¿De quién aprendió Urdangarín?

Es la pregunta que nos hacemos casi todos, es la maldad con la que se nos dibuja una sonrisa, es la esperanza que guardamos para que caiga, de una vez, un sistema hereditario de jefatura de Estado: ¿de quién aprendió Urdangarín a hacer lo que hacía hasta que le pillaron, juzgaron y sentenciaron? En Público leemos un titular, cuando menos, sugerente: “El juez Castro, sobre el rey Juan Carlos: ‘Habría tenido que declarar más como imputado que como testigo’”. ¿Salta la sorpresa? ¿Nadie se lo esperaba? ¿La esperanza se va convirtiendo en una posibilidad real? Les adelanto que soy pesimista.

No es carnaza, es nuestro sistema

Celebro que Roger Senserrich haya puesto un poco de sentido común al último “escándalo” que se ha propagado por Internet: la cámara de los eurodiputados vacía durante un debate sobre el Aquarius. El politólogo recuerda que ese debate no conllevaba la promulgación de ninguna directiva, con lo que era puramente para las cámaras, mientras un montón de europarlamentarios llevan años trabajando en cuestiones migratorias y a favor de los refugiados. Pero algunos medios y, sobre todo, muchos tuiteros, han proyectado una imagen injusta y capciosa por el clic y el retuit.

No es su sistema, es el nuestro

Hay un tuit de Dori Toribio desapercibido que contiene una cuestión importante: “Un argumento muy extendido aquí entre los que aplauden la actuación de Trump: solo está poniendo América Primero, y eso desconcierta a medios y progresistas”. Es el modo que tienen de explicar la política internacional de quien parece un ignorante en cuestiones históricas y diplomáticas, y pone en juego mucho más de lo que cree. En realidad, si EE.UU. no se ha metido ya una guerra nuclear es porque entre todos limitan el poder de Trump. Su escudo: “América, First” no debe parecer un mensaje real.

Así, sí

De las muchas noticias que ha generado Indigo, el último proyecto materializado de Bill Gates, me quedo con el tuit de Pepo Jiménez por su conclusión: “Ningún millonario ha entendido mejor la filantropía como este hombre”. Todos señalamos a Gates por montar casi un monopolio informático con Windows y sus licencias. Hoy todos manejamos su software y él se dedica, a cambio, a hacer un mundo mejor invirtiendo en desarrollos que benefician a quien menos tiene: su última aportación es un sistema para trasladar vacunas en África manteniendo la temperatura adecuada casi sin energía.

Esas empresas que nos traen el futuro

Amazon no nos trae un libro o los pañales de nuestro hijo: nos trae el futuro. Un coche de Uber no nos lleva de un lado a otro: nos lleva del pasado del taxi al futuro de la desregulación. Glovo no nos sirve una hamburguesa: nos sirve un bocado de lo que viene. AirBnb no nos muestra pisos sino ventanas a un futuro colaborativo. Mandangas. Se trata de empresas que, como denuncia James Bloodworth, hacen negocio basándose en la explotación de sus trabajadores y de los productores. Así que denuncias como las de este escritor británico son llamadas de la realidad.

«No todo vale»

Les dejo con el tuit que María Dolores de Cospedal dedica a Cristina Cifuentes en todo su esplendor, para que lo disfruten: “No todo vale en política. Las actuaciones de estos días contra Cifuentes son mezquinas, machistas y miserables. Parece que a algunos les gustaría conseguir lo que no consiguió un accidente de tráfico mortal. Retomando sus palabras de ayer: a seguir todavía con más fuerza”. Un mensaje que, viendo los acontecimientos, es un monumento al exceso.

La gran diferencia

También en Twitter y sobre este tema, Roger Senserrich se preguntaba con acierto: “¿De verdad tenemos que explicar por qué lo del master de Cifuentes es motivo más que justificado de dimisión? ¿De verdad?”. La gran diferencia entre los políticos de otros países que dimiten cuando les pillan falseando currículums o copiando tesis doctorales es que éstos lo admiten. En España la picaresca nunca ha pasado: Cifuentes lo niega, gana tiempo, entierra el problema y sigue adelante.

¿Sorpresa?

Cuando los gurús hablaban del mundo hiperconectado, ¿acaso alguien se creía que no se referían a lo que hoy a algunos les obliga a poner cara de sorpresa? ¡Por supuesto que doy por hecho que Facebook (la empresa) agrupa los datos que recibe de Facebook (la red social), WhatsApp e Instagram, sus tres grandes plataformas! Lo que me sorprende es la cantidad de personas que no lo sabían o no lo intuían aún, especialmente entre la gente del sector y los más entusiastas.

Lo que no sorprende

Supongo que esta tormenta pasará con algún parche estético para que nos parezca que tenemos más control sobre los datos que regalamos de nosotros mismos, y que seguiremos usando las redes para no perdernos lo que nos enseñan nuestros amigos y los influencers, cada vez más presentes en nuestras vidas digitales. Fíjense hasta qué punto: en La Información han listado a los más influyentes entre los mayores de 50, que también usan estas herramientas y quieren estar de moda.

Qué rule esa cachimba

Son jóvenes, tienen dinero y una vida social activa. También son personajes del cuché, así que por supuesto que voy a comentar el encuentro entre Froilán de Marichalar y “el pequeño Nicolás”, dos de mis personajes intrascendentes favoritos, en el bar de cachimbas que tiene Munir, el jugador del Alavés, en Majadahonda. “Los dos tienen muchas cosas en común: de las polémicas en la prensa a la vida de bon vivants en los locales de moda capitalinos”, resumen en El confidencial.

Que alguien se lo explique

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Alberto Garzón es de esos que creen que todo vale para el convento: “El referéndum del Brexit no es el problema, sino el síntoma. El síntoma de una UE para los mercaderes y construida contra los pueblos”, tuiteaba. Acaso sin saber que han votado “sí” a la Unión lo han dado los jóvenes, los más formados, los escoceses y los irlandeses, y que el “no” se ha promovido con argumentos xenófobos y clasistas. ¿No sabe inglés? ¿No es capaz de entender un mapa de colores? Y si sabe la verdad, ¿por qué escribe eso?

Una explicación

No seré yo quien defienda los hachazos de Rajoy ni su política de espaldas a la ciudadanía y rodilla ante las élites, pero creo que esta usuaria de Twitter ayer estuvo bastante acertada: “El problema de Pisarello y Podemos en general es que para ellos la extrema derecha son Merkel, Cameron o Rajoy, no Le Pen o Farage”. De hecho, solo hay que ver cómo votan en el Parlamento Europeo, y echar un oído a los discursos de la derecha radical para darse cuenta de que nos suenan.

Así es

Otro tuit muy interesante derivado del Brexit ayer fue el de Roger Senserrich: “Y no, esto no es un caso de ‘han votado mal’. Es un caso de ‘líderes irresponsables mintiendo a sus votantes prometiendo lo imposible’”. Así de fácil y trágico. Este pecado de irrealidad y de las promesas imposibles, además, lo han cometido unos y otros. Y es un mal que se extiende irremediablemente, por lo que vemos, además, muy cerca. ¿Qué más da prometer y no cumplir después si has conseguido el voto?

Lo que no consiga Europa…

Soy un europeísta convencido. Y el “Brexit” me refuerza: no solo porque Europa es capaz de establecer mecanismos para desmembrarse. También puede ser la palanca que impulse a Escocia a independizarse, a Irlanda a unirse y a Gibraltar replantearse su amor al imperio británico… Solo por seguir en la Unión Europea. El resultado a medio plazo puede ser muy interesante, con Inglaterra con los pies fuera de Europa pero abrazada, y el resto de naciones tomando sus decisiones.

No nos olvidemos de España

La bomba del Brexit le ha venido muy bien a Jorge Fernández Díaz, ya que la atención se ha desviado hacia las islas y dejamos de mirar todo el tiempo a su despacho. Aunque tapadas, es cierto, las noticias no han dejado de surgir de la mano de Daniel de Alfonso. El director de la oficina catalana antifraude ha puesto a tope el aspersor de mierda, ha acusado a todos los partidos de reunirse con él con similares intenciones, y ha amenazado con guardar información de todos ellos.