No me gusta este mundo

Escribe Miguel Ors en The Objective que “el desorden mundial ha llegado para quedarse”, que “no es posible desinventar las innovaciones” y que “Trump no es la causa, sino el síntoma de un malestar profundo”, por lo que cree que “los políticos que vengan detrás de Trump no se desmarcarán de él, sino que lo imitarán”. Añade una última recomendación: “Para triunfar en los tiempos que corren tienes que adoptar la estrategia de Iglesias, de Sánchez y de Abascal: ignorar los hechos e insistir en el relato”. Evidentemente, este mundo no me gusta, y no dejo de preguntarme cómo hemos acabado así.

E insistimos

Nuestra economía es una mierda que enriquece al rico y empobrece al pobre. Quien insista en que esto no es así, ya no lo dudo, lo hace porque quiere ser de los que se enriquecen. Una economía que no cuida a las personas sino a los inversores, que no sostiene empleos sino beneficios, ¿de qué sirve? Esa economía de mierda que enriquece a los Trump, Musk y Bezos, puede empeorar: “Amazon despide otros 16.000 empleados ante el auge de la IA” (Hipertextual). Tal y como van las cosas debemos apelara la intervención humana, es decir, a que hagamos algo quienes no somos unos avariciosos y sociópatas que dan asco.

Al otro lado, los discursos vacíos

La acción contra los ultrarricos también tiene que servir para señalar a los discursos vacíos como lo que son. Estefanía Molina lo hace bien en X: “Quizás algún día, ciertos partidos a la izquierda del PSOE que con tanta soltura sostienen argumentos como que «no hay que construir» igual se dan cuenta de las consecuencias que generan sus fetiches ideológicos. La escasez de pisos es precisamente lo que mejor le viene a los llamados «fondos buitre»: si hay pocos pisos, y mucha demanda –como es hoy la realidad en España– el precio escala de forma exponencial. Por tanto, son las familias las que no pueden acceder a esas viviendas”.

¿Emprendimiento?

Ver reels o tiktoks solo es perjudicial: perdemos el tiempo con chorradas, con recetas de mierda que no buscamos, simplemente, surgen, o con malos consejos dados por gente que no tiene ni puta idea. Y disociemos de una vez, por favor, la idea de que tienes que ser listo para ganar dinero. Que no, que para ganar dinero solo hace falta tener dinero o carecer de escrúpulos. Yo no sé quién qué tiene o qué le falta a Joe Burgerchallenge ni por qué habla de “emprendimiento” con Diana Moreno, cuando admite, sin rastro de vergüenza o rubor, que tenía que cotizar por lo que ganaba con sus vídeos en YouTube. ¡Oh, qué sorpresa!

Y va a más

Sigo con Joe Burgerchallenge, que tiene un canal de YouTube en el que ingiere grandes cantidades de comida. Pues muy bien. Yo disfrutaba viendo en televisión “Crónicas Carnívoras”, pero, claro, soy de otra época. Ahora se lleva la producción cutre y los personajes tan descarados como ignorantes. Pues vale. Reivindico mi derecho a ser un señor de cuarentaicinco años al que no le gusta eso. Una minoría, por lo que leo a Antonio Ortiz en X: “YouTube ya factura más que Netflix. En 2025 superó los 60.000 millones de dólares de ingresos”, “la parte publicitaria ronda 67% y la parte de suscripciones, el 33”.

Vale para Euskadi

Llevo mucho tiempo observando un paralelismo preocupante entre lo que hace crecer a Vox en España y lo que hace crecer a EH Bildu en Hegoalde. Estefanía Molina ofrece otro hack en uno de sus posts en X de promoción de su libro: “Si criamos jóvenes en el malestar, no podemos esperar que sean moderados dentro de un tiempo”. Ella se refiere al motivo por el que la juventud abandona posturas moderadas y se refugia en Vox. Y el mecanismo, insisto, me recuerda mucho al de la izquierda abertzale que, en el caso del sur de nuestro país, se ha pasado de frenada: una parte de la juventud vasca se echa, cada vez más, en brazos de GKS.

Van pero no la montan

Un sindicato hace política por definición. No le hace falta convertirse en partido ni nada por el estilo. Eso lo tengo claro. Pero cuando un sindicato hace campaña (que no es lo mismo que hacer política) las y los trabajadores ya no son el fin último, sino el medio. Y eso cambia mucho la película. Los sindicatos vascos han hecho, por fin, lo que le podíamos reclamar: que pidieran la subida del SMI donde existe la competencia, esto es, en el Congreso. Pero, ¿cómo han ido? Con tono bajo y alto cortesanismo, muy alejado de los actos de campaña (más que políticos) que hemos visto en la CAV, señalando a un partido concreto para beneficio de otro.

Hablando del Congreso

No creo que haya bajado el suflé del enfrentamiento entre Pedro Sánchez y las grandes empresas tecnológicas. Al contrario, estoy seguro de que el socialista ha metido el tema en el mueble bar esperando el mejor momento: él sabe que ha acertado. No me cuesta reconocerlo: hay que cortar el acceso a las redes sociales digitales. Enfu en X lo explica muy bien: “Solo hay 3 tipos de personas que les jode que los menores de 16 se les prohíba el acceso a RRSS: pedófilos, influencers o cryptobros que les timan, expertos en bulos de ultraderecha porque pierden gente a la que lavar en cerebro en la etapa vital más influenciable”.

Un experimento fallido

Cada día que pasa lo tengo más claro: la internet comercial es una de las peores cosas que ha inventado el ser humano, y la inteligencia artificial comercial va por el mismo camino. Dentro de esa internet comercial perniciosa, las redes sociales se llevan la parte del león. Creo que puedo decirlo así de categórico si llevo casi toda mi vida profesional viviendo de observarlas, ¿no? Pero si además veo que Enrique Dans lo piensa, me vengo arriba: cree que son “un experimento fallido que deberíamos haber clausurado hace años” y “sistemas que han causado daños sociales, psicológicos y políticos perfectamente medibles”.

La inteligencia artificial sigue el mismo camino

Igual que hay una internet profesional maravillosa que permite operar a distancia o estar bien informado (por medios de verdad, no por influencers tramposos), hay una inteligencia artificial que aporta valor, y no es esa que sirve para hacer imágenes de mierda mientras calentamos el planeta. Además, tiene otros efectos, como el aumento de precios: “La escasez de RAM empieza a presionar a Apple. Incluso siendo la mayor empresa de electrónica de consumo del mundo, sufre la presión de las empresas de IA que le compiten por memoria. La solución parece dejar el modelo más barato del iPhone 18 para 2027”, escribe Antonio Ortiz.

«Y de todas sus consecuencias»

Este tuit te lo firma Sortu (de hecho, lo retuitó) y está lleno de falsedades: EH Bildu expresaba en la red social de Elon Musk su “firme rechazo” por el ingreso en prisión de Arantza Zulueta y Jon Enparantza. Vale. Hasta ahí, bien. Pero, ojo, porque de rondón nos colocan que la ciudadanía vasca “apuesta de manera abrumadora por la superación del conflicto político y de todas sus consecuencias”. No. Las consecuencias, como el dolor de las víctimas (aniversarios de los asesinatos o mutilaciones), no las superamos. La coalición también asevera que tenemos que recorrer “un camino que pasa” por “vaciar las cárceles”. ¿Y las condenas?

Los malvados

En uno de sus extensos tuits y, claramente, a colación del acuerdo entre PNV y PSOE esta semana, Estefanía Molina critica el relato sobre los “malvados propietarios”. “Si alguien cree que el casero medio es un millonario, un superrico, entonces el problema no es económico, sino de demagogia y de normalización del hundimiento de la clase media”. Sobre el decreto antidesahucios, tiene claro que “expulsa a muchos vulnerables del alquiler porque muchos caseros evitan tener problemas eventuales”. “El llamado ‘escudo social’ en vivienda no ha sido realmente el Estado, como a menudo se dice, sino otras familias de a pie”, resume.

¿Qué quieren?

Pablo Padilla, diputado de Más Madrid en la Asamblea de la capital, también tiene clara su postura y la manifiesta en Bluesky: “Aquí se odia el rentismo”. Vale. ¿Cuál es la solución? Porque España está muy por debajo de la media europea en inversión en VPO (y por detrás de Hegoalde). Entonces, ¿qué hacemos? Los propietarios de una vivienda, mal. Los grandes tenedores, por supuesto, muy mal. ¿Todas y todos tenemos que comprar viviendas? ¿Por qué cree Padilla que se disparan los precios actualmente? ¿Y dónde quedo toda esa milonga progre de que no hay que atarse, de que comprar un piso es de burgueses y de acomodados?

Otro millón de votos para Sánchez

Primero lo intentó con Donald Trump y no le salió bien. Pero ahora ha acertado plenamente: las respuestas de Elon Musk y Pavel Durov al acierto (esto no lo discuto) de Pedro Sánchez de limitar el acceso a las redes sociales de las y los menores de dieciséis años, son gasolina para el presidente español, que siempre viaja en reserva. Los propietarios de dos de las redes más sospechosas de todos los delitos han reaccionado airadamente a la idea del socialista, y los pretorianos del sanchismo (y él mismo, dónde y en X, claro) han salido en tromba a su defensa. Lógico: han encontrado un temazo y unos rivales casi inmejorables.

Cueste lo que cueste

Llevo alertando años de que la estrategia del PSOE de engordar a Vox para debilitar al PP no era una buena idea porque cebar a la extrema derecha siempre sale mal. Esta semana hemos leído en El Mundo que ha surgido cierta preocupación en el socialismo, que sospecha que Vox puede superar al PSOE en plazas importantes de Aragón el próximo domingo. César Calderón en The Objective también reflexiona sobre esto: “Hay un nicho de votantes que ya no busca gestión, sino impugnación”, “la estrategia de ‘que viene el lobo’ ya no asusta a un electorado”, “la política española se ha convertido en un ecosistema de trincheras”.

El PP, contra la pluralidad

El PP quiere impulsar una reforma electoral que impida que partidos como EAJ-PNV o EH Bildu tengan presencia en Europa. En mi opinión (y esta columna lleva mi firma y se publica en las páginas de opinión), el PSOE también la impulsaría, pero el acuerdo de gobierno que firmaron Pedro Sánchez y Andoni Ortuzar lo impide, expresamente. Eso es lo que denunciaba el PP en X ayer: que el PSOE y Vox (cada uno, por sus propios intereses) no se sumaran a sus votos para lograr laminar la presencia vasca, únicamente vasca, en el Parlamento Europeo. Su intención y su enfado lo que muestran es la intransigencia de un partido cada vez más radicalizado.

Hablando de la Unión…

Ningún foro de Davos ha resultado tan interesante como el actual: además de por la presencia del lehendakari Pradales, porque los asistentes han hablado con claridad, por lo menos, hasta que ha llegado Trump. De la misma manera, ninguna moción de censura a Ursula von der Leyen ha llamado tanto la atención como la de esta semana. La experta en ultraderecha, Anna López, la definía así: “Cámara casi vacía en Estrasburgo para debatir la cuarta moción de censura en siete meses contra von der Leyen. Ni siquiera Bardella apareció. Mucho ruido contra el acuerdo UE-Mercosur, pocas ganas de dar la cara”.

Y hablando del ruido…

Las mociones de censura contra Ursula von der Leyen las promueven los del bloque antieuropeo o, cuando menos, escéptico hacia la Unión, desde la derecha y desde la izquierda. Esa misma izquierda a la que hace referencia Estefanía Molina en su tuit sobre Groenlandia: “Cierta izquierda lleva toda la vida denunciando que la Unión Europea es el ‘patio trasero de USA’, pero cuando la UE tiene un contexto para desarrollar su estructura militar propia o independencia estratégica –como el actual–, también se oponen, mientras nos hablan de las bondades de China. Curioso, cuanto menos”.

El enemigo

Me paso un segundo por Bluesky, donde Roger Senserrich recordaba: “‘Como no me habéis dado el Nóbel de la Paz, ahora no me veo con la obligación de pensar en la paz, sino pensar en lo que es bueno para Estados Unidos’ es, de muy lejos, la cosa más increíblemente enajenada que un presidente de Estados Unidos ha puesto por escrito en décadas”. Creo que tenemos que reflexionar sobre cómo hemos permitido todas y todos (sin excepción, que aquí nadie se libra de haber contribuido, por lo menos, un poquito) que un puñado de ultrarricos profundamente imbéciles se haya hecho con el control.

Ponzoña

No falla: cuanto más buceamos en X peor huele la ciénaga. Y hoy he traído a esta columna muchos tuits, así que, como dice la chavalada: se viene ponzoña. Termino ya con el tuit de Juan Mas sobre la tragedia ferroviaria del domingo que, pese a estar publicado en la infame red de Elon Musk, me parece acertado: “Mirar al responsable no es politizar, es ser adultos. Politizar es organizar una comisión para explotar la tragedia durante meses, revelar detalles privados sin vínculo con la emergencia, convocar a familias desoladas a autos de fe, mientras en interno dices ‘es nuestro momento’”.

La izquierda caviar

Ya no hay izquierda que no sea izquierda caviar. Pueden fingir que son pobres, pueden disfrazarse de feministas, ponerse pañuelos palestinos, pueden aparentar tanto como quieran, pero para que ser aceptado en la izquierda, hoy, hay que ser privilegiado y, a poder ser, funcionario. El largo tuit de Estefanía Molina invita a que nos preguntemos: ¿quién acoge mejor a a un chico (chico, tío, hombre joven) blanco con un mal trabajo y bajo nivel educativo, la izquierda o la ultraderecha? Ahí está la clave que explica muchas cosas y que nos evitaría mucha mierda que da razones, precisamente, al chaval harto de no tener nada salvo la culpa.

El primer sector. Y los acuerdos

Apoyo al primer sector siempre porque ninguno ha sido tan maltratado, ninguno recibe peor pago por su trabajo, ninguno ha sido sometido a tantas obligaciones (la burocracia europea es una puta vergüenza, hay que decirlo más) y ninguno ha sido tan señalado por cobrar subvenciones. Y entiendo perfectamente sus recelos ante los estándares que pediremos a los productos que permite importar el acuerdo UE-Mercosur. Por otro lado, creo que Europa necesitaba ese acuerdo, que necesita demostrar que la negociación y la cesión son elementos positivos y de fuerza. Así que confieso mi dicotomía e incoherencia en este caso.

Tengo claro el modelo

La UE ya firmó, en 2017, un acuerdo con Canadá que fue saludado con manifestaciones y movilizaciones. Hoy el acuerdo sigue vigente y la relación entre nuestra Unión y aquel país es excelente (Canadá acaba de posicionarse con Europa sobre Groenlandia). De hecho, el gobierno canadiense también apuesta por la negociación y por la cesión: “Canadá da impulso a sus relaciones con China para emanciparse de Estados Unidos” (Euronews). Vuelvo a lo mío: no tengo nada claro apoyar algo que haga el primer sector alce la voz, pero sí tengo claro que el acuerdo es el modelo que debemos reconocer como nuestro y poner en valor.

¿Quién está en contra?

He dado muchas vueltas al acuerdo entre la UE y Mercosur, por eso no he escrito hasta hoy sobre el tema y he empezado por lo que tengo claro: mi apoyo al sector primario. Un sector primario al que instrumentalizan sin rubor los extremos. En Euskadi, Bildu; en España, Vox y Podemos: “La Unión Europea avanza en su autodestrucción al firmar el acuerdo con Mercosur. Se somete a los intereses de las grandes empresas y abandona las políticas contra la emergencia ambiental y la desigualdad, tras la apuesta por el rearme al servicio de EE.UU.”, afirman en Diario Red como si todos menos Pablo Iglesias fuéramos tontos.

Como si el mundo no fuese así

Me preocupa la izquierda caviar que utiliza a las y los trabajadores, que hace del populismo un modo de vida (el caviar hay que pagarlo), que impone la etiqueta “fascista” como si supiera reconocer a uno cuando lo tiene delante, y que asegura que no quiere guerras, sino escuelas, como si los demás no lo prefiriésemos. Pero el mundo es como es, y hoy es de la peor manera que yo he conocido: “La Administración Trump completó la primera venta de petróleo venezolano por 500 millones de dólares” y transfirió el dinero a varias cuentas, “la cuenta principal se encuentra en Qatar”, según el diario trumpista, Voz.us.