No seas como la extrema derecha

Si “la extrema derecha agita el fantasma de una nueva crisis migratoria que despierta temor entre los líderes europeos” (Infolibre), sin duda, la posición más acertada será observar la realidad de la manera adecuada: las y los afganos que consigan abandonar su país sin nada son personas aterrorizadas que no quieren vivir bajo una dictadura. Quienes consigan llegar a Europa no lo harán para delinquir o robar puestos de trabajo a nadie. Pensar eso es pensar poco y, lo que es más importante, es empatizar poco con otros seres humanos que prefieren huir a lo desconocido porque lo peor es quedarse con quienes ya conocen.

¿Qué debemos hacer?

No, no voy a criticar a la Unión Europea o a EE.UU. por plantearse un diálogo con los talibanes aunque estos integristas armados me parezcan personas despreciables. No creo que esa crítica sea coherente con una crítica previa a la presencia de diferentes ejércitos y otra crítica intermedia por la salida de esas y esos soldados. Todo no es criticable, y quien cae en esa tentación tiene poco respeto por sí mismo: no puede parecernos mal la ocupación, la salida, la guerra y el diálogo. Igual lo que tenemos que hacer es pensar un poco mejor cuál es nuestra opinión, o si acaso tenemos una, antes de tuitearla.

Una buena explicación, también en Internet

Los pocos periodistas sobre el terreno y los muchos especializados (en 20 años de presencia militar internacional no pocos corresponsales han pasado por Afganistán para contra lo que sucedía) están haciendo un buen trabajo en sus medios y en Twitter para explicarnos qué ha ocurrido y qué puede ocurrir en Afganistán. También Íñigo Sáenz de Ugarte lo está haciendo en su célebre blog, Guerra Eterna: la corrupción y el caudillismo eran tapados por la propaganda (no solo estadounidense), y la realidad se ha mostrado con crudeza con el avance talibán sobre un gobierno y unas fuerzas armadas endebles sin tutela.

Y otra, capciosa

En el otro extremo a Sáenz de Ugarte se encuentra Juanma, un usuario de Twitter que se hacía pasar por un trabajador español de la inteligencia estadounidense que llegaba a Kabul a colaborar con la repatriación de personal español y americano. Desde lejos olía a timo, pero Antoñita Tatuajes ha sido la que se ha remangado y ha hecho una pequeña investigación para confirmar que se trata de un perfil que “dentro de poco empezará a tuitear cosas para asustar viejas y soltará bulos y noticias falsas, aprovechando que ya hay gente que se ha creído que es un soldado que está allí, en primera línea. Antes que las feministas”.

Y solo es el principio…

Lo ocurrido en Afganistán (la ocupación militar, la hipocresía de todo el mundo, la salida de las y los militares, la debilidad de un gobierno afgano que solo se ocupaba de mantenerse como élite y el regreso de los talibanes) no es lo peor: lo peor es lo que sucederá, el regreso a la edad de piedra, texto sagrado y kaláshnikov al hombro allí… Y que esta imposición, además, puede servir de modelo en otros lugares. Xavier Aldekoa alertaba en Twitter: “En un continente donde el yihadismo avanza, la victoria talibán manda un mensaje muy peligroso a los barbudos: si lucháis, al final el enemigo huye. Y en África, el problema es grave”.

Ridículo y terrible

Los vídeos de los talibanes montados en autos de choque o jugando con las máquinas del gimnasio del palacio presidencial son bien descritos por el periodista Vicente Ruiz: “Sería cómico si no fuera tan dramático. Parecen escenas de Borat”. En efecto, son imágenes ridículas y terribles: esas personas que viven para la imposición de sus ideas pasan un rato toqueteando lo que van a destruir: el progreso, aunque sea en su expresión más trivial. Pero también van a destruir lo que más importa: la limitada libertad de un pueblo que, según su pirámide poblacional, mayoritariamente desconoce lo que es vivir bajo el yugo talibán.

Pero también pasajero

Juan Soto Ivars también clava su tuit: “La conmoción que provoca Afganistán puede ser sincera, pero es pasajera. La sumisión, la tortura y el terror en Afganistán no lo van a ser. La cultura de la conmoción consiste en espeluznarse a corto plazo y de forma anárquica por horrores que no acaban cuando pasamos a otra cosa”. En este momento que nos ha tocado observar, en el que las noticias se devoran a sí mismas y vivimos con una intensidad impostada cada drama, tuiteando desde nuestro sofá o nuestro puesto de trabajo, el interés por Afganistán pasará, como pasó el de Siria o Palestina. Pero los talibanes seguirán allí.

Lo que no debemos olvidar

Dejaremos de ver los rostros de las y los afganos, sobre todos, los de ellas: periódicos, teles, radios y Twitter se ocuparán de otros asuntos, de otra foto provocadora de C. Tangana o de una hambruna en el continente africano que, de pronto, centra nuestro interés. Pero mientras todo eso pase tenemos que ser muy conscientes de cómo funciona el mundo: “Lo único que se me ocurre decir sobre lo de Afganistán es qué vergüenza damos. Qué mentirosos son todos y qué gratis les salen a todos sus mentiras”, tuiteaba Diego E. Barros, señalándonos como sociedad y, sobre todo, a esos dirigentes que se contradicen sin ruborizarse.

Sus madres y padres no lo harán

Los talibanes no solo se van a quedar con los autos de choque, las máquinas de los gimnasios, los cines, las cometas y los derechos humanos de mujeres y niñas, también van a coleccionar armas de todo tipo que aprenderán a manejar (ese progreso sí les interesa). Miles de militares de varios países han pasado por Afganistán estos años armando a unas fuerzas autónomas que no han sabido oponer resistencia. Por el camino, afganos y visitantes perdieron su vida. ¿Por qué? ¿Para qué? Eso se pregunta el Daily Mail en una de las portadas más duras de la semana, con la foto de uno de los entierros de militares británicos muertos en Afganistán.

Las élites

En estos 20 años la población afgana se ha rejuvenecido, la mayoría solo conoce esa convivencia con militares de otros países. Y en estos 20 años también se ha desarrollado una élite, sobre todo política, que ha huido ante el avance talibán. Una élite que ha vivido hasta el último minuto con todas las comodidades occidentales, y no hablo solo de los autos de choque o el gimnasio: el “entrepreneur” Sultan Ghani subía a Instagram una foto de sí mismo acercándose a un jet privado con cierta parsimonia para abandonar Afganistán al principio del acercamiento talibán. La gilipollez, como todos sabíamos, es universal.

¿La obra o el autor?

No sé qué pensar a veces, lo confieso una vez más hoy, que retomo la rutina de opinar de cinco temas cada día, por lo menos. Y cuando no sé qué pensar prefiero callarme, una opción cada vez más minoritaria en este mundo en el que podemos escribir lo que se nos ocurra en WhatsApp, Twitter, Facebook o Instagram, al momento. Esa incontinencia la han sufrido en Bildu este verano, pidiendo al Zinemaldi que no otorgue su Premio Donostia a Johnny Depp por las causas abiertas por violencia machista que tiene. Alberto Remírez tiraba de sarcasmo: “Ah, los fachas y sus cancelaciones y campañas contra los artistas”.

¿Qué les diferencia?

Antes de que en Bildu decidieran hacer público que están a favor de la censura preventiva nadie discutía que lo sucedido en el ayuntamiento de Toledo con el cartel anunciador del concierto de Zahara era un atropello: la imagen del grupo, en la que una corona virginal culminaba la imagen de una mujer que fuma mientras mira a la cámara (solo eso, sí) resultaba insultante para Vox y el ayuntamiento, gobernado por el PSOE, acabó por prohibir el cartel. Me parece que en este mundo y este momento tan complicado para comunicar y gobernar es urgente dejar de confundir la corrección política con las mamarrachadas.

¿Provocador?

Seguimos: cuando vi la foto de C. Tangana rodeado de mujeres en bikini en la cubierta de un yate no me extrañó (ya lo avisa él en su último disco: “Ahora que sobran ceros en el banco me piden que cambie”). Cuando la madre de mis hijos me mostró que, además, varias de las chicas eran sobradamente conocidas, me pareció un juego, una imitación más que una provocación porque fotos así ya las han protagonizado Julio Iglesias o Jesús Gil. Lo que sí me sorprendió es el revuelo. Crispas expresaba en Twitter mejor que yo mi propia impresión: “Me fascina que esto sea provocador y ofensivo en el año 2021. Qué maravilla”.

No es una polémica: es una ofensa

Si hay un tema que abandona la arena de la polémica para bañarse en el de la ofensa es el precio de la electricidad en España (y por extensión, Euskadi), una península soleada regada de ríos y con embalses amortizados. La aparente inacción del gobierno español resulta indignante, pero los que cabrean son los tuits tipo de uno de los partidos de ese gobierno: “UP es el único espacio político que ofrece soluciones a los abusos del oligopolio eléctrico. Hay que intervenir el mercado y crear una empresa pública. Para ello hacen falta 2 cosas: valentía y no deberle ni un favor a las eléctricas. Nosotros podemos dar esa batalla, otros, no”.

La cuestión

Hace mucho tiempo que sé que la carne de perro es especialmente indigesta, así que para evitar el Almax de después, aclaro que me incluyo en la parte señalada por el acertado tuit de La Libreta: “La cuestión no es si Ibai Llanos hace periodismo. La cuestión es cuánto periodismo hacemos los periodistas”. Llanos consigue para su show on-line estar donde todos los periodistas queríamos: en la cena de despedida de Messi con los capitanes del Barcelona y en la presentación en París. Como periodista no me molesta: lo aplaudo y envidio. Lo que me preocupa es que el espectáculo reine porque nadie da la información.

La ciencia funciona

Hasta marzo de 2020 en esta misma columna escribí alguna vez que nuestras generaciones recientes se habían mantenido a salvo de una pandemia, por suerte, y que por eso proliferaban movimientos reprobables como el de las y los antivacunas. Ahora, con la pandemia golpeando durante año y medio, la efectividad de estas fórmulas tiene que quedar fuera de toda duda, como la importancia de la Unión Europea, pese a los pasos en falso iniciales: “Alcanza su objetivo de entregar vacunas para el 70% de la población adulta” (The Objective). La noticia es buena sin peros ni matices, gracias a la ciencia y la logística.

La lógica, debería

El “un, dos, tres” de Roberto García sobre la evolución de la pandemia y la economía es tan lógico que cae por su propio peso: “1. Vamos a abrirlo todo rápidamente para que vengan los turistas. 2. Se dispara la incidencia. 3. El país de origen de esos turistas prohíbe viajar a España. Y así, una y otra vez. Una y otra vez”. Pese a lo evidente que resulta, el gobierno español y varios autonómicos que han levantado las barreras mirando para otro lado (con mención de honor para el desastre balear) han provocado que al inicio del solomillo de la campaña veraniega los destinos turísticos habituales generen más dudas que seguridad.

El PP prefiere alquilar

La estafa inmobiliaria empezó a finales de los 90 y a principios de este siglo, cuando quienes pretendían hacerse con la propiedad de los pisos impulsaron el alquiler. Y todavía continúa exactamente con la misma fórmula porque les sigue funcionando. Después de más de veinte años de aprendizaje y participación directa en el impulso al ladrillo y lo que vino después, es lógico que el PP prefiera alquilar su sede de Génova 13 aunque tenga ya ofertas para su compra y transformación en pisos de lujo. “Los populares podrían obtener rentas superiores a los 160.000 euros mensuales”, según La Información. O esa será su pretensión.

El truco para emprender es heredar

Estoy viejo para algunas mierdas como los cantos de sirena para emprender y construir tu propio sueño americano en Portugalete, Barcelona o Madrid. Y más, después de tuits como este de Eduardo Saldaña: “¿Cuál es el origen de la fortuna de los milmillonarios en España? Herencia: 54%. Fundadores de empresas: 15%. Ejecutivos: 8% Conexiones políticas: 4%. Finanzas: 19%”. Parece que solo la banca resiste a este sistema de castas, pero ahí están las y los Botín para recordarnos que la mejor manera de crecer en el sector es heredar las entidades. Bueno, pues eso, que vivamos los pobres.

El modelo de negocio es especular

La capacidad de resistencia de las fortunas es tal que incluso se adaptan a esta nueva economía virtual en la que lo que da dinero de verdad, rollo Musk o Bezos, es la expectativa, y no el modelo de negocio rentable. Ahí está para demostrarlo Uber: sus dueños nadan en dinero, al más puro estilo del Tío Gilito, mientras las y los usuarios pagan cada vez más por las carreras, y las y los conductores pasan de ser los primos en la partida. “Cada vez menos quieren trabajar bajo sus condiciones laborales” (Magnet), y pese a que la empresa prepara programas para que retornen, no lo logra por las normas draconianas que ha ido imponiendo.

Ayuso y Vox, al frente de Telemadrid

La presidenta de Madrid ha puesto en marcha un mecanismo para controlar, con descaro y junto a Vox, la televisión pública madrileña. Su excusa ha sido el coste, y en su argumento burdo, como siempre, está la verdadera razón de su movimiento: Telemadrid es una herramienta demasiado relevante como para no echarle el guante. Lo que todos nos preguntamos es hasta dónde va a llegar, porque Telemadrid ya era una televisión fuertemente politizada, y la maniobra de Díaz Ayuso, en la que participa Vox, busca profundizar en ese control que, con esos mimbres, solo puede producir cestas sorprendentes.

Al otro lado, también

El programa de Jesús Cintora en La1 provocó la reacción de una parte de la plantilla de TVE porque una productora privada iba a hacerse cargo de contenidos informativos. Una vez puesto en marcha, la calidad hablaba por sí sola. La defensa en plan hooligan del espacio y su conductor, sobre todo por parte de prescriptores de Podemos, era bastante sospechosa. Ahora, la queja de Pablo Echenique por su cancelación acaba de cerrar el marco con el que tenía que ser vista la emisión para ser comprendida o puesta en valor. Asegura el de Podemos que lo quitan “por motivos políticos”. ¿Lo pusieron por los mismos?

¿Dónde irá ahora Iván Redondo?

Doy por perdida mi novela: no consigo trenzar una historia. Pero sigo fijándome en esos personajes que me hubiera encantado inventar, describir y poner en aprietos. Curiosamente, dos de mis favoritos han tenido el mismo empleo: Jorge Moragas e Iván Redondo. Cada noticia con la que me topo del primero, ahora embajador en Filipinas, hace más especial al personaje. Pero espero que Redondo siga otro camino: algunos dicen que saltará a la empresa privada, donde se gana dinero de verdad, otros le esperan pegado a un nuevo candidato, como hizo Josh Lyman en The West Wing, y algunos le ubican explorando nuevos mercados políticos.

Hay que ver cómo está el español

Desconozco el horario de trabajo de Toni Cantó pero voy a pensar que es flexible para explicar que en tiempo de oficna se ponga a tuitear sobre cosas que nada tienen que ver con el “hueco” que le ha buscado Ayuso. O eso o, como él mismo decía, está solo en un despacho, sentado delante de una mesa vacía y tuiteando para pasar las horas: “Cantó difunde un bulo sobre uno de los agresores de Samuel para defender a la ultraderecha” (El Plural). Un bulo que también ha extendido quien fuera su jefe de gabinete, Alvise Pérez, y que habría partido de El Español. El digital de Pedro J., no la oficina de Cantó.

Sí, es legal

La detención del líder de Alianza Nacional, Pedro Pablo Peña, “en el marco de una investigación por sus continuas exaltaciones del nazismo” (Público) nos ha recordado la existencia de su partido, que fue denunciado por IU por no cumplir con la ley de partidos, que promueve “la ilegalización de aquellas formaciones que apuesten por ‘justificar el racismo y la xenofobia o apoyar políticamente la violencia y las actividades de bandas terroristas’. Sin embargo, el Supremo consideró que esos principios no cuadraban con Alianza Nacional pese a sus permanentes mensajes y discursos de adoración hitleriana” (Público).