Voy a intentar ser bueno

Voy a intentar ser bueno mientras escribo esta columna, dejar a un lado el amargor de los últimos meses y el cansancio acumulado durante varios años, lo prometo. Así que empezaré por Borja Barba, uno de los tuiteros más interesantes de Bilbao y que suele tener algo razonable que escribir: “No se trata de que ‘no me dejen ver a mis padres’. Se trata de que yo, en una decisión personal tan responsable como dolorosa, no quiero hacerlo. Estamos tan acostumbrados a no asumir decisiones de responsabilidad que culpamos a quien sea de una decisión que debería ser nuestra”. No puedo añadir más.

Hablemos de entretenimiento

Para no ponerme serio ni grave con los temas, voy a hablar de mi entretenimiento favorito: el fútbol. “El máximo dirigente del Real Madrid, ni corto ni perezoso, se ha quejado del trato que recibe su club durante las retransmisiones televisivas”. Esto es lo que me encuentro en El Nacional, por ejemplo. Vaya, mis intenciones eran buenas… Pero me topo con las del Real Madrid, ese equipo de la mano de Ramos que perjudicó al Eibar o del empujón de Carvajal que lo hizo al Athletic. Ese equipo en el que los jugadores hacen lo que les da la gana y su presidente, además, se queja del trato desfavorable.

Pues lo haré de la mala gente

Pues si hablando de los buenos y de los intrascendentes no me ha ido bien, probaré con los que, seguro, hoy merecen carbón del Olentzero: “Banco Santander impone a sus clientes una subida de 240 euros en comisiones” (Diario 16). No lo niego: el Santander es, con diferencia, la empresa con la que peor experiencia de cliente he tenido en toda mi vida, por eso suelo obviarlo como tema de la columna. Pero esta vez no he podido evitarlo porque yo fui uno de los muchos a los que intentaron colar la cuenta “123” con la que ahora van a meter el sablazo. Hablar de ello es mi pequeño regalo (y terapia) de Navidad.

Olentzero maitea…

Voy a pedir yo mismo a Olentzero algo: un modelo de negocio para el periodismo (sobre todo, para el escrito, que es la que más disfruto) que sirva para prestigiar a los profesionales, empezando por el sueldo. Porque si no intercede Olentzero me veo haciendo el idiota como Eduardo Inda, que pide a los lectores que se suscriban a su medio con una campaña en la que aparece con la boca tapada y las manos amarradas con cinta aislante. Es triste pedir, como yo hago a Olentzero, pero más triste es ponerse en ridículo. Por cierto: estoy seguro de que le va a ir muy bien y esa es nuestra desgracia.

Goretzka también me vale

En este contexto en el que puede que ni Olentzero nos salve de la pobreza periodística o de la de verdad, ni del coronavirus o la mala uva, ya solo me queda encomendarme a las pocas personas que hoy hacen que nos reconciliemos con el mundo: el futbolista Leon Goretzka ha criticado abiertamente al partido ultraderechista alemán, al que califica de “vergüenza”. No es la primera vez que se sitúa frente al fascismo y sus consecuencias: este mismo año recordaba las atrocidades de los campos de exterminio. Y es importante que lo haga alguien como él: popular, con la vida resuelta y muy joven. Hay esperanza.

Una buena noticia para empezar la semana

La nota de Europa Press es de hace unos días, pero entre la moción de censura y la pandemia, se ha ido quedando en la lista de candidatas a entrar en esta columna. No se me ocurre mejor momento para rescatarla que este lunes: “El apoyo a la independencia de Escocia se dispara a niveles históricos. (…) Un 58 por ciento de los encuestados ha asegurado que respaldaría la independencia escocesa, un apoyo que, tal y como indican sondeos anteriores, se encontraba en torno al 55 por ciento. (…) El Partido Nacional de Escocia se encuentra además a la cabeza en intención de voto de cara a las elecciones previstas para mayo”.

La derrota total de Vox

La derrota de Vox después de la moción de censura que este mismo partido impulsó es absoluta: no solo por lo que pudimos ver la semana pasada a un incapaz Santiago Abascal y a un hábil Pablo Casado para hacer sangre. Esta semana seguirán las consecuencias negativas para Vox (y por extensión, positivas para los demás) de su error: el gobierno español parte en mejor situación que hace solo 7 días para negociar los PGE después de que todos los partidos hayan votado ya juntos y todo el mundo haya visto que enfrente hay una banda de chalados de extrema derecha sin dotes para el gobierno.

Se acabó lo de Inda, ¿no?

Roberto García atinaba con su tuit sobre Eduardo Inda: “A un tío con esta capacidad de análisis le llaman de las teles para (supuestamente, ya sabemos que no) analizar la realidad política y social”, después de que el director de OK Diario dejara otra muestra de esa capacidad, al relacionar sin pudor al PP con Podemos, ERC y Bildu, por no apoyar la moción de censura de Vox. Inda no puede ser tomado en serio y su voz no puede seguir estando presente en los platós o los estudios de radio como si fuera la representante de una forma legítima de pensar. La broma de esta estupidez, genuina o forzada, tiene que finalizar.

La bandera de Díaz Ayuso contra el covid-19

No la he visto porque no he mirado, porque la bandera española que Isabel Díaz Ayuso ha desplegado para hacer frente al covid-19 debe de ser enorme: 25 metros de mástil, 75 metros cuadrados y 11 kg. de peso, apuntaba Luis Ángel Sanz en Twitter. Una medida que no parece especialmente útil para parar una pandemia pero sí para salir en una foto y disputar a Vox el voto populista y nacionalista español. Eso, en el primer lunes desde que Casado le dijera a Abascal: “Hasta aquí hemos llegado”. Si iba en serio, ya saben lo que tienen que hacer todos los del PP. Si iba de farol… Veremos más banderas trumpistas.

El curioso atractivo del bitcoin

Sigo sin entender el fenómeno de los bitcoins, esas monedas virtuales que se generan (en el argot, “se minan”) tras procesos matemáticos que requieren tanta energía como “un hogar de dos personas durante tres meses”. Shine McShine ha tuiteado otros datos importantes sobre el invento: “Casi el 15% de todos los bitcoins en existencia ha sido robados en algún momento”. Y lo más grave de lo que rescata seguramente sea que el mecanismo informático que los genera, conocido como “blockchain”, “se ha usado para esconder en los bloques pornografía infantil y ‘revenge porn’”.

Es justo y necesario

El Periodismo primero fue atacado on-line por los blogs y el “periodismo ciudadano”. Buena milonga fue aquella. Sobre todo, larga y plomiza. Pero solo era el principio: la proliferación de páginas webs de supuestas noticias acabó por destrozar el “periodismo”. Y al final, sobre todo por culpa de Internet (cambio de modelo, clickbait, etc.), las empresas periodísticas han dado la puntilla con contratos a la baja, Google como principal herramienta y la puta métrica web. Así que cualquier medida de corrección a esta deriva, como el procesamiento a Inda y Entreambasaguas, de OK Diario, me parece adecuada.

Igual pensaban que era otra cosa

Me sorprende que haya alguien capaz de pensar que en un partido de extrema derecha hay democracia interna. Pero, por lo visto, sí lo hay. Y unos cuantos. De saque, para votar a un partido facha hay que ser ignorante; para militar en él, por lo menos, tener una tarita o dos; y para creer que, además, vas a poder tener voz y voto, te tienen que faltar unos veranos. Lo que no entiendo es que el propio partido haya montado un teatro de procesos internos, ¡con lo fácil que es el ordeno y mando que quieren imponernos a todos! Primero, la dirección prohibió las reuniones de afiliados y ahora tumba parte del proceso.

¿Y a mí me representan?

La lucha de clases ya se ha reducido a dos, y lo hemos visto en Madrid: están los “cayetanos”, o lo que siempre hemos llamado “pijos de mierda y, además, fachas”. Y estamos el resto. En el sur de Madrid no viven “obreros”, en el sur de Madrid vive gente que tiene muy buenos puestos en sus trabajos y ganan muy bien, pero el centro es para Airbnb, oficinas y los que fueron marqueses cuando Franco era Franco. Así que a lo de la lucha de clases la izquierda va a tener que darle una vuelta porque, sí, hay diferencia entre unos pocos y la mayoría, pero esa mayoría hace mucho que es heterogénea y hasta ejecutiva.

A esto me refiero

Martínez Almeida es de aquellos, de los pijos de derechas. E Irene Montero es de los demás, de los míos y de los tuyos, de la mayoría, pero no es una trabajadora de base. Tiene estudios superiores, es ministra y vive en un chalet porque puede. Y sale en la Vanity Fair de septiembre como lo hizo Martínez Almeida en la de agosto. Exactamente igual. Así que la polémica que han montado algunos es, directamente, una chorrada con la que no deberíamos perder tiempo ni líneas de una columna. Pero es lo que toca. Porque siguen mandando aquellos y porque, cada vez más, esto se parece a Los Juegos del Hambre.

Canal Sur Radio

Primero leí que Kiko Rivera fichaba por una radio para comentar los partidos de fútbol del Sevilla FC. Después, que su actuación fue muy criticada. Y lo último que leí fue lo único que logró llamar mi atención: se trata de Canal Sur Radio. La pública y en tiempos de PP, Ciudadanos y Vox. Olé. Y arsa. Y qué arte tiene mi niño. Bueno, el mío, no, el de la Pantoja. Soy el primero que cree que los medios públicos están para informar… Pero también para entretener, y más en este tiempo tan angustioso. Pero de ahí a Kiko Rivera hay océanos de sentido común que alguien se ha saltado. Qué vergüenza.

Los mismos métodos… para todo

Iñaki García Arrizabalaga, como suele hacer, lo escribe en Twitter mejor que yo: “No somos conscientes de cuánto ha calado en nuestra sociedad la cultura de la violencia. Incluso ha llegado a impregnar las protestas contra las dramáticas consecuencias humanas por la avaricia empresarial en la gestión de un vertedero”. Se refiere a la foto en la que dos personas sujetan un cartel de un modo similar a cualquier acto del conglomerado “izquierda abertzale”, para denunciar la desaparición de los dos trabajadores en Zaldibar. La misma protesta no sirve para todo… A menos que reduzcas todas las batallas a una.

Definamos la respuesta

Moussa Marega decidió abandonar el terreno de juego del campo del Vitória de Guimarães después de recibir insultos racistas por parte de esta afición. Sus compañeros del Oporto intentaron impedírselo y el entrenador ordenó el cambio. A partir de ahí, sobre todo en Twitter, llueven críticas a los jugadores y el entrenador de Marega: que si tenían que haberse ido y perder los puntos (pelean por ganar la liga), que si tenían que haber jugado sin el delantero… Es evidente que el árbitro tenía que suspender el partido y que el problema es indiscutible, pero los culpables son los racistas, no los futbolistas.

Ciudadanos despertó a los fachas

Alvise Pérez ha pasado de ser el jefe de gabinete de Toni Cantó a ser retuiteado por el director de comunicación de Vox, Juan E. Pflüger. Pérez es un incendiario en las redes, de esos que hacen comparaciones imposibles y fuerzan conclusiones siempre contrarias a la igualdad entre personas. Justo lo que necesitaba Vox. Ahora, Pérez es freelance y Vox sigue agradeciendo mensajes como uno de los últimos que ha publicado, por ejemplo, a favor del PIN parental y en contra del feminismo. Pérez, en definitiva, ejemplifica cómo Ciudadanos (heredero de UPyD) despertó a la ultraderecha en beneficio de Vox.

¿Qué esperabas?

Uno de los tuits virales del pasado fin de semana lo lanzó un británico casi anónimo: Colin Browing se quejaba de los 55 minutos que llevaba esperando en la cola del aeropuerto de Amsterdam para acceder al país… Y a Europa. Terminaba su tuit con un elocuente: “This isn’t the Brexit I voted for”. Tarde, amigo ¿Por qué Brexit creía Browing que votaba? ¿Qué creía él que suponía salir de la UE? ¿Qué le habían contado? ¿En base a qué argumentos había votado? Colin, bienvenido a Europa… Pero por la puerta de los extracomunitarios. Ojalá la Unión se mantenga firme y estos mensajes sigan viralizándose.

La web de Inda es un colector

En Madrid no sacan la basura, se la dan a Eduardo Inda y éste la pone en la portada de su web, OK Diario. Solo así se explica que publique chorradas como que Irene Montero no ha hecho público en su currículum de ministra que trabajó como cajera de un supermercado. Oigan, yo me sacaba unos billetes maquetando tesis doctorales de otros y tampoco lo tengo en mi currículum de trabajador autónomo. Y además, ¿qué tiene de malo que una ministra haya pasado por un trabajo no cualificado? ¿Qué tipo de clasismo infumable producen Inda, quienes le financian y quienes le filtran estas “noticias”?

Lo importante

El conflicto que llevamos arrastrando sobre cómo intenta atajar el gobierno de Pedro Sánchez el exceso de horas extras lo ha definido mejor que nadie Jorge Matías: “Solo tenemos una vida, y es demasiado valiosa como para desperdiciarla con horas extras sin pagar”. Es así de sencillo, y acabar con este abuso es tarea de todos. Creo que la apuesta de Magdalena Valerio por el fichaje es claramente insuficiente ya que acercarse a fichar para seguir en el puesto de trabajo es una opción realmente sencilla. Esto va más allá: hace falta concienciación y frenar a quienes se han acostumbrado a tratar con esclavos.

Esto sí está bien

Sigo sin creerme a Borja Sémper. Me sigue pareciendo un político que esconde lo que sabe que no gusta pero a él no le incomoda, y eso me suena más a engaño que a cualquier otra cosa. Pero también creo que solo habla bien de él reconocer la labor del responsable de su campaña, la que le ha llevado a ser el único candidato del PP que ha ido a más… Escondiendo la marca del partido (no abandonándolo, que es diferente). El televisivo Juan Baroja con apoyo de César Calderón, como este último también ha reconocido en Twitter, son los responsables de una excepción. Y vistos los resultados solo cabe felicitarles.

Exhibiendo la ignorancia

No he entrado en el link para no generar tráfico en OK Diario, y les invito a que no lo hagan porque tampoco hace falta ya que el titular que tuitea Eduardo Inda ya lo dice todo: “La tesis de Errejón tiene más de 200 párrafos autoplagiados de siete artículos suyos”. Primero, no existe el autoplagio, esa idea es una tontería importante. Segundo, mucho menos existe en una tesis doctoral: cualquiera que se haya acercado a una lo sabe. Tercero: lo que sí existe, por desgracia, es el panfleto que se hace pasar por medio de comunicación y el mamporrero que se hace pasar por periodista. Qué asco.

Sí, «obrones»

Ya saben que me gusta encontrar en Twitter, Instagram o, en menor medida, Facebook, a esas personas que no son estrellas en sus pequeños ecosistemas digitales pero dan en el clavo. Por ejemplo, Miguel, que analizaba la derrota de Carmena de un modo descarnado y desde posiciones próximas a la alcaldesa: este tuitero recomienda a la izquierda que se sacuda los complejos y, sobre todo, las ideas prefijadas, y que sea consciente de que el gasto millonario en “obrones” es necesario muchas veces para atajar problemas complejos en las ciudades. El rechazo de la izquierda a esta evidencia solo perjudica a la propia izquierda.

Mirar para otro lado es delito

Aunque no me fío nada de las “lecciones” que regalan en Menéame cada día, esta vez tengo que traerles este relato de un abogado (o procurador): su cliente ha denunciado a una chica que compró un iPhone por 200 € y asegura no saber que era robado. Pues bien, la jurisprudencia parece clara: “El tribunal no se chupa el dedito. Sabe que no eres subnormal, sabe que nadie da duros a cuatro pesetas, y sabe que tú lo sabes”. Esa es la conclusión del autor del post (bastante bien escrito, por cierto), que recomienda algo lógico: que no compremos material que sospechamos que es robado porque, además, es delito.