nuevo en el aeropuerto para tramitar la recogida del coche que teníamos reservado con la compañía Noleggiare. Allí nos entregaron un coche enorme, un Peugeot 5008, con el que recorrimos 1.800 km por Sicilia, aunque nuestro primer destino se encontraba a tan sólo 90 km, en el noroeste de la isla, en las salinas de Nubia, cerca de Trapani. Se trataba del Relais Antiche Saline ****, un sencillo pero confortable alojamiento a 90 € la noche con desayuno, el más barato con diferencia del viaje. El trato era muy familiar, así que en cuanto llegamos nos dieron la habitación. Por la noche disfrutamos de una espectacular puesta de sol, adornada con la Torre Nubia.
El Hotel no tiene restaurante, así que nada más instalarnos en la habitación, caminamos 350 metros hasta la Salina Culcasi di Nubia con idea de comer en la Trattoria dei Sale, cosa que luego hicimos tras visitar el interesante Museo del Sale, ubicado en el antiguo molino. Luego disfruté de un espectacular plato de pasta con marisco, así que volvimos a cenar, en este caso una riquísima sepia a la parrilla. Al día siguiente por la noche volvimos a las salinas para ver la puesta de sol y luego cenar en La Torre di Nubia, ubicado a unos 2 km del hotel, junto a la torre del mismo nombre. Nos encantó el hotel y esta zona de salinas.
Tras comer y un poco de siesta, pues la noche anterior habíamos dormido poco, nos desplazamos 9 km hasta las afueras de Trapani, para coger el Funivia Trapani-Erice, un teleférico con servicio constante que enlaza estas dos poblaciones. Erice se encuentra en lo alto del Monte Giuliano a unos 751 metros. Es el pueblo que más me ha gustado de Sicilia. Está parcialmente amurallado, accediendo a su interior por la Porta Trapani, llegando enseguida al Real Duomo y Torre de Re Federico. Pasamos junto a varias iglesias y la Piazza della Logia, para luego subir hasta el Castello di Venere. No ha estado nada mal esta primera jornada y qué suerte tuvimos, pues al día siguiente Erice estuvo oculto por las nubes.
La jornada del 12 de mayo prometía ser una de las más interesantes del viaje, teniendo la primera parada en el Parque Arqueológico de Segesta, una antigua ciudad habitada por los Elimi, pobladores de esta zona antes de la llegada de los riegos. Como había 14 autobuses con escolares, tras aparcar el coche cogimos un autobús que te sube hasta una colina en la que se encuentra un espectacular teatro griego muy bien conservado, construido a finales del siglo III aC con capacidad para 3.000 personas. De nuevo junto a la entrada deambulamos por uno de los templos griegos mejor conservados, que data del siglo V aC.
Unos 35 km después, con idea de parar a comer, nos detuvimos en Gibellina, pueblo reconstruido unos 20 km más abajo del original, pues fue completamente arrasado por el terremoto de 1968. Se autoproclama como “Ciudad del Arte Contemporáneo”, por contar con numerosas esculturas de artistas de fama mundial, pero las que más nos interesaban no conseguimos dar con ellas. Parecía un pueblo fantasma, aunque encontramos un bar para poder comer tras contemplar la la Porta del Belice, más conocida como la Stella di Consagra, por el nombre de su autor, Pietro Consagra.
La tarde avanzaba cuando nos desplazamos 30 km hasta un lugar de cuyo nombre nunca me acuerdo, Selinunte. Por error pasé primero por el puerto pesquero, antes de acercarnos a nuestro destino, el Parque Arqueológico de Selinunte, el más extenso de Europa, que cuenta con restos de numerosos templos de orden dórico, repartidos a lo largo de 270 hectáreas, El más interesante y mejor conservado es el Templo E, conocido también como el Templo de Hera, aunque hay quien dice que fue dedicado a Afrodita, construido hacia mediados del siglo VI aC. Junto a él se encuentra la cantera.
Continuamos el paseo caminando hasta el Museo Baglio Florio, que exhibe objetos encontrados durante las excavaciones en el parque. Mientras esperábamos al vehículo eléctrico que nos desplazó al siguiente templo, aprovechamos para tomar un café. Nuestro destino era el segundo templo mejor conservado de Selinunte, el C, un templo griego de estilo dórico muy antiguo, construido a mediados del siglo VI aC. Aquí empezamos a ver lo caras que son las entradas en Sicilia, pues entre Segesta y Selinunte, entre los dos hemos dejado casi 80 €. Y acabamos de empezar. De aquí tuvimos casi 100 km para regresar al hotel.
El 13 de mayo tuvimos que recorrer 182 km para llegar a una nueva localidad, Agrigento, en la que pasamos dos noches en el Hotel Della Valle ****. Una vez instalados en la habitación, nos trasladamos a un lugar muy cercano y que ya visitamos en el año 2000. Se trata del Área Arqueológica del Valle de los Templos, que desde 1997 forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, por ser el conjunto de templos griegos mejor conservado del mundo, visitando en primer lugar el de Giunone o Juno, para luego desplazarnos al mejor de todos, el de la Concordia, construido en la segunda mitad del siglo V aC, delante del cual se encuentra la escultura “Ícaro caído”, obra de Igor Mitoraj.
Continuamos recorriendo el Área Arqueológica del Valle de los Templos de Agrigento pasando por la Necrópolis paleocristiana y observando el proyecto de recuperación de la Capra Girgentana. Visitamos a continuación la sala de exposiciones de Villa Aurea, bordeamos los jardines de la Kolymbethra y nos acercamos a las columnas que se conservan del Templo de Hércules o Heracles (Tempio di Ercole), para concluir nuestro recorrido contemplando el templo de los Dioscuros (Tempio di Castore e Pulluce), que data del siglo V aC. Finaliza aquí una jornada intensa, con la mañana de viaje y la tarde de templos.
Hemos estado ya en algunos de los lugares más importantes de Sicilia, pero todavía nos queda mucho por recorrer. El viaje continúa.
This website uses cookies to improve your experience. We'll assume you're ok with this, but you can opt-out if you wish.AcceptRead More
Privacy & Cookies Policy
Privacy Overview
This website uses cookies to improve your experience while you navigate through the website. Out of these, the cookies that are categorized as necessary are stored on your browser as they are essential for the working of basic functionalities of the website. We also use third-party cookies that help us analyze and understand how you use this website. These cookies will be stored in your browser only with your consent. You also have the option to opt-out of these cookies. But opting out of some of these cookies may affect your browsing experience.
Necessary cookies are absolutely essential for the website to function properly. This category only includes cookies that ensures basic functionalities and security features of the website. These cookies do not store any personal information.
Any cookies that may not be particularly necessary for the website to function and is used specifically to collect user personal data via analytics, ads, other embedded contents are termed as non-necessary cookies. It is mandatory to procure user consent prior to running these cookies on your website.