Escapada extremeña (1): Plasencia, el valle del Jerte y el Parque Nacional de Monfragüe

Han tenido que pasar más de seis meses, desde comienzos de octubre, para que pudiera contar “casi en directo”, una nueva escapada. En aquella ocasión fue de tan sólo tres días a la provincia de Segovia. Ahora, con el final del confinamiento, hemos pasado siete días en Extremadura, del 12 al 18 de mayo, y, más en concreto, en el norte de la provincia de Cáceres, pernoctando las tres primeras noches en Plasencia, para pasar un día en el valle del Jerte, repleto de cerezas y de agua, y otro en el Parque Nacional de Monfragüe. Las otras tres noches las pasamos en Valverde del Freno, punto de partida para recorrer la sierra de Gata, un lugar completamente desconocido para nosotros, del que hablaré la próxima semana.

542 km separan Leioa de Plasencia, que se cubren en poco más de 5 horas, pues todo el viaje se efectúa por autopista y autovías. Como en una anterior ocasión, nos alojamos en el Parador de Plasencia **** (https://www.parador.es/es/paradores/parador-de-plasencia), pagando un precio muy asequible, al conseguir una oferta de 3 noches al precio de 2. El Parador se ubica en el antiguo convento de Santo Domingo, construido en el siglo XV en estilo gótico, así que es como pernoctar en un museo. Como había poca gente, nos sentimos muy cómodos, disfrutando de la terraza del bar ubicada en el claustro y de su excelente gastronomía a la hora de cenar.

Aprovechamos la tarde para callejear por la segunda ciudad más poblada de la provincia, que cuenta con un interesante casco antiguo declarado de interés cultural. Eso sí, seguimos a rajatabla las recomendaciones sanitarias del Ayuntamiento de Plasencia. Nada más salir del Parador tenemos el convento de San Vicente, que alberga el Museo de la Semana Santa. Al lado se encuentra el Palacio del Marqués de Mirabel y, en frente, la iglesia de San Nicolás. La calle Zapatería nos conduce a la Plaza Mayor, en la que tomamos un café en una terraza mientras contemplamos la Casa Consistorial, con el autómata situado en su tejado, y la iglesia de San Esteban. Nuestro caminar continúa hasta la Catedral, frente a la que se encuentra la Casa del Deán (Palacio de los Paniagua), con su monumental balcón y escudo de esquina.

Nos han dicho que no dejemos de visitar la Catedral, cosa que hacemos a continuación pues por la tarde abre a las 17:30 h, teniendo que pagar 4 euros para acceder a su interior. En el mismo edificio conviven la catedral vieja y la catedral nueva. La primera fue construida entre los siglos XIII y XIV en estilo románico, destacando en ella la sala capitular y el claustro. La nueva fue proyectada a finales de siglo XV, siendo dirigida por arquitectos de la talla de Juan de Álava, Francisco de Colonia, Diego de Siloé y Rodrigo Gil de Hontañón, con el objetivo de sustituir a la catedral vieja, aunque no se pudo concluir. De esta catedral nueva destacan el coro, de Rodrigo Alemán y el retablo mayor, de Gregorio Fernández. Merece la pena la visita.

Dado que la tarde sigue muy luminosa, continuamos “pateando” el casco viejo, centrándonos sobre todo en la muralla, que protege el casco antiguo desde la fundación de la ciudad, deteniéndonos en dos de sus puertas, las que más nos gustaron, la de Trujillo y la de Berrozana. Pasamos también por el Póstigo de Santa María y nos dirigimos hasta la plaza de Torre Lucía, cerca de la cual se encuentran la Casa de los Almaraz y la iglesia románica del Salvador. No nos dio tiempo para más, así que el acueducto medieval del siglo XVI, conocido como los Arcos de San Antón, lo vimos desde el coche al día siguiente.

13 de mayo. Preparando el viaje, he descubierto que en el valle del Jerte, a poco más de 30 km de Plasencia, hay un lugar que promete. Se trata de la Garganta de las Nogaleas o Nogaledas, pues de ambas formas lo he visto escrito, situada en el pueblo de Navaconcejo, de donde parte un sendero que la recorre. Se trata de un recorrido de 4,2 km, en ocasiones con gran pendiente que se salva con escalones, en el que se camina por una sombreada ruta contemplando sucesivamente hasta cinco cascadas, algunas de gran porte. El regreso se efectúa por una pista, recorriendo campos de cerezos. Creo que ha sido la ruta más impresionante que hemos realizado en esta escapada y está muy bien acondicionada y señalizada.

El recorrido de la garganta forma parte de los Caminos del Agua, tal como hemos comprobado en varios paneles, así que tras comer el bocadillo en Navaconcejo, nos desplazamos al cercano municipio de Piornal, para conocer la Garganta Bonal, situada casi al pie de la carretera, por la que se precipita la espectacular cascada de Caozo, de más de 30 metros de caída. Últimamente ha llovido mucho en el valle del Jerte, así que las cascadas llevan mucha agua. Otro de los Caminos del Agua se encuentra muy cerca, en Valdestillas, donde caminamos un poco para contemplar la garganta, lagar y cascada Marta, menos impresionante que las anteriores, en la que concluimos esta jornada.

El 14 de mayo lo dedicamos íntegramente al Parque Nacional Monfragüe, con objeto de realizar dos rutas a pie y otras dos en coche, comenzando con estas últimas desplazándonos en primer lugar al centro de visitantes de Villarreal de San Carlos, de donde nos dirigimos en primer lugar al precioso Salto del Gitano, que tiene espectaculares vistas sobre el embalsado río Tajo y sobre las aves que sobrevuelan la mole rocosa. En esta zona anidan 80 parejas de buitre leonado, muy fáciles de ver, 3 de cigüeña negra y una de alcón peregrino, alimoche, águila real y buho real. Para última hora de la tarde dejamos la ruta de los embalses, deteniéndonos en los miradores de Malavuelta y del meandro de Higuerilla.

La ruta en coche del Salto del Gitano concluye en el km 8, donde se encuentra el aparcamiento para acceder al castillo de Monfragüe, un recorrido de poco más de 1,5 km y otros tantos de vuelta. Debido a su ubicación en lo alto de la montaña, desde las ruinas de este castillo de origen árabe se tiene una magnífica panorámica de la zona y de los embalses de los ríos Tajo y Tiétar. En el descenso hacia el coche, tenemos la suerte de encontrar abierto el Abrigo del castillo de Monfragüe (3 € la entrada), al que se accede por unas empinadas escaleras, pudiendo disfrutar del desarrollo esquemático del arte rupestre, con unas pinturas muy bien conservadas.

Regresamos a Villarreal de San Carlos, donde aprovechamos para tomar un vino y comer un bocadillo en uno de sus bares. Para la tarde hemos dejado el recorrido más corto de los tres que tiene señalizados el Parque Nacional Monfragüe. Se trata del Verde, de 7,5 km y unas dos horas y media de duración, que tiene como destino el Cerro Gimio. El recorrido es circular y la ida no tiene mucho interés, aunque va aumentando gradualmente hasta coger el sendero de regreso, que sigue el curso del arroyo Malvecino y cuenta con varias escaleras y pasarelas, pues está muy bien equipado y señalizado.

Villarreal de San Carlos pertenece al municipio de Serradilla, que cuenta con una oficina de turismo casi al lado del centro de visitantes del Parque Nacional de Monfragüe. A modo de gancho tiene dos grandes fotos, del Santísimo Cristo de la Victoria y de la Garganta del Fraile, que cuenta con una vistosa cascada. Atraídos por ella y tras hablar con el responsable de la oficina, decidimos aprovechar la mañana del día siguiente, 15 de mayo, para acercarnos a Serradilla y caminar los 4 km y otros tantos de vuelta que hay hasta la Garganta del Fraile. Cuando llegamos sentimos una gran decepción, pues la cascada casi no tenía agua y estaba oculta por la abundante vegetación. Al menos el paseo mereció la pena.

Tras comer el bocadillo en un área de pic-nic de las muchísimas que hemos visto en todos los sitios, continuamos el viaje. Tenemos por delante 110 km para llegar a nuestro siguiente destino, Valverde del Fresno, punto de partida para recorrer la Sierra de Gata. El viaje continúa.

ARTZINIEGA (Araba), villa medieval

Tras recorrer los 112 municipios de Bizkaia, comencé a desplazarme a los limítrofes de otras provincias, caso de Artziniega, que se encuentra en el extremo noroeste de Araba, haciendo frontera con los municipio de Ayala/Aiara (Araba), Gordexola (Bizkaia), y Valle de Mena (Burgos). Tiene una extensión de 27,45 km² y cuenta con 1.800 habitantes, repartidos en 7 concejos que, salvo la capital en la que viven la mayoría, están perdiendo población. Se encuentra a 210 metros de altitud, a 27 km de Bilbao y 55 de Vitoria-Gasteiz. La mejor vista de conjunto de su centro histórico la tenemos desde el aparcamiento situado entre el campo de fútbol y las piscinas.

El pasado 23 de marzo, por si había un nuevo cierre perimetral, decidí volver a visitar esta hermosa población, dejando el coche en el aparcamiento existente entre el frontón y el bar La Villa. La Hiriko Atea me da la bienvenida a un hermoso conjunto arquitectónico formado por el actual Ayuntamiento, de 1892, que luce el mosaico con el nombre del municipio, la torre, el frontón y la bolera. También vemos la la estatua de Eugenio Garay Rivacoba y, enfrente, la Residencia de la 3ª edad La Encina

El núcleo histórico de Artziniega está declarado conjunto monumental y es uno de los mejor conservados de Euskal Herria. Se estructura en torno a tres calles paralelas, la de Arriba (Goienkale), la de Enmedio (Artekale), y la de Abajo (Barrenkale). Por ellas fui deambulando contemplando sus hermosos edificios y las casas blasonadas (hay 47 con escudo). También me detuve frente a la iglesia gótica de Nuestra Señora de la Asunción, no pudiendo acceder a su interior por estar cerrado.

Seguí caminando por el casco antiguo de Artziniega, cuya historia escrita comenzó en el año 1272, cuando el Rey de Castilla, Alfonso X El Sabio, le concedió la carta-puebla, perteneciendo a Bizkaia hasta la muerte de Don Tello, en 1370. Un edificio que llamó especialmente mi atención fue la torre de los Ortiz de Molinillo-Velasco, de finales del siglo XVI. Un poco más arriba se encuentra un hermoso rincón, la Goiko plaza, presidida por el edificio del antiguo Ayuntamiento, de 1864. También llaman mi atención dos antiguas fuentes, una de 1899.

Artziniega ha sido embellecido por 6 obras realizadas por sus vecinos, así que dedico este párrafo a ellas y a la fragua de Pablo Respaldiza. La primera que encontramos es “El Paragüero”, que pretende recepcionar a los visitantes con un “estás en tu casa, eres bienvenido”. Subiendo por Beratza Aldapa, junto a la fachada de la Torre de los Molinillo y Velasco, está el “Banco de Trabajo”, en memoria de los artesanos. Bajo los arcos del antiguo Ayuntamiento se encuentra un mural basado en la “Rendición de Breda”. En la parte trasera de la parroquia de la Asunción, observamos el “Escudo de Artziniega”, tres torres y un árbol forjados. Las bóvedas de la portada de la parroquia han sido profusamente pintadas. Finalmente, en Artekale Plaza, contemplamos la “Mesa de la Convivencia”, una mesa con dos sillas, una jarra de vino, un pan y dos vasos.

Saliendo del casco urbano en dirección al Santuario de Nuestra Señora de la Encina, tenemos el Museo de Artziniega, impulsado por la Asociación Etnográfica Artea, que ocupa los 1.700 metros cuadrados del antiguo colegio de Artziniega, estructurado de modo didáctico para mostrar las actividades locales (cocina, ganadería, herrería, vivienda…). La exposición está abierta al público de martes a domingo. Como la visita es guiada y no dispongo de tiempo, dejo su visita para otra ocasión, así que las fotos del interior están tomadas de su web, www.artziniegamuseoa.org, donde podéis ampliar la información.

Fuera del casco urbano, pero a tan sólo 750 metros del Ayuntamiento, tenemos el edificio más conocido de Artziniega, el Santuario de Nuestra Señora de la Encina, templo originario del año 1498, edificado en estilo de transición del gótico al renacimiento. En la parte posterior vemos la centenaria encina, declarada árbol singular en 1995, que tiene una altura de 25 metros, el perímetro del tronco de 8,6 metros y una copa de más de 400 metros cuadrados. Enfrente hay una amplia área recreativa. Antes de acceder al interior del templo nos detenemos ante la escultura “Bildu”, que conmemora la Coronación de la Virgen.

El interior del santuario alberga obras de gran valor artístico, destacando el retablo mayor, de estilo gótico hispano-flamenco, a cuyo lado vemos una talla de Nuestra Señora de la Encina. Nos detenemos contemplando las pinturas del Juicio Final, la capilla renacentista del Cristo, fundada en 1608 y otros interesantes retablos, como los dedicados a Santiago, San José, Santa Ana, Ntra Sra del Carmen o Ntra Sra del Rosario.

Antes de abandonar Artziniega me dirigí a tres de sus concejos, comenzando por el menos poblado de todos, Mendieta (6 habitantes), donde destaca su torre, ejemplo de arquitectura medieval. La siguiente cita fue en el coqueto Retes de Tudela / Erretes Tudela (26 habitantes), en el que la ermita de San Roque está en ruinas. La última parada, cerca de nuevo del núcleo urbano, fue en Sojoguti / Soxoguti (33 habitantes), hermosa zona rural en la que destaca la casa-torre de La Cámara.

GIRONA (y 2): Pueblos medievales

Dejaba la pasada semana el relato de esta escapada de una semana de duración por la provincia de Girona, en la hermosa Cala Montgó, donde tomamos café tras comer en L’Escala. De allí nos desplazamos a la cercana comarca de Baix Empordà, en la que pasamos la tarde recorriendo tres pueblos medievales, comenzando en uno que ya conocía, Pals, en cuyo centro histórico medieval destaca la torre románica de las Horas, construida entre los siglos XI y XIII. Resulta placentero caminar por las empedradas calles del barrio gótico, descubriendo interesantes arcos y notables edificios. De interés resultan también las torres cuadradas de la muralla, además de la iglesia gótica de Sant Pere.

La siguiente cita la tenemos muy cerca, en otro pueblo que también conocíamos, perteneciente al municipio de Forallac. Se trata de Peratallada, declarado Conjunto Histórico Artístico por ser uno de los núcleos de arquitectura medieval más importantes y mejor conservados de Catalunya. Resulta una gozada caminar bajo los arcos y soportales de esta amurallada población en la que el edificio más antiguo es el castillo, cuyos orígenes se remontan a los siglos X-XI. De interés son también la Torre de L’Homenatge, la iglesia de Sant Esteve (siglo XIII) y el Palacio (s. XIV).

Concluimos está variada jornada en una de las novedades de este viaje, Monells, pueblo que se formó en torno a un castillo del que solo se conservan las murallas, por lo que es mucho menos turístico que los anteriores, lo que aumenta su atractivo. Destaca su hermosa plaza mayor porticada, que lleva el nombre de Jaime I, el Carrers del Arcs y la iglesia de Sant Genís, de estilo gótico, que ya aparece documentada en el año 1019. Cuando regresamos al hotel en Roses vemos que hoy hemos recorrido 122 km.

La siguiente jornada la pasamos en Figueres, la capital de la comarca del Alt Ampurdá, que tenemos a tan solo 19 km del hotel. En esta ciudad la primera visita resulta obligada, como no, al Teatro-Museo Dalí, al que conviene acudir a primera hora, pues luego se encuentra muy concurrido. Este teatro del siglo XIX, fue completamente reconstruido a partir de 1966 para convertirse en Museo y sede de la Fundación Gala-Dalí, Bajo la cúpula descansan los restos del genio del Ampurdán. Algunas obras fueron realizadas expresamente para el Teatro-Museo como la salas MaeWest y Palau del Vent o el Cadillac. Merece la pena pagar los 14 € que cuesta la entrada (9 los mayores de 65 años), pues tenemos ocasión de ver algo único. Además el precio incluye la visita al interesante espacio Dalí·Joyas, que muestra la colección de 39 joyas de oro y piedras preciosas y los 26 dibujos y pinturas para los diseños, que Dalí realizó entre los años 1941 y 1970.

Aprovechamos la estancia en Figueres para recorrer el entorno próximo al Teatro-Museo Dalí, viendo sus originales adornos escultóricos exteriores, el Ayuntamiento y la iglesia de San Pedro, de estilo gótico, en la que me gustó mucho la capilla del santísimo Sacramento. Muy cerca se encuentra otro lugar muy original al que para acceder hay que pagar 7 €. Se trata del Museu del Joguet de Catalunya (Museo del Juguete), inaugurado en el año 1982 en las dependencias del antiguo Hotel París. Pasaremos un buen rato contemplando antiguos juguetes, algunos de los cuales habían pertenecido a personajes como Salvador Dalí, Federico García Lorca y Joan Miró. Comemos en Figueres y regresamos a Roses. Al fin dispondremos de un poco de tiempo para recorrer su paseo marítimo.

Sexto día de viaje. Hoy lo vamos a dedicar a la comarca de la Garrotxa, comenzando en un municipio que siempre me ha cautivado y que se ha convertido en un importante destino turístico, debido a su monumental puente sobre el río Fluvià. Me refiero al pueblo de Besalú y al Pont Vell, que tiene forma angular y siete arcos desiguales. Además, encima del quinto pilar se levanta la torre fortificada. La primera noticia que se tiene del puente es del año 1075, aunque es el fruto de numerosas reformas y ampliaciones posteriores. Aunque el puente fortificado es la principal atracción, no podemos dejar de recorrer las calles del centro medieval, deteniéndonos en la Plaça de la Llibertat, el Hospital de Sant Julià y el Monestir de Sant Pere. Nuestro viaje continúa, pasando por Castellfollit de la Roca, pintoresco pueblo construido sobre un acantilado basáltico, del que sobresale la torre de la antigua iglesia de Sant Salvador.

La siguiente cita la tenemos en la capital de la Garrotxa, Olot, pero como andamos a la carrera no pensamos visitar esta población, dirigiéndonos directamente al aparcamiento del cementerio, de donde parte un sendero que en diez minutos de marcha nos sitúa en el cráter del volcán de Montsacopa, completamente redondeado, producto de una erupción estromboliana poco explosiva de hace unos 100.000 años. Teníamos ganas de conocer el Parque Natural de la Zona Volcánica de la Garrotxa.  Desde lo alto contemplamos las cumbres nevadas de la Vall de Nuria y la torre de la iglesia de Sant Pere Màrtir. Rodeando el cráter vemos dos atalayas y la iglesia de Sant Francesc.

Para la tarde dejamos otra de las novedades de este viaje, que tenemos a sólo 10 km de Olot y dentro del Parque Natural. Se trata del coqueto pueblo de Santa Pau, que algunos comparan con los de la Toscana italiana, en la que destaca la imagen que proporcionan el castillo de los siglos XIII-XIV y la sencilla iglesia de Santa María, del siglo XV. Tenemos que recorrer las laberínticas y empedradas callejuelas de la Vila Vella hasta la plaza Mayor o Firal dels Bous, porticada y de perfil irregular.

Seguimos en el sexto día de viaje. Como los días ya van alargando, nos apetece volver a ver el estany de Banyoles, situado en la capital de la comarca del Pla de l’Estany, ya que nos agradó el recorrido que hicimos en un viaje anterior, cuando dimos la vuelta al lago caminando. Esta vez no limitamos a tomar unas fotos de los patos y fochas que disfrutan de las aguas del lago más grande de Catalunya (112 hectáreas), que también se puede recorrer en barco.

La sexta jornada y en definitiva el viaje por Girona concluye muy cerca de donde nos alojamos y que dejamos como última opción para visitar. Se trata de Empuriabrava, que presume de ser la marina residencial más importante de Europa, ya que cuenta con unos 24 km de canales navegables. Está situada en el golfo de Roses y pertenece al municipio de Castelló d’Empúries. Cuenta también con una playa de unos 1.500 metros de longitud.

Tenemos un largo viaje de regreso a Leioa (729 km), casi todos por autopista, circulando sucesivamente por la AP-7, A9, A61, A64, A63 y AP-8, pasando junto a las turísticas poblaciones de Carcassonne y Toulouse.

GIRONA (1): Mar y montaña

Me gusta Catalunya, pero puestos a escoger me quedo con el Pirineo de Lleida, los restos romanos de Tarragona, la ciudad de Barcelona y con la provincia de Girona al completo, por la Costa Brava, los pueblos costeros y medievales, las obras de Dalí y las montañas. En Catalunya siempre nos han acogido de maravilla, máxime siendo vascos. De hecho en cualquier festejo popular es habitual ver ikurriñas, como la que ilustra esta primera imagen, tomada en Besalú. Aquí no es tan habitual ver senyeras. Pese a no ser muy extensa (5.910 km²), la provincia de Girona tiene muchos lugares de interés, así que lo que os presento en este par de entradas es fruto de una escapada de una semana, cinco días reales, así que han quedado fuera otros lugares en los que he estado con anterioridad, como su capital, Puigcerdá, el enclave en territorio francés (Llivia), el extremo nordeste entre La Junquera y Portbou y la parte sur de la Costa Brava, entre Palamós y Blanes. Si en la anterior escapada nos instalamos en Lloret de Mar, esta vez el lugar elegido fue la localidad de Roses, distante 729 km de Leioa, efectuando el viaje por el sur de Francia.

Nuestro campamento base para esta escapada ha estado en el Hotel Mediterraneo Park **** de la localidad de Roses, ubicada en la comarca de Alt Empordà, al sur del cabo de Creus. Varios de los destinos escogidos en esta ocasión estaban en esta comarca, motivo por el que elegimos este importante centro turístico, en el que casi no estuvimos ni pisamos sus playas, limitándonos a caminar por el paseo marítimo de las palmeras y contemplar el castillo de la Trinidad y como construían un castillo en la arena. Este viaje lo realizamos en la última decena de un mes de abril y a las tardes hacía fresco ya que tuvimos bastante viento.

El día siguiente a nuestra llegada nos desplazamos al municipio de Cadaqués y más en concreto al pequeño pueblo costero de Portlligat, con objeto de visitar la Casa Museo de Salvador Dalí, el lugar donde vivió y trabajó el pintor hasta que en 1982, con la muerte de Gala, fijó su residencia en el Castillo de Púbol. Es un laberíntico espacio lleno de pinturas y recuerdos del pintor, formado por la unión de tres antiguas cabañas de pescadores. La entrada cuesta 14 €. Hasta que llegó nuestro turno de entrada, pasamos una agradable espera contemplando la actividad de los pescadores en un  pequeño embarcadero situado frente a la vivienda.

Hoy vamos a pasar toda la jornada en la comarca de Alt Empordà, estando muy cerca nuestro siguiente destino, el punto más oriental de la península ibérica. Se trata del Cap de Creus, cuyo entorno es Parque Natural, donde aprovechamos para comer el bocadillo tras visitar el faro y caminar un poco por la costa. Estamos en el municipio de Cadaqués, por cuyas proximidades pasamos a continuación, observando como sobresale de él la iglesia de Santa María, lo mismo que sucede con Santa María de les Neus, al pasar cerca de El Port de la Selva. Concluimos la jornada en un lugar no previsto, el Dolmen Vinyes Mortes I, que vimos al borde de la carretera. Se trata de un sepulcro de corredor que fue ocupado desde el III milenio aC, hasta la Edad del Bronce , unos mil años después.

Antes de dirigirnos a Roses con la parada en el dolmen, pasamos buena parte de la tarde en Sant Pere de Rodes, declarado Bien Cultural en 1997. Si la Casa Museo de Salvador Dalí nos recibió con lluvia, aquí fue la niebla la que se adueñó del lugar. Este conjunto está formado por el monasterio de Sant Pere, el castillo de Verdera y la iglesia de Santa Cruz de Rodas. El monasterio, cuya visita merece realmente la pena, está construido en terrazas, organizándose los edificios en torno al claustro y la iglesia, levantada entre los siglos X y XI. De especial relevancia son la nave central, el campanario del siglo XII, la torre de defensa o del homenaje, del siglo X y el capitel de los monjes. La portada fue obra del Maestro de Cabestany y mostraba diferentes escenas de la vida de Cristo esculpidas en mármol blanco. A la entrada podemos ver dos copias de sendas escenas, Agnus Dei y la Aparición de Cristo a los Apóstoles (siglo XII), que se guardan en el Museu Marès de Barcelona. Concluimos la jornada tras unas cuantas visitas y un recorrido de sólo 73 km.

La siguiente jornada la pasamos al completo en la comarca del Ripollés y, como fue un 23 de abril, celebramos el día de Sant Jordi en la localidad de Ripoll, que cuenta con un precioso monasterio, el de Santa María, para de allí dirigirnos a Ribes de Fresser, donde cogimos el tren cremallera que nos trasladó hasta los dos mil metros de altitud de la Vall de Núria. De esta jornada ya os hablé el 23 de abril de 2019, así que os dejo el enlace: https://blogs.deia.eus/de-leioa-al-mundo/2019/04/23/dia-de-sant-jordi-en-girona-de-ripoll-a-vall-de-nuria/

De regreso a Roses, como ya era bastante tarde, sólo tuvimos tiempo para realizar una breve parada en Camprodon, pues tenía ganas de ver el Puente Nuevo, construido sobre el río Ter en los siglos XII-XIII, aunque fue modificado en los siglos XVI y XVII. Es un puente de un solo arco, unido a una torre de defensa, donde está el antiguo portal de Cerdaña. Se trata de un lugar lleno de encanto, que pone el broche a una preciosa jornada, la más larga del viaje, pues hemos recorrido 240 km en coche, más el trayecto en cremallera.

Iniciamos la cuarta jornada sin salir de la comarca de Alt Empordà, deteniéndonos en primer lugar en una población, Castelló d’Empuries, que cuenta con numerosos edificios de interés, entre los que destaca la iglesia de Santa María, edificio gótico de los siglos XIII al XV, de donde nos dirigimos al Lavadero (Rentador), que data del siglo XIX, aunque las columnas son de los siglos XVI y XVII, ya que proceden del desaparecido convento de San Francisco. La siguiente cita la tenemos en la Plaça dels Hommes, visitando sucesivamente la Lonja (Llotja), la Curia y prisión (Cúria i presó), la Casa Grande (Casa Gran) y el Palacio Condal, que data del siglo XIV y en la actualidad alberga el Ayuntamiento.

Muy cerca tenemos nuestro siguiente destino, en el que pasamos el resto de la mañana. Se trata del Parque Natural de Aiguamolls de l’Empordà, que está considerado el segundo más importante de Catalunya, ya que concentra un gran número de especies autóctonas de flora y fauna. Nuestra visita se centró en dos de las tres zonas del parque, caminando en primer lugar desde El Cortalet hasta El mas del Matar, disfrutando de buena parte de los hábitats y especies más emblemáticas del Parque. Continuamos luego la ruta hasta Les Ayunes, para conocer la franja litoral y tener una excelente vista desde el altísimo observatorio de Senillosa.

Hoy volvemos a comer de bocadillo al mediodía, nuevamente mirando al mar en la localidad de l’Escala, donde previamente caminamos por su paseo costero disfrutando de dos interesantes grupos escultóricos, dedicados respectivamente a la Sardana y a la Cobla, obra en bronce que representa una cobla sardanista, con once figuras de músicos y sus instrumentos, de tamaño natural. Seguimos en Alt Empordà. Por recomendación de una amiga, fuimos luego a tomar el café muy cerca, a una de las playas más coquetas de la Costa Brava, Cala Montgó.

Hemos dejado para la tarde la visita a varios pueblos medievales, pero de ello os hablaré la próxima semana. El viaje continúa.

Municipios de Bizkaia (6)

Continúo el recorrido por otros ocho municipios de Bizkaia, los siguientes en orden alfabético a los publicados el pasado 19 de enero. En total son 112 y los recorrí entre los años 2012 y 2016. De esta forma pausada os iré mostrando lo que en mi opinión es lo más interesante en cada uno de ellos.

Comienzo hoy con un municipio que conozco muy bien, pues lo tengo a un paso de casa. Se trata de Getxo, que cuenta con una población de 77.770 habitantes y una extensión de 11,89 km², en los que hay un montón de lugares de interés, como las playas, el monumento a Evaristo Churruca, el paseo de las villas con edificios de la talla del Palacio Lezama-Leguizamón, la antigua Casa de Náufragos y el faro de Arriluze o las casas de pescadores del Puerto Viejo, donde podemos ver la obra “El Sireno”. Cuenta también con interesantes iglesias, como las de Nuestra Señora de las Mercedes, San Nicolás de Bari, San Ignacio de Loyola y la de Andra Mari, esta última en Santa María de Getxo.

Una buena forma de conocer Getxo es recorrerlo a pie, para lo que os propongo dos rutas. La primera de ellas, de unos 4 km de ida y otros tantos de vuelta, parte del gasolino que une Portugalete con Areeta, para pasar junto al Puente Bizkaia, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO; seguir bordeando la ría y luego caminar por el muelle de Areeta hasta el paseo Marqués de Arriluze, para luego bordear la playa de Ereaga y concluir al final del Puerto Viejo, donde tenemos una buena oferta de bares. La segunda ruta sigue la fachada costera de Punta Galea, partiendo del Molino de Aixerrota, del siglo XVIII, para dirigirnos hacia el Fuerte de la Galea, de la misma época. Continuamos bordeando el faro y el campo de golf para llegar a la parte superior de la playa de Gorrondatxe. Podemos regresar por donde hemos venido o continuar la ruta por el municipio de Sopela y regresar en metro desde Larrabasterra.

Del municipio más poblado de esta propuesta pasamos al de menos población, Gizaburuaga, que cuenta con tan solo 197 habitantes y una extensión de 6,32 km², eminentemente rural, ubicado a orillas del río Lea en la comarca de Lea-Artibai, a 7 km de Lekeitio. El edificio más relevante es la parroquia de Santa Catalina, edificio gótico renacentista que fue construido en el siglo XVI, siendo también reseñables el moderno Ayuntamiento y la ermita de Nuestra Señora de Oibar. Dedicamos el resto del tiempo a contemplar hermosos caseríos bajo la atenta mirada de unos simpáticos burritos.

Cambiamos de zona. Nos desplazamos ahora a Enkarterri para visitar un municipio muy extenso, 41,50 km², pero poco poblado, 1.697 hab. Se trata de Gordexola, comenzando nuestro recorrido en una zona de montaña, cercana a Güeñes, donde se encuentra la ermita más antigua del municipio, San Juan de Berbikez, en la que también se venera a los santos Cosme y Damián. Nos acercamos al Palacio Hurtado de Ibargüen, para luego contemplar la Casa-Torre Ibargüen, ubicada junto al río Herrerías. El centro urbano se sitúa en torno a la plaza Molinar, donde están el frontón, la iglesia de San Juan y el Ayuntamiento, tras el que hay un pequeño parque con un espacio dedicado al Athletic. En la misma zona hay elegantes villas de indianos, de nombres Cuba, Arechavaleta, San Luis y José. Hemos dejado para el final la iglesia de San Nicolás de Bari, en el barrio de Zaldu y la Torre de Urtusaustegi, ubicada en el de Azkarai.

Nos dirigimos ahora a un municipio costero, Gorliz, que cuenta con una extensión de 10,29 km² y una población de 5.891 habitantes, que crecen muchísimo en verano al ser un notable destino de segunda vivienda vacacional, así que no resulta extraño que lo más destacable sea su playa, junto a la que se encuentra el Hospital y el monumento al Dr Areilza. En el centro del casco urbano se encuentran, juntos uno a otro, los edificios más relevantes, la iglesia de la Purísima Concepción, el Ayuntamiento y el Frontón. En torno a la calle Itsabide vemos hermosas viviendas y, en una rotonda en la entrada al pueblo, el barco Gure Ana Mari.

He elegido el municipio de Gorliz para realizar la segunda propuesta de ruta a pie de esta entrega, muy sencilla como suele ser habitual. Para ello dejamos el coche aparcado en el gran parking existente frente al edificio de la UPV, comenzando a caminar por el paseo de Astondo, que bordea la playa desde el Aterpetxea hasta el Hospital, tras pasar por la zona de dunas que ha sido rehabilitada. Siguiendo el límite del Hospital, cogemos a la derecha la carretera Urezarantza, que enseguida abandonamos por la izquierda para coger el camino Kukullu, que seguiremos hasta el final. Poco a poco vamos ganando altura, pasando por el terreno de la Granja de la Diputación de Bizkaia, que tiene como objetivo la promoción de la raza equina autóctona de pottokas y la de ganado vacuno. Al lado tenemos el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre, donde vemos un ciervo. La carretera por la que caminamos concluye en nuestro destino, el faro, situado en cabo Billano, construido en 1990 en una zona con amplias vistas sobre la costa. Hemos tardado menos de una hora en completar el recorrido, regresando por el mismo camino al punto de partida. También podemos alargar la excursión para contemplar las antiguas baterías de costa, o subir a la cumbre más alta de la zona, el monte Ermuamendi (292 m), distante tan sólo 1,3 km.

Regresamos de nuevo a Enkarterri para recorrer otro municipio surcado por el río Kadagua y muy extenso, 41,16 km², que cuenta con una población de 6.736 habitantes que se agrupan en varios núcleos de población, entre los que destacan Güeñes, Sodupe, La Quadra y Zaramillo. Es en el de Güeñes donde se encuentran los dos principales edificios, la iglesia de Santa María (siglo XVI) y Villa Urrutia, elegante mansión de indianos, actual Casa Consistorial, que se asoma a Arenatzarte, jardín botánico y espacio artístico que ocupa 1,5 hectáreas. Vemos otras notables construcciones y nos desplazamos hasta la ermita de Santxosolo, del siglo XVIII, dedicada a San Martín de Iturriaga. La siguiente cita la tenemos en Sodupe, donde se encuentran la iglesia de San Vicente (s. XVIII) y la Torre de La Puente. Concluimos este apresurado recorrido por el municipio de Güeñes en Olakoaga (La Quadra), para contemplar una de las Casas Torre de Bizkaia que mejor han mantenido las características originales. Fue construida en la segunda mitad del XIV.

Nos desplazamos ahora a la zona costera de Busturialdea, para recorrer el municipio de Ibarrangelu, que tiene una extensión de 15,56 km² y tan sólo 629 habitantes. Si algo destaca en este municipio son las playas de Laga, junto al cabo Ogoño, y Laida, situada al final de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai, teniendo como telón de fondo la localidad de Mundaka. En su núcleo principal, Elexalde, junto al Ayuntamiento tenemos el principal monumento, la iglesia de San Andrés (s. XVI), considerada la capilla sixtina del arte vasco. Nos desplazamos luego al núcleo de Akorada, donde tenemos la iglesia de Santa María Engracia y el monolito en recuerdo de la Batalla de Matxitxako. De Akorda parte el camino que sube hasta el monte Atxarre (312 m), excelente mirador sobre Urdaibai, en cuya cima se encuentra la ermita de San Pedro.

La siguiente cita la tenemos en el valle de Arratia, en el industrial municipio de Igorre, que tiene una extensión de 17,28 km² y cuenta con 4.337 habitantes. Nos desplazamos en primer lugar el barrio Garbe, donde se encuentra la ermita de San Miguel de Turture. En el centro urbano de Elexalde es donde encontramos los principales edificios, contemplando sucesivamente la iglesia de Santa María, el Palacio Vildósola, la ermita-humilladero de San Antonio, la Casa de Don Hilario de Soloeta, la Casa Zubizarreta, el busto dedicado al Dr Ignacio de Zubizarreta, el frontón y el Ayuntamiento, concluyendo nuestra ruta en el barrio de Urkizu, para contemplar la hermosa ermita de San Andrés de Zumeltzu.

Regresamos a la comarca de Lea-Artibai para recorrer el último municipio de esta entrega, Ispaster, bastante extenso (22,62 km²) y poco poblado (729 habitantes), situado a 5 km de Lekeitio. Antes de llegar al centro urbano nos detenemos en un edificio atípico en Bizkaia, el molino de Aixeder, para dirigirnos a continuación a la ermita de San Martín, gótica del siglo XV. En el centro destacan el Ayuntamiento y la iglesia de San Miguel, del siglo XV. Disfrutamos contemplando las zonas rurales con sus tradicionales caseríos y nos trasladamos al barrio Larrinaga, donde se encuentra el Palacio Arana. No podemos abandonar Ispaster sin acercarnos a la tranquila playa de Ogeia, en la que llama la atención un peculiar fenómeno geológico, el flysch.

Las fotos que ilustran esta entrada fueron tomadas entre el 16 de enero y el 1 de abril de 2014, salvo las rutas a pie por Getxo, que datan del 27-05-2020, poco después de salir del confinamiento y las de por Gorliz, que son del 23-02-2021, gracias a que podía abandonar confinamiento municipal.

Semana Santa en Los Arribes del Duero (y 3): Bragança (Portugal)

Concluyo el relato de la “escapada” realizada en la Semana Santa de 2013, que dejaba la pasada semana en la población portuguesa de Miranda do Douro. Ya que estamos en Portugal, hemos decidido pasar el Domingo de Pascua en esta país y, más en concreto, en la ciudad de Bragança, que no visito desde hace unos cuantos años y que dista casi 74 km de Miranda do Douro, nuestro “campamento base”. Bragança está situada en la altiplanicie noreste, en las faldas de la sierra de Montesinho, haciendo frontera con la comarca zamorana de Sanabria. Antes de llegar al centro de esta población, tenemos una impresionante vista de la Ciudadela, la antigua ciudad medieval, de la que sobresalen la Torre del Homenaje del castillo y el campanario de la iglesia de Santa María.

Es precisamente en la iglesia de Santa María donde comenzamos nuestro recorrido monumental. Está situada junto a nuestras dos siguientes citas, el Domus Municipalis y el castillo. Poco se conserva de la época medieval de este templo, que combina elementos románicos, barrocos y renacentistas. De decoración barroca adornada con el oro procedente de Brasil, lo más destacable de la iglesia son las columnas de ladrillo, de estilo mudéjar, el fresco del techo y la imagen de María Magdalena que se encuentra en su altar mayor.

Prácticamente adosado a la iglesia de Santa María tenemos un singular y enigmático edificio de arquitectura románica civil, único en la península ibérica. Se trata del Domus Municipalis, construido en el siglo XII con forma de un pentágono irregular. Dado que contiene una cisterna, se cree que su función original fue la de recoger y almacenar el agua de lluvia, aunque en el siglo XVI fue utilizado para celebrar las reuniones de la Cámara Municipal, de donde proviene su nombre, pues en latín significa “Casa de la Cámara”. A la zona vimos llegar una sencilla procesión, en la que creo que llevan por las casas una custodia recordando la resurrección de Jesucristo.

Sin salir de la antigua Ciudadela, nos detenemos para contemplar la Torre del Homenaje, una de las más imponentes de Portugal. Protegido por un recinto amurallado, el castillo fue construido a finales del siglo XIII y remodelado en el XV. En su interior podemos visitar el Museo Militar de Bragança. La torre, en la que destacan las ventanas con motivos góticos, nos da idea de la importancia de la ciudad como lugar fronterizo con el Reino de Castilla.

Salimos de la Ciudadela e iniciamos el descenso a la zona en la que se acomodaron los nobles, por lo que existen monumentales construcciones. Salimos del recinto amurallado por la Porta do Sol, así llamada por estar en la parte Este, que nos da acceso a la Rua dos Combatentes da Grande Guerra, a la que se asoman varias construcciones con las fachadas típicas de las casas portuguesas, destacando el edificio civil con una preciosa balconada que preside la plaza de San Vicente, en la que se encuentra el monumento a los caídos en la Primera Guerra Mundial.

Ya que estamos en la plaza de San Vicente no podemos de dejar la iglesia de la que toma su nombre. La iglesia de San Vicente se construyó en estilo románico, aunque casi toda su ornamentación es barroca, del siglo XVIII, destacando las pinturas de la bóveda del presbiterio, el retablo principal y el pórtico renacentista. En la parte exterior unos azulejos recuerdan a un personaje local, el Teniente General Manuel Jorge Gomes de Sepúlveda quien, el 11 de junio de 1808, desde las escaleras de la iglesia de San Vicente se dirigió al pueblo de Bragança, que lo aclamó como jefe del movimiento de liberación de Portugal del dominio francés.

Nuestro paseo monumental concluye en la Praça da Sé, que cuenta con un cruzeiro sobre una columna salomónica esculpida por los jesuitas. Bragança cuenta con otras notables iglesias pero para concluir nos quedamos con la Sé Velha, la Catedral Vieja, que data del siglo XVI. En realidad el origen era un convento jesuita, pero cuando la sede de la diócesis pasa de Miranda do Douro a Bragança en el siglo XVIII, comienza a ejercer funciones de Catedral, título que perdió en 2001, cuando se inauguró la nueva Catedral de Nossa Senhora Rainha.

De Bragança regresamos a Miranda do Douro y de allí, el Lunes de Pascua, a Leioa con parada en Toro. Es la última “escapada” que he realizado en Semana Santa.

Semana Santa en Los Arribes del Duero (2): Cortejando al río

Dejaba hace dos semanas el relato de esta escapada a Los Arribes del Duero, a falta de cubrir los 56 km que separan Zamora de la localidad portuguesa de Miranda de Douro, en la que pasamos las cuatro noches de las jornadas festivas de Semana Santa. Era el 28 de marzo de 2013, Jueves Santo. Accedemos al país vecino cruzando el río Duero por encima de la presa de Miranda. Justo cuando estamos en el centro, el reloj del coche se retrasa automáticamente una hora. Estamos en Portugal. Pronto vemos el monumento más significativo de Miranda do Douro, la Catedral. Nos instalamos en el hotel, tomamos un vino y nos disponemos a cenar en un lugar que conocemos de un viaje anterior, el restaurante O Moinho, situado en la rua do Mercado. Su especialidad es la deliciosa carne mirandesa, que tiene denominación de origen propia, optando por la chuleta, aquí llamada “costeleta de vitela a la brasa”. En verano, este restaurante suele tener largas colas para entrar, siendo frecuentado por gente de Zamora que acude aquí a celebrar los banquetes de bodas, ya que los precios son mucho más baratos. Lo mismo sucede con las mantelerías, juegos de sábanas y toallas, así como muebles fabricados con madera de gran calidad, así que en Miranda do Douro confluyen los viajes de ocio y negocio.

Para una vez que nos arremangamos, nos toca una Semana Santa pasada por agua, así que dedicamos la jornada de Viernes Santo a ir conociendo Miranda do Douro entre chaparrón y chaparrón y, cuando llueve, vamos preparando desde el hotel el viaje que realizaremos en junio por los Balcanes. La primera visita local es a la pequeña pero coqueta iglesia barroca de la Santa Cruz, que data del siglo XVII. De allí nos dirigimos al epicentro de la localidad, la plaza Joao III, a la que se asoma el bonito edificio de la Cámara Municipal (Ayuntamiento). La plaza está presidida por las esculturas de una pareja de mirandeses con la capa de honras puesta, obra de José Antonio Nobre.

La hermosa plaza Largo de Dom João III cuenta con otros notables edificios, como el que ocupa el Museo de la Tierra de Miranda, donde, a través de trajes, utensilios y otros objetos, se tiene la oportunidad de conocer la historia de la ciudad, en la que sus habitantes cuentan con una lengua tradicional propia, el mirandés. Continuamos nuestro recorrido por el casco antiguo acercándonos a la pequeña iglesia de la Misericordia, construida entre los siglos XVI y XVII, que cuenta con varios altares barrocos. De allí nos dirigimos hasta las ruinas de la Alcazaba del castillo.

He dejado para el final el edificio más notable de Miranda do Douro, la Catedral, cuya construcción comenzó en 1552, aunque hasta comienzos del siglo XVII no se instaló el retablo del altar mayor, de estilo manierista, una de las obras maestras del escultor vallisoletano Gregorio Fernández, quien lo realizó junto a Francisco Velázquez y los hermanos Muniategui. Además de los diferentes retablos hay que destacar la sillería del coro y el órgano barroco, de finales del siglo XVII, que cuenta con 585 tubos. No podemos abandonar la Catedral sin contemplar el retablo-vitrina del Menino Jesus da Cartolinha, uno de los iconos turísticos de la ciudad. Se trata de la imagen de un niño bien vestido, tocado con sombrero de copa y con un globo en la mano izquierda. El origen de esta imagen proviene de una leyenda surgida durante la guerra de sucesión española. En 1711, los españoles invadieron y ocuparon Miranda. En medio de las vejaciones sufridas aparece en las murallas un niño, vestido de hidalgo caballero, convocando a los mirandeses a levantarse contra los españoles. La población se subleva y al frente se coloca el niño. Cuando se logró la liberación de la ciudad, se buscó al niño, pero no se le pudo encontrar, así que se consideró su aparición como un milagro y que la victoria contra los españoles fue debida a la intervención divina.

Sábado Santo amanece por fin radiante, así que nos disponemos a aprovechar a tope esta jornada en la que queremos cortejar ampliamente al río Duero, para lo que cruzamos la frontera y nos dirigimos a la aldea zamorana de Fariza, distante 14 km de Miranda do Douro. Nuestro destino está 3 km más adelante, en la ermita de Ntra Sra del Castillo, que ya recibía peregrinos en el siglo XIV. Junto a la ermita parte un sendero de un centenar de metros que nos acerca hasta el Mirador de las Barrancas, uno de los más bellos puntos de vista sobre los Arribes del río Duero. Como ha llovido tanto, disfrutamos también contemplando una hermosa cascada.

Tenemos que recorrer 23 km para llegar al siguiente mirador sobre el río Duero, ubicado en Fermoselle, destino turístico de referencia en la provincia de Zamora, al estar considerado como la capital de los Arribes, además de ser Conjunto Histórico Artístico que no disponemos de tiempo para recorrer, por lo que nuestra visita se limita a la Plaza Mayor, a la que se asoma el Ayuntamiento, en el que destaca la torre del reloj y la “campana torera”, con la que se tocaba a concejo en la villa. Aquí se realiza cada sábado el mercadillo, que se extiende hasta la plaza de la Iglesia, presidida por la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción. Nuestro destino es el Mirador del Castillo, desde el que se tiene una magnífica vista del cañón del río Duero, las huertas y el centro histórico de Fermoselle. Nos habría gustado visitar el convento de San Francisco, sede del parque natural de los Arribes del Duero, en su parte zamorana.

Abandonamos con prisa Fermoselle, para enseguida pasar a la provincia de Salamanca por la carretera que cruza el río Tormes, junto al que nos detenemos para comer de pic-nic. Tenemos 41 km por delante para llegar a la localidad salmantina de Aldeadávila de la Ribera, en la que nos detenemos a tomar un café y fotografiar su principal construcción, la iglesia parroquial de San Salvador, comenzada a construir en el siglo XIII, pero muy reformada los siglos XV y XVI. Nuestro siguiente destino se encuentra a 8 km. Se trata del Mirador del Fraile, desde el que se tiene una impresionante vista de la presa de Aldeadávila, de 139,50 metros de altura, que constituye la obra de ingeniería hidroeléctrica más importante de España a nivel de producción eléctrica. Debido a las lluvias, de las paredes surgen varias cascadas.

Nos hemos despistado y se nos ha hecho tarde, así que tengo que “volar bajo” para cubrir en una hora los 77 km que nos separan de Miranda de Douro, ya que a las 5 de la tarde (las 4 en Portugal), tenemos reserva en el Crucero Ambiental de Arribes del Duero, que a lo largo de hora y media recorre el río por el Parque Natural do Douro Internacional, pudiendo contemplar los impresionantes acantilados sobre los que vuelan los buitres. Todas las paredes chorrean agua, fruto de las intensas lluvias. El precio es de 18 euros.

El Crucero Ambiental de Arribes del Duero, navega bajo los espectaculares acantilados verticales del río Duero en la frontera de Zamora (España) con Miranda do Douro (Portugal). Durante el trayecto, los técnicos de la Estación Biológica interpretan los recursos etnográficos, fauna, flora y geología del parque. Una vez concluido el crucero nos obsequian con una copa de vino de Oporto, mientras presenciamos una exhibición de aves rapaces, que creo que ahora no se realiza, pero se visita unas instalaciones con nutrias.

Como el día sigue radiante y las tardes van alargando, decidimos estirar el día para echar un último vistazo al río Duero desde lo alto de los acantilados. El Miradouro de la ermita de São João das Arribas (San Juan de los Arribes) lo tenemos a tan solo 10 km del embarcadero, en la localidad de Aldeia Nova, que cuenta con una coqueta iglesia. Cuando el sol empieza a decaer, contemplamos una impresionante vista del cañón del río Duero, además de echar un vistazo a la pequeña capilla, que en su exterior cuenta un pequeño altar para los días de romería. También vemos las viejas paredes de piedra, pertenecientes a lo que antaño fuera un asentamiento fortificado de la Edad del Hierro. Este castro también fue utilizado por los romanos.

Por fin hemos tenido un día soleado, que hemos aprovechado intensamente. Además, los Arribes del Duero eran el principal objetivo de esta escapada, así que no nos podemos quejar. El Domingo de Resurrección los pasamos en Bragança, pero de ello os hablaré la próxima semana,

Parque Natural de Izki (Araba)

Tal como iba la evolución de la pandemia y ante el temor de que volvieran los cierres perimetrales tras la Semana Santa, el lunes 29 de marzo decidimos realizar una escapada al Parque Natural de Izki, ubicado en territorio alavés, relativamente cerca de la muga con Nafarroa y La Rioja. Es una zona de 9.143 hectáreas, eminentemente forestal, recorrida por el río Izki y bordeada por montañas, que alberga la mayor reserva de Europa de «Quercus pyrenaica» (“ametza” en euskera). Su punto culminante es el monte Kapildui (1176 m), donde se encuentra el radar de Euskalmet, la Agencia Vasca de Meteorología, sobre una torre de 60 metros de altura. Con la pandemia, los espacios naturales están ahora mucho más concurridos, como lo prueba el área recreativa de Korres, en cuyo aparcamiento había más de las 19 autocaravanas que tiene de aforo. Nuestro objetivo consistió en recorrer la foz del río Izki por la Senda Bujanda, por la que se accede a esta localidad desde Korres.

Situado a 31 km de Vitoria-Gasteiz, Korres es un concejo perteneciente al municipio de Arraia-Maeztu, que cuenta con una población de tan solo 26 habitantes. Será para nosotros el punto de partida de la ruta que pensamos realizar. Antes de llegar al centro del pueblo llama la atención la impresionante mole de la iglesia parroquial de San Esteban, del siglo XVI, aunque reformada en el XVIII. En la actualidad está en fase de restauración, por lo que está cerrada al culto. Vemos también antiguas casas, la fuente y varios eguzkilores.

En Korres tenemos el Parketxe, Centro de Interpretación del Parque Natural de Izki, que cuenta también con un observatorio astronómico. En su interior podemos conseguir información sobre rutas y contemplar una exposición que muestra la variedad de ecosistemas del parque, fauna y flora. El horario de apartura es de 10:00 a 19:00 todos los días excepto los lunes que permanece cerrado, así que no pudimos acceder a su interior, cosa que ya sabíamos. Lo que ignorábamos es que el bar que hay enfrente también estaba cerrado, así que si quieres tomar algo un lunes, es mejor que lo hagas en Maeztu.

Son muchas las rutas que parten del Parketxe aunque no aparece el indicador de la nuestra, la Senda Bufanda, hasta que llegamos a la confluencia de la calle Mayor con la plaza Fuente Abajo, donde cogemos el Korres bidea, que ya no abandonaremos hasta llegar a nuestro destino. Salimos del pueblo por un empinado camino cementado, que pronto se desvía a la izquierda convirtiéndose en un cómodo camino que desciende suavemente en busca de la presa de Aranbaltza, construida hace casi 100 años, a la que se puede bajar por un sendero.

Continuamos caminando en total soledad en suave descenso entre los paredones calcáreos de La Muela y el Soila. Enseguida cruzamos el canal de agua que abastece a la central hidroeléctrica de Antoñana. A partir de este lugar, el camino que recorre la foz se convierte en un coqueto sendero que sigue descendiendo en busca del río Izki, que cruzamos por el puente Lagabia, casi imperceptible debido a la abundante vegetación. Entramos en una magnífica aliseda.

El sendero se transforma en una pista, en ocasiones encharcada, que nos lleva a un claro con vistas del Soila y la Peña del Castillo. Estamos saliendo del cañón, llegando enseguida a un pequeño aparcamiento habilitado para los pescadores. El desfiladero da paso ahora a una zona más abierta, con campos de cultivo al borde del camino. La presencia de unos caballos nos anuncia que nos queda ya poco para llegar a nuestro destino, el concejo de Bujanda.

Una hora aproximada de marcha, en la que hemos recorrido 3,9 km, nos sitúan en el concejo de Bujanda, perteneciente al municipio de Campezo/Kanpezu. Bujanda cuenta con tan solo 20 habitantes censados, siendo el edificio más relevante la iglesia de San Fausto Labrador. Aquí no hay bar, así que tenemos que conformarnos con un trago de agua en la fuente situada en la principal calle, que toma de ella su nombre (La Fuente kalea).

Tenemos que deshacer el camino andado para regresar a Korres, pero ahora cuesta arriba, para llegar a los 706 metros de altitud a los que se encuentra nuestro destino, partiendo de los 615 de Bujanda, pero con un desnivel acumulado de 125 metros, muy suaves, salvo el repecho final. La ermita de la Virgen de la Peña, situada en un alto, nos marca el final de nuestra ruta por la foz del río Izki. Bajo ella existe una enorme área recreativa, repleta de mesas y con muchas autocaravanas, donde comemos de bocadillo.

Siguiendo las recomendaciones del Parque Natural de Izki, decidimos visitar una población situada en su periferia, a 32,5 km de Korres. Se trata de  Peñacerrada-Urizaharra, una villa de origen medieval, ubicada en el límite fronterizo de los antiguos reinos de Navarra y Castilla, que sigue conservando parte de su recinto amurallado, del que sobresale la Puerta Sur. Aparcamos el coche en la coqueta plaza Fray Jacinto, a la que se asoman la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Asunción y el Ayuntamiento. El centro de la plaza lo ocupa una bonita fuente de cuatro caños y otras tantas pilas.

Pensábamos haber tomado el café aquí, pero el Bar San Prudencio estaba cerrado (hoy no es nuestro día), así que lo tomaremos en casa, ya que estamos a poco más de una hora de Leioa (107 km), tras coger en Zambrana la autopista AP-68.

Según Resolución de la Directora de Salud Pública y Adicciones del Gobierno Vasco, a partir de las 00:00 de mañana, 7 de abril, el Territorio de Araba quedará cerrado perimetralmente.

Semana Santa en Los Arribes del Duero (1): ZAMORA y TORO

Tengo muchísimas ganas de poder volver a viajar con libertad y seguridad, pero estoy completamente de acuerdo con los cierres perimetrales en Semana Santa, pues la salud es lo primero. Además, la verdad es que no me afecta mucho, porque hace un montón de años que dejé de viajar en Semana Santa, ya que estaba todo lleno de gente, los precios eran mucho más caros y tuve que soportar interminables caravanas para regresar a casa. A todo ello hubo una excepción. El 21 de marzo de 2013, cuando estaba a punto de salir hacia el aeropuerto de Bergen tras estar diez días navegando por los fiordos noruegos, recibí una llamada de la amiga Mariluz para ver si nos animábamos a ir con ellos a pasar los días de Semana Santa en los Arribes del Duero y allí nos fuimos.

28 de marzo de 2013. Tras cuatro horas de viaje (389 km), paramos a comer en Zamora, ciudad en la que ya había estado en otras ocasiones. Aprovechamos también para recorrer su casco antiguo, deteniéndonos en primer lugar ante su edificio más significativo, la Catedral, que data del siglo XII y en la que llama especialmente la atención su cúpula. Al lado vemos una curiosa escultura perteneciente a la Ruta Espacios Lobo, auspiciada por el Ayuntamiento, un paseo por Zamora con el escultor Baltasar Lobo.

A poco más de un centenar de metros tenemos el castillo, de los siglos X al XVII, que cuenta con cimientos prerrománicos y estructura románica. La siguiente cita la tenemos en la iglesia de San Isidoro, de estilo románico, que fue construida en el siglo XII dentro del primer recinto amurallado. De allí nos desplazamos hasta el Palacio Episcopal, edificio muy remodelado en el siglo XVII. Casi al lado tenemos la Puerta del Obispo, que formaba parte de las murallas de los siglos XI al XIII.

Sin cruzar la puerta, bordeamos la Catedral y caminamos durante 1 km hasta la iglesia de San Pedro y San Ildefonso, el templo de mayor tamaño e importancia de la ciudad tras la Catedral y declarada Monumento Nacional en 1974. Su portada occidental es obra de Joaquín Benito Churriguera, guardando en su interior los restos de san Atilano, patrón de la ciudad, y de san Ildefonso de Toledo. La siguiente cita la tenemos en otra iglesia románica, la de Santa María Magdalena, construida en los siglos XII y XIII y declarada Monumento Nacional en 1910. Aprovechamos para acercarnos al río Duero y contemplar el Puente Nuevo o de Piedra, de 250 metros de longitud, que cuenta con 16 ojos y fue construido entre los siglos XII y XIII, aunque tuvo que ser reconstruido casi entero tras la riada de 1556.

Continuamos el paseo monumental desplazándonos hasta el palacio del Cordón, del siglo XVI, actual sede del Museo de Zamora. No tenemos más que girar 90º a la izquierda para llegar a la iglesia románica de Santa Lucía, utilizada como almacén visitable del citado museo. En su fachada llama la atención el reloj solar, construido en 2003 por Juan Luis Moraza. Nos dirigimos ahora a otra iglesia románica, la de San Cipriano, que data de los siglos XI-XII y utilizada como sala de conciertos. De momento, la última visita es a la estatua de Viriato, ubicada en la plaza que lleva su nombre, obra del zamorano Eduardo Barrón González.

Es Jueves Santo y aunque en esta ocasión no hemos venido a ver las procesiones de Semana Santa, nos topamos con algunas mientras buscamos un restaurante para comer ahora que está todo el mundo en la calle. De todas formas aprovecho para tomar algunas fotos al paso de la procesión ante el Museo de Semana Santa y la iglesia de San Juan de la Puerta Nueva. También fotografío lleno de niños el monumento al Merlú, nombre que reciben las parejas de congregantes de la Cofradía de Jesús Nazareno, cuya misión consiste en reunir a los demás hermanos para comenzar el desfile procesional.

Tras la comida seguimos callejeando, pasando ante la Diputación de Zamora, que ocupa el edificio del antiguo Hospital de la Encarnación, construido en 1629. Enseguida llegamos a la iglesia de Santa María la Nueva, templo románico del siglo XII, tras el que encontramos la escultura de Barandales, de Ricardo Flecha. Pasamos frente a la casa-palacio de los Condes de Alba de Liste, del siglo XV, actualmente Parador Nacional de Turismo, de donde nos dirigimos a la Plaza Mayor, a la que se asoman el Ayuntamiento Viejo, de finales del siglo XV, actual sede de la Policía Municipal y la nueva Casa Consistorial. Buena parte de la plaza está ocupada por la iglesia de San Juan Bautista, más conocida como San Juan de Puerta Nueva, que data de mediados del siglo XII.

Un último vistazo a San Juan de la Puerta Nueva antes de iniciar el regreso al coche, contemplando de camino otros notables monumentos como la iglesia de San Vicente Mártir, de finales del siglo XII, que cuenta con «la más noble torre románica de Zamora», en palabras del poeta leonés Antonio Gamoneda. Casi al lado tenemos el Teatro Principal. Todavía nos quedan otras dos iglesias románicas, la de Santiago del Burgo, que data de los siglos XII-XIII y la de San Andrés, reedificada entre 1550 y 1570. Por delante tenemos ahora 56 km para llegar a Miranda do Douro (Portugal), nuestro campamento base en estas jornadas festivas, de lo que os hablaré la próxima semana.

Doy un salto en el tiempo hasta el 1 de abril, fecha de regreso a casa tras pasar 4 noches en Miranda do Douro. Como hicimos en Zamora a la ida, aprovechamos para dar una vuelta por la localidad de Toro, antes de cubrir los 354 km que nos separan de Leioa. Ha llovido mucho en Semana Santa, así que no resulta extraño que la primera imagen que tengamos sea el puente de 22 arcos del siglo XV, sobre un río Duero desbordado. Aparcamos cerca del Alcázar del siglo X, para de allí dirigirnos al principal monumento de la ciudad, la Colegiata de Santa María la Mayor, del siglo XII, en la que destaca el Pórtico de la Majestad.

Declarado conjunto histórico en 1963, Toro cuenta con un interesante casco antiguo, desde el que con frecuencia vemos la Torre del Reloj, comenzada a construir en 1719 sobre la antigua Puerta del Mercado del siglo XV. Comenzamos nuestro paseo monumental en la porticada Plaza Mayor, a la que luego regresaremos para comer, presidida por el Ayuntamiento y la iglesia románica del Santo Sepulcro. Y de templo a templo, pues sucesivamente iremos contemplando la iglesia románico-mudéjar de San Salvador de los Caballeros (siglo XIII), el monasterio de Santa Sofía (siglo XIV) y las iglesias de la Santísima Trinidad, románica del siglo XII, y de San Lorenzo el Real, construida en estilo románico-mudéjar a finales del siglo XII.

Concluimos este paseo monumental por Toro contemplando otros notables edificios, comenzando en el Arco del Postigo, del siglo X, para luego detenernos sucesivamente ante cuatro palacios, empezando por el de las Leyes de Toro, construido en el siglo XV para sede de las Cortes de Toro. De él sólo se conserva la magnífica portada, pues fue destruido tras un incendio en 1.923. De él nos dirigimos al de los Marqueses de los Alcañices, con su grandiosa fachada de tres plantas, al de los Condes de Requena, de estilo gótico de finales del siglo XV, en el que destaca el patio central o claustro. Es la sede administrativa del Ayuntamiento y del Consejo Regulador de la Denominación de Origen Toro. Finalmente nos acercamos al de los Condes de Fuentesaúco, el edificio más renacentista de la ciudad. No podemos abandonar Toro sin ver el Verraco celtibérico, escultura de piedra del verraco de toro tallada ene el siglo V aC, que dio nombre a la localidad.

La “escapada” continúa.

NÁPOLES (Italia), Patrimonio de la Humanidad

Cuando realizamos un crucero tenemos por costumbre quedarnos unos días en el punto de llegada, para completar dos semanas de viaje. Es lo que hicimos el 25 de marzo de 2017 al concluir el crucero por el Mediterráneo en Civitavecchia. Cogimos un tren hasta el aeropuerto romano de Fiumicino, donde alquilamos un coche para desplazarnos hasta San Marino, un país de postal para, al día siguiente, cruzar los Apeninos y, tras 507 km de viaje llegar a Nápoles, en un viaje de mar a mar, pues pasamos del mar Adriático al Tirreno. Nuestro objetivo no era esta ciudad, en la que ya había estado en dos ocasiones, visitando también en la última las ruinas de Pompeya y Herculano, sino la cercana Costa Amalfitana. Para ello pasamos 3 noches en Nápoles, en el Magri’s Hotel ****, situado fuera del centro para así no tener que circular por él con el coche, pero que cuenta con un amplio aparcamiento cerrado y está a 600 metros de la estación de metro de Gianturco, a una parada de la estación central.

Tras viajar a la Costa Amalfitana, el 28 de marzo lo dedicamos a una visita un tanto superficial del centro histórico de Nápoles, que fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995, por  tratarse de una de las ciudades más antiguas de Europa.

Aunque no había estado en Nápoles desde el año 2000 y por regla general en 17 años las ciudades han mejorado mucho, esta ciudad sigue siendo el caos. En el hotel estuve dos días reclamando que no funcionaba el aire acondicionado, pues en la habitación hacía muchísimo calor. Se sorprendían y me decían que avisaban al técnico. Finalmente otra persona me dijo que hasta el mes de abril no lo ponen. En la estación de Metro de Gianturco no había taquillas y las máquinas expendedoras de billetes estaban destrozadas, por lo que optamos por coger un taxi hasta la confluencia de las calles Via Foria y Via Duomo. A 450 metros realizamos la primera visita, a la catedral, el Duomo di Napoli, cuyos orígenes se remontan al año 1299, pero que ha sido numerosas veces remodelada con posterioridad. Es famosa la capilla del tesoro que guarda la estatua de San Gennaro y las cápsulas que contienen la sangre del santo, que cada 19 de septiembre, aniversario de su muerte, se licúa.

En Piazza San Gaetano, 68, a tan solo 300 metros tenemos el principal motivo de este viaje a Nápoles, pues aquí se encuentra la entrada a “Napoli Sotterranea”, de la que nos han hablado muy bien. Se trata de una visita guiada por el subsuelo de la ciudad, en inglés o italiano, de casi dos horas de duración. Los túneles fueron creados por los griegos como depósitos subterráneos de agua. Los romanos los ampliaron para extraer roca que utilizaron en la construcción de la ciudad. Durante los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial sirvieron como refugios para más de 200.000 personas. Para acceder a su interior tenemos que bajar más de 100 escalones para llegar a 40 metros de profundidad, para recorrer una sucesión de estrechos túneles y extensas salas subterráneas. En nuestro caminar iremos descubriendo almacenes, bombas y hasta un carro de combate. Hay que tener en cuenta que durante el recorrido se pasa por un angosto túnel de apenas 70 cm de anchura, con la única iluminación de una pequeña vela. La última novedad es la inclusión de la visita al Teatro Greco-Romano, también subterráneo, al que se accede por una vivienda, en el que vemos una exposición.

La siguiente cita la tenemos casi enfrente del acceso a “Napoli Sotterranea”, en una zona turística muy vigilada por la policía, por temor a atentados o robos. Se trata de la Basilica di San Lorenzo Maggiore, una de las más antiguas de la ciudad, aunque ha sido muy modificada a lo largo de la historia, conservando de finales del siglo XIII la zona del ábside, en estilo gótico francés. El altar mayor es uno de los mejores ejemplos renacentistas de Nápoles. Merece también la pena contemplar el sepulcro de Giambattista della Porta y un monumental nacimiento, algo muy tradicional en esta ciudad.

Callejeamos durante algo más de 1 km en busca del Corso Umberto I, una especie de Gran Vía que cuenta con señoriales edificios. Caminamos por ella hasta la piazza Giovanni Bovio, presidida por el edificio de la Camera di Commercio, que cuenta en el centro con la estatua ecuestre de Vittorio Emanuelle II. 500 metros más adelante tenemos la piazza del Municipio, que toma su nombre por la presencia del Palazzo San Giacomo, sede del Ayuntamiento de la ciudad. Está adornada por la Fontana del Nettuno (Neptuno), cuya construcción se remonta al año 1601, durante el virreinato español del conde de Olivares. Todavía nos queda otra plaza por ver, la de Trieste e Trento, a la que se asoman notables edificios, de la talla de la Galería Humberto I, el Teatro de San Carlos, el Palacio Real, la iglesia de San Fernando y el Palacio del Cardenal Zapata. En medio de la plaza se ubica la Fuente de la Alcachofa. Sin embargo se ha echado la hora de comer y hoy toca, como no, una buena pizza napolitanta.

Tras la comida y antes de dirigirnos a la piazza de Trieste e Trento, nos acercamos a otro lugar muy vigilado por la policía, el Castel Nuovo (Castillo Nuevo), conocido popularmente como Maschio Angioino (Torreón angevino), que data de la época de Carlos de Anjou quien, tras su ascenso al trono de los reinos de Nápoles y Sicilia, en 1266 trasladó la capital desde Palermo a Nápoles. Destaca el elegante arco del triunfo blanco, construido en 1470 para conmemorar la entrada de Alfonso V de Aragón en Nápoles en 1443. En el primer nivel llama la atención una cuadriga triunfal. Desde la entrada vemos el Palacio Real, nuestro siguiente destino.

Nos dirigimos ahora a uno de los lugares más emblemáticos y hermosos de la ciudad, la piazza del Plebiscito, presidida por el Palacio Real (Palazzo Reale), que desde 1919 alberga la Biblioteca Nacional. Su construcción se inició en 1603 por el virrey de Nápoles, el conde de Lemos. Enfrente, al otro lado de la inmensa plaza tenemos la Basílica de San Francisco de Paula, probablemente la más conocida de Nápoles, que recuerda el Panteón de Agripa. Los otros dos lados de la plaza están ocupados por sendos palacios, el de la Prefectura y el Salerno. Dos estatuas ecuestres contribuyen a su embellecimiento, dedicadas a Carlo III y Ferdinando I.

Abandonamos la piazza del Plebiscito y nos dirigimos a la zona costera, deteniéndonos en primer lugar ante la estatua de Augusto, para luego contemplar la monumental Fontana della Immacolatella, también llamada Fuente del Gigante. Está ubicada en la Vía Partenope, en la costanera de Nápoles, a unos 700 metros de la citada plaza. Estamos en una zona de amarre de embarcaciones deportivas, en la que tenemos como telón de fondo el volcán Vesubio, famoso por su erupción del 24 agosto del año 79, en la que fueron sepultadas las ciudades de Pompeya y parte de Herculano.

Todavía tenemos que caminar algo más de 1 km hasta nuestra última visita, el Castel dell’Ovo (Castillo del Huevo), así llamado porque, según la leyenda, Virgilio habría escondido en el interior del castillo un huevo que soportaría la estructura del edificio. El castillo era parte de la villa del romano Lucio Licinio Luculo. El castillo fue arrasado en el siglo X por los napolitanos y reconstruido sucesivamente por aragoneses, normandos y españoles. Desde lo alto se tiene una magnífica vista de la bahía de Nápoles y del Vesubio. El recorrido ha llegado a su final, así que caminamos un poco por la Via Pertenope, en ese momento peatonal y vigilada por los Carabinieri, en busca de una terraza en la que tomar café optando, como no, por la del Antonio&Antonio. Nos hemos pegado una buena paliza de andar y hace una tarde preciosa, así que, contemplando el castillo y el Vesubio, ponemos el punto final a nuestra visita napolitana.

Estamos a tan sólo 5,5 km del hotel, pero regresamos en taxi. Menos mal que, tal como nos aconsejaron, acordamos el precio antes de salir, pues tardamos una hora en llegar. Nápoles es un caos y aunque tiene la colección completa de policías y militares en la calle, para regular el tráfico no hay nadie, en una ciudad en la que es raro encontrar un semáforo que funcione. Al pasar por dos iglesias coincidimos con sendos funerales, siendo los empleados de la funeraria los que organizaban el tráfico para poder abrirse paso. Al día siguiente tuvimos 240 km de autopista para llegar al romano aeropuerto de Fiumicino, de donde a las 14:45 h partía el vuelo de Vueling a Bilbao.